El infierno bajo tierra (Anthony Waller, 2009)

"Barata" y "de serie B" no son siempre adjetivos descalificativos para una película. Al contrario, el primero puede ser incluso un valor añadido si se sabe exprimir el poco presupuesto para contar la historia sin grandes medios; y el segundo siempre es un género muy atractivo para quienes lo disfrutamos, aunque las más de las veces suela dar como resultado auténticas basuras infectas. No es el caso de este film de Anthony Waller, que acaba siendo mucho mejor de lo que uno se espera en principio.
La apuesta de este guión consigue salir airosa de una empresa arriesgada. Con un par de actores principales cumplidores (uno de ellos es Adrian Paul, el mítico Duncan MacLeod de la serie noventera de TV Los inmortales), y una puesta en escena sencilla basada en escenarios simples (un campamento de una instalación de perforación y el desierto), desde el principio nos inquieta la duda razonable de qué está pasando en realidad. ¿Gas tóxico que provoca alucinaciones o demonio-mujer surgido de las profundidades de la tierra al topar la maquinaria, accidentalmente, con el mismísimo infierno que se encuentra bajo el suelo? Por momentos estaremos convencidos de una cosa, por otros de la otra, pero en ese no saber es donde reside el auténtico entretenimiento de esta telefilmera cinta que, sin eso, hubiera pasado sin pena ni gloria. Y sin embargo el pulso entre decidir si la explicación es la locura del protagonista o la intepretación sobrenatural, nos conduce, manteniéndonos todavía desconcertados, hasta un final en el que por fin se nos despeja cualquier resquicio de duda. Así que, pese a su título original de Nueve millas bajo tierra, esta cinta se alza varios metros por encima de la media de su género.

La matanza de Texas: la nueva generación (Kim Henkel, 1994)

Aunque parezca mentira, ya son casi veinte años los que tiene encima este extraño remake del film de culto de Tobe Hooper de los años setenta, que cuenta entre su reparto con un par de caras demasiado conocidas como para que su participación (temprana, eso sí) en él pueda pasar desapercibida hoy en día. Hablamos de Renée Zellweger y Matthew McConaughey (el actor del que uno de mis mejores amigos jamás sabrá pronunciar su apellido, aunque... ¿acaso alguien sabe?), sufrida víctima y malvado jefe de los asesinos de esta, insisto, interpretación de la historia de Leatherface. Para empezar porque aquí Leatherface tiene una presencia mucho más testimonial y menos protagonista, y eso sin mencionar que apenas sale en un par de escenas ataviado con su mantel sangriento y que se pasa, os lo juro, casi toda la película travestido y maquillado. McConaughey, en este que es su primer papel, se ve histriónico y sobreactuado, como un Nicolas Cage más pasado de farla que de costumbre. Zellweger, la pobre, se pasea gritando y pasándolas putas todo el metraje mientras que recita sus estúpidos diálogos, porque todo el film está repleto de situaciones inverosímiles (no sé si en un intento deliberado de crear una atmósfera surrealista ya que el director se revela incapaz de crearla malsana como Hooper) y ni siquiera enseña las tetas como una buena screem queen a lo Jamie Lee Curtis. Decepción total, porque aún estaba de buen ver y no gorda como una nutra como cuando hizo de la repelente Bridget Jones.
La peli ni siquiera tiene buenas muertes, ni gore explícito, tiene una iluminación colorista y psicodélica, y el personaje de Matt parece más el de Brad Pitt en Kalifornia que el de un asesino a la altura de lo que La matanza de Texas requiere. En definitiva, innecesaria y floja revisión (o destrozo) de una película que, a estas alturas, es insuperable en lo suyo y toda comparación es odiosa.

Monstruos, S.A. (Pete Docter, David Silverman y Lee Unkrich, 2001)

Sin llegar al nivelón de los 15 primeros minutos de Up (capaces de hacer llorar a moco tendido al mismísimo Anticristo), la unión de Disney y Pixar empezaba a demostrar una calidad impecable en producciones como esta. Técnicamente perfecta, el guión tiene las dosis justas de todo para divertir y emocionar puntualmente sin caer en lo ñoño. La original historia habla sobre una fábrica en la que un montón de monstruos trabajan asustando a niños, colándose en sus habitaciones por las noches a través de una complicada red de puertas de sus armarios, y obteniendo de sus gritos la energía para la ciudad, Monstruópolis. En una época de crisis energética, los dos mejores asustadores, James Sulley y su operario y mejor amigo Mike Wazowski, se ven inmersos en una aventura disparatada cuando tienen que cuidar de una niña pequeña que se cuela en la ciudad de los monstruos (la niña, Boo, es un personaje encantador) e intentar devolverla a su mundo. Con todo el lío acabarán descubriendo una conspiración de su jefe para salvar la empresa a toda costa, y los dos asustadores acabarán convertidos en improvisados héroes muy a lo Disney que descubrirán, al final, otra manera mucho más políticamente correcta de obtener su preciada energía.
Con un doblaje español estupendo, sobre todo en las voces principales de Santiago Segura y José Mota, la película se ve del tirón sin que tengas la impresión de haber consumido una hora y media. Entre momentos divertidos, otros más emotivos, y siempre disfrutando de la impecable animación y del toque maestro de Pixar para dotar de vida a sus píxeles, una vez más queda de manifiesto que el cine de dibujos ha cambiado, y que lo que mantiene pegados a las butacas a los niños de hoy en día, también puede hacer pasar un gran rato a los padres.

La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968)

Independiente y novedosa, la primera gran película de zombies llegaba a las pantallas de todo el mundo en riguroso blanco y negro, aunque el cine llevaba ya más de tres décadas realizándose en color. Pese a todo, no es difícil comprender por qué se trata de un film tan influyente pese a que su temática ya hubiera sido desarrollada y pese a contar con muy pocos medios. Para empezar, la construcción de la atmósfera es tan acertada que cuesta no meterse en la acción. Una acción que comienza sin previo aviso en medio de una escena en la que no te la esperas. Y a partir de ahí, ya no se detiene. La incertidumbre de lo que está pasando (aunque en esta película es en la única en la que se da una explicación -el satélite- para el misterioso alzamiento de los muertos) se mezcla con lo opresivo del escenario (una casa) y con la gran tensión argumental que logra capturar el guión con ese grupo de personajes típicos pero bien llevados, sobre todo por saber poner de relieve la naturaleza humana como la peor maldad de todas. También fue esta la primera cinta en relacionar, ya de por vida, a los muertos vivientes con el canibalismo dejando para el recuerdo escenas de festines carnívoros de miembros y vísceras humanas -oportunamente vendidas a Romero por un carnicero local-, de forma visualmente impactante aunque mucho menos que en cualquiera de las posteriores secuelas y explotations en color.
Los actores son el punto más flojo de una película que, en realidad, lo que menos necesitaba era buenos intérpretes. Barbara es ridícula, sobreactuada y casi catatónica, y jamás llegas a identificarte con ella a menos que seas un ficus. Sin embargo Ben, quizá el primer negro protagonista de una película de miedo, hace un gran papel, y el resto de secundarios están cumplidores en su parte. Los zombies, lentos pero incombustibles (y a veces demasiado teatrales), han perdido mucho con los años, y ahora impresionan mucho más los zombinfectados de 28 días después y similares. Pero lo que no ha envejecido nada mal es la película y su mensaje, sobre todo el demoledor final. Sin ninguna duda, aunque hayan pasado más de 40 años, sigue siendo una película de absoluto culto y referencia.

Elf (John Favreau, 2003)

El director de las dos chulísimas entregas de Ironman también tiene un pasado, y su pasado se llama Elf. No es una película totalmente condenable por su guión ni por su dirección (no olvidemos que esto no es cine de autor sino una simple y llana comedia navideña comercial dirigida a un público infantil y con la suficiente chispa para entretener a los padres que llevan a los nenes al cine), incluso tiene una fotografía bonita de la siempre tan lucida Nueva York, y más en época navideña. La historia, que va sobre un niño adoptado accidentalmente por Santa Claus y criado como un elfo, no deja de ser una excusa para mezclar fantasía, comedia y espíritu navideño con unas gotas del melodrama justo. ¿Qué falla entonces en Elf? Pues técnicamente poca cosa, si atendemos a lo anteriormente dicho y la vemos con ojos infantiles como lo que es, un topicazo navideño y felicísimo. Pero lo que es inaguantable, insoportable, repelente, repulsivo, nauseabundo, inmundo, odioso y hediondo es Will Ferrell. No lo soporto, me parece un actor más malo que la quina, y tragármelo durante una hora y media vestido de Elfo y haciendo gilipolleces, pues es casi masoca por mi parte. Solo miradle la cara de imbécil que tiene, por Dios. Pese a todo, como el ritmo es ligero y la película no es nada pedante y sabe muy bien lo que vende y a lo que va (y gracias a unos correctos secundarios como James Caan), el conjunto acaba haciéndose agradable para una tarde de cine en estas fechas en las que, como decía Dorothy, no se está en ningún sitio como en casa.
Eso sí, quedaos con la escena de la paliza que le da el enano a Will Ferrell. Partida de caja asegurada.

3 días (F. Javier Gutiérrez, 2008)

Siempre critico el cine español por estar tan aferrado a los tres o cuatro topicazos de siempre, a saber: franquismo y Guerra Civil, homosexualidad, jóvenes marginales o la España profunda. Quizá por esto mismo la idea de que una película española tratara sobre el fin del mundo me pareció tan refrescante como lo fue en su día [REC]. No obstante, y pese a que el conjunto de la película me parece realmente notable, no podemos obviar que, aunque el marco es completamente novedoso en el cine patrio, esto no deja de ser una película ambientada en la España profunda. Probablamente por una razón meramente presupuestaria, porque resulte más barato rodar con cuatro actores en un pueblo medio muerto y una fábrica vieja, que en una gran ciudad llena de edificios y cientos de extras. Así que disculpo el hecho.
De todos modos, esta es una película de las que cala. Quizá sea por mi temor subconsciente a que pueda ocurrir lo que ocurre aquí, que un asteroide de 50 kilómetros vaya a colisionar con la Tierra en 3 días acabando con toda vida. Pero la idea funciona. ¿Qué harías si solo tuvieras 3 días de vida? Mejor dicho, si supieras que la vida misma termina en 3 días, la tuya y la de todos los demás. Porque la muerte es un hecho ineludible, algo por lo que pasaremos todos, pero generalmente solos. Algo siempre queda de nosotros, alguien quien nos recuerde, quien nos llore, quien se ría acordándose de algo que dijimos. ¿Cómo debe ser saber que todo va a desaparecer como si jamás hubiera existido?
Probablemente la contundencia de esa idea dando vueltas en mi cabeza me permitiera obviar que la historia, en realidad, sea una trama de venganza y thriller sin demasiado sentido y con un villano tan incomprensible en su motivación que se desdibuja por momentos. Víctor Clavijo sí que convence, en cambio, en su papel de joven sin demasiado futuro que, de pronto, cuando ya no tiene tiempo para reencauzar su vida, acaba reconvertido en una especie de héroe para su familia.
Pero por suerte para mí, cuando la historia de la venganza de Lucio empieza a hacerse demasiado típica, llega un finalón digno de estar en los anales de la historia del cine, al menos del español. ¿O pensábamos que los americanos nos salvarían, como siempre? Pues con un estupendo plano cenital del cielo entre los arbustos, F. Javier Gutiérrez hace lo que ningún cineasta americano ha tenido aún cojones de hacer: destruir la Tierra. Un final tan emotivo y desolador como visualmente sutil y bonito. Y como ocurre con los postres, el sabor de boca que deja esa última escena es de auténtico lujo.

La última legión (Doug Lefler, 2007)

¿Qué coño hace Colin Firth en una película de aventura épica ambientada en la Roma del siglo V? Eso es lo primero que pensé cuando vi empezar esta película el otro día en televisión, y bastó para que me enganchara a verla. A los 10 minutos ya la había calado. Me bastaron dos o tres planos para darme cuenta que la supuesta épica iba a ser muy de baratillo, y que el reparto no era precisamente acertado. Aparte de Firth, británico refinado a quien no me creí en ningún momento como centurión romano, encontré a Ben Kingsley en un papel muy divertido. Y divertido no debería ser el adjetivo cuando se interpreta a un personaje como el de Kingsley, nada menos que el Mago Merlin, pero al final te echabas la manta a la cabeza y te daba lo mismo. Todo resulta extremadamente de segunda en esta producción, desde los decorados hasta los planos generales, el vestuario o las batallas. No pude evitar la sensación constante de que en esta película participaban, a modo de consolación, todos los rechazados para salir de extras en Gladiator o El Reino de los Cielos, ídem de sus diseñadores de producción, cámaras y estilistas. Así, el resultado es el que es: una producción bastante cara pero que no se quita de encima ese tufillo de telefilm que no debería acompañarle.
Pero dicho todo esto, no penséis que no me lo pasé bien. Al contrario. Siendo capaz de entender en solo 10 minutitos que esto de épico iba a tener bien poco, pude disfrutar el resto del tiempo de un guión típico lleno de personajes bastante vacíos y a la vez, por esto mismo, divertidos. Apenas hay violencia, y sumándole el personaje del niño César, parece que la película quería abarcar un poco de todos los públicos, algo que corrobora su extraña mezcla de la leyenda del Rey Arturo y la mítica Excalibur. Pero con un buen ritmo de aventuras, una fotografía bonita y un par de giros argumentales curiosos (el final, especialmente, que me recordó muchísimo al cómic Superman: Kal), el resultado acaba siendo una cosa rara y divertida de las que ver un sábado en la sobremesa.

Masters of Horror: Tras las paredes (Stuart Gordon, 2005)

Dirige este corte de la primera temporada de Masters of Horror Stuart Gordon, un archiconocido para los fans del género. Hablamos del hombre que nos ha dejado el clásico Re-Animator, el mismo que en solo un año se plagió a sí mismo con Re-Sonator, y que acabó rodando mierdas con la Fantastic Factory y viviendo de sus glorias pasadas. No obstante, una virtud hay que atribuirle incuestionablemente, y es su talento (sí, talento) para transformar en imágenes las angustiosas historias del escritor H.P. Lovecraft. En este mediometraje vuelve a basarse en un relato del susodicho para desarrollar un guión que discurre entre la realidad y un mundo de pesadilla, con situaciones y personajes que rozan lo surrealista, como debe de ser en esta clase de argumentos que giran en torno a un hecho sobrenatural que puede ser confundido con la locura. El protagonista, un estudiante que alquila una habitación, pronto empezará a sentirse acosado por una bruja y por una extraña rata con cara humana, cuyas apariciones surreales roban cada plano en el que sale. Quizá a muchos os parezca ridícula, y vale que la caracterización no es buena, pero hay que entenderlo como lo que es, una criatura imposible, bizarra y capaz de volver chalado al más cuerdo precisamente por su aspecto. No obstante, en el último acto de la historia, la graciosa rata-humana demuestra su enorme maldad en un clímax bastante impactante y por el que no muchos cineastas suelen atreverse a optar (matar bebés parece una especie de tabú en pantalla), amén del nada feliz desenlace de la historia del propio protagonista. Concluyendo, una hora de terror psicológico de buen calado, de la mano de un realizador a quien se le nota a gusto cuando la historia va por los derroteros que se le dan bien.

Pesadilla en Elm Street (Wes Craven, 1984)

Con los cadáveres de mi maratón Viernes 13 aún calientes, y todavía ávido de más adolescentes cercenados, me dispongo a comenzar con otro de los más grandes y secuelizados asesinos de la historia del cine de terror. Un tipo cachondo con un curioso sentido de la moda, un guante en una mano, sombrero y la cara destrozada. Y no, no es Michael Jackson. El tipo en cuestión se llama Freddy Krueger.
La historia de este asesino de niños ajusticiado por un grupo de padres y convertido entonces en un asesino sobrenatural aún peor que regresa a por los chavales en sus pesadillas (CONCLUSIÓN: os lucisteis con el remedio, papis), da comienzo en 1984 de la mano del mítico Wes Craven, con muchas caras conocidillas y una, entre ellas, que resulta muy curiosa de ver: Johnny Depp en su primer papel, tan jovencito que parece Daniel-San. Por cierto que muere de forma muy chula, pero os invito a ver la peli para descubrirla.
El desarrollo de la película no es rápido, pero el ritmo es bueno, y la idea sumamente original. El aspecto de Freddy no puede ser más icónico, y de hecho su sencilla y aplastantemente eficaz caracterización es ya un clásico del horror. Igual que lo es su intérprete, Robert Englund, ya por siempre asociado a Freddy... y al lagarto bueno de V. Freddy mola porque no se limita a matar, como los silenciosos Jason o Michael, sino que hace chistes muy mordaces y juega con sus víctimas aprovechando la omnipotencia que posee en su mundo onírico. Esto deja escenas realmente memorables, con muy buena mano para captar la tensión y el regodeo de Freddy en su labor (los chirridos de las cuchillos sobre las barandillas son espeluznantes) y muertes ya de leyenda como el asesinato de Tina en la cama, o la del personaje de Depp, todas muy sangrientas y explícitas. Con una tensión in crescendo y un buen reparto de actores jóvenes, poco más hacía falta para convertir esta película en todo un clásico de culto que bien merece un visionado de vez en cuando.

DeathTube (Yohei Fukuda, 2010)

Me hizo gracia el título y me llamó la atención el tráiler, con escenas en las que veíamos a una china siendo taladrada en la sien, por ejemplo. No necesité mucho más para descargarme esta cinta y verla dispuesto a pasar un rato de gore japo salvaje a lo Miike. Me esperaba algo tipo Hostel con cierto regustillo a lo Saw (por aquello de que todos los protas son atrapados para una especie de juego de supervivencia que se emite online), pero una vez más mis expectativas se han visto sumergidas en la ciénaga más apestosa.
Para empezar, es un puto ladrillo de dos horas y todo lo medianamente sangriento te lo destripan en el tráiler. Además, el gore es de baratillo, nada exagerado ni explícito (lo mejor, lo del taladro, y tampoco es gran cosa). Por lo demás, esta película es un enorme WTF (la abreviatura inglesa de ¿Qué coño es esto?) en toda regla. Lo tiene todo para serlo, de hecho. Hagamos un experimento; quiero que penséis en un oso de peluche gigante, sonriente y con bigote, tirantes y un sombrero ridículo, con aspecto y nombre de Pokemon enorme. Ahora ponedle la voz en vocoder, como a Loki and the Loker, y una pistola. ¿Ya habéis construido una imagen más o menos como esta?

Bueno, pues esta putísima mierda es el villano de la historia. Esto es lo que los japos entienden por Jigsaw, o por Michaer Myers, o por Jason. Y desde luego estoy de acuerdo en que es de cárcel llevar ese disfraz, pero no es la imagen que se tiene de un asesino, vamos. Para más esperpento y WTF aún, el Pokemon asesino pone terribles pruebas a sus jugadores, la panda de chinos más inútiles y sobreactuados (amén de feos) que me he tirado a la cara, como jugar al sambori (¡¡¡¡os lo juro, en serio!!!!) o comerse donuts que cuelgan de cuerdas. Ooooh, qué cabrón más cruel y despiadado. Es como Humor Amarillo pero con muerte al final de cada prueba. De hecho, estoy seguro que murió más gente en Humor Amarillo, porque ¿os acordáis las hostias que se daban? Aquí las muertes son de mierda, porque no se ve nada grotesco, y encima se emplea de forma nefasta música clásica en los momentos de tensión (una de las muertes va a ritmo del Canon de Pachelbel), y yo no sé qué coño pasará en Japón, pero amigos, la música clásica no acompaña a una escena de tensión. Salvo en La Naranja Mecánica, pero está claro que el Confucio que ha rodado esto no es Kubrik. No es ni el moho de la escobilla del váter de invitados de la casa del pueblo de Kubrik.
En fin, creo que queda claro que me ha parecido un tremendo y pretencioso pedazo de basura infecta. No la recomiendo ni para echar la siesta.

Hardware, programado para matar (Richard Stanley, 1990)

A veces, rebuscar entre la ciencia ficción de los noventa puede depararte alguna sorpresa cuanto menos curiosa, como el caso de esta casi desconocida producción en la que encontramos a un jovencísimo Dylan McDermott como protagonista. Su papel, una especie de chatarrero en un mundo post-cataclismo, es muy similar al de Mel Gibson en la mítica Mad Max (para colmo se llama Max... sin comentarios...) y su enemigo no será otro que M.A.R.K.-13, una especie de robot humanoide de combate desechado por el ejército por su inestabilidad, con la capacidad de reconstruirse a sí mismo incluso con pedazos de chatarra. Sí, suena a lo que parece: una mala explotation en toda regla de Mad Max y de Terminator, con un argumento que amalgama el mundo post-apocalíptico de una con el villano de la otra. Eso sí, el robot de esta película es mucho menos protagonista y mucho menos impresionante que el del film de James Cameron, y el protagonismo recae más sobre McDermott y sobre la chica de la película, Stacey Travis, una completa desconocida a la que, sin embargo, mi memoria recuerda de un clásico de la acción noventera como es Solo el más fuerte, la mítica peli de capoeira de un Mark Dacascos en su mejor momento.
Completan la cinta un par de secundarios de relleno, como el amigo de Max y el vecino obeso y voyeur de la chica. Tampoco olvidar al enano comprador de chatarra, cuyo enanismo es atribuido a la radiación ambiental... Como si no hubiera enanos, vaya. Lo mejor del film es su ambientación de un mundo destruido en un futuro cercano, su fotografía rojiza para conseguir la sensación del calor opresivo y, sobre todo, la banda sonora plagada de buen heavy y el cameo de Iggy Pop como el vagabundo que encuentra los restos del robot y locutor del programa de radio. Una cinta normalita, curiosa y entretenida, eso sí, para verla en un rato de esos que no tengas otra cosa que hacer.

Freddy Vs. Jason (Ronny Yu, 2003)

En cuanto a medios técnicos, esta película le mete como veinte patadas a cualquiera de las anteriores Viernes 13, y supongo que a cualquiera de las anteriores Pesadillas en Elm Street (que es mi próxima saga-reto). Encontramos una buena fotografía, decorados diversos y nada tercermundistas, una imagen nítida, buena iluminación y un buen sonido, y hasta algunos planos y movimientos de cámara bastante chulos en algún que otro momento. Ocho años separaron la lamentable novena entrega de la ocurrente y divertida Jason X (que ya reseñé en su día y que sería la décima parte de la saga), y otros dos años separan Jason X de ésta. Con Jason ya en poder de la New Line Cinema, propietaria también de los derechos de Freddy, la unión de estos dos iconos del terror, como ya anunciaba Jason va al infierno, no se haría de rogar. Y la excusa para juntarlos es buena y todo. Tenemos a Freddy en el infierno, cabreado porque "sus niños" ya no le temen, ni siquiera le recuerdan, así que está completamente impotente. Y como él mismo dice, "por estar muerto no pasa nada, pero ser olvidado es una putada." Así que al bueno de Freddy se le ocurrirá hacer volver a Jason a la vida para que mate a unos cuantos jovencitos de Elm Street, llevándose Freddy el mérito y consiguiendo meter miedo a la gente, lograr que hablen de él y, con ello, recobrar su poder. Pero claro, para Jason el matar es como un bote de Pringles, y cuando hace pop, ya no hay stop. Así que tras un buen puñado de cadáveres, machete en mano, Freddy se dará cuenta de que su engañado amigo no va a dejar de cargarse gente. Así, entre personajes planos puestos para morir y poco más, llegamos al final, en el que encontramos la buenísima pelea que el título promete. Y mola un montón. Jason le corta los brazos a Freddy, éste le da una paliza y lo aplasta con cuantas cosas se le ocurre, incluso lo vemos hacer artes marciales de lo más chuscas. Hasta que el combate en el mundo de los sueños (donde Freddy tiene clara ventaja) se traslada al mundo real y al muelle de Crystal Lake, donde llegamos al clímax final. Un clímax tan salvaje, gamberro, divertido y abierto como suele ser una constante en las sagas de estos dos monstruos de cine. Así que, en resumen, fue una divertida manera de hacer coincidir a dos leyendas del terror en una película tan graciosa como ceporra, puro entretenimiento sin pretensiones.

Viernes 13: parte 9: Jason va al infierno (Adam Marcus, 1993)

Venía comentando que las últimas partes de Viernes 13 eran un decrecendo de calidad, pero esta última se lleva la palma. No solo es la más mala y aburrida de la saga (algo inconcebible para un supuesto gran final), sino que se mea, se caga y vomita en casi todo lo que creíamos saber sobre Jason Voorhees después de acompañarlo durante 8 películas.
Ahora resulta que Jason es una especie de maldad demoníaca, que salta de cuerpo en cuerpo (¿) y que solo puede morir o renacer a manos de otro Voorhees (¿¿) destruyéndole su corazón (¿¿¿), y sin que tenga ningún sentido él quiere matar a todos sus familiares. ¿No se supone que volvió de la muerte precisamente para vengar la muerte de su madre, o es que ya se le ha olvidado? ¿Y cómo coño se sabe todo esto? Pues ni puta idea. Deus ex machina totalmente. Simplemente aparece un cazarrecompensas que lo sabe todo, y punto, igual que posee una daga mágica (¿¿¿¿) para acabar con Jason para siempre.
¿Y cómo puede ser que Jason vuelva a estar vivo en esta secuela después del final de la octava parte? Pues como diría el vídeo de la Batamanta, ¡¡¡porque sí!!! Otro deus ex machina. Además, la historia del linaje Voorhees obliga a meter con calzador a una hermana de Jason, cuando en la primera parte Pamela Voorhees decía muy claro que Jason era su único hijo. También se equivocan en las fechas, porque dicen que Jason nació en los años 40 (¿¿¿¿¿) y que murió con 11 años, así que según ese cómputo debió morir en los 50, y no en los 80, que es de cuando es la primera peli, ¿no? Un montón de incongruencias y fallos de guión, como para hacer un libro. Y de racord. La escena inicial es la hostia, porque sale una tía corriendo por el bosque descalza o con botas, según el plano. O en la sala de autopsias el micro jirafa se ve todo el rato colgando. Parece una parodia más que una secuela final. Pero en fin, vamos con el body count:

1) Hombre: le clava dos pinchos en la cabeza.
2) Hombre: fuera de plano, pero algo en la cabeza.
3) Hombre: igual que el anterior.
4) Muje: a cuchillazos.
5) Mujer: la atraviesa por la espalda con un hierro y la parte en dos tirándo hacia arriba. Esta mola.
6) Hombre: fuera de plano, supuestamente con el mismo hierro.
7) Mujer: le troncha el cuello con la puerta del coche.
8) Hombre: Jason lo posee y muere al salir de él.
9) Hombre: ahora que caigo, el primer forense poseído también debe morir al salir Jason de él para meterse en el anterior.
10) Mujer: cuchillazo por la espalda.
11) Hombre: se deshace, literalmente, al abandonar Jason su cuerpo.
12) Mujer: le golpea la cabeza contra una taquilla.
13) Hombre: le hunde la nariz en la cara.
14 y 15) Hombres: les golpea la cabeza uno contra otro.
16) Hombre: primero le parte el brazo y luego lo lanza contra una puerta.
17) Hombre: le mete la cabeza en una freidora.
18) Mujer: de un codazo le hunde la boca y le rompe el cuello.
19) Mujer: la ensarta con un hierro que ella le ha clavado y le aprieta la cabeza hasta que le salta el cerebro por arriba.
20) Hombre: muere al salir Jason de él.
21) Hombre: apuñalado.
22) Hombre: le hace un abrazo del oso.

El final es apoteósico, entendedme el sarcasmo. Cuando matan a Jason, y tras un festival de luces de colores que ni en los ochenta, vemos un montón de manos de goma salir de la tierra para llevárselo al infierno, que según lo visto debe ser como una tienda de disfraces. Y en la última escena, en un simbolismo que no alcanza a entender mi primitivo cerebro, la mano de Freddy Kruegger (¿¿¿¿¿¿) sale de la tierra para llevarse la máscara de hockey. ¿Anunciaban la posterior Freddy Vs. Jason? ¿Freddy daba a entender que, sin Jason en el mundo, él tomaba el relevo? A saber. Sin duda una mierda de final para un personaje tan mítico.

Mega Shark versus Giant Octopus (Jack Perez, 2009)

Lorenzo Lamas y una ex-actriz porno protagonizan esta producción de serie B (del Asylum, claro, nadie más podría hacerla) con el argumento más desparramante que te puedes tirar a la cara: un Megalodon y un pulpo Paul gigante prehistóricos que son descongelados por accidente de un glaciar en el que quedaron atrapados mientras peleaban, y que reanudarán su bulla en nuestro tiempo, mientras que, de paso, se cargarán alguna que otra plataforma petrolífera o se comerán un avión en pleno vuelo. ¿Que no? Dentro este ÉPICO vídeo que deja muy claro lo que es esta película:



Qué más se puede decir... Esto hay que verlo para creerlo, ¡holy shit! Y hay una secuela en curso llamada Mega Shark versus Crocosaurus... ¡protagonizada por Steve Urkel! Posiblemente la película cutre perfecta. Próximamente, amigos... Próximamente.

Los creyentes (John Schlesinger, 1987)

Suspense y magia negra se dan la mano en el argumento de esta producción claramente ochentera en estética. Martin Sheen protagoniza un thriller sobrenatural en el que tendrá que hacer frente a una poderosa secta de santeros para salvar la vida de su hijo, a quien han elegido como sacrificio para seguir obteniendo los favores que les otorga su macabro culto. Varias caras conocidas participan en solventes papeles secundarios, como Robert Loggia (a quien siempre recordaré como el que acompaña a Tom Hanks en la mítica escena del piano gigante de Big) o la sufrida partenaire femenina de Sheen en la historia, Helen Shaver. Pero el personaje más impactante de todo el film es, sin duda, ese santero malvado interpretado por Malick Bowens, un negro de aspecto insuperablemente inquietante que pone los pelos de punta con cada aparición. El guión discurre con pulso firme acogiéndose a casi todos los clichés de la época, mezclando el suspense con la acción y dejando algunas escenas de esas inolvidables, sobre todo los castigos vudú con los que el santero malo mata a algunas personas, como el inspector de policía al que le llena el estomago de culebras, o la escalofriante escena de la erupción de arañas de la mejilla del personaje de Helen Shaver. No falta tampoco la típica empleada del hogar hispana que intentará hacer su santería buena (es un hecho para cualquier guionista hollywoodiense que todos los mexicanos son religiosos y saben santería), o el final típico, efectista y efectivo al mismo tiempo. El epílogo le sube un punto a la cinta, porque cuando creíamos todo superado, nos encontramos un giro de nuevo tan tópico como malrrollero y adecuado al tono oscuro y nada feliz de la historia. Así que podría decirse de Los creyentes que es una de esas producciones ochenteras hechas a destajo, pero que todavía merecen el crédito de tener un buen visionado 23 años después.

Viernes 13: parte 8: Jason vuelve para siempre (Rob Hedden, 1989)

"Jason vuelve para siempre". ¿Qué mierda de subtítulo es este para una película que se titula "Jason toma Manhattan"?
En fin, pero lo peor de la película no es el subtítulo, sino todo en general. Viernes 13 ya era una vaca delgada y con las ubres secas de tanto exprimirle la leche, y esta octava parte (¡joder, es que ya iban ocho!) se antoja tan innecesaria como las anteriores. Tras una intro musical rockero-ochentera mientras vemos unos cuantos planos de Nueva York (que no vuelve a salir hasta pasada una hora), otra vez un accidente eléctrico devuelve a Jason a la ¿vida?, y una vez más, él decide aprovechar su tiempo con su pasatiempo favorito: matar adolescentes de Crystal Lake. Y en eso es ecuánime. Mata sin importarle raza, sexo o estatus social.
El poco presupuesto de la cinta se nota a rabiar. Pese a contar con el reclamo de la visita de Jason a Nueva York, la ciudad que nunca duerme solo sale en la última media horita. Y claro, fastidia que la primera hora se desarrolle en un barco, o que Jason haga apariciones casi fantasmales (tan pronto está persiguiendo a alguien, caminando, claro, como está delante de él como por arte de magia). Además, NY aparece presentada con una ciudad sórdida llena de punkis, pandilleros, mangantes, violadores y drogatas que se pican en callejones llenos de mierda. Se ve que la productora se mosqueó por poder rodar solo 3 días en la ciudad. Pero bueno, vamos con el body count, que esta secuela tiene una muerte por la que ya merece la pena ser vista:

1) Hombre: apuñalado con un arponeador.
2) Mujer: apuñalada en el pecho con el arpón, despacito y a mala folla.
3) Mujer: le destroza la cabeza de un guitarrazo.
4) Hombre: le incrusta una piedra de sauna al rojo vivo en el esternón.
5) Mujer: acuchillada con un cristal.
6) Hombre: una lanza por la espalda.
7) Hombre: degollado.
8) Mujer: estrangulada a lo bestia.
9) Hombre: electrocutado hasta que arde.
10) Hombre: lo tira del palo mayor y lo ensarta en una antena.
11) Hombre: hachazo en la espalda.
12) Hombre: le mete una jeringuilla por la espalda y se la saca por el pecho.
13) Hombre: le estampa la cabeza contra una tubería. Matando a estos dos se convierte en héroe accidental al salvar a la chica protagonista de ser violada. Que conste que no era su intención...
14) Hombre: ¡¡¡Jajajajaja!!! Esta es la mejor muerte de lo que va de saga. El chaval es boxeador, y se enfrenta a Jason con un par de cojones, dándole una paliza a puñetazos. Cuando ya no puede más, Jason le da un solo puñetazo ¡¡¡y le arranca la cabeza!!!
15) Hombre: ni idea, muere fuera de plano.
16) Mujer: en la explosión del coche en el que huye. Podría considerarse una muerte indirectamente provocada por Jason.
17) Hombre: lo ahoga en un cubo de asquerosa agua con ratas flotando. Una muerte repugnante.
18) Hombre: le abre la cabeza con una llave inglesa.

La peli termina con Jason supuestamente consumido por los residuos tóxicos de una alcantarilla (muy a lo Vengador Tóxico) y volviendo a convertirse en el Jason niño (¿). Pero bueno, sé que queda todavía otra secuela, así que a ver cómo lo sacan de ahí. Aunque con muertes como la del puñetazo arranca-cabezas ya vale la pena el viaje. Y sobre todo, por imágenes como esta:

No me digáis que no mola...

La culpa (Narciso Ibáñez Serrador, 2006)

Narciso Ibáñez Serrador, productor de toda la serie de "Películas para no dormir", firma la que, en mi opinión, es de lejos la peor de las tres que llevo vistas. Una pena viniendo del director de la genial ¿Quién puede matar a un niño?.
La historia se ambienta en la España de los años sesenta, en la casa y consulta de una ginecóloga lesbiana (dato que no sé si se metió para dar cierto morbillo a la historia sin conseguirlo) que también realiza abortos clandestinos. Una joven enfermera y su hija pequeña se instalarán con la médica, y la chica se convertirá en ayudante de la doctora en sus intervenciones ilegales. La trama da el giro argumental cuando es la ayudante la que se queda embarazada de nuevo, y requiere de un aborto pese a su reticencia de interrumpir el embarazo. A partir de ahí, el guión juega con nuestra inteligencia con poca ídem, convirtiendo a la hija de la enfermera en una especie de despiste para lo que nos estamos viendo venir. Y es que tampoco hay que ser un lumbrera cuando el título de la propia película es La culpa, que ya nos anuncia por dónde van a ir los tiros si tenemos dos deditos de frente.
Las interpretaciones y la ambientación son correctas, mostrando esa España tan cercana y lejana al mismo tiempo, en las que un aborto o la homosexualidad eran cosas estigmatizantes y que debían ocultarse. Chicho no se regodea en lo explícito, pese a que el tema hubiera dado para ello (una muestra es Huella, de Miike), y está bien que se juegue con el espectador para intentar convencernos de que hay algo sobrenatural en la historia, aunque solo se consigue durante cinco minutos. Luego ya tendremos claro de qué va el percal y solo quedará ver cómo se resuelve. Resolución que tampoco es buena, porque sobraba ese plano de la madre convirtiéndose en feto, como si no lo hubiéramos entendido ya lo bastante bien. En resumen, una historia bastante cutre, bien hecha y técnicamente correcta, pero obvia y tramposa.

Viernes 13: parte 7: sangre nueva (John Carl Buechler, 1988)

La anterior película dejaba a Jason anclado al fondo de Crystal Lake (ahora llamado Forest Green) encadenado a una enorme roca. Esta séptima y repetitiva parte vuelve a sacarlo del lago más putrefacto y zombificado que nunca, y con el añadido de que está interpretado (si es que Jason Voorhees requiere alguna interpretación) por el mítico y grandullón Kane Hodder, único actor que ha repetido en el papel del asesino Jason metiéndose tras la máscara de hockey hasta en cuatro ocasiones.
En esta secuela de una saga que ya llevaba agonizando dos o tres entregas como poco, se introduce un rival a la altura de Jason: Tina, una adolescente traumatizada (y al cuidado de un médico que es uno de los personajes más nefastos que he visto en lo que va de saga) con poderes telequinéticos absolutamente plagiados a Carrie. Nop, no exagero. Sus poderes, que liberan accidentalmente a Jason del fondo del lago, le supondrán a su vez un buen arma para su enfrentamiento final contra el incombustible hijo de la gran puta Pamela Voorhees, que en esta secuela también se lo pasa teta matando peña, como siempre:

1) Mujer: le mete en la nuca un pincho de esos de fijar las tiendas de campaña al suelo.
2) Hombre: el mismo pincho se lo mete en la espalda. Y le quita el machete. Nunca entenderé tampoco cómo Jason siempre se las apaña para encontrar a un gilipollas con un machete.
3) Hombre: le atraviesa el pecho de un puñetazo y luego le rompe el cuello. Por si acaso, ¿no? ¿Este debería contar por dos? Jajajaja.
4) Mujer: la estampa contra el tronco de un árbol metida en su saco de dormir, como el que sacude una alfombra.
5) Hombre: machetazo en la cara.
6) Mujer: la ahoga en el lago.
7) Mujer: la raja con una hoz.
8) Hombre: le aplasta el cráneo con las manos como una nuez.
9) Mujer: le clava en el ojo una trompetilla de esas de plástico de los cumpleaños.
10) Hombre: apuñalado en el estómago.
11) Hombre: machetazo en el cuello.
12) Mujer: la tira por la ventana.
13) Mujer: ensartada con una lanza.
14) Hombre: lo parte en dos con una sierra eléctrica circular. Jason usa una gran variedad de herramientas en esta secuela, ahora que lo pienso. Como si acabara de salir de un Leroy Merlin.
15) Mujer: hachazo en la cabeza.

Al final, pelea telequinética entre Tina y Jason, que termina con la inesperada aunque cantadísima aparición del padre de Tina (que se ahogó en el lago hace años) que se lleva a Jason consigo al fondo otra vez, donde reposaría hasta la siguiente secuela. Mención especial a la cara de Jason cuando le quitan la máscara, bastante monstruosa y bien hecha.

Skyline (Colin y Greg Strause, 2010)

Ahora mismo, la nota media de esta peli en Filmaffinity va por un 3,3. Y no lo entiendo, la verdad. Porque la única diferencia entre ésta y, por ejemplo, Independence Day (que es la cinta con la que más comparación podría sacársele) es que ID4 costó 75 millones de dólares hace 15 años, y que ésta ha costado 10 cochinos millones. Más o menos lo que Michael Bay se habrá gastado en el cátering de Transformers 3. Por lo demás, ésta es incluso superior.
Además, las críticas que estoy leyendo ponen a caer de un burro Skyline. Que si guión simple, que si personajes planos, que si malos actores, que si esto ya se ha hecho... Pero vamos a ver, amigos, ¿qué no se ha hecho hoy en día? Lo bueno, lo raro, lo difícil, es encontrar otro enfoque que darle a una misma historia, o contarla de una forma entretenida y vistosa. El que quiera cine de autor, que vea a Lars Von Trier, que filma como nadie cojones en blanco y negro. Pero Skyline es una cinta de acción-ciencia ficción comercial, rodada con poco dinero y con un resultado final realmente admirable. El trabajo actoral es muy malo, en eso no hay discusión. Los actores son desconocidos (solo uno me resulta familiar de la serie Dexter) y poco solventes. Además, el poco presupuesto se hace notar en la escasez de decorados (un piso, una azotea...) y de actores (5 protagonistas y apenas 6 o 7 extras militares, de risa), pero ¿qué queréis? El dinero se gastó en post-producción, porque los efectos son realmente estupendos, algunos muy impresionantes, aunque algunas explosiones sean un poco cantarinas. Pero en general unos efectos de primera división para una cinta con presupuesto de tercera, si llega. El ritmo es muy bueno, la incertidumbre de lo que está pasando permanece todo el tiempo (sabemos solo que hay un ataque alienígena pero no de dónde, ni por qué, ni falta que nos hace, oye), lo que hace una mezcla de la citada Independence Day, La guerra de los mundos y Cloverfield, con momentos también que me recordaron a La noche de los muertos vivientes (el encierro en el piso, las tensiones entre los dos machos alfa del grupo de protagonistas...). Solo criticaría el final, que me parece poco solvente con lo bien que está el resto de la historia, y aún así queda chulo. Pero vamos, es la típica peli que si en vez de haberla dirigido un par de desconocidos y protagonizarla completos anónimos, la hubiera rodado Roland Emmerich con Will Smith y Jessica Alba, estaría reventando las taquillas de todo el mundo. Así que me alegro de diferir una vez con los grandes críticos, porque yo me lo he pasado muy bien con esta película. Mucho mejor que con esa gran americanada sobrevalorada que es ID4.

La habitación del niño (Álex de la Iglesia, 2006)

Álex de la Iglesia firma esta película incluida dentro de la colección producida por Chicho Ibáñez Serrador "Películas para no dormir". Y le sale todo un peliculón. Lo más increíble de la historia no es su relato de fantasmas y dimensiones paralelas (muy bien ejemplarizado por el personaje-explicación de Sancho Gracia con la conocida Paradoja del gato de Schrödinger), sino que Satur, el chaparrete de Águila Roja, pueda tener una relación con la maciza de Leonor Watling. De hecho creo que la idea del director de hacer que fueran pareja es un aliciente para la credibilidad del resto de la historia, porque si te crees eso, ya el resto te puede parecer hasta normal.
Pero coñas aparte, tras el título La habitación del niño, que ya por sí solo augura un buen rato de terror, encontramos una gran historia estupendamente contada y muy clara en su desarrollo y resolución. Y eso que el tema es, a la vez, sobrenatural y de ciencia ficción, introduciendo el elemento de un multiverso infinito con infinitas realidades paralelas que pueden (aunque no deben) cruzarse. En esa tesitura se verá la pareja imposible, padres de un niño recién nacido. Con el regalo de un típico escuchabebés, comenzarán los sobresaltos: sonidos de alguien que está junto a la cuna y, más tarde, cuando cambian el aparato por uno que incluye vídeo, imágenes de ese visitante fantasmal. El padre se emparanoiará con la situación, esto contado de una forma muy natural y creíble (a lo que ayudan los excelentes secundarios de su oficina o el ya citado personaje-explicación del gran Sancho Gracia), y comenzará una auténtica aventura paranormal con momentos realmente estupendos vistos a través de la cámara de los escuchabebés que enseñan una realidad que los ojos no pueden captar. Al final de la historia, al que llegamos con una tensión buenísima, tenemos el giro quizá algo cantado, pero totalmente coherente con lo que se estaba fraguando. Y una vez más me quedo con la impresión de que algunos cineastas españoles saben hacer cine de terror de la mejor calidad.

Devil (John Erick Dowdle, 2010)

El folklore mexicano tiene una leyenda que cuenta que el demonio, de tanto en tanto, adopta forma humana y se lleva consigo a unas cuantas personas (todas pecadoras) asesinándolas y llevándolas al infierno. Lo llaman "La reunión del diablo". Y la historia de esta película (incomprensiblemente titulada aquí como La trampa del mal), basada en un relato de M. Night Shayamalan, nos cuenta una de esas escapadas de Satanás... que tiene lugar en un ascensor.
Siendo sinceros, la idea es cojonudamene buena. El escenario no puede ser más cerrado, más opresivo, no apto para claustrofóbicos de los que prefieren siempre las escaleras. Pensad en ello. Cinco completos desconocidos atrapados en un ascensor, todos con secretos que esconder, ninguno de ellos inocente, y reunidos de una forma que en nada es aleatoria. Y uno de ellos es el mismísimo demonio, que viene para llevárselos a todos. El director logra captar muy bien el suspense, aunque los actores que están dentro del ascensor van muy justitos. Pero la dirección es hábil, con algunos planos muy originales y un buen uso de la oscuridad y el sonido como elementos narrativos y de tensión. Evidentemente, como mantener la cámara dentro de un espacio tan pequeño como un ascensor no es tarea para cualquiera (aunque Rodrigo Cortés se las apañó de puta madre en un espacio aún más pequeño), la acción va saltando de dentro a fuera, donde un inspector de policía investiga qué está pasando en ese ascensor en el que los pasajeros están muriendo. Para dar la explicación pertinente, tenemos al personaje-explicación en forma de vigilante de seguridad mexicano, que contará la leyenda y convencerá al inspector. Y así, entre quinielas de quién de los cinco pasajeros es el Maligno, llegamos a un clímax con giro final bastante bien insertado, en el que la historia de los de dentro y los de fuera encaja a la perfección, y con unos minutitos de auténtico miedo del bueno cuando el pasajero que es el demonio se revela como tal. No sé, quizá es que no esperaba que una película con tan poco bombo y con tan poca historia para desarrollar, fuera gran cosa. Pero lo que me he encontrado ha sido una muy buena película de terror sobrenatural, quizá un corto muy estirado, pero con una idea tan buena y original que, en estos tiempos de remakes y adaptaciones, a mí me sobra.

Halloween, el origen (Rob Zombie, 2007)

Hacemos otro breve paréntesis en la saga de Jason Voorhees para airearnos con la historia de otro no menos mítico asesino: Michael Myers. Creo haber dicho ya alguna vez que yo soy mucho más fan del de la máscara de hockey que de este asesino de extraña máscara inexpresiva. Pero para ser sinceros, de las 6 que llevo vistas del tirón sobre el asesino de Crystal Lake, ninguna le llega a la suela de los zapatos a esta revisión de Rob Zombie sobre Myers.
Los primeros cuarenta minutos, de hecho, podríamos considerarlos una auténtica obra maestra, así de claro y de tajante. Con gran solvencia, Zombie nos cuenta la historia de cómo un niño víctima de bullying y criado en el seno de una "familia" desestructurada (madre bailarina de striptease, padrastro alcohólico y pendenciero, hermana promiscua...), se convierte en un asesino tremendamente peligroso y perturbado. Y el guión lo cuenta de forma excepcional, sin dejarse ningún matiz. El pequeño Michael, de 12 años, ya manifiesta una peligrosa tendencia a torturar y asesinar a sus mascotas, o a cubrirse siempre la cara con máscaras de su creación para ocultar su rostro al mundo. El primer estallido homicida será durante la tarde de la noche de Halloween, cuando mata a palos a un compañero de colegio que abusaba de él y se reía de la profesión de su madre. Después, esa misma noche, asesinará a su padrastro, a su hermana mayor y al novio de ésta, de forma totalmente cruel e imperturbable. Entra en escena entonces el doctor interpretado por Malcolm McDowell, que durante 17 años intentará descifrar qué se esconde en la enferma mente de Michael, que se convierte en un hombre adulto de más de dos metros y ciento y pico kilos, todo un monstruo. Y en ese momento, cuando vemos por primera vez al enorme Michael en su celda (a quien, curiosamente, le cuida durante todo el tiempo un conserje interpretado por Danny Trejo en un papel más largo y hablado del que suele tener, que es morir y punto), debería terminarse la película. Porque una vez que escapa y comienza su matanza indiscriminada en busca de su hermanita pequeña, se pierde la fuerza y se convierte en un slasher más. Bien rodado, con muy buenos puntos y mucho respeto por el original (música, máscara, personajes...), pero uno más. Y es una pena, porque aunque es totalmente disfrutable de principio a fin, el primer acto es tan cojonudo que luego el resto me pareció demasiado tópico para tan buen comienzo.

Para entrar a vivir (Jaume Balagueró, 2006)

Antes de pegar su gran pelotazo con [REC], Jaume Balagueró ya demostró en esta película su afición por los edificios antiguos, por los personajes sorpresa que viven recluidos, y su enorme talento a la hora de construir atmósferas de angustia y de mantenerte una horita y media con el culo apretado. Vi mucho de [REC] en esta película, o más correcto sería decir que [REC] también jugó con muchos de los elementos que Balagueró ya había usado en Para entrar a vivir. La historia, totalmente cotidiana y nada sobrenatural, va sobre una parejita joven buscando un piso. Un tentador anuncio sobre uno totalmente equipado, acondicinado, casi insultantemente barato y para entrar a vivir, hará que la pareja se desplace a las afueras de la ciudad para visitarlo. Allí conoceran a "la de la inmobiliaria" (no sé cómo se llama la actriz, pero es la que hacía de Candela, la mujer de Fiti en Los Serrano), que en realidad es una auténtica tarada que está llenando su viejo y desahuciado edificio con familias a las que engaña y secuestra. La trama se desarrolla captando nuestro interés, poniéndonos en el papel de la pareja de forma creíble (me encantó la escena en la que el pobre novio no sabe cómo decirle a la chiflada que el piso da asco, algo que nos ha pasado a todos los que alguna vez hemos buscado piso). A partir de ahí comenzará un auténtico survival en el que la novia intentará escapar de la casera demente... y de su hijo, un personaje que, como os decía, es como una versión masculina y mastodóntica de la niña Medeiros de [REC], salvando las diferencias entre ambos personajes. La peli tiene algunas fallas, como la cantidad de hostias en la cabeza que puede soportar el novio sin morirse (yo conté hasta 6, y todas con objetos contundentes de esos que tienden a fracturar, vaya), pero no se le puede negar un ritmo endiablado, una estupenda puesta en escena y una buena cantidad de sangre, acción y tensión de la mejor. Con mejores actores (porque a mí la Candela haciendo de tarada me daba la risa) estaríamos ante una joyita del terror patrio. Pero incluso con lo que hay, es una cinta más que recomendable y refrescante dentro de lo suyo.

Viernes 13: parte 6: Jason vive (Tom McLoughlin, 1986)

Esta sexta parte tiene como único aliciente positivo el regreso del verdadero Jason Voorhees como villano de la franquicia. Tras una resurrección absolutamente estúpida y frankensteniana (vedla para entender a qué me refiero), y una entradilla a los créditos a lo James Bond pero con leit motiv a lo Viernes 13 (Jason lanza un machete a la cámara y comienza a caer sangre), Jason regresa a Crystal Lake, ahora llamado Forest Green para alejarse de los horrores del pasado. Vuelve a aparecer el personaje de Tommy Jarvis, interpretado por otro actor diferente al de la anterior (pa flipar). Su regreso como protagonista no tiene ni pies ni cabeza, porque según terminaba la quinta, él estaba desequilibrado y parecía que iba a ser un asesino como Jason, pero aquí su única obsesión es la de acabar con el cadáver de Jason (WTF??) y vaya que la lía parda, el muy imbécil, porque solo logra resucitarlo. Así, con Jason convertido ya en el superzombie inmortal que tanto nos mola, y entre toques cómicos absurdos y otros de auténtico descojone (pero por lo cutre), al menos el body count queda curioso, aunque soso. Mira, y hasta en pareado:

1) Hombre: le atraviesa el pecho de un puñetazo. Probablemente la mejor muerte de la peli, y ocurre a los 3 minutos.
2) Hombre: atravesado con un hierro.
3) Mujer: le mete un hierro en la boca. Muy fálico, el Jason.
4) Hombre: le arranca el brazo y lo estampa de bocas contra un árbol. Absurdamente, la mancha de sangre de la cara deja dibujado un smiley, en uno de esos momentos cómicos sin gracia que hacen parecer a la peli más una parodia de sí misma que una secuela seria.
5, 6 y 7) Hombre, mujer y hombre: estos van en pack, porque les corta la cabeza a los tres a la vez.
8) Hombre: le clava una botella rota en el cuello.
9) Hombre: machetazo en el pecho.
10) Mujer: machetazo en el pecho.
11) Mujer: le esclafa la cara contra la pared metálica de un lavabo. Pero no se ve. Como decía, las muertes son un poco sosas, muy poco gores.
12) Hombre: le clava el cuchillo en el oído.
13) Mujer: le arranca la cabeza.
14) Mujer: no se ve, muere fuera de plano, solo vemos salpicar su sangre. A saber.
15) Hombre: haciendo gala de puntería, le lanza un cuchillo a la frente desde por lo menos 25 metros.
16) Hombre: le aprieta la cabeza hasta que la oímos crujir. No mola, porque en otra peli anterior (ya no me acuerdo cuál), veíamos cómo la apretaba hasta que saltaban los ojos.
17) Hombre: lo troncha. No tengo otra manera de explicarlo.

Al final de la peli, Jason queda encadenado a una piedra en el fondo de Crystal Lake, aunque vivo, claro. En fin, una más. Viéndolas todas seguidas, lo malo es que me están pareciendo demasiado iguales, y cada vez menos sinceras con el final de la anterior y más paródicas. Y creo que todavía queda lo peor, amigos...

Ejecutivo agresivo (Peter Segal, 2003)

Que en su momento me descojoné con Little Nicky, es un hecho. Pero esto no convierte a Adam Sandler en un buen cómico, para nada. Lo que pasa es que sabe rodearse en sus películas de secundarios de excepción, gente que normalmente huiría como de la peste de producciones como las que protagoniza Sandler, pero se ve que se le da muy bien reclutar. En esta, por ejemplo, encontramos a John Turturro en un papel genial de asistente a las clases de control de la ira, o a la siempre guapísima y solvente Marisa Tomei (de quien me enamoré por su papel en The Wrestler) como novia de Sandler. Y claro, no me olvido de Jack Nicholson como segundo al mando, interpretando a un enervante y desequilibrado psiquiatra bajo el cuidado del cual quedará el personaje de Sandler por culpa de sus accidentales y malentendidos brotes coléricos. Nicholson interpreta su papel de siempre, sacando una vis cómica agradable de ver (pero mucho menos divertida y sutil que en la genial Mejor... imposible), pero igual de histriónico y casi más hijoputa todavía. No obstante, los mejores momentos de la peli son suyos. Llega a caerte gordo, como supongo que pretendía, así que su misión actoral está cumplida de sobra, como de costumbre. Tampoco obviar el cameo de Woody Harrelson, probablemente el gag con el que más me reí de toda la película, haciendo de una prostituta travesti con "los huevos tamaño balón de playa". El final, como siempre en las pelis de Sandler, peca de efectista y blandengue, pero ya es marca de la casa. En resumen, una película indudablemente entretenida, que te arranca risas en varios momentos, pero para nada una comedia de las inolvidables o de las que dejan frases o secuencias míticas. Diversión de consumo rápido y olvido más rápido aún.

Viernes 13: parte 5: un nuevo comienzo (Danny Steinmann, 1985)

Me siento estafado, timado, cabreado, encabronado... No tengo calificativos para esta afrenta que acabo de ver. No me acordaba de mucho de la saga Viernes 13, pero sobre todo tenía muy claras en mi cabeza algunas muertes de lo más chulas. Y varias de ellas las he encontrado en esta quinta parte... ¡¡¡y resulta que el asesino no es Jason!!! ¿Pero qué mierda es esta de meter a un imitador trastornado por la muerte (merecida) de su hijo? ¿Ese era el nuevo comienzo? Pues que se lo hubieran metido por el buyate. Viernes 13 es Jason, no un capullo disfrazado como él.
Por cierto que con esto os acabo de joder toda la película, porque por lo demás, es más de lo de siempre: hay bastante más sexo, muchísimas tetas (creo que la secuela en la que más tetas y culos he visto hasta el momento) y muertes guapísimas. Joder, pero qué decepción que el asesino no sea el amigo Voorhees.
Repite con otro actor el personaje de Tommy Jarvis, convertido ya en un mozalbete que no se parece en nada a su yo de 12 años (pero Corey Feldman estaba rodando Los Goonies y hubo que reescribir el guión para darle unos años más a su personaje). Tommy ingresa en una especie de campamento para chicos con problemas (o sea que no se volvió un asesino en serie) y allí empiezan a haber muertes tales como:

1) Hombre: machete en el estómago. Esta muerte ocurre en una pesadilla de Tommy, así que no sería body count real. Pero bueno, ninguna es de Jason, así que no suman body count para el grandullón.
2) Hombre: punzón en la sien. Igual que la primera. La pregunta que me viene a la mente es: ¿por qué cojones enterrar a Jason Voorhees con un machete y un punzón? Ah, vale, que era un sueño...
3) Hombre: destrozado a hachazos por la espalda. Este personaje es el hijo del asesino de la peli, y su muerte es el detonante de la locura del mismo.
4) Hombre: le mete una bengala encendida en la boca. Con lo que mola, y no es Jason. Joder, qué cabreo.
5) Hombre: degollado.
6) Hombre: hachazo en la cabeza.
7) Mujer: hachazo en el estómago.
8) Hombre: machete en la barriga.
9) Mujer: le corta la cabeza a la altura de los ojos con unas tijeras de podar. Otra de esas muertes guapas que recordaba, y ahora resulta que no es Jason.
10) Hombre: mi muerte favorita de la saga, y ¡¡joder!!, no es Jason el que lo hace. Lo mata a garrote vil contra un árbol, apretándole un cinturón a la altura de los ojos y retorciéndolo con un palo hasta que le explota el cráneo.
11) Mujer: degollada.
12) Hombre: atravesado con un hierro en el pecho. Este personaje es el hermano guay de un negro insufrible que luego salió en Cosas de Casa haciendo de "El guindilla", uno de los dos amigos de Eddie. No me miréis así, crecí en los ochenta, esto son cosas que se saben.
13) Hombre: le corta la cabeza.
14) Mujer: le clava un hacha de cocina en la frente.
15) Hombre: igual que a la anterior.
16) Mujer: acuchillada por debajo de la cama, la muerte más típica de la saga.
17) Mujer: machetazo en la tripa.
18) Hombre: lo clava a un árbol por la frente.
19) Hombre: le saca los ojos.

Como habréis visto, el body count sube un montón en número y en calidad de las muertes. Pero me repito, amigos, el asesino NO ES JASON VOORHEES, sino un puto imitador, lo que me parece una afrenta a la saga. ¿Cómo se explica su fuerza sobrehumana o su resistencia? ¿Cómo logra llegar andando a los sitios antes que sus víctimas que van corriendo? Además, el final queda abierto como el culo de Jorge Javier, con Tommy poniéndose la máscara de hockey. Pero en fin, yo me he quedado muy despagado, porque después de disfrutar con toda la película, al final resulta que Jason seguía muerto y enterrado...

Viernes 13: parte 4: último capítulo (Joseph Zito, 1984)

Retomamos el reto del mes de ver toda la saga Viernes 13, y lo hacemos con la cuarta entrega, en la que recuperamos gran parte de los "valores" tradicionales que la hicieron grande: tetas, sexo, Crystal Lake y muertes ceporras. Completamente convertido ya en algo sobrenatural (porque si no no se entiende que despierte en el depósito de cadáveres aparentemente curado de todas sus heridas mortales), Jason regresa a su único oficio y hobbie: matar adolescentes cachondos. Tom Savini repitió como maquillador, según dicen, simplemente por el placer de poder matar "definitivamente" a Jason, algo que ocurre en esta secuela. O, al menos, ese era el plan. De hecho, el personaje de Corey Feldman, Tommy Jarvis, es un homenaje a Tom Savini. Mismo nombre, misma afición por hacer máscaras monstruosas y efectos especiales... A través de Tommy, Savini cumpliría su sueño de acabar con el enorme Voorhees.
Otra novedad en esta secuela es el personaje del mata-Jason, hermano de una de las víctimas (creo que de la segunda peli), un personaje que intenta acabar con Jason y acaba hecho pedacitos, claro. También Jason se vuelve más acuático. En esta secuela, encontramos más muertes en el lago, con varias apariciones de Jason bajo el agua para matar a inocentes bañistas en cueros. De hecho, el body count queda así:

1) Hombre: le sierra la cabeza y se la retuerce.
2) Mujer: la abre en canal.
3) Mujer: cuchillazo atravesándole la garganta.
4) Mujer: la atraviesa con un cuchillo por debajo de una lancha hinchable.
5) Hombre: arponeado por los huevos.
6) Mujer: machete por la espalda.
7) Mujer: fuera de plano, no sé cómo muere.
8) Hombre: le clava un sacacorchos en la mano y le da un machetazo en la cara. Como curiosidad, este personaje lo interpreta Crispin Glover, el de Regreso al Futuro.
9) Mujer: la tira por la ventana.
10) Hombre: le clava el machete en la cabeza por detrás.
11) Hombre: esta es cojonuda. Le aprieta la cabeza con una mano contra la pared hasta reventársela. Jajajajajaja.
12) Mujer: hachazo lanzado contra el pecho.
13) Hombre: lo destroza a golpetazos con un gancho.

El final también es original, con Corey rapándose para parecerse al niño Jason deforme y entretenerlo para que su hermana lo mate. Pero finalmente es el propio Tommy quien pierde la olla y se lo carga, dando a entender que él será el próximo asesino. Veremos qué depara la quinta parte...

Jonah Hex (Jimmy Hayward, 2010)

Qué fácil resulta hacer una película basada en un cómic. Pero claro, otra muy distinta es hacerla bien. DC Cómics (dentro de su línea Vértigo) continúa dejando sodomizar a sus creaciones más conocidas con cosas como esta, algo indescriptible a medio camino entre Constantine y Wild Wild West. Al final ya casi esperaba ver un cameo de Will Smith, Kevin Kline y Kenneth Branagh montados en la araña mecánica. Pero no salieron, y eso que al menos me hubieran alegrado la película.
Esta película destroza la historia de Jonah Hex, un soldado del ejército confederado que acabó con la cara marcada y terriblemente desfigurada como venganza por desobedecer las órdenes de su superior. Medio muerto, y traído del otro lado por los indios, Hex regresaría con un poder bastante grotesco: hablar con los muertos. Reconozco que ese es el mejor punto de la peli, las veces que se comunica con un cadáver, resucitándolo y quemándolo al mismo tiempo. Original y visualmente impactante, al menos. Lo demás, es un tópico tras otro. John Brolin, un actor serio y solvente al que generalmente he visto en papeles de malo, realiza aquí una bochornosa actuación en la que ni su maquillaje es bueno. Y aún así, Brolin es lo único que salva la película de ponerse al nivel de El motorista fantasma, por ejemplo. Porque como villano tenemos a John Malkovich, gordo como una nutra, sobreactuado y fatal; como chica de la peli, a Megan Fox enseñando canalillo y con un corsé tan apretado que parece que se vaya a partir por la mitad. Además, sale 15 minutos contaditos, oigan. Y otro secundario normalmente correcto, como Michael Fassbender (Centurión, 300), también hace un papel bastante mediocre, aunque mola cómo se lo carga Jonah. El final es un auténtico disparate de explosiones por CGI y de absurdos, digno colofón de una supuesta superproducción que aquí ni siquiera se va a estrenar en cines y saldrá directita a DVD. Si te preguntas por qué, tan solo mira la película. Pero si eres fan de ese cómic serio y adulto que es Jonah Hex, te vas a cagar en la madre que parió a Jimmy Hayward. Aunque ¿a quién cojones se le ocurrió dejar dirigir esto a alguien que viene de dirigir una peli de animación sobre un elefante que solo sirve para anunciar el THX antes de las películas?

Sonrisas y Lágrimas (Robert Wise, 1965)

Como soy un tío versátil, lo mismo me casco tres seguidas de Viernes 13 que ahora cambio a un registro, digamos, un poco menos violento. Sonrisas y Lágrimas es otra de esas pelis que nadie debe perderse, historia del cine y clásico entre los clásicos. Poseedora de una de las bandas sonoras más memorables de todos los tiempos, con canciones que todos conocemos, es la típica película que puedes disfrutar cada vez que la reponen por la tele (cada vez con menos frecuencia, todo sea dicho), y que no se hace jamás pesada en sus casi 3 horas de duración, lo que se dice pronto, gracias a la hábil dirección del legendario Robert Wise y a un guión que combina, como su traducción española indicó con buen ojo, momentos de diversión con otros de melodrama, fusionados ambos de manera excepcional.
Ya desde el principio, la cautivadora fotografía de las praderas austríacas ya gana al espectador con un solo plano, pero cuando aparece la frágil silueta de Julie Andrews danzando y cantando por el prado, es cuando ya estás vendido del todo. Su delicada voz ya se convierte en eje de la película, y su personaje, esa novicia llamada María, en uno de los personajes más dulces de la historia del cine. No menos memorable es la numerosa y amargada familia Trapp, formada por un capitán retirado y viudo, y por sus siete hijos, una familia que, tras la muerte de la madre, no han dejado espacio para la alegría ni en su amplia mansión ni en sus corazones. María acabará como institutriz de los siete niños y les enseñará de nuevo lo que es la emoción a través de la música, y a disfrutar de la vida, porque no todo es tener dinero y mansiones y se puede ser más feliz con una bicicleta, una guitarra y unos trajes hechos con cortinas. Al mismo tiempo, la relación entre el estricto capitán (un fantástico Christopher Plummer en su mejor papel de galán) y María va cobrando matices muy bonitos. Él, comprometido con una baronesa más por conveniencia que por amor, empezará a sentir amor de verdad por la inocente María, a quien le pasará exactamente lo mismo por el capitán. Y así, entre canción y canción, entre romances inocentes y puros, y con planos absolutamente perfectos y medidos al milímetro, la historia de la familia Trapp se acaba convirtiendo en algo muy tuyo, y acabas siendo uno más de ellos. Por eso el final es tan de padecer, pero siempre con la lección de que una familia unida es, en realidad, lo único que importa. Eso y, claro está, el sonido de la música.

Viernes 13: parte 3 (Steve Miner, 1982)

Steve Miner firma su segunda y última incursión en la saga, y lo hace calcando prácticamente a la anterior pero incorporando el 3-D cutrón, ese de gafas rojas y verdes, que estaba de moda en aquel momento (y que se hace un poco raro porque cada dos por tres te ves un bate de béisbol apuntando a la pantalla, o un yo-yo, o hasta un peta. Sí, joder, un porro en 3-D... made in los ochenta, desde luego). Repite jóvenes, campamento de verano, drogas, sexo, tetas... No, esperad. Sexo y tetas apenas hay. En ese apartado la película se hace mucho más light, enseñando mucha menos chicha pero, en su defecto, mucha más imaginación a la hora de matar. Sí, amigos, dos cosas fundamentales ocurren en esta cinta que sería intrascendente de no ser por ellas: que Jason se vuelve mucho más cabrón y bestia a la hora de matar (además de que es mucho más grande que en la anterior) y, sobre todo, que encuentra la mítica máscara de hockey y se arma con un machete más grande que la espada de He-Man. La máscara de hockey se la quita al personajillo gracioso de la historia, un gordo inaguantable clavadito al Jaimito de las pelis italianas. Sí, muere, por suerte. Aunque no tan dolorosamente como hubiera merecido.
Lo que sí deja clara esta tercera parte es que Jason es un ser sobrenatural, que no muere aunque lo ahorques o aunque le des un hachazo en la cabeza. Lo malo, quizá, que su rostro deforme me recordó demasiado al de Slothy de Los Goonies. Pero lo compensa con su asalvajamiento a la hora de matar. Comprobadlo en el body count, que va subiendo con respecto a las anteriores:

1) Hombre: hacha de cocina en el pecho.
2) Mujer: aguja de calceta en la nuca.
3) Mujer: clavada a una viga con una horca en el cuello.
4) Hombre: horca en el estómago.
5) Hombre: degollado (es el gordo Jaimito insoportable al que le quita la máscara de hockey), pero aparece medio moribundo justo después del 8º muerto y palma también.
6) Mujer: arponazo en el ojo. Primera muerte con su mítica máscara puesta.
7) Hombre: esta es la mejor. El tío está andando con las manos, haciendo el pino, aparece Jason por detras y ¡LO PARTE POR LA MITAD DE UN MACHETAZO, buajajajaja!
8) Mujer: cuchillazo atravesándole la garganta por debajo de la cama. Sí, como la de Kevin Bacon en la primera.
9) Hombre: electrocutado.
10) Mujer: atravesada con un atizador al rojo vivo en el estómago.
12) Hombre: le aprieta la cabeza por las sienes hasta que se le salta un ojo. Jejeje. Mola.

En fin, destacar también que, hasta el momento, la única superviviente siempre es una chica, y que en esta parte la música de Manfredini es más electrónica (sin perder el típico shh-shh-shh, ah-ah-ah, que he leído por ahí que en realidad es la voz de Betsy Palmer -la Sra. Voorhees- diciendo kill-kill-kill, her-her-her, o sea mátala-mátala-mátala). Por lo demás, más de lo mismo. Pero es que ver a Jason repartir leña, mola.