Centurión (Neil Marshall, 2010)

"Me llamo Quintus Dias, y este no es el principio ni el final de mi historia".

Con esta frase de considerable carga épica, y la imagen de un hombre semidesnudo corriendo por un paraje nevado, arranca una de las películas más divertidas que he visto recientemente. El protagonista bien podría haber añadido después: "En mi historia vais a ver más brazos, piernas y cabezas cortadas que en toda la filmografía de Jörg Buttgereit, así que id preparando el chubasquero porque lo vais a flipar." Y si lo hubiera dicho, no nos hubiera engañado.
Como advertencia, puristas del cine que esperen ver algo parecido a Gladiator, que se ahorren el billete. "Centurión" tiene un montón de buenos planos con una fotografía realmente bonita, pero evidentemente no es la historia legendaria de Máximo Décimo Meridio. Si el slogan de Gladiator rezaba "el general que se convirtió en esclavo. El esclavo que se convirtió en gladiador. El gladiador que desafió a un imperio", el slogan de "Centurión" podría decir algo así como "el centurión que sobrevivió de chiripa a una matanza y se pasó días corriendo para salvar su culo." Porque de eso trata esta película. Tras una escueta presentación de personajes, un destacamento del ejército romano en Bretaña es atacado y aniquilado por los Pictos, una tribu local especialmente cruenta, que está plantando cara al dominio de Roma. Solo sobrevive Quintus (Michael Fassbender, a quien recordaréis de 300 como el soldado que pronuncia la mítica frase "Pues lucharemos a la sombra"), que a partir de ahí tendrá que asumir el liderazgo de los pocos supervivientes y huir de una guerrilla de Pictos que los persigue como a codornices, liderados por la mala más mala que ha dado el cine moderno: Etain, una mujer guerrera con... digamos un poquito de resquemor hacia todo lo que huela a romano.
Como digo, nada épico, pero eso no le resta ni un ápice de fuerza a la historia. Neil Marshall se consagra para mí como un grandísimo cineasta. Después de dos joyas del terror como Dog Soldiers y The Descent, ahora cambia de registro sin perder su estilo, con esa atmósfera gris y neblinosa y litros y litros de sangre derramados en los combates más salvajes que podáis imaginar. Contad los miembros cortados, si os atrevéis. Los actores están cumplidores (dos de ellos salían también en 300, así que ya están curtidos en el género), la banda sonora es más que adecuada y la última batalla de lo que queda de la 9ª Legión parapetados contra los Pictos es apoteósica. En resumidas cuentas, creo que esta película me ha dado justo lo que esperaba, o más incluso. Para mí obtiene un merecido sobresaliente y demuestra que no hay que ser Ridley Scott ni tener a Russell Crowe para rodar una auténtica, descarnada, salvaje y divertidísima épica comercial.
Por cierto, me alegra estrenar nuevo logo para el blog con una película que me ha encantado. ¡Gracias a Daniel Goettig por el diseño!

Cabin Fever (Eli Roth, 2002)

No entiendo por qué Eli Roth está tan sobrevalorado. ¿Será porque lo tiene apadrinado Tarantino? Aquí, el director de Hostel debutaba con esta película sobre un virus asesino, que fue unánimemente aclamada en el festival de Sitges el año de su estreno, y que, incluso, hoy en día es considerada por muchos película de culto.
Creo que ya lo he comentado más veces, pero en mis tiempos las películas de culto eran mucho más buenas, o será que nosotros teníamos mucho más criterio para elegirlas. Películas de culto son La Cosa, Posesión Infernal, Hellraiser, La noche de los muertos vivientes, La matanza de Texas, Donnie Darko... Pero esto no es más que un refrito de muchas, dirigido con cierta gracia (eso lo admito) y con un grupo de actores desconocidos que no resultan demasiado irritantes. Entre ellos destaca Cerina Vincent, de quien no tenía ni idea de su existencia pero a la que le he visto, de puñetera casualidad, dos películas en dos días. En esta está infinitamente más buena que en Al acecho, aparte de que sale en pelotas y es todo un disfrute para la vista. A veces la silicona puede servir para mucho más que para pegar el mármol de la cocina...
La historia comienza como cualquier slasher: grupo de jóvenes estereotipados, cabaña aislada en bosque perdido, alcohol, drogas... En medio de todo eso, aparece un hombre enfermo por un virus tipo ébola, algo que se come la carne y te deja medio comido. Muy asqueroso, pero nada visualmente impactante en ningún momento. Eli Roth demostraba, ya en sus comienzos, la misma impresión que me ha dado en sus dos films de "Hostel": que su gore es de lo más flojo que se puede hacer, un gore absolutamente de estudio, comercial y nada desmesurado como el característico gore de autor como el alemán o el de los inicios de Peter Jackson. Pero la trama avanza con ritmo ameno y constante, salpicada de alguna escenita divertida, de muertes nada imaginativas ni brutales pero eficientes, y con un cierto regustillo aleccionador sobre lo malos y egoístas que llegamos a ser con los demás cuando nuestro pellejo también está en juego. En conclusión, una película simplemente divertida, muestra inequívoca de serie B con excesivas pretensiones, pero a la que le falta mucho, muchísimo, para merecer el estatus de culto que muchos le otorgan.

Al acecho (Steven R. Monroe, 2005)

Típica, típica, típica, como las Fallas en Valencia o los Moros y Cristianos en Alcoy. Esta es una película de molde, de las de producción en cadena, de las que no es necesario pensar para escribir su guion, sino simplemente haber visto otras como Jeepers Creepers, The Descent, o cualquier otra monster movie que suceda en un bosque o paraje aislado. Desde luego que Steven R. Monroe no es lo que se diría un constructor de atmósferas, así que se tiene que amparar en lo poco que tiene. ¿Y qué tiene? Pues una historia del montón, un monstruo del montón tirando pa abajo, y una protagonista (Cerina Vincent, una ex Miss Las Vegas) con las tetas más grandes que vuestra cabeza. Y me da igual el tamaño de vuestra cabeza, seguro que Cerina tiene las castañas más grandes.
Con estos elementos, añadimos el típico condimento dramático (la prota está traumatizada por un accidente en el que murió no sé quién, ni me importa un pijo), y el prota masculino para tener la típica escenita de sexo y la recurrente muerte después... y ya está, ya no hay más película. Algún secundario muerto, fotografía cutre de un bosque que me recuerda sospechosamente al mismo de otra película de Monroe de las que podemos catalogar como basura infecta, duelo final estúpido entre la tetuda jamona y el monstruo de goma, etc., etc. Y final feliz, claro, que se ve que le molan al director como para dar esperanza. Cuando la mejor esperanza que podría darnos a todos sería dejar de hacer cine.
Pero no puedo terminar la crítica sin hablar del auténtico protagonista: el loro de la chavala. Un loro que es brújula, alarma, guía... Vamos, que Rambo perdido en el bosque con ese loro sería el puto rey. No os lo perdáis, si es que tenéis narices a ver esta película tan gris y hueca que ya ni me acuerdo de cómo se llama.

Hostel 2 (Eli Roth, 2007)

Me habíais recomendado no verla, pero lo hice. Y aunque, en efecto, es peor que la primera por la pérdida del factor sorpresa y de la atmósfera intensa, al menos lo sustituye con dos cosas: más ritmo y mucha, mucha más sangre. La película ya no es angustiosa en un sentido sutil, sino que nos salpica a la cara con escenas explícitas de las buenas. Pocas, eso sí, pero buenas.
En cuanto a la historia, es exactamente la repetición de la primera, pero si antes eran tres amigos, ahora son tres amigas. Por cierto, la película arranca de una forma que siempre he odiado, que es cargándose al único personaje superviviente de la primera parte. ¿No os jode eso? ¿Que después de que un personaje sobreviva a la historia tras pasarlas putas, llegue la secuela y se lo carguen en los primeros 5 minutos? A mí me da por saco. Pero bueno, dejando eso a un lado, conocemos el viaje de las tres amigas, que conocen a una rusa (que está riquísima, por cierto) que las embauca como a incautas para ir a un "balneario" en Eslovaquia. Las jóvenes acaban en el hostal de marras, y etcétera, etcétera. Ya sabemos el resto.
Puntos originales: se nos describe muy bien cómo funciona el negocio "Hostel" desde que se recibe una presa potencial, se subasta y es comprada, y quiénes son sus jefes. También me gusta mucho la pareja de empresarios que co-protagonizan como los "malos" (interpretados, casualmente, por dos actores que coincidirían después en Mujeres Desesperadas). El giro final de que el aparentemente más cabrón va a tener un ataque de escrúpulos y de que el remilgado va a ser el más sádico, está claro desde que los vemos. Pero bueno. Aún así, cuando la última sufrida superviviente compra su libertad y llega la escena más guapa de la película, todo se perdona. Salvo en Holocausto Caníbal, nunca había visto cortar un nabo de forma tan explícita. Duele y todo. Pero es que, como decía al principio, esta secuela es mucho más gráfica (otro ejemplo es la escena del baño de sangre a lo condesa Bathory), aunque sin llegar ni de lejos al nivel de otras producciones que han pasado más desapercibidas. Sinceramente, en ese sentido el gore de Eli Roth me parece muy light como para tener el reconocimiento que tiene.
Pero bueno, la película está simplemente correcta. Teniendo la primera como precedente, esta va un poco más al grano, y se regodea algo más con lo que interesa. Si te gustó la primera, con esta tampoco te lo pasarás mal.

Prince of Persia: Las arenas del tiempo (Mike Newell, 2010)

Creo que con los años ya no me gusta tanto el cine de aventuras, y menos aún el que paga Jerry Bruckheimer. Me parece que mi subconsciente sigue relacionando aventuras con Indiana Jones, y después de la grotesca patada en los huevos que recibió con la última secuela en la que salía un gilipollas haciendo de Tarzán de los monos, pues como que se me fue a tomar por saco el gusto por el género.
En cualquier caso, tenía ganas de ver esta película sobre un videojuego mítico de mi generación, y quería comprobar por mí mismo si también habían orinado sobre otro mito de mi infancia. No ha sido así, respiremos tranquilos. "Prince of Persia: Las arenas del tiempo", es una digna adaptación de la historia de Dastan (Jake Gyllenhaal con dos o tres ciclos), un huérfano de las calles de Persia que acaba acogido por el rey y convertido en príncipe junto a sus dos hermanos. Aquí la trama central de la película gira en torno a las arenas del tiempo, una fuerza sobrenatural que puede retroceder en la historia gracias a una daga mística, artilugio que el malo de turno (Ben Kingsley... sin palabras) querrá utilizar para convertirse en rey desde la infancia, cambiando el curso de la historia. Pero para eso estará el saltimbanqui de Dastan, el primer practicante de parkour de la historia, para impedirlo. Y, de paso, como mandan los cánones de la aventura, se ligará a la princesa más guapa que podamos imaginarnos y se convertirá en todo un héroe.
En fin, no cabe duda que a Bruckheimer se le da muy bien convertir todas sus películas en taquillazos seguros. Son cine casi para toda la familia, contienen acción trepidante no violenta, un humor para todos los públicos y lo último en ruidosos, vistosos y carísimos efectos especiales. Pero detrás de todo esto, encontramos las carencias argumentales de siempre, una historia típica a más no poder y una sensación de enorme vacuidad. A ver, no es por ponerse en plan Pumares con este tipo de cine; es divertido, tiene ritmo, visualmente mola, pero es que es así. No tiene nada más que lo que vemos. No cala. Es un espectáculo de consumo, de pagar e irse, pero no la película que comentas durante tiempo con los amigos.
Destacaré que hay muchos movimientos del prota que están cogidos del juego, como las escaladas por las paredes, las piruetas y los saltos por los tejados, lo cual al menos demuestra que han respetado algo del videojuego. Pero también es verdad que dura casi dos horazas, y que podrían haberse ventilado 20 minutitos tranquilamente. Pero bueno, no me cebo más con ella. Está correcta, es divertidilla, una mezcla entre "El rey escorpión" y "La momia" tamizada con el pasapurés adinerador de Bruckheimer. Algo indigesto para estómagos que busquen en el cine algo más que un sitio donde comer palomitas tamaño gigante, pero bueno... de cuando en cuando también hay que desconectar.

Un ciudadano ejemplar (F. Gary Gray, 2009)

Quizá era el tipo de historia que necesitaba ver, quizá me ha entrado en el momento apropiado, o quizá es que, simplemente, es un peliculón. Pero sea por lo que sea, he disfrutado muchísimo con el visionado de esta historia sobre un hombre que se venga de todo el sistema judicial americano en una planeadísima venganza que le lleva 10 años montar, pero que hay que ver cómo la monta, el jodío. Encontramos a Gerard Butler en un papel estupendo, con un registro dual que es difícil de explicar. Interpreta a un padre que ve a su mujer e hija ser asesinadas y violadas por dos hombres (especialmente por uno de ellos), y asiste después a cómo el sistema permite que el más malvado de ellos logre un pacto con la fiscalía para culpar al otro y salir de rositas con solo 5 años de condena. 10 años después, comienza la fiesta. Y menuda fiesta, amigos. Butler se sale con su particular venganza contra el violador y asesino de su familia (¡ese, ese el final que yo hubiera escogido para el cabronazo de La última casa a la izquierda!), pero a partir de ahí vemos que sus actos comienzan a dejar de estar tan justificados. ¿O sí lo están? Es muy difícil decirlo cuando vemos morir a inocentes, aunque la inocencia es un concepto muy relativo, y más aún cuando la aplicamos en estos complejos temas judiciales en los que casi todo está corrompido. Lo que está claro es que Butler, desde prisión (alucinante), no deja títere con cabeza y demuestra que un asesino confeso puede mearse en el sistema, conseguir que le sirvan una cena, que le lleven un colchón de lujo o hacer lo que le dé la gana siempre que tenga algo con lo que negociar con la "justicia".
Así discurre la historia, con un ritmo implacable y una trama que a mí me pareció excelente, salvo por los últimos 15 minutos. No diré que ese último cuarto de hora fastidie toda la película, pero el plan de Butler llega a parecer demasiado perfecto, sus acciones cruzan la línea de lo que es ser un justiciero y lo que es ser un terrorista, y la escena final entre Butler y Foxx no es el desenlace que más me hubiera gustado. Aún así, quedé completamente satisfecho con el resultado general de esta peli, que aunque pegue un abrupto frenazo al final, nos lleva a una velocidad extenuante durante casi todo el trayecto.

Hostel (Eli Roth, 2006)

Hace unos pocos años, Tarantino apadrinó esta cinta de terror, que fue hábilmente publicitada con su nombre y con coletillas tipo "lo más extremo en terror", "nunca has visto nada igual", y demás etcéteras, catapultando a Eli Roth a una fama no muy merecida. Quizá como ya estoy de vuelta de todo en el terreno del terror y el gore, en su momento no me pareció gran cosa, incluso decepcionante en un aspecto puramente visual (las hay MUCHO más sangrientas, explícitas y de mal rollo), pero ahora le he dado una nueva oportunidad y oye, me lo he pasado bien.
A ver, quizá el error fue vendernos "Hostel" como una película gore, o como una película de terror siquiera. En realidad "Hostel" plasma de forma muy clara y acertada una historia que, de ser real (y en este retorcido mundo todo es posible), es aterradora. La idea es que existe una red, una auténtica mafia a nivel europeo, que "envía" a jóvenes turistas mochileros a países del este donde son seducidos por sus bellas mujeres, drogados y capturados para convertirse en objetos de tortura y asesinato. Todo esto orquestado por una organización que presta sus servicios a ricachones que pagan fortunas por la experiencia extrema de matar a un ser humano atado a una silla en una habitación sin ventanas, y con todo tipo de artilugios de tortura a su disposición. Coincidiréis conmigo en que la idea es muy, muy cabrona, y muy, muy posible, ¿no? Además, todos los recovecos de esa red, desde el gancho en Amsterdam hasta las putillas en Ucrania, están estupendamente recreados, y los tres jóvenes protagonistas son cumplidores en sus papeles. Las torturas se me antojaron decepcionantes y siguen pareciéndomelo, porque apenas vemos nada, aunque la atmósfera inquietante y malsana sí que está muy conseguida, pero echo en falta más casquería. Y por casquería no entiendo que a una china le salga un chorro de mostaza del ojo. Eso es cutrismo, no casquería. Pero pese a sus carencias, el ritmo de la película y su historia están bien llevados, la historia de los tres amigos que caen en el peor sitio posible en su búsqueda de chochitos es tan creíble que te quita las ganas de visitar el este de Europa, y aunque Tarantino nos la metió doblada exagerando las cualidades acojonantes de este film (el subgénero del torture porn ha dejado otras mucho más duras), hay que reconocer que no es una mala película. Como anécdota, hay una frase en la película que me encanta por su sadismo. Cuando el último de los tres chavales llega al edificio en cuestión, se encuentra con un hombre japonés al que le pregunta qué tal está eso (creyendo que es un museo), y el hombre le responde en un tono que acojona: "ten cuidado, podrías gastar todo tu dinero ahí dentro". Pues ese hombre japonés no es otro que Takashi Miike, quizá el director más salvaje del torture porn que existe, y fetiche de Tarantino.

Al límite (Martin Campbell, 2010)

Uno de los dinosaurios del cine, Mel Gibson, demuestra en esta historia sobre trapos sucios del gobierno, asesinatos y venganzas, que todavía le queda fuelle. Alejado de su habitual imagen de héroe de acción, el tipo de policía que nos brindó Gibson en la saga "Arma Letal" deja paso aquí a un policía cerca de la edad de jubilación, mucho menos físico y mas investigador, y que tendrá que emplear todos sus años de experiencia para resolver el misterio más difícil y duro de su carrera: quién asesinó a su hija y por qué. La odisea de Tom Craven se narra con un pulso firme como el de un corredor de maratón, y con un ritmo también maratoniano, lento y constante pero sin pausa. No obstante, y esto es un grandísimo mérito del director, hay un par de momentos en la historia en la que el propio ritmo de la investigación hace que el ritmo de la película, al ser tan lineal, puede parecer un poco pesado, pero Campbell se las arregla para hacernos saltar del sofá con unas escenas inesperadas y que nos despertemos, como esos carteles que dicen "SEXO" y son solo para llamar la atención. Además, el argumento se puede seguir a la perfección pese a lo complejo y enmarañado de la trama, gracias a sólidas secuencias de diálogos entre los personajes que van desentrañando el misterio. Un misterio que resulta escalofriante, y -puede que esto sea lo peor- totalmente posible en realidad. Mención especial para el veterano Ray Winston en su papel de hombre al que llamar cuando hay un asunto a resolver, y sobre todo por el final de su historia, que plasma cuán desencantado puede quedar un hombre con el sistema cuando su vida se ha limitado a limpiar el desastre que otros dejan. Igual que el propio final de la película, sereno, apropiado, triste y esperanzador al mismo tiempo. No hay héroes en esta historia, solo personas e intereses. Concluyendo, una nueva lección de cine de Martin Campbell, con un tratamiento muy diferente al de su "Casino Royale" pero igualmente poderoso, un guión magnífico y con Mel Gibson en un excelente registro.

A propósito de Henry (Mike Nichols, 1991)

Harrison Ford es uno de esos actores a los que la industria cinematográfica jamás ha premiado con un Óscar. Pero ni falta que le ha hecho, porque también es, al mismo tiempo, uno de los actores más constantes, y constructor de personajes míticos del cine en sagas que todos conocemos. Pocos pueden presumir de haber trabajado en "La Guerra de las Galaxias" e "Indiana Jones", así que, en ocasiones, un Óscar no es más que un pedazo de metal y no un reconocimiento a una trayectoria.
Pero de todos modos, en esta película nos encontramos el papel más oscarizable de toda la carrera de Ford, aunque tampoco le hiciera merecedor ni siquiera de una nominación. Interpreta a Henry, un ambicioso y adinerado abogado que recibe un disparo en la cabeza y despierta con la memoria completamente perdida, con todo lo aprendido olvidado y con la mente prácticamente vacía, como un niño que debe volver a aprenderlo todo. Con su mujer y su hija como profesoras (sin olvidarnos de su enfermero, un gran secundario de la historia), Henry irá descubriendo de nuevo su vida, sus amigos, sus secretos y su trabajo, y lo que descubrirá no le gustará ni un pelo. Así, el nuevo Henry renacido después del disparo en la cabeza será mucho mejor persona que el Henry que lo recibió, un hombre que desatendía a su familia, que solo vivía por su empleo aun a costa de desempeñarlo con dudosa moralidad, y capaz de mantener un matrimonio en el que ninguno de los dos era feliz. Pero en esta ocasión veremos que el destino puede ser cruel y dulce al mismo tiempo, porque de una desgracia como la de recibir un tiro en la cabeza, surgirá una nueva oportunidad de hacer las cosas mejor, de ser felices y de cambiar. No es una mala lección la que deja esta película.
Con una dirección correcta que busca y consigue el tono melodramático, destacan las interpretaciones de Ford y de Annette Bening como su esposa. Hay momentos cómicos y otros de lágrima fácil (siempre bien respaldados por una bonita banda sonora de Hans Zimmer), porque si algo puede reprochársele a esta cinta es ser excesivamente ñoña y efectista. Pero con todo y con eso, a mí me parece una película realmente bonita, con un mensaje esperanzador sobre las segundas oportunidades y sobre que no es feliz el que más tiene sino el que valora lo que tiene, y con un estupendo Ford en uno de los mejores papeles de su vasta carrera.

Maniac Cop (William Lustig, 1988)

Todo un cutreclásico de la serie B ochentera a más no poder, con todos los elementos que hicieron popular al género. Se trata de un slasher en toda regla, con un tufillo nada disimulado a "Viernes 13" o "Halloween" (asesino sobrenatural de turno), música estereotipada para las escenas de tensión, y una historia de trasfondo que sirve como mero pretexto para la matanza. Lo curioso es encontrar alguna que otra cara conocida en esta subproducción, sobre todo la de Bruce Campbell, mítico entre los míticos, que coprotagonizó esta cinta unos añitos después de darse a conocer con "Posesión Infernal" y su pseudosecuela, pero antes de alcanzar el estatus de PUTO AMO Y DIOS ENTRE LOS DIOSES al que llegaría con "El ejército de las tinieblas" y con su larguísima trayectoria como rey indiscutible de la serie B, de la lucha contra demonios y monstruos de gomaespuma, brujas cachondas y maldiciones desternillantes. Y sí, sé que soy partidista, pero Bruce es Bruce, y en mi blog no hay cabida para las malas críticas contra su persona.
Pero bueno, regreso a la película que si me pongo a hablar del TODOPODEROSO CAMPBELL me salen pétalos de rosa de la boca. Aunque poco más se puede decir de la cinta, bien pensado. El tiempo le ha pasado la factura típica de casi todas las producciones ochenteras, y no aporta nada novedoso al slasher. El body count del asesino (un policía cabrón y desfigurado) no es desmesurado, pero algunas muertes no son malas. El final, por supuesto, es fiel al género: pensamos que el malo ha muerto, pero en el último plano la música va subiendo, la cámara se desplaza al agua y... ¡CHAAAAAN! Aparece una mano putrefacta que augura una secuela que se haría tan solo un par de años después. Por cierto, un aspecto realmente criticable de la película es la fotografía tan oscura que tiene. Si pensáis que el cartel se ve mal, es porque no habéis visto la película, que parece iluminada con velas. Pero en fin, la serie B es lo que tiene: que es B. Pero bien que nos gusta, oye.

Sombra en la carretera (Víctor Salva, 1995)

Con el mucho más acertado título original de "The nature of the beast", esta película casi desconocida para todos salvo para los cazadores de mierda del canal Buzz, llegó a comercializarse por estos lares con el título de "Sombra en la carretera" e incluso "Malas compañías". Como curiosidad, esta fue la primera película que Víctor Salva dirigió después de su paso por el talego por abusar de un menor (y su estancia en la cárcel parece que le influenció a la hora de crear al personaje de Eric Roberts), y como otra curiosidad, Salva también es el director y escritor de "Jeepers Creepers", película con la que, estéticamente, esta guarda ciertas similitudes bastante notables. Por ejemplo, largos recorridos en coche con conversaciones entre los dos únicos protagonistas del film, atravesando desiertos parajes por los que circulan prácticamente solos. Una road movie en toda regla, solo que mientras "Jeepers Creepers" daba un giro hacia lo sobrenatural, aquí la trama es mucho más mundana y no por ello menos interesante.
La historia gira en torno a dos hombres que se encuentran por azar, y que esconden sendos secretos. De trasfondo tenemos el robo de un millón de dólares y un asesino en serie, algo que estará directamente relacionado con los protagonistas pero que no sabremos cómo hasta el final. Los dos personajes están sólidamente construidos por sus dos intérpretes: Eric Roberts, el hermanísimo de la repelente novia de América, y Lance Henriksen (con una curiosa barriga de somalí que no suele lucir), que aparece aquí en uno de sus mejores papeles. Aunque, bueno, puede que esta opinión venga influenciada porque lo último que le he visto ha sido Arañas Asesinas y claro, saldría beneficiado aunque esto fuera un anuncio de compresas. En cualquier caso ambos están estupendos. Su duelo interpretativo está por encima de otros aspectos técnicos de la película, y sus diálogos, geniales, así como lo opuesto de sus personalidades, me recordaron todo el tiempo a "El club de la lucha" y la relación entre los personajes de Brad Pitt y Edward Norton. El personaje de Roberts deja frases antológicas como "yo he dormido en sitios en los que tú ni cagarías", o respuestas como "caí en el abismo porque es donde mejor se está". Muy talegueras, muy acordes con el personaje... y con la experiencia carcelaria de Salva.
Mención especial para el giro final, con ciertas influencias de "El corazón delator" de Poe, y con un desenlace muy curioso y apropiado. Quizá un poco obvio, o quizá es que he visto ya muchos parecidos, pero en cualquier caso es un buen remate. Así que, en definitiva, es una película atractiva y nada pretenciosa que gusta más de lo que se puede esperar por lo poco conocida que es.

La última casa a la izquierda (Dennis Iliadis, 2009)

Esta es una película de las que no se olvidan con facilidad: "La última casa a la izquierda", remake de una película homónima de Wes Craven.
Si habéis leído la sinopsis, no spoileo nada: trata sobre una familia que sufre la violación de su hija por un grupo de criminales fugados que luego acaban en su casa, y cuando descubren el pastel, el padre y la madre empiezan a vengarse de ellos.
Bueno, sin duda es la película con la que más he empatizado en años. La escena de la violación de la chavalita es terrible, angustiosa, se te encoge el corazón de verla hasta el punto de que estuve a punto de quitarla. La violación de Monica Bellucci en "Irreversible" se me antoja ahora una adorable escena de Disney en comparación con el mal rollo que me ha dado esta. Sin mostrar nada explícito, es una representación horriblemente fiel de un sufrimiento atroz, y da un mal cuerpo increíble. Pero, y ahí quiero llegar, si soportas el mal rollo y no quitas la película en ese momento (cosa difícil, lo admito), a partir de ahí estás COMPLETAMENTE metido en la historia, y solo deseas que esos hijos de puta reciban su merecido de la forma más horrible. Y esa forma llega, y la disfrutas MUCHO. Todo lo que sucede me parece totalmente justificado, incluso se me antoja poco para lo que yo habría hecho en la misma situación.
En fin, esta no es una cinta que pueda recomendar en el sentido estricto de la palabra, porque podéis pasarlo muy mal de una forma muy realista. De hecho, si tuviera una hija adolescente, ahora mismo saldría a comprar unas cadenas y un candado para encerrarla en su habitación y que nunca pudiera pasarle algo así. Pero cinematográficamente la peli está muy bien rodada (solo así se consigue semejante empatía con los personajes), la tensión la sientes a tope, la historia atrapa por lo dura que es y tiene un pulso narrativo firmísimo. Si una película tiene que hacerte sentir algo, esta lo consigue, aunque sea algo tan angustioso y agradablemente violento después, un torbellino de angustia y un subidón de catarsis vengativa. Así que supongo que la película, conmigo, ha conseguido su objetivo. No se me olvidará.

La noche de los muertos vivientes (Tom Savini, 1990)

Hablar de zombis es hablar de George A. Romero. Pero tampoco podemos olvidarnos de Tom Savini, un auténtico pionero de los efectos especiales artesanos, de los trucos de casquería, del maquillaje y de la pirotecnia sangrienta que tiene en su currículum cientos de películas como responsable de los FX, algunas de las cuales son de las más míticas de los ochenta-noventa. Savini firma como director esta revisión del clásico de Romero "La noche de los muertos vivientes", una revisión que, por una vez, se mantiene a la altura de la original. Está claro que la antigua, rodada en blanco y negro, siempre quedará para la posteridad como la madre del cine de zombis, pero el remake de Savini es más violento, más entretenido, goza de un estupendo maquillaje que él mismo diseñó, y del beneficio de estar rodada en color y con más medios. Siguiendo paso a paso las huellas de la primera, la cinta cuenta la misma historia con muy pocos cambios y muestra zombies más sangrientos, asquerosos y que reciben disparos, golpes, fuego, atropellos... Vale, en muchos momentos se nota que las armas blancas son de goma o que los zombis son muñecos, pero es parte del encanto de la serie B, y esta película no se esconde, sino que se enorgullece, de ser la revisión del clásico de serie B por antonomasia. Además, la construcción de los tres personajes principales es muy correcta, tanto Barbara (mucho más heroica en esta versión que en la original, seguramente influenciada por la Ripley de "Alien, el octavo pasajero"), como Ben (Tony Todd, que después se haría famoso como "Candyman"), como el odioso Cooper. La moralina de la cinta es que la condición humana, el egoísmo y la maldad es peor incluso que los cadáveres reanimados, que a fin de cuentas solo quieren comerse nuestros dulces, dulces cerebros, pero sin acritud, de buen rollito. Me encanta el final de la película, auténtico broche de oro para un guión que ha creado escuela en el subgénero. Y no, no voy a entrar a hablar de lo mucho que ha ido degenerando Romero, y menos aún de lo mucho más que ha degenerado Savini. Hoy estoy contento y "La noche de los muertos vivientes" es una pequeña obra maestra del terror contemporáneo, y el que hoy en día sus creadores hayan cruzado la línea de lo ridículo es harina de otro costal.

La máquina del tiempo (Simon Wells, 2002)

Esta "revisión" del clásico "El tiempo en sus manos" logra que, pese a tener 50 años a cuestas, la original siga pareciéndome muy superior en todos los aspectos, incluso, y esto es muy penoso, en el apartado visual. Me acuerdo de lo curioso y original de aquella sociedad futura de Elois y Morlocks, una especie de hippies pasotas unos y monstruos los otros. Pero lo que nos muestra esta nueva adaptación, con muchos más medios y dinero de por medio, no tiene ni el más mínimo encanto. No hay épica en sus imágenes, ni planos memorables salvo una secuencia en la que toda la Tierra cambia alrededor del protagonista, ni siquiera una correcta dirección de la acción, que resulta entretenida, sí, pero atropellada. Los FX tampoco pasan de ser del montón, con un aspecto rarísimo para los Morlocks y decorados que parecen prestados por el concurso aquel en el que un grupo de chavales se metían en un castillo medieval. Pero sin duda lo peor no es el diseño de producción, ni la puesta en escena, ni Guy Pierce -actor normalmente correcto que en esta peli está totalmente anodino-, ni siquiera los efectos mediocres. Lo peor es que un actor como Jeremy Irons accediera ($$$$) a hacer el RIDÍCULO MÁS ESPANTOSO como jefe de los Morlocks, aunque aquí no se les llame así. ¿A quién se le ocurrió ese maquillaje, que parece un disfraz de carnaval de "Entrevista con el Vampiro"? Es el peor maquillaje "serio" que he visto, rivalizando incluso con alguno de cine de serie B. Para eso podrían haberle puesto una careta de goma a lo "Los hijos de los muertos vivientes" y, al menos, nos hubiéramos reído. Porque hay momentos en la pelea contra Pierce en los que a Irons se le ven hasta las arrugas en los guantes blancos de las manos. En fin, de pena. Una lástima que tengas la oportunidad de revitalizar un clásico, mejorarlo técnicamente, y el resultado sea aún más tercermundista, descaradamente comercial pero sin gancho, y con momentos de auténtica vergüenza. Y lo peor es que el director es bisnieto de H. G. Wells, que debe de estar rabiando en su tumba. En fin, lo dicho, otro remake completamente innecesario que me hace recordar aún con más encanto la versión de los años 60.

Piñata Survival Island (David y Scott Hillenbrand, 2002)

Piñata
Survival
Island
Yo, que he visto infracine de todo tipo, estoy impresionado. No todos los días encuentra uno una película en la que el monstruo asesino no es un sádico trastornado, ni un cabronazo resucitado que vuelve de la muerte a por quienes le putearon, sino que es… es… es una jodida piñata. Una piñata de color mojón, creada por ordenador por alguien que quería ser despedido, o encarcelado, porque hacer esto debería ser delito. En fin, estoy… estoy… atónito. No sé qué decir. ¿Que esto es lo peor que he visto? ¿Que los efectos son malos, blablaba? No se han inventado palabras para que pueda expresar lo que me ha producido ver esta película. No se han descrito sentimientos para que pueda compartir con vosotros la sensación de encontrarme a un montón de secundarios patanes televisivos de series teen como “Buffy, Cazavampiros” o “Sabrina, la bruja adolescente”, junto con un puñado de estereotipos más (negro, china, rubia maciza que, por cierto, es la de "Me llamo Earl"…) reunidos en esta… en esta… Dios, es que ni siquiera me atrevo a llamarla película. Una vez más, el Diccionario se me antoja inútil. No puedo seguir. No sé transmitir lo que quiero expresaros. Ahora mismo me siento un psicópata, sin capacidad de sentir nada. Esta… cosa que acabo de ver me ha despojado de mi humanidad, mi inteligencia y mi juicio. Ahora en mi cabeza solo hay una imagen. Una imagen que jamás se ira. La imagen de una piñata-demonio-asesina.
Esta imagen:

Holocausto Caníbal (Ruggero Deodato, 1980)

Muchos pensarán que el marketing viral nació con “El proyecto de la bruja de Blair”, que vendió la película como las grabaciones reales de lo sucedido en los bosques de Maryland con aquellos tres chavales. Pero cuando esos tres jóvenes cineastas aún jugaban a las chapas y cambiaban cromos, a Ruggero Deodato ya se le había ocurrido lo mismo, solo que no contaba con la poderosísima herramienta de difusión de bulos que es Internet. Pero igualmente contó con el boca a oreja, y en 1980, hace ya 30 añazos, su “Holocausto Caníbal” se convirtió en la película más polémica, censurada y controvertida de la década. Y si me apuras, incluso de los noventa. Publicitada como grabaciones reales encontradas en la selva del Amazonas, la cinta muestra la historia de tres reporteros que van a grabar un documental sobre una tribu indígena y desaparecen. Las supuestas cintas encontradas revelarán que los tres reporteros eran unos auténticos depravados que vejaban, violaban y asesinaban a los nativos y a la fauna autóctona (impresionante la escena de la pobre tortuga, lo único real de la película y ya se lo podrían haber hecho ellos a su puta madre y no a una indefensa tortuga). Pero al final los tres salvajes, como colofón a la denuncia social de la película sobre lo incivilizado de la civilización, reciben su merecido en una escena final de auténtica bacanal gore, en la que les cortan el pene, los decapitan, descuartizan, violan, sacan la caja torácica… Vamos, una salvajada tras otra. La música, además (muy porn style) te logra poner nervioso, igual que la sensación de falsa realidad que transmite la cámara en mano. La portada de la película, que me compré en su día en VHS y que llevaba una pegatina negra en la que se leía “CENSURADO” tapándola, es un fotograma de su secuencia más mítica, la de la grabación de la mujer falsamente empalada. En conclusión, una película de bajísima calidad técnica y argumental, que pretende parecer real aunque, vista hoy en día con los ojos de la experiencia, salta a la vista que es una dramatización. Pero, eso sí, “Holocausto Caníbal” fue una pionera, tanto de la publicidad viral como de un extraño tipo de cine que ahora vive su boom, y mostró imágenes perturbadoras, de suma violencia y mal gusto que se convirtieron en un icono de la serie B casi de inmediato. Todos los chavales de mi edad buscamos esta película para verla con los amigos hace años, y nos tragamos las historias que se contaban sobre ella. Hoy en día, sabiendo la verdad, sigue siendo una de las piezas clave del gore por muchas razones, y entre ellas por su polémica originalidad.

The Intruder (Thanadol Nualsuth y Thammanoon Sakulbunthanom, 2010)

Cobras demoníacas hechas por ordenador, un argumento pseudo-profundo y con intenciones ecologistas, y un montón de orientales sobreactuados se dan cita en esta producción tailandesa de ¿terror? ¿Monstruos? Yo qué sé. Al menos “Serpientes en el avión” no engañaba a nadie, pero aquí el título da pie a pensar que la cosa va a ir por otros derroteros, y no es así. Esto es una vulgar monster movie de serie B hecha en Tailandia, un país donde el cine siempre pretende peligrosos matices filosofadores. Sí, sí, incluso en una película sobre cobras-fantasma. Tailandia es así. Incluso en “Ong Bak” o “Thai Dragon”, películas estrictamente de hostias como panes, siempre intenta dejarse una moralina e insertar con calzador escenas dramáticas que, para qué vamos a engañarnos, no es lo que se busca cuando vas a ver una película de Muay Thai o, como en este caso, de serpientes asesinas en busca de una venganza mística.
Haciendo honor a la verdad, la película no tiene un ritmo demasiado lento, y lo aburrido de la narrativa tailandesa se ve compensado con una interesante tendencia a mostrar muchas vísceras, ojos arrancados por los ofidios, serpientes metiéndose bajo la carne de los chinos y saliéndoles después, bocados que ni los leones, etc. Sangre hay a cubos, desde luego, lo que al menos da vidilla a la película. Tampoco está mal la puesta en escena, toda contenida en un edificio (eje de la historia, porque se supone que se alza sobre un cementerio de cobras), lo cual propicia un entorno opresivo del que no se puede escapar. Pero los dos puntos más malos son su exagerada duración, casi 110 minutos para una cinta que se podía haber ventilado en 80, y su final, que realmente no lleva a ninguna parte. Así que, si quieres ver serpientes comiendo peñita, tan solo tienes que introducir “serpientes” en el buscador de este blog, y este sufrido redactor te podrá “recomendar” bastantes más dignas de pasar el rato. Bajo tu responsabilidad, eso sí.

Noche Sangrienta: la Leyenda de Mary Hatchet (Frank Sabatella, 2009)

Repasemos los ingredientes de un slasher en toda regla y vayamos punteándolos en esta película:

-Un asesino chalado, vivo y en activo o regresado de entre los muertos: lo tenemos.
-Adolescentes idiotas, salidos y de fiesta: los tenemos.
-Muertes variopintas y sangrientas: las tenemos.
-Tetas y sangre, sangre y tetas, sexo y tetas, etc., etc.: sí, también las tenemos. A saco.
-Personajes arquetípicos, a saber: el putón, la modosita, el gracioso, el/la negr@, el friki, el virgen...: todos los tenemos. TODOS.
-Personaje explicación: lo tenemos. Aquí es un sepulturero.
-Giro final obvio pero correcto: lo tenemos.

Y poco más necesitamos. Si se mezcla con una dirección potable, una panda de actores menos penosos de lo que suelen ser en estas producciones de segunda, buenísimos efectos gore y un ritmo entretenido para un guión medio decente (pese a sus tópicos), pues ya tenemos el rato echado. Si acaso podría criticar que, tras un arranque muy prometedor, luego hay unos 40 minutos (que es muchísimo tiempo para una película que dura horita y media) en los que solo hay fiesta, sexo y chorradas de los protagonistas, hasta el punto que te preguntas si es otra película. Pero cuando empiezas a plantearte apagar el DVD, ¡zasca!, a un tío le arrancan media cabeza con unas tijeras mientras está echando un polvo. Y a partir de ahí comienza el festival que ya no se detiene hasta la última muerte. Por cierto, me ha hecho gracia que la locura de la protagonista (Mary, en referencia a la típica leyenda de Bloody Mary) se asocie a un trastorno mental relacionado con la menstruación (WTF??). Si ya nos lo decía el profesor de "South Park": no hay que fiarse de nada que sangra durante 5 días y no se muere.

El milagro de P. Tinto (Javier Fesser, 1998)

"Ofrece una sana y limpia carcajada inteligente." (M. Torreiro: Diario El País)
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"Surrealismo posmoderno, con un guión acertado y una dirección de detalles, pero con algo de frialdad en el conjunto." (Omar Khan: Diario El País)
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"Una de las comedias más tronchantes, imprevisibles e idiosincráticas de los últimos años, y el punto de encuentro de un reparto tan arriesgado como tocado de gracia. Imprescindible." (Jordi Costa: Fotogramas)
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"Surrealismo imbécil, un gordo idiota, asqueroso y peludo, humor absurdo que solo deben entender los Fesser, chorradas a lo Mortadelo y Filemón pero sin gracia, personajes irritantes, viajes en el tiempo en un mini tuneado y un extraterrestre que parece el hermano pequeño de John Cobra. Vaya puta mierda de película." (Javier Olivares: Ultimátum al cine)

MORALEJA DESPUÉS DE VER LA PELÍCULA: Me cago en la crítica especializada que mantiene el culo del cine español limpio como una patena a base de lamérselo.

La fosa común (Ralph S. Singleton, 1989)

Recuerdo con cariño esta película basada en un relato corto de Stephen King, el más prolífico escritor de novelas de terror, aunque sus adaptaciones han salido con resultados de lo más dispares, geniales unas, del montón otras y totalmente prescindibles y mierdosas otras. Pero "La fosa común" es una muestra inequívoca de cine ochentero tardío, de serie B con los medios escasos y de película que debió rodarse en un par de semanitas. Teniendo como base la historia incluida en el libro de relatos de King "El umbral de la noche", el desconocido Ralph S. Singleton (hoy en día productor) rodó esta, su primera y única película como director.
Sin andarnos con rodeos, en la primera escena ya se nos presenta el percal, y lo más importante, se establece el escenario principal de la acción: una asquerosa, sucia, infecta y nauseabunda fábrica de algodón que da más grima que el bigote de tu prima, e infestada de ratas gordas como mi bulldog inglés. En serio, os lo juro, esta película tiene el dudoso honor de presentar las ratas más gordas que he visto. Ratas de verdad, se entiende, no infoanimaciones penosas como las de "Rats". Pronto empezamos a conocer a los personajes, entre los cuales podremos reconocer, si tenemos el ojo habituado al cine de terror, a caras conocidas como la de Andrew Divoff (el Wishmaster) o Brad Dourif (la voz de Chucky) en un papel grimoso de exterminador que le va al pelo. El resto del elenco son carnaza para el monstruo, una especie de murciélago-rata entrañablemente mal hecho y que solo vemos al final de la peli. La cinta deja, además, frases para el recuerdo, como una que ahora está grabada a fuego en mi cerebro. La chica de la peli, fea como una nevera por detrás, le dice a otra (refiriéndose al prota): "no me importaría que dejara sus botas bajo mi cama". Joder, ya no se dicen cosas así. Esa capacidad de seducción solo se tenía en lo ochenta. Gracias a Dios.
Pero bueno, una cinta muy recomendable para los amantes de la serie B. Es entretenida, asquerosilla, bien ambientada, y con un bicho mutante tan cutre como apropiado. Si ya lo decía Ash: compre inteligente, compre cine de los ochenta. O algo así.

El último exorcismo (Daniel Stamm, 2010)

Siempre defenderé a capa y espada la controvertida "El proyecto de la bruja de Blair", para mí todo un punto de inflexión en el cine de terror por muchos motivos, y poseedora del mejor y más aterrador final que he tenido el "placer" de ver y sentir en un cine.
Pero coño, tampoco hace falta fotocopiarla de forma tan descarada.
Vamos por partes. Yo ya suponía que poco o nada de original iba a tener esta peli, que solo en el póster y en el tráiler ya te da a entender que va a ser una especie de "El exorcismo de Emily Rose" rodada cámara en mano al estilo Blair (Tony no, la bruja). Además, con la reciente explosión de títulos en este formato handycam que se ha vuelto tan recurrente (como "Cloverfield", las "[REC]", "Paranormal Activity" y "Paranormal Entity", etc.), el efecto realista del falso documental cámara en mano ha perdido mucha de su fuerza. Personalmente, en esta película, la calidad de imagen me irrita. Una cosa es que se quiera rodar cámara en mano con cámaras no profesionales, vale. Pero no le dejes la cámara a un epiléptico con Parkinson montado en una plataforma vibratoria. Vamos, que no se ve un pijo, la cámara se desenfoca constantemente, en las escenas "interesantes" se emborrona aún más, y todo esto hace que tengas que esforzarte constantemente en adivinar lo que deberías ver. Eso no es sugerir, eso es joder al espectador, y así lo que consigues es encabronar al respetable y que no entendamos nada. Aún me pregunto qué pasa al final, quién es esa gente, qué ocurre en el altar. Porque no lo vi. No se veía NADA.
Pero en fin, todo esto hubiera sido permisible de haber sido una buena película, de haber tenido un finalón escalofriante, pero ni por esas. Discurre sin ritmo, parece un documental de "Callejeros", y el final copia totalmente al de "El proyecto de la bruja de Blair". Os invito a compararlo para que veáis que no exagero. Y el resto de la cinta es sosa, no ocurre casi nada y lo poco que ocurre es plagiado a la de Emily Rose o no se ve por la mierda de cámara. En resumen, que tenía moderadas expectativas con esta cinta y me he encontrado con que cualquier mockbuster de "The Assylum" es mejor y tiene más calidad técnica. Una pena, otra oportunidad perdida.

La cámara secreta (Marc Evans, 2002)

"La cámara secreta", traducción española de "My litte eye" (Mi ojete, en el lenguaje de Cervantes, tócate las narices con el título, jeje) lleva al extremo una idea que hace tiempo que me ronda por la cabeza: ejecutar uno por uno a todos los concursantos y concursantas de la casa del Gran Hermano, esa fábrica de grandes contertulios televisivos que nos brinda cada año Telecinco, la mejor y más educativa cadena actual, presentado por esa grande del periodismo, genial comunicadora y oradora de exquisita educación que es Mercedes Milá.



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Perdón, es que llevo diez minutos descojonándome de la sarta de mentiras que acabo de soltar en el párrafo anterior. Ay, ya, ya he dejado de llorar.
Bueno, a lo que iba. Pues eso, imaginad un Gran Hermano en el que los idiotas participantes son carnaza para una web snuff en la que irán siendo ejecutados después de ser engañados para concursar con un falso premio de 1.000.000 de dólares. Realmente durante toda la película no pasa nada, se juega con la atmósfera, la incertidumbre y el aislamiento, aunque está bien captada la sensación de que todo es una trampa. Sensación que nosotros percibimos como espectadores pero que, por lo visto, los supuestos concursantes son demasiado gilipollas para notar. Porque todo huele mal desde el principio pero nadie parece darse cuenta. No obstante, el ritmillo es correcto, los actores desconocidos (aunque hace un pequeño papel testimonial Bradley Cooper) están bien para ser una producción barata, y el guión tiene su punto. Podríamos decir que es una mezcla de "Cube" y "9 extraños", original en su planteamiento y en su desarrollo, interesante desde el punto de vista cinematográfico por su enrevesado juego de cámaras (que no pretenden sino dar la sensación de estar asistiendo a un auténtico reality), y efectiva, aunque no sorprendente, en su desenlace. Me gusta el punto criticón que se percibe, con esa carga nada disimulada ante el gusto de la gente por hurgar en vidas ajenas con los programas de este estilo, aquí llevado hasta un punto que sí que me haría interesarme por el programa. En fin, una cinta correcta y para pasar el rato. Ahora esperemos cualquiera de las próximas entregas: "Granjero busca la muerte", "Mira quién muere", "Supermurientes", o "Generación Ni-Ni Zombi". Tiempo al tiempo...

Next Door (Pål Sletaune, 2005)

No cabe duda de que esta no será película digerible por todos los estómagos, pero se trata de una sorpresita del género que nos llega de tierras noruegas. Sexualidad erótica y salvaje a partes iguales, atmósfera malsana de confusión, inquietud, locura y soledad, escenas sadomaso... Juntando todo esto en un metraje cortito y rápido (que, por otra parte, si hubiera sido más largo hubiera podido estirar en demasía una historia que no da para más), con una puesta en escena laberíntica para representar la locura del protagonista y su extraño subconsciente con todas sus perturbaciones amorosas y sexuales, tenemos lista esta cinta que trata sobre el desamor, la angustia de las relaciones terminadas y, sobre todo, sobre una mente perturbada. Tratar la locura cinematográficamente es jodido, porque ¿cómo representarla? Pues esta producción consigue que, casi desde el principio, sepamos de qué va la cosa. Las dos "hermanas" vecinas, tan cachondas ellas como imposibles de existir, descolocan desde que aparecen. Igual que su apartamento que parece tener más habitaciones que el castillo de Drácula, laberintos, pasillos interminables y puertas que comunican el piso con el del vecino. Pronto comprendemos que todo no es más que una representación, y a mitad película ya tenemos claro qué es lo que ha pasado, información que se va aclarando con los flashbacks del protagonista. Pero el hecho de saber o intuir lo que ha pasado no es impedimento para que la historia discurra muy bien, de forma muy clara pese a lo complejo de lo que se quiere contar, y con el trágico y evidente final queda muy bien retratado el perfil del protagonista y perfectamente rematada la historia. Quedarán en tu memoria algunas escenas, sobre todo las de la hermana más guarrona contando sus batallitas sexuales y, cómo no, la escena del sexo a hostias. Pero aunque lo parezca, nada es gratuito. Solo hay que seguir las pistas y recorrer el pasillo junto al protagonista, porque aunque no nos guste a dónde lleva, el resultado cinematográfico es bastante redondo.

El padrastro (Nelson McCormick, 2009)

Dejando de lado los tópicos (que los tiene todos), las obviedades, las chorradas como que nadie sea capaz de llamar a la policía pese a olerse el percal, ni de mosquearse porque el tipo tenga el sótano lleno de armarios con candado, e incluso pasando por alto que el prota sea capaz de prometerse con una viuda-divorciada con hijos cada vez que va a la compra, esta película tiene un nosequequequeseyó. Supongo que mi subconsciente reconoce que está claramente rodada según los patrones del cine ochentero, siguiendo un esquema clarísimo en el que no falta ni un solo cliché. Y probablemente en esa falta de complejos, en ese saberse cutre en sí misma, está la gracia de esta producción que, de otro modo, no se distinguiría casi en nada de cualquier telefilme de domingo por la tarde.
La historia, bien sencillita, va sobre un peculiar y paciente asesino que se liga a mujeres viudas o separadas y se promete con ellas, se mete en sus casas, se convierte en el novio ideal y luego se carga a toda la familia. Pero con su última conquista algo le sale rana: el avispado hijo mayor de su nueva mujer mueble (por cierto, menuda representación que se da aquí de las separadas, auténticas chochonas que se enamoran hasta las trancas de cualquier gañán con un poco de palique), que empieza a sospechar de él. A partir de ahí se desarrolla la trama, se va descubriendo el pastel, empiezan las investigaciones, engaños, etc., hasta llegar al final también típico y abierto para una secuela.
Dos apuntes: uno, hay un plano al final, en el que el padrastro cae en una bañera arrancando la cortina, que es un PUTO PLAGIO de "Amanecer de los muertos", fotograma a fotograma. La cámara se sitúa encima igual, cambia en el mismo momento, lo de la cortina... todo idéntico hasta lo indignante. Aunque bueno, también lo plagiaron en "El Orfanato", ahora que recuerdo. Y dos: lo mejor de la película no es su ritmillo y que sea entretenida: lo mejor de la película es la rubita Amber Heard, una niña que no puede estar más rica. Ya prometía en "Seducción Mortal", pero aquí está que se sale y, claro está, se pasea toda la película en ropa interior y bikini, para lucirse. Y bien que hace, porque cómo está.
En definitiva, una peliculilla del montón pero resultona, en la que lo que destaca, por encima de todo, es la rubita cañón que ahora no quiere salir de mi cabeza.

Seven (David Fincher, 1995)

Si me preguntas cuál es para mí el mejor thriller de la historia, mi respuesta sería un número: "Seven". David Fincher dirige a un cuarteto protagonista totalmente antológico, capitaneado por un inmenso Morgan Freeman y por un no menos genial Brad Pitt en aquella época en la que se desprendió de su imagen de ídolo de quinceañeras y empezó a convertirse en el gran actor que es hoy en día. Completa como toque femenino la dulce y comedida Gwyneth Paltrow, y dando la sorpresa en los últimos 30 minutos de película descubriremos a Kevin Spacey interpretando a John Doe, a Juan Nadie en castellano, probablemente el asesino más inolvidable de la historia del cine. Inolvidable porque lo que su personaje logra, lo que el guión le tiene reservado para el último acto de película, es tremendo. El final de "Seven" creó escuela, o quizá soy yo, que ahora siempre que veo un giro final de este estilo en cualquier película no puedo evitar la comparación con "Seven"; comparación que, encima, suele perjudicar a la otra película.
La historia de Mills y Somerset, perseguidores de un asesino que está ejecutando siete crímenes sirviéndose de los pecados capitales, se desarrolla en una sórdida ciudad sin nombre, lluviosa, triste y decadente. La ambientación es perfecta, Fincher sabe crear una atmósfera que te introduce totalmente en la película. Resulta muy sencillo, además, empatizar con los protagonistas y sus vidas, magníficamente construidos, escritos e interpretados. La banda sonora, sutil y tensa, acompaña los momentos y se te mete en el oído sin que te des cuenta. Y los asesinatos son inolvidables, grotescos, violentos, salvajes. Mejor dicho, el resultado de los mismos, porque solo vemos sus consecuencias y no la realización de los mismos. Vista ahora, supongo que "Seven" también sería una inspiración para "Saw" en el sentido de que el asesino "obliga" a sus víctimas a auto-asesinarse en una especie de juegos macabros.
Pero sin duda, el final es lo que te deja con la boca abierta y el corazón encogido. Los últimos 5 minutos en ese campo de torres eléctricas, con Doe de rodillas, con la llegada del paquete misterioso, la frase de Somerset (¡California, oigas lo que oigas no intervengas! ¡John Doe tiene el control!) y el trágico y lógico acto de Mills que convierte a Doe en el genio absoluto del crimen. Un gran final amargo como la propia película, pero completamente honesto con lo que quiere transmitir. En definitiva, una cinta imprescindible que nadie que se considere cinéfilo debería perderse.

El guerrero nº 13 (John McTiernan, 1999)

Me estoy dando cuenta que odio a demasiados actores. Si el retrasado capullo de "Transformers" es el que se lleva la palma en mi odiómetro, tampoco se le queda muy atrás Pierce Brosnan o el prota de esta peli que ahora me ocupa: Antoñito Banderas. Otro claro ejemplo de que Hollywood se nutre de estereotipos y de que este patán malagueño (dicho lo de malagueño con mera connotación informativa y no peyorativa, que tengo buenos amigos en Málaga) tuvo la chamba de estar en el lugar adecuado en el momento exacto en el que algún productor quería fichar a un latino. Porque es malo como comer clavos.
Pero en fin, salvando mi odio por este anti-actor español, su papel en "El guerrero nº 13" puede que sea de los más dignos de su carrera. Limitadísimo por su aspecto, Banderas siempre tendrá que hacer de latino o, en su defecto, también puede pasar por moro. Aunque su caracterización en esta peli más bien parece de escuadra mora de Alcoi. La historia dicen que está basada en un libro de Michael Crichton (Parque Jurásico) que he tenido la suerte de leer y puedo aseguraros que el guión viola a la novela sin piedad y sin vaselina. John McTiernan dirige con poco énfasis, no se nos brinda ni siquiera una fotografía bonita y mira que tenían paisajes como para hacerlos, porque una peli de vikingos siempre es como para lucirse. La banda sonora es menos épica que una pandereta, y la acción está rodada de forma confusa y atropellada, para que apenas veamos nada. Pero algo tiene de bueno, y es un extraño sentido del ritmo, mezclado con algunos puntos interesantes -mola mucho cuando Banderas aprende el idioma de los vikingos en un ratito y a base de escucharlos- y con lo divertido de esas relaciones tan típicas del cine entre el grupo de salvajes-militares-policías con el foráneo-novato-recién llegado, amén del interés que despierta la ambientación en tiempos y tierras vikingas. Una fórmula clásica que sirve, con ciertos toques de acción, para sostener la película y convertirla en un producto de fast food, de consumo rápido, de ver y olvidar. Créeme, no la recordarás ni como un peliculón ni como un mojón, es tan normal que, la próxima vez que te la encuentres en TV, ni recordarás si la has visto o no.

Nómadas (John McTiernan, 1986)

El director posterior de peliculazas como "Depredador", "La jungla de cristal"... y ya está, debutaba en los ochenta, su década, con esta desconocida y garrula película que es muestra inequívoca de cine ochentero de bajo presupuesto y cutrismo audiovisual. Con Pierce Brosnan como protagonista (actor a quien odio casi tanto como a Shia Putamierduf), el argumento gira en torno a una especie de tribu de aburridísimos espíritus malignos llamados nómadas, que, a decir verdad, no sé qué narices hacen porque me dormí a mitad película y la vi dando cabezadas de lo lenta que era. Pero tuve un sueño muy chulo en el que me tocaba la lotería, así que algo es algo.
En fin, va a ser una crítica corta porque como os digo dormí la peli más de lo que la vi, pero recuerdo que era aburrida, que la batería ochentera no dejaba de sonar en las escenas de "acción" (Brosnan en flashbacks, porque está muerto desde el principio de la película, perseguido por punkis poseídos por nómadas) y que no pasaba nada. Típica y mediocre cinta que, al menos, le abrió la puerta de Hollywood a McTiernan y le permitió que rodara el par de pelis que comentaba al principio. Así que ya sabéis, si queréis ver su debut, ved "Los nómadas"... y luego me la contáis, que a mí me cansa. Qué peñazo, por Dios.

La cosecha (Stephen Hopkins, 2007)

Un buen ritmo, una buena actriz principal (la inconstante y guapa Hilary Swank, capaz de lo mejor -como "Million Dollar Baby"-, de lo mediocre -como "El núcleo", aunque a mí me encanta esa peli- y de lo puñetero peor -como "El nuevo Karate Kid") y una historia con trasfondo bíblico son las mejores bazas con las que juega esta producción de serie B con ínfulas de A. La historia gira en torno a un pueblo en el que parecen estar produciéndose fenómenos similares a las plagas descritas en la Biblia, y para allá que se irá la Swank, una especie de misionera sin fe, para desmontarlas. Pero como si no hubiera algo raro no tendríamos película, se empezará a descubrir un pastel que engloba sectas, al demonio, una niña malrollera de esas que acostumbra a ofrecer el género, y sus buenas dosis de efectos especiales y sobresaltos. Una completísima colección de tópicos se pasean por cada minuto del metraje, metraje correcto y bien llevado, por otra parte. El guión, tramposo en su parte final (tratando de despistar con el cambio de registro de la niña repelente a niña buena), discurre por una línea totalmente recta, clarísima y totalmente obvia, como si fuera un manual de cómo hacer una película de este estilo. Pero como buen producto de manual, como si de un mueble de IKEA se tratara, el resultado nunca se nos antoja maravilloso ni espectacular, pero sí que cumple su cometido y queda moderadamente resultón, sin aspavientos. Al terminar la película tendremos la sensación de no haber perdido el tiempo ni de haberlo invertido bien tampoco; nos parecerá una película amena pero que podría haber sido mejor. Claro ejemplo es que creo que ya la he visto dos veces y apenas la recordaba, de lo fungible que es. En definitiva, la sensación de ver "La cosecha" es satisfactoria en el mismo sentido en el que Denzel Washington usaba esta palabra refiriéndose, en "Philadelphia", a un bocadillo de mortadela. Habremos saciado nuestro hambre de cine de "terror", sí; pero nuestro estómago aún podría dar cuenta de un plato más bueno.

El secreto de Vera Drake (Mike Leigh, 2004)

Sin demasiado interés me fui enganchando a esta película que ayer pasaban en la 2, y que hubiera permanecido desconocida para mí de no ser por la casualidad. Para mi sorpresa, me atrapó la historia de Vera Drake, esa buena mujer que realiza abortos clandestinos sin cobrar ni un duro, con toda su buena fe de estar ayudando a las mujeres que no pueden o desean mantener a un hijo llegado en un momento inoportuno. Me atrapó la humildad de esa familia londinense que, sin tener demasiado, son felices. Y sobre todo atrapa el personaje de Vera, interpretado a la perfección por esa actriz para mí desconocida llamada Imelda Staunton, que convierte a Vera en mucho más que un rostro ajado de ojos tristes y labios temblorosos; lo convierte en un personaje con el que te encariñas, pese a lo controvertido de su "hobby", pese al dilema moral que la película presenta a través de las acciones de esta entrañable señora que cree estar haciendo lo correcto. No entraré a juzgar qué es lo correcto en este espinoso tema del aborto, ni creo que la película, sumamente elegante en su tratamiento, lo pretenda tampoco. La idea queda en el aire, cada uno extrae sus propias conclusiones de si Vera es una criminal o una samaritana, de si el aborto está justificado siempre o nunca o a veces, o para todos o solo para algunos. Lo que sí se te queda es una sensación contradictoria en el cuerpo cuando Vera da con sus huesos en prisión, y con ese último plano de la familia reunida a la mesa esperando a que pasen los dos largos años de condena. Legalmente hablando lo merecía, pero... ¿moralmente también?
Terminar solo con dos apuntes; uno, lo bien que está el "enemigo" de Vera, ese inspector cortés y obeso que no cesa hasta detenerla, siempre con suma educación pero con firme convicción de que la ley es la ley; y dos, lo mucho que me ha gustado el papel del yerno de Vera en la película, un actor desconocido, de fealdad directamente proporcional al tamaño de su corazón. Sus apariciones dejan siempre un poso de bondad que solo personajes como ese pueden dejar. En definitiva, una gran película, lenta de ritmo, con buena ambientación y personajes que calan como la lluvia. Una historia para pensar y disfrutar de grandes trabajos actorales.

Miedos 3D (Joe Dante, 2009)

Lo primero que me mosqueó fue el inocente tono con el que empieza la película, con la llegada de la familia a la casa nueva, la relación entre los dos hermanos y la amistad-romance tan teen que mantiene el mayor con la vecinita rica de enfrente. Eso de que durante la primera media hora todo sea tan bucólicamente nauseabundo, no encaja con lo que esperas de una peli que se llama "Miedos". Pero después encuentran el agujero (idea nada original, por otra parte) y transcurren 10-15 minutitos interesantes cuando se descubre que no tiene fondo, con una mínima tensión cuando imaginas lo que puede salir de ahí dentro. Lo malo es que después te das cuenta que todo está prefabricado, que todo es muy para todos los públicos, y que esto parece una producción tipo "Scooby Doo" o "Mr. Boogedy", en la que no habrá sangre, ni muertes, ni miedo. Porque un muñeco de payaso, una niña que se mueve como un mascachapas a las 5 de la mañana, o un padre violento, no son MIEDOS. No en el sentido en el que uno puede esperar pasar miedo en un cine.
Así que, con el agujero abierto (qué mal suena eso), la película se torna una basurilla para toda la familia, con todos y cada uno de los clichés más ñoños que podamos concebir, sustos a base de golpes de música y apariciones de gente por un lado de la pantalla (¡¡¡que eso no da miedo, señores, dejen de emplearlo!!!) y demás tonterías. Y así prosigue la cosa, ya con todo mi interés perdido, hasta llegar al final, tan típico como el resto del guión, tan en la línea de ese fantástico-sobrenatural que Spielberg y Dante han avalado durante años, pero aquí reducido a un espectáculo en pos del 3D y de que los papis puedan ir a cine con sus hijos y dejar más dinero en la taquilla. En resumen, que tengo claro que el Joe Dante que nos acojonó con "Piraña" y "Aullidos" murió para dejar paso a otro que filmó un cine fantástico más que decente como "El chip prodigioso" o que incluso acuñó el género de terror cómico con sus "Gremlins". Pero aquel, a quien aún podías respetar, también murió, y nació otro que rodó cosas como "Looney Tunes" o "Pequeños Guerreros", y "Miedos 3D" está, por desgracia para nosotros, mucho más cerca de estas últimas que de sus primeras y dos únicas auténticas películas de miedo.

Piraña 3D (Alexandre Aja, 2010)

Son pirañas y son en 3D. Punto pelota. Esta película no puede engañar a nadie, y el que se sienta estafado, ofendido, espantado o indignado por encontrarse este pedazo de producto de serie B, es porque es tonto del pijo. Alexandre Aja, tras títulos como "Alta Tensión", el grotesco remake de "Las colinas tienen ojos" o "Reflejos" (más suavecita que las anteriores), se consagra con esta cinta como uno de los mejores directores de la alta caspa del cine actual. Además serie B de la buena, de la que cuesta una considerable cantidad de dinero, de la que se estrena en cines 3D y de la que cuenta con actores de "prestigio" para pelear contra diversas amenazas. Aja rescata del arroyo a Elisabeth Sue y se vale de otras caras conocidas como Ving Rhames para algunos papeles principales, con ridículo cameo de Christopher Lloyd incluido como "personaje explicación". Las pirañas, que cantan horriblemente a ordenador (aunque no en la cutre forma de "Rats", para que me entendáis), se explican como supervivientes prehistóricas salidas de las profundidades de una caverna submarina que queda al descubierto tras unos temblores, y comienzan a hacer de los bañistas de un lago su comidita rica. Con una total recuperación de los ideales ochenteros (como bien se vaticinaba en el cartel Jaws style que acompaña esta crítica), esta película muestra tetas, culos, sangre, puterío y vicio de forma explícita a más no poder. Toda la cinta está llena de guarronas medio en pelotas, de momentazos lésbicos submarinos que dan vergüenza ajena (y que alegran la vista y la bragueta), de tratamiento humillante a la mujer y de tetas, tetas y más tetas. Aquí hay más silicon que en el valley ese. Y el apartado gore se lleva la mejor parte. La primera gran entrada de las pirañas en el lago donde todos los borrachos y las furcias están de fiesta, es apoteósica. Litros y litros de sangre, miembros mutilados, caras arrancadas por hélices enredadas en la melena, gente partida por la mitad, y piernas y brazos comidos hasta el hueso como cuando yo me como una alita de pollo. Un festival goréfilo de primera, vamos. E incluso quedará en tu memoria, grabado a fuego, la pelea entre dos pirañas por comerse una polla cercenada que flota en el agua. Os lo juro, no me he inventado esta parte.
En fin, creo que poco más necesitas saber sobre esta cinta que no te haya contado ya. Si te gusta el gore, la serie B, si te gustó "Piraña", si te van las monster movies en las que todos son carnaza potencial... "Piraña 3D" es una película tan mala en sí misma como disfrutable en conjunto. Y habrá secuela, que el "giro" final se las trae.

The Lovely Bones (Peter Jackson, 2009)

Con "The Lovely Bones", Peter Jackson nos entregó un estético ladrillo de más de dos horas y el mundo se lo tragó con patatas. Recuerdo que comencé a leer la novela "Desde mi cielo" y que me la dejé por el mal rollo que me producía. No era para menos tratando de una novela narrada en primera persona por una niña de 14 años violada y asesinada por un pederasta reincidente, que contaba todo (en ocasiones con demasiado regodeo) desde su supuesto cielo una vez muerta. Pero Jackson no consigue transmitir ni en un solo plano ni un ápice de ese mal rollo que daba la lectura del texto de Alice Sebold. Se agradece que la escena de la violación y asesinato de Susan se rodara con elegancia, sin mostrar nada, simplemente los 5-10 minutos angustiosos en los que el pederasta la camela para ir a su zulo y encerrarla. Por supuesto no se muestra nada explícito, pero sabemos lo que va a ocurrir y lo que, de hecho, ocurre. A partir de ahí, Jackson se la juega a una carta y le sale mal. Con Susan en el más allá, los efectos especiales se convierten en protagonistas, y esto le pasa una factura altísima a la película. Recuerdo otra cinta, "Más allá de los sueños", en la que Robin Williams buscaba a su mujer entre el cielo y el infierno. Me acuerdo de los paisajes de fantasía, coloristas, con animales de ensueño, árboles preciosos y demás cosas que quedaban visualmente muy bien en pantalla aunque algo empalagosas. Pues Jackson coge esto y lo amplia, convirtiendo el cielo de Susan en un continuo festival plástico que parece hacer bonito algo tan horrible como lo que le ha pasado. No me gustó nada la estética de estos planos, molestamente similares a los de la otra película. Igual que el árbol, que es clavadito al de "Big Fish". Eso sí, la trama del padre (un correcto Mark Wahlberg) está bien llevada, es bonita en ciertos momentos y está bien que, por una vez, el padre y no la madre sea el que lleve más peso en una historia sobre hijos asesinados. La madre (Rachel Weisz) no pinta nada en la película. Podría haber sido un peluche y no lo hubiéramos notado. Igual que el pequeño papel de Susan Sarandon, aunque no está mal. Eso sí, si la película es soportable más allá de su cursilería y de su mensaje sentimentaloide y cargadísimo de clichés, es por el papelón de Stanley Tucci, que interpreta a un auténtico monstruo hijo de puta al que llegas a odiar, y eso siempre es meritorio. Por lo demás, es una película que no se diferencia mucho de los telefilmes siesteros de los domingos, con una puesta en escena cursi, una trama que no cuenta en realidad nada, y con el único valor de estar bien contada y de la gran actuación de Tucci.

Soldado Universal (Roland Emmerich, 1992)

El hombre de las patadas más estéticas e inútiles del cine noventero y el ingeniero químico y pentatleta que mató a hostias a Apollo Creed unieron sus testosteronas para ofrecernos, ya unos añitos atrás, este mito de la acción-fantástico que es "Soldado Universal". El alemán Roland Emmerich, célebre por ser el hombre que más veces y de más formas ha destruido el mundo -y especialmente cebándose con los EEUU- firmó con esta producción su primera película americana, y qué mejor que hacerlo con el musculitos de moda del momento y con un partenaire maloso a la altura como Dolph Lundgren. La historia tiene su punto original: un experimento del gobierno americano, que son malísimos (Emmerich comenzaba ya a despuntar su odio por América), emplea cadáveres de soldados muertos en Vietnam, a los que reanima y convierte en supersoldados revividos. No, no son zombies, aunque sea lo primero que podemos pensar. Pero se recalientan y necesitan hielo para no "morir", o "apagarse", o lo que sea que les pase a los cadáveres reanimados.
Esta premisa sirve de pretexto para que el soldado que interpreta Van Damme y el sargento que interpreta Lundgren retomen su enemistad justo donde la dejaron, y que se persigan y ahostien como mandan los cánones. Y queda bien, oye. La verdad es que la película tiene sus puntos divertidos, acción, peleas decentes (con una buena escena final de combate bajo la lluvia) y un buen ritmo, y sin ser un peliculón consigue entretener y ser una de esas cintas que tienen algo que te hace apetecible revisitarlas de vez en cuando. Enmarcada en una época en la que Stallone, Willis, Schwarzenneger, Van Damme y compañía se repartían el cine de acción, esta es de una de las míticas del momento, de las que nos gustó a todos los que la vimos de pequeños.

La hora fría (Elio Quiroga, 2006)

Habiendo visto "La hora fría", puedo nombraros de cabeza varias películas que han influenciado a su director: "La Cosa", de John Carpenter, en cuanto al aislamiento y la soledad del grupo y a las temperaturas heladas; "El día de los muertos", de Romero, por el ambiente opresivo de un pequeño grupo de humanos que viven en un búnker tratando de resistir la amenaza exterior: zombies creados por un virus durante la última gran guerra de la que se habla con cuentagotas (en lo vírico, incluso, podemos encontrar un deje a "Resident Evil" o "28 días después"); "Dark City", porque las escenas del niño viendo el mar son clavadas a las del prota de aquella obra de culto; y de James Cameron tomamos el filtro azulado típico que le pasa a sus películas, intentando dar un toque... un toque... un toque azulado, supongo.
El problema está en que durante toda la película te resulta muy difícil meterte en materia. Primero, porque los decorados son penosos, se nota el bajo presupuesto de la cinta y eso le pasa factura en el diseño de producción, que si hubiera estado más cuidado hubiera contribuido a la atmósfera que el director -de eso estoy seguro- quería transmitir. Pero cuando no hay, pues no hay. Y por favor, cadena perpetua para el director de cásting, porque la elección de actores es patética: Silke (penosa), un niño de "Los Serrano" (ahostiable), el viejo que hizo la TV movie de "El solitario", y cuatro patanes más que ni siquiera saben hablar bien. Los diálogos pierden toda la fuerza en boca de semejante elenco, y jamás empatizamos con los personajes.
Eso sí, se agradece la intención de Quiroga de no hacer una película española convencional, y su idea era buena, si bien se vio destruida en la ejecución. El final alberga un giro muy interesante que incluso te hace decir "¡anda, mira tú!", lo cual no salva la hora y media anterior (y también plantea interrogantes que no se resuelven) pero al menos da un toquecillo fresco. Pero en fin, una olvidable película de zombies post-apocalípticos, fantasmas y ciencia ficción, extraña mezcla para que saliera bien, y más con tan poquitos medios disponibles.

Karate Kid III: el desafío final (John G. Avildsen, 1989)

El mito de Daniel San se revuelca por el fango en esta tercera y completamente innecesaria entrega de "Karate Kid". Dicen que lo poco gusta y lo mucho cansa, y la saga ya se empezó a hacer algo cansina a partir de su secuela, solo salvada por la interpretación y el carisma de Pat Morita como el Sr. Miyagi y porque aún conservaba algo de la esencia que hizo grande a la primera. En esta tercera parte, la repetición del mismo esquema ya resulta chirriante. De nuevo Daniel San se las arregla para ser carne de paliza de los nuevos matones, en esta ocasión un karateka malote contratado por un magnate millonario que quiere ayudar a su amigo, Kreese, el malo de la primera. El nuevo malo es de lo peor que se ha visto. Sobreactuado, chillón, histriónico, como el Lex Luthor de "Lois y Clark: las nuevas aventuras de Superman" pero con coleta. Y sus frases retromongolas tipo "le haré sufrir, y luego le haré sufrir más, y cuando crea que ha sufrido empezará a sufrir de verdad" (o algo así, da lo mismo, es una imbecilidad por el estilo) no contribuyen. Su motivación para ser tan malo y querer ayudar tanto al sensei Kreese solo me cuadra en el caso de que sea mariquita, porque la relación entre Kreese y el tonto de la coleta (que, por cierto, es el vampiro Valek de "Vampiros de John Carpenter") es incomprensible y absurda. Igual que el plan de convertir a Daniel en una máquina de matar. Como no le den una pistola, no mataría ni una mosca con su "karate".
Protagonizan de nuevo el eje de la trama Pat Morita y un gordo que se comió a Ralph Macchio. Madre del amor hermoso, qué fondón que se puso este chaval entre película y película. Pa hacerle un kimono blanco, los demás karatekas tienen que ir de negro, jajaja. Pero bromas aparte, hace gracia que Daniel San sea aún más torpe que en la primera. Miyagi le dice que "tu mejor karate aún dentro ti", pero se ve que muuuuuuy dentro porque no lo vemos salir en ningún momento. Pero en fin, aunque todo es más caricaturesco, ridículo, sobreactuado (Macchio está para matarlo, parece que vaya toda la película enfarlopado de lo pasado de vueltas que va) y que ni siquiera Morita parezca tomarse muy en serio su papel, que ya roza lo absurdo, es una muestra más de cine ochentero con cierto aire entrañable. Quizá porque aún nos acordamos de la primera y la saga conserva el cariño, porque lo que está claro es que fue en continuo descenso y que, como el momentazo de la técnica grulla, nada. Aunque hayan querido darle más vueltas de tuerca.