Walled in (Gilles Paquet-Brenner, 2009)

Nos venden esto como una película de terror, con la premisa de que una ingeniera recién licenciada recibe como primer encargo organizar la demolición de un extraordinario (e inquietante) edificio en el que fueron descubiertos un montón de cuerpos emparedados por su arquitecto. Con semejante idea, uno espera ver apariciones fantasmales de las paredes, espíritus cabreados buscando venganza y movidas sobrenaturales, ¿no? Pues no. Esto, de terror, NADA. Eso sí, como thriller podría haber tenido su punto. La idea no es mala, la presentación de personajes tampoco, y la primera media hora capta el interés del espectador no demasiado exigente. De inmediato entendemos que esa madre y su hijo, casi únicos inquilinos de ese edificio gótico y a la vez vanguardista, ocultan algo. Lo malo es que el algo, al final, no resulta satisfactorio si lo que esperas es lo que comentaba al principio, un algo sobrenatural. Todo es mucho más mundano, y lo que podría haber sido una buena historia de miedo acaba siendo una más de familias raritas y de personajes extraños, como el arquitecto obsesionado con cimentar el edificio con cuerpos... y con hacer flexiones. Como punto positivo, destacar la ambientación y que los actores tratan de tomarse en serio su trabajo, que el guión no está plagado de frases lamentables y que, en definitiva, todo resulta correcto. Predecible, sí, pero siempre es una alternativa mejor para un día cualquiera en un país en el que la programación salta de Gran Hermano a El Club del Chiste o a Ángel o Demonio.
Por cierto, ¿alguien ha visto Ángel o Demonio? Yo intenté ver el primer episodio, pero entre plagios a Crepúsculo, a la serie Héroes, a Constantine, y una escena en la que un niño intentaba suicidarse en la azotea del instituto, completamente surrealista y sobreactuado, tuve que quitarlo. Me pareció mucho más cutre que la mayoría de cosas que suelo reseñar aquí. Pero eso, queridos amigos... es otra historia.

Fangs (Murciélagos) (Kelly Sandefur, 2001)

Hace por lo menos una semana que vi esta película, pero es tan mierdosa que se me había olvidado reseñarla en el blog. No tiene nada, es aburrida, va de graciosa y terrorífica y es un puto telefilm que consigue que Bats parezca El padrino. No sé qué más decir, así que voy a dejaros la receta de las fajitas, que seguro la encontraréis más productiva que esta basura.

Ingredientes para 4 personas:

-1 kilo de pechuga de pollo.
-1 kilo de carne picada de ternera.
-1 pimiento rojo y uno verde.
-2 cebollas.
-1 bandeja de champiñones.
-1 paquete de tortitas de trigo, salsa mexicana y sazonador para fajitas.

Cortamos la pechuga en tiras finas y la freímos con poco aceite. Cuando esté casi hecha, añadimos la carne picada hasta que se haga todo junto, sin dorarlo. Por otro lado, cortamos en tiras el pimiento y la cebolla bien cortadita. Todo junto lo rehogamos junto a los champiñones hasta que lo veamos todo bien hecho (15 minutos suele ser suficiente). Retiramos el exceso de caldo y añadimos la carne, salando todo al gusto. Removemos y vamos añadiendo un sobre de sazonador para fajitas, y lo dejamos todo a fuego medio-lento hasta que está bien. Lo retiramos quitando el caldo y lo servimos en una fuente.

Las fajitas las preparamos dentro de la torta de trigo, con salsa mexicana (opcional) y queso mozzarella para que se funda con el relleno. Todo esto bien regado con cerveza... y a gozar como un gorrino en un charco de heces.

Buen provecho.

No veáis Fangs.

Saw VII 3D ( Kevin Greutert, 2010)

La saga Saw concluye por fin en esta, su supuestamente última película (algo que dudo porque el final no es más contundente que el de cualquiera de sus otras partes) y lo hace poniendo toda la carne no en el asador, sino en nuestras narices. El 3D se emplea como herramienta para que los salpicones de sangre e higadillos nos lleguen a la cara, de modo que vivamos un poco más la experiencia.
En este último capítulo de las andanzas de un personaje que murió en la tercera parte, retomamos el final de la sexta, que dejaba al nuevo Puzzle (el detective Hoffman, Costas Mandylor) con media cara colgando tras sobrevivir a una trampa puesta por la ex-mujer de John. Pero el machote de Hoffman se cose la cara a lo Rambo (o a lo Sergi López en El laberinto del Fauno) y solo le queda una apañada cicatriz de na. Paralelamente, un Sean Patrick Flanery en horas bajas interpreta a Bobby, un falso superviviente de un juego de Puzzle reconvertido a orador de autoayuda, que se convertirá en objetivo del juego principal de esta entrega. Y mientras, la historia intenta atar cabos sueltos, pero la verdad es que hay tantos después de seis películas que era una tarea muy difícil. Es un acierto recuperar a Cary Elwes como el Dr. Gordon, el tipo que se corta el pie en la primera película y que aquí regresa con un papel nada sorprendente y bastante tramposo. Pero mientras la policía cierra el cerco a Hoffman y éste lo cierra sobre la ex de Puzzle, al tiempo que Bobby juega el particular Juego de su vida y nunca mejor dicho (perdón por el chiste), lo que sí disfrutamos es de un total baño de sangre. Tripas, reventones, amputaciones, taladramientos, extracciones de objetos, despellejamientos... una casquería muy, muy salvaje y explícita que encima es magnificada por el uso de las tres dimensiones, lo que la hace más exagerada, sí, pero también más divertida. Al final, parece que la película pretende cerrar un círculo terminando la saga con una especie de catarsis, en la misma asquerosa habitación en la que comenzó en 2004 y con uno de sus primeros protagonistas, pero que no te engañen: puede que hayan dicho que esta es la refinitiva, pero se han asegurado muy bien de dejar abierto el final por si la gente sigue pidiendo más carnaza. Y la verdad, tampoco me extrañaría.

Jóvenes Ocultos (Joel Schumacher, 1987)

Los ochenta dejaron muchas joyas, os lo he dicho muchas veces. Por ejemplo, fue una época en la que se podía hacer cine de vampiros sin que pareciera una absoluta ridiculez, como ocurre hoy en día. Y no me estoy metiendo con la saga Crepúsculo, que es una mierda y lo sabe y lo explota y lo enfoca al público que lo va a consumir: las carpeteras. Me refiero a que hoy en día las películas de vampiros son una basura, por lo general.
Pero en los ochenta, no. Una muestra de ello es esta película, que podríamos catalogar de una manera tan bizarra y acertada como "comedia familiar de terror vampírico", rollo Una pandilla alucinante o Noche de miedo. Porque tiene toques de humor ochentero, terror (si es que algún colmillo que otro es terror), ensalza valores familiares y, eso sí, tiene un buen puñado de vampiros. Cuenta la historia de Michael y Sam, dos hermanos que se mudan con su madre a una localidad costera en California donde existen rumores sobre la existencia de vampiros. Michael acabará enredado con la pandilla de vampiros moteros capitaneada por Kiefer Sutherland y convertido en uno de ellos, a lo que su hermano pequeño tendrá que aliarse con un par de frikis locales para acabar con el mítico "vampiro jefe" y revertir la transformación de su hermano. Esta alianza da pie a la primera unión cinematográfica de los dos Coreys, Haim y Feldman. Es muy fácil distinguirlos. Haim es el que parece completamente subnormal, con la mandíbula siempre colgando, y Feldman es el de Los Goonies o el de Viernes 13 parte... no me acuerdo. El que se rapa la cabeza para parecerse a Jason. Da igual, los dos son unos fracasados ochenteros que después de su breve apogeo solo rodaron mierda, entre ellas un par de bochornosas secuelas de esto. De hecho el único que ha triunfado de los aquí presentes es Kiefer.
Poco más que decir del resto. Agua bendita, ajos, típica historia de "no nos creerán porque nadie cree en vampiros", giro final para descubrir al vampiro jefe que está claro desde los títulos de crédito iniciales, y batalla final bastante chula y, claro está, con final feliz. Ah, e incluso si nos fijamos podemos encontrar una nada sutil moralina sobre las bandas callejeras, la rebeldía y las drogas. Así eran los ochenta amigos, una época mejor en la que hasta el cine de chupasangres enseñaba algo más que tetas mientras entretenía al respetable.

All Star Superman (Sam Liu, 2011)

NOTA: Entrada originalmente publicada en mi página de Superman.

El día 22 se pondrá a la venta esta película basada en la serie limitada de 12 números All Star Superman, la mejor historia alternativa sobre Superman y una de sus mejores sagas en general (aunque fuera de la continuidad). No era tarea fácil adaptar un cómic tan complicado y extenso como éste, sobre todo teniendo en cuenta quién era su guionista: Grant Morrison, escritor tan genial como, en ocasiones, difícil de comprender. Pero me alegra poder decir que All Star Superman (la película) sale más que airosa de esta empresa tan difícil. Clica sobre Más información para ver mi reseña y crítica de esta película, cargada de imágenes.

Despierto (Joby Harold, 2007)

No me llamaba nada, pero nada, ver esta película. Quizá porque el argumento me parecía bastante soso, o porque los dos actores jóvenes y guapos que protagonizan no me dicen nada. Pero voy a tener que replantearme mis prejuicios, porque es la segunda película de Hayden Christensen que evito ver y que luego va y me gusta (la primera fue Jumper). Y mira, ahora que lo pienso, la sensación que me ha dejado ésta es muy parecida a la que me dejó Jumper: que es una chorrada mucho más satisfactoria de lo que debería ser en principio.
Un joven multimillonario se somete a una operación a vida o muerte para arreglarle el corazón, que padece una dolencia congénita. Pero la zorra de su mujer (Jessica Alba) tiene un complot con el cabrito del médico (Terrence Howard) para que la operación salga mal y cobrar el seguro. Por cierto que os acabo de joder la película, así en una frase. Pero hete ahí que para eso están las mamás del mundo, y la del joven Skywalker, aparte de sufrir en la sala de espera cual doliente María, también había previsto que su nuera era una hija de puta, lo que nos llevará a un desenlace con un buen clima de tensión y noñería (sí, es posible combinar ambas cosas, me lo ha enseñado esta película) muy a lo John Q. No hace falta decir más, blanco y en botella. Pero claro, todo esto hubiera sido un simple thriller telefilmero más sobre esposas ambiciosas y sin escrúpulos, así que la película juega su mayor baza colocando al personaje en otra situación aún más jodida. Porque si no basta que tengan que operarte a corazón abierto y que, entretanto, tu mujer te la esté pegando para que te mueras, encima sufrirás un rarísimo síndrome de la anestesia que te deja paralizado pero CONSCIENTE (que el título debería haber sido ese, porque DESPIERTO no está, ¿no?) durante la operación. Así que sientes el dolor, ves lo que pasa a tu alrededor, etc. Muy chungo, ¿no? Pues gracias a esto, a un buen manejo del suspense y a unas actuaciones correctas, al final Despierto se escapa de convertirse en el telefilm que podría haber sido y logra, al menos, mantenerte como su título.

El exorcista III (William Peter Blatty, 1990)

Cuando te comes una almendra de esas amargas, la siguiente siempre te sabe a gloria en comparación. Eso no quiere decir que sea muy buena, sino que la anterior era demasiado mala. Pues esta chorrada de símil que acabo de escribir es, más o menos, lo que le pasa a El exorcista III. ¿Buena película de terror? No, ni de coña, por Dios. Pero comparándola con la segunda, que es una larva fecal, la tercera parece cojonuda.
William Peter Blatty, escritor de la novela original y de su secuela, se puso también detrás de la cámara para adaptarla después del fiasco de la segunda parte. La historia retoma a los viejos protagonistas, sobre todo al cinéfilo detective Kinderman, aunque aquí interpretado por otro actor veterano, George C. Scott (protagonista de Al final de la escalera o la versión televisiva de Doce hombres sin piedad, entre otras muchísimas). Una serie de asesinatos con fuerte carácter religioso harán que el detective se replantee sus creencias y que escarbe en el pasado, hasta que encuentra en un manicomio nada menos que al padre Karras (de nuevo Jason Miller), muerto durante el exorcismo de Reagan, pero cuyo cuerpo está siendo utilizado por el demonio para albergar el alma del asesino en serie en cuestión. Aunque disparatado, el argumento funciona a medias, ofrece una trama interesante y menos aburrida que la segunda, aunque claro que sin llegar jamás a asustar. El último acto es curioso, con ese exorcismo final a cargo de esa especie de supercura y la posterior batalla, casi duelo, entre el demonio-asesino en serie-Karras y el detective. El resultado final es una película simple y del montón, típica producción en serie de los noventa de las que no perduran en la memoria, pero al menos no una bazofia indigna de ser secuela de lo que es.

El exorcista II: el hereje (John Boorman, 1977)

Sí que hay un hereje en esta película, sí. Y se llama John Boorman. Amparado en el éxito de la mítica primera parte (que vimos justo antes de proceder al visionado de esta en nuestra noche de "Maratón Exorcista"), Boorman se atreve a un acto mucho más demoníaco que la propia posesión de Reagan. Sin ningún problema, como si no pasara nada, ensucia el nombre de una de las mejores películas de terror de la historia con esta burda secuela que no merece ni llevar el mismo título que la de William Friedkin, pese a contar con un presupuesto enorme para la época y con una buena BSO del siempre correcto Ennio Morricone. Indignante, muy indignante, porque no hablamos de un directorzucho de chichinabo tipo Uwe Bowl o Tibor Takács que se apañan con autofinanciación y cuatro duros, sino de alguien con pasta para el proyecto y con talento (solo cuatro años más tarde dirigiría la gran épica Excalibur, todo un referente del cine de espada y brujería). Por eso su delito por perpetrar esta cinta es aún mayor, porque demostró que podía hacerlo bien y, sin embargo, El exorcista II: el hereje es terrible, malísima, nefasta y aburrida hasta el sopor.
Retoma la historia de Regan, convertida ahora en una potorra carabollo de 18 años, que ha dejado atrás su episodio de posesión demoníaca e incluso lo ha olvidado completamente. No así el demonio a ella, un demonio del que conoceremos el nombre: Pazuzu. Esto, aunque no es invención del director (está en las novelas originales de W.P. Blatty) me chirría como una bisagra oxidada. Mucho del impacto de El exorcista radica en que Reagan parece poseída por el demonio, no por un demonio sumerio con nombre de enemigo de Godzilla. Es como pasar de boxear con Mike Tyson a boxear con el portero de Aquí no hay quien viva. Bajando tanto el listón del adversario maligno, el terror se diluye tanto que ya no impresiona nada. Aunque esto hubiera sido solo un error tolerable si la película hubiera estado bien, pero no lo está. El guión es tan lento que la película parece no avanzar. La máquina de hipnosis por lucecitas es uno de esos inventos que parecen sacados de Star Trek, y que convierten a la trama en un esperpento, porque de dicha máquina depende mucho del argumento... y no se tiene en pie. Además no hay posesiones, no hay duelos como en la anterior, no hay exorcismo a la antigua, tan solo la Reagan haciendo de cawboy con la mano mientras que la casa se desmorona y toda la ciudad se entera de lo que pasa. Todo magnificado sin llegar jamás al terror genuino que la primera parte condensaba en una sola habitación. En fin, en mi opinión un auténtico coñazo de película infumable, para dormir la siesta y soñar con cosas más aterradoras como la hipoteca o el paro.

The Troll Hunter (André Ovredal, 2010)

¿Tú sabías que los trolls se convierten en piedra cuando les da la luz del sol? Yo ya no me acordaba de mis tiempos de David el Gnomo. ¿O que pueden oler a una persona cristiana -olor que les repugna- y atacarla? Yo tampoco tenía ni idea. ¿O que enfurecen como locos cuando escuchan un salmo? Pues yo no. ¿Y quizá sabías que hay un montón de variedades de trolls diferentes, que varían en tamaño, agresividad, forma de vida o alimentación? Efectivamente, yo tampoco lo sabía. Aunque la gran pregunta sería: ¿sabías que el gobierno noruego oculta la existencia de trolls y la regula mediante una organización gubernamental secreta llamada la TST? No, seguro que no lo sabías. Porque si lo supieras, estarías muerto.
Bueno amigos, este parrafito tan chulo que me he currado es la idea del mockumentary The Troll Hunter, o Trolljegeren, en su idioma noruego original. Muy al estilo comenzado por El proyecto de la bruja de Blair y con un buen, buen pellizco de Monstruoso, esta receta escandinava de digestión ligera y que deja buen sabor de boca viene a contarnos la supuesta verdad que oculta el gobierno de Noruega acerca de la existencia de unos fantásticos seres que habitan sus bosques y que controlan mediante vallas electrificadas, pantomimas monumentales con osos muertos y huellas falsas. Pero sobre todo gracias a un durísimo cazador de trolls llamado Hans, alguien que ha consagrado su vida entera al control de estos seres de fantasía tan aparentemente reales. La película, grabada por un supuesto equipo de reporteros y vendida, como siempre, como "las cintas que se encontraron en el lugar de los hechos, blablabla", juega muy bien sus bazas. Actores desconocidos y bastante malillos interpretan a los periodistas y al cazatrolls, en una historia en la que lo que más mola, es el guión y el ambiente que se crea. Pese a lo quemadísimo del formato cámara en mano y falso documental, esta peli queda resultona y transmite una buena sensación de veracidad dentro de la barbaridad que cuenta, claro. Los FX son muy buenos para una producción independiente, aunque los movimientos de los trolls (sobre todo de los pequeños) resulten demasiado bruscos e informáticos. Pero el GRAN troll (momentazo Monstruoso de la película) está bastante conseguido, y la cinta ofrece genuina diversión y muchos momentos que complacen. Es una idea original, fresquita como la región en la que está rodada y llevada con muy buena mano. Así que, como hay que tener cojones para hacer una peli sobre trolls encubiertos por el gobierno y que salga algo bien hecho y curioso, os recomiendo que le déis una oportunidad. Eso sí, olvidaos para siempre de Holley, Poopey y los demás trolls de David el Gnomo. Estos van en serio.

Burning Bright (Carlos Brooks, 2010)

Esto fue amor a primera vista. Cuando leí el argumento de esta película me pareció tal puto disparate que inmediatamente me la puse a descargar como un poseso (jódete, Sinde… de momento). Y es que cuesta resumir de qué va esto sin descojonarse: una chica de veinte años (Briana Evigan, bailarina que no puede estar más buena y que se pasea toda la película en pantaloncito corto, tirantes y sudadita, ñam-ñam…) se queda encerrada en su casa durante un huracán, con todas las puertas y ventanas tapiadas, junto a su hermano pequeño autista y… redoble de tambor ante lo que ahora viene… ¡¡¡¡CON UN TIGRE DE BENGALA CON MÁS HAMBRE QUE EL PERRO DE FALETE!!!! ¡Inconcebible pero cierto! Carlos Brooks ha dado una vuelta de tuerca a la típica película de animal-asediando-a-protagonista con un argumento que, en principio, no debería tenerse en pie, y que para mi gustosa sorpresa acaba siendo una película más que decente. Los primeros 40 minutos son una pérdida de tiempo que presenta a los personajes, a la chica, al niño autista, al padrastro cabrón… y a Lucifer, el tigre. Genial y superteatrero el momento en el que el antiguo dueño describe lo que el tigre le hizo a un caballo, para que sepamos lo malote que es. Luego el huracán y… de pronto, de taiger is in da jaus con la chavalita y su hermano. Ahí empieza lo bueno. Brooks incluso logra momentos de conseguida tensión, como la subida de la chica por el tubo de la ropa sucia, el parapeto detrás del colchón o el encierro en el armario, con más espacio desde que salió Ricky Martin. Se establece una estupenda clasificación de heroína y villano entre la chica y el tigre, y te lo pasas pipa mientras que no dejas de pensar de vez en cuando: “joder, ¿en serio estoy viendo una peli sobre un tigre asesino encerrado en una casa?” Esa sensación de fresca originalidad cubre como una lona que la cinta caiga en todos los tópicos del género, giro final incluido, porque no se puede negar que la idea es abrumadoramente cachonda y que esto debería haber sido una maldita bazofia. Pero no lo es. Puedo decir con la boca grande que mi mujer y yo nos lo pasamos muy bien viéndola y que es una digna película que entretiene, sobresalta y te mantiene tenso durante su hora y media. Te lo has currao, Carlos Brooks. A ver con qué me sorprendes ahora.

Apartamento 1303 (Ataru Oikawa, 2007)

Creo que, si la cosa no mejora, estamos ante el declive del terror japonés que, hace una década, se hizo un hueco en el mercado del terror con un estilo muy propio que, al principio, sorprendió al respetable, al poco comenzó a hacerse repetitivo (todos los directores japos se empeñaban en plagiarse unos a otros) y, a día de hoy, ofrece más bien poco de nuevo. A mentes niponas les debemos personajes sin nombre ya míticos del terror, como esos niños fantasma de piel blanca y pupilas rasgadas que parecen moverse siempre en stop-motion, o la no menos mítica muchacha con un camisón blanco y una desgreñada melena negra cubriendo el rostro. Imágenes todas estas inquietantes las primeras veces, pero cansinas cuando la fórmula comienza a repetirse una vez, y otra, y otra... Bueno, pues esta cinta amalgama casi todos los elementos del terror japo en una sola historia. Tenemos fantasmas, un piso maldito por una de esas casi incomprensibles historias de venganza sobrenatural imprimada en el lugar donde ocurrió un hecho traumático, tenemos a la típica chica del camisón, muchos, muchos golpes de música para sobresaltar (que no asustar)... Y no obstante, es una peliculilla entretenida. En mi opinión es mucho más fácil de seguir que La maldición, que no hay dios que la entienda, y la protagonista principal está menos sobreactuada de lo que suele ser normal en los chinorris. Eso sí, es típica de principio a fin, la escena final estaba cantada, pero aún así no resulta aburrida como otras japonesadas que he visto y con las que he acabado jugando con el iPhone. De todos modos quizá va siendo hora de un cambio de rumbo en el terror oriental, como demuestra alguna de sus incursiones en géneros más salvajes.

La cara del terror (Rand Ravich, 1999)

Johnny Depp y Charlize Theron protagonizan un film de suspense y ciencia ficción que, de no ser por su presencia, hubiera pasado por otro de esos anodinos telefilmes de Antena 3 para un domingo de sobremesa. Gracias a esta pareja de guapos se convierte en una anodina película de domingo de sobremesa, pero con dos buenos actores cumpliendo con su cometido.
La historia va sobre dos astronautas con los que la NASA pierde contacto durante unos segundos. Tras el regreso triunfal de los dos héroes por haber sobrevivido (ya sabéis que en América uno se convierte en héroe por muy poca cosa), uno de ellos muere, y el otro (Depp) se muestra más raro, más misterioso, como si no fuera el mismo. El peso de la película lo lleva Theron (no en vano el título original es La mujer del astronauta, pero se ve que no daba indicios del argumento y nos llegó con esta nefasta y tergiversada traducción), que ve cómo su marido no es el mismo y empieza a sospechar que algo ocurrió en el espacio mientras lidia con un rápido embarazo de gemelos que su maridito se apresuró a engendrarle en tal que tocó tierra. Y sí, antes de que lo digáis, es calcadito a La semilla del diablo, pero en plan intergaláctico. Hasta el look de Charlize es similar al de Mia Farrow. Así la peli avanza con tan solo un buen par de momentos de suspense, sin presupuesto para alguna buena escena en el espacio o para mostrar un alienígena, con solo 2 o 3 localizaciones y con un aire extremadamente telefilmero. Tampoco ayuda esa sensación constante de que todo va demasiado despacio, de que parece más un telefilm de esos sobre un acosador que una peli de ciencia ficción, o que la interpretación de Charlize recuerde muchísimo a la de Pactar con el Diablo (esposa sufrida y llorona a la que todos toman por loca, etc., etc.). El final tampoco alcanza un clímax muy satisfactorio que digamos. Así que lo más meritorio de esta película, supongo que es que pudieran convencer a dos actores de primera para salir en una serie B de segunda. Igual debían un favor.

Ciénaga Diabólica (David Winning, 2008)

Len Wein creó un mítico personaje llamado La cosa del pantano, que vivió su apogeo durante la etapa que lo guionizó Alan Moore. Este ser extraño (Moore no, también es un ser extraño pero me refiero a la cosa... A la del pantano... ¡A la mierda, ya me entendéis!) nacía después de que un hombre fuera asesinado y lanzado a una ciénaga de la que resurgiría como vengador monstruoso con poder sobre los elementos del pantano, fuerza sobrehumana y regeneración. Nunca ha sido un personaje que me haya atraído en exceso, pero duele verlo aprovechado como base para esta anodina película. Vale, está claro que no se cita jamás que sea una adaptación de La cosa del pantano, ni la historia es exactamente la misma, pero las similitudes son lo suficientemente sonrojantes como para resultar obvias. La historia de un hombre acusado de un asesinato perpetrado en realidad por el monstruo, sirve de pretexto para desarrollar el guión, que va despacito y para en aburrido. Aparte de referenciar al personaje de cómic, también es notable las referencias al típico cine de licántropos, por el rollo de que el monstruo del pantano también puede tomar apariencia completamente humana. Por supuesto desde el minuto cero sabemos quién es el malo, cosa que se confirma a mitad película. Alguna que otra muerte está medio bien, nada demasiado sangriento pero correcto. Los efectos especiales cuando sale la criatura son lo peor, cantan a ordenador y el monstruo no tiene un aspecto nada interesante, apenas un montón de hierbajos con forma humanoide. Y la forma de matarlo recuerda espantosamente al del infrafilm Ogre, algo muy asqueroso para copiar... Así que nada, una monster movie más del montón. No pierdas el tiempo viéndola, que para eso ya estoy yo.

Enredados (Nathan Greno y Byron Howard, 2010)

La todopoderosa Disney nos deja este año una de sus típicas películas más tradicionales. No es una de sus últimas obras maestras generadas por los ordenadores y las mentes de Pixar, sino una auténtica Disney classic mucho más ligera que viene a contarnos el cuento de la princesa Rapunzel, esa que vivía en una torre y que dejaba caer su larga melena para que subiera el príncipe a por ella. Como siempre, Disney da una vuelta de tuerca a la historia y la estira para poder convertirla en una horita y media de risas, emociones, romance y música como suele ser marca de la casa. Lo único que no entiendo, siendo sinceros, es qué tiene de animación tradicional esta peli, que es como la venden (como una mezcla de técnicas tradicionales y modernas), porque a mí me parece completamente realizada por ordenador pero, eso sí, con una estética de personajes clásica. Igual era eso, ahora que lo pienso. Eso y la recuperación de un mundo de cuento de hadas, edad media, castillos, príncipes y princesas en un ambiente colorido y luminoso de lo más bonito. Rapunzel -y su rubia cabellera- se convierte en la princesa más moderna de Disney hasta la fecha. Graciosa, divertida, guapísima, dulce, pizpireta, pilla... Es genial el momento de su "conflicto emocional" cuando sale de la torre desobedeciendo a su supuesta madre, divertidísimo. Y el príncipe de la historia, un ladrón en este caso, no se le queda atrás. Con un aspecto a medio camino entre Aladín y cualquier otro galán de la casa, Flynn Rider es tan divertido como la princesa y con un punto de pícaro que le va de maravilla. Los malos, como mandan los cánones de la casa, oscuros, evidentes, algo torpes y muy retorcidos, pero siempre obtienen su merecido. Y los deliciosos secundarios que Disney siempre nos brinda en forma de animales también tienen aquí algunos de los momentos más graciosos, como el camaleón de Rapunzel o el caballo policía, y sin olvidar la melena de la princesa, casi otro personaje más. Caray, si hasta una sartén acaba siendo aquí todo un elemento cómico que funciona de maravilla. En resumidas cuentas, otro logro de la insigne Disney, otra película divertidísima que disfrutaremos todos los que estemos entre 3 y 99 años.

La naranja mecánica (Stanley Kubrik, 1971)

Criticar esta película es como cuando mi mujer dice que Elsa Pataky tiene las puntas abiertas. Pocas veces te encuentras ante una película perfecta, y cuando lo haces no queda más remedio que rendirte ante ella como te rendirías ante un ejército armado hasta los dientes. La historia de Alex y sus drugos te atrapa todos los sentidos y despierta emociones en todo su metraje, clarísimamente diferenciado en tres partes, como en tres actos teatrales de la misma función. Al principio hay que adaptarse a la estética y al dialecto que emplean los drugos, pero esto forma parte de la experiencia de La naranja mecánica (¡que hasta el título es perfecto!). Pronto, nuestro cerebro se familiariza y empieza a reconocer palabras, a acostumbrarse a la caleidoscopia setentera contextuada en un futuro indeterminado. De ridículo, el uniforme de Alex y su banda te acaba resultando casi aterrador. Y su ultraviolencia, su desmedido amor por la música clásica (maravillosa banda sonora de esta película) y su apatía por todo lo que no sea hacer el mal a esa extraña y pasiva sociedad medio hippie, medio yuppie, resulta tan despreciable como atractiva. Así transcurre el primer acto, con la presentación de las fechorías de Alex, con la magnífica (entiéndase en qué sentido) violación que perpetran en la casa del viejo a ritmo de Cantando bajo la lluvia, o su última visita sorpresa a casa de la mujer de los gatos. Ahí es donde cambia todo y comienza el entreacto: la prisión. Con Alex encarcelado asistimos a cómo las tornas se van girando poco a poco, vemos cómo el joven sin normas debe acatarlas todas y más, conocemos a pintorescos personajes como el Hitler que dirige a los guardias y muchos más detalles. No sobra ni un fotograma, ni un plano, ni una palabra. Nada. Después, Alex se presta voluntario para el tratamiento Ludovico, otra de las secuencias más memorables de la historia del cine, desde las proyecciones cinematográficas hasta la teatral demostración de cómo Alex ha sido "curado" y "reprogramado". Menuda crítica sociopolítica, amigos. Y tras esto, el tercer acto. Si Alex era el villano y la sociedad la víctima, el tercer acto presenta clarísimamente a la sociedad como villana y a Alex como víctima de esa naranja mecánica que es el sistema. Política y moral se funden como el queso para dar pie a uno de los finales más antológicos de la historia del cine. Y así la película describe una circunferencia perfecta, terminando exactamente donde empezó y rematando lo que es una de las películas más redondas jamás filmadas, y un ejercicio de cine insuperable.

El arte de morir (Álvaro Fernández Armero, 2000)

Estoy cabreado. Muy cabreado. Esta película podría haber sido muy buena, porque tiene un planteamiento interesante que la aleja de los convencionalismos del típico slasher sobrenatural, y además se marca un par de giros argumentales muy chulos que le dan impulso y la destacan sobre la media del cine fantástico español. La dirección no es torpe, se tiene un buen sentido del ritmo y de la narrativa, que no resulta nada confusa aunque mezcla presente con flashbacks del pasado. Y encima se gasta un buen final muy influenciado por El sexto sentido, eso sí, pero lo suficientemente diferente y revisado como para que no parezca una burda copia como la de Amenábar con Los otros. Entonces, ¿qué falla en esta película? Pues los actores, amigos. Los actores logran sacarte de la película en no pocas ocasiones con su sobreactuación, sus caretos y sus aspavientos. Todos están absolutamente de horca, algo que no me extraña teniendo en cuenta que casi todos son patanes de Al salir de clase, MIR, y demás mierdaseries adolescentes. Mención especial merece Elsa Pataky, que logra alzarse como la peor con diferencia de entre todo el reparto pese a que es la primera en morir, pero está absolutamente fusilable (aparte de follable, que eso es otra historia) en cada plano. Consigue que su papel en Serpientes en el avión quede como la mejor interpretación de su carrera. Aunque no se queda atrás tampoco María Esteve, a la que no le vendría nada mal alguna que otra clase de dicción, porque no se la entiende. Joder, es que hasta Felé Martínez, Goya revelación por Tesis, está para que lo ahostien. Supongo entonces que gran parte de la culpa la tiene el director por no saber dirigir actores, algo que es tan importante como dirigir la propia película. Y es una lástima no sabéis hasta qué punto, porque pese a que todos los intérpretes son, de verdad y sin coñas, absolutamente incompetentes en sus papeles, la película sigue teniendo un buen gancho, una historia entretenida y nada tramposa, bien llevada y mejor resuelta. Y me da mucha rabia que pudiendo haber sido uno de esos pocos peliculones del fantástico español que hay, se haya quedado, por culpa de sus malísimos actores, en nada más que en lo que promete su penosa carátula scream-style: en una explotation del slasher del montón con un punto diferente.

Red (Robert Schwentke, 2010)

Si alguna vez os habéis preguntado cómo sería el Equipo A cuando se jubilara, aquí tenéis la respuesta. Red es una película tremendamente divertida que me recordó barbaridades a Mentiras Arriesgadas. Digamos que es la Mentiras Arriesgadas del siglo XXI, con esa mezcla tan bien batida de acción, trama, y sobre todo humor del bueno, del desfasado, del pasado de vueltas. Bruce Willis, estupendo a sus casi 60 tacos, interpreta a una especie de John McClaine jubilado. En realidad es más bien una especie de superagente especial de CIA, alguien que en sus épocas le hubiera dado por el forever a James Bond sin despeinarse. Ahora retirado, está intentando ligarse a una funcionara de pensiones 20 años más joven que él por teléfono, cuando de pronto se verá metido en un lío de órdago cuando la CIA intente matarlo a él y a todos los implicados en una operación en Guatemala de los años ochenta. Así que el padre de Ashton Kutcher, que hasta entonces estaba más aburrido que un sapo en una piedra, vuelve a la acción para descubrir el pastel, y tirará de agenda para llamar a unos cuantos ex-compañeros. Esto da pie a los papeles de Morgan Freeman (el más testimonial de todos) y una estupenda Helen Mirren que maneja con sorprendente soltura una metralleta de esas antitanque mientras lleva un vestido de noche y botas militares. Hay que verlo. Pero lo que da vidilla a la película es el personaje de John Malkovich, Marvin, un ex agente al que suministraron LSD durante años y que se ha quedado más pallá que pacá. Su locura, los caretos que pone, sus apariciones catapultado o camuflado y su conspiranoia acertada, hacen de Marvin el descojone de la película, sobre todo su aparición inicial y el momento "¡abuelo mis cojones!". Sin obviar a Willis, que en esta película deja de lado sus papeles más de pasarlas canutas tipo Jungla de Cristal o El último boy-scout para convertirse, sin ninguna duda, en el puto amo. Un tío que se baja andando y disparando del coche después de haber hecho un trompo, que se cuela en la CIA o que le da una paliza a cualquiera (momentazo: Willis peleando con el personaje interpretado por Karl Urban y diciéndole: "¿te entrenó Kardowski? ¡Pues yo entrené a Kardowski?"). La película ofrece un desfile de dinosaurios que ni Parque Jurásico, con apariciones de Richard Dreyfuss o Ernest Borgnine además del elenco protagonista. Quizá tiene una media horita un poco más floja entre que llegan a casa de Dreyfuss y reclutan a Helen Mirren, pero el final vuelve a ser bastante cañero y se recupera. Con todo esto, Red es una apuesta segura para quienes quieran dejar la mente en blanco y partirse la caja con las sobradeces, paridas y acción a saco de este grupo de héroes de acción del IMSERSO.

Legion: The Final Exorcism (David Heavener, 2006)

Eureka es una expresión griega que significa "lo he encontrado", y que suele emplearse cuando se logra algo difícil.
Bueno, pues eureka. He encontrado el Santo Grial del cutrismo. Y se llama Legion: el último exorcismo. Así que esta crítica va a ser un poco especial, porque la ocasión lo merece.

ANÁLISIS DE UNA BASURA INFECTA

Hablaremos de la estética de esta película, para empezar. ¿Recordáis el aspecto de cualquier episodio piloto de una serie ochentera? Pues eso. Esta peli parece el más infecto piloto rechazado hasta por la cadena más cochambrosa. Nadie la hubiera adquirido ni para cagarse en ella. Música cutre, diálogos sonrojantes pero hasta el extremo, voz en off del protagonista narrándolo todo, y tantísimo cutrismo que hay que verla como yo: con papel, lápiz, y sin dignidad.

"El mamón contra el demonio" era, seguramente, el título original de la serie antes de que los directivos de cualquier canal mexicano la rechazaran después de reencajarse la mandíbula tras la risa de ver el piloto. No, qué va: se llamaba "Costa Chica: Confessions of an Exorcist", que casi es peor.

El protagonista es para hacer tesis doctorales sobre él: el padre Michael San Chica (David Heavener, artista marcial con cuatro pelis cutres de los ochenta y músico de rock cristiano, hay que joderse). ¿No es ya un nombre genial? Este cura reconvertido a exorcista y caza-demonios rollo Constantine pero en mierdero, se pasa la vida yendo en coche de aquí para allá y hablando solo, con sus gafas de sol a lo Terminator y su pendiente de cruz, porque sí, porque él mola y porque es un coleguita de Dios. Le salen estigmas con los que puede matar a los demonios cuando al guionista, él mismo, no se le ocurre cómo terminar la película. Ah, se me olvidaba que al principio de la peli dice tener poderes ("puedo ver el pasado y el futuro") pero... nunca los gasta. Y que vive atormentado por la muerte de su mujer y la desaparición de su hija, subtramas abiertas, supongo, para resolver en próximos episodios. Joder, casi me está dando pena que nadie comprara la serie. ¿Os imagináis una temporada entera de Las aventuras del padre San Chica dándole cañita brava a un montón de demonios de goma mientras suena robada la banda sonora de El exorcista? ¡¡Porque sí, amigos, le roban la música a Mike Oldfield!! ¿No tendrá raíces turcas el Heavener este?

"Y además soy director, productor y guionista. Pa matarme..."

Para darle "caché" a la cinta, aparece por ahí en un deleznable papel secundario un viejo conocido de la serie B y de los cuadriláteros del pressing catch, Roddy "El gaitero" Pipper. El pobre hombre arrastra su gordura y su decencia en lo que es un suicidio profesional en toda regla. Y hasta le "presta" a su hija a Heavener para que sea la "demonia" de la peli, dejándola de esta ridícula guisa:

Respuesta del demonio a la pregunta de San Chica de cuándo perdió la virginidad.

¿Que si levita, vomita verde, se retuerce o hace algo? No. Solo habla sin parar y DA VUELTAS SOBRE SÍ MISMA hasta que San Chica la impregna con su supersangre de Cristo y se la carga.
Mención especial merece el momentazo antes de comenzar el exorcismo, que es cuando suena la música de El exorcista alterando un par de notas para que no los denunciaran. Pero casi que merece más mención aún lo currado de los decorados. Esto, por ejemplo, es una sala de autopsias:
¿Y acaso te extraña?

¿A que sí? ¿A que las salas de autopsias tienen neveras hechas con papel de aluminio, mal alineadas y paredes de pladur? Claro que sí. Solo que hay que añadir al típico forense comiendo sándwiches sobre un cadáver para darle el toque perfecto, y listo. Todo el mundo se lo creerá.
En fin, podría seguir, podría poner vídeos, más fotos, miles de comentarios, incluso recapitular las mejores frases, que las hay a porrones en el descacharrante guión. Pero esto hay que verlo para creerlo, es todo un descubrimiento de esos once-in-a-lifetime. Os puedo asegurar que esto es un auténtico manual de cómo hacer cine mierder. Punto por punto. Así que no os la perdáis.

"Volveré... No, qué va. Yo... no sé qué decir... Joder, lo siento."

Grotesque (Kôji Shiraishi, 2009)

Si tienes ganas de sufrir, de ver cosas repugnantes, humillaciones extremas, de pasar un mal rato, de que se te revuelvan las tripas y de sumergirte en un ambiente grotesco, malsano, degradante, sórdido y angustioso, tienes dos opciones: o te pones Telecinco a cualquier hora del día... o te pones Grotesque. Recomiendo lo segundo. Lo primero puede ocasionarte lesión cerebral severa a corto plazo.
Grotesque está cortada por el patrón mil veces repetido de las Saw, Hostel y compañía. Un torture porn de libro. El argumento aquí brilla por su ausencia, aunque hay un par de destellos de calidad sobre el malo, pero el quid de la cuestión es la tortura, el horror y la degradación a la que son sometidos los dos protagonistas, un japo feo y una japo bastante guapeta que he leído por ahí que es actriz porno. El otro protagonista es el mejor actor de los tres, el doctor-torturador, un tipo aparentemente educado, bien vestido y refinado, pero que es en realidad un auténtico sádico capaz de las peores (o mejores, según se mire) torturas que he visto en una película. Por su falta de carisma no llega a la altura del doctor nazi de esa obra de culto que es The Human Centipede, pero este depravado japonesito maloliente (y no es un insulto, ved la peli y entenderéis que el olor corporal parece ser una explicación, un poco rarita, eso sí, a su comportamiento perturbado) no se queda atrás. Quizá lo mejor es que las torturas tienen casi tanto de psicológico que de físico, y eso que de físico tienen un rato. No solo corta miembros a motosierra, clava enormes clavos en los testículos, pincha ojos o corta pezones a tijeretazo limpio; el doctor también obliga al pobre chaval enamorado a ver cómo le hace un dedo a su chica hasta que se corre, o quizá lo mejor, ese punto de inflexión a mitad película en el que les hace creer que todo ha terminado, los cura y los cuida con mimo para volver a situarlos en la asquerosa sala de torturas tan inesperadamente como los sacó de ella. El final ya es una flipada total. Mola, mola mucho, pero es una flipada digna de Machete, ya me entenderéis. Y si no el mordisco final de la chica, también de decir "¡¡hala, va!!" Pero en fin, si te gusta, como a mí, el torture porn, esta peli está llamada a convertirse en un must que hace debido honor a su título.

Virus X (Ryan Stevens Harris, 2010)

¿Puede un androide ser claramente bujarrón? No, no es el título de una novela inédita de Philip K. Dick, sino la pregunta que se me queda rondando por la cabeza después de ver esta condenada bazofia que es Virus X. Por cierto, la X no es de porno, que al menos la peli me hubiera servido para algo. Pero ni eso.
Rodada con un filtro azulado robado a James Cameron, la historia va sobre un búnker en el que un grupo de científicos desalmados liderados por una malísima ricachona a la que solo le falta hacer ¡¡¡MUAHAHAHAHAHA!!! y acariciar compulsivamente a un gato para parecer más malota, experimentan para dominar el universo con el virus H1N1. O sea, la puta gripe A, para entendernos. Pero claro, como ver a gente toser y moquear durante hora y media no es nada del otro jueves, aquí la superbestializan y la convierten en un ébola exagerado que te deshace por dentro y te hace chorrear sangre y cagar las tripas. Pero tampoco os empalméis, amantes del gore, porque es todo muy, muy light. El elenco, formado por los actores Tópico 1, Tópico 2, Tópico 3 y Topico 4, hace lo que puede con lo que hay. Eso sí, el director se saca de la manga una auténtica sorpresa. Uno de esos personajes que hay que ver para creer. Lo describo, aunque las palabras se me antojan vacías ante la experiencia de verlo: androide tipo Terminator, melena rubia, camiseta de licra y pantalón de cuero marcando molla, melenita lacia rubia platino y más pluma que un edredón nórdico. Este personaje de ojete lubricado con aceite Koipe es el ejecutor de la archivillana (la del "muahahahaha", sí), y cada vez que recibe una hostia vemos INTERFERENCIAS en la pantalla, supongo que para que "intuyamos" que es un androide antes de que al final lo revele en absoluta primicia. Brutal, socios. Quizá solo por conocer a este, el primer robot maricón de la historia del cine, merece la pena infectarse (nunca mejor dicho) con el Virus X.
No, ni de puta coña.

The Jacket (John Maybury, 2005)

Siempre hay que agradecer a los amigos que te descubran películas como esta. The Jacket cuenta la historia de un soldado (Adrian Brody en otro buen papel que me está haciendo casi olvidar que haya participado en esto) a quien le disparan en la cabeza durante la Guerra del Golfo, dejándole como secuela una extraña amnesia. Caminando por la carretera se encontrará con una mujer borracha y su hija pequeña, con problemas en su coche. A partir de ahí comienza un argumento algo enrevesado con similitudes con muchas y muy buenas películas. La narrativa a saltos temporales me recordó a Memento, de Nolan, igual que la amnesia del protagonista. La historia de amor atemporal de Brody y Keira Knightley tiene toques a Las vidas posibles de Mr. Nobody, sobre todo en ese concepto de un amor que supera todas las barreras y que se convierte en una constante inmutable dentro de un universo de múltiples posibilidades. También evoca al universo de Terry Gillian de 12 monos, con esa cierta angustia del protagonista de no sentirse situado en su época, debido a los saltos que va viviendo gracias al tratamiento de choque que le aplica el psiquiatra. Y en el propio concepto de salto temporal a través de un "catalizador" (el tratamiento en este caso), también tiene semejanza con El efecto mariposa. Como vemos todo son buenas referencias, y el producto logra estar a la altura de sus fuentes. Brody se mantiene muy constante en el papel, logra transmitir agobio cuando está encerrado en la cámara igual de bien que transmite dulzura en cada interacción con Keira, estupenda también. La verdad es que quedé muy sorprendido por el desfile de secundarios conocidos, como Kris Kristofferson como psiquiatra jefe, Jennifer Jason Leigh como doctora (con un papel muy importante para dar veracidad a la historia sobre viajes en el tiempo), o un casi irreconocible Daniel "James Bond" Craig haciendo fantásticamente bien de loco. Al final, como solo ocurre en las buenas películas, la ciencia ficción y la historia del asesinato sin esclarecer del policía se convierte en un mero puente para narrar una historia de amor muy bonita y nada ñoña. ¿Y el final? Pues supongo que también puede quedar a libre interpretación, como suele ser normal en estas cintas, pero yo me voy a quedar con que es un final feliz y un canto al amor y las segundas oportunidades. ¿Por qué no?

Willard (Glen Morgan, 2003)

Esta película no es solo "la del tío que controlaba a las ratas", como yo la recordaba. De hecho, sin ser un peliculón, he terminado de verla muy satisfecho de haber visto una película que impresiona en muchos aspectos, tanto técnicos como interpretativos. Crispin Glover está muy cómodo haciendo de una especie de Norman Bates reprimido y no asesino ni travesti, pero ya me entendéis, el típico mojigato bajo las faldas de mamá, de aspecto nerd, repeinado, pálido y formal hasta la náusea, que vive en una gran casa y que no tiene amigos, relaciones, y es objeto de las burlas y abusos de un jefe despreciable. Pero todo cambia el día que conoce a Sócrates, y no me refiero a que se refugie en los libros de filosofía, porque Sócrates es una rata blanca de considerable tamaño. Así empieza el auténtico eje de la película, la relación especial que Willard empezará a establecer con las ratas, de las que se convertirá en líder... hasta la llegada de Big Ben. Y amigos, Big Ben no es el reloj más famoso de Londres, sino la rata más jodidamente enorme y cabrona que he visto en mi vida. Y es una rata de verdad. Esto es un puntazo muy bueno de la peli, que salvo en un par de momentos como el de la salida de Willard del ascensor, las ratas son siempre de verdad. Incluso Big Ben, una rata que es más grande que mi perro. Flipante el tamaño de ese bicho y la naturalidad con la que Glover lo coge de la cola, por ejemplo, porque yo no la tocaba ni con un palo. Así se establece un duelo por el poder entre Willard y Big Ben, con momentos muy buenos que me recordaron a otra película sobre un hombre sitiado por una enorme rata en su propia casa, la estupenda De origen desconocido. Hasta llegar al clímax final, un festival de roedores y venganza y de ida de olla total, porque Willard ya pierde bastante lo que le quedaba de chaveta. En resumen, una buena película para los aficionados al terror de animales, con una estética siniestra y cierto aire de fábula a lo Flautista de Hamelín pero sin el malrollismo de Krysar. El padre de Indiana Jones no hubiera podido verla.

El orfanato (Juan Antonio Bayona, 2007)

Creo que, a veces, no deberías ver una película por segunda vez. Recuerdo que, en su estreno, salí del cine bastante contento de haber visto una película española de terror en condiciones, pero creo que el tiempo y los miles de películas que ya habré visto en mi vida, han ido forjando una opinión un poco distinta. En este segundo visionado me he dado cuenta de que mi primera impresión fue exageradamente benévola por la simple razón de que se trataba de cine español. Y como siempre suele pasar, cuando una película española "no es tan mala" o es ligeramente diferente a lo que suele hacerse, casi basta para que se la considere automáticamente un peliculón, como con la sobrevaloradísima Celda 211. Y tampoco hay que pasarse. Esto no es muy diferente de una Silent Hill o de La Huérfana, de hecho salen cada año un buen puñado de cintas americanas que igualan en calidad a El orfanato y pasan un poco sin pena ni gloria. Pero como el terror patrio es tan cutre salvo 3 o 4 excepciones, tendemos a elevar a los altares lo que tampoco es para tanto.
Pero al César lo que es del César. La historia de la película es interesante y está muy bien contada. J. A. Bayona demuestra un buen hacer a la hora de crear tensión, aunque tire de todos y cada uno de los clichés del género si nos fijamos bien, y aunque se permita plagiar hacer referencia a muchas otras películas como Poltergeist (lamentable personaje el de Geraldine Chaplin y su incomprensible frase "la policía mola"). Otras escenas en su momento impactantes ahora se me han antojado muy, muy metidas con calzador y bastante chorras. Ejemplo: el atropellamiento de la vieja, que es totalmente Scary Movie, porque de la nada sale un autobús que ÚNICA Y EXCLUSIVAMENTE le arranca la mandíbula y se la deja hecha un siete para que en la siguiente escena pueda emplearse como sobresalto a golpetazo de música. No menos gilipollas me parece que el personaje de Belén Rueda se rompa la pierna corriendo por la arena de la playa, sin meter el pie entre rocas, ni en un hoyo, ni nada. Simplemente va corriendo y se hace una fractura abierta de tibia, como si Tong Po le hubiera metido una low kick con toda su mala hostia. Por cierto que luego es una fractura mágica, porque va cambiando de pierna en cada secuencia, en uno de esos incomprensibles errores de racord que jamás, jamás me explicaré. Luego también tenemos al marido, Fernando Cayo, un actor que demuestra padecer el Síndrome de Moebius, porque no mueve un puto músculo facial en todo el metraje, como si le hubieran recauchutado la jeta. Su inexpresivad va a juego con su papel, irritante, porque de un marido se espera un poquitín de comprensión con su mujer, y lo único que hace este tipejo es tratarla de tarada todo el rato.
Pero pese a todo esto y aunque parezca mentira, me gusta El orfanato. Es entretenida, amena, sabe crear tensión en los momentos importantes (como el juego del pollito inglés) y Belén Rueda la verdad es que está estupenda, muy alejada de la Lucía de Los Serrano. Es una película correcta y consumible, con buenos puntos a su favor. Lo malo es que quiere jugar a ser cine americano, y Bayona amigo, entérate: espain está mu lejos de jolibú. Y a la larga, si intentamos copiarlos, parecemos una fotocopia sin tinta.

Braveheart (Mel Gibson, 1995)

La vida del héroe nacional de Escocia William Wallace inspiró a un Mel Gibson en estado de gracia para filmar la película por la que siempre será recordado, al menos como director. El actor conocido por sus papeles de acción y comedia a lo Arma Letal, dejó al mundo patidifuso con una representación absolutamente cautivadora del alzamiento del pueblo escocés contra los abusos del gobierno inglés durante el reinado del cruel Eduardo I. Aunque su motivación, al menos según la película, fue más el vengar su amor perdido que liberar a su pueblo, aunque esto no reste ni un ápice de heroismo a su historia, al contrario. Es indiscutible el talento de Gibson para contar una historia de tres horas con un ritmo y una solvencia narrativa que te hacen perder la noción del tiempo, y el saber aunar el tema central con toques dramáticos, románticos y hasta cómicos, salpicándolo también de una acción impresionante y sangrienta como pocas veces vista en una superproducción y unas batallas entre los hombres de Wallace y los ingleses que hacen temblar el suelo. Aunque acompañado de muy buenos y curtidos secundarios que a todos nos suenan de esta clase de superproducciones épicas, Gibson lleva el peso de la película delante y detrás de las cámaras -aunque su mayor mérito está detrás- pero en el papel del escocés también se le ve cómodo pese a sus limitaciones, ofreciendo incluso algún momento de los que acongoja, en especial cuando descubre la traición de Robert Bruce. Esa secuencia sin palabras entre los dos, con la cara de derrota de Wallace, es tremenda. No menos tremenda es la escena del martirio y muerte de Wallace, que me recordó un montón a La Pasión de Cristo por la forma de estar rodada, con el uso de la cámara lenta y la banda sonora preciosa de James Horner. Reconozco que por más veces que la vea, el final de Braveheart, cuando un William valiente hasta el final grita con sus últimas fuerzas "libertad", siempre hace que tenga que tragar saliva para no soltar unas lagrimillas. Y es que es una película realmente preciosa y emocionante, con una fotografía maravillosa y momentos inolvidables. Cine en estado puro y una de las películas que debería ser obligatorio ver en esta vida.