Paranormal Activity 2 (Tod Williams, 2010)

Advertencia: el visionado de esta película en soledad y a oscuras, puede provocar diarreas incontrolables.

Señores, nos encontramos ante una de esas raras avis que son las buenas secuelas. Las secuelas mejores que su original, de hecho. Partiendo de la historia de la primera y sorprendente película, "Paranormal Activity 2" cuenta la historia anterior a su predecesora, convirtiéndose en precuela a los acontecimientos que ya vimos (y que no debes perderte para entender perfectamente ésta y disfrutar con todos sus matices. Es más, recomiendo que tengas fresca la primera parte porque hay cosas realmente admirables en el desarrollo de esta secuela). Así, encontramos un escenario prácticamente idéntico: el gran chalet de una familia adinerada, formada por la hermana de Katie (la protagonista de la primera parte), su marido, su hija adolescente y su hijo pequeño, este último auténtico eje argumental de la historia. Una historia que comparte casi al milímetro el patrón de la primera, algo que, al principio, puede devenir en una incómoda sensación de repetición, pero que conforme avanza la trama comprenderemos que está muy bien atada y que explica muchas incógnitas que dejó la primera entrega. ¿Por qué casi todo se repite de la misma forma? Pues sencillamente porque se trata de la misma maldad, de la misma entidad que después acosará a Katie y a Micah, una maldad que, además, viene a cobrar una vieja deuda. Magistral, simplemente magistral, cómo se introduce en la película el giro argumental para que ambas películas se conviertan en una, y para que comprendamos con estupor cómo el demonio llegó a casa de la pobre Katie.
Pero el grandísimo puntazo de la cinta (aparte del susto garantizado de la noche 20, que te pegará las pelotas al culo como un tigre sí o sí), es el final. De precuela, la cinta se convierte en sus últimos 10 minutos en secuela, conformando una sensación de cierre argumental a las dos películas, pero quedando lo bastante abierto para una tercera parte. En resumen, me lo pasé muy bien viendo lo que creía iba a ser un ñordo, una simple explotación de un fenómeno que estuvo mucho mejor de lo que nadie se esperaba. Y por suerte, me he encontrado con una secuela que repite lo bueno de la primera y aporta algún toque interesante de su cosecha. Miedo y diversión aseguradas para los amantes del género.

El juego del ahorcado (Manuel Gómez Pereira, 2008)

Joder, y luego me preguntan por ahí que por qué no me gusta el cine español. ¿Pero vosotros habéis visto cine español? Pues esta es una muestra de las normalitas, de las que podríamos llamar "de manual". Lo tiene todo: se ambienta en una época un poco más antigua que la nuestra (estúpida obsesión de los cineastas españoles que jamás comprenderé), y trata sobre chonis y masquis y hay muchísimo sexo y tetas. Con la particularidad de que la niña que la protagoniza está increíblemente buena, se pasa media película en pelotas, y con el morbo añadido de que tenía 18 años recién cumplidos cuando rodó este film. Y ojo, no es que esté en contra de los desnudos en cine ni de las escenas eróticas, pero que un director de 57 años ponga en escena a dos chavales de 18 y los filme realizando sexo muy explícito (y hasta duro, vulgar, y desagradable) en algunos momentos... pues quizá debería hacérselo mirar.
No obstante, la película se sostiene gracias a las interpretaciones de los dos jóvenes protagonistas, Clara Lago y Álvaro Cervantes. Su historia es la de dos niños que se han criado juntos como amigos, y que, después de que ella asesine a un hombre que la ha violado y de que él la ayude a encubrirlo, comenzarán una relación en la que se mezclará el amor adolescente, el despertar sexual y la obsesión, intentando componer una especie de thriller erótico que tiene mucho más de lo segundo que de lo primero. Pero la poca gracia del director para contárnoslo y los cutres medios técnicos (la escena final de la moto por el acantilado es un croma que ni los de La hora chanante), desmerecen mucho lo bueno que puede tener el guión y el buen trabajo de los actores. Eso, y la sensación de que no es más que típico cine español de tetas, jóvenes, sexo y épocas pasadas.

Masters of Horror: Sensaciones extremas: Chocolate (Mick Garris, 2005)

El niño de "E.T." se hizo mayor, y tras participar en alguna que otra película más o menos conocida -siempre como secundario, eso sí-, su carrera acabó hundiéndose en el cieno y condenada a la serie B más cutre. Quizá porque ya estaba de capa caída y porque del bueno de Elliot ya no quedaba más que el recuerdo. O quizá también en parte por este nefasto corte de la serie "Masters of Horror", una serie de la que, cuantos más episodio-películas veo, más cuenta me doy de lo mal que eligieron su nombre. Y particularmente el nombre de este episodio, que no sé en qué carajo pensaban para ponerle un título tan cansino y pasteloso.
El "maestro" del terror que dirige este mediometraje es Mick Garris. Y no, no levanta cabeza. Este corte pertenece a la primera temporada, anterior a su Valerie en la escalera, pero no es mucho más malo que aquel, y desde luego es mucho peor que las correctas adaptaciones de historias de King que había hecho antes, como "Sonámbulos" o "El resplandor".
La historia va sobre un hombre divorciado que empieza a ver a través de los ojos de una mujer y a sentir lo que ella siente (incluso el sexo, lo que da pie a una extraña escena de homoerotismo enmascarado que nos brinda toda la pluma oculta de Garris), se obsesiona con ella tras presenciar un asesinato que comete, y la busca. Pero todo con un ritmo lento y pesado, estirando los minutos de metraje para llegar a la hora requerida, y con tan poco criterio que, como diría Chiun, el maestro de Remo, "las estaciones avanzan más deprisa". El final también es una tontería anticlimática a más no poder, pero al menos te alegra que se haya terminado. En fin, ya no sé cuántos cortes me quedarán por ver de esta serie, pero espero que pocos. Por mi propia salud.

Mandíbulas 3 (G.E. Furst, 2010)

Voy a intentar ser escueto y ventilarme esta crítica rapidito.
¿Dirección? ¿Qué es eso? ¿Es lo que hacen los directores? Pues de eso, esta película NO TIENE.
¿Interpretaciones? Eso debe ser lo de los actores. Pues en lugar de actores, esta bazofia tiene a un puñado de idiotas desconocidos que ni habrán cobrado por salir, que se dedican a correr todo el rato y a recitar sus frases imbéciles. Y a Michael Ironside, convertido en una orca zampabollos. El típico actor "conocido" venido a menos que se dedica a arrastrar su culo por copro-ducciones para hacer el más absoluto y humillante de los ridículos. Y lo peor es que su personaje es el más digno. Quedáos con la caza-cocodrilos, o con el sheriff estúpido protagonista.
Decorados y efectos especiales: medalla de honor. Todavía ha de inventarse un premio para otorgarle a este apartado de la película. El bosque (4 árboles) se repite constantemente. Los cocodrilos hechos por ordenador se mezclan con los actores, cambian de tamaño en cada escena, tan pronto corren a 300 km/h como se arrastran como una tortuga, el agua SE PIXELA... Vamos, un manual de FX de infracine tan completo, que deberían estudiarlo en la Uwe Bowl Infracinema School.
El guión: santísima madre de la hostia bendita. Menudo truño de guión. O sea, partimos de la base de la primera película (porque esto es una secuela de una secuela), y tenemos a un niño medio imbécil que le da de comer a los cocodrilos supervivientes de un lago con los pollos que sus padres tienen en la nevera. Y lo hace durante años, y sus padres no se enteran hasta que los cocodrilos salen a comérselos.
Y del montaje, el racord, la banda sonora o la fotografía, mejor ni hablo. O me acabaré arrancando la lengua a mordiscos.
En fin, el mundo es un lugar muy loco y nunca se sabe qué puede pasar, así que tened presente este consejillo: si algún día un lunático os da a elegir entre ver esta película o volaros la tapa de los sesos con una Colt, no lo dudéis: apretad el gatillo con una sonrisa. Porque lo que haya al otro lado, por malos que hayáis sido en vida, no será peor que ver a esos cocodrilos de la Nintendo de 8 bits paseando por el parque de bajo de casa del productor y comiéndose a unos cuantos y ridículos aspirantes a actores.

Mirrors 2 (Víctor García, 2010)

Secuela directa a DVD de la insulsa "Reflejos", protagonizada por Kiefer Sutherland, esta "Mirrors 2" ofrece básicamente lo mismo que su primera parte, con una historia de base muy similar y dos nexos comunes: los espejos y el gore. Recuerdo poco de la primera, pero sí recuerdo la escena en la que la hermana del protagonista se arrancaba la mandíbula en el cuarto de baño. Pues en esta secuela no faltan tampoco escenas de este estilo, desde un tío que come cristales, otro que se destripa a sí mismo y demás lindezas que nos arrancarán una carcajada a los seguidores de la casquería cinematográfica. En cuanto a la trama, pues simplemente correcta, girando en torno a la venganza sobrenatural de una chica asesinada cuyo alma ha quedado atrapada en los espejos, y protagonizada por un vigilante nocturno rehabilitándose de las drogas y la hermana de la muerta. Personajes interpretados por Nick Stahl (John Connor en la infecta "Terminator 3: la rebelión de las máquinas") y Emmanuelle Vaugier, una auténtica neodiosa de la serie B, que ya ha protagonizado sin la más mínima vergüenza títulos como El amanecer de los zombies, Saw II, Pro-Vida, o Desenterrados. Y sí, las he visto casi todas, ¿qué pasa? Dirige con eficiencia el español Víctor García, curtido con un par de peliculillas de terror de bajo presupuesto en su currículum. El resultado de esta "Mirrors 2" es tan típico como puede esperarse, busca el sobresalto fácil y suple las carencias argumentales con buenas dosis de sangre, algo que tampoco está mal. En conjunto, un producto resultón para ver y olvidar, que contando con mucho menos presupuesto y actores de segunda, logra ser tan bueno o tan malo (según queramos mirarlo) como su predecesora.

7 días (Daniel Grou, 2010)

Escalofriante el dilema que plantea esta película. ¿Está todo justificado? ¿Serías capaz de secuestrar y torturar terriblemente a un hombre hasta la muerte durante una semana entera? La mayoría de personas respondería con un rotundo y ofendido "no", pero... ¿y si ese hombre hubiera violado y asesinado a tu hija de 8 años? ¿No cambiaría radicalmente la cosa?
Pues este es el punto de partida de esta polémica cinta canadiense que da para mucha reflexión en base a un argumento que podría caer en lo fácil y dirigirse hacia el gore gratuito. Pero en lugar de eso, con un ritmo pausado y tranquilo que solo es espoleado en los momentos de tortura (tremendamente salvajes pero, para qué voy a mentir, los he visto mucho más duros... aunque hay cosas realmente bestias y hechas a mala idea que os recomiendo a todos los amantes del género), pero que suele tirar más por lo psicológico. Así, vemos cómo se establece entre los dos protagonistas, el padre de la niña violada y el violador, una relación sin palabras. Él jamás dirige la palabra al monstruo, pero sí que le da pal pelo. De hecho, el inicio de la tortura marca el punto de inflexión de la cinta, con un martillazo en la rodilla que hará que cualquiera ponga mueca de dolor. A partir de ahí, suceden dos cosas: una, que la película se va haciendo pesada. Demasiadas vueltas sobre lo mismo: que si merece la pena, que si está bien, que si está mal, un poco de tortura y un poco de llanto... Y otra, que el actor que interpreta al padre de la niña da una lección interpretativa con un personaje con demasiados sentimientos enfrentados como para poder ser descrito correctamente. Muestra de ello son las visiones que tiene de su hija, o cómo se va hundiendo a medida que ve que no todo el mundo ve bien su venganza justa, o la represalia que toma contra esa otra madre que, en lugar de aplaudirle, lo desaprueba y prefiere hacer como que el violador jamás ha existido. Y lo mejor, sin duda, la frase final, que resume toda la película: "¿Cree que ha hecho lo correcto? No. ¿Se arrepiente? No." No es necesario decir más.

Family Man (Brett Ratner, 2000)

Nos encontramos ante la enésima interpretación de la típica historia de los fantasmas navideños que, como si no tuvieran más faena que esa, cogen cada año a un tipo rico y exitoso para enseñarle lo desgraciada que es su vida. Porque claro, cuando uno es como el protagonista de esta película, un bróker inflado de dinero, con un Ferrari aparcado en la puerta, un piso en New York y que se pasa por la piedra a las tías más macizas, está claro que es un desgraciado, ¿verdad?
¿Verdad?
Eeeeeooooooooooo...
Bueno, pues quizá tan claro no está, pero si no tuviéramos eso, no habría película. Así que el bueno de Nic Cage protagoniza este relamido guión y nos brinda un papel en el que, al menos, no le deseamos la muerte por gonorrea en cada plano. Algo que cuesta mucho después de haberlo visto en cosas como "El motorista fantasma", cinta que algún día me armaré de valor para comentaros aquí, mis queridos y sufridos lectores. Y no será bonito, creedme.
Pero bueno, volviendo a la película, hay que reconocerle el mérito de entretener con su guión, cargado de tantos clichés que no cabrían ni en un tráiler, pero al servicio de esta clase de historias de "tipo que se cree que lo tiene todo pero en realidad no tiene lo más importante que es el amor y la familia, ooooooh qué bonito". La historia es como una revisión de ¡Qué bello es vivir!, pero no me lancéis puñales todavía, porque evidentemente el clásico de Capra y Stewart tiene un alma y un sabor que ésta no logra ni atisbar a lo lejos. Pero no deja de ser un bonito canto a los valores familiares, aunque se haga desde el más absoluto de los tópicos, con la moraleja es que nunca es tarde, y de que todos merecemos una segunda oportunidad. Quizá incluso Nicolas Cage, pese a sus innumerables fechorías contra el cine, algunas casi tan vergonzosas como la versión de Come as you are de Nirvana interpretada por Ramoncín. Casi, ojo.

Scanner Cop (Pierre David, 1994)

A rebufo del éxito de los escáners de Cronenberg, llegó en 1994 esta especie de secuela, que no es secuela pero que tampoco es un remake, así que no tengo ni puta idea de lo que es pero parte de la base de que existen escáners, o sea, personas con poderes mentales que pueden controlar la voluntad ajena o, directamente, hacerles reventar la cabeza en mil cachitos. En este caso, uno de los más poderosos de ellos acabará adoptado por un policía tras perder a su padre (también escáner) y, claro está, él también de hará madero de mayor. Así que tendremos apatrullando la siudá a un policía novato que te puede hacer estallar el cráneo como una sandía si le tocas mucho la huevada. Obviamente, como solo esto tendría poca chicha a menos que quisieras hacer un disparate cachondo más propio de un sketch de Muchachada Nui, hay que meter a un malo con poderes similares, y ya tenemos conflicto para una horita y media de metraje en el que insertar convenientemente alguna que otra petada. De cabeza, se entiende. Los efectos gore son más que decentes, con el toque artesano de la época y buenos estallidos de melón e hinchamiento de venas, sobre todo en su último cuarto de película, durante la típica pelea final. Lo malo es que hasta ese último cuarto es fácil dormirse, porque el ritmo es lento de cojones, pero entre el final, las rayantes alucinaciones muy a lo Cronenberg (o incluso a lo Clive Barker) y que, sin ser ninguna maravilla, tampoco chirría demasiado, en conjunto es una película tolerable y muestra inequívoca del fantástico barato de hace 15 años.

Terror en la red (John Pieplow, 1998)

Dentro de la morralla que suelo tragarme habitualmente del Canal Buzz o del Canal Extreme (dos cadenas con tanta caspa que ni la fábrica de H&S podría arreglar lo suyo), esta película se erige como una de las más correctas, entretenidas y "serias" que he visto. Tengamos en cuenta que he empezado ya afirmando sin tapujos que solo emiten morralla, así que esto simplemente deja a esta película en un estado de morralla de algo más de calidad. Morralla digerible, de la que no duele al tragar.
Rodada en 1998, trata sobre un asesino serial que camela a sus víctimas por los entonces incipientes chats de Internet, haciéndose pasar por anfitrión de una gran fiesta y usando el nick de Capitán Howdy. Yo, como soy muy friki, sé que el Capitán Howdy era el nombre que empleaba el espíritu con el que Reagan contactaba en la tabla de ouija en "El exorcista", y esa referencia freakcinéfila no casual bastó para despertar mi atención. Así de facilón soy, fíjate. No obstante, luego la peli tiene un par de puntos que también me mantuvieron interesado, sobre todo la presencia del asesino interpretado por el metalero Dee Snider, lleno de tattoos falsos y de anillas por todo el cuerpo (algo que me recordó mucho al protagonista de "La celda", que también buscaba el placer por medio del dolor propio y ajeno). La escena en la que el pueblo intenta ahorcar al asesino supuestamente rehabilitado en una especie de linchamiento a lo Freddy Krueger me pareció todavía más freakcinéfila (de nuevo uso la palabra por segunda vez) al encontrarse el propio Freddy (Robert Englund) entre los cabecillas de la horda de linchadores. Pero a partir de ahí, la peli deriva al típico final de estas producciones de serie B tirando a C, y el interés se desinfla. Aún así, con dos o tres buenos puntos, el poso que deja esta peliculilla del montón es bastante menos amargo que el de otras de su calaña. Entendiendo por calaña el abyecto canal que las emite, claro.

Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994)

Esta es la historia del tonto más famoso del cine. Un tonto cuyo destino está ligado con una importante compañía de mariscos, con la archiconocida cara sonriente amarilla Smiley, con innumerables famosos de los años 60 y 70, y hasta con la fundación de la todopoderosa Apple. Un tonto de aúpa, vamos. Y si en el cine los tontos tienen un nombre definitorio, ese es Forrest Gump.
De la mano de la interpretación de Tom Hanks en un papel creado para el Oscar y de la correcta dirección de Zemeckis, recorremos junto a Forrest una travesía encantadora por la Norteamérica de los años 60-70-80 hasta nuestros días, viviendo todo tipo de eventos que marcaron esas décadas. Forrest aparece metido en todos los fregados, tiene parientes en todos los sectores (las secuencias de sus antepasados del Ku Klux Klan son impagables), y se convierte a lo largo del metraje en un personaje que permanece perenne durante la historia reciente de los Estados Unidos sin haber sido consciente de ello. Del mismo modo que no fue consciente de convertirse en una estrella del tenis de mesa o en un nuevo mesías durante su trayecto corriendo que duró años y le dejó un look a lo "Náufrago".
Pero para Forrest, la única constante de su vida es Jenny. Su amiga de la infancia, a la que quiso desde siempre sin siquiera comprender muy bien lo que era el amor, pero por la que siempre estuvo ahí. Una joven que se fue echando a perder en una época de amor libre y drogas a tutiplén, pero que tuvo en Forrest su única y verdadera historia de amor, nada empalagosa ni ñoña, y absolutamente deliciosa de ver, y con un final en el que lo bonito prima sobre lo dramático.
Todo esto, acompañado de una banda sonora maravillosa, de secundarios de altura que incluso superan a Hanks (cuya interpretación en esta cinta, pese a ser muy buena, me parece que está muy sobrevalorada) y de un ritmo que combina humor, drama y un paseo por la historia, hacen de "Forrest Gump" un clásico moderno de los que siempre apetece revisitar. Y lo mejor, sin duda, la escena de la pluma que abre y cierra la película. Cine sin palabras en estado puro.

Machete (Robert Rodríguez y Ethan Maniquis, 2010)

Cuando yo quedo con mis colegas, vemos una película. Cuando Robert Rodríguez queda con los suyos, la hace. Pero claro, mis colegas no son Danny Trejo, Robert De Niro, Steven Seagal, Jeff Fahey, Cheech Marin, Don Johnson, Jessica Alba, Michelle Rodríguez o Lindsay Lohan (ya me gustaría que fueran estas tres últimas).
Presentada como un tráiler falso junto a "Grindhouse", la historia de este mexicano en busca de venganza se ha convertido en película a petición popular, y le ha brindado al impertérrito Danny Trejo, el secundario que más veces ha muerto en la historia del cine (y el que más pinta de violador tiene) su primer papel protagonista. Un papel casi sin diálogo, porque no creo que sepa hablar muy bien (solo hay que verlo manejar el ordenador portátil como un cromañón), y su expresividad es solo equiparable a la de algunos grandes de la interpretación como José Coronado o Chuck Norris.
Pero dejémonos de gilipolleces. "Machete" es lo que es, y dentro de lo que es, te lo pasas de vicio. Rodríguez dirige con su estilo una película que es serie B burlona pura y dura, con gore de altísimo nivel, excesos, gamberrismo extremo y una chulería que ya le gustaría a Black Dinamite. Machete es el tío más feo del mundo, pero se zumba a Michelle Rodríguez (que en esta peli NO PUEDE ESTAR MÁS BUENA INCLUSO CON UN PARCHE EN EL OJO), a Lindsay Lohan y a la MILF de su madre en un trío, y se queda al final con Jessica Alba. Todo esto mientras que corta brazos, cabezas, atraviesa cuerpos, vuela en moto y se tira en rappel por una ventana con los intestinos de un tío como cuerda. Un auténtico festival de burrada tras burrada que sí, es absurdo, pero como es justamente lo que pretende, pues mola un huevo.
Mención especial para el humor del guión, su crítica nada disimulada al racismo y a las barreras fronterizas y al sistema político. El personaje de De Niro, un senador racista cuya política es descojonante (el momento en que vemos la animación por ordenador de su valla electrificada anti-inmigrantes lo pusimos dos veces), es buenísimo. Igual que los pequeños detalles que hacen de Rodríguez un director con algo especial, como la botella de tequila en forma de pistola o el circuito de cámaras del cura en forma de cruz. En fin, todo un espectáculo sin pretensiones, diversión y acción ceporra a mansalva, y posible inicio de trilogía. ¡Machete will kill again!

Recuérdame (Allen Coulter, 2010)

Cuánto daño pueden hacer los prejuicios. Y eso que me encanta tenerlos, pero a veces es necesario abrir la mente para poder disfrutar de una película que resulta bastante mejor de lo que esperas.
No quiero explayarme en comparaciones odiosas sobre el papel de Robert Pattinson en la saga "Crepúsculo" con respecto a este. Simplemente baste decir que Edward Cullen puede llegar a hacer mucho daño profesionalmente a este chaval, porque en esta película demuestra tener más registro que el de vampiro moñón carapalo. Eso sí, la pinta de no ducharse la tiene igual.
Tampoco quiero hablar del argumento, típica historia de amor (aunque no demasiado empalagosa) enmarcada en el conflicto familiar que el protagonista (Pattinson) tiene con su padre (Pierce Brosnan, al que detesto, pero que se me hizo soportable) y la tragedia de la muerte de su hermano, que se suicidó. Todo discurre por la línea marcada del género, aunque insisto, sin caer en el exceso y haciéndose agradable.
Pero vamos a donde quiero llegar. ¿No dicen que el postre es la parte más importante de una comida? Pues de igual modo, el final de una película es la última sensación que te transmite. Lo último que vas a ver de ella. Hay películas que mantienen un nivel que no necesita de un final impactante para que la recuerdes. Otras cuyo final logra hundirlas. Y otras cuyo final hace que sientas que ha merecido la pena verla. Puede que, dentro de un tiempo, no recuerdes todos los detalles de la trama, pero sí la forma en que terminó. Y esta cinta es un ejemplo de este último grupo, del de películas cuyo final logra convertirlas en buen cine. O, al menos, en cine con algo interesante que decir y con algo para dejar huella en ti.
No me gustaría desvelar el final, pero sí que puedo decir que, pese a su dramatismo, está rodado con sorprendente elegancia, sin buscar la lágrima fácil, y con sutileza. Cuando la profesora escribe la fecha en la pizarra sentimos una punzada. Muchos ya sabrán qué día es y qué va a ocurrir, y nuestra mente empezará a adelantar los acontecimientos que sabemos van a ocurrir. Después, llega la confirmación con ese magnífico zoom inverso que abre el plano desde la cara de Pattinson hasta el lugar en el que se encuentra. Y todo queda claro. Sentimos que ha merecido la pena. Que no es solo una historia de amor, sino una historia de vida, de una de tantas vidas (y de sus vidas adyacentes) que se vieron truncadas un día muy concreto. Y solo por ese giro, "Recuérdame" logra hacer honor a su nombre y convertirse en una cinta que sí recordaré.

Temblores (Ron Underwood, 1990)

Los ochenta y los noventa dejaron algunas de las más míticas películas de terror de serie B, muchas de las cuales son ya cintas de culto. Esta, que es una de ellas, trata sobre un pequeño pueblo en medio del desierto que, de pronto, se ve atacado por una especie de gusanos gigantescos que viven bajo tierra y se comen todo lo que pillan. Se establece así una batalla por la supervivencia por parte de un variopinto grupo de pueblerinos encabezados por los personajes de Kevin Bacon y Fred Ward (sí, Remo Williams), dos braceros que viven juntos y montan a caballo y visten de vaqueros y, sin embargo, no se petan el Ohio como los de “Brokeback Mountain”. Los papeles de ambos son el punto gracioso de la película, que arranca como cualquier road movie cómica hasta que llegamos a la escena del borracho deshidratado en un poste eléctrico, momento en que la trama empieza a girar hacia el terror, convirtiéndose en una monster movie de sabor clásico pero sabiendo combinar acción, humor, y momentos de tensión. Esto puede parecer fácil, pero no lo es. Por eso “Temblores” tiene ese algo especial que solo tienen esas películas a las que hemos llegado a llamar de culto.
El diseño de los bichos no sorprenderá a nadie, aunque están hechos con mañana artesana (¡bendita época en la que el CGI no existía!). Me gusta también el nada disimulado tufillo a “Tiburón” en el desierto que tiene toda la cinta, y digo nada disimulado porque hasta el cartel es idéntico al del film de Spielberg, pero cambiando escualo por gusano y mar por tierra. Encontramos también momentos desternillantes, como el del búnker donde el matrimonio se parapeta armado hasta las cejas, o las siempre divertidas escenas entre Bacon y Ward. En fin, una de esas películas que con el tiempo va adquiriendo más encanto, despojándose de complejos y haciéndose agradable de revisitar de tanto en tanto, siempre que, eso sí, hagamos como que todas sus secuelas no han existido jamás.

Salvage (Lawrence Gough, 2009)

Esta película británica plantea una situación similar a la de The Crazies, con diferencias, claro, pero la idea de base viene a ser la misma. Se trata de un pueblo que, de pronto, se ve puesto en cuarentena por el ejército, y atacados por algo desconocido, algo que, tras un accidente, escapa de una caja en la que estaba siendo transportado para su destrucción. De trasfondo tenemos la historia de un par de personajes (típica historia madre-hija enfrentadas), y el aliciente del desconocimiento de lo que en realidad está pasando. Aunque empieza demasiado despacio para durar solo ochenta minutitos, el ritmo va in crescendo y alcanza un nivel adecuado sobre todo en el último tercio, cuando ya somos conscientes de qué va el asunto (gracias, cómo no, a un militar que actúa de característico personaje-informador) y de lo que es lo que se ha escapado de la caja. Los actores desconocidos y correctos y un adecuado tratamiento de la acción, logran crear cierta tensión en los minutos finales. Sin olvidarnos del final dramático muy a lo La noche de los muertos vivientes, que critica el secretismo del gobierno con sus "asuntillos" y deja una sensación agradable de cine sin final feliz. No hay nada realmente destacable en esta producción, pero tampoco nada que sea susceptible de ser duramente criticado. Todo es lo bastante correcto como para pasar su escaso metraje entretenidos, e inmediatamente después borrarla del disco duro de nuestro ordenador y de nuestro cerebro.

El baile de los muertos (Tobe Hooper, 2005)

Otro de los episodio-películas de la serie Masters of Horror, serie que, salvo muy pocas excepciones, no merece el nombre que lleva. Este es un ejemplo de los malos, de los muy malos. Y jode, porque con Tobe Hooper dirigiendo (este señor realizó La matanza de Texas y traumatizó a una generación acuñando prácticamente el género slasher-survival) y una historia original de Richard Matheson (autor prolífico en materia zombi), uno se espera que el producto sea, cuanto menos, resultón. Y no lo es, es muuuuuuy aburrido, lento, extraño y soso. Apenas se salva el papel de Robert Englund, que es desagradable y bizarro a lo "Rocky Horror" (y porque es y siempre será Freddy y su mera presencia en pantalla es historia del cine de terror), y si acaso la atmósfera post-apocalíptica que se pretende transmitir, que no está mal conseguida del todo. Pretende imitar un poco a "Blade Runner", salvando el enorme abismo que separa aquella obra maestra de este ñordo de consumo y olvido, pero ya me entendéis. Se retrata una sociedad decadente, que malvive de forma sórdida tras una guerra química que ha diezmado la población y hecho retroceder años a la civilización. El pasatiempo favorito de los depravados es el Baile de los Muertos, que no es sino un espectáculo de cadáveres reanimados a los que se les hace bailar en un club. Pero ojo, parece mucho más interesante de lo que en realidad es, porque salvo los últimos 10 minutillos, el resto del metraje es la relación entre la chica buena de grandes ojazos y el malote de turno, pequeñas explicaciones de lo que ha pasado, y cuatro gotas contadas de sangre. Resumiendo, uno de los peores y más decepcionantes cortes de Masters of Horror.

Manolete (Menno Meyjes, 2007)

Me sorprendía que esta película no encontrara distribuidora, y que llevara rodada desde 2007 y aún no hubiera (ni haya) visto la luz en España. Me sorprendía hasta que la he visto, claro, porque esto, sufridos lectores míos que soportáis mis críticas a películas sobre monstruos de corcho, mutantes animados con Windows Movie Maker o zombis cutresalchicheros, esto es el PEDAZO DE BASURA ABYECTA MÁS VOMITIVA QUE HE VISTO EN MI PUÑETERA VIDA. Ahora lo que no entiendo no es que la película no encontrara distribuidora, sino que no la quemaran directamente en la sala de montaje. Dios, qué petardo, que grano de pus, qué porquería.
La verdad es que no conocía la vida de Manolete, y me importaba un pimiento, pero como a mi mujer le encanta Adrian Brody y yo suelo obligarla a tragarse películas que seguramente ninguna otra persona en su sano juicio vería conmigo, pues accedí, bueno yo, a ver este casposo biopic sobre un torero que me la suda. A los 15 minutos, me estaba tirando de los pelos. La dirección (por llamar de algún modo a eso que hace el subnormal que está detrás de la cámara) es penosa, y si ya de por sí es mala, se acaba de cagar con el montaje, que no deja de saltar de adelante a atrás constantemente, haciendo que te pierdas y no sepas si estás en el día de la muerte de Manolete, cuando conoció a su amante, o cuando tomó la comunión. Llega un momento en que te da lo mismo, pero al principio intenté seguir el tempo, y desistí. Es imposible. Además, como el mierdirector no tiene ningún tipo de recurso cinematográfico, repite como 50 millones de veces EL MISMO PLANO DE LA CINTURA DE MANOLETE, MARCANDO PAQUETORRO Y HACIENDO UN PASE CON EL CAPOTE. Igual que Homer gastaba la cortinilla de estrellas en el vídeo para ligar de Flanders. Al final, cada vez que salía el puto capote, me partía el pecho de risa.
Adrian Brody está correcto, aunque el pobre se hace cansino de ver en una peli como esta, pero como para mí siempre será El Pianista, pues le perdono este horrible desliz más aún que el de Predators. Penélope Cruz está... está... bueno, solo diré que esta chica no tendría que llevarse Oscars, sino hostias. Horrible, sobreactuada, sosa... Lo peor. El único actor que está bien es Santiago Segura, que hace de mozo de espadas de Manolete y tiene un papel chulo que le aleja de Torrente y demuestra que puede hacer más cosas. Le pega setenta patadas a cualquier otro del reparto.
Y además, el clímax final: media hora, MEDIA HORA se tira muriéndose Manolete, y eso que la peli solo dura hora y media. Todo esto regado con la insufrible banda sonora de la españa de la pandereta, hasta que te dan ganas de entrar en la enfermería y cargártelo tú mismo para que se acabe el coñazo.
Buf, en serio, un auténtico pestiño de película. No tiene nada que envidiar a muchas de las que ya he reseñado en este blog, y eso que esto es cine "serio". Pa que luego digan, me cago en la mar...

Jennifer's Body (Karyn Kusama, 2009)

No es arte (...) pero para ser una película sobre una animadora caníbal, es mejor de lo que tendría que ser. (...) Puntuación: *** (sobre 4)" (Roger Ebert: Chicago Sun-Times).

Mira tú por dónde, por una vez estoy de acuerdo con la crítica especializada. Y es que ¿qué mejor cumplido se le puede decir a una película sobre una tía buena cachonda poseída por un demonio que que sea mejor de lo que se esperaba? Pues esa es la sensación que me ha dejado esta peli. Esperaba un auténtico pedazo de basura infecta e inmunda, pero conforme avanzaba el guión y veía algún que otro destello de chispa, me iba despojando de prejuicios y disfrutando del espectáculo sin pretensiones que es "Jennifer's Body".
Megan Fox hace de Jennifer, un putón desorejado a la que no le queda puerta por la que entrarle. Vamos, un papel difícil para ella, sin duda. Pero lo hace con gracia, y se la ve resuelta en la piel de un personaje que es un enorme estereotipo en sí mismo, y una crítica a lo superficial y lo inseguro de la típica tía buena zorrón del insti. En realidad todos los personajes son estereotipos a conciencia, pero el guión les da diálogos con mucha mordacidad e ingenio que los desencasilla y los convierte en mucho menos planos (gracias, Diablo Cody, porque anda que no se nota el toque "Juno" en el guión). Recomiendo prestar atención a los diálogos, porque sorprenden con un humor muy negro que se sale de lo normal en estas producciones, metiéndose con los adolescentes, con las bandas de rock teen del momento y con todo lo que se menea. Además, solo por la escenita lésbica de la Fox con la rubia ya merece la pena ver la película, porque, os aviso, a Megan no se le ni una teta. Demasiado tapadita sale. Eso sí, tiene una escena que me parece que es una burla nada disimulada a "Crepúsculo", y si no lo es, les ha quedado que lo parece. ¿Recordáis la escena de Bella y Edward en el bosque cuando él le confiesa lo que es? Pues aquí hay una escena también en un bosque entre Jennifer y un jugador de fútbol, en la que pasa lo que todos esperábamos que pasara en "Crepúsculo", jeje.
En fin, me lo pasé mejor de lo que suponía, y eso es un punto. Creo que solo esperaba que la peli fuera un lucimiento de Megan Fox poniendo cachondo al personal, pero ofrece, además, puntos ingeniosos, un buen ritmo que la hace divertida, sangre en su justa medida y diálogos buenos entre los personajes. No es un peliculón ni de coña, pero como dice el del Chicago Sun-Times, estamos hablando de una película sobre una animadora caníbal, así que ya está bien.

Dead Set: Muerte en directo (Yann Demange, 2008)

Si la idea de La cámara secreta era más que apetitosa para aplicarla al nauseabundo Gran Hermano real, la que plantea "Dead Set" ya me la ha puesto dura del todo. Ahora mi cerebro perturbado no deja de fantasear con una Mercedes Milá zombi a la que poder volar la cabeza impunemente, con los patanes y putones de la casa de Guadalix convertidos en carne muerta, o quizá, como aquí, ignorantes dentro de su encierro sin saber que afuera el mundo ha sido tomado por los zombis. Joder, es que la idea mola un huevo. Y encima, para mayor gustazo, la película lo plasma de una manera tremendamente buena, dura, creíble, bien construida, bien hilvanada y tan coherente que hasta te parece normal. Algo realmente insólito en una producción de zombis, pero es que la sensación de telerealidad que transmite que todo suceda durante la emisión de una gala de Gran Hermano, contribuye, y cómo, a que nos metamos en materia y que todo resulte mucho más realista.
Como en toda película de zombis, tenemos una protagonista sobre la que girará más la trama, pero también tenemos un grupo de personajes de lo más variopinto, y mucho menos estereotipados de lo que suelen estar. La historia de cada uno la vivimos por separado, algunos están dentro de la casa del programa, otros son los técnicos, realizadores o cámaras, otros son familiares o desconocidos, pero al final todos confluyen en la casa en esa noche en la que no habrá nominaciones ni expulsiones, sino canibalismo zombi, destripamientos y gore del bueno. Los zombis son simplemente magníficos. A mitad camino entre el zombi clásico de siempre y con la ferocidad y rapidez de los infectados de 28 días después. Además, la historia está tan bien contada que hasta las historias de los personajes me interesaron. Y quizá por eso el final resulta tan demoledor, y tan creíble al mismo tiempo en el contexto apocalíptico e inesperado que presenta la película. Así que os dejo mi más ferviente recomendación de que la veáis, amantes del cine de zombis. Esta es la mejor película del género que he visto en mucho tiempo, la más realista, la más cruda y entretenida. Todo un clásico instantáneo que rezuma originalidad en un género que parecía haberlo dado todo.

Enterrado (Rodrigo Cortés, 2010)

Se han vertido ya muchos comentarios sobre esta película, y es que no es cine convencional ni mucho menos. Hay que saber aunar muchas cosas para que una cinta de poco más de hora y media, que transcurre íntegramente dentro de una caja de madera, con una iluminación deficiente (no por medios técnicos sino por la limitación lumínica del propio escenario), y con un solo actor en pantalla al que jamás vemos ni siquiera ponerse en pie, se convierta en algo medianamente interesante. Y el cineasta español Rodrigo Cortés lo consigue de sobra, dejándonos el buen sabor de boca que dejan los grandes thrillers psicológicos.
El guión, tras unos títulos de crédito que, sin concesiones, nos entierran junto al protagonista, arranca con Ryan Reynolds encerrado en un ataúd de madera, con la única compañía de un zippo, un móvil, y más adelante unas cuantas bengalas luminosas, una linterna que funciona mal y una navaja. Con este pequeño puñado de ingredientes de atrezzo y el peso de la película sobre los hombros de Reynolds (para callar bocas de quien dice que este chaval no es un buen actor), Cortés construye una historia en la que todo es tensión argumental al más puro estilo Hitchcock, sin que la comparación resulte odiosa. Las conversaciones del protagonista a través del móvil nos irán dando la información justa. Nunca demasiada. Sabremos, simplemente, que es un transportista civil trabajando en Irak. Sabremos que su convoy fue atacado por insurgentes y que, probablemente ellos mismos, son los que lo han enterrado vivo para pedir un rescate a los Estados Unidos. Pero el guión irá dejando ver y entrever otras cosas que nos pondrán a prueba, que nos harán dudar de si esto es todo o de si hay más, que cuestionarán el sistema, criticarán la guerra y hasta al gobierno. Y no, no pienso contar nada más de por dónde va la trama, porque es dificilísimo hablar de una cinta como esta sin arruinarla a spoilers.
Pero es que aparte del sólido guión, de la claustrofobia espacial y argumental, y, por supuesto, de la genial actuación de un Reynolds que se sale, la película está técnicamente realizada a la perfección. El sonido nos ofrece la angustia de cada jadeo y gemido del protagonista en esa situación terrible, de cada grito, de cada giro dentro del angosto ataúd. La luz, como un personaje más, va y viene con cada llama del zippo o con cada parpadear de la linterna. Y aún así , pese a desarrollar la acción dentro de una caja (y esto es sorprendentemente bueno), Cortés logra algunos movimientos de cámara realmente asombrosos: planos de 360º, giratorios, zooms totalmente hitchcockianos a la cara y los ojos de Reynolds, o larguísimos trávelings a un ataúd que parece no tener fondo. Magistral, sinceramente. En conjunto, una idea realmente ingeniosa (poco o nada tiene que ver, por ejemplo, con aquel episodio-película de C.S.I.), fresca y bien llevada, todo un pequeño referente para el thriller moderno.
Pero, ¿y cómo acaba la cosa?, dirás. Porque, giros de guión aparte, una historia sobre un tío enterrado vivo solo puede acabar de dos maneras. Pues apuesta por la tuya. Yo aposté por la mía antes de verla... y perdí.

30 días de oscuridad 2: Tinieblas (Ben Ketai, 2010)

La adaptación cinematográfica del cómic "30 días de oscuridad" me pareció toda una sorpresita del género, un auténtico y nada pretencioso ejercicio de serie B con medios técnicos y económicos, que resultó en una película de ambiente tétrico, ritmo entretenido, sangre a raudales y unos vampiros nada crepusculianos, que cazaban y se comportaban con una crueldad y una brutalidad propia de una manada de animales salvajes.
De los protagonistas de la primera parte, esta retoma a Stella (si bien no interpretada por la misma actriz, lo cual ya es indicativo del cutrismo presupuestario de la cinta, directa a DVD), convertida 10 meses después de la masacre de Barrow en una conferenciante que intenta destapar la existencia de los vampiros. Esta premisa ya huele un poco, porque la peli recorre un sendero ya recorrido por otras pelis como Daybreakers o Blade. Además, y esto es lo puto peor, se cargan lo bueno de la primera, que eran esos vampiros asalvajaos, de aspecto guarro y sanguinolento, que parecían ser nómadas siempre en busca de pueblos que devorar enteros. Ahora la sociedad vampírica gira en torno a una reina que da las órdenes y orquesta los festines en pueblos. Un despropósito, vaya. Como Blade pero en cutre. En MÁS cutre, quiero decir.
Por lo demás, un argumento lineal y un guión sin altibajos, precedible y soso como como una dieta sin sal. Está claro quién vive y quién muere, qué va a pasar, y hasta podemos olernos el final, aunque esto no está mal del todo. Los efectos gore son decentes y los hay a montón, así que en ese aspecto estamos servidos. Pero vamos, que con lo bien que me lo pasé con 30 días de oscuridad, esta secuela me parece un auténtico intento de sacar más pasta a su costa en detrimento de la calidad. Para nada es una digna secuela, sino más bien un burdo telefilme muy, pero que muy del montón.