Sé lo que hicisteis el último verano (Jim Gillespie, 1997)

La verdad es que ya no puedo ver estas películas sin partirme la caja. Qué cabrones los hermanos Wayans y sus Scary Movies, que han convertido que todo el cine de terror que han parodiado pierda toda su capacidad de asustar. Anoche, viendo esta película, no podía evitar descojonarme en escenas como la del atropello (recordando la mamada de la parodia), la del gimnasio y la foto ("¡¡¡un pene pequeño es una discapacidad!!!") y sobre todo en la que Jeniffer Love da vueltas sobre sí misma gritando "por quéeeee". Yo esperaba que el autobús la embistiera, pero tuve que recordarme a mí mismo que esta era la versión seria.
Joder, pero cómo cuesta considerar seria a una peli como esta. Vale, es entretenida dentro de su truñismo, y los protagonistas son todos conocidillos, pero el argumento es un copy-paste de esa revisión del género que introdujo Scream en los noventa. A saber: grupo adolescentes guapos y triunfadores + suceso trágico random + asesino en serie vengativo de pintoresco disfraz + muertes a cholón + descubrimiento de la verdad + muerte aparente del asesino + protagonista femenina que se carga al malo y final SIEMPRE abierto a una secuela. Si lo pensáis, el slasher teen desde Scream es todo así. Aquí tenemos como aliño rico-rico a la jamona de la Jeniffer Love Hewitt y a Buffy Cazavampiros, perseguidas por un asesino que, reconozcámoslo... tiene un atuendo de lo más gilipollas. O sea, yo veo a Jason Voorhees o a Freddy Krueger y estoy corriendo calle abajo hasta que se me lijen las piernas a la altura de la cadera. Pero en cambio me cruzo con el capitán Pescanova este, y ¿qué va a hacer? ¿Contarme las propiedades nutritivas de la merluza?
Pero bueno, esta peli tuvo su público (y su secuela), no es una basura técnicamente hablando aunque nos haga tragar toooooodos los clichés del mundo (quedáos con la Buffy, que no se quita la corona de reina del baile durante toda la escena inicial, por favor...), y en conjunto resulta entretenida como cine de consumo rápido y olvido más rápido aún.

La noche del Diablo (Robert Resnikoff, 1990)

Tras el prometedor inicio de su carrera con La Bamba y protagonizando después un par de películas de culto de Arma Joven, la carrera de Lou Diamond Philips nunca despegó como podría haberse augurado. Así, poco a poco, este actor quizá se vio perjudicado por su aspecto étnicamente indeterminable (en serio, ¿qué coño es? ¿Chino? ¿Indio? ¿Mutante?) y relegado cada vez más a producciones televisivas y cine de segunda división... cuando no de tercera regional. Encontramos al bueno de Lou en mierdas como Bats, Aguas Sangrientas, El triángulo de las Bermudas o Carny, en una fulgurante carrera que no salva ni su pequeña participación en En honor a la verdad.
Pero bueno, el cine siempre necesita obreros (¿eh, Bardem, bocachancla?), y Lou es uno de ellos. No es una estrella, es un rostro conocido que brilló momentáneamente y que se resiste a desaparecer como tantos otros, y que sigue viviendo de la "interpretación" aunque sea a base de películas de mierda.
En los noventa, supongo que cuando se dio cuenta de que su tren había pasado casi sin verlo, Lou comenzó a protagonizar películas como esta. Típica hasta la saciedad y con un argumento que mezcla lo policíaco con lo demoníaco -muy en la línea de la época que otros como Harrison Ford, Chuck Norris y un poco más tarde Schwarzenegger también se atreverían a cruzar-, la peli cuenta la historia de un asesino en serie que obtiene poderes demoníacos para poseer cuerpos vivos después de ser ejecutado y poder seguir en el oficio. Se notan reminiscencias de Muñeco Diabólico, de The Hidden, y de otras muchas pelis de las que el guión toma esto y lo otro. Los estereotipados personajes y el previsible desarrollo no impiden que la cinta sea totalmente disfrutable sin pretensiones, y tomada como un ejercicio de cine de serie B según los cánones del momento. Lo mejor: el final. Lo peor: que todo está muy visto y repetido, antes y después.

Pactar con el Diablo (Taylor Hackford, 1997)

Esta es otra de esas películas que marcaron mis años 90 y que me cautivaron instantáneamente. No es para menos, porque Al Pacino se marca uno de sus habituales papelones, estupendamente secundado por un competente Keanu Reeves y una sufridísima Charlize Theron. A todo esto hay que añadirle un ritmo que atrapa, una historia excelente que bien podría definirse como un thriller judicial sobrenatural demoníaco (¡toma ya!), y un cuidadísimo diseño de producción. No resulta extraño que los 150 minutazos de su metraje no parezcan estirados, y que la cinta pase en un suspiro, con subidones de tensión insoportables y escenas realmente indelebles.
Y es que todo en Pactar con el Diablo es atrapador. Atrapa, de primeras, la guapa y joven pareja protagonista, con cuyos sueños de una vida común recién comenzada no resulta difícil simpatizar. Atrapa el personaje de Pacino, un abogado rico, experimentado y sin escrúpulos, que ofrece al joven Reeves la oportunidad de su vida. Atrapa la historia secundaria del asesino de su esposa, de la que vamos descubriendo datos y atando cabos hasta comprender la verdad de ese oscuro bufete. Y en este punto ya estamos totalmente atrapados por la historia, pero es que es entonces cuando empieza a ponerse interesante de verdad, cuando comienza a desarrollarse la parte terrorífica que gira en torno al personaje de Al Pacino y que hasta el momento solo intuimos o sabemos por el título. Quizá se pierde un poco de realismo y hay escenas que chirrían (como cuando Pacino mete el dedo en la pila de agua bendita), pero luego hay otras que elevan el guión a las nubes (como los monólogos que se casca Pacino cuando están matando al otro abogado o durante la escena final). Escenas terribles como la de la muerte del personaje de Theron dan gran impacto a la cinta, que en su tramo final es un auténtico tour de force que culmina con el enfrentamiento entre el diablo y su hijo y el descubrimiento de todo el pastel. Y entonces, cuando respiramos aliviados, la última secuencia, pese a su morphing cutrón, nos da otra bofetada en la cara y nos recuerda lo malos que somos y que siempre acabaremos cediendo a las tentaciones. Una lección real como la vida misma y contada en una excelente película que no te deberías perder, y que sin duda ha pasado a la historia por mucho más que ser la película en la que le vimos a Charlize Theron la chotera.

The Stuff (Larry Cohen, 1985)

No se me ocurre nada más ochentero que esta película. Ni los mullets, ni los calentapiernas, ni las hombreras, ni los walkmans, ni Thiller. Esta película debería ilustrar por sí sola cualquier ponencia sobre cine de terror chusco de los ochenta, porque es un manual punto por punto. La verdad es que yo por su sinopsis me esperaba algo mejor, pero aún con todo me resultó moderadamente entretenida, aunque titubea un poco entre lo serio y la comedia sin ser totalmente procedente. Pero claro, hablamos de una película sobre una sustancia que brota del centro de la Tierra y que a un par de lumbreras se les ocurre comérsela en la primera escena, en todo un requetewhatthefuck, descubriendo que está buena y decidiendo comercializarla. Pa flipar. Tras esa escena inicial, saltamos un poco en el tiempo para tener ya comercializado y triunfando el Stuff, postre delicioso a base de la asquerosidad esa. Pero claro, si todo fuera así de simple no tendríamos película, así que ¿qué es lo más normal que te pase si te comes una sustancia viscosa y palpitante que brota de las grietas del suelo? ¡Pues que te mueras conviertas en zombi, hombre! Bueno, zombi, zombi, no, pero sí en una especie de siervo de la sustancia interconectado con más siervos como tú. ¿No os suena al argumento de otra cojonuda película?
Lo malo de The Stuff es que el argumento de base no se tiene en pie, y que sus personajes estereotipados no contribuyen a la seriedad, desde el protagonista reshulon hasta el general del ejército, pasando por "Chocolate" Chip Charlie, que por si no lo habéis deducido aún de su nombre, sí, es el imprescindible negro gracioso.
Pero bueno, 80 minutitos no dan para mucho aburrimiento y la peli se deja ver. Me hace gracia también el desvarío final con la venganza de los protas contra los empresarios, y sobre todo el último plano en el que vemos que el Stuff se ha convertido en la droga de moda. Una vez más, los ochenta demuestran que siempre nos queda algo de ellos por ver, y que normalmente no está mal del todo.

NOTA: Buscando director y carátula, he visto que Larry Cohen también dirigió Regreso a Salem's Lot, secuela de la genial película de vampiros de los ochenta. Y no me sorprende, porque el papel del niño en las dos películas es muy similar, igual que la escena final de venganza en la que vemos al niño con una actitud muy madura forzada por su situación. Se nota el paralelismo de ambos personajes.

Hellboy 2: El ejército dorado (Guillermo del Toro, 2008)

Guillermo del Toro nos vuelve a brindar uno de sus claramente reconocibles trabajos, lleno de esa impronta fantástica que le caracteriza y de esos personajes tan... tan... tan guillermodeltorescos, vaya. En este caso todo es absolutamente apropiado dentro de la temática de la película, nada menos que las aventuras de un equipo especial de luchadores contra fuerzas sobrenaturales, pertenecientes a una organización secreta (la Agencia de Investigación y Defensa de lo Paranormal), y liderados por un demonio reconvertido al bando de los buenos: Hellboy.
¿Quién mejor que Ron Perlman, con ese careto que Dios le ha dao, para hacer de Hellboy? Enfundado en un logradísimo -y supongo que harto incómodo- traje musculado, Perlman se convierte en el personaje y le da un adecuado tono socarrón a lo Lobezno, pero salvando las distancias. En esta secuela la misión es más épica e incluye a una raza ancestral de reyes y a un ejército que podría arrasar a la humanidad, algo que Rojo y los suyos se esforzarán por impedir. Perlman está muy bien acompañado de buenos secundarios que repiten de la primera cinta y otros nuevos: Abe Sapien (genial personaje interpretado por Doug Jones, que también fue el Fauno de El laberinto del Fauno), la novia piroquinética de Hellboy, Liz, el divertido jefe de la AIDP y el ectoplasmático Kraus, que con el doblaje español de Santiago Segura aún es más divertido. Sin olvidarnos del villano, el príncipe Nuada, que con su seriedad y su mala uva nos hace olvidar un poco a su gemelo ridículo interpretado por Jeremy Irons en La máquina del tiempo.
En fin, acción, fantasía y buenos efectos especiales se aúnan en esta producción sin demasiada violencia y con un auténtico universo de cuento alrededor, buenas peleas y excepcional maquillaje. Casi dos horas de entretenimiento demoníacamente divertido que, si no recuerdo mal, es incluso mejor que su predecesora, con la que además no guarda demasiada correlación y permite disfrutarse por sí sola.

Atrápame si puedes (Steven Spielberg, 2002)

Al final habrá que perdonar a DiCaprio por Titanic y todo. Porque este chico ya se ha redimido con creces con muchos buenos papeles, y se ha ido convirtiendo progresivamente en un actor versátil que ofrece mucho más que su aniñada y ya distante imagen de guaperas rubiete con la que encandiló a las carpeteras de los noventa.
En esta película, el amigo Leo demuestra una vez más su talento en un papel que maneja bien todo el largo metraje, y que hace que casi nos olvidemos de que el otro protagonista es nada menos que Tom Hanks. Pero claro, el personaje de DiCaprio también contribuye, porque es uno de esos que calan. Y es que el bueno de Frank, siendo menor de edad, se convierte en uno de los falsificadores más buscados por el FBI (concretamente por el agente interpretado por Hanks), y en un tío capaz de hacerse pasar por piloto de líneas aéreas, médico o abogado. Todo esto con una competencia y una credibilidad tales que llega a engañar, y no pocas veces, a un montón de auténticos profesionales. Lo que se dice un farsante de aúpa, vaya, pero uno de esos que te caen bien.
La parte melodramática del film la pone la historia familiar de DiCaprio y sus relaciones rotas con las mujeres, algo comprensible cuando hablamos de alguien que tiene que salir corriendo de cuando en cuando para que no lo pillen. En ese tira y afloja entre perseguidor y perseguido es donde se forja la bonita amistad entre los personajes de Hanks y DiCaprio, una amistad que lleva al agente a acabar dando trabajo a ese ladrón que, como bien queda claro, llega un momento en el que es un yonki de sus propias mentiras. En fin, buen ritmo, buena historia, buenas interpretaciones y un final feliz nada edulcorado hacen de esta película un estupendo rato de buen cine made in Spielberg.

Ouija (Juan Pedro Ortega García, 2004)

Tras la "Uninvited Experience", mi cinéfago interior se moría y mataba por una buena película de terror. Y la otra noche, la televisión pública pareció querer acudir al rescate con una producción cuyo sugerente nombre no podía resultarme más atractivo: Ouija.

Pero joder, era cine español.

A los 5 minutos de película ya tenía claro que aquello iba a ser una puta mierda que no tendría por dónde cogerse. Los actores, totalmente desconocidos -se ve que la falta de presupuesto impidió incluso rescatar a putos fracasados en el arroyo viejas glorias de Al salir de clase o Compañeros, como mandan los cánones del espanis jorror-, estaban de patíbulo. La fotografía no podía ser más amateur. Las localizaciones parecían el pueblo del guionista, y los interiores eran poco más que un garaje donde, en un alarde de originalidad, los protagonistas tocaban música. Y lo peor era el guión: con una típica historia sobre adolescentes de 35 años que juegan a la ouija e invocan a un demonio llamado Audscias (que por cierto, vaya mierda de nombre para un demonio que más bien parece una marca de coche) que les va puteando haciéndoles escuchar música de violín, puta excusa para meter referencias a la leyenda del violinista Paganini, de quien se decía que había hecho un pacto con el Maligno. Con este pretexto se desarrollan diálogos imbéciles fatalmente interpretados (y peor doblados) por la banda de criminales que conforma el reparto. Las muertes son penosas. Las apariciones demoníacas, inexistentes. La tensión, nula. Y el aburrimiento, extremo. Bueno, no, al menos es tan chunga y tan burdo intento de calco de Muertos del pasado (mediocre cinta que aún así le da 20 patadas giratorias a lo Chuck Norris a ésta) que hasta entretiene. Y perdonad, corrijo: sí que aparece el demonio. De esta guisa:

Parece el primo digital de la Langosta de El infierno ardiente (película que solo Cinecutre se atrevería a reseñar porque se juegan su alma inmortal):


En fin, no hace falta decir más. Cine español de terror, brother. No solo la Fantastic sabe hacer basura infecta.

Uninvited (Greydon Clark, 1988)

El mal se presenta de muchas formas. La investigación genética con animales que en los años 80 sirvió de base para muchas casposas películas (como mi adorada Shakma), no conocía límites ni había oído hablar de comités de ética animal ni hostias en vinagre. Y en esta cinta adquiere una nueva dimensión de horror al convertir en monstruo incontrolable a... un inofensivo gatito persa. ¡¡¡¡Chan-chan-chaaaaaaaaaan!!!!

"Como el aguaaaaaaaaaa... ay como el aguaaaaaaaa..."

No, en serio, qué hijos de puta, ¿no? Si ya me daban rollo los gatos, ahora más. Porque ¿cómo no temer a un animal capaz de sacar por su boca a un monstruo de gomaespuma tan cutre? Yo... no sé qué decir, esto me supera. Los primeros 5 minutos de la peli son auténtico infracine de manual. Atención a la manipulación de los dos doctores al gato, tan tranquilos; a la chorra forma en la que el animalico se escapa, provocando el pánico (¿¿¿) de sus hasta entonces relajadísimos manipuladores, que despliegan un protocolo de código rojo (¿¿¿¿¿) y operarios armados y con trajes de contención biológica (¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿). Pero claro, no es para menos, porque el gato puede... puede... puede... No lo cuento: LO PONGO.



En fin, una vez visto esto y cuando has dejado de partirte la caja, el resto de la peli va a peor. Tías buenas ochenteras ligeras de ropa y haciendo aeróbic, tíos guaperas vestidos de forma sonrojante y con pelazos cardados, un malote de motivación gilipollas, un yate, y el gato, todo batido para que la gente vaya muriendo cutremente y se produzcan más apariciones del gato-monstruo marioneta. El final vuelve a ser caspa del mayor nivel, con el gato salvándose flotando sobre un maletín y llegando a una playa... pero resulta que es otro gato, porque es de otro color y otra raza... ¿Entendéis algo? ¿No? Yo tampoco. Pero la intro de esta peli es HISTÓRICA, amantes del cine cutre. Miau si lo es.

Insidious (James Wan, 2011)

Casi todo lo bueno que podáis leer sobre esta película es absolutamente cierto. Insidious es una película de las que deja el cine con olor a caquita, con eco de gritos y con suspiros de alivio cuando las luces se encienden. El director James Wan, artífice y creador de la primera (y claramente mejor) entrega de la alargada saga de Saw, firma aquí una película de terror absoluto, sin vísceras ni casquería innecesaria, valiéndose de fantasmas, interpretaciones convincentes, un sólido guión con reminiscencias de muchos grandes clásicos, y de una banda sonora estridente y acertada. El inicio ya es una declaración de intenciones, y cuando las letras rojas del título aparecen ocupando toda la pantalla a golpe de chirrido estridente, inmediatamente me vino a la cabeza El exorcista, película que está muy presente en todo el metraje. Como también lo está Poltergeist, el segundo gran referente de este guión que narra la incursión en el más allá de un niño cuyo cuerpo espiritual se ha separado del físico, quedando a merced de que otros entes diabólicos ocupen su carcasa vacía. Lo que comienza como una Amityville cualquiera, pronto hace honor a su slogan de "no es la casa lo que está maldita", ya que los sucesos paranormales no se detienen al marcharse. Las presencias fantasmales y los golpes van cobrando más fuerza, hasta que nos llevamos el primer gran susto con el fantasma en la cuna, y el segundo con el que ataca a Renai en su cama. De nuevo percibimos otra referencia: El sexto sentido, en la forma de introducir los sustos fantasmales tan escalofriantes. La banda sonora tipo "exorcista" también contribuye a ese clima de tensión que solo se ve interrumpido por la pareja de frikis que acompañan a la médium, interesante y nada disonante aporte cómico en una película que da mucho miedo. En toda la parte de la sesión parapsicológica, el claro referente es de nuevo Poltergeist, e incluso el director se permite un toque Raimi en la secuencia de montaje del material que me arrancó una sonrisa, y que los frikis como yo captaréis enseguida. Lo único cuestionable es que la película se flipa en su última media hora, con toda la parte de la incursión del padre en el más allá en busca de su hijo, capturado por ese demonio con pinta de Darth Maul y señor de un mundo tipo el de La celda. No obstante, el finalón logra recuperar ese último tramo de convencionalismo y nos deja con el culo prieto otra vez, con lo que te alegras de haberte gastado el dinero en ver una peli de miedo, miedo, en el cine. Por una vez.

The Fighter (David O. Russell, 2010)

Micky Ward no era Rocky Balboa, eso está claro. Pero su historia, la de un gran boxeador que logró alcanzar el nada fácil título de campeón del mundo del peso Welter, supera con creces la del Potro Italiano porque es absolutamente real y, por lo que he visto, recreada con una fidelidad cuidada al detalle. Si alguien tiene alguna duda, le invito a buscar en YouTube la pelea de Ward VS. Sanchez y sorprenderse ya no solo de la estrategia de Micky (y de su hermano), sino de la exactitud de la recreación fílmica en The Fighter. Hasta la caída de Sanchez, hincado de rodillas, es idéntica.
The Fighter funciona porque sus actores sobresalen. La historia es la clásica expresión del sueño americano: Micky Ward (estupendo Mark Wahlberg en un papel que callará bocas de quienes lo consideran un actor mediocre) es un boxeador muy mal llevado y asesorado por su familia (auténtica panda de aspecto de sureños endogámicos, sobre todo las hermanas), y bajo la larga sombra de su hermano, entrenador y también ex-boxeador, Dicky, héroe local por haber "tumbado" a Sugar Ray, ganándose el apodo de "El orgullo de Lowell". Dicky, interpretado por Christian Bale en el papel que le ha hecho ganarse su primer Oscar (con razón, porque está soberbio no solo por su aspecto, sino por su apabullante interpretación de ese personaje nervioso y entrañable), sin embargo, tiene un "problemilla": es adicto al crack. Y entre boxeo, drogas, el malvivir de los personajes, la entrada de Dicky en prisión y el inicio de la relación de Micky con Charlene (una guapísima y estupenda Amy Adams), la película nos mete en ese mundillo y nos hace parte de esa colla de personajes tan bien construidos y tan cercanos, para bien y para mal. Aunque el que roba la película es Bale, el resto del elenco también está excelente en sus papeles, y la película toca muchas fibras distintas y deja en el espectador una sensación de triunfo a muchos niveles. Triunfo deportivo, triunfo personal, triunfo del amor y triunfo de la superación y de la familia. Un canto a la vida misma a golpe de puñetazos sobre un ring.

El resplandor (Stanley Kubrik, 1980)

Buena, tensa, atmosféricamente genial, angustiosa y claustrofóbica, aterradora a momentos... Y, sin embargo, quizá la peor película de Kubrik -salvo la insoportable Eyes Wide Shit. Shit NO es una errata- en mi opinión. Opinión que fundamento en haber visto el resto de sus películas, ante las que ésta se me antoja algo flojilla, y también en haber leído el libro de King en el que se basa, del que se omiten demasiadas cosas que, por ejemplo, la versión televisiva de Mick Garris protagonizada por Steven Weber sí contaba con todo lujo de detalles. Pero bueno, para gustos los colores.
Una vez más, eso sí, encontramos en una obra de Kubrik su característica maestría para construir atmósferas. Aquí, la atmósfera es de soledad, de desamparo, de angustia, de tensión insoportable. No es para menos cuando estás literalmente encerrado en un monstruoso hotel, aislado por la nieve e incomunicado de todo el mundo, junto a un marido que pierde la cabeza a merced de malvados espíritus que habitan en el lugar. Qué decir de la interpretación de Nicholson que no se haya dicho ya. Este hombre de rostro inquietante y expresividad sin par, nació para interpretar papeles como el de Jack Torrance. No puede decirse más. Todo lo contrario de su compañera de reparto, Shelley Duvall, cuyo personaje, más allá del vergonzoso doblaje de Verónica Forqué (a decir verdad, todo el doblaje español de la peli es insufrible), me parece absolutamente lamentable. Es débil, atontada y llorica hasta la náusea. Solo hay que ver la escena en la que Jack va subiendo las escaleras hacia ella, que las sube de espaldas lanzando estúpidos golpes al aire con un bate de béisbol mal cogido. Un ejemplo de lo torpe e inútil que es, ya que solo le da en la cabeza a Jack por casualidad.
Las escenas que involucran fantasmas como el de las niñas o al pobre niño Danny diciendo el mítico "REDRUM" son estupendas, cargadas de genuina tensión que no es solo sobresalto. Lo único, quizá, que se me hace un poco larga y que aquel especial de Halloween de Los Simpsons le ha hecho mucho daño a la escena final. "Ganas de matar aumentando..."

Señales (M. Night Shyamalan, 2002)

Jamás una película sobre una invasión extraterrestre se gastó menos dinero en efectos especiales. Y ahí radica la magia de Señales, una película en la que, fiel a su estilo, Shyamalan interioriza y profundiza en los personajes, esa familia que aún está digiriendo una fuerte desgracia y que se ve inmersa en algo demasiado increíble para dar crédito, como es el que una raza extraterrestre esté invadiendo la Tierra.
Con el habitual ritmo lento pero constante del hindú, la historia empieza con esas señales en los campos de maíz de las que tanto se ha hablado siempre en los programas de lo sobrenatural. Mel Gibson interpreta a lo contrario de sí mismo: un sacerdote sin fe después de haber perdido a su esposa en un accidente realmente terrible provocado por un pobre hombre que se duerme al volante. Curioso ver al ultracatólico de Gibson diciendo que Dios no existe y que estamos solos, aunque supongo que la escena final de él con el alzacuellos sería toda una catarsis para su personaje tanto como para él. Acompañándole están Joaquin Phoenix como su hermano, personaje algo borderliner que interpretativamente Phoenix borda, y dos niños que escapan de lo horrendo de los niños del cine y no dan ganas de matarlos. Pero como siempre, el auténtico personaje principal de la película es la historia, motor de todo lo que vemos y oímos. La tensión inicial se torna en desconcierto, el desconcierto vuelve a tornarse en tensión cuando la invasión ya es inminente (excepcional y aterradora la escena del alienígena que pasea en un cumpleaños brasileño, ¿no creéis?) y al final, como siempre, queda un espacio para la emoción en el clímax de la película, donde bajo el subidón musical del compositor habitual de Shyamalan, James Newton Howard, la familia tiene que afrontar su gran reto físico y espiritual. Destacar también aquí el uso de los flashbacks como elemento crucial para esta historia que tiene una parte tan importante en el pasado (toda la de la muerte de la esposa y sus últimas y aparentemente incoherentes palabras) como eje resolutivo de la trama del presente. Un nuevo ejemplo de que este Orson Welles hindú es un excelente cuentacuentos tradicional que hace lo que le da la gana en una industria tan difícil como es la Hollywood.

Batman Begins (Christopher Nolan, 2005)

Deslumbrante relato de cómo un hombre puede convertirse en un símbolo, y de la motivación, el duro camino y el entrenamiento requerido para ello. Un duro camino lleno de enemigos y de algún que otro aliado, enmarcado en una ciudad que da una nueva vuelta de tuerca a la palabra "corrupta". Y lo más fascinante es que esta historia tan humana, cruda y absolutamente realista, sea la del origen de uno de los personajes de cómic más conocidos: Batman.
Christopher Nolan da una lección de dirección comercial en este peliculón sobre los orígenes del Caballero Oscuro, empezando desde el cero más absoluto y haciendo caso omiso de que Batman ya tuviera una buena retahíla de películas filmadas. Conocemos a un Bruce Wayne (genial Christian Bale, como de costumbre) autoexiliado a los rincones más violentos del mundo para luchar contra criminales, sumido en una espiral de autodestrucción y violencia tras el asesinato de sus padres a manos de un ratero de poca monta. Tras aquel momento, el joven Bruce supo que su destino sería combatir a los criminales, pero vemos a un personaje consumido por el odio y la venganza. No obstante, todo cambiará cuando conoce a Ducard y a Ra's al Ghul, líderes de la Liga de las Sombras, que lo entrenarán en el arte de los ninja y tratarán de convertirlo en un verdugo, algo que separará sus caminos drásticamente. Ya de regreso en Gotham, Bruce empezará a crear su nueva identidad de justiciero de la noche con la ayuda de su fiel mayordomo Alfred, de los artefactos de Lucius Fox, y del apoyo del sargento Gordon, único policía honrado en una ciudad que agoniza de decadencia.
Hasta aquí, la película es una obra maestra. Toda esta primera hora de origen de de personajes, entrenamiento y preparación, es simplemente magistral. A partir de este momento, ya con Batman en escena y enfundado en su traje, podría decirse que la cinta se resiente un poco de sus personajes ya más estereotipados, pero como nunca cae en lo fácil y sigue siendo un festín de acción con acertados toques de humor, continúa siendo un espectáculo. Pero hay que recalcar que esa primera hora es de absoluta referencia, y que la dirección, las interpretaciones, la acción, la historia y la BSO, convierten a Batman Begins en el merecido referente actual de cómo hacer una película de superhéroes seria y realista.

Gattaca (Andrew Niccol, 1997)

La buena idea que plantea el guión original de Andrew Niccol es lo que convierte a Gattaca en un soplo de aire fresco dentro de un género que me encanta como es la ciencia-ficción. Y Gattaca es ciencia-ficción en estado puro. Imaginaos su contexto: la Tierra, un futuro indeterminado pero no demasiado lejano, un futuro de esos creíbles y en los que resulta fácil situarse. Un tiempo en el que la sociedad está formada por niños concebidos a la carta, diseñados genéticamente perfectos. Y aquellos que nacen con algún defecto o enfermedad, son directamente considerados "no válidos", y descartados igual que se descartaban a los niños débiles en la sociedad espartana. Así, los "no válidos" se ven relegados a los trabajos más bajos, mientras que los "aptos" pueden ascender como la espuma. Gattaca cuenta la historia de Vincent, uno de esos pobres descartados (un correcto Ethan Hawke) que no se resigna a no cumplir su sueño de ser piloto espacial pese a una dolencia cardíaca que prácticamente tiene a su corazón convertido en una bomba de relojería con cuenta atrás programada para los 30 años de edad. Pese a todo, Vincent no cejará en su empeño y burlará la dura seguridad de la base de entrenamiento aéreo de Gattaca con otra identidad perfectamente planeada junto a Jerome (estupendo Jude Law), un "apto" que quedó paralítico tras un accidente. Así, Vincent se convertirá en Jerome para poder cumplir su sueño, aunque el camino no será fácil. Aquí la historia introduce de forma muy conveniente un necesario romance con la chica de la película, Uma Thurman, y la trama de un asesinato que a todas luces parece haber cometido el propio Vincent para salvaguardar su mascarada. Del mismo modo, la identidad del policía que investiga el caso también podría ser considerada una sorpresa, y aunque para mí no lo fue (no lo digo porque vaya de listo, simplemente me lo olí, ya está), me pareció muy coherente, si bien la escena de la carrera en el mar se me antoja innecesaria. De todos modos la película nunca se hace aburrida, el guión es brillante y las interpretaciones muy correctas. Al final, la sensación es la de haber visto un gran ejercicio de ciencia-ficción de los que ya no se hacen, y eso siempre es de agradecer.

Tenebre (Dario Argento, 1982)

A mí, el argumento de esta película me suena. Muchas películas posteriores -y supongo que alguna anterior- han jugado con la idea de un libro sobre asesinatos cuyos crímenes trascienden del papel y se trasladan a la realidad, igual que con que el asesino esté aquejado de una locura homicida, disociación de personalidad, o de haber visto demasiado "Sálvame". Pero lo que distingue a Tenebre de otras películas similares son tan solo dos palabras, pero dos palabras que hay que pronunciar con respeto: Dario Argento. Sí, amigos, porque este cineasta macrocéfalo, feo como un pie sin uñas y ahora en horas bajas no, bajísimas, sigue y seguirá siendo siempre el máximo exponente del giallo, así que presentemos nuestros respetos ante él. Es como George Romero, sus grandes logros para el cine de zombies en los 60-80, justifican (o, al menos, hacen tolerables) los crímenes que ahora perpetra contra ese mismo género.
Pues del mismo modo, en Tenebre encontramos a un Argento en su momento álgido. Su hábil narrativa salpicada de sangre y su buen pulso para contar una historia manteniendo el interés, convierten a esta película en una de sus obras magnas. Con la acción desarrollada en Roma, la historia trata sobre ese escritor que, promocionando su última novela de misterio y asesinatos, se ve convertido en el confesor del supuesto asesino. Así, entre crimen y crimen, salpicados de la sangre de Titanlux de la época, Argento juega con el espectador dándole pistas para desentrañar la identidad del malo, algo que tampoco resulta muy difícil, pero que igualmente deriva en una gran secuencia final. Y es que siempre digo lo mismo, pero es verdad: hay películas que pertenecen a una época, que la definen. Quizá no estén hechas para nuevas generaciones más acostumbradas a lo digital y a lo puramente comercial. Pero Tenebre, Argento, Fulci, Romero, Carpenter, Craven... son todos dinosaurios que dominaron la Tierra y que, algunos todavía, se resisten a morir.

Vanilla Sky (Cameron Crowe, 2001)

Tesis era buena, vale. Y Abre los ojos no estaba mal, vale. Pero de ahí a que la crítica especializada tenga tan encumbrado a Amenábar, va un trecho. Me parece un director soso como él solo. No obstante, Tom Cruise (Tomás Crucero, que no tenéis ni puta idea de inglés), debió quedarse flipado con Abre los ojos, tanto como para pagarle a Amenábar un pastizal por los derechos de su guión, e incluso llegar a un pacto entre homosexuales caballeros para dejarle a su parienta como protagonista de su primer plagio film hollywoodiense. Qué gracia me hacen, por cierto, los críticos que se meten con Cruise por "plagiar" Abre los ojos en Vanilla Sky. Al menos él pagó los derechos...
El resultado de la compra de Cruise fue esta película, copia casi plano a plano del film original, pero con mucha más pasta y con actores de los buenos. Salvo Penélope Cruz, que repite su mismo papel con idéntico resultado: vagar por los planos más perdida que una puta en cuaresma. La historia, que ya conoceréis, es la de un joven ricachón que tras un accidente queda desfigurado, y todo se va contando a saltos entre flashbacks y el tiempo real, un tiempo real en el que supuestamente está en prisión por haber asesinado a su novia. El guión nos va hilvanando la trama hasta llegar a un final donde la criogenización y los programas tipo Matrix nos dan una sorpresa agradable, aunque siempre muchos puntos por debajo de los finalones tipo Shyamalan que Amenábar tanto intenta imitar con tan patético resultado. Cruise defiende su papel como sabe y como puede, y la dirección también se las arregla para que la película resulte entretenida. Es más, incluso te diría que, si no has visto Abre los ojos, te olvides de que existe y veas directamente Vanilla Sky. Como se suele decir, "caballo grande, ande o no ande".

El regreso (The return) (Asif Kapadia, 2006)

Solo la presencia de Buffy Sarah Michelle Gellar eleva a esta producción un poco por encima de lo que sería cualquier telefilm de Antena 3 o cualquier infracinta de Uwe Bowl con Tara Reid como protagonista. No porque la Gellar sea mejor actriz o más guapa, sino porque su experiencia en el cine de terror, del que ya se ha convertido en una moderna scream queen, sirve de sustento para que su papel nos resulte algo más creíble y que soporte el peso de la trama. Pero en cualquier caso, la historia de thriller sobrenatural de El regreso es muy convencional y no tiene ni la más mínima sorpresa. Las visiones del asesinato que conducen a Sarah a ese pueblo donde empezará a descubrir la verdad son un recurso demasiado usado y fácil. Los personajes, demasiado tópicos, acusan también de incomprensibles fallos de caracterización, sobre todo el protagonista masculino, para quien han pasado 20 años y que está igual que si hubieran pasado 20 minutos. Tampoco hay tensión en el conflicto final asesino-protagonista, que se resuelve como todos esperamos. Y el propio clímax final de la historia tampoco acaba de ser ninguna sorpresa. En definitiva, otra de esas películas de consumo y olvido, de las que pasan por los cines un par de semanitas y nadie las recuerda. Con razón.

El bosque (M. Night Shyamalan, 2004)

¿Os he dicho ya alguna vez que me encanta el cine de M. Night Shyamalan? No he visto Airbender, y no creo que la vea para no romper el encanto, como cuando te acuestas con una fea a oscuras. Pero salvo esa, el resto de sus películas me parecen excelentes. Unas mejores que otras, pero todas poseedoras de una maestría sin parangón a la hora de narrar la historia, dotadas de personajes profundos y bien desarrollados, de bandas sonoras poderosas y de estupendos giros finales. El bosque, cuarta gran película del cineasta hindú, cuenta la historia de una pequeña aldea rural de Pennsylvania, en la que los habitantes subsisten con el miedo a unas extrañas criaturas que viven en lo profundo del bosque y atacan esporádicamente a los aldeanos. Pero la realidad es la historia que se esconde detrás de ese pueblecito aparentemente bucólico y anclado en el siglo XIX, la historia de su nacimiento, de su propia existencia. Y como siempre, fiel a Shyamalan, la historia de sus habitantes y sus relaciones. La preciosa Bryce Dallas Howard interpreta a una joven invidente, enamorada del personaje de Joaquin Phoenix (que repite bajo las órdenes del hindú tras Señales), una joven capaz de adentrarse a ciegas en el bosque y desafiar a lo que quiera que haya con tal de salvar la vida de su amado, todo de una forma muy fabulesca, como si de un cuento de los hermanos Grimm en carne hueso se tratase. Todos sabréis el final, pero es una gozada descubrirlo. Igual que disfrutar de la sutileza con la cámara que imprime el director, de esos planos tan personales e imaginativos, de esas largas conversaciones repletas de miradas y silencios, de esa formidable manera de crear tensión y emoción, de jugar, en definitiva, con nuestro espectro emocional. El color rojo, igual que en El sexto sentido, vuelve a cobrar un gran protagonismo en esta historia con una última media hora maestra. Y eso que reconozco que cuando la vi en el cine me quedé decepcionado, pero cuanto más mayor me hago y más veces veo las pelis de Shyamalan, más me doy cuenta de que su manera de contar historias me tiene totalmente fascinado.