Voodoo (René Eram, 1995)

Otra de esas pelis que me dan la impresión de haber sido rodadas a principios de los ochenta por su malísima calidad técnica, pero que viendo su fecha resulta ser de mediados de los noventa. Fue la primera y única película dirigida por René Eram, porque una sola película le bastaba al insufrible Corey Feldman para hundir a cualquier director. Vamos, el chaval este llega a ser el niño de E.T. y Spielberg estaría barriendo las aceras. Aquí, Feldman interpreta a un chico que acaba viviendo en una fraternidad de 5 miembros que resultan ser una secta vudú de la que él va a ser el próximo incorporado forzoso. Así, entre novatadas, fraternidades, campus universitarios y la estupidez de la novia de Feldman, la película discurre por una línea demasiado plana. No tiene terror, ni tensión, ni gore, los momentos de uso del vudú son muy light, y la verdad es que uno no sabe muy bien cómo poner el culo en el sofá. En ochenta minutitos escasos te levantas a hacerte un café, unas palomitas, a coger algo de beber y trasteas con el iPhone, lo que sea por hacer más corta y menos aburrida esta película en la que todo va a ritmo de caracol. Así que al final, una historia sobre hermandades diabólicas que podría haber dado juego (recuerdo alguna película de ese palo que no ha estado mal), acaba siendo un coñazo olvidable por completo. Je, como Corey Haim. O Feldman. ¿Cuál demonios era? Qué más da. Los dos eran unos petardos, aunque creo que uno ya reventó por el camino...

PD:
Atención al póster, con la aguja de vudú atravesando las letras en plan Conan... Yo es que flipo.

Piratas del Caribe: en mareas misteriosas (Rob Marshall, 2011)

Jamás he llegado a conectar con la saga de Piratas del Caribe, y eso que recuerdo la primera como bastante divertida. Pero supongo que la extraña fusión de Bruckheimer y Disney es más de lo que puedo soportar, y nunca he acabado de verles la chicha a estas pelis. Eso sí, reconozco que Johnny Depp es un genio a la hora de interpretar personajes histriónicos o extraños, y hace totalmente suyo a ese pirata amanerado lleno de contradicciones: cobarde pero valiente, vago pero incombustible, difícil de ver pero atractivo… Un personaje construido desde cero al que Depp imprime su toque maestro y convierte en lo mejor de todas las películas. Pero claro, con cuatro partes ya se empieza a notar el desgaste, y Jack Sparrow ya no es tan divertido, ni tan sorprendente, ni tan gracioso. Es más de lo mismo, y tras casi 500 minutos de películas, ya cansa. No ayuda tampoco que, en esta cuarta entrega, aparezca mi odiada Penélope Cruz. Ella está de horca, como siempre, aunque los amantes del cine español se empeñen en elevarla a los altares a los que yo también la elevaría, pero para tirarla después. La química entre Pe y Johnny es la misma que entre un zapato y una lámpara, y la española lastra todavía más con su malencajado papel -se ve que Marshall la coló como pudo porque había trabajado con ella en Nine- una producción que se resiente. Porque personalmente no me ha parecido una película divertida ni con buen ritmo, se me hizo muy pesada a momentos, los personajes son unidimensionales y la fotografía extremadamente oscura casi todo el rato. Y no hablemos del 3D, casi tan fulañero como el de Furia de Gañanes, y que además solo sirve para hacer más oscura una película ya oscura. Lo único bueno es la banda sonora de Hans Zimmer, como siempre, y alguna esporádica escena de acción como la persecución en Londres o alguna también esporádica parida. Pero todo lo bueno de esta peli es esporádico, y lo malo persiste durante casi todo el metraje. ¡Ah!, y no os perdáis a Óscar Jaenada haciendo de comandante español. Sí, sí, Jaenada, el mismo que ahora está “triunfando” con la serie Piratas (muajajajajaja), en la que plagia descaradamente a Jack Sparrow. Si es que de verdad… Spain is different, pero casi siempre para mal.

Frankenhooker (Vicios Diabólicos) (Frank Henenlotter, 1990)

Todavía me sorprendo con el cine de los ochenta, aunque este sea tardío y esté fechado en 1990. Si es que era otra época, coño. Una en la que todavía podía hacerse comedia de terror gore y que quedara bien. Y no solo eso, sino que algunas se convirtieran en pequeños clásicos como éste, del que no tenía ni pajolera idea y que me hizo pasar un buen rato el otro día. La historia parodia en gran parte el clásico de Frankenstein, pero no obviemos el toque Re-animator ni tampoco ese humor negro tan típico del momento y que tan bien plasmó después Peter Jackson en su Braindead. Así, todo empieza cuando un electricista aficionado a los experimentos neurológicos (SÍ, NO ME HE VUELTO LOCO, LA FRASE ANTERIOR ES ABSOLUTAMENTE CORRECTA) pierde a su novia en un accidente de cortacésped (SÍ, DE NUEVO ES CORRECTO). Para resucitarla, además de sus conocimientos sobre anatomía y electricidad aplicada (¿¿¿), necesitará partes de mujeres para recomponer el cuerpo maltrecho de su churri. Y claro, digo yo que ya que hay que recomponer a la parienta, hazlo con un buen par de tetazas, ¿no? Pues ahí que se va nuestro mad doctor de chichinabo a lo que sería el barrio chino de su ciudad en busca de fulanas a las que secuestrar, matar y descuartizar para reconstruir a su amada. Sí amigos, una bizarrada de argumento, pero deja momentazos de gran diversión y gore de baratillo, como la orgía de putas explotando por un crack adulterado (OTRA VEZ TENGO QUE INSISTIR EN QUE NO ME HE VUELTO LOCO Y QUE TODO ESTO ES CONFORME SALE EN LA PELI, NO PRODUCTO DE MI ENAJENACIÓN MENTAL), o el festival final de miembros de goma mutantes a la caza del proxeneta cachas. Muy divertido todo, con ese encanto de la serie B y un gran punto de cachondeo (la “Frankenputa” resultante del experimento es un despiporre) que convierten a esta casposa cinta, para mí, en otro de esos clásicos instantáneos del género que tanto me gusta.

La posesión de Emma Evans (Manuel Carballo, 2010)

Hay cine de Clint Eastwood, cine bueno, cine malo y cine de mierda. Luego está el cine de The Assylum, que son al infracine como Eastwood al cine convencional. Pero luego hay extrañas piezas que descolocan, supuestas producciones con pasta de por medio y medios técnicos más que aceptables, que terminan siendo un puto esperpento. Entendedme: en The Assylum trabajan aquellos a los que, por borrachos y/o deficientes, no les han dado trabajo en ninguna otra de las casposas productoras. Además cuentan para sus películas con actores olvidados, actrices porno intentando dejar de tragar sables y saltar al “cine serio” (¡¡¡buajajajajajaja!!!), y presupuestos similares a lo que me queda a mí en la cuenta corriente a día 25 de cada mes. Con esto, es normal que hagan mierda, y además no engañan a nadie, habiéndose ganado el estatus de los más grandes divulgadores de basura infecta.
Y si os cuento esto, es porque no me apetece hablar de la película en sí. Es un bodrio infumable que, tratando del demonio (un tema que siempre da rollo) no da nada de miedo, con una historia tonta, un montaje de mierda con los flashbacks peor usados de la historia, personajes absurdos (la actitud de los padres es totalmente inverosímil y el motivo de la posesión ni digamos) y repleta de topicazos como la muerte del hermano pequeño. Sin mencionar el giro final, digno de haber sido escrito por un orangután. Ahora resulta que las posesiones demoníacas son una vendetta personal que puede provocarse. El padre Karras tendría que levantarse de la tumba e hinchar a hostias al Carballo este.
En fin, de todo lo anterior se deduce que, si ves La posesión de Emma Evans, puede ser por dos razones: 1) Eres un masoca, te va sufrir, seguramente te anillas los huevos y te pones pinzas en los pezones; o 2) Quieres comprobar por ti mismo si es TAN MALA como digo. En cualquier caso, lo siento por ti. Estás jodido.

Black Dynamite (Scott Sanders, 2009)

Black Dynamite es una de esas películas que estás deseando ver con los colegas, con una buena cena y toda la cerveza posible. La premisa es prometedora: un genial actor de artes marciales como Michael Jai White (genial por sus aptitudes marciales, no interpretativas, se entiende) metiéndose en un papel cómico de acción, en una cinta que es una parodia-homenaje a la extinta blaxploitation setentera, aquel cine de negratas (dicho con todo el respeto), pelos afros y pantalones de campana, que disparaban tiros que no salían, pegaban hostias que no daban y eran muuuuuuuuuuuuuuuuuy, muuuuuuuuuuuuuuuuy chulos. Y de entre todos los chulos, el que chulea a todos los chulos de entre los chulos es Black Dynamite. Él es el que más pega, el que más sabe, el que más folla. Pero lamentablemente, el que más aburre. Porque me esperaba que la peli fuera un festival de burradas y paridas, pero vistos los primeros veinte minutos se hace enormemente repetitiva y lenta. Ya sabemos que Dynamite es el más guay, que todas las tías se lo quieren calzar y que nadie le puede, pero estar repitiéndolo todo el rato acaba siendo un coñazo. Además, al final todo se me antoja una bizarrada demasiado grande incluso para una parodia de la blaxploitation, con ese enfrentamiento contra esa especie de Fu Manchú (otro homenaje-parodia al cine de artes marciales de la época) y sobre todo con que el villano final sea el presidente Nixon y que su plan sea reducir el tamaño de la polla de los negros. Por eso, cuando suena por enésima vez “Dynamite” y la peli acaba con la posturita de turno, te quedas con cara de decir: bueno, me he reído un rato… pero esperaba haberme partido la caja. Así que decepción a medias que justifica que la peli aún no haya encontrado distribuidora en nuestro país. Si a mí, que entiendo de qué rollo va, no me ha parecido gran cosa, salta a la vista que su público sería muy reducido por estas lares.

Muñeco Diabólico (Tom Holland, 1988)

Chucky tiene la culpa de que una generación de niños hayan crecido mirando con recelo a sus muñecos por si en un momento dado se levantaban con un cuchillaco y un improperio, dispuestos a empezar el asunto del muere. Y es que este tipo de cine de terror, de factura absolutamente ochentera, quizá ya no impresione a nadie, pero en mi época lograba su cometido. La historia comienza con una persecución policial que pronto deriva en un rápido rito vudú, una especie de transfusión de alma que el malherido asesino Charles Lee Ray (nombre compuesto por nombres de asesinos reales) realiza a lo que tenía más a mano: un muñeco Good Guy. Muñeco “Buen chico”, para más ironía del asunto. Por azar del destino y del guión, el muñeco acabará en casa de Andy, un niño de 5 años obsesionado con los dibujos Good Guy (que debían ser los Teletubbies de la época), y Chucky tendrá tiempo limitado para pasar de nuevo su alma a la del niño antes de quedarse encerrado para siempre en el cuerpo de plástico del juguete. La peli juega mucho con la tensión de lo que no vemos, con nuestro conocimiento VS. la ignorancia de la madre, la niñera o el resto de personajes, para quienes el muñeco es solo eso: un muñeco. Pero ser pequeño no impide a Ray seguir asesinando, provocando que el pobre Andy parezca un niño perturbado. Destacar también la interpretación de Chris Sarandon, el mítico vampiro de Noche de miedo, actor que despuntó y desapareció en los ochenta y a quien le auguré una carrera más prometedora de lo que fue después. Eso y, claro está, los artesanales efectos especiales que convierten a Chucky en un acojone. Tirando de animatronics, maquetas, enanos y niños, la película se lo curra en una época en la que los ordenadores estaban en el alba de los tiempos. Con todo, excelente película de tensión-terror y gran referente de esa época en la que se exigía menos al cine y se obtenía más.

Bajo el sol de la Toscana (Audrey Wells, 2003)

Para películas como esta existen las sobremesas de domingo. La siempre correcta y guapísima Diane Lane protagoniza este telefilmero largometraje que se regodea en todos y cada uno de los tópicos del cine de mujeres maduras despechadas en busca del amor de su vida. La protagonista es una escritora (sigh), divorciada, que se marcha a pasar unos días a Italia como terapia para recuperarse de su mala racha, y que se compra, de volazo, una villa medio en ruinas en la Toscana. La clase de cosas que, si las piensas fríamente, son más imposibles que un extraterrestre superpoderoso o un dios nórdico con un martillo. Por supuesto, en la Toscana conocerá a una serie de pintorescos personajes secundarios que enriquecen el reparto de tópicos, mientras que nuestra escritora va haciendo eso que tanto se hace en este cine y que no tengo ni idea de qué significa: descubrirse a sí misma.
No falta romance, claro, ni toques de comedia (la primera noche de tormenta en la derruida casona es muy divertida con la entrada de la lechuza), pero siempre con esa sensación de irrealidad que transmite semejante argumento. Eso sí, la belleza de la fotografía es indiscutible, pero ¿cómo va a ser de otra manera en un entorno como la Toscana? Imposible, hubiera sido un crimen. Los paisajes italianos dan vida y color a una película luminosa y optimista, que al menos no recorre el camino del tópico por completo y se distancia un poco al final, pero muy poco. En fin, como decía es la típica película que parece creada para verse en las largas y comodonas tardes del fin de semana, y que se salva por su belleza natural y por Diane Lane, que siempre resuelve sus papeles. Creedme, si esto lo hubiera protagonizado Julia Roberts, me hubiera sacado los ojos a la primera frase.

Thor (Kenneth Branagh, 2011)

Hasta el momento, esta es la mejor película de Marvel que he visto. Antes me quedaba con las Ironman, pero Thor tiene un algo más. Aparte de su acción trepidante, de sus dosis de comedia totalmente apropiadas y de su universo superheroico, aporta ese toque épico del personaje (no en vano es un héroe adaptado de la mitología nórdica) del que otras carecen. Y ahí, como director, Kenneth Branagh se encuentra muy cómodo, porque la historia de traición y poder de Thor, Odín y Loki, no dista mucho de esas tragedias shakespirianas que tantas veces y tan bien ha dirigido este cineasta.
Otro valor añadido es que cualquier neófito podrá enterarse perfectamente en esta película de la historia de Thor, ese arrogante guerrero que es desterrado por Odín (un excelente Anthony Hopkins) de su Asgard natal a la Tierra, por su desobediencia y su afán de guerra. Desposeído de su poder y de su martillo, el Mjolnir, Thor comenzará una nueva aventura para volver a ser él mismo, al tiempo que aprenderá los valores que le faltan para ser un rey: humildad, obediencia, y preocupación por su pueblo. Un viaje de autodescubrimiento que Chris Hemsworth interpreta con soltura, dándole al personaje todos los matices necesarios, desde su chulería inicial a su heroico altruismo y sacrificio final, pasando por momentos de auténtico abatimiento y otros de comedia que también borda. Toda una sorpresa este Hemsworth, que se ha currado el papel mucho más allá de haberse metido 15 o 20 kilos de músculo y de cepillarse a la Pataky.
El ritmo de la película es casi perfecto. El inicio es buenísimo, pasando después a una primera parte en flashback en Asgard totalmente arrolladora, un segundo acto en la Tierra que es la parte más humana y cómica del personaje, y de nuevo un final en Asgard igual de trepidante que el comienzo. Los efectos visuales están muy a altura, así como el vestuario y el diseño de personajes, y algunas de las escenas de acción son realmente sobrecogedoras. No falta el toque de romance entre Hemsworth y la chica de la peli, una correcta Natalie Portman, aunque es un romance muy sutil pero muy bien tratado. Y es que, en definitiva, aquí se trataba de presentar al personaje al mundo y de mostrarnos ese viaje del héroe para descubrir que no todo es ganar batallas y dar martillazos, aparte de seguir allanando el camino para Vengadores, película muy presente en ésta a través de personajes como el agente de SHIELD. En definitiva, estupenda película que demuestra, muy a mi pesar, que a día de hoy Marvel no tiene rival en cuanto a cine de superhéroes, y que Kenneth Branagh sí que era el director perfecto para esto.

La habitación del pánico (David Fincher, 2002)

Trabajar en espacios cerrados siempre es complicado para el director y para los actores, pero en esta película ambas partes pasan la prueba con solvencia. Del lado que no se ve, el experto director David Fincher, que ya nos había dejado peliculones anteriores como El club de la lucha, Seven o The Game, se las apaña muy bien para crear tensión tanto en lo que sucede dentro de esa habitación impenetrable como fuera, en el inestable grupo de intrusos que penetran en la tranquila morada de Meg y su hija Sarah sin motivo aparente para ellas. Poco a poco, como espectadores omniscientes vamos recibiendo la información en sus dosis justas, y entendiendo el por qué del asalto mientras que, además, la situación en el interior de la habitación antipánico se va complicando con la enfermedad de la hija, creando una creciente atmósfera de tensión y claustrofobia que vives junto a las dos protagonistas. Los momentos de mayor tensión, no obstante, se producen en las contadas ocasiones en las que Jodie Foster abandona la seguridad de esa cámara inaccesible para aventurarse al exterior a merced de los tres asaltadores, sobre todo en su segunda salida engañada por el plan de los malos. Hablando de los malos, quizá es donde la película recae en mayores tópicos, con tres personajes cortados por un patrón muy típico: el cerebro (un correcto Jared Leto), el malísimo malísimo malísimo (que no sé quién es) y el "bueno" (Forest Whitaker), siempre teniendo en cuenta que los tres son asaltadores de casas y que sus motivos personales no justifican un acto así. Destacaría también, aparte de la muy bien conseguida tensión y atmósfera claustrofóbica, las interpretaciones de Jodie Foster, estupenda como siempre, y de la entonces niña Kristen Stewart, que ofrece una interpretación infantil mejor de lo que suelen ser. El final de la peli vuelve a caer en el tópico más habitual del cine de este estilo y con estos personajes, pero en resumen, como todo es un gran tour de force muy bien llevado e interpretado, la película se convierte en un conjunto absolutamente disfrutable.

Furia Ciega 3D (Patrick Lussier, 2011)

Nicolas Cage vuelve a embarcarse aquí en uno de esos tres o cuatro locurones que viene rodando cada año desde que pasa por su "delicado" momento económico. En este caso, un locurón del quince, de esos que no se toma en serio a sí mismo porque sería imposible. Pero no carente de diversión dentro de su cutrismo, eso también.
La verdad es que para dar una idea general de qué va esta película, podríamos decir que es El cocherista fantasma. Y no, no me he equivocado. Esto es como El motorista fantasma + El cuervo + The Fast and the Furious remeneado con dosis de road movie y con un prominente elemento grindhouse (esas pelis de terror de serie Z de los años 70), todo pasadísimo de vueltas y totalmente disparatado en el conjunto y en la forma. El personaje de Nicolas Cage es extraño hasta el final (bueno, es extraño todo el puto rato), siendo una especie de alma escapada del infierno para vengar la muerte de su hija y rescatar a su nieta recién nacida de un ritual satánico llevado a cabo por el padre de Bella en Crepúsculo. Pero mientras que él sigue la pista de la secta que tiene a su nieta, tras su propia pista va el mejor personaje de la cinta, alguien que se llama a sí mismo "el contable" y que es una especie de chupatintas del infierno que quiere asegurarse de que Nicki vuelve a donde tiene que estar. Acompañanado a Nic, la chica de la película es la preciosa Amber Heard, que aporta el elemento agradable de ver en cada plano y que compensa con creces el tener que tragarnos a Cage, inflado y con un hilarante pelucón a mechas rubias. Además, todo sea dicho, Heard hace lo que puede con su papel, llevándolo con más solvencia de la que Cage lleva el suyo.
De la película, me quedo con su ritmo trepidante, su cierto puntillo de intriga hasta el final y con su desmedida violencia, sexo y toque de serie Z. La escena del motel en la que Cage tiene un tiroteo mientras se folla a una rubia neumática sin sacársela, no tiene desperdicio (aunque creo que Vincent Cassell y Monica Bellucci ya hicieron algo parecido), pero solo es una muestra más de qué palo va esto. ¿Buena? Ni de coña. Pero al menos pasarás el rato entre persecuciones, tiros, y acción satánica tridimensional.