Desde su papel en Pitch Black, la guapa australiana Radha Mitchell ya ha protagonizado diversos filmes de terror, ciencia ficción o temática sobrenatural, convirtiéndose en una especie de scream queen fácilmente reconocible. Visitors es una película de 2003 que navega entre dos aguas igual que su protagonista navega en alta mar. La película no se decide, y camina por la línea del drama, el thriller sobrenatural y el terror sin decantarse por ninguna, y el producto resultante no es nada del otro mundo. Básicamente, la historia es la del personaje de Mitchell, Georgia, una intrépida navegante que pretende batir un récord de vela cruzando el océano en solitario. Pero durante la peligrosa travesía la protagonista tendrá que hacer frente a sus fantasmas, y de una forma bastante literal. Supuestamente el guión plantea la duda de si las presencias que están visitando a Georgia son auténticos fantasmas o si son producto de cierto síndrome de aislamiento en alta mar, algo que queda despejado al final de la película. Lo peor es que está rodada con mucha parsimonia, y el guión no tiene chicha para mantener el interés del espectador. Es muy lenta y aburrida, y sus noventa minutos se antojan tres horas. Además, la siempre molesta presencia de Dominic Purcell da aún más aspecto de serie B a esta serie B, pese al esfuerzo de Mitchell por tratar de que la peli funcione y no sea un telefilme. Si resistes despierto, quizá el giro final pueda hacerte pensar que la película ha merecido el visionado. No fue mi caso, pero reconozco que al menos no es tramposa. Pero a mí, lo que más me queda de esta peli, es la sensación de que es tan aburrida como debe ser en realidad cruzar el mar en velero. Igual es que querían transmitir eso, quién sabe.
martes 30 de agosto de 2011
Visitors (Richard Franklin, 2003)
Desde su papel en Pitch Black, la guapa australiana Radha Mitchell ya ha protagonizado diversos filmes de terror, ciencia ficción o temática sobrenatural, convirtiéndose en una especie de scream queen fácilmente reconocible. Visitors es una película de 2003 que navega entre dos aguas igual que su protagonista navega en alta mar. La película no se decide, y camina por la línea del drama, el thriller sobrenatural y el terror sin decantarse por ninguna, y el producto resultante no es nada del otro mundo. Básicamente, la historia es la del personaje de Mitchell, Georgia, una intrépida navegante que pretende batir un récord de vela cruzando el océano en solitario. Pero durante la peligrosa travesía la protagonista tendrá que hacer frente a sus fantasmas, y de una forma bastante literal. Supuestamente el guión plantea la duda de si las presencias que están visitando a Georgia son auténticos fantasmas o si son producto de cierto síndrome de aislamiento en alta mar, algo que queda despejado al final de la película. Lo peor es que está rodada con mucha parsimonia, y el guión no tiene chicha para mantener el interés del espectador. Es muy lenta y aburrida, y sus noventa minutos se antojan tres horas. Además, la siempre molesta presencia de Dominic Purcell da aún más aspecto de serie B a esta serie B, pese al esfuerzo de Mitchell por tratar de que la peli funcione y no sea un telefilme. Si resistes despierto, quizá el giro final pueda hacerte pensar que la película ha merecido el visionado. No fue mi caso, pero reconozco que al menos no es tramposa. Pero a mí, lo que más me queda de esta peli, es la sensación de que es tan aburrida como debe ser en realidad cruzar el mar en velero. Igual es que querían transmitir eso, quién sabe.
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