Jeepers Creepers 2 (Victor Salva, 2003)

No recuerdo con total claridad la primera parte de esta película, pero sí que no me causó una impresión demasiado buena. Fuimos al cine con ciertas expectativas, sabiendo que la película había arrasado en taquilla y que venía anunciada como un exitazo del terror. Y no diré que fue un bodrio, porque no la recuerdo mucho, pero sí que recuerdo que los amigos tuvimos cachondeo para rato. Así que no debió ser el peliculón que prometían.
Así que, sin demasiadas expectativas, pusimos ayer esta segunda parte. Para empezar, diré que no es necesario haber visto la primera, porque lo necesario de la historia es saber que va sobre un monstruo inmortal que se despierta cada 23 años para alimentarse durante 23 días de sus presas humanas. Hoy en día, este argumento tan "original" me recuerda al libro (y la película) "It", porque el payaso Pennywise también se despertaba cada veinte años para alimentarse. Pero Pennywise daba más miedo. Creeper (que así se llama el monstruo de esta peli) es una mezcla entre el Wishmaster y un demonio alado. Un aspecto muy típico para un monstruo muy típico, vamos.
No obstante, la acción está bien rodada, y la historia, aunque no ofrece nada nuevo, sabe jugar las cartas con las que cuenta. El reparto joven que participa no está mal, ninguno es avergonzante, y se logra mantener un clima de moderada tensión con los ataques del monstruo al autobús, o con la última parte de la cinta en la que el granjero y su hijo le dan caza a la bestia a arponazos, para dar pie al final, más abierto que Jenna Jamieson. En definitiva, una cinta simplemente correcta, con la suficiente sangre y acción como para mantenerte entretenido, una historia que, sin ser nada original, tampoco hace aguas por ningún sitio, y un reparto implicado (hasta lo humanamente posible) en hacer creíble su trabajo. Victor Salva firma la segunda parte de la película que le dio a conocer, y consigue un film de terror-acción resultón, sin excesos ni demasiadas carencias.

Shakma (Tom Logan y Hugh Parks, 1990)

Voy a contaros una historia curiosa. Hace un porrón de años, mi padre me comentó que, la noche anterior, había estado viendo por la tele, a las tantas de la madrugada, una película sobre un mandril asesino que se escapaba en un laboratorio y la liaba parda. Yo, en pleno nacimiento de mi afición por el terror y el fantástico, busqué al día siguiente en el periódico a ver si me enteraba del título de la peli, porque mi padre no lo recordaba. No hubo suerte. Me quedé sin saber qué película era aquella que a mi padre le había parecido tan chula, y cuyo argumento me parecía todo un imprescindible del terror ochentero.
Pasaron los años y me fui olvidando, aunque de cuando en cuando me acordaba de aquella película que se me escapó y de su mandril asesino. Era mi asignatura pendiente. Recuerdo incluso haber enviado una consulta, no hace mucho, al Buscólogo de Cinecutre para ver si me la localizaba con los pocos datos que tenía, pero ni me contestaron. Parecía condenado a no saber qué puñetera película era aquella. Casi me resigné. Total, había cine de sobra en el mundo.
Bueno, pues el otro día, no sé ni cómo, una consulta en Filmaffinity me llevó a la actriz Brook Shields, y me dio por mirar su filmografía. Destacaba "El lago azul", claro, y cliqué sobre ella por mera curiosidad aburrida. Me llamó la atención una frase sobre su compañero protagonista, de quien decían que su carrera no despegó. Textualmente decía: "El lago azul" lanzó a la guapa Brook Shields a un estrellato mediático que no se confirmó en las pantallas, y en cuanto a su compañero Christopher Atkins... creo que todavía está en la isla. Semejante afirmación sobre tan "fulgurante" carrera me despertó curiosidad, y cliqué sobre el nombre del tal Christopher Atkins. En efecto, muy pocas películas y muy espaciadas, todas con pinta de serie B si llegaban. Una, en concreto, mostraba en su portada a un mandril con las fauces abiertas y el título "Shakma" escrito en rojo terror bajo su rostro.
¡Me cago en la hostia puta! ¡Era esa! No necesitaba más datos, ni confirmación, ERA ESA la película que llevaba años sin encontrar. La sinopsis de Filmaffinity me lo confirmó: Un mandril blanco asesino al que le han aplicado drogas experimentales se escapa del laboratorio de un edificio universitario matando a casi todos. Vale, luego me di cuenta que googleando simplemente "película mandril asesino" podría haberla encontrado, pero reconozco que no la había vuelto a buscar desde que comenzaron las... ejem... modernas tecnologías. Mea culpa.
Pero bueno, sea como sea, 20 años después esta película ha llegado a mis manos. La disfruté como un cerdo, por su valor nostálgico, por la sensación de estar saldando una deuda pendiente con el universo, y porque, además, está de puta madre. Serie B pura y dura, con aparición incluso de Roddy McDowall (Peter Vincent en "Noche de Miedo"), y una historia decente que combina tensión, sangre y un monstruo muy peculiar como es un mandril alterado genéticamente. En la línea de "Atracción Mortal", pero más violenta, más divertida y más deliciosamente cutre. El final es buenísimo, y el mandril es un auténtico cabrón más listo que muchos de los asesinos del cine actual. Vamos, que me lo pasé de miedo. Me ha costado 20 años, pero que no me digan que las casualidades no existen. Te debo una, Christopher Atkins.

Terror en estado puro: La tabla ouija (Rob Schmidt, 2009)

Este mes me he pegado una sesión completa de "Masters of Horror", y se me había ocurrido que no sería mala idea hacer lo mismo con otra serie de mediometrajes del mismo estilo y corte, titulada "Fear Itself", traducida aquí en España con el no demasiado mal título de "Terror en estado puro". Creo que ya he visto alguno, zapeando, aunque casi siempre empezado, pero ayer tiré de ordenador y me hice con un episodio al azar, con un título que me llamó la atención. Bueno, en realidad me llamó más la atención otro, pero el enlace estaba mal, así que me conformé con este: "La tabla ouija".
Se me han quitado las ganas de seguir con esta serie.
Este insulto de episodio contaba la subnormal historia de dos amigas estúpidas que hacen una ouija porque se aburren, y contactan con una animadora muerta que les da a entender que se la cargó su profesor. Esta memez sirve para que se creen escenas de pseudotensión en una piscina, en la que la protagonista (una guapa Anna Kendrick rebajada a lo peor) es acosada por el... espíritu de la muerta (aunque no es así, pero hay que esperar al indignante giro final para saberlo y reírte aún más), y también perseguida por un asesino a lo "Sé lo que hicisteis el último verano", pero con máscara de tucán. Sí, joder, de tucán. Es la peor máscara que he visto, y mira que he visto slashers. Al final hay un estúpido giro argumental más cantado que el "cumpleaños feliz" (y más tramposo que el equipo Ferrari) en el que todo acaba de forma más estúpida y abrupta si cabe. Fin de tu tortura. Ya puedes levantarte e ir a vomitar al baño.
Vamos, que ya os digo que se le quitan a uno las ganas de seguir con esta serie, pero creo (o quiero) recordar que algunos episodios no están mal, incluso alguno diría que está medio bien, así que intentaré hacer de tripas corazón. Este, en concreto, es una gran basura aburrida, predecible y para todos los públicos, en la línea de su director, que no es nadie en el mundo del terror (aunque dirigió un episodio resultón de "Masters of horror"). Ni carátula he podido encontrar en Internet, así que he hecho una yo mismo con el Paint, concienzudamente cutre como la película misma.

El vendedor de helados (Paul Norman, 1995)

Quiero compartir con vosotros, mis queridos lectores y amigos, lo que dice la frase promocional de esta película: "Una de las películas más buscadas, con escenas gore explícitas y sangrientas y una historia peculiar y que no dejará indiferente a nadie. ¿Volverás a tomar helado? Puedes apostar a que no."
Vamos a ver, ¿pero quién ha escrito esa gilipollez? Que me lo dejen media hora en una habitación sin ventanas y ya le enseñaré yo lo que es una escena gore explícita. Vamos por partes. La historia en sí es típica de los slasher cutres: niño traumatizado tras presenciar el asesinato del heladero del barrio (todos los niños traumatizados se convierten en asesinos, eso lo saben 10 de cada 9 psicólogos), y que de mayor se convierte en heladero para seguir su estela. Pero un heladero asesino (después de su paso por un manicomio en el que le hicieron un ecce homo, al pobre chaval) que hace sus famosos helados con gente troceada, especialmente niños. La historia no está carente de un humor absurdo y asquerosete, con escenas que, más que gore, dan asquito (las cucarachas y los trozos de carne mezcladas con los cubos de helado). Los personajes, por supuesto, tipiquísimos, estereotipos de estereotipos, y totalmente noventeros. La película no se toma en serio a sí misma, y menos mal. Mención especial a la pareja de policías que se comportan como gilipollas, que se dejan noquear con un cucharón de helado (WTF??) y que no dejan de decir chorradas enervantes y de actuar de forma subnormal durante toda la cinta. El final, en la línea de los slasher de la época: otro niño tomará el relevo de nuestro asesino después de que éste termine convertido en helado. Y quedará en tu memoria la penosa interpretación de todo el reparto, la fea cara de su protagonista (que parece el puto Moe de Los Simpsons), algunas escenitas repugnantes y otras medio buenas (el final del heladero o su numerito de ventriloquía con dos cabezas), la taladrante banda sonora, y ese niño con relleno para parecer gordo al que sus padres llamaron Atún. Dios, qué cine se hacía antes... Y no lo digo para bien, no.

Las vidas posibles de Mr. Nobody (Jaco Van Dormael, 2009)

Cuando una película de ciencia ficción te mantiene interesado durante todo su desarrollo, es buena; cuando, además, sus interpretaciones son estupendas, es muy buena; pero si además tenemos un montaje fantásticamente conexo, un guión inteligente y un final de escándalo, estamos ante un peliculón. La misma sensación que me dejaron “Cube” o “Donnie Darko”, obras maestras de culto en este género. Y ahora, tenemos una tercera en discordia, que no es otra que esta increíblemente compleja “Las vidas posibles de Mr. Nobody”.
Normalmente, en mis comentarios suelo mencionar algo del argumento, pero en este caso todo lo que dijera sería un enorme spoiler. Y cuando se trata de una película de serie B o cualquier bodriete sin pena ni gloria, me da igual hacer spoilers. Pero arruinar el visionado de una cinta como esta, sería para matarme.
Así que voy a tratar de dar mi opinión sin destripar nada. Estamos ante un guión brillante, magníficamente escrito y dirigido por Jaco Van Dormael (alguien a quien no habrá que perderle la pista), e interpretado a su altura por todos los actores que pasan por pantalla, jóvenes, niños y viejos. Jared Leto, de nuevo con su forma física habitual tras la barbaridad que hizo para interpretar a Mark Chapman en “El asesinato de John Lennon”, se marca un papelón, sobre todo en su yo futuro con 108 años, papel para que el que contribuye mucho el estupendo maquillaje y ambientación futurista y desconcertante. El montaje, aparentemente confuso, salta constantemente sin dejarnos respirar ni pensar demasiado en qué hemos visto. Una confusión que compartiremos con el reportero que entrevista a Mr. Nobody (nombre que, ahora una vez vista la película, cobra otro sentido). ¿Qué es realidad y qué es ficción? ¿Qué vida, de entre todas las posibles, vivió este señor nadie? Además, brillantemente se intercalan mini-documentales sobre física cuántica (Big Bang, Big Crunch...) que no están insertados al azar, porque no hay nada al azar en esta cinta. Hay muchísimos detalles que, tras un primer visionado, pasarán desapercibidos para quien no sea un hacha, pero si cuentas con buen ojo o con un buen amigo con quien comentar la película a posteriori, disfrutarás el doble al darle una interpretación. Y será entonces cuando tengas aún más claro que, además de una estupenda peli de ciencia ficción, “Las vidas posibles de Mr. Nobody” encierra una de las historias de amor más bonitas que podemos ver. Una historia de amor que acompaña al protagonista en todas sus posibles vidas, en todas esas vidas que podría haber vivido de haber corrido tras un tren o de haberse quedado quieto. O de haber perdido un zapato. La historia de Nemo y Ana. La historia de una decisión. Porque, mientras no decidamos, todo es posible.
Peliculaza, amigos. No hay más que hablar. La volveré a ver y la disfrutaré más aún, de eso estoy seguro.

El perro de Baskerville (Terence Fisher, 1959)

Siempre es un placer visual disfrutar de una película de la mítica productora Hammer, con sus enormes decorados de interiores, esos exteriores tan típicos y casi todos iguales, y ese color tan característico… y sobre todo con su pareja de protagonistas por antonomasia, dos leyendas del cine como Peter Cushing, el eterno luchador contra las fuerzas del mal, y Christopher Lee, el eterno malvado diabólico. Juntos protagonizaron un montón de filmes entre las décadas de los 50 y los 70, casi siempre como enemigos, y casi siempre bajo la dirección maestra del gran Terence Fisher, otro monstruo como ellos. En esta cinta, sin embargo, los tres cambian de registro ligeramente para darle vida a una novela de Sir Arthur Conan Doyle, “El perro de Baskerville”, protagonizada por el personaje estrella del novelista inglés: el brillante detective Sherlock Holmes. Jolmes, según el doblaje español que tanta gracia me hizo.
La historia gira en torno a una maldición que afecta a la noble familia Baskerville desde que uno de sus antepasados, todo un depravado hijo de ****, fuera asesinado por un perro del infierno en el páramo. Todos los descendientes de Sir Baskerville parecen morir siempre de la misma forma, pero aquí entrará el brillante Holmes y su fiel amigo y compañero no homosexual Watson, que se pondrán manos a la obra para discernir el misterio y proteger al último Baskerville, interpretado por Christopher Lee. Buenos diálogos, grandes interpretaciones de estos dos monstruos del terror, y el toque característico que le imprimía la Hammer a todas sus producciones, hacen de esta historia una correctísima y casi imprescindible intriga (que de terror, tiene bien poco) a la que no le falta de nada. Ni siquiera un sospechoso mayordomo, o una ama de llaves de dudosa confianza, o un… No, no contaremos el final. Merece la pena verla, que ya no se hace cine así.

American History X (Tony Kaye, 1998)

Si dijera que esta es una de mis cinco películas favoritas no estaría exagerando nada. Y es que lo tiene todo. Un guión potente, no exento de algún cliché, pero que funciona a la perfección en pantalla; una dirección fantástica, que alterna pasado reciente con presente diferenciándolos con el blanco y negro y el color; una banda sonora formidable que acompaña a la historia como un guante; un reparto de secundarios magníficos en sus estereotipados papeles que les van a la perfección (dicho esto como todo un elogio al guionista por crearlos y al director de casting por clavar a sus intérpretes); y sobre todo y por encima de todo, un Edward Norton antológico, soberbio, fenomenal, que se come cada plano con patatas, y que construye un personaje que es ya uno de los grandes en la historia del cine moderno: Derek Vinyard, un joven de clase media, hijo de un bombero asesinado por un pandillero negro, y que encontrará refugio y vocación en los ideales neonazis, llegando a convertirse en un líder hasta que da con sus huesos en la cárcel. Cárcel en la que todo cambiará para siempre cuando empiece a comprender, a la fuerza, lo equivocado que estaba, y cómo han sabido jugar con su brillante cerebro y con su frágil estado emocional tras la muerte de su padre. Lo malo es que su redención moral tiene un precio: su hermano Danny, que va por su mismo camino. Y que toda la comunidad neonazi que antes lideraba, ahora irá a por él.
La película deja secuencia tras secuencia para el recuerdo. Queda para siempre en tu retina la noche en la que Derek asesina al negro de una patada en la cabeza apoyada contra un bordillo; o su paso por la prisión, en la que será violado por aquellos con quienes creía compartir ideales y ayudado a sobrevivir por un típico negro graciosete encarcelado injustamente; o el genial momento en la ducha en el que Derek se mira al espejo y se tapa la esvástica con la mano (momento de llorar sí o sí). Me encanta que, en esta cinta, por una vez los tópicos estén completamente al servicio de la narración, definiendo más si cabe a los personajes y a la historia que cuentan de forma impecable. Pero si la transformación de Derek deja puerta abierta a la redención, el final, tan realista como trágicamente demoledor y demoledoramente trágico, nos deja con un amargo sabor de boca. ¿Qué será de Derek ahora? ¿Y de su familia? ¿Es posible continuar por el buen camino que tanto te ha costado encontrar cuando la vida se empeña en darte palo tras palo? ¿O es que, quizá, uno recoge lo que sembró y no se puede evitar que las semillas de lo plantado, aunque haga tiempo que las sembraste, crezcan y den su fruto? Quién sabe. Lo que está claro es que “American History X” es una lección de vida, de ideales, de la sociedad en que vivimos, no un simple canto panfletista a la tolerancia y a la hermandad entre razas. Va mucho más allá para dar una lección en la que no se enseña nada, ni hay buenos o malos, sino gente confusa y manipulada en un mundo que es caldo de cultivo de lo peor. Y todo esto transformado en una sublime lección de cine. ¿Qué más se puede pedir?

Grease (Randal Kleiser, 1978)

Tantas veces que habré escuchado alguna de sus canciones o visto por la tele alguno de sus números musicales, y que nunca había visto esta película del tirón, oye. Ha tenido que ser después de ver el musical en teatro (por cierto, una maravilla) que me he decidido -para regocijo de mi mujer, que se ha librado de terror chusco por una noche- a ver la versión más conocida de “Grease”. Y la verdad, no es para tanto.
A ver, no digo que no me haya gustado, ni que no sea entretenida. Está claro que “Grease” es prácticamente una película inmortal, todo un canto a la amistad, a los ligues de instituto, a los chulitos de buen corazón y a aquellos años en los que tus preocupaciones son tan nimias. Pero las comparaciones son odiosas, y habiendo visto el musical en el Teatro Olympia de Valencia hace cuatro días, la película se me antoja ahora sosa en comparación con la experiencia en directo. Y los actores ni te cuento. Ya me parecieron a mí un poco talluditos los protagonistas del musical (todos en torno a los veintipico-treinta años) para interpretar a adolescentes de 18, pero ¿en la película? Olivia Newton-John tenía 30 tacos (y se le notaban todos); Travolta, el más joven, 24, y tampoco pasaba por un chavalín; Rizzo tenía 34. ¡¡34!! Y así con todos, que parecían los profesores en vez de los alumnos. Era de risa. Tampoco los números musicales ni las voces me parecieron tan espectaculares; Gisela tiene la voz más dulce que Olivia y me gustó mucho más su Sandy; Carlos Solano, en el papel del mítico chulito Danny Zucko, sin duda no tiene el carisma ni la cadera de John Travolta, pero le da un baño en vozarrón; Vince Fontaine (Víctor Díaz) es impresionante en la obra y mucho menos en la película (y Díaz también interpreta al ángel de Frenchy, en el que es uno de los mejores números de la obra); y añadidos como el número “Mágicas Notas”, interpretado en el teatro por Gustavo Rodríguez (Doody) y que en la película ni aparece, se echan mucho de menos.
Pero que nadie me entienda mal. “Grease” es y será siempre, en todas sus versiones, una película endiabladamente divertida a ritmo de rock de los cincuenta, con coches, carreras, tupés imposibles, números inolvidables y actores carismáticos en sus breves momentos de gloria. ¿Que me gustó más en teatro, en vivo y en directo? Pues sí. Pero no les quitemos el mérito a los estudiantes de Rydell de aquel 1978…

La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968)

Qué gusto da revisitar una obra maestra de este calibre cuando hace tantos años de tu primer visionado. Años en los que has visto ya muchas películas y en los que te has formado tu propio criterio cinematográfico, en los que has aprendido a valorar aspectos de una película que antes te pasaban desapercibidos y a ver más allá de lo evidente. Años que, en definitiva, te han servido para poder ponerle la merecida etiqueta de "Obra Maestra" a una cinta que, en su momento, pudo parecerte incluso lenta, sin ritmo y aburrida. Como te equivocabas.
Durante 136 minutos que dura "La semilla del diablo", Roman Polanski hace con nosotros lo que le da la gana. El arranque lento y pausado, con esa pareja enamorada que se traslada a un nuevo y lujoso apartamento (en el edificio Dakota, que quedaría para siempre envuelto en leyenda negra por ser escenario del asesinato de Lennon), es solo el precedente de la horrible historia que se nos va a brindar. Pronto comenzamos a sentirnos inquietos, desasosegados, pese a lo bonito que parece todo. La dulce Rosemary (una sensacional Mia Farrow) parece muy feliz, pero algo comienza a descolocarle de sus nuevos y adorables vecinos que la cubren de atenciones. Igual que su esposo, un actor mediocre que empieza a ver despegar su carrera. La vida les sonríe, o eso parece. Y, una noche, tras un sueño terrible rodado de forma magistral por Polanski, Rosemary despierta con el cuerpo lleno de arañazos. Ha soñado que un ser extraño y monstruoso la poseía, mientras todo el vecindario observaba la cópula en un ambiente poco menos que demoníaco. A partir de ahí comienza un nuevo acto de la película, con una Mia Farrow impresionante en el papel de una embarazada extremadamente delgada y pálida, y sufriendo horribles y nada normales dolores. Pero a nadie le preocupa. Comienza la trama que nos tendrá en vilo el resto del metraje, con Rosemary tratando de luchar contra lo que ella cree es una conspiración de brujos para robarle a su hijo para algún oscuro sacrificio. Las personas que pueden entrometerse, mueren. Rosemary está sola, sin credibilidad, sin ayuda, sin apoyo de nadie, a merced de esa galería de personajes que velan constantemente por ella de forma retorcida. La atmósfera de inquietud va in crescendo, y Polansky juega con que todos los espectadores sabemos o intuimos lo que está pasando en realidad, menos la pobre Rosemary, que solo quiere tener a su niño sano y salvo. Los últimos veinte minutos son demoledores, con la revelación de la verdad y la moraleja de que una madre siempre es una madre, aunque su hijo sea, como la traducción española se empeñó en destrozarnos, la semilla del diablo.
En fin, peliculón con mayúsculas, y referente de que el cine de terror no es enseñar, sino sugerir. Imprescindible.

La bestia bajo el asfalto (Lewis Teague, 1980)

Una interesante y resultona monster movie ochentera, que juega con la conocida leyenda urbana de los cocodrilos en las alcantarillas de Nueva York. Tras los primeros minutos de introducción, que nos ponen en antecedentes y nos muestran la historia del pequeño caimán que acaba tirado por la taza del wáter, pasamos a conocer al protagonista, un correcto Robert Forster (a quien recuerdo por su papelón en "Jackie Brown") que interpreta a un policía típico de los ochenta: rudo, divertido, seductor aunque es más feo que un chorro de mierda, y con una historia un poco amargada tras haber perdido a un compañero por no haber sabido actuar en un momento de peligro. Investigando lo que parecen una serie de asesinatos en ídem, se topará con un gigantesco caimán que campa a sus anchas por los enormes y oscuros túneles del alcantarillado de la ciudad. Nadie le creerá, por supuesto, pero él, erre que erre, se jugará el puesto y la credibilidad para dar caza a la bestia. Así eran los polis americanos en los ochenta, según Hollywood. Así que, con la ayuda de una herpetóloga veinte años más joven que él y a la que se ligará (sigh), se pondrá tras la pista del caimán. La relación entre el poli y la científica pone el contrapunto cómico en la cinta, muy acertado, por cierto, siendo un inicio de relación creíble y divertido. Tampoco el caimán está excesivamente mal hecho, aunque notamos (lógicamente) que los efectos especiales tienen treinta años a cuestas, pero no son sonrojantes y en el movimiento del reptil encontraremos cierto encanto añejo. El final es mucho más tenso y efectivo que el de la mayoría de monster movies más recientes que he visto, y recuerda, probablemente a propósito, al mítico duelo de "Tiburón" entre hombre y bestia, aunque sin el toque de Spielberg, claro. Pero, en resumidas cuentas, una película divertida, con una trama que, dentro de su absurdo, se toma bastante en serio a sí misma, personajes típicos pero bien dibujados, y el siempre adorable encanto ochentero. La recomiendo a los fans del género o a los nostálgicos.

Al final de la escalera (Peter Medak, 1980)

Incontables veces he repetido en este sufrido blog que una película era la peor que he visto. Por una vez, voy a decir que una película es la mejor que he visto. No en general, por supuesto, pero sí en el difícil género del terror sobrenatural, de fantasmas, sesiones espiritistas y casas encantadas. "Al final de la escalera" es el referente absoluto e irrepetible de este trilladísimo subgénero del terror, casi la creadora del terror psicológico. Y es que logra crear más suspense (que no miedo) con esos golpes rítmicos sin procedencia, con esa pelota bajando por la escalera, o con esas puertas que se abren y cierran despacito sin que nadie las empuje y demás fenómenos nada llamativos, que otras muchas producciones de grandes presupuestos y efectos informáticos. La mitad de la culpa la tiene la estupenda historia de base, excelentemente conducida por una hábil dirección de Peter Medak, que nos deja planos para el recuerdo. Inolvidable cuando los dos protagonistas ven aparecer, al final de la escalera, la silla de ruedas sin conductor. El plano desde detrás de la silla es fascinante, como un moderno cruce de miradas entre dos pistoleros antes de un sobrenatural duelo.
Pero hablábamos de mitades de culpa, y la otra recae sobre un sobrio e impecable George C. Scott, actor veterano que aporta una tremenda credibilidad y fuerza a su personaje, un músico y profesor que, tras perder a su esposa e hija en un desgraciado accidente, se verá como elegido por el fantasma de un niño que clama por justicia y por que la verdad lo haga libre. La historia de la muerte de ese niño y su suplantación también es estupenda, hasta el final te mantiene en vilo la investigación del personaje de George C. Scott y de su partenaire femenina, Trish Van Devere (y, por cierto, su esposa durante toda su vida real y compañera en muchas otras películas), hasta dar con la sorprendente verdad. En definitiva, un clásico entre los clásicos, una cinta de terror psicológico de factura intachable de esas que solo pueden hacerse una vez. Todas las que vendrían después serían inspiradas por ella, y siempre inferiores. Pero la historia del pobre Joseph Carmichel y de aquel huérfano que llegó a senador, quedará para la historia en forma de una pelota que caía botando mansamente desde el final de la escalera.

Masters of Horror: Crucero de ensueño (Norio Tsuruta, 2007)

En esta segunda temporada de "Masters of Horror" que por fin concluyo con este último episodio, no podía faltar de nada. Hemos tenido gore, comedia negra, autobiografías amargadas, fantasmas, venganzas, animales malditos, zombies cachondos con ganas de marcha, vampiros, caníbales, antiabortistas demoníacos y payasos heladeros asesinos. No podía faltar, claro que no, el terror japo. Y aquí ha entrado el amigo Norio Tsuruta, cineasta japonés responsable de la precuela de "Ringu" que no he visto y de otros dos o tres títulos que tampoco he visto. Así que llego a su episodio sin ninguna referencia personal suya. Y no me ha desagradado su trabajo.
Encontramos una historia de fantasmas a lo japo enmarcada en un ambiente cerradísimo como es un pequeño barco de recreo. Ahí tenemos a los tres personajes, un empresario, su esposa, y un joven abogado que mantiene un lío con la mujer de su cliente, el empresario. El viaje en barco es una encerrona para que el marido pueda matar a los dos infieles, pero entrará en juego el espíritu de la anterior esposa de éste, a la que asesinó por dinero. Y también entrará en juego el espíritu del hermano pequeño del abogado, que se ahogó hace muchos años creándole un trauma a nuestro protagonista.
Con este argumento que, como veréis, no es ninguna maravilla, al menos se mantiene una hora de correcta tensión, salpicada de algunas tonterías divertidas con toque "Evil Dead" (ese brazo fantasmal que no deja en paz al protagonista) y del característico concepto oriental del terror, siempre personificado en niños de piel blanca y mujeres de largos vestidos claros y cabello negro sobre el rostro. Aquí se le añade también un extraño y descolocante fulgor verdoso que parece el sano resplandor del Sr. Burns. Pero en fin, la peliculilla es correcta, con un final que se ve venir desde el minuto uno pero que siempre queda bien en esta clase de sub-producciones. No está mal, pero me impactó mucho más "Huella", la aportación japo de la primera temporada de la serie. Pero claro, hay que ser fan del ultragore de Takashi Miike para soportar tanta tortura, tanto feto y tanta sangre como la que allí había. Este crucero de Tsuruta, en cambio, es mucho más para todos los públicos y hasta tiene final feliz. Como feliz estoy yo de haber terminado ya con la temporada con este episodio que, por cierto, es mi entrada número 500 de este blog. ¡Casi nada!

Masters of Horror: El gato negro (Stuart Gordon, 2007)

La vida del escritor de relatos de terror Edgar Allan Poe sirve como base de esta película de "Masters of Horror" en la que el realizador Stuart Gordon cambia a su habitual inspirador (H. P. Lovecraft) por el amargado Poe. Gordon nos tenía acostumbrados a una filmografía llena de títulos en los que encontrábamos criaturas bizarras, monstruosas de una manera particular que ya se ha llegado a llamar coloquialmente lovecraftiana. Ejemplos son "Re-animator", "Re-sonator" o "Castle Freak", aunque también hay manchas en la filmografía de Gordon, como "Dagón, la secta del mar", que contiene la más descacharrante escena posible con un pestillo de puerta que os recomiendo encarecidamente ver si estáis deprimidos. Pero no obstante, con los títulos de este hombre a sus espaldas, poco malo podemos decir de él, todo un rey de la serie B.
Con "El gato negro" se juega a mucho más que adaptar el relato homónimo de Poe, mezclando la propia vida del escritor y sus problemas económicos, la terrible enfermedad de su mujer, y un canto a la locura que viene materializada en forma de un simbólico gato negro. Interpretando a Poe tenemos al habitual de Gordon, Jeffrey Combs, que sale airoso de la empresa. La atmósfera es oscura, gótica, poeana, por inventar otra palabra para describir ese ambiente oscuro y tenebroso. No falta tampoco el gore nicoteriano (hoy me siento poético, jeje), con una de las escenas más fuertes que he visto en tiempo. Y no por nada, no hay evisceramientos ni despellejamientos ni mutilaciones, simplemente es una pobre chica enferma tosiendo sangre sin parar sobre un piano, pero me dio mal cuerpo, oye. A partir de ahí, de hecho, comienza la extraña espiral en la que se sumerge Edgar Allan Poe con la enfermedad y muerte de su esposa, su obsesión por ese gato, con referencias a otras obras de Poe como "El corazón delator", y el buen final de la cinta, que remata bien un buen trabajo. Podría haberse llamado "Cómo se me ocurrió el relato "El Gato Negro", por Edgar Allan Poe", pero en el conciso y explotado título de este capítulo encontramos una psicológica y opresiva historia bien contada, bien interpretada y original dentro de que se base en una obra de ciento y pico años.

Masters of Horror: Derecho a morir (Rob Schmidt, 2007)

Rob Schmidt no es precisamente un "Maestro del Horror", pero bueno, dentro de lo que cabe le ha salido un mediometraje resultón. Cuenta la historia de un matrimonio que sufre un accidente de coche en el que la esposa acaba envuelta en llamas y el marido, gracias al airbag, sale completamente ileso. La mujer termina en coma profundo con todo el cuerpo quemado, convertida poco menos que en un monstruo a lo "Darkman", y dependerá del marido la decisión de desconectarla de las máquinas que la mantienen con algo parecido a vida. Pero la cosa tiene más miga, porque el marido era un infiel reincidente y alevoso, y amenazado por la mujer de que iba a perderlo todo, aprovechó el accidente, en el que ella acaba bañada en gasolina, para matarla prendiéndole fuego. El problemón se le viene encima al chavalote cuando el espíritu de la esposa sale del cuerpo cada vez que ella entra en parada y le "visita" para intentar matarlo por cabrito. Así que el abnegado esposo decidirá que la vida de su mujer debe ser preservada a toda costa, porque cuando muera y de ella solo quede ese trozo de carne quemada y muerta tirada en la camilla... él ya no tendrá dónde esconderse.
La cinta deja buenos momentos fantasmales con las apariciones de la esposa, que por cierto tiene las tetas más grandes que he visto en años, vaya tela. Hay mucho erotismo en la escasa hora que dura la película, tanto en las apariciones de la mujer como en las de la amante cachonda del marido, y buenos momentos de gore de la mano del habitual de la serie, Gregory Nicotero. Y hasta tiene un papel Corbin Bernsen, el inolvidable Dr. Feinstone de "El Dentista". El final, nada sorprendente pero eficaz y bien merecido, deja una buena sensación general a un conjunto que supera la media de esta serie. Media que, todo sea dicho, tampoco es ninguna virguería.

House, una casa alucinante (Steve Miner, 1986)

Aparte del característico grano de la cinta, de los peinados imposibles, el vestuario sin complejos o los efectos especiales tan a lo "Poltergeist", hay otra característica muy indicativa de si nos encontramos ante una producción de los años ochenta. Y es que, muchos de los mejores títulos de aquella maravillosa época cinematográfica, aunaban una extraña y encantadora mezcla de terror, fantástico, y comedia. Lo he comentado ya en muchas ocasiones en este blog, pero es que no me canso de apreciarlo. Este particular género parido y muerto en los ochenta (salvo alguna incursión posterior de Sam Raimi), que bien podríamos llamar "comedia fantaterrorífica", tiene muchos exponentes de entre los cuales ésta, "House, una casa alucinante", es un perfectísimo ejemplo. Solo su título inglés ("Ding, dong, estás muerto") o su traducción española ya dan a entender que, aunque se trate de una cinta primordialmente de terror, no va a ser algo que nos haga tener pesadillas, como "El exorcista". Más bien tendremos algún sobresalto, lo justo para echarle el brazo por encima a la parienta en el autocine, y también tendremos buenas dosis de comedia, aventurillas, melodrama y efectos especiales ochenteros. Y a decir verdad, ¿qué más se puede pedir?
En esta peli, el protagonista, William Katt (popular por ser el torpe superhéroe de la serie "El gran héroe americano"), se traslada a la casa de su fallecida tía. Una casa en la que, hace no demasiado tiempo, desapareció su propio hijo mientras se bañaba en la piscina, e inexplicablemente nunca fue encontrado. El prota, atormentado por su pasado como soldado en Vietnam, tendrá que enfrentarse a las fuerzas sobrenaturales de la casa para salvar a su hijo, que se encuentra atrapado por un viejo enemigo en un limbo entre el más allá y el más acá. Y, entre medias, tendremos la aparición de monstruos de goma de dentro de un armario, de manos demoníacas que se enganchan a la espalda de despreocupados chiquillos, de George Wendt como el vecino gracioso y entrometido, de Richard Moll como el malo zombificado, y de un despliegue de situaciones divertidas y terroríficas a partes iguales. No pasarás miedo, ni te reirás a carcajadas, pero estas películas, sin duda, son un referente en cuanto a lo que es el cine de entretenimiento que ya no se hace. O quizá es que ya no podría hacerse, no sé. Los ochenta y su magia quedan ya muy lejos...

El asesinato de John Lennon (J.P. Schaefer, 2007)

El 8 de diciembre de 1980, Mark Chapman, un hombre con bastantes antecedentes de problemas mentales y con una vida que podríamos catalogar como extraña, asesinó al icono de la música John Lennon a las puertas del neoyorkino edificio Dakota. Cinco disparos, de los cuales cuatro alcanzaron al ex-Beatle, y que lo convirtieron en su muerte en una leyenda aún más grande que en vida. Esta película se centra en los días 6, 7 y 8 de diciembre de Mark Chapman, los dos días previos a que cometiera aquel magnicidio musical y el propio día en el que apretó el gatillo.
Lo primero que llama la atención es reconocer al protagonista: Jared Leto. El mismo Jared Leto de la excelente "Réquiem por un sueño", pero que engordó 30 kilos para asemejarse al verdadero Chapman. Su actuación no deja nada que desear, aunque la he visto doblada y quizá no puede apreciarse en todo su esplendor, pero sin duda Leto brinda momentos en los que su personaje transmite un gran registro de emociones; nos desagrada, nos cae bien, nos da pena, pero sobre todo nos damos cuenta que es un hombre mentalmente enfermo, una auténtica bomba de relojería lista para explotar. Nos es presentado un personaje con evidentes problemas para socializar con normalidad, y con una peligrosa mentalidad entre lo religioso y lo psicópata. Siempre con su ejemplar de "El guardián entre el centeno", hay quien dice que llegó a considerarse a sí mismo el propio guardián, y que decidió matar a Lennon por sus declaraciones en las que se comparaba con Jesucristo. El caso es que, con un ritmo pausado y la constante voz en off de Leto, que nos habla desde el presente, recorremos esos tres días junto a Chapman, tres días en los que apenas abandonó la puerta del edificio Dakota, en los que consiguió incluso que Lennon le firmara un ejemplar de su último disco con absoluta cordialidad (increíble y escalofriante el primer encuentro entre ambos, cuando Lennon le pregunta amistosamente "¿quieres algo más?"), y al final de los cuales Chapman sucumbió a sus dudas de irse o quedarse y cumplir su destino. Y lo cumplió. Chapman, un hombre anodino, extraño, obeso y fanático, asesinó a tiros y por la espalda a John Lennon. Los dos se convirtieron en leyenda. Pero a qué precio.

Masters of Horror: El cuento de Haeckel (John McNaughton, 2005)

Si para algo me ha servido este episodio de "Masters of Horror", ha sido para descubrir que los zombies también tienen derecho a una vida sexual, qué cojones. Y ahí ha estado John McNaughton para contárnoslo y mostrárnoslo con tetas y señales, con un erotismo nada disimulado y con una historia de trasfondo que podría recordar a la de "Cementerio Viviente", del maestro King. Aunque parece ser que está escrita por Clive Barker, que vuelve a ver como esta serie convierte una de sus ideas en una mierdecilla.
Pero no pensemos mal del todo, porque se trata de una historia entretenida. Con la premisa de un hombre que acude a una nigromante para que resucite a su esposa fallecida, escuchamos de boca de la nigromante la historia de Haeckel, un hombre que se vio envuelto en un curioso triángulo amoroso con bebé de por medio y todo. El problema es que el triángulo lo formaban un marido cornudo (pieza imprescindible en esas situaciones), una esposa bastante zorra (otra imprescindible) y un amante... zombie. Sí, un amante zombie. Este tercer vértice del triángulo no suele ser habitual, que yo sepa. Así que, por las noches, la mujer se monta sus orgías cadavéricas con el zombie que fue su marido y ¡¡¡con sus colegas zombies!!!, que se ve que también les apetece carne viva (y con razón, porque la niña está mu rica). Al final, cuando la historia en flashback de Haeckel termina de forma más que cantada, se produce un extraño giro final que, al menos, me arrancó una sonrisa. La feliz familia zombie y su putilla siguen juntos forever and ever, con bebé zombie incluido. En fin, al menos me pareció sumamente entretenido y el divertido final le da un buen broche al conjunto, así que no des-recomendaría su visionado si te apetece un rato de risas. Porque esa era la idea de esto, ¿no?
¿No?

Thinner (Maleficio) (Tom Holland, 1996)

Siguiendo casi a la perfección el esquema de la novela de Stephen King que adapta, Tom Holland nos presenta la historia de Billy Halleck, un abogado obeso que tiene la desgracia de atropellar a la anciana hija de un aún más anciano gitano. Bueno, desgracia no sé si sería la palabra apropiada, porque al bueno de Billy se la estaba chupando en el coche su esposa, con lo cual se comprende que no viera a la vieja. Pero el hecho es que Billy se libra de la cárcel gracias a sus amigos en los altos puestos, y el patriarca gitano le arroja una maldición con una simple palabra: adelgaza. Y así, cien veces mejor que la más cara de las dietas, el tratamiento quemagrasas gitano empieza a acabar con los kilos de más de Billy, que no deja de comer, y comer, y comer, pero que pierde más de un kilo diario. A ese ritmo, es fácil deducir cuánto tiempo de vida le queda, así que Billy emprende un viaje de dudoso retorno para buscar al gitano y que le quite la maldición, con la ayuda de un antiguo cliente mafioso que le debe un favor, y que se convertirá en ejecutor de la "maldición del hombre blanco de ciudad". Por cierto, comentar también que, en lo de los gitanos maldecidores y la trama central de un maldecido que busca que se lo quiten, puede haber una buena fuente de inspiración para la mucho más reciente y magistral "Arrástrame al infierno", de Sam Raimi.
La película cuenta con un ritmo estupendo, muy buenas interpretaciones y hasta con subtramas interesantes, como la de la mujer de Billy y su aparente lío con el médico, que hace a Billy volverse aún más loco. Además, el apartado visual está muy trabajado made in los noventa, claro, con un excelente maquillaje para el actor Robert John Burke (auténtico artífice, con su actuación, de que la cinta resulte tan potente a ratos), mostrando su obesidad al principio y su extrema delgadez al final. Y uniendo esto a la parte protagonizada por Joe Mantegna como el mafioso amigo de Billy (lo mejor de la película), encontramos un producto más que interesante, con buena dosis de angustia y un final extraordinario a base de tarta gitana que sorprenderá y dejará aplastado a cualquiera que no haya leído la novela de King. Así que ya sabéis: si te sobran unos kilos de más, solo tienes que hacer el Farruquito, igual que Billy. Verás qué bien.

Masters of Horror: Los Washingtonianos (Peter Medak, 2007)

Antes de empezar con mi comentario propiamente sobre la película, me gustaría mencionar lo paradójico que me ha parecido que su director sea Peter Medak. Medak, a finales de los setenta, dirigió la que es la mejor película de fantasmas de la historia del cine: "Al final de la escalera". Imitadísima hasta la saciedad, parodiada incluso, aquella película en la que no había sangre, vísceras, hordas de zombies ni se enseñaba realmente nada sobrenatural, prácticamente inventó el terror psicológico, y consiguió dar más miedo con una sesión de espiritismo o una pelota botando escalera abajo que casi todo el cine de zombies de la década. Me ha dejado realmente perplejo y decepcionado que Medak firme ahora un episodio de "Masters of Horror" que se cimenta, precisamente, en todo lo contrario de aquello que él elevó a lo más alto. Porque "Los Washingtonianos" se ampara en el susto fácil, en la sangre, en lo asqueroso, en montones de malos caníbales haciendo de las suyas. No hay espacio para lo psicológico en algo tan visceral como esto, ni hay nada sutil. Todo es explícito, y ojo, aunque esto no es malo del todo, y este episodio es de los más disparatadamente divertidos de la serie, resulta confuso que su director sea el mismo que se sacó de la manga la maravillosa "Al final de la escalera".
Y dicho esto, poco más puedo decir del episodio. Como aquel capítulo de "Los Simpsons" en el que Lisa descubría que Jebediah Springfield había sido un peligroso pirata, aquí los protagonistas se topan con que el padre de la nación americana, George Washington, era un caníbal con especial predilección por los niños y las vírgenes, y cuya afición ha propiciado la existencia de una sociedad secreta, Los Washingtonianos, conocedores de su secreto y perpetuadores de sus peculiares banquetes. La familia del prota se convierte en objetivo, y bla, bla, bla. Eso sí, no os perdáis la incursión de la policía en el club de los caníbales, donde se hinchan a tiros y no dejan vivo ni al tato. Buenísimo. Ay... este Peter Medak debió caerse del final de la escalera para rodar esto...

Masters of Horror: Valerie en la escalera (Mick Garris, 2006)

Para ser una adaptación de un relato de Clive Barker, aquí hay mucha menos chicha de la que cabría esperar. Partiendo de una idea no muy original (la típica historia en la que los personajes de un libro/película cobran vida y reescriben su propio final, entremezclándose realidad con ficción -por cierto, en este género hay que destacar "En la boca del miedo", que a ver si vuelvo a ver), la trama se desarrolla con cierto interés y caminando durante su primera mitad por la fina línea que separa lo fantástico del simple thiller psicológico. ¿Están locos los personajes? ¿Todo lo imagina el protagonista o es real? Pero cuando el giro a lo fantástico es definitivo y sabemos que los escritores crearon la historia de Valerie y su demonio captor, Ozakai (quien creo que es interpretado por Tony Todd, el mítico Candyman), la cosa aumenta en interés pero también en obviedad. El personaje de Christopher Lloyd tiene una frase que evidencia el final, cuando aún faltan más de 10 minutos para el mismo. Además, con los justitos medios de que disponen estos capítulos, Ozakai y su mazmorra no tienen un aspecto muy demoníaco ni aterrador, lejísimos de esos personajes bizarros y atmósferas góticas y angustiosas de pesadilla que Barker suele recrear, como las de "Hellraiser" o "Razas de noche". El final, por supuesto, está cantadísimo, si bien hay un plano chulo cuando el protagonista se va convirtiendo en páginas de libro que se van al viento.
En fin, un episodio más de esta serie de mediometrajes que, sin duda, no pasará a la historia. Me estoy dando cuenta que todos cumplen como entretenimiento (quizá también porque es difícil que algo que dura una hora se haga pesado), pero en ninguno se nota apenas la mano de sus directores, supuestos "maestros" del género.

El ente (Sidney J. Furie, 1982)

Excelente muestra de terror psicológico añejo, que se cimenta sobre una idea realmente inquietante y sobre unas interpretaciones principales de lujo, en especial la de Barbara Hershey como Carla Moran. La historia gira en torno a los ataques sexuales que Carla sufre por parte de una entidad sobrenatural invisible, cada vez más violenta, más poderosa y más cruel. El entorno de Carla cree que la mujer está enloqueciendo, pero todo parece real, y la presencia maligna hace con la pobre Carla lo que quiere siempre que se le antoja. A medio camino entre "Poltergeist" y "El exorcista", "El ente" combina lo mejor de ambas cintas. Por una parte, la presencia sobrenatural que nunca vemos, pero que se convierte en un magnífico elemento terrorífico (impactantes las secuencias de violación, en especial la del cuarto de baño); por otro, en claro paralelismo con "Poltergeist", cinta del mismo año con la que comparte también cierta estética y sus buenos efectos especiales, la pobre Carla recibirá ayuda de distintos médicos y, en última instancia, de un equipo de parapsicólogos que actuarán como cazadores de esa entidad que no la deja vivir. Lo más sobrecogedor, por supuesto, es que lo narrado en la película se basa en hechos reales, y que los ataques a la verdadera Carla Moran la acompañaron durante casi toda su vida, si bien ya no con tanta frecuencia e intensidad como las terribles violaciones que vemos en la cinta.
En resumidas cuentas, buenísimo ejercicio de género de la década de los ochenta -incluso con tetas y gran erotismo de por medio por parte del papel de la guapa Hershey-, y otra de esas cintas míticas de terror cuyas escenas perduran para siempre en la cabeza de quien la ve una sola vez.

Masters of Horror: El eslabon más débil (Joe Dante, 2006)

Joe Dante, realizador de las míticas "Piraña", "Aullidos", "Gremlins", y también de algunos pestiños que mejor ni citar, se mete tras la cámara para acuñar el mejor de los episodios de esta serie de mediometrajes que he visto hasta ahora. Una historia en la que la sangre y el gore no son los protagonistas, en la que el terror (o suspense, mejor dicho) viene por otros cauces y que consigue crear un gran interés que hace que te plantees lo que está pasando.
Todo comienza con una especie de epidemia de asesinatos, cometidos por hombres contra mujeres. Paralelamente conocemos la historia de los protagonistas, unos científicos que han logrado extinguir una dañina especie de mosca haciendo que los machos fueran incapaces de reproducirse, y pronto empezamos a ver que eso va a tener mucho en común con los acontecimientos. Los asesinatos continúan, enmarcados, en principio, en un contexto religioso, como si los nuevos asesinos estuvieran tornándose en fanáticos que ven en la mujer la causa de todo mal. Así, la mujer del protagonista se convierte en nueva protagonista junto a su hija, cuando se ve obligada e emprender la huida para seguir vivas en un mundo en el que cada hombre con el que se cruce desea matarlas. La supervivencia de la mujer me recordó muy vagamente a "La carretera", viviendo sola, aislada y tratando de evitar siempre cualquier contacto con nadie. Después, la historia da un giro hacia la ciencia ficción apocalíptica que, aunque es interesante, se contradice un poco a sí mismo. Es decir, si aceptamos que una raza extraterrestre superior, harta de que la especie humana sea tan destructiva, ha decidido exterminarnos (igual que los científicos con la mosca), ¿es realmente necesario hacerlo de una forma tan cruel, convirtiendo a los hombres en asesinos condenados a extinguirse porque han matado a todas las mujeres? ¿Sirve, de paso, como crítica social a la violencia de género? En mi opinión, los alienígenas de "Ultimátum a la Tierra" eran mucho más misericordiosos que éstos, que no solo nos joden sino que nos hacen sufrir, sobre todo a las hembras. Pero en fin, supongo que la moraleja queda clara: que somos mu malos, mu malos. Y los hombres peor aún.

La casa de los 1000 cadáveres (Rob Zombie, 2003)

El músico metalero Rob Zombie se recicló a director de cine con esta historia nada original con reminiscencias de "La matanza de Texas". Claramente influencido por ésta y por otras muchas cintas de serie B con las que se crió, el estilo de Zombie en la dirección está claramente enfocado a crear una atmósfera malsana, inquietante, repleta de personajes grotescos y que disfrutan y se regodean en su locura y sus crímenes, pero no exentos de un alto contenido erótico. Destaca en ese aspecto la propia esposa de Zombie, Sheri Moon, una preciosidad rubia que, sin duda, podría convertirse en gancho para que cualquier hombre cayera en las redes de una familia de homicidad desquiciados como la que aquí se presenta.
La historia, como digo, es la misma que en el mítico film de Tobe Hooper. Un grupo de amigos acaba requiriendo de la "ayuda" de una familia que, al principio, parece hospitalaria, que pronto se revelan como raros, y que acaban siendo unos auténticos monstruos. El desfile de personajes desagradables y de escenarios desasosegantes no cesa, aunque el gore es mucho más light de lo que me esperaba, y se juega más con la atmósfera viciada y decadente a ritmo de guitarra eléctrica que con mostrar mutilaciones y cuchilladas. El final también homenajea claramente a "La matanza de Texas", aunque termina de forma más cruda, menos esperanzadora. La pobre superviviente se sube a un coche y parece que ha logrado escapar a los horrores que ha vivido, pero no tiene la suerte que tenía la protagonista de la otra película. En definitiva, una cinta normalita, del montón, un slasher con claras referencias a que su director conoce el género, pero en el que se nota la mano inexperta de alguien que aún podría hacerlo mejor.

Cuando el viento sopla (Jimmy T. Murakami, 1986)

A finales de los ochenta, en plena guerra fría, una sencilla película de animación plasmó de forma inolvidable todo el horror de un holocausto nuclear. Y lo hizo valiéndose de tres personajes: una entrañable e ingenua pareja de ancianos de una zona rural de Inglaterra, y una música portentosa de Roger Waters con tema principal de David Bowie que da nombre a la cinta: "When the wind blows".
Con una estética que perdura en el recuerdo, mezcla de escenarios fijos (algunos incluso maquetas rodadas en stop-motion y con giros tridimensionales) y animación japonesa algo tosca y artesanal, la película transmite ese aire rústico de sus protagonistas, ese matrimonio jubilado que ya vivió una guerra contra los alemanes y que ahora no acaban de entender muy bien por qué los malos son ahora los rusos, o qué es eso de la radiación y del holocausto nuclear. Pero el marido, obediente patriota, construirá su irrisorio refugio nuclear tal y como indican los folletos oficiales: con unas puertas viejas y unos cuantos cojines, ventanas pintadas de blanco y provisiones para unos días. Sobrevivirán a la explosión, pero será entonces cuando comience la parte más impactante de la película, los angustiosos días de esa pareja viviendo en su casa, medio arrasada, siendo bombardeados de nuevo por algo que no pueden ver: la radiactividad. Y como dice la buena mujer, "si no puedo verlo y no puedo sentirlo... no puede hacerme daño, ¿verdad?" El primer paseo por el jardín quemado y muerto, con un cielo gris, tétrico y brumoso, como sacado de una pesadilla, es escalofriante, igual que la imagen de los dos abuelos abrazados mirando a ese cielo negro como la muerte. Pero, aún así, se tumban tranquilamente a descansar un rato, inconscientes de que ya están muertos desde que la bomba estalló, solo que no han tenido la suerte de morir de inmediato. Poco a poco vamos viendo cómo se consumen, pero igualmente se empeñan en continuar con sus rutinas: limpiar, cocinar, pensar en que tienen que ir a la tienda a comprar cortinas nuevas, o preguntarse por qué tarda el lechero. Quizá hay un momento, entre vomitonas y diarreas, en el que el hombre comprende lo que pasa, pero aún así le resta importancia para no preocupar a su buena esposa. Y así llegamos al final, un final que se graba a fuego en tu memoria, con esa oración elevada a un cielo que deja de ser gris y que se abre para recibir a nuestros entrañables ancianos. Una película inolvidable, imprescindible, que quizá no hubiera podido hacerse de otro modo que no fuera así, en animación, porque la mezcla entre lo infantil de los dibujos y lo desgarrador del argumento es espectacular. Y mención especial también al maravilloso doblaje español de los ancianos, a cargo de Fernando Rey e Irene Gutiérrez Cava, voces perfectas para dos personajes que perdurarán en tu memoria para siempre.

Masters of Horror: Todos gritamos por un helado (Tom Holland, 2006)

Curtido en los ochenta con dos clásicos del terror como "Noche de Miedo" y "Muñeco Diabólico", Tom Holland siguió rodándose en el terror-fantástico como director de varios episodios de "Historias de la Cripta", y de dos correctas adaptaciones de relatos de Stephen King, "Langoliers" y "Maleficio". Precisamente "Maleficio", de 1996, fue su último trabajo hasta que "Masters of Horror" lo convocó para dirigir una historia que le iba al pelo. Y es que parece que este cineasta se quedó con las ganas de dirigir "It (Eso)", también del maestro King, y aquí se le brinda una oportunidad de dirigir a un payaso diabólico asesino en un mediometraje que es, en sí mismo, un refrito del terror ochentero con todas las letras.
Por una parte tenemos al payaso vengador, un vendedor de helados algo retrasado mental que regresa de la tumba motivado porque un grupo de niños, en una broma pesada, le mataron en el pasado, y que ahora se está cobrando la vida de aquellos niños a través de sus hijos. En las muertes tenemos un clarísimo homenaje paródico al slasher ochentero. ¿O acaso habíais visto alguna vez morir a un personaje convirtiéndose en helado? Brutales, por cierto, los derretimientos, con Nicotero de nuevo en plena forma maquilladora. Grande, Greg.
El grupo de amigos y niños también recuerda vagamente al de "It", igual que el propio payaso, aunque es mucho menos aterrador que el ya mítico Pennywise que interpretara Tim Curry. No obstante, es un episodio cumplidor y que, al menos, yo no me tomé muy en serio. Si la intención de Holland no era la de parodiar el género y recordarnos a "It", entonces habría que tener un par de palabritas con él. Pero si lo hizo a propósito... pues va, le invitaremos a un heladito.

Masters of Horror: El estrépito del silencio (Brad Anderson, 2006)

Del director de dos películas relativamente recientes que son dos auténticos piezones del género, como son "Session 9" y "El maquinista", disfrutamos del que es el episodio menos propio de esta serie de mediometrajes... y quizá por ello el mejor de los que he visto hasta el momento.
Cuenta la sencilla historia de Larry, un supervisor de una empresa de esas de servicio técnico telefónico a la que todos recurrimos alguna vez. Dolido por la muerte de su hijo, hastiado de su esposa (un poco obsesiva con tener otro niño y algo desequilibrada) y de su gris trabajo, de repente le despierta un extraño... ¿don? ¿Poder? ¿Maleficio? Quién sabe. Pero, un buen día, el "bueno" de Larry se da cuenta que posee superoído. Muy útil en su trabajo, pero asfixiante si el mero hecho de escuchar masticar a una persona o las gotas de lluvia golpeando sobre su coche resuenan en su cabeza como para hacerle enloquecer. Y enloquece. Porque de eso trata el buen cine de Brad Anderson: de la locura humana elevada a su enésima potencia, brotando después de un trauma o de una experiencia terrible. La evolución de la locura de Larry es plausible, vemos cómo todo va resultando cada vez más insoportable para él, mientras conocemos la desgracia detrás de su historia, y así hasta llegar al final, un final que, dentro de su dramatismo y drasticidad en los medios, posibilita un fin que resulta incluso pacífico para el atormentado protagonista. Por cierto, mención especial para Chris Bauer, el actor que interpreta Larry, a quien siempre recordaré como el mítico Máquina de "Asesinato en 8 mm". Y para Brad Anderson, que una vez más resuelve una correcta historia sin apenas tirar de sangre. Raro, en estos tiempos, que resulte tan interesante.

Masters of Horror: V de Vampiro (Ernest R. Dickerson, 2006)

Si no fuera por el buen momento gore de la decapitación de Michael Ironside (Miguelito Lado de Hierro para los colegas) con un gigantesco cuchillo eléctrico (del que no sé muy bien cuál es su aplicación en una sala de autopsias... pero me asusta), este episodio sería un bodriete total. Y respeto su intención, que supongo que no era otra que la de rescatar al vampiro más primigenio (incluso se permite ciertos cutre-homenajes al Drácula de Lugosi o Ford Coppola, aunque con un 1% de talento), pero solo lo consigue a medias. De acuerdo que el vampiro que aquí aparece en la funeraria no es el guaperas romántico de la saga Crepúsculo, ni siquiera el menos soso pero igual de atractivo chupasangre de "Entrevista con el vampiro". Pero tampoco llega al nivel de los monstruos casi irracionales de "30 días de oscuridad" o al aterrador vampiro clásico que interpretó Gary Oldman. La cosa se queda en un quiero y no puedo, en un vampiro-zombie sin colmillos y con dentadura amarilla, bebedor de sangre pero carente de esencia (ni cruces, ni aguas benditas...). Y, lo peor, las chorradas de guión que convierten una supuesta película de terror en una irritante situación pseudocómica tras otra. Por ejemplo, cuando el protagonista baja al salón, pálido y tambaleándose como si acabara de llegar de la Spook un domingo por la mañana, y su madre ni se percata. Si acaso el final, con la inmolación del joven vampiro, queda apañadete, pero en general encontramos en este el peor de los episodios de la serie hasta el momento, muy deficiente. Pero no es de extrañar, porque... ¿a quién se le ocurrió la brillante idea de invitar a Ernest R. Dickerson -de cuya filmografía solo se salva la divertida "Caballero del Diablo", y responsable de perpetrar ese esperpento llamado "Bones", con el rapero Snoop Dogg como espíritu vengador- a codearse con los maestros del terror que desfilan por esta serie? Supongo que eso es tan inexplicable como que la traducción haya sido "V de Vampiro". Hubiera sido más acertado "M de Mierda".

Eclipse (David Slade, 2010)

La saga vampírica más prolífica, archiconocida, fenomenofanera y rentable de la historia de la literatura y el cine, continúa en su tercera entrega cinematográfica con un pulso sorprendentemente firme. Sorprendente solo en parte, porque yo me esperaba más o menos esto, a sabiendas de que David Slade se encontraba tras la cámara, y a sabiendas de su experiencia anterior con vampiros en “30 días de oscuridad”. No me ha decepcionado, y por primera vez hemos visto VAMPIROS en la saga Crepúsculo, vampiros capaces de matar a lo bestia, de combatir, de demostrar su fuerza y poder sobrenatural. Solo la secuencia inicial y su peculiar filtro de color nos recuerdan al pueblo de Barrows, así como las escenas de avance en grupo de los vampiros neófitos, y las secuencias de acción entre los neófitos, los lobos y los Cullen. Por fin algo de acción en esta ñoñería, con cabezas marmóreas de vampiro saltando por ahí, lobos arrancando brazos y hasta el soso de Edward demostrando que no solo sabe decir cursiladas y resistirse a follar, sino que tampoco se le da mal arrancar una cabeza.
Pero a ver, no nos creamos que esto es una barbarie gore, qué va. Ojalá. Esto sigue siendo una historia de amor, en este caso todo un triángulo amoroso en el que Bella descubre que está enamorada tanto del vampiro emo como del lobo cachas. No es tonta, la Bella, que se da el lote con Jacob ante la perenne parsimonia de Edward, que tiene un registro de expresiones similar al de Chuck Norris, Steven Seagal o José Coronado. Será un grande, este Pattinson.
Diremos como parte positiva que el ritmo de la película es más rápido que las anteriores, que los flashbacks de las historias de los secundarios (como Rosalie o Jasper) están muy bien insertados y contados, y que hay algunos momentos incluso divertidos, protagonizados por el padre de Bella y con conversaciones entre Jacob y Edward. Me gustó que Edward le dice a Bella, sobre Jacob, lo que todos pensamos: ¿no tiene camisetas, este chico?
Pero en fin, sin ser un peliculón ni mucho menos, sin duda esta ha sido, hasta el momento, la entrega más para todo el mundo (crepusculeras y sus parejas masculinas) de esta saga, con buenos momentos vampíricos dentro de lo que el tono permite, y con más acción, menos moñismo y un buen desarrollo del conflicto vampiros y lobos VS Victoria y su ejército.

Masters of Horror: Pro-vida (John Carpenter, 2006)

Juanito Carpintero es uno de los más grandes del terror. Tiene clásicos en su haber como "Halloween", "Asalto a la comisaría del distrito 13", "La Cosa", "Están Vivos", o las más recientes "Vampiros de John Carpenter" o "En la boca del miedo". También firmó en la primera temporada de "Masters of Horror" el mejor episodio, con abismal diferencia: "El fin del mundo en 35 mm". No logra superar el listón con esta, su segunda dirección para esta serie, pero igualmente realiza un corte muy resultón, con reminiscencias más que evidentes de su "La Cosa" (el bebé-criatura es idéntico a la cabeza-araña), y con un ritmo perfecto, combinando en una misma historia una sátira a lo abortista y lo antiabortista, y un cuento de terror sobre el nacimiento del anticristo.
Sorprende ver al feo Ron Perlman (Hellboy) como protagonista, un padre de férreas convicciones religiosas que intenta, supuestamente llamado por Dios, evitar que su hija de 15 años aborte después de ser violada por un demonio (o por "el" demonio, no llega a quedar claro). La clínica abortista se convierte en fortín en el que librar la batalla, mientras que el vientre de la jovencita crece por momentos, y el feto-monstruo se hace fuerte. Nótese también que la última película que vi que trataba sobre embarazos demoníacos y jovencitas violadas por demonios fue "Born, el embrión del mal", que era lo puto peor, así que, comparando ésta con aquélla, el corte de Carpenter sale muy beneficiado. Pero, en cualquier caso, "Pro-vida" logra mantener un ritmo, unos personajes no muy mal construidos (aunque la pareja de médicos que desaparecen cuando hay problemas son la leche), y buenos efectos con clarísimo toque Carpenter. Cumple para pasar el rato.

Masters of Horror: La cosa maldita (Tobe Hooper, 2006)

Hablar de Tobe Hooper son palabras mayores. Cineasta que conmocionó al mundo con "La matanza de Texas", reinventando el slasher con una atmósfera malsana y angustiosa que muchos han imitado y pocos han conseguido; realizador también de la adaptación de la novela de Stephen King "El misterio de Salem's Lot", película por culpa de la que todos los niños de mi generación dormimos acojonados una buena temporada; o de "Poltergeist", de nuevo una cinta que impactó a todo el mundo, con su impresionante mezcla de terror, drama, fantástico y hasta aventura. Sin duda un director que ya ha hecho historia en el género, y por eso le vamos a perdonar errores más recientes como "Mortuary" o "Cocodrilo". Esta que nos ocupa ahora, sin llegar a los niveles de bajeza de estas dos últimas, tampoco es lo que se dice buena, pero no está carente de buena intención. Con un comienzo prometedor e intrigante en el que el padre del protagonista se vuelve loco y mata a su familia, después pasamos al presente, en el que el niño traumatizado es ahora... cómo no podía ser de otra manera... el sheriff del pueblecito. Se entremezclan conceptos ecologistas (el mal que ataca al pueblo tiene algo que ver con petróleo, o con la mancha asesina de "La balsa", aquel relato de "Creepshow", ¿os acordáis?), con conceptos más mundanos como la locura colectiva de un pequeño pueblo, donde lo malo corre como la pólvora. Tenemos interpretaciones correctas y hasta a Ted Raimi como el cura, marcándose algunas de las burradas más divertidas del metraje. No me queda claro el final, pero supongo que, al igual que en la citada historia "La balsa", se da a entender que no hay escapatoria del mal. Buen gore y un ritmo adecuado completan una historia que se deja ver.

Masters of Horror: Pieles (Dario Argento, 2006)

¿Se te ocurre un director de giallo más mítico que Dario Argento? ¿A que no? Este cineasta italiano es el responsable de títulos como "El pájaro de las plumas de cristal", La trilogía de la Madre ("Suspiria", "Inferno" y su nefasto remate, "La madre del mal"), o "Terror en la ópera". Capaz de lo mejor y de lo peor (como casi todos los grandes), con esta, su segunda participación en "Masters of Horror" (en la primera temporada firmó el corte "Jenifer"), nos brinda un extraño, delirante y deliciosamente explícito canto a la locura, el deseo carnal y la avaricia, con la historia de un peletero que consigue un "alijo" de pieles de mapache más bonitas de lo que nadie ha visto jamás. El peletero, obsesionado con una bailarina de striptease, se las apaña para convencerla de que ella será la modelo que desfile con el abrigo confeccionado con dichas pieles, intentando ver si la seduce (aunque es lesbiana). Pero lo que no sabe es que esas pieles tienen un peligroso efecto en quien las toca, convirtiéndolo en violento y asesino y, en definitiva, en suicida. "La venganza de los mapaches despellejados", podría haber sido también el título. No sé si Greenpeace firma la producción, también.
Qué duda cabe que el principal atractivo de este episodio es su considerable cantidad de gore de calidad que vemos (de nuevo Nicotero nos demuestra por qué su nombre es uno de los más grandes en FX artesanos). Muertes violentas y originales, salpicaduras, mutilaciones y despellejamientos (¡qué grande el final!), que harán las delicias de los que disfrutamos con estas burradas. Esto suple, o mejor dicho compensa, la simpleza del guión y lo aburridillo de la trama, porque cuando empiezas a pensar que es un coñazo delirante, va un tío y mete la cabeza en un cepo, o una china se cose la boca, y te reactivas, jeje.
En definitiva, sin ser una obra maestra digna de Argento, tampoco es una de sus peores incursiones en el terror, y para una película de 60 minutos tiene el entretenimiento sangriento y asqueroso que cabe esperar.

Masters of Horror: Familia (John Landis, 2006)

Durante los próximos días me voy a cascar unas cuantas "Masters of Horror", historias de terror de una hora de duración (ya se consideran películas) dirigidas por los cineastas más emblemáticos del género. Voy a intentar seguir el orden de la temporada (o, al menos, el que marcan en ONO), así que comienzo con la primera película: "Familia". Su director invitado es nada menos que John Landis, alguien que comenzó muy fuerte firmando el que, para muchos entre quienes me incluyo, es el referente por excelencia en cine de licántropos: "Un hombre lobo americano en Londres".
Pues debo decir que me ha gustado mucho la historia de este episodio-película. Trata sobre un apacible y acomodado vendedor que esconde un secreto en su preciosa casa de su preciosa urbanización: se ha formado una familia de esqueletos, a los que viste, da de comer y habla. Por supuesto, a todos los miembros de su familia los secuestra, asesina, y luego les disuelve la carne con ácido y hierve sus huesos para volver a montar el esqueleto, proceso que vemos íntegro con buen nivel de gore y efectos de la mano del sempiterno Greg Nicotero. Pero Landis lo rueda con buen gusto, adornándolo con música que el asesino reproduce en su minicadena, y sin centrarse en los asesinatos sino en la preparación del cadáver y en la locura del hombre (muy bien interpretado por el orondo George Wendt). La historia, además, da un interesantísimo giro en sus últimos cinco minutos, que convierte el guión en algo más elaborado y logra dar un soplo de aire fresco a lo que podría haber sido una simple historia más sobre un tarado homicida cualquiera a lo Ed Gein. Pero sumando la buena labor de Landis con la correcta interpretación de los actores, más la bucólica puesta en escena de esa urbanización a lo "Mujeres Desesperadas" en contraste con los horrores del sótano del asesino, más el (para mí) chulísimo giro final, "Familia" es un dignísimo corte de thriller terrorífico que brinda un gran comienzo a esta serie.

Paranormal Entity (Shane Van Dyke, 2009)

De todos es conocida la productora "The Assylum", ya más famosa, a estas alturas, que las películas que produce. Pero por si algún rezagado no la conoce todavía, "The Assylum" es una productora que se dedica a la realización indiscriminada de lo que en el argot de cine se conoce como mockbusters: cintas de bajo presupuesto que copian a blockbusters (películas de gran éxito en taquilla) en su argumento, esquema, título y hasta portadas, para aprovecharse a rebufo de su éxito y poder cosechar algunos dólares. Ejemplos de esto son "Soy Omega" (de "Soy Leyenda"), "2012: apocalipsis" (de "2012"), la mítica "Serpientes en el tren" (de la no menos mítica "Serpientes en el avión") y mi favorita, "Transmorphers". Sobra decir de cuál es copia esta última. "Transmorphers", jajajaja. Pacagarse.
Así, rodadas con cuatro duros, guiones plagiados a los originales menos cuatro detalles para ahorrarse la denuncia, con bandas sonoras de organillo, actores reciclados del cine porno y los frenopáticos, y directores con tendencia a lo oligofrénico, "The Assylum" solo ofrece burdos subproductos que ya se han convertido en pequeñas joyas del cine cutre. Son los Rembrandt de la mierda cinematográfica, vaya.
Pero, en este caso, la cinta original que plagian, "Paranormal Activity", ya era una peli de muy bajo presupuesto, lo cual facilita la copiada descarada y barata de esta gentuza. El director (que también es uno de los actores), lo ha tenido fácil, y siguiendo el esquema de la original, con dos actrices no demasiado irritantes, una casa como escenario y cuatro cámaras domésticas, consigue un efecto incluso superior al de la original. En "Paranormal Entity" (jajaja, perdonad, pero es que aún alucino con cómo copia títulos esta gente) el ritmo es más rápido, suceden (y se intuyen) más cosas, y tiene el punto original de que la entidad maligna suplante al marido fallecido de una de las protagonistas, cuando en realidad es un súcubo.
En definitiva, si te gustó "Paranormal Activity" te gustará "Paranormal Entity". A mí me han gustado las dos, ésta incluso más que su original. Quizá es que a una peli de miedo solo le exijo que me lo haga pasar mal, y con ésta me lo he pasado muy bien pasándolo mal.

Los demonios de la noche (Stephen Hopkins, 1996)

Tras esta película que no me decía nada, se escondía en realidad una historia... que no me diría nada. No fue sorpresa, la verdad. La trama, aunque interesante como para un relato corto o una entrada de un blog de miedo, está demasiado estirada para convertirse en una película memorable.
Va de la historia de la construcción de un ferrocarril en África, y la llegada de su ingeniero jefe, interpretado por Val Kilmer antes de que se comiera a Val Kilmer. Allí pronto empezarán a tener problemas con dos leones que, en contra de lo habitual en su especie, cazan juntos y parecen trazar planes de ataque y matar por el simple placer de hacerlo y no por alimentarse. Kilmer tendrá que aliarse con un cazador chulito y superefectivo interpretado por Michael Douglas, que completa el reparto “estelar” de gancho de esta producción.
No diré que tenga mal ritmo, o que la fotografía africana no sea bonita, o que la historia de los leones en sí no esté bien. Pero me sobran los actores, me sobran tantas trampas inútiles y tanto acecho, tanto relleno, en definitiva. No sé, a lo mejor no fue el mejor día para verla, pero todo el mundo actuaba como si la estuvieran rodando en el descanso entre otras dos películas, como el que lo hace por hacer. Además, como en una mezcla de género de terror y ciencia ficción, la guarida de los leones parece un crossover entre “Depredador” y “Rogue”. El desenlace, tan predecible como efectivo, cierra la película de manera evidente y cantada, pero quizá de la única posible. Y así concluye la adaptación al cine de la historia de los leones llamados Fantasma y Oscuridad, que se comieron a media plantilla de los obreros del ferrocarril allá por 1890… siendo lo más escalofriante que todo esté basado en hechos reales, aunque pasados por el filtro comercializador de Hollywood.