martes 30 de agosto de 2011

Blood Creek (Joel Schumacher, 2009)

Joel Schumacher puede definirse como un director muy inconstante. Tan pronto ha sido capaz de meritorias cintas como Jóvenes Ocultos, Línea Mortal o Un día de Furia, como de ajusticiar sin piedad la franquicia del Hombre Murciélago con dos entregas de Batman a cada cual más penosa. Supongo que su transición hacia la serie B ha sido tan progresiva que ahora, viéndolo recaer en un film de esta clase, ni siquiera sorprende. Hasta se le ve a gusto.
Porque eso sí, nos encontramos ante una serie B con cierta clase. Algo así como si Guardiola entrenara a un tercera regional. No lo van a hacer tan bien como para ganar, pero seguro que se notará el buen hacer de quien está detrás. Blood Creek comienza con una escena fantástica a modo de prólogo, en blanco y negro y filmada con buen pulso e incluso algunos planos muy logrados. Después, ya en tiempo presente, saltamos a la historia del protagonista, un correcto Henry Cavill (el próximo Superman) en uno de sus pocos papeles principales. El chaval se lo curra y se lo toma en serio, y aunque el papel no es para lucirse ni mucho menos, lo saca con solvencia. El que está de patíbulo como de costumbre es Lincoln Burrows Dominic Purcell, actor a quien le perdí totalmente el respeto tras verlo de vampiro pecholobo en Blade Trinity, y al que ya acabé de enterrar en vida tras ver la bochornosa The Gravedancers, una de las mierdas más grandes y despollantes que he visto nunca. Sorprende encontrar también aquí a un actor en alza como es Michael Fassbender (Centurión, X-Men: Primera Generación) en el papel del nazi-nigromante-brujo-monstruo que obtiene poderes oscuros gracias a unas piedras rúnicas. El desarrollo de la cinta me recuerda en momentos a La noche de los muertos vivientes por el asedio en la casa, y a Jeepers Creepers por el monstruo antagonista. Incluso su final podría recordar al de El misterio de Salem's Lot por eso de que Superman acabe convirtiéndose en una especie de caza-nazis-demonios. En definitiva, con un buen pulso narrativo, buenas dosis de tensión y sangre y una historia que aúna nazis con lo sobrenatural y hasta con zombies, Blood Creek es una horita y media de diversión sin más pretensiones que las de ser serie B de la buena.