sábado 27 de agosto de 2011

La matanza de Texas: el origen (Jonathan Liebesman, 2006)

Los clásicos no deben remakearse. Eso es un hecho. Porque casi siempre sale peor el remake que el original. Pero a veces el resultado es hasta decente, como el caso de la más que buena Halloween, el origen, y ahora también el de esta precuela-origen del título de culto de Tobe Hooper. Esta cinta arranca con nada menos que el nacimiento del mito, y cuando digo nacimiento, quiero decir parto. Literalmente vemos el grotesco alumbramiento del futuro Leatherface, en medio de un matadero sucio y nacido de una mujer a la que llamar fea es insultar a la fealdad. E igual que el Michael Myers de Rob Zombie, este Leatherface se convierte en un gigantesco hijo de la gran puta (curiosamente es el tío que hacía del wrestler ruso Zangief en aquel bodrio de Van Damme llamado Street Fighter: la última batalla), medio chalado pero sin el medio, y con una deformidad facial que le hace llevar siempre máscaras que después irá perfeccionando gracias a su nueva... afición. Pero ¡ay, si solo fuera Leatherface el que está como una regadera! Su familia no es menos, y la sucesión de asesinatos, muertes y torturas no paran. Además, se logra crear una atmósfera malsana, oscura y grotesca muy similar a la primera, algo que es todo un acierto, y se logra un punto mayor de repugnancia muy a lo Las colinas tienen ojos, ya me entendéis. Hay sangre, casquería, dolor y mucha mugre. Este es un aspecto que parece estar cobrando fuerza en esta clase de pelis, el hecho de pintarnos a la familia asesina lo más fea, guarra y revolcada en la inmundicia posible, para que te causen repugnancia y terror a proporciones iguales. En cualquier caso la película cumple, entretiene, sufres por los protagonistas y el final es demoledoramente desesperanzador y a la vez aplastantemente lógico y coherente. Porque no os olvidéis: esto es una PRECUELA. Así que todo lo que ya conocemos, estaba por llegar.