Karate Kid II (John G. Avildsen, 1986)

Las andanzas del joven y escuálido Daniel San y de su maestro Miyagi continúan en esta secuela que arranca donde terminó la primera y mítica parte. Nada más salir del torneo de Karate de Hill Valley, Miyagi tendrá que plantar cara al sensei de Cobra Kai, y la acción saltará entonces 6 meses adelante en el tiempo para arrancar con la trama de esta segunda parte. El señor Miyagi y Daniel viajarán a Okinawa para ver al padre de Miyagi, en su lecho de muerte. Pero en el viaje, Miyagi se reencontrará con su antiguo amor y con su gran enemigo, Sato, a quien le birló la novia y que desde entonces sigue cabreado. Persistente, el Sato, porque hace más años de eso que de las pirámides. Pero así son los japoneses con lo del honor, aparte de bajitos y feos. Por supuesto en el país del sol naciente Daniel se las arreglará también para que la camorra vaya a él como las moscas a la mierda, y el mejor alumno de Sato se convertirá en su enemigo y en el malo malote que precisaba la secuela. Completan los tópicos el antiguo amor de Miyagi y el nuevo amor de Daniel, y con todos estos elementos ya tenemos lista la receta para una agradable película para todos los públicos. Completamente carente de la épica de algunas escenas de la primera, ésta se nutre en parte de los paisajes naturales de Okinawa, del contraste de la cultura americana con la oriental y, cómo no, se sustenta sobre el encantador personaje interpretado por Pat Morita. Sus enseñanzas, algunas tan ciertas y brillantes como que "para persona sin perdón en corazón, vivir peor castigo que muerte" son lo que da vidilla a una película en la que vemos a Daniel San más patán, tirillas y zoquete que en la primera. Media hostia me duraba a mí, pero aquí lo enfrentan en ridículas coreografías con gente que le saca muchos cinturones de ventaja. Ah, claro que "karate en corazón y no en pantalones". Vale, Sr. Miyagi, pero a su pupilo le iban a llover ondanadas de hostias si esto no fuera una película. Baste como ejemplo la lucha final, todo un ejemplo de cómo no rodar acción sin caer en lo ridículo, pero igualmente entretenida y disfrutable. En definitiva, innecesaria y entrañable secuela que divierte y avergüenza a partes iguales. Lo mejor: que por fin Miyagi atrapa la puñetera mosca con los palillos. ¡Ey tus huevos, machote!

Afterlife (Agnieszka Wojtowicz-Vosloo, 2009)

Continuamos con otra de la Srta. Ricci, y de nuevo me encuentro con una película de notable. Y no lo digo porque Ricci se la pase casi entera en pelotas, que también. Por su argumento, podríamos decir que esto es un psicothriller sobrenatural, que nos hará devanarnos los sesos y dudar de nuestros ojos durante toda la película. Incluso al final. Por supuesto no es "Primer", porque esta película podemos seguirla perfectamente y entender el desenlace casi sin ninguna duda, pero en ese "casi" radica lo que más fuerza le da al guión, y es que te deja con una duda razonable de si todo lo que has visto era un fenómeno sobrenatural o la obra de un retorcido y macabro asesino en serie.
Pero vamos por partes. La película cuenta la horrible historia de Anna, que después de un accidente de coche se "despierta" en la camilla de la funeraria, donde Eliot, el dueño (Liam Neeson en un papelón que le da muchísima seriedad a la cinta), está comenzando los preparativos para enterrarla. Pero Eliot dice tener un don, y se comunica con Anna, que se encuentra inmóvil y sin sensibilidad en el cuerpo. A partir de ahí, el discurso se centra en la odisea de Anna, que se resiste a creerse muerta mientras que Eliot intenta convencerla y la va preparando para su funeral, a solo 3 días vista. Mientras, el novio de Anna, desesperado, se obsesiona con la idea de que ella no ha muerto y de que Eliot la tiene retenida y drogada con una sustancia que la deja catatónica. Anna tiene visiones (o sueños), la vemos levantarse, interactuar con el entorno, tirar cosas, caminar, incluso empañar espejos con su aliento. Pero Eliot insiste en que todo es producto de su imaginación, que se resiste a aceptar su muerte. Entra también en escena un alumno de Anna, un niño pequeño que empatiza enseguida con Eliot y que también parece tener alguna sintonía con los recién muertos. ¿O quizá lo que tiene es una extraña enfermedad mental como la de Eliot? La cosa se complica para el espectador, que dudará de lo que está pasando. Si Anna está muerta, ¿por qué Eliot corre a quitarle las llaves de la funeraria? ¿Por qué la mantiene encerrada? ¿Cómo puede empañar cristales con su aliento? Pero si está viva, ¿qué son esas visiones que tiene? ¿Cómo resiste sin beber? ¿Qué son esas manifestaciones que siente su novio?
No obstante, las dudas quedan CASI despejadas en la última parte, en la que una de las dos posibilidades (Anna muerta/Anna secuestrada por un asesino perturbado) toma mucha más fuerza. La última escena, de hecho, es bastante esclarecedora. Y atención al personaje del niño, que también es crucial para entender el giro argumental. Personalmente yo ya tengo claro qué es lo que creo que ocurre. A ver qué opinas tú.

Visitantes - Ellos (Brian Gilbert, 2002)

La versátil actriz Christina Ricci protagoniza este thriller sobrenatural que me ha resultado una agradable sorpresa dentro del saturado panorama cinematográfico actual. Su premisa es más que interesante: el descubrimiento casual de una iglesia bajo tierra en la que se encuentra un curioso retablo que muestra la crucifixión de Cristo y a un grupo de personas anónimas observándola. Y un pasaje de la Biblia dice que "desde el este y el oeste vinieron a observar, no por devoción sino por lujuria". Al mismo tiempo, una joven llamada Cassie (Ricci) se dirige a un bucólico pueblecito inglés en el que no me importaría perderme (preciosa la fotografía de los paisajes y del pueblo), pero la atropellan y despierta casi ilesa pero amnésica. Comienza en ese momento una trama en la que no resulta difícil ir atando cabos mientras que vamos recibiendo la información en las dosis justas. Cassie se siente desconcertada; conoce a muchas de las personas del pueblo, y ellos/ellas no dejan de mirarla y hasta de acosarla, pero no logra recordar de qué los conoce. Solo recuerda que acudía a encontrarse con alguien, pero... ¿con quién? Mientras, la investigación sobre la iglesia revela sorpresas, muy bien desveladas en la escena en la que el sacerdote se empapa de diapositivas, diarios y cuadros antiguos en los que ve siempre a las mismas personas asistiendo a los eventos más negros de la Humanidad. Ellos son La Reunión, maldecidos a presenciar eternamente la desgracia del hombre por haber asistido a curiosear morbosamente a la crucifixión de Jesús. Pero si quieres saber qué pinta Cassie en medio de todo eso y cuál es el inminente desastre que se cierne sobre el pueblecito inglés, mira la película.
Buena nota para la dirección y el guión, que aunados consiguen que las apariciones de esas personas normales y corrientes que forman La Reunión den tanto miedo como Damien, el anticristo de "The Omen". No hay monstruos, ni flashbacks, ni casi nada. Solo guión, historia y tensión bien llevada, para llegar a un clímax más o menos feliz en el que vemos que Dios da segundas oportunidades... aunque tarde 2000 años. En resumen, una película de notable, con una idea muy original y momentos realmente conseguidos. Eso sí, la traducción del título original (The Gathering, literalmente La Reunión) por "Visitantes", es pa cagarse, igual que el poster copiado a "Vampiros de John Carpenter" que parece de una película de serie B ochentera y no le hace justicia a la película.

Toy Story 3 (Lee Unkrich, 2010)

Los juguetes más famosos del cine regresan a la carga 11 años después de que se estrenara "Toy Story 2". 11 largos años en los que Pixar ha mejorado no solo la técnica digital para construir sus películas, sino que han logrado convertir algunas de sus obras de animación por ordenador en auténticas obras maestras del cine en general. No suele ser normal que cintas de animación sean tan totalmente disfrutables para adultos y niños por igual. Para niños por la temática, por sus personajes, por la estética colorista, por la lección de amistad por encima de todo y porque, qué demonios, va sobre un montón de juguetes que todos conocemos o hemos tenido. Y para los adultos porque "Toy Story 3" nos hace recordar cuando nosotros dejamos de ser unos niños, nos transporta a través del niño Andy (ahora ya un pre-universitario) a ese momento que nos pasa desapercibidos, que es cuando dejamos atrás la infancia y nos deshacemos de ella guardándola en un cajón o tirándola a la basura. Porque, si bien la infancia no son solo los juguetes, sí que estos tienen una parte importantísima en ella, y el momento en el que dejamos de jugar es el momento en el que dejamos de ser niños.
Pero aparte del discurso emotivo, "Toy Story 3" tiene diversión a capazos. La odisea de Woody, Buzz y todos los juguetes en la guardería lo tiene todo. Lo pasas mal, te ríes, padeces por los personajes, te vuelves a reír... El malvado oso rosa (qué paradójico, ¿no?), el Nenuco medio destrozado o el Ken metrosexual son solo unas muestras del elenco de personajes que se unen a los juguetes de siempre de la franquicia, como malos y como buenos, e incluso como malos que se vuelven buenos al final, como está mandao. La transformación flamenca de Buzz (con la voz del Cigala) es tan típica del cine USA como divertida de ver y de oír. Y en el final, bonito hasta la médula, el propio Woody comprende que Andy debe marcharse y dejarlos, eso sí, a buen recaudo. Porque los juguetes son para jugar, y no para estar en un desván. Y os juro que esta peli ha conseguido hacerme sentir como a un coronel de las SS por haber roto y tirado tantos juguetes en mi vida.
En fin, aún sin llegar al nivelón de los 5 minutos iniciales de "Up"(que creo seguirán insuperables muuuuuucho tiempo), Pixar se ha marcado una nueva obra maestra con su broche de oro para "Toy Story". Una vez más, el listón queda altísimo.

Tekken (Dwight H. Little, 2010)

Hacía bastante tiempo que se rumoreaba sobre una película basada en el popular videojuego de lucha "Tekken". Con otras adaptaciones de juegos de lucha ya realizadas, y casi siempre de una calidad bastante floja, con ejemplos como "Street Fighter" (ambas), "Mortal Kombat", que no estuvo mal pero era demasiado esquizofrénica, o "Double Dragon", cabía esperarse más bien poco de "Tekken". Pero mira tú por dónde, es bastante superior a todas las otras.
Para empezar, la película no se anda con rodeos, y con la excusa argumental del videojuego se presenta un futuro cercano en el que las megacorporaciones dominan el mundo como dictadoras. De los barrios marginales surge Jin Kazama (Jon Foo, el luchador de Wushu que peleaba contra Tony Jaa en "Ong Bak", y también Ryu en el excelente corto "Street Fighter: Legacy"), que para vengar el asesinato de su madre entrará a luchar en el Torneo Iron Fist, organizado por Heichachi, líder de la corporación Mishima y, cómo no, interpretado por Cary-Hiroyuki Tagawa. Del torneo, en el que combatirán representantes de todas las corporaciones mundiales, surgirá un campeón, pero también está en juego en una trama secundaria el control de la corporación Mishima entre Heichachi y el traidor de su hijo, Kazuya, padre ilegítimo de Jin. Pero este rollo da lo mismo. El torneo es lo que cuenta. Con claras referencias al videojuego, desde los seleccionadores de luchador hasta los escenarios de combate, las coreografías de lucha son bastante decentes y rodadas sin demasiada oligofrenia, de modo que podemos seguirlas y apreciar los golpes. Excelentes secundarios como Lateef Crowder o Gary Daniels interpretan a personajes que parecían destinados a interpretar, a saber: Eddy Gordo y Bryan Fury. Aparecen casi todos los personajes de siempre (Dragunov, Nina, Anna, Law -este un poco chungo-, Raven, Yoshimitsu...), y las caracterizaciones de los personajes del juego son perfectas, y eso quizá es incluso un "pero", porque son tan fieles en vestuario, peinado, etc., que en pantalla quedan un poco ridículas, especialmente el pelucón de Heichachi. Pero perdonamos todos estos errores por lo buena que está Christie Monteiro, que se pasa enseñando rajeta de culo toda la película, y bien que hace.
En definitiva, libre adaptación de un gran videojuego que se convierte en una película mucho mejor de lo que cabía esperar, y quizá la primera "gran" incursión en el cine de un joven actor que dará mucho que hablar. Y ahora, de regalo por haberos tragado este ladrillo de crítica, el corto "Street Fighter: Legacy", toda una lección de que la saga Street Fighter sí que puede lucir muy bien en pantalla. Mientras lo veis, seguiré tratando de descifrar la gran pregunta que me ha quedado después de ver "Tekken": ¿dónde coño se han dejado a Paul Phoenix?


Chocolate (Prachya Pinkaew, 2008)

No nos llamemos a engaño: tras el dulce título de esta producción tailandesa, se esconde una película de hostias como panes. Para su realización, por lo menos doscientos millones de tailandeses han debido de morir o quedar seriamente tullidos de por vida, pero esto no es nada que nos sorprenda a los que ya hemos visto cintas como “Ong Bak” o “Thai Dragon”, también de Prachya Pinkaew, cineasta a quien todos los especialistas de Tailandia deben temer. De hecho, trabajar para él debe ser más una condena que un oficio, porque me cago en la leche, en Tailandia NO HAY ORDENADORES para generar esas caídas falsas, ni de coña. Todo aquí es acción real, golpes contundentes, caídas que te duelen a ti como espectador, coreografías de lucha impresionantes y acrobacias que combinan una especie de parkour con el Muay Thai puro y duro.
Si en las dos primeras cintas de Pinkaew (protagonizadas por Tony Jaa) el personaje buscaba algo (una cabeza de un ídolo de piedra o a su elefante) y, por el camino, se inflaba a repartir guantazos como en un juego beat-em-up, aquí se repite el patrón pero de un modo sutilmente distinto y original. La protagonista es una joven autista a la que le encantan los Lacasitos (interpretada por Nicharee “Jeeja” Vismistananda) que aprende a pelear a base de ver películas (la propia “Ong Bak”) y de ver entrenar a los luchadores del gimnasio de bajo de su casa. Cuando su madre enferma, la muchacha y su primo empezarán a recaudar el dinero que un montón de gente le debe a su madre, mera excusa para que la autista ponga en práctica su talento como luchadora. Esta joven actriz no tiene nada que envidiar a Tony Jaa, es una combatiente excepcional y técnicamente perfecta, con un control de piernas envidiable y una capacidad acrobática de miedo. La escena final, además, es de traca. Más de media hora de hostias sin parar, en la que no cesan de salir malo tras malo (alucinante el combate contra el otro autista) como en un videojuego, y de ahí a la escena de locura de la persecución por la fachada. Trepidante a tope. La verdad es que el argumento, el diálogo (la chica solo sabe decir “dame el dinero de mamá”) y el puntillo dramático nos dará un poco igual, porque lo que se te queda de esta peli es cómo reparte la chica, lo bien rodadas que están las peleas (Pinkaew maneja MUY BIEN la cámara lenta) y esa sensación de que seguro que más de alguno de los stunts están ahora en silla de ruedas. Fijo.

Primer (Shane Carruth, 2004)

Desde que abrí este blog he tenido el placer de poder comentar algunos de los mejores títulos de la ciencia ficción. Algunas de ellas indudablemente perfectas –e innegablemente aburridas– como “2001: una odisea en el espacio”; otras auténticas obras de culto freak, como “Cube” o “Donnie Darko”; otras verdaderos diamantes en bruto, tan excepcionales como desconocidas e indies, como “The Man from Earth”; y otras, como ésta que ahora abordo todavía medio estupefacto, que no sabría muy bien dónde ubicar. ¿Es una mala película? No, en absoluto. ¿Es original en su idea de base? Realmente tampoco. ¿En su tratamiento? En cierto modo. ¿Necesita de grandes efectos especiales? No, más bien se ampara en un guión sólido y enrevesado que juega con la inteligencia y con la capacidad de observación del espectador. Y ahora, para los que estéis pensando en que llevo media crítica sin haber dicho absolutamente nada de la película, vale, os admitiré que estoy divagando porque no me he enterado de prácticamente nada. He captado la idea general: va de un par de amigos, inventores aficionados con aspiraciones de lograr alguna patente revolucionaria que, de chiripa, crean una especie de máquina del tiempo con ciertas limitaciones, como poder viajar solo hacia el pasado y a un momento en el que la máquina ya hubiera sido construida. Los amigos comenzarán a aprovecharla para ganar dinero en bolsa, pero sus viajes empezarán a generar paradojas y dobles de sí mismos, convirtiendo progresivamente la película en un galimatías prácticamente indescifrable en un solo visionado. La narrativa del director, con claras reminiscencias de Aranofski o de Nolan (del Nolan de “Memento”, me refiero), no ayuda a clarificar un argumento ya de por sí muy complicado, y el final dejará a la mayoría con cara de gilipollas. Pero hay que apreciar la osadía y el talento cuando lo tienes delante, y Shane Carruth (director, productor, guionista, compositor de la BSO, director de fotografía y protagonista, ahí es nada) lo tiene. Quizá solo le falta una cosa que también podrían haber pillado de Nolan, y es la capacidad para contar una historia complicada de manera que el 95% de la gente lo entienda. Que está bien eso de “interpretar” un final, pero es un poco frustrante que, tras 78 minutos de atento visionado, sientas que tienes el coeficiente mental de un periquito. Pero en fin, para ser la primer, “Primer” es un buen debut. Esperemos que Carruth siga en el negocio y que la próxima sea más inteligible, que las tablas las tiene.

Daño Colateral (Andrew Davis, 2002)

Cuando un atentado terrorista pilla por medio a la familia de un bombero interpretado por Arnold Schwarzenegger, suelen pasar impepinablemente dos cosas: una, que ya pueden correr los terroristas, ya, porque el amigo Comando les dará pal pelo al estilo austriaco; y dos, que los cines se llenarán de gente para ver cómo el mastodonte más célebre del cine reparte estopa. Lo malo es que esta película tuvo la mala suerte de coincidir en el tiempo con los atentados del 11 de Septiembre contra el World Trade Center, y aunque su estreno se pospuso varios meses por respeto a la coincidencia argumental, el público americano no estaba aún muy por la labor de ver películas con temática terrorista, y la taquilla se resintió considerablemente. Tan solo una película después, Arnold dejaría el cine para dedicarse por completo a su carrera política, así que esta quedó como su última gran incursión cinematográfica y, lamentablemente, pasó sin pena ni gloria. Y eso que las tiene mucho peores. Esto no es “Comando”, ni “Eraser”, ni “El sexto día”. De hecho, es bastante mejor, más seria y más creíble que cualquiera de las anteriormente citadas (bueno, quizá que “Comando”, no, porque esa es un descojone), pero el efecto 11-S la hizo polvo. En cualquier caso, los amantes del cine de acción disfrutarán igualmente de esta cinta correctamente dirigida, con buen ritmo, buenos secundarios, y con un Schwarzenegger dando sus últimos y lastimeros coletazos como héroe de acción. Los efectos especiales cantan bastante por soleares (véase la escena de la catarata, que es de risa cómo se notan los cromas), pero el tito Arnold es el tito Arnold, y cualquier excusa es buena para que se líe a tiros y mamporros con cualquier terrorista de una república bananera (curiosidad: el malo malísimo es el mismo que en “Mentiras Arriesgadas”), máxime si su familia se ha visto en medio del conflicto. Así que os la recomiendo si no tenéis ganas más que de ver un par de horitas de acción sin pensar made in Gobernator.

En la boca del infierno (Pierre David, 1995)

Comento esta película como mera curiosidad, porque me ha parecido como una especie de precuela light de “Saw”. No solo por la temática, que trata sobre un asesino en serie que escapa y emprende una especie de juego de "atrápame si puedas mientras voy asesinando gente" con su antigua captora, sino también porque el actor que interpreta al asesino es Tobin Bell, el mismo que hace de Puzzle en la saga “Saw”. Evidentemente no se trata del mismo personaje y esta cinta es mucho más suavecita que cualquiera de la saga de Puzzle, pero oye, he hizo gracia que ambas compartan protagonista y cierto regustillo argumental. Por lo demás, esta película, de 1995, bien podría ser un título ochentero en cuanto a estética, música, dirección y actores, incluso por el elemento sobrenatural que pretende introducir, muy en la línea del psicothriller de los ochenta. En definitiva, un título sobre el que poco se puede comentar, ni bueno ni malo, puesto que se trata de una tipiquísima y nada pretenciosa cinta sobre el asesino en serie de turno y la pareja de polis a su caza. Con aire de telefilme y una producción barata, quedará en tu memoria como una de esas tantas películas que recordarás haber visto sin que te dejen ni la más mínima huella, y con el único “valor” de sorprenderte con la presencia de Tobin Bell en un papel tempranero antes de que pronunciara su ya mítica frase: “que empiece el juego”.

Zeitgeist (Peter Joseph, 2007)

Detractores del Vaticano y la Iglesia Católica Apostólica Pederástica; seguidores de la consigna que reza "la única iglesia que ilumina, es la que arde"; y amantes de las teorías conspiranoicas a lo Pistoleros Solitarios de "Expediente X": esta es vuestra película. No lo dudéis, buscadla en Google Vídeo (que ha sido y es su principal herramienta de difusión) y dadle al Play. Coged un cubo para recoger las babas que os vayan cayendo ante cada dato, cada curiosidad, cada teoría enmascarada y cada pilar derrumbado. Tened a mano colirio para lubricaros los ojos, que seguramente se os resecarán de tan abiertos que se os quedarán ante ciertos datos que, sean o no auténticos, son contados con un rigor y con una documentación que los hace parecer no verdad, sino LA ÚNICA VERDAD POSIBLE. Porque es posible. Porque encaja.
¿Estáis dispuestos a que la primera parte de esta docupelícula os desmonte el catolicismo y os haga pedazos la figura de Jesucristo al compararlo con otras muchas -y muy anteriores- deidades solares que hay documentadas a lo largo de la historia desde los tiempos de los egipcios?
¿Os atrevéis a conocer la supuesta verdad (y digamos siempre "la supuesta" por no decir "la aplastante y terrible") que se esconde detrás de los atentados del 11 de Septiembre contra el World Trade Center? Sí, ese mismo World Trace Center que fue "atacado por Al Qaeda" y del que veremos imágenes que nos dejarán congelados. Imágenes y datos con los que no nos quedará ninguna duda que el derrumbe de las dos torres (y de una tercera de la que casi nadie sabíamos) obedeció a un patrón de derrumbe controlado. Sí, amigos, a una DEMOLICIÓN con explosivos, no a un atentado imprevisto y aleatorio. Verás las vigas cortadas a soplete, oirás testimonios y verás imágenes en las que quedará patente la presencia del explosivo conocido como "plasma termita", y fliparás con la oportuna incompetencia de las Fuerzas Armadas a la hora de intervenir, con el cerrojazo informativo, con la lucrativa campaña de terror post-atentado, y con las leyes anti-terrorismo que dejaron a medio mundo sin libertades individuales y ellos tan contentos, además.
Y por último, ¿quieres saber que la guerra es el motor del mundo, y que los bancos llevan más de un siglo gobernando en las sombras, orquestando las crisis y las guerras a su antojo para enriquecerse y endeudar al mundo entero, y preparando desde hace más de 60 años un proyecto de gobierno mundial en el que los banqueros lo controlarán todo y las personas seremos poco menos que monigotes monitorizados en sus manos?
Pues si estás dispuesto a todo esto, no puedes perderte estas dos horas que te harán ver la vida con otros ojos. Y si no lo estás, si piensas que todo esto son tonterías, que Dios es amor y que los árabes son los malos y el dinero solo es dinero... Enhorabuena: ya estás justo donde quieren que estés.

Desmembrados (Christopher Smith, 2006)

Con cierto regustillo a ultragore alemán y un argumento que parodia al slasher de toda la vida, Christopher Smith, correcto cineasta responsable también de "Creep", nos ofrece en "Desmembrados" exactamente lo que promete en el título, para qué nos vamos a engañar. Esto no es una comedia romántica. Aquí los personajes vienen a soltar sus cuatro frases y a morir, a ser posible de la manera más cabrona. Pero en un intento de ejercicio de estilo, Smith transmite una personalidad muy agradable a su película, como la de ese típico amigo que siempre te cuenta lo mismo pero que lo hace con gracia. Porque "Desmembrados" no inventa nada, es la típica historia de grupo-de-personajes-tópicos-a-más-no-poder-perdidos-en-un-bosque-y-cazados-por-un-asesino-enmascarado, pero en su divertida narrativa es donde radica que sea tan entretenida de ver. Para empezar, los personajes, deliberadamente tópicos del género hasta ser parodias de sí mismos (la fea, el tonto, el negro, el graciosillo drogata, la rubia, etc., etc.), están tan bien construidos dentro de su propio esquema, que molan mucho. El típico fumapetas salidorro se convierte aquí en un personaje tan divertido y entrañable que desearás que no se lo carguen. Pero la mayoría de los otros, serán carnaza del asesino, de quien explican la historia en una disparatada escena llena de flashbacks que cada uno cuenta como le da la gana. Hasta ahí la primera parte de la peli, que a partir del momento en el que el clon bajito y gordo de Russell Crowe pierde la pierna en el cepo, se transforma en el festival de muertes y gore explícito que todos veníamos a ver. Sin perder el sentido del humor, vemos cabezas cercenadas, apuñalamientos y litros de sangre como para llenar una piscina, y el fin de semana de team building en los bosques Húngaros se convierte en una caza y captura de la que solo dos empleados saldrán vivos. Hagan sus apuestas, señores.
En definitiva, una cinta muy recomendable para quienes gustamos del gore, del humor negro y de la serie B tirando a A. Divertida y bruta, lo que se le pide.

Arañas asesinas (Terry Winsor, 2007)

Después de cruzar una selva llena de telarañas que no son sino rollos de gasas mal colgados, los protagonistas de esta... cosa, vamos a llamarla así, llegan a la aldea en la que vive el personaje explicación, que aquí no es otro que Bishop, Lance Henriksen. La primera frase de Bishop (que aquí no se llama Bishop pero me da exactamente igual porque me he tragado la peli y lo llamo como me da la gana) cuando ve a una de las protas, enferma por la picadura de una araña de nombre que se inventa él sobre la marcha, es: "traedla rápido como el rayo". Y la siguiente, cuando le preguntan si se va a curar, es: "sed pacientes como Job".
Ante semejante guión escrito por un protozoo con aneurisma, todo lo demás que podamos decir sobre esta... -antes dije cosa, ¿verdad? Quería decir MIERDA- película será absurdo. Una vez más, me encuentro en la tesitura de que, como dice Samanta Villar en sus programas de "21 días", "no es lo mismo contarlo que vivirlo". Y yo, aunque suene paradójico, os recomiendo encarecidamente que veáis esta película con la mente abierta y, si sois capaces, contad y anotad todos los errores que encontréis. Desde cada vez que notéis que una araña es de goma o por ordenador (que serán casi todas), a cada frase incongruente (cada vez que cualquier actor abre la puta boca solo brotan excrementos de ella), cada plano repetido, cada decorado de cartón, cada plano estúpido o cada fallo de racord. Contadlos si tenéis huevos. Podéis flipar.
No me voy a meter más con los actores, porque bastante tienen con haber salido en esto. Y a ti, Lance, espero que el salario te diera para comprarle por lo menos un Scalextric a tu nieto, porque vaya tela. Tú antes molabas. Eso sí, de verdad, quiero destacar dos puntos: el primero, los efectos informáticos, que son lo peor que he visto, lo digo muy en serio. Y he visto mierda como "Rats", pero esto juega en Champions de la caspa. Y el segundo, los extras. Los indígenas de la aldea de Bishop son ESPECTACULARES. No solo no se toman en serio nada (salen riéndose constantemente y mirando hacia todos lados como si no supieran que les graban), sino que tienen pinta de gitanos de un poblado chabolista a los que hayan pagado con gallinas y droga.
En fin, una más. Ya no me caben más muescas en el revólver en el que anoto toda la basura que veo, así que voy a salir a comprar un rifle, que tiene la culata más grande. Y de paso, le pegaré un par de tiros al director de este mojón.

La puerta negra (Kit Wong, 2001)

En [REC], la reportera interpretada por Manuela Velasco no paraba de repetirle a su cámara durante toda la película que no dejara de grabar. Incluso se hizo célebre su frase: "Pablo, grábalo todo, por tu puta madre". Pues bueno, esta frase tan sencilla resume a la perfección el argumento general de toda la hornada de películas pseudo-documentales (o mockumentaries) que, amparados en hechos supuestamente reales, con actores desconocidos, presupuesto de cuatro duros y cámaras en mano, cuentan una historia de terror como si fuera verdad.
Y esto, de hecho, no es nada nuevo. Hace ya un chorrón de años que mucha gente, entre la que me incluyo, nos llegamos a creer que "Holocausto Caníbal", precursora de estos falsos documentales, era absolutamente real. Luego se rumoreó que real no, pero que para las escenas de mutilaciones y destripamientos se habían empleado cadáveres humanos de dudosa procedencia. Al final, lo único que era real en la película era que una pobre tortuga y una pobre zarigüeya eran asesinadas a cuchillo ante la cámara. El resto era cine. Igual que con "El proyecto de la Bruja de Blair", primera película en valerse de Internet y sus posibilidades para lanzar un marketing viral en el que se promocionó como "las grabaciones reales que fueron encontradas donde los chicos murieron". Evidentemente, todo era más falso que un euro de madera, pero le dio mucho bombo a la peli e instruyó a las productoras del poder de promocionarse viralmente en la red.
Comento todo esto porque esta película no deja de ser un refrito de todos estos manidos conceptos. Pero bien refrito, con aceite bueno, al menos. Encontramos que en sus 95 minutos no ocurre casi nada, salvo las escasas partes en las que se muestra el ritual de los años 30 en blanco y negro, o la incursión de Steve en la casa maldita, solo, a oscuras y de noche. Con dos COJONAZOS, di que sí, artista. Pero por lo demás, no ocurre nada, y lo digo como elogio porque la peli consigue mantenerte interesado en su desenlace. Lo peor, lo putísimo peor, es que el desenlace es mierdero y yo, personalmente, no lo entiendo. ¿Qué pinta el viejo arrugado, entonces? ¿Y qué narices pinta el cura que parece el hermano calvo de Kiefer Sutherland, si no consigue hacer nada por el chaval? ¿Por qué se suicida Meg?
En fin, demasiadas incógnitas sin resolver para una peli que, en realidad, cuenta muy poquito. Pero aunque se te quede cara de tonto, hay que reconocer que esto del falso documental es un género que engancha, que tiene su público. Será por la narrativa tan peculiar, porque te permite verlo todo desde una perspectiva más cercana, en primera persona. Será porque esta, en concreto, toca el tema del satanismo con bastante acierto y alguna que otra escena inquietante. O yo qué sé por qué será, pero el caso es que sé que es una mierda de película, que no la he entendido, y aún así me ha gustado.

Repo! The Genetic Opera (Darren Lynn Bousman, 2008)

"Repo Men", película de ciencia ficción futurística y medio gore que he visto hace nada, me dejó muy buen sabor de boca. Y como fue recomendación de un amigo del que me fío, hice caso cuando me dijo que la idea de la película también había sido tratada en un musical llamado "Repo! The Genetic Opera" que, y cito textualmente, "le había gustado bastante".
Amigo mío, no sé bajo la influencia de qué sustancias estabas aquel día, o si es que hay un día al año en el que te metes el criterio cinematográfico donde la espalda pierde su buen nombre, pero... cómo decirte lo que me ha parecido esta película... Ah, sí: UNA PUTÍSIMA MIERDA.
Y me encantan los musicales, ojo. He ido a varios al teatro y he visto muchísimos en cine, incluso algunos como "Jesucristo Superstar" o "Sweeney Todd" se cuentan entre mis películas de referencia. Pero ¿esto? Qué cosa más aburrida, por Dios. Es lentísima, las estaciones avanzan más deprisa. Salvo el final, cuando la resolución se produce encima de un escenario a modo de tragedia operística (de ahí el título, supongo), el resto me parece un cortometraje estirado y con canciones de por medio. Bueno, todo canciones, mejor dicho. Sin rimas, demasiado heavy, con mucho guitarreo y notas discordantes... Vamos, que parece un concierto de Marilyn Manson con estética de "12 Monos" y el gore de "Saw". Esto último, al menos, no es de extrañar (el director dirigió "Saw" II, III y IV), y se agradece, sobre todo en el personaje de Repo Man, lo mejor de la peli. Y por cierto, es Giles, el profe y tutor de Buffy, la cazavampiros. No sabía que cantara, y además bien.
El resto de actores son cantantes de rock duro y actores de segunda que no conozco. Buenas voces, pero malas canciones. A mí al menos no me gusta el estilo. Y lo peor: sale Paris Hilton haciendo de... Paris Hilton. De heredera rica, pija, zorra, drogata y adicta a la cirugía. Deduzco que no tendría que recibir muchas clases de interpretación para "prepararse" el "papel", jeje.
En fin, curioso que, siendo musical, ambientada en un futuro indeterminado y decadente, con buen gore y una historia de ciencia ficción decente, no me haya gustado nada esta peli. "Un clásico de culto instantáneo", dicen que es. Joder, antes los clásicos de culto eran más buenos.

Jumanji (Joe Johnston, 1995)

Solo 2 años después de que el señor Spielberg diera al mundo una lección de cómo utilizar los entonces emergentes efectos CGI al servicio de una película, llegaba a los cines de todo el mundo esta historia de aventuras fantásticas titulada como el juego de mesa en torno al que gira su argumento: Jumanji. Robin Williams, actor cómico-dramático que ha ido de más a menos en su carrera, todavía conservaba lo que le hizo popular, y se encuentra en su salsa en el papel de Alan Parrish, un niño que ha pasado 26 años atrapado en la selva de Jumanji después de comenzar una fatídica partida en 1969. De vuelta a su casa, junto a su antigua amiga y dos niños que han vuelto a empezar el juego donde ellos lo dejaron, tendrán que terminar la partida para deshacer los demoledores efectos de jugar a Jumanji.
Con este pretexto, nos es servida en bandeja una aventura familiar, el típico "Cine para todos" que proyecta cualquier canal los sábados por la tarde. Hay diversión, humor, acción no violenta y un enormísimo despliegue de efectos especiales generados por ordenador y, lamentablemente, muy evidentes en ciertos momentos. Los dinosaurios de "Parque Jurásico" parecían reales; aquí, y aún con el pretexto de que los animales de Jumanji son algo caricaturescos, los efectos digitales se aprecian demasiado... digitales, sí. Incluso se notan los muñecos y las maquetas en algún que otro momento. Aún así, no puede reprocharse la espectacularidad de los mismos, ni el ritmo creciente de la historia hasta llegar a un correcto happy ending como está mandao. Así que coge los dados, lanza, y que haya suerte. Y disfruta de un poco de sanas aventuras noventeras llenas de leones, rinocerontes, elefantes, mosquitos, enredaderas, monos y hasta un cazador, que nunca vienen mal.

Repo Men (Miguel Sapochnik, 2010)

En plena crisis económica que nos estamos comiendo, en plena época de embargos de nóminas, coches y pisos, llega esta original historia de ciencia ficción ambientada en un futuro cercano indeterminado. En ella, el tema de los embargos se eleva a su máxima potencia, porque, en una clara crítica constante al sistema sanitario privado estadounidense, la trama de la cinta gira en torno a una compañía que se dedica a fabricar y transplantar órganos artificiales a precios desorbitados. ¿Y si no puedes pagar los plazos de tu riñón, tu hígado o tu estómago artificial? No pasa nada. La empresa te enviará 3 cartas de aviso y, a la cuarta, te enviará a su recuperador, que se encargará de extirparte el órgano que adeudas. Y te morirás, claro. Pero eh, será culpa tuya, por no haber leído la letra pequeña.
Encontramos a Jude Law (muy machacado en el gimnasio) en el papel principal de esta curiosa cinta. Él es uno de los mejores recuperadores, aunque su oficio es bastante incompatible con la vida familiar y, a todas luces, moralmente cuestionable. Me encanta cómo deshumanizan el trabajo de los recuperadores, con esas secuencias en las que Law extirpa los órganos mientras escucha temazos de crooners en su iPod, o cómo él y su amigo y compañero del alma (un delgadísimo Forest Whitaker) se pican a ver quién se carga más morosos. "Un trabajo es un trabajo", repiten constantemente en la película. Pero cuando el bueno de Law quiere dejar el curre y ponerse detrás de un escritorio para no acabar divorciado, le tenderán una trampa (esto es un spoiler, realmente, aunque se ve clarísimo desde el principio) y acabará necesitando un corazón artificial que, obviamente, no puede pagar porque, dada su nueva condición, la moral le impide desarrollar ahora su viejo oficio. Así que el recuperador se convertirá en presa de sus antiguos compañeros, y comenzará una batalla por la supervivencia cargada de barbaridades, muertes, acción y gore nada disimulado. Un festival para los de mi especie, vaya.
Vamos a darle una buena nota a Miguel Sapochnik en su debut en la dirección, porque sabe conjugar bien el ritmo, la acción y una narración fluida. Incluso se permite marcarse un giro final en el que, de no haber visto ya tantísimo cine de ciencia ficción, podría haberme sorprendido. Las reminiscencias de "Matrix" se siguen notando, y mucho. Pero concluyendo, una película altamente recomendable para pasar un par de horitas de entretenimiento por encima de la media.

The Mummy (La momia) (Stephen Sommers, 1999)

El que esperara una película de terror o un remake del clásico de Karl Freund y Boris Karloff, quedaría muy decepcionado con esta cinta titulada también "The Mummy". Porque se trata de un intento de recuperar el cine de aventuras de siempre, mezclándolo con un elemento fantástico como villano para poder dar rienda suelta al despliegue de efectos digitales que hicieron boom a final de los noventa. Todo esto batido con grandes dosis de humor, toques justos y nada empalagosos de romance, y unos protagonistas tan típicos como divertidos.
Por la época en la que se ambienta (los años 20), los personajes principales (un soldado reconvertido en aventurero, una egiptóloga, y un buen puñado de secundarios tan tópicos como necesarios en este cine) y hasta las localizaciones (Egipto y sus enormes desiertos), desde el principio no podemos evitar que nuestro cerebro sea invadido por el espíritu de Indiana Jones. Stephen Sommers lo intenta, lo intenta con ahínco, pero joder, no es Spielberg. Y Brendan Fraser no es Harrison Ford. Su personaje, Rick O'Connell, queda a años luz del magnífico Indiana Jones, pero no le quitemos el mérito porque, al menos, también es un guaperas divertido, ligón, rudo, y tiene mucho más contrapunto humorístico. El Indiana Jones de la serie B, vaya. Y esto no es malo; es que Indiana solo hay uno (¿te queda claro, Shia LaMierda, o como te llames?).
Pero bueno, esta es una de esas películas que engancha. No es cinematográficamente perfecta, cuenta con casi todos los clichés que se nos puedan ocurrir en el cine de aventuras, pero tiene un aspecto visual muy espectacular, acción sin tregua apta para todos los públicos, muchos momentos de risas, y un ritmo constante que no decae. El villano, ese sacerdote egipcio resucitado interpretado por Arnold Vosloo, es un personaje tan adecuado para la historia como ridículo en su interpretación, y se lleva las mejores escenas visuales de la cinta. En fin, la recomiendo a todo el mundo, porque no deja de ser una estupenda película de aventuras que bien podría ser el Indy del siglo XXI. Lo que pasa, quizás, es que el siglo XXI no necesitaba un Indy. Y si no, que se lo digan al reino de la calavera de cristal.

Origen (Christopher Nolan, 2010)

"Origen", o "Inception", o "Cómo Christopher Nolan se convirtió en el dios del cine". Mira que Nolan ha hecho buenas películas hasta el momento, pero ¿esto? Esto es otra liga, amigos. Esto juega en Champions League del cine. Solo os daré unas referencias, sin spoilear nada en exceso para no arruinaros el visionado de la que, para mí, es la película del año y posiblemente de la década:

-Dura 2 horas y 15 que te parecen 5 minutos. Curioso, porque precisamente el argumento juega mucho con la diferencia temporal en los sueños y la realidad, y el cabrito de Nolan logra que el tiempo te pase más rápido a ti. Increíble.

-Guión PERFECTO. Combina la mejor historia posible, diálogos brillantes, personajes definidos y una acción TREPIDANTE. Lo de la acción merecería un libro aparte. Toda la película estás con el culo prieto, como si la mejor escena de la trilogía Bourne durara 2 horas y 15, para que os hagáis la idea.

-Banda sonora genial. El mismo rollito que la de "El Caballero Oscuro", suena constantemente toda la película, pero está tan magníficamente integrada que solo contribuye a que percibas mejor las sensaciones. Hans Zimmer ha compuesto una banda sonora de referencia.

-Efectos especiales insuperables. Valiéndose del contexto de un mundo onírico en el que todo es posible y la realidad del soñador no tiene límites, Nolan juega con las leyes de la física a su antojo. El resultado es magnífico, con secuencias como la del hotel que son desde ya un clásico que hace que "Matrix" parezca cine de Bollywood.

-Y el finalón, señores: después de 2 horas y 14 minutos de una trama de sueños, realidades y acción que te cagas, Nolan se permite hacerte pedazos todo lo que creías haber entendido con UN SOLO PLANO DE 5 SEGUNDOS. Y se queda tan ancho. Que cada uno piense lo que quiera, que el final puede ser una cosa, dos, o 25. Da lo mismo, todos valen. Es tremendamente fiel, sincero, conexo y perfecto tal y como está. No necesitamos explicaciones, solo tenemos que PENSAR y sacar conclusiones. Las nuestras. Eso es algo muy grande que sucede en muy pocas ocasiones en el cine sin recurrir a las trampas o artimañas de guión.

En resumen, mezclad lo mejor de la acción, del thriller psicológico, y de cintas que dan que pensar como “Donnie Darko”, y hacedlas a lo grande, de forma comprensible (pese a lo enrevesado de la historia y de los conceptos de extracción, origen, limbos, los diferentes soñadores, arquitectos, etc., todo se entiende perfectamente), con un montaje perfecto y con las mejores escenas de acción de la década y, si me apuras, de la historia del cine. ¿Mi nota? Un 11 sobre 10. Obra maestra total, absoluta, y referencial. Si el año que viene no se lleva, por lo menos, Oscars a la Mejor Película, Guión Original, Director, Montaje, Banda Sonora, Efectos Visuales, Sonido, y Efectos de Sonido, me inmolaré en la puerta de la Academia.
Vedla, por Dios. En el mejor cine que podáis.

Frenético (Roman Polanski, 1988)

Con ya más de 20 años a cuestas, este es uno de esos thrillers que, quizá, no tiene el debido reconocimiento. Y es una buena película, con muchas cosas a su favor y quizá solo dos o tres de ellas en contra.
Comencemos por las buenas. Para empezar, la siempre efectiva dirección de Roman Polanski, todo un arquitecto a la hora de recrear tensión y desasosiego. Ya lo demostró en "La semilla del diablo", y en ésta, jugando sin ningún tipo de elemento sobrenatural, vuelve a crear un clima opresivo en torno a la odisea del protagonista, desesperado, desconcertado, solo y desamparado en la búsqueda de su esposa, a la que sabe secuestrada pero ni sabe por qué, ni cuenta con la ayuda de nadie. Para enfatizar la soledad del abnegado marido, Polanski se apoya en unos personajes secundarios, los funcionarios de la embajada, realmente inútiles, que tratan al protagonista como a un idiota y no creen algo tan serio como lo que les está contando (primer punto negativo del guión, porque no es normal esa actuación). Destacamos también la interpretación de Harrison Ford, uno de los actores más constantes que ha dado la industria del cine. Quizá no podamos recordarle ninguna actuación de antología, pero todos sus papeles son siempre muy correctos y sabe cómo construir a sus personajes. Aquí, si acaso, choca que su personaje, un cirujano acomodado, se convierta de la noche a la mañana en prácticamente un James Bond para encontrar a su esposa (segundo punto negativo del guión).
Polanski introduce en la trama a una bellísima Emmanuelle Seigner, su propia esposa y actriz recurrente en sus filmes. De hecho, teniendo reciente "La novena puerta", no me fue difícil establecer ciertos paralelismos entre ambas cintas. En las dos, el protagonista es un buscador solitario; en las dos, su búsqueda se desarrolla en París; en las dos, encontramos el mismo estilo de narración opresiva, inquietante, con un peligro sutil en el ambiente; ambas comparten también una banda sonora que acrecenta esa tensión, aquí de Ennio Morricone y con una partitura muy discordante que te pone intencionadamente nervioso; y, en las dos, el personaje de Emmanuelle Seigner es prácticamente el mismo: un personaje de ayuda al protagonista, con más información que éste, atractiva y enigmática, si bien en "La novena puerta" se le añade un toque diabólico.
En definitiva, la película es muy solvente y mantiene el interés en todo su metraje, aunque la parte final se resiente, cuando se destapa la trama del detonador de la bomba y se alcanza el clímax agridulce (tercer y último punto negativo). Pero, en general, es una de esas películas que hay que ver, no es una imprescindible del cine, pero sí es de las que se agradecen.

7 días de vida (Sebastian Niemann, 2000)

El director de la interesante -y hasta entretenida- "El enigma de Jerusalén" se coloca detrás de la cámara en esta película de terror sobrenatural. La historia trata sobre una pareja, interpretada por Sean Pertwee ("Dog Soldiers", "La sombra del Faraón") y Amanda Plummer ("Pulp Fiction") que, tras perder a su hijo, se mudan a una vieja casa. Pronto comenzarán a sucederles fenómenos extraños, y la mujer, en concreto, se obsesionará con que solo le quedan siete días de vida. De hecho, ella recibe señales por todas partes anunciándole tan macabra cuenta atrás (muy bueno el momento del juego de Scrabble o la visita al manicomio). El marido, en cambio, se va volviendo agresivo y violento conforme avanzan esos siete días. No cree lo que su esposa dice, pero desde el principio tenemos claro que, si alguien se la va a cargar, él tiene todas las papeletas. En ese aspecto el argumento recuerda mucho a "La morada del miedo", con eso de que el personaje principal masculino sea quien se ve afectado por la supuesta maldición de la casa y convirtiéndose en el malo de turno. La cinta avanza con soltura, sin pretensiones, los actores cumplen arreglo a su categoría (no dejan de ser secundarios habituales puestos en papeles protagonistas), y tanto la dirección como el guión, sin ser novedosos ni destacables, son correctos. Incluso el final, la parte más fantástica y cogida con pinzas, se resuelve de forma agradable, efectista, pero correcta. Y es que esa es la palabra que mejor define a esta película: correcta. No es una historia memorable, no perdurará en nuestra memoria como una gran película de terror, pero entretiene durante todo su metraje y no pueden reprochársele más deficiencias que las típicas de ser una cinta de segunda.

Vampires Suck (Jason Friedberg y Aaron Seltzer, 2010)

Ver seguidas dos o tres de estas "Loquesea Movies" puede destruirte el cerebro. Es un hecho. Podrían utilizarse como método de tortura o hasta de ejecución, pero seguramente sería demasiado cruel y los de Derechos Humanos se les echarían encima a los que lo pretendieran. Porque ver estas cosas es un acto de masoquismo, aunque, en mi caso, sabía perfectamente que lo que iba a ver era una mierda. Así que no me sorprendo, ni me indigno, porque eso es precisamente lo que es: una mierda. Una mierda que sale a rebufo del éxito un fenómeno fan mierdero basado en unos libros medio decentes que han dado pie a una saga cinematográfica que está yendo de menos a más. Pero, por mucho desprecio que se le pueda tener a las locazas fans de "Crepúsculo", de Edward, de Jacob y del universo vampírico-romántico-moñón de Stephenie Meyer, la saga tampoco se merecía esta podrida inmundicia de parodia. Si es que a un montón de gags sin gracia se les puede llamar parodia.
Perpetrada por los mismos responsables de "Date Movie" (no la he visto), "Disaster Movie" (gracias a Dios, esta tampoco), "Epic Movie" (esta sí, y puede hacerte llorar sangre de lo mala que es) o "Casi 300" (otra por la que debería ser legal matarlos a todos), me extraña que "Vampires Suck" no se haya llamado "Vampires Movie". Sus actores de chichinabo son caras nuevas (menudo debut) o, lo que es aún peor, reincidentes en alguna "Movie". ¿Y el guión? El guión pretende seguir la historia de "Crepúsculo" y "Luna Nueva", pero como no podía ser de otra manera, todo acaba siendo una subnormalidad tras otra. Los chistes fáciles, raciales, violentos, sexuales y las faltadas con los famosetes americanos, están en todo el metraje. ¿Que la chica se tiene que ir de su pueblo? Es porque su madre se lo montó con Tiger Woods; a un chino lo usan como escudo humano en la escena en que Edward salva a Bella (aquí Becca); los hombres lobo son una panda de gays que bailan el "It's raining men" (vale, con eso me reí, quizá la única vez en toda la peli); el hombre lobo enorme es aquí un chihuahua; a Edward lo confunden con un Jonas Brother y hay un momento en que está saliendo con Lady Gaga; y claro, también hay chistes sexuales, de palizas (al indio en silla de ruedas le dan una buena) y de pedos. Vamos, un auténtico festival de alta comedia. Lo único que no está mal es que se meten con las ridículas fans histéricas de la saga, que acaban cargándose a Edward al grito de "¡Jacob gana, perra!"
En fin, dura 1 hora y 14 minutos y está hecha con el culo, ¿qué queréis? ¿Gran Torino?

Dunyayi Kurtaran Adam (Star Wars Turco) (Çetin Inanç, 1982)

Esta es la película mala más buena de la historia. Ninguna otra puede hacerte reír igual, ninguna otra puede arrancarte más indignación y sorpresa en casi cada plano, y ninguna posee un reparto tan pasmosamente penoso de actores o un equipo técnico tan consabidamente incompetente. Es, en toda la magnitud de la palabra, un ESPECTÁCULO. No darás crédito a tus ojos ni a tus oídos.
Cuneyt Arkin, que es una especie de fusión turca entre Chuck Norris y Michael Landon (célebre en su tierra, os lo juro), se ríe de sí mismo o no tiene ningún sentido de la vergüenza. En cualquier caso, yo le aplaudo. Porque hay que tener dos huevos toreros para hacer esta peli (u otras muchas de las que ha hecho, que su filmografía no tiene desperdicio) y no darte cuenta, o bien ignorar, que estás haciendo el más absoluto de los ridículos y filmando una de las mierdas más grandes jamás rodadas. Y hacerlo, encima, sacando pecho palomo en cada escena, dando lamentables patadas voladoras y poniendo caretos que ni Jim Carrey.
Los malos y sus caracterizaciones son increíbles, pura cartulina y gomaespuma a lo Art Attack; las momias turcas pasarán a la historia de la ciencia como los seres no-muertos cuyas cabezas explotan como bombas; y la banda sonora es toda robada a John Williams, descaradamente y sin ni siquiera citarlo en los créditos. Es algo asombroso, de verdad. Cuando hay naves, suena la BSO de "Star Wars". Cuando los protas van a caballo por el desierto, suena "Indiana Jones".
En fin, hay que verla. Esta es la Piedra Rosetta del cine cutre, y Turquía es la nación que más papeletas tiene de convertirse en la mayor productora de mierda cinematográfica de la historia. Queda con los amigos y ponéosla una tarde, aunque solo sea por poder comentarla. No verás nada más malo salvo, quizás, "Death Warrior". Y también es de Cuneyt.

John Rambo (Sylvester Stallone, 2008)

Jopé, de verdad, qué bien me lo he pasado viéndola. No tiene desperdicio. La mires por donde la mires.
Está claro que Stallone es un actor muy malo, pero mucho, hasta decir basta. Pero yo creo que él lo sabe, del mismo modo que sabe que ha conseguido crear un par de personajes innegablemente míticos, como son Rocky Balboa y John Rambo. Y los explota. Por eso se pone también detrás de la cámara, para que veamos que, aparte de actuar mal, escribe medianamente bien y dirige cada vez mejor. Como un Orson Wells descafeinado e hiperhormonado.
"John Rambo", cuarta y última entrega de las andanzas de este veterano de Vietnam (si es que ese bizarro proyecto en el que Rambo se enfrentará a unos monstruos no es más que un rumor...) es una auténtica casquería, un festival gore que hará las delicias de los amantes del cine de terror y violencia extrema. No hay mucha diferencia entre la escena final de "Braindead: tu madre se ha comido a mi perro", y la escena final de "John Rambo". Tal vez solo una diferencia: que jamás será posible exterminar, en realidad, a docenas de zombies con una cortacésped, pero el horror de la guerra, sus muertes, mutilaciones y barbaridades, son reales. Y Stallone lo ha plasmado muy bien.
El argumento sirve solo como pretexto para que Rambo se vuelva a poner a correr campo a través muy dignamente pese a sus 60 tacos, y para que se libere un poco de adrenalina y testosterona haciendo una masacre con los malos para rescatar a los buenos; ya sabéis, esa clase de masacres que son tan justificables en Hollywood, con buenos muy buenos y malos muy malos que merecen morir de la peor manera. Y no busques más, porque no lo hay. Pero en serio, tremendamente entretenida, aunque solo sea por su bárbara incursión en el gore. Tu Rambo se ha comido a mi perro. Chúpate esa, Peter Jackson.

La furia de Mackenzie (José Luis Reinoso, Félix Caña y Paco Campano, 2005)

Cuando una película es deliberadamente parida como cutre de cojones, ¿puede criticársela por ello? ¿Presume un pájaro cuando vuela? ¿Presumía Rocco Sifredi cada vez que se sacaba el cacharro? Pues lo mismo es, digo yo. Por eso esta película tiene un algo extraño y especial que la convierte en contradictoria Por poner un ejemplo que se entienda de esta paradoja que pretendo expresar, "La furia de Mackenzie" es una mierda que huele bien.
Rodada con cuatro duros durante los findes, por un puñado de amigos frikis del cine cutre como yo mismo, encontramos no referencias, sino plagios en multitud de los planos. Películas del género como "Critters", "Abierto hasta el amanecer", "La noche de los muertos vivientes", "Evil Dead", "Me llamo Bruce", "Independence Day" y hasta "Los Goonies" prestan (o les son robadas) aquí ideas para este batiburrillo cuyo argumento no es sino una gran parodia de las monster movies ochenteras, de esas que tantas he comentado ya en esta bitácora.
Protagonizan dos presos fugados, el duro Mackenzie y su compinche Branson, quienes escapando del sheriff sodomita Apollo, darán con un chalet en el que vive una aparentemente bucólica familia. Junto a la familia y un vecino idiota que parece Kiko, el de "El chavo del ocho", Mac tendrá que sobrevivir una noche al ataque de unos extraterrestres con estética a perezosos mezclados con villanos de los Power Rangers, que salen de nadie sabe dónde y zombifican a quienes matan. ¿Por qué? Pues ni idea. ¿Cómo? No se dice. Deus ex machina, simplemente aparecen para que el rudo Mac pueda menear el bigote y sacar la recortada a pasear. Semejante argumento deja un montón de momentos cutres de cagarse, pero como decía al principio, son así a conciencia. El guión deja también frases descojonantes, como estas que extraigo:

Ante la llegada del monstruo del espacio, Mac suelta:

-Susan, seguro que esos cabrones vienen a petarme el culo. Lo de siempre. Pero no se lo voy a poner fácil.

Lance (el vecino odioso), medio destripado:

-Mac, no intentes engañarme, sé que me voy por el barranquillo.

Mac y Jacob, armados y frente a los monstruos del espacio:

-Mac: Las últimas balas, Jacob. Adminístralas bien, aunque de todas formas vas a caer tú primero.
-Jacob: Chúpame la polla.
-Mac: ¿Cómo me lo ha hecho tu mujer hace un rato?
-Jacob: Touché.

Jacob a su mujer, cuando están rodeados de monstruos:

-Susan, llévate al niño, es lo único que nos queda. Y tampoco es que sea gran cosa.

E incluso, cómo no, una frase de "muere, monstruo":

-Mac: ¡¡¡Fuera de mi tierra, hijos de puta!!!

En fin, una auténtica chorrada de película que no se toma en serio a sí misma, y que brinda una hora y veinte de diversión siempre que seas amante del género, porque solo entonces reconocerás y te divertirás con los guiños y tópicos filmados a conciencia. Si ves la peli pensando que es algo hecho con pretensiones artísticas, creerás haber encontrado la peor película de la historia. Pero hay que entenderla, esto se hizo con la sana intención de ser cutre por nacimiento, y sin ser en absoluto una buena película, es divertida entendida como tal, y sus realizadores demuestran cierto talento que, igual en un futuro y con los medios adecuados, pueden desarrollar.

Ovejas asesinas (Jonathan King, 2006)

Nunca dejará de sorprenderme que cualquier animal pueda ser susceptible de protagonizar una monster movie. Ya hemos visto pájaros, ratas, cucarachas, babosas, garrapatas, gusanos, serpientes, tiburones, pirañas, perros, arañas, pulpos, calamares, pero aquí los amigos neozelandeses han ido un paso más allá y han convertido en peligrosas asesinas a las mansas ovejitas. Si Carmen Sevilla levantara la cabeza... Porque está muerta, ¿no?
Pero bueno, dejando al margen el estatus de viva, muerta o no muerta de la reina del Telecupón, "Ovejas asesinas" es, una vez más, un título que no da lugar a engaño. Se agradece que toda la película sea un consabido ejercicio de serie B realizado aposta, con reminiscencias estéticas de Peter Jackson (no en vano, los chicos de Weta Workshop están aquí metidos en los FX) y de sus filmes pre-Señor de los Anillos. El guión sigue el esquema de esta clase de cintas de infracine, con personajes tópicos que sirven como carnaza, paródicos casi todos, como paródicos son los propios villanos, tiernos borregos alterados genéticamente y transformados en ávidos devoradores de carne que, además, convierten en devoradores de carne a los humanos a quienes muerden. Para darle una vuelta más de tuerca al cachondo argumento, los mordidos llegan a convertirse en hombres oveja, una especie de licántropos ovinos que le dan vidilla al último cuarto de película, en el que la parodia alcanza cotas más altas que la subnormalidad de los espectadores de Telecinco cuando llegamos al enfrentamiento del hombre oveja con su archienemigo natural: el perro ovejero, claro. Perro que protagoniza el último plano dejando abierto el final para una secuela que no creo que llegue nunca, porque esta cinta solo pretende entretener y parodiar al género con muchos litros de sangre, docenas de clichés y mucho sentido del humor. En síntesis, divertida parodia gore a lo "Braindead", con buena fotografía de la campiña australiana y buenos efectos visuales de los amigos de Weta. Ten cuidado ahora cuando no puedas dormir y quieras contar ovejitas.

Réquiem por un sueño (Darren Aronofsky, 2000)

Como suele ser habitual en el cine de Aronofsky, esta no es una película fácilmente digerible. Después de la megarallante "Pi, fe en el caos", el cineasta americano co-adapta y dirige esta incomodante historia sobre las drogas y la destrucción de los sueños por su culpa. Como protagonistas tenemos a un impecable Jared Leto (un actor que, cada vez más, se está convirtiendo en uno de mis favoritos), a Marlon, uno de los hermanos Wayans, interpretando casi al mismo drogata que en las posteriores "Scary Movies", y a Jennifer Connelly como la novia de Leto, una hija de papá que prefiere las drogas y los sueños de futuro antes que el futuro de verdad. Y cito a estos tres para dejar en mención aparte a Ellen Burstyn, en el papel de la madre de Harry (Leto). La historia paralela de ella y su adicción a las pastillas para adelgazar (anfetas, en realidad), su soledad y su obsesión que deriva en locura por aparecer en la tele, son lo mejor, más duro y más dramático de la película junto con el demoledor final en el que vemos el destino de todos los personajes, cada cual más patético pero labrado a fuerza.
La historia en sí no es más dura que otras como "Diario de un rebelde" o "Trainspotting", pero es en la forma de contarla donde Aronofsky se queda solo. Es difícil de explicar, el montaje es deliberadamente rápido y lleno de planos cortos en los que vemos la preparación de los tiros de coca o de los chutes, y conforme avanzamos en el metraje y ahondamos en la adicción de los personajes, todo aún se vuelve más frenético, como si estuviéramos también bajo los efectos de los mismos psicotrópicos que ellos. La cámara se vuelve loca, pegada a la espalda de los actores, mareándonos, colocándonos como un mal subidón. Y la música, quinto personaje a destacar en esta cinta, contribuye de la misma forma. El cuarteto de cuerda in crescendo acompaña y enfatiza el dramatismo de los mejores momentos de esta amarga historia cargada, al mismo tiempo, de tópicos y de realismo. Y la sensación que queda al final, aparte de un suspiro de alivio porque haya acabado el agobiante viaje, es la de que has visto uno de esos pequeños clásicos experimentales que acabarán poniendo a todos los chavales en clase de Filosofía. Aunque muchos ya estarán peor que Harry y sus amigos.

Alien resurrección (Jean-Pierre Jeunet, 1997)

Extraña que el director de la delirante "Delicatessen" o de la fantasiosa "La ciudad de los niños perdidos" se pusiera tras las cámaras de esta cuarta y última entrega de Alien. Después, de hecho, rodaría "Amelie", todo un clásico moderno del surrealismo francés, así que podríamos ver esta cinta de ciencia-ficción como algo disonante en su carrera. Y, de hecho, extraña es un rato.
Para empezar, el punto de partida está un poco cogidito con pinzas. ¿Clonando a Ripley realmente se podía clonar también al alien que llevaba dentro? ¿Entonces, si me como un pollo y me clonan, tendré el pollo en el estómago? No cuadra mucho, ¿no? Pero bueno, semejante arranque sirve para traer de nuevo a Ripley y concederle, por fin, un poco de igualdad con respecto a sus enemigos íntimos. La nueva y clonada Ripley-8 tiene fuerza de alien, sangre ácida y gran instinto depredador. Pero ella también ha aportado algo de su ADN al alien que le extraen del pecho (una reina, claro), que dará pie a la nueva y asquerosa criatura: el cachorrete alien-humano, tan brutal como los de siempre pero con cariño maternal por Ripley. Curioso, y asquerosamente gore la forma en la que se lo cargan. En ese sentido, la cinta es la más bestia de todas. Hay aquí más sangre y muertes explícitas que en toda la saga junta. Se intenta recuperar también el elemento que introdujo Cameron en su soberbia "Aliens, el regreso": el equipo de marines, aquí mercenarios, que dan el contrapunto divertido y salvaje a la trama. Y así, entre tiros, lenguas arrancadas, Aliens acuáticos y bebés híbridos de Alien y humano, de pasan los 108 minutos con una correcta sensación de entretenimiento que no está a la altura cinematográfica de las anteriores (ni siquiera de la tercera), y que por momentos parece un poco paródica, pero cumple.

Alien 3 (David Fincher, 1992)

Dicen que James Cameron se mosqueó muchísimo cuando vio que David Fincher se había cargado a los personajes de Newt, Bishop y Hicks como punto de partida de esta tercera parte. Y no me extraña, porque a mí, como espectador, también me jode que después de toda la odisea de la segunda parte, dos de los tres supervivientes (sin contar al androide, que no está técnicamente vivo) comiencen ya muertos. No se me antoja justo para con el trabajo de Cameron, como si empañara y asesinara parte de la historia que él nos quiso contar en su película. Hablando claro, me parece una patada en el culo de director a director.
Pero bueno, una vez asumimos esto, encontramos una película mucho más sucia que las anteriores. Las dos primeras partes se desarrollaban casi en su totalidad en naves espaciales, mientras que ésta se desarrolla en un asqueroso planeta prisión infestado de piojos y de criminales paradójicamente religiosos. Notamos en esto la mano de Fincher, debutante en esta película pero ya con un estilo propio que después depuraría en "Seven" o "El club de la lucha". Dicen también que Fincher tuvo muchos problemas a la hora de la dirección y el montaje, que muchas escenas cruciales se quedaron fuera y que su trato con los productores no fue el mejor del mundo. La verdad, no sabría decir. Creo que esta tercera parte de la saga ha sido muy vapuleada por los fans y la crítica, quizá porque sucede al excelente film de Cameron (el favorito del público) y por los comentarios sobre Fincher y su propia renuncia al resultado final. Personalmente, me parece una cinta tan disfrutable como cualquiera de las dos anteriores, sin la magnífica angustia de la primera ni el ritmo perfecto de la segunda, pero correcta en su desarrollo y con una historia correcta. Incluso el final tiene algo de poético, y eleva a Ripley al estatus de heroína y de mártir por una causa; aunque la causa fuera matar a los Aliens. Eso sí, es la más oscura y amarga de las (por el momento) cuatro partes de la saga, la menos esperanzadora y la que peor sabor de boca deja. Pero no porque sea una mala película, que no lo es en absoluto.

Aliens, el regreso (James Cameron, 1986)

¿Quién es el memo que dijo que segundas partes nunca fueron buenas? Pues uno que no conocía a James Cameron, claro. En 1979, Ridley Scott acojonó a medio mundo con su "Alien, el octavo pasajero", una cinta que se debatía entre la ciencia ficción y el terror y que presentó a una de las criaturas más míticas del celuloide. Pues en 1986, James Cameron partió del excelente relato fílmico de Scott y lo elevó a su máximo exponente para crear una secuela que superó con creces al original, al menos desde mi punto de vista, y que sentó las bases de un nuevo estilo de cine de acción/ciencia-ficción con muchos elementos copiados hoy en día hasta la saciedad. Para empezar, Sigourney Weaver y su Ripley se convierte en la primera gran heroína del cine de acción, aunque bien secundada aquí por un gran equipo de personajes secundarios entre los que encontramos a dos habituales de James Cameron, como son Michael Biehn y Bill Paxton. El equipo de duros marines espaciales nasíos pa matá da un punto cómico y cañero a la película; todos son tan tópicos como deben ser, y su esquema se ha repetido ya infinidad de veces. Pero en esta historia, sus apariciones sirven para mucho más que rellenar minutos de muertes, y dejan auténticos momentazos de acción y diversión. Además, como siempre, la puesta en escena (de la que podemos encontrar reminiscencias en las salas de control de "Avatar") y el tratamiento de la acción de Cameron es brillante, imprimiendo a la película de un ritmo trepidante y perfecto, cargado no solo de espectaculares escenas de acción y lucha contra los monstruos, sino de verdadera tensión y hasta terror como durante el encierro de Ripley y Newt con los facehuggers. Queda también para el recuerdo el personaje de Bishop (Lance Henriksen), que redime al androide malvado de la primera parte convirtiendo a su personaje en un héroe entrañable y más humano que cualquiera. Y cómo olvidarnos de la que es, sin lugar a dudas, la mejor frase de "muere, monstruo" de la historia del cine, todavía no superada: "aléjate de ella, puerca". Desde el "sonríe, hijo de p..." de "Tiburón", no se había oído una mejor. En definitiva, "Aliens, el regreso", es un peliculón como la copa de un pino, todo un referente de la moderna ciencia-ficción, y sin duda la mejor de la saga.

Jeepers Creepers (Víctor Salva, 2001)

Hace unos días comentaba en mi crítica de la segunda parte, que "Jeepers Creepers" me había parecido decepcionante en su momento. No la había vuelto a ver desde entonces, y decidí darle otra oportunidad. Bueno, pues me ha sorprendido. Para empezar, sus primeros cuarenta minutos no son terror al uso, sino una especie de road movie al estilo de "El diablo sobre ruedas". El descubrimiento de la Casa del Dolor del Creeper es muy bueno, y también la posterior huída de los dos hermanos, cuya relación natural y divertida es otro buen punto de la película. A partir de la llegada al bar y la llamada de la médium, la película pierde bastante de su frescura y buen arranque para derivar a una monster movie mucho más típica, con el acecho del monstruo a la comisaría (que recuerda a "Asalto a la comisaría del distrito 13" en otra buena referencia cinematográfica) y la aparición del característico personaje explicación, en este caso la médium, que informa de la historia del monstruo (que, una vez más, recuerda a otra peli: "It"). La canción "Jeepers Creepers", de los años treinta, se convierte en inquietante presagio de la aparición de la bestia asesina (que tiene un buen diseño aunque nada novedoso), dando un contrapunto ridículo y, a la vez, acertado. ¿Cómo una cancioncilla como esa puede anunciar la llegada de un monstruo así?
Destacar también las buenas actuaciones de los dos actores que interpretan a los sufridos hermanos, y sobre todo el final, con esa última secuencia sin diálogo y con el tema musical sonando en un viejo tocadiscos mientras vemos el destino final de Darry, tal y como vaticinaba la médium. En resumen, una de esas pelis que mejoran con un segundo visionado cuando eres un poco más mayor. Quizá hace nueve años, en plena vorágine gore, me esperaba más de esta cinta, pero vista de nuevo no me ha parecido ni tan típica ni tan lenta, contiene muchos elementos interesantes y muchas referencias cinéfilas muy atractivas.

Scar 3D (Jed Weintrob, 2007)

La moda del 3D se impone cada vez más, hasta el punto de que algunas producciones que no deberían pasar de estrenarse en DVD, reciben su oportunidad de pasar por las salas de cine gracias a incorporar este formato. Este es el caso de "Scar 3D", una cinta que no engaña a nadie en su título. Protagonizada por una de las habituales del terror actual, Angela Bettis ("Carrie", "May"...), el argumento es el del típico slasher con personaje traumatizado, en este caso el interpretado por la caraextraña de la Bettis. Supuestamente, ella sobrevivió de joven a un asesino en serie, historia que se nos va mostrando con flashbacks no demasiado mal insertados en película, una vez que te has acostumbrado a que la cinta se desarrolla entre el pasado y el presente. Sorprende también el alto nivel de gore, que convierte a esta película en un referente en este nuevo subgénero del terror que ya se conoce como torture porn (yo también me acabo de enterar que se llama así), dentro del cual podemos englobar sagas como "Saw", "Hostel" y similares. La última parte de la película es realmente grotesca y malrollera, las torturas del nuevo asesino (que está cantadísimo quién es, por supuesto) son muy crueles y explícitas, luego la Bettis se corta la mano con un cacho de cristal (sigh) y el remate del asesino creo que es excesivo a tope (luego explícale a la policía que le cortaste media cabeza en defensa propia). Pero vamos, para no haberla visto en 3D, que supongo sería su mayor baza, la cinta cumple con su función de entretener y asquear durante su horita y media escasa, aunque insisto, si no hubiera sido rodada en tres dimensiones, dudo que esto jamás hubiera llegado a cines.

Furia de Titanes (Louis Leterrier, 2010)

"No veas esta mierda, por Dios", me dijo un buen amigo. "Menuda basura de película", me dijo otro indignado colega. "Si la ves, te sacaré los ojos y te los meteré por el culo", me dijo un tercero que es un poco más violento. E incluso hubo un cuarto que directamente me disparó en la rodilla cuando le dije que iba a verla. Pero yo, chulo yo, dejé salir al sadomasoquista que hay en mí y decidí verla (eso sí, en casita y sin pagar por ella) para ver si era tan mala. Y no lo era.
Era peor.
La primera expresión que me viene a la cabeza después de haber visto esta peli, es "superproducción de serie B". Y sí, sé que es bastante contradictoria, pero es lo que me transmite. Por momentos parece un carísimo telefilme de esos que dan en Antena 3 cuando se va a estrenar alguna peli puntera, o un mockbuster de mi querida Assylum. Pero no, lo triste, lo jodido, es que esta película costó 125 millones; y lo más triste aún es que recaudó casi 500. ¿Dónde está el criterio de la gente?
En fin, pero siguiendo con la película, en esencia sigue el esquema de la clásica, aunque carezca completamente del encanto de aquella y lo sustituya por incompetencia y por espectáculo vacuo y ruidoso que no dice nada. Pocas veces tantos millones de dólares en efectos y decorados dieron un resultado tan gris y vacío. Da hasta pena ver a un buen par de actores como Liam Neeson o Ralph Fiennes arrastrar sus carreras por el fango de esta pocilga, con dos papeles tan cortos y gilipollas como el de Zeus y Hades, a cada cual peor caracterizado, vestido, maquillado, y con frases más estúpidas (¿y eran realmente necesarios CINCO guionistas para esto?). Pero todo esto no es nada comparado con el mayor "descubrimiento" de la década: Sam Worthington. En "Terminator Salvation" su papel era soso, pero decías "bueno, es un cíborg, puede que tenga que ser así"; luego, en "Avatar", ya te mosqueabas cuando veías que su avatar actuaba un millón de veces mejor que él; pero aquí Worthi se confirma como el mayor carapalo del cine del momento. Es malo, malo, malo, pero malo de cagarse. Además, como me comentó un amigo en su momento, es una vergüenza que para un papel como el de Perseo, un héroe mitológico mitad dios y mitad humano, Worthington no se haya musculado ni lo más mínimo. ¿Para qué? Si lo compensa con sus dotes interpretativas, ¿a que sí?
Pero para que no todo sea malo, hay que decir que, al menos, la película no se me hizo larga ni pesada. Solo faltaría eso. Desde que Hades hunde el barco de los padres de Perseo, la aventura va de un sitio a otro; los escorpiones, Medusa, el Kraken (el único plano bien hecho de la película es la petrificación del Kraken)... Pero de todas formas, es una película de baratillo, en la que nadie se tomaba en serio ni el guión, ni el papel, en la que la acción debería ser trepidante y no lo es, los efectos se quedan en un aprobado raspado y lo único que sobra es tontería. Baste decir que lo mejor de sus dos horas son los 5 segundos en los que se hace el guiño a la mítica lechuza mecánica...

El equipo A (Joe Carnahan, 2010)

Joder, qué bien me lo he pasado. Adoro cuando tienes bajas expectativas a la hora de ver una película, y luego te sorprendes tan agradablemente como con ésta. ¿Quién no recuerda al Equipo A? Aquel grupo de soldados encarcelados por un crimen que no cometieron y reconvertidos en soldados de fortuna fueron uno de los reyes de la televisión de los ochenta. Su violencia light (disparaban mucho sin dar a nadie y jamás había sangre), sus bromas, su disposición a trabajar siempre gratis ayudando a los necesitados pese a ser mercenarios (¿en algún capítulo se les vio cobrar?), sus construcciones de Bricomanía para expertos, y un largo etcétera, convertían sus episodios en un agradable entretenimiento sin pretensiones. Pues ahora, veinte años largos después, el Equipo A regresa de forma fiel al espíritu de los ochenta. Esta película contiene lo mismo, pero más caro, más moderno, más espectacular, más... más más, en definitiva. Se convierte al grupo en veteranos de Irak, para que no haya tanto desfase temporal con Vietnam pero, por lo demás, es lo mismo. Encarcelados injustamente por una conspiración de la que fueron marionetas, el grupo del brillante estratega Hannibal tendrá que encontrar unas planchas de billetes robadas y huir de la justicia mientras limpian su honor. Me han encantado las caracterizaciones de personajes, muy fieles a los originales, y las relaciones entre ellos son tal y como las recordaba de la serie, especialmente la de Murdock (Sharlto Copley) y M.A. (Quinton "Rampage" Jackson). La historia de M.A. adquiere un pequeño matiz interesante que beneficia al personaje tanto como haberle liberado del peso de 15 kilos de cadenas de oro, jeje. Pese a mis dudas iniciales, Liam Neeson cumple sobradamente como Hannibal, quizá el mejor caracterizado y bordado de los cuatro. Aunque lo malo es que el coronel pierde un poco de protagonismo en función del guaperas de Fénix (Bradley Cooper), que se convierte en personaje mucho más principal que en la serie, adquiriendo el rol de líder del grupo en la parte final, y luciendo constantemente pectorales y chulería. Tampoco es que moleste, porque entre escapadas, peleas, disparos, fugas, rescates y la barbarie final en el puerto con los contenedores (¡¡impresionante la que lían!!), es imposible aburrirse. Una vez más, se nota que la trilogía de Bourne ha dejado huella en el cine de acción, porque se ve el mismo estilo para las escenas más trepidantes (cámara en mano, zooms, banda sonora cañera...). Los fans de la serie encontrarán también muchos guiños a la misma, desde la sintonía que suena en varios momentos clave, hasta el cameo post-créditos de dos de los miembros originales del Equipo A televisivo. En fin, no me explayo más. Citando a Hannibal, solo diré que... "me encanta que las pelis salgan bien." Al menos, algunas.

Splice, experimento mortal (Vincenzo Natali, 2009)

Despojémonos de prejuicios y no nos alarmemos porque el póster de esta película recuerde enormemente al de "Species". Que tampoco nos alarme que ambas películas compartan detrás del título la coletilla "mortal", bien "especie" o bien "experimento". Y olvidemos también que ambas cintas comparten un argumento de base muy similar, versando sobre la creación genética de una nueva especie y su posterior descontrol con sangrientas consecuencias. Realmente, una vez obviadas estas similitudes, "Splice" ofrece un tratamiento mucho menos tópico, más intimista y con algunos giros interesantes, especialmente en el desarrollo de la relación entre los tres personajes protagonistas, los dos genetistas interpretados por Adrien Brody y Sarah Polley y la criatura Dren. Entre el rechazo y el cariño por lo que han creado, los dos científicos se debaten por la línea de lo que separa lo ético de lo amoral, y sobrepasarán con creces la delgada línea entre lo que es un simple experimento al que no han sabido dar fin a tiempo, y lo algo que no solo implica personalmente a los dos, sino que viola todas las leyes de la naturaleza. La trama se desarrolla en un crescendo mientras Dren también crece, se hace cada vez mas humana y a la vez mas inquietante. No sabemos muy bien de lo que es capaz, ni lo que puede esconder su misteriosa naturaleza mezclada en laboratorio. En la parte final, la mas típica de la historia pero aun así eficiente, la criatura se desprende de toda la aparente humanidad que le pudiéramos haber visto, y evoluciona hacia un clímax tan cantado (si has estado atento al dato sobre los dos primeros especímenes que crearon) como bien resuelto. El final no es sorprendente, resulta tan tópico como todo el último tercio, pero la historia de Dren y sus creadores deja un buen sabor de boca que no logra verse empañado ni siquiera por esa escena del extraño polvo que Brody y Polley pegan... con los pantalones puestos.

Conan, el bárbaro (John Milius, 1982)

El épico género de espada y brujería que tanta exploitation despertó en los ochenta, nació a raíz de esta impecable obra de John Milius. Con una puesta en escena admirable, un cuidadísimo diseño de producción, una intachable banda sonora de Basil Poledouris y un Arnold Schwarzenegger en su mejor momento, la épica de esta historia arranca desde el minuto uno. Conocemos la historia del niño Conan, de una aldea bárbara en la que, desde bien pequeño, los primeros consejos de su padre serán en torno a que no puedes confiar en nada más que en tu espada. El destino aguardará un revés cruel para Conan, que se quedará huérfano cuando un malvado rey arrase su poblado y lo convierta en esclavo. Ese periodo de esclavitud sirve para justificar con una correcta elipse que el enclenque Conan niño interpretado por Jorge Sanz dé paso a la mole de músculos que era Arnold. El Conan adulto se convertirá en guerrero invencible, será adiestrado en todas las disciplinas de combate (impagable el momento en el que responde que lo mejor de la vida es aplastar a tus enemigos, verlos destrozados y oír el lamento de sus mujeres) y acabará liberado. Y ahí comenzará su nueva odisea, en compañía de dos ladrones, una de las cuales se convertirá en su gran amor. La aventura no cesará mientras Conan y sus amigos buscan al rey serpiente, se cruzan con brujas y libran combate tras combate con Krom cuidando de sus movimientos. No son precisas buenas interpretaciones, solo basta con la presencia de Schwarzenegger blandiendo el espadón y dejando inconsciente a camellos de un puñetazo. Hay un momento especialmente épico, cuando Conan pierde a su amada. Su amigo, llorando, es interrogado por otro que le pregunta por qué llora. Y la respuesta define a Conan a la perfección: "porque él es Conan, el bárbaro. Él no llorará, así que yo lloro por él". Impresionante. El final es tan bueno como el resto, Conan cumpliendo su venganza y la voz del narrador augurando que aquel bárbaro llegaría a ser rey por méritos propios... Pero que eso sería otra historia. En resumen, un peliculón como la copa de un pino, definición de diccionario de lo que es una fantasía épica comercial. Nunca me cansaré de decir que los ochenta dejaron muchas, muchas joyas cinematográficas, y "Conan, el bárbaro", es de las de 18 quilates.