viernes 2 de septiembre de 2011

El arrecife (Andrew Traucki, 2010)

Un puñado de actores más o menos solventes y una buena idea (aunque ya explorada en Open Water y su secuela no directa, con las que es imposible no establecer paralelismo) es todo lo que Andrew Traucki necesitó para llevar a cabo una de las películas más tensas que he visto últimamente. Eso y, por supuesto, su buen pulso narrativo tras la cámara, porque esta historia podría haber sido algo totalmente anodino sin un buen director al mando. Es uno de esos casos en los que, sin efectos especiales, sin presupuesto y sin decorados, el talento convierte una gran idea (supuestamente basada en un hecho real) en una buena película.
Y es que el argumento de El arrecife no puede ser más inquietante. Cinco amigos que, navegando en un yate por aguas australianas y pasando un buen rato, chocan contra un arrecife y vuelcan. Varados en alta mar y a merced de la corriente que los lleva mar adentro, tendrán que decidir si quedarse encima del casco de la volcada embarcación o si aventurarse a nadar las 10 millas que los separan de una isla antes de que la mayor distancia y el cansancio se lo hagan imposible. El problema: las aguas australianas son territorio de tiburones, y uno de ellos, nada menos que un gran tiburón blanco, seguirá a los protagonistas durante su peligroso viaje a nado. La tensión comienza desde el primer momento que uno de ellos se lanza al agua. No vemos aletas ni enormes fauces, pero sí que se puede sentir ese miedo a lo que no se ve, quizá uno de los peores miedos posibles. Es un entorno hostil para el que el hombre no está preparado y en el que no tiene ninguna posibilidad de un combate justo, ni ninguna escapatoria, así que el primer ataque del tiburón es terrible. Y eso que uno de los chicos sabe muy bien cómo desenvolverse en alta mar y lidera a sus amigos, pero aún así no hay forma de ahuyentar a un asesino nato como un tiburón blanco, y solo la suerte decide quién va siendo devorado. Pese a todo, los supervivientes de cada ataque deben seguir avanzando (la escena nocturna es desoladora y aterradora, porque ¿acaso hay algo más acojonante que el mar negro y abierto?) aunque van cayendo irremediablemente, siempre manteniéndose la angustia y la credibilidad en el comportamiento de los actores. El final quizá sea lo peor, porque te pone de mala hostia que la cosa acabe como acabe solo porque la rubia sea una maldita inútil integral. Pero está claro que la película no pretende ser feliz, y es un gran ejercicio de cine que demuestra que, en ocasiones, lo barato no está reñido con lo bueno.

1 comentarios:

Rosolina dijo...

De las tres películas de esta temática que mencionas:
-OPEN WATER me pareció aburridísima.
-A LA DERIVA fue la que más me entretuvo por tener más personajes y más situaciones.
-EL ARRECIFE fue la que más miedo me provocó... las escenas del tiburón rondando están muy bien rodadas e infunden verdadero terror.