Nicolas Cage siempre quiso protagonizar una de superhéroes. Y cuando por fin lo consiguió, fue este pedazo de cacho de trozo de mierda de 110 millones de dólares. Lo más inexplicable no solo es eso, sino que recaudara unos 230 pese a que fans, crítica y público la despedazaron con toda la razón. Solo se me ocurre una solución: que somos todos gilipollas.
Enfundado en una hilarante peluca negra, Cage se convierte en Johnny Blaze, un chulazo motorista temerario que hizo un pacto medio engañado con un demonio llamado Mefistófeles, con la honorable intención de curar el cáncer de su padre. Y lo consiguió, pero como el demonio siempre es más listo que tú, el padre palmó a las pocas horas en un accidente de moto, y Blaze quedó a la espera de que Mefistófeles reclamara su alma cuando considerara oportuno. Para semejante papel, Cage interpreta poniendo caretos y pareciendo subnormal, algo profundamente desconcertante. ¿Lo hace porque quiere o se lo pidió el director? En cualquier caso, muerte a los dos, ya. Cage se pasa de rosca con la gesticulación, la sobreactuación y la imbecilidad, y es imposible tomar en serio su primera transformación en Motorista Fantasma, y eso que se supone que es un tío que se está retorciendo en llamas. Es de absoluta vergüenza. Y mejor no hablemos de sus absurdos dedos acusadores. ¿De qué cojones iba eso?
Pero pese a todo, Cage no es lo peor de la película. No, en serio. Eva Mendes está de horca, lo único que hace es enseñar progresivamente más canalillo con cada nuevo vestido, lo que me lleva a pensar que si la película hubiera durado media hora más, habría acabado en pelotas. Los villanos no pueden ser peor, una panda de demonios que parecen los Black Eyed Peas, y que para que se sepa que son malos, ponen caretos demoníacos CGI mirando a cámara. Pero el cum laude de la mierda se lo lleva Sam Elliott, que hace de primer Jinete Fantasma y que protagoniza el mayor WTF de la película... y quizá de la última década. A saber: los dos jinetes cabalgan/ruedan hacia San Venganza (sí, el puto pueblo se llama San Venganza...), y cuando llegan a las puertas, Elliott dice que había guardado su última transformación para aquel momento... y se pira. O sea, que en vez de echarle una manita a su colega en la batalla definitiva, lo lleva a las puertas de la muerte y hasta luego y suerte.
En fin, un auténtico disparate al que solo se le puede conceder que es entretenida y que los efectos del Motorista están bien hechos. Por lo demás, esto es una inmunda bazofia al nivel de Elektra y Catwoman, así que me imagino que para los marvelianos de pro, Ghost Rider debe ser algo de lo que no se habla, algo así como los alemanes sobre lo ocurrido entre 1939 y 1945.
2 comentarios:
Buenísima la crítica.
Nacho Carrera
Lo único que recuerdo de ésta película es que fui al cine a verla con mi señora (por aquel entonces novia) y nos quedamos dormidos ambos... yo pensaba que con los efectos al menos yo la vería entera... pero nos pudo la morriña.
Quizás algún día la vuelva a ver, aunque sea para conciliar el sueño alguna noche de insomnio.
Mr. Seimaou
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