Estallido (Wolfgang Petersen, 1995)

Un director de renombre en el cine de acción y un puñado de actores como los que aparecen aquí juntos, no podían dar lugar a una mala película. Tenemos a Dustin Hoffman, a Rene Russo, a Morgan Freeman, a Donald Sutherland, a Cuba Gooding Jr. y a Kevin Spacey, un reparto inusualmente bueno para un thriller de acción médica, si es que esta definición existe. Y si no existe, deberían crearla para películas como "Estallido".
Trata sobre un brote de un virus tipo Ébola (fiebres hemorrágicas) pero mucho más mortal y virulento, que acaba llegando a Estados Unidos y provocando un estallido en un pequeño pueblo. El ejército tomará cartas en el asunto para, como siempre, solucionarlo todo con un buen pepinazo, pero el aguerrido equipo médico formado por Hoffman y su tropa, tratará de encontrar el origen de la epidemia, el huésped y la cura a contrarreloj, al tiempo que descubrirán toda una conspiración militar/gubernamental en torno al virus -toda un arma biológica que no quieren perder- y su vacuna. Con esa premisa, tenemos dos horas de tensión muy bien conducida y mejor interpretada, con las típicas sobradeces de este estilo de cine (no olvidemos que Wolfgang Petersen también dirigió "Air Force One", así que sabemos lo patrióticas y sobradísimas que pueden ser sus situaciones), eso sí, pero totalmente permisibles en este contexto. La carrera contra el virus es muy dinámica, tenemos los toques justos de drama y alguna relación inter-personaje que no va mucho, pero que queda bien en pantalla. Eso, unido a que siempre me ha gustado el cine sobre virus bestiales, hacen que "Estallido" sea una de esas películas que vi muchas veces en mi lejana adolescencia, y que me afianzó el gustillo por el cine. Por eso no pude evitar verla de nuevo anoche, incluso con anuncios.

El circo de los extraños (Paul Weitz, 2009)

A rebufo del exitazo de la saga Crepúsculo, los vampiros buenos adolescentes venden mucho. Pero como el enfoque shakespiriano ya ha sido empleado por dicha saga, había que buscar nuevas perspectivas, y hete aquí que entró la saga de vampiros juveniles de Darren Shan, que tiene 12 libros publicados y ésta su primera y entretenida película.
Eminentemente enfocada a un público infantil-juvenil, "El circo de los extraños" cuenta la historia de Darren, un adolescente que se convierte en vampiro para salvar la vida de su mejor amigo, Steve. Ambos parecen predestinados a convertirse en enemigos pese a su gran amistad (como Superman y Lex Luthor, cosa que me hizo gracia), y de liderar a sus dos clanes: los vampiros, bebedores de sangre pero no asesinos; y los vampiranos, que desean una guerra y matan siempre a sus víctimas. Darren será acogido y tutelado por Crepsley, un vampiro bueno; y Steve será tutelado por Mr. Tiny, alguien con mucho poder que parece controlar a los vampiranos y desear una guerra entre ellos y los vampiros.
Sorprende la aparición de algunos actores como Salma Hayek o Willem Dafoe en papeles secundarios, y también el buen hacer de todos los actores, jóvenes y veteranos. John C. Reilly, actor a quien estamos hartos de ver de secundario en cine y televisión, interpreta a Crepsley con acierto, en un papel muy interesante. En cuanto al guión, aunque, repito, muy infantil, mantiene cierto grado de interés por la historia, que se desarrolla con ritmo y sin saltos, resultando entretenida. Cuenta también con una buena galería de personajes bizarros del circo que dan un puntito divertido y grotesco, y con un apartado visual más que decente en los efectos. Así que, aunque sea una explotation más de estos nuevos y repelentes vampiros amariconados, resulta una película correcta para ver un sábado por la tarde.

Zombie Wars (David A. Prior, 2006)

Menudo piezón, amigos. No sé cómo me las apaño para descubrir estas películas, en serio. Esta es, si no la peor (me he propuesto no volver a decir eso porque a los cinco minutos descubro una peor), una de las peores películas que he visto. Vamos por partes, para que quede claro el por qué de mi opinión:

-Los títulos de crédito: no habrás visto nada más cutre y amateur en tu vida. Es el resultado de dejarle el Windows Movie Maker a un ficus comatoso. Títulos hechos con el Paint, música de organillo... Increíble. Perfecto entrante del pastel que va a continuación.
-La voz en off: como no hay un guión sólido (ni líquido, ni gaseoso: NO HAY GUIÓN), se intenta suplir la carencia de información a base de meter la voz de doblaje de Uma Thurman (¡¡sacrilegio!!) constantemente, haciendo comentarios y dando información de más que no aporta ni importa una mierda. Y lo peor es que la voz en off no para nunca, como un taladro en tu cabeza. Cuando cesan los diálogos subnormales de los ¿actores? entra la voz en off. Y tú deseas morir.
-Los zombies: esto merecería mucho comentario. Los zombies son, supuestamente, inteligentes y han formado comunidades, comunicándose A TRAVÉS DE GRUÑIDOS DE PERRO ROBADOS AL PROGRAMA DE CÉSAR MILLÁN. Escuchadlo atentamente y lo veréis: gruñen como perros, jajajaja. Además, el maquillaje es vomitivo, los zombies son azules y ni ellos mismos se toman en serio; los ¿actores? se están riendo todo el rato, y el director no se molesta en cortarlo.
-Los actores: panda de deficientes mentales y ex prostitutas + los abuelos y tíos del director y los actores + vicioso pajotero sin rehabilitar (Snake) = elenco de "Zombie Wars".
-Las decapitaciones: este apartado es mi favorito. Hay varias decapitaciones de zombies durante la película, realizadas por ¿ordenador?, de nuevo con el WMM. El actor lanza su machete y la cabeza del zombi salta y cae el suelo, todo malísimamente mal. Vedlo. Es indescriptible.
-Los chascarrillos: los hermanos protagonistas sueltan constantes perlitas, frases supuestamente divertidas cada vez que matan a un zombie (¡oh, cómo mola eso que has hecho!, ¡buenas noches!, ¡sonríe!). Sentirás que tu alma se demoniza cada vez que oigas una.
-La edicion: este sí que el elemento clave de la película. Las transiciones entre escenas son peores que las que hago yo para mis montajes fotográficos con el Memories on TV. Solo faltan las cortinillas de estrellas del vídeo de Flanders, vamos. Todas las transciones pasan con efecto flecha y un asqueroso sonido tipo velocidad máxima (¡fwoooosh!) que te deja con el culo torcido. Y no hay una ni dos, no. Se cuentan a decenas.
En definitiva, a esta película -sobre la que podría estar horas rajando- deberían hacerle un monumento. Es perfecta dentro de los esquemas del cine cutre de serie Z, divertidísima para ver con los amigos y con cervecita y ponerla a caldo mientras intentas no herniarte de la risa. Y como diría Samanta Villar, "como no es lo mismo contarlo que vivirlo"... deberías ver "Zombie Wars".

Gigoló (Mike Mitchell, 1999)

Llámeseme estúpido, niño, o como se quiera, pero la situación es la siguiente: ayer, sábado noche, 2 y pico de la madrugada. Mi mujer y yo jugando al "Cránium" con mis cuñados. Y yo descojonándome vivo con esta película que ya he visto tropocientas veces. Lo reconozco, sé que estoy enfermo, pero no puedo evitarlo. A partir de que el buenazo de Deuce Bigalow, limpiacuarios, conoce a T.J. y comienza su andadura como puto, conociendo a sus "variopintas" clientas... yo no puedo dejar de reírme. Tenemos a la giganta, a la negra gorda como una nutra, a la narcoléptica, a la coja que será su novia, y a la mejor: Ruth, la pobre chavala que tiene el chunguísimo síndrome de Tourette. Será muy cruel hacer burla a una enfermedad tan rara y socialmente excluyente como ésta y todo lo que tú quieras, pero es una escena de partirse la caja:



En fin, que no hay que buscarle tres pies al gato, ni calidad a esta película. Es para reírse y punto, y a mí me parece una comedia de las más divertidas de los últimos años. ¿Absurda? Claro. ¿Vulgar? Mucho. Pero, ¿te ríes? Un montón.

Scary Movie 3 (David Zucker, 2003)

La saga comenzada por los hermanos Wayans con "Scary Movie" alcanzó su punto álgido con la segunda parte, pero fue en decrecendo a partir de esta tercera, con la que ya no tuvieron nada que ver. La presencia de Charlie Sheen es bastante molesta, y ni el buen hacer cómico de Anna Faris logró poner la película a la altura de sus predecesoras. En esta ocasión, se toma como base la historia de "Señales" y de "The Ring" para orquestar las absurdas y surrealistas situaciones que, a modo de gags, van parodiando al cine reciente de ciencia ficción y terror. También tienen cabida en esta cinta los cachondeos a los raperillos de pastel, porque la "8 Millas" de Eminem también es parte del argumento, que también se clava con "Brokeback Mountain" o "Matrix", entre otras. Sin duda es la típica película para ver con los amigos y acompañada de cervecitas frías, es imposible aburrirte con ella aunque solo sea por la de chistes fáciles, groseros y violentos que presenta, basados en su mayoría en hostias y salvajadas o en bromas de tipo sexual. [MODO IRÓNICO ON] Humor inteligente, vaya. [MODO IRÓNICO OFF] Pero eso sí, donde "Scary Movie 2" lograba hacerte reír de risa, esta tercera entrega llega a dar vergüenza ajena en demasiadas ocasiones. Salvo tres o cuatro de sus chascarrillos, los demás son simplones y típicos, carentes de la originalidad y frescura de las anteriores. Se nota que los Wayans dejaron de estar de por medio, y que los blancos no sabemos hacer esto tan bien.

Pacto de Brujas (Javier Elorrieta, 2003)

Una noche de viernes sin nada que hacer, puede convertirse en todo un peligro. Porque puedes caer en la desidia de tragarte cualquier película que emitan en televisión para huir de los "Sálvame" y "DEC" de turno. No obstante, y tras esta experiencia, la próxima vez que tenga que elegir entre una película española de terror chusco y cualquier telemierda del corazón presentada por un homosexual... probablemente me vuele la tapa de los sesos para no tener que escoger.
"Pacto de Brujas" está dirigida con el culo, interpretada con los genitales y escrita con el escroto. No dudo que la novela en la que se basa ("La camisa del revés") fuera medianamente interesante -ni la he leído ni pienso-, pero el elenco de actores elegido, la penosa puesta en escena, ese ritmo a base de flashbacks que pretenden emular al cine americano, y un largo etcétera, hacen que la cinta sea muy deficiente. La historia no engancha, de hecho es predecible y aburrida, los personajes son planísimos, y la historia no es más que una de brujas enmarcada en la España profunda (un desconocido pueblo llamado Senillas), y con una historia de trasfondo de dos familias enfrentadas con algo sobrenatural de por medio. Una especie de Montescos y Capuletos pero en plan pordiosero. Hay demasiados diálogos estúpidos y situaciones sobreactuadas a tope. ¿Algo positivo? Pues que no me dormí, que ya es bastante. Supongo que, al menos, no es aburrida hasta la saciedad, y que solo por escuchar a la voz de Bruce Willis te echas alguna risa de cuando en cuando. De todos modos es una película preservativo al 100%, de absoluto usar y tirar. No perdurará en tu memoria ni para bien, ni para mal, y será de esas que, cuando vuelvas a encontrarte en TV, ni recordarás si has visto o no.
Por cierto, se me olvidaba comentar lo mejor: Carlos Sobera (sí, el presentador de "¿Quién quiere ser millonario?", ese que tuerce la ceja) firma un papel de putísima pena, de los que te descojonas cada vez que lo ves aparecer y esperas a que frunza el entrecejo. Para que luego digan que encasillarse no es malo...

La Horde (Yannick Dahan y Benjamin Rocher, 2009)

Cuando un debut en el cine de terror es tan tremendo como éste, no hay que perder la pista de los implicados. Porque, queridos amigos, "La Horde" es una película de ZOMBIES (nada de enfermos ni infectados ni paparruchas) de lo más cruel, salvaje, agresiva y clásica (se nota que han mamado del género) que me he tirado a la cara. En un momento como este, en el que hasta a George Romero se le ha acabado la gasolina (solo os recordaré Survival of the Dead), y en el que el zombie clásico está siendo sustituido por uno diferente y más... cinematográficamente contemporáneo, da gusto, y no sabéis cuánto, encontrarse con "La Horde". Por momentos me recordó a "Dawn of Dead", o a "El día de los muertos". Y es que no tiene nada que envidiarles.
Además, la historia tiene un empezar muy curioso que aún hace que la acción posterior te resulte más impactante. Arranca con una sencilla historia sobre venganza entre policías y criminales, que se tuerce y acaba con varios de los polis muertos y el resto a punto de ser acribillados. Pero de pronto, tras ese aparente argumento de cine de acción de lo más corriente, uno de los muertos resucita convertido en zombie, que muerde a otro que convierte en zombie, mientras que el edificio entero comienza a ser invadido por una horda de zombies que parecen haber diezmado ya la ciudad (París, en este caso). Así que damos un giro total y radical de un género a otro. Por supuesto, el ataque hará que los dos bandos se aúnen para sobrevivir -aunque, al final veremos que las rencillas siempre han seguido ahí-, y disfrutaremos de ataques brutales de un montón de zombies estupendamente maquillados, con un altísimo y coherente nivel de sangre y vísceras, y escenas realmente memorables del cine de muertos vivientes, como en la que el protagonista se queda solo encima de un coche completamente rodeado de zombies.
Así que haced caso a alguien que ha visto mucho cine de este estilo y no os perdáis "La Horde". Parece que el cine francés quiere dejar claro que no solo de "Amelie" vive el hombre, y con piezas como "Martyrs" y, ahora, "La Horde", está demostrando que el cine de terror se les da peligrosamente bien.

The Crazies (Breck Eisner, 2010)

A principios de los setenta, el padre del zombie, George Romero, realizó una película sobre un pueblo en el que sus habitantes comenzaban a tener un comportamiento violento y furioso tras un accidente biológico. Pues ahora, en 2010, el director Breck Eisner ha firmado un excelente remake avalado por el propio Romero... y que supera, en mucho, al original.
La historia es la misma, con algún que otro matiz contemporáneo. Un pequeño pueblo americano, en el que encontraremos como protagonistas al típico sheriff y a la típica médica que es su esposa (interpretada por Radha Mitchell, una consumada profesional del terror, ya), se convierte en escenario de un accidente de un avión del gobierno. El avión contenía una potente arma bacteriológica que contamina los depósitos de agua, y va enfermando a los habitantes con una espantosa furia asesina y mala idea. No son zombies, ni son el habitual zombi-infectado del cine actual, sino que podría decirse que son versiones malvadas y medio podridas de la persona que fueron. Así, estos infectados no dudan en atravesar a la gente con sus horcas, o en cortarlas a cachitos con radial (impagable la escena de la radial, no os la perdáis), y demás lindezas. Pero los auténticos monstruos de la historia son los americanos y su ejército, que está dispuesto a matar a todo el pueblo para que no salga a la luz su secretito. Esto dará juego para que el pequeño grupo de supervivientes avance al más puro estilo road movie buscando salvarse de los enfermos... y de que el ejército los elimine.
Así que, sin destripar más, con un muy buen ritmo, buenos personajes dentro del tópico, gore nada gratuito y algunas escenas muy buenas de tensión y efectos (el final, con la explosión nuclear, es un poco fantástico, pero mola), "The Crazies" es una estupenda pieza dentro de un género que está viviendo un gran momento.

El fin de los días (Peter Hyams, 1999)

El austriaco de apellido impronunciable se había enfrentado en su larga carrera a Depredadores, Terminators, Batman, maleantes de toda calaña, e incluso había sido Conan. El siguiente enemigo tenía que estar un paso por encima, así que estaba claro: solo le quedaba el demonio. Pero ¿cómo se enfrenta Arnold al Señor de las Tinieblas? ¿Con oraciones? ¿A través de la fe? ¡No, hombre, no! Schwarzenegger solo puede enfrentarse al demonio de una manera: a hostias y a tiros.
Valiéndose del miedo al "efecto 2000" (aquello que, al final, solo fueron algunos ordenadores desconfigurados y poco más), el correcto realizador de cine de acción Peter Hyams dirige una historia de acción bíblica. La historia gira en torno al fin del los días, la llegada del Diablo, liberado de su prisión de 1000 años, para copular con una joven elegida que tendrá a su hijo y comenzará el reinado del Maligno sobre la Tierra y la destrucción de la humanidad. Pero para impedirlo está Jericó, nuestro Chuache, un ex-policía alcohólico que se dedica a la seguridad privada tras el asesinato de su familia. Por supuesto, el personaje de Jericó es un hombre que ha perdido la fe y que solo cree en lo que ve y en sus armas y en sus brazos como columnas románicas, y blablabla. Así, se convertirá en el protector de la chica y se enfrentará al demonio, que ha tomado posesión de un cuerpo humano. Esto sirve para que Gabriel Byrne se marque un papel chulesco, guayón y más mafioso que demoníaco, pero muy resultón. Por supuesto hay acción a raudales, persecuciones, peleas, hasta explosiones de trenes y una brutal escena final en una iglesia en la que Jericó se da de palos con un Satanás un poco mal hecho (que, por cierto, se parece al monstruo de "Cloverfield"). Dejemos la espiritualidad a un lado, que tenemos a Schwarzenegger. Aún así (o, quizá, deberíamos decir "gracias a eso") la película se hace muy corta y entretiene en sus dos horas, permite obviar lo absurdo y delirante de la historia y disfrutar con su espectáculo, con el carisma del Gobernador y con la acción demoníaca sin sentido que plantea.

La central (Francisc Giró, 2006)


Para dar mi opinión sobre esta película le he pedido ayuda a mi amigo Bryan Griffin, que os la explicará muchísimo mejor de lo que yo soy capaz:


Dicho queda.

Good Bye, Lenin! (Wolfgang Becker, 2003)

Después de exámenes sin preguntas, superhéroes asesinos y cerdos gigantes que comen personas, necesitaba una dosis de cierta realidad. Pero solo "cierta", que no toda. Así, la historia de esta película alemana me ha servido para rematar un fin de semana cargado de películas, con una historia que mezcla comedia, drama, y por qué no, también un paseo por la historia que mi generación ha vivido demasiado joven como recordarla o comprenderla.
La historia gira alrededor de Alex, cuya madre entra en coma tras un infarto la misma noche en que cae el muro de Berlín. La madre de Alex, auténtica abanderada de los ideales del socialismo, despierta a los 8 meses, y para evitarle un trauma que le puede costar la vida, Alex decide no decirle que el capitalismo ha sustituido al socialismo y que Alemania es ahora un solo país en el que todo está cambiando a un ritmo vertiginoso, tanto que hasta su hija está trabajando en un Burger King. Con esta premisa de comedia se suceden situaciones que son, a la vez, enormemente divertidas y muy tiernas. Alex demuestra ser un hijo formidable, rellenando cada día con suma paciencia los botes de mermelada y pepinillos de las marcas alemanas con los nuevos productos capitalistas que los han sustituido, y orquestando telediarios falsos en los que explica, con toda la imaginación que puede, por qué hay un enorme cartel de Coca-Cola frente a la habitación de su madre. Poco a poco, la nación socialista que Alex se inventa para su madre, se transforma en la nación socialista en la que él habría querido vivir: mucho más tolerante, más humana, abierta al cambio. Una nación que, al final, decide ella misma darse fin y derribar el muro en una última y memorable edición de su telediario falso. Claro que a esas alturas, la madre de Alex ya sabía que todo era mentira, pero la mentira había hecho a Alex más feliz que la verdad, y lo que en principio era para su madre acaba siendo algo que Alex tenía que terminar a su manera, y no de la manera en que terminó realmente. En definitiva, una muy recomendable comedia dramática de lo más original y con mucho buen hacer.

Razorback: los colmillos del infierno (Russell Mulcahy, 1984)

Nunca dejará de sorprenderme que casi cualquier animal pueda ser convertido en monstruo para una película. Pues me entero ahora que, hace 26 años, el director de "Los Inmortales" debutó con una película sobre un cerdo gigante asesino. Casi nada.
Y ojo, porque la historia no es descabellada del todo. Los jabalíes tienen fama de ser muy fieros y de llegar a hacerse bastante grandes en libertad. Vale que de ahí a la tanqueta que nos muestran -nunca entero, eso sí- en pantalla, va un trecho. Pero la idea está ahí. Es muy destacable en esta película su ambientación y su plantilla de personajes secundarios, esa panda de cerdos (y no me refiero a los jabalíes) que viven entre inmundicia, siempre borrachos, medio borderliners (como quien desciende de generaciones de endogamia) y que salen a matar y despiezar canguros por las noches. Me recordaron a la familia de "La matanza de Texas", o a los guarros de "Mad Max", o a los deformes de "Las colinas tienen ojos" salvando las diferencias, para hacernos una idea. Por cierto, que el más malo de ellos, el que tiene pluma, es de risa. ¿Tiene que vestir así? ¿Moverse así? ¿Ponía a prueba Mulcahy nuestra paciencia con semejante personaje?
Por lo demás, con un guión muy típico y normalito en esta clase de historias, destacaríamos que la cinta tiene buen ritmo, y que sin llegar a ser divertida, es entretenida. No falta el enfrentamiento final hombre-bestia, que se salda como mandan los cánones. La fotografía de los desiertos australianos también es muy bonita, con algunos planos extraños (composiciones de imágenes fundidas unas con otras, etc.) que quedan un poco discordantes, pero que parecen firma del extraño cine de este director. En resumen, correcta muestra de monster movie ochentera de alguien que demostraría tener cierto talento... y que luego demostraría que no, que no lo tenía.

Kick-Ass (Matthew Vaughn, 2010)

Quizá a una película sobre superhéroes tan poco convencionales como estos, no se le puede pedir nada más. "Kick-Ass" lo tiene todo, y de lo bueno en dosis en generosas. Tiene un ritmo perfecto, un guión divertidísimo y bien narrado (el material de Mark Millar era un excelente cimiento), una combinación explosiva de comedia y acción salvaje, y unos personajes con los que resulta imposible no encariñarse. Hasta con los malos.
¿Quién no ha soñado alguna vez con ser un superhéroe? Pero de ahí a ponerse un pijama y una capucha, coger un par de palos y lanzarte a la calle a combatir el crimen, va un trecho, ¿no? Pues no. Para Dave, un adolescente friki como cualquiera (como yo mismo), ser superhéroe será su vocación en un mundo en el que las chicas lo ignoran y él no es bueno en nada. Pero tras su primer y desternillante acto heroico, en el que recibe una paliza, un navajazo y es atropellado, la mayoría de sus huesos son recompuestos con piezas metálicas, y sus terminaciones nerviosas quedan dañadas. Este nuevo "superpoder" le servirá para soportar inenarrables palizas y convertirse, bajo su identidad superheroica de Kick-Ass, en un fenómeno del YouTube que creará escuela. Y será entonces cuando el universo, en esa ley de compensación, vaya gestando al supervillano que tendrá que tener, y a los compañeros con los que formará extraña alianza: Big Daddy y Hit Girl, padre e hija con una historia apabullante y que son auténticas máquinas de matar criminales. Nunca un personaje infantil ha sido tan brutal, asesino, y a la vez entrañable y divertido como lo es Hit Girl, que se come la película con patatas.
Además, encontramos muchísimas referencias al género superheroico. La partitura recuerda a la de Batman cuando Kick-Ass va en el Plumamóvil de su amigo y futuro archivillano, Pluma Roja; el propio Dave se abre la camisa a lo Superman; y no faltan referencias ni a John Woo, de la mano del propio personaje de Nic Cage, a quien casi le recupero el respeto en este papel.
En definitiva, "Kick-Ass" es una cinta que nadie debe perderse. ¿Superhéroes al uso? Ni de coña. Pero es de lo más divertido, sangriento y friki que he visto. Y semejante combinación no ha podido gustarme más.

Exam (Stuart Hazeldine, 2009)

Esta desconocida "Exam" me ha dejado el mismo buen sabor de boca que, en su momento, me dejaron "Cube" o "Donnie Darko". Los aficionados al género ya se darán cuenta que esa comparación es muy positiva, así como en qué tesitura se mueve "Exam". Para mí, posible próxima película de culto para muchos.
Se trata de una puesta en escena muy sencilla: una habitación cerrada y 8 aspirantes a un puesto de trabajo, un guardia armado y un supervisor. La prueba consiste en un examen con una sola pregunta, pero cuando los aspirantes le dan la vuelta a su folio... está en blanco. Y las reglas son muy claras: no pueden echar a perder su folio, ni intencionada ni accidentalmente; no pueden hablar con el guardia ni con la cámara que los vigila; no pueden abandonar la habitación; y tienen 80 minutos para contestar a esa pregunta que ni siquiera está escrita.
¡No me digáis que la premisa no da ganas de correr a verla! A mí me pasó, y en parte me esperaba un gran chasco, porque esas ideas tan buenas suelen degenerar en un sinsentido o en algo peor. Pero qué sorpresa ver cómo el guión se desarrolla con tranquilidad, con seguridad, con inteligencia, con cada personaje actuando como marcan los cánones. Habrá buenos, malos, trepas, habrá sorpresas, accidentes, violencia, y descubriremos sorprendentes datos sobre el contexto histórico (jamás se dice qué fecha es, y los datos que se dan sobre lo que ocurre en el mundo fuera de la habitación nos pueden dar muchas ideas). Así se logra mantener la tensión, o más que tensión, el creciente interés por qué es lo que pasa y qué va a pasar. Hasta llegar a un final bastante sorprendente y muy coherente, muy correcto, muy atado, quizá lo mejor que se le puede atribuir, que la película no acabe yéndose por derroteros extraños y que se quede en un inteligente ejercicio de thriller con tintes de fantástico. No quiero contar nada del final, ni del desarrollo del examen, porque sería fastidiar la película. Solo afirmar una vez más que "Exam" pasa su propio examen con sobresaliente.

El retrato de Dorian Gray (Oliver Parker, 2009)

Oscar Wilde estará revolviéndose en su tumba. Son ya varias las aberraciones que se han perpetrado en nombre de su relato sobre ese joven libertino que vende su alma al diablo para no envejecer, siendo su retrato el que acusaría los estragos del tiempo y de su vida licenciosa. Pero de todas, o al menos de todas las que he visto, esta es la mayor porquería que se ha hecho basándose en tan excelente material.
Podría criticar casi cualquier aspecto de esta película, empezando por la elección del príncipe Caspian como protagonista. Su cara de pipín y su inexpresividad amariconada no benefician en nada a un personaje que, en mi opinión, debería tener mucha más garra. Caspian no cumple, se pasea por la cinta haciendo el soso y el mariquita (dicho esto sin acritud, es que lo pintan como un vicioso a quien le da igual carne que pescado) que no transmite furia ni al final. También jode que un gran actor como Colin Firth (quien siempre diré que, para mí, hubiera sido el mejor Robert Langdon) tenga un papel tan bobo como el que tiene, puesto que primero parece ser el propio demonio y luego resulta ser un pamplinas.
En cuanto al guión, va a saltos. La dirección tampoco ayuda, y aunque la fotografía es bonita (demasiado grisácea, eso sí), los decorados parecen hechos con Photoshop, quitando todo el realismo a ese Londres victoriano que se suponen representar. El ritmo es muy lento y casi no pasa nada, los 20 o 30 años de acción transcurren casi a tiempo real (o eso me pareció) para llegar a un final anticlimático totalmente que, aún así, es lo mejor de la película. Pero eso no es decir nada bueno. Y es que, en lo que se supone que es una crítica a la vida disoluta y decadente y una lección de que jugar con el maligno nunca es bueno (aunque, ahora que lo pienso, Dorian aquí jamás llega a pactar con el demonio, solo a decir que que le gustaría seguir siempre joven -¿y a quién no?- y ya está), lo único decadente es la propia película. Lo único bueno es que la vi tranquilamente en casita. Si hubiera pagado por ella, ya me estaría cobrando mis 7 euros con los intestinos de alguien...

Razas de noche (Clive Barker, 1990)

Una de las mentes más retorcidas del terror moderno, Clive Barker (también creador de "Hellraiser"), presentó con "Razas de noche" (adaptación de un relato suyo titulado "Cabal") una de las mejores piezas del género. Porque es difícil encontrar en una misma película una galería de criaturas tan monstruosa y variada como los Nocturnos que pueblan la ciudad-cementerio de Midian. Recuerdo haber tenido malos sueños con el tipo rojo de las rastas cuando era pequeño, y es fácil entender por qué, si bien algunos son más pintorescos y con aspecto de monstruos de feria (como el del bulto en la cabeza, que parece la caracterización de Tarantino en "Muchachada Nui", jeje) o marcianos mutantes a lo "Desafío Total".
La historia va sobre un chico con extraños sueños sobre la ciudad de Midiam y sus criaturas. Ese mismo chico se convertirá en cabeza de su psiquiatra, un asesino en serie, y resultará abatido a tiros por la policía. Pero antes de morir es mordido por uno de los Nocturnos, volviendo de la muerte convertido en otro de los hijos de Midian y uniéndose a las razas de noche en una guerra profetizada contra el mundo natural y contra el auténtico monstruo, el asesino. Asesino que, por cierto, interpreta el genial y polivalente director David Cronenberg.
Con esta sencilla historia, es más que suficiente para poner en marcha una tremenda puesta en escena realmente estremecedora. Los personajes son impresionantes, la ambientación no puede ser más tétrica y fantástica, y tanto los efectos como el maquillaje son una auténtica pasada para la época e incluso para muchas producciones de hoy en día. El final queda abierto, pero jamás nadie se atrevió a hacer una secuela. Será que "Razas de noche" es uno de esos pequeños animales cinematográficos que permanecen en una especie de reserva natural intocable, cosa que todos los aficionados agradecemos. Porque hacerlo mejor, hubiera sido difícil.

Bats (Murciélagos) (Louis Morneau, 1999)

"Bats" es un ejemplo de cine que no se toma en serio a sí mismo, pero que ofrece un rato de diversión convencional y tópica con monstruos de por medio. Monstruos que pretenden ser más terroríficos por aquello de ser simples murciélagos comunes alterados genéticamente, pero que jamás nos creeremos, bien porque cantan a goma en los primeros planos, o a ordenador en los planos generales. No solo todo el metraje hiede a telefilme de alto presupuesto, sino que los actores, en su pobre esfuerzo por parecer serios, solo logran dar más patetismo a la puesta en escena, excesivamente colorista para una película supuestamente de terror y supuestamente sobre animales de costumbres nocturnas. Cuenta, además, con todos los tópicos del género: sheriff aguerrido, científica especialista en el animal en cuestión (y macizorra, para que pueda tener tema con el sheriff -NOTA: el género del sheriff y la científica es siempre invertible, pudiendo ser indistintamente la sheriff y el científico-), científico malo que actúa de personaje-explicación, y, por supuesto, mi favorito: el negro gracioso, ese típico negro que ejerce de ayudante de uno de los dos protagonistas (léase el sheriff o la científica), y que siempre tiene el chascarrillo adecuado en cualquier momento, bien en el que descubren lo jodidos que están, bien en medio de un ataque de los monstruos, o bien ante una muerte atroz de un compañero. Este personaje suele sobrevivir para que nosotros, espectadores, nos ahoguemos en nuestros propios espumarajos de rabia, puesto que deseamos para él la peor de las muertes desde que vemos su fucking cara.
Pero, insisto, entre todos los tópicos y chorradas que se vierten en "Bats", encontramos el trasfondo de entretenimiento, y puesto que estoy seguro que ninguno de los implicados en la cinta pretendían ningún tipo de premio técnico o artístico con ella, la misión de entretener es lo único que se les pide. Es cutre, maleta y predecible, pero así es la serie B, así es el cine de bichos, y así debe ser. Amén.

Atracción Diabólica (George A. Romero, 1988)

El padre del género zombie dejó aparcados a sus queridos muertos vivientes para ofrecernos una película muy distinta con un enfoque completamente diferente. No encontramos cadáveres resucitados en esta historia, ni gore excesivo, ni golpes de efecto. Encontramos un guión centrado en algo tan mundano como un hombre que se queda tetrapléjico después de un desafortunado accidente. Un hombre que, al borde de la desesperación comprensible en su nuevo estado, recibe un curioso regalo: una mona capuchina entrenada para ser su servil esclava, su fiel amiga, su cuidadora permanente sin horarios ni retribución. Pero la historia de terror también tiene cabida, porque la mona ha sido inoculada con un suero que le confiere mayor inteligencia, pero también una extraña y obsesiva dependencia de su amo y un sobrenatural enlace mental con él, lo cual permitirá al animal dar rienda suelta a los deseos más oscuros del hombre atormentado, aquello que él solo piensa pero que jamás haría... y que su abnegado ayudante hace por él.
La verdad es que la primera hora es fascinante, sobre todo por sorprendernos de ver todo lo que la mona es capaz de hacer para bien, y lo bonito de la relación entre ella y su amo. Poco a poco van entrando en escena nuevos personajes, como la entrenadora de los monos, que se convierte en nuevo amor del protagonista., y me sorprendí de ver a secundarios tan correctos, entre ellos a Stanley Tucci como médico cabroncete. Es particularmente triste la escena en la que el científico se lleva a la mona, y vemos la desesperación de ésta al ser apartada de su "amado". Pero pronto vuelve a la carga para repartir caña, hasta que llegamos al brutal (aunque bastante increíble) enfrentamiento final, que se salda después con un happy ending algo rebuscado, pero agradable. Que no todas las películas de Romero terminen con la muerte de sus protagonistas, hombre. En esta película demostró que podía rodar mucho más que terror convencional y zombies, y le salió un producto muy interesante y que, pese a sus ordenadores de culo y pantallas verdes, soporta bastante bien el paso del tiempo.

Alaridos (Lance W. Dreesen, 2006)

Obviaremos que tanto la traducción española de esta película -que en versión original, se llamó "Big Bad Wolf"- como su carátula, intentan sin éxito tratar de establecer algún vínculo entre ella y esa pequeña obra maestra del género que es "Aullidos". Y lo obviaremos porque la película, por sí sola, ya tiene bastante chicha para comentar. La historia recuerda vagamente a "Luna maldita", aunque con más personajes y bastante más gore, un apartado muy currado en la cinta. Se intenta establecer también un paralelismo entre el hombre protagonista y la bestia, mostrando al hombre como un tipo violento, borracho y salido, facetas que exacerba en su estado de lobo. La transformación, sin ser una maravilla, no es mala del todo aunque canta a ordenador por soleares, y el maquillaje es correcto. Me gustó eso de que como lobo conservara su personalidad y que hasta pudiera hablar, dando a entender que es el hombre, y no la bestia, lo que hace al monstruo. Lo malo es la pareja de jovencitos protagonistas, totalmente estupidos, o algunas secuencias como la de la obtención de la muestra de ADN (pacagarse) y demás chorradas que campan a sus anchas por la cinta. Por ejemplo, al final, hay un momento muy gracioso en el que el hombre lobo atraviesa con la mano una puerta de metal, pero luego no puede romper una de chapa de madera, algo que me recordó a la legendaria escena del pestillo de "Dagón". Pero en definitiva, sus 90 minutitos no se llegan a hacer pesados (¡solo faltaría!) y están constantemente salpicados por tetas, sexo, y sangre, ideales ochenteros que aún se continúan aplicando en el cine de terror actual con buenos resultados. No puedo recomendar a cualquier lobocinéfilo que la vea, pero tampoco recomendaría huír de ella, así que, si por casualidad os la encontráis y tenéis un día de esos de mente abierta, podéis pasar una hora y media de desconexión mundana sin pretensiones.

The Human Centipede (First Sequence) (Tom Six, 2009)

¡Sorpresón del quince! No nos llamemos a engaño, queridos lectores, porque detrás de este título que suena como cualquier película de montruos mutantes de serie B, encontramos uno de los argumentos más terroríficos y angustiosos que he visto en los últimos años. Compararía el visionado de esta película con aquella cinta francesa llamada "Martyrs", por la sensación de desasosiego e impotencia constante que transmite, sobre todo en su primera mitad y en los últimos minutos.
Pero vamos al tajo. "The Human Centipede (First Sequence)" es la historia de un médico alemán especialista en separar siameses, pero que está loco como chota y se ha empeñado en crear siameses múltiples unidos por el sistema digestivo a base de empalmar culos con bocas. Ok, la idea es absurda a tope, pero... ¿no es horrible en sí misma? Los que están en el medio solo se alimentan de las heces del de delante, y el de detrás de ellos de las heces redigeridas de su predecesor, y así sucesivamente... Una idea escatológica y humillante, aparte de lo horrible de la tortura de dolor que supone semejante operación de "empalme". Brillante la interpretación de Dieter Laser como el Dr. Heiter, que logra parecer completamente enfermo, sádico, un nazi de libro, vamos. Un moderno Mengele con ideas que no distan mucho de las enfermizas intenciones de los acólitos de Adolf. Para mí, la escena en la que les explica a los tres pacientes la operación que va a llevar a cabo con ellos es estremecedora. Sin necesidad de mucho gore (la película no es excesivamente grotesca) se logra crear un clima malsano de angustia y asco pocas veces visto, mostrando límites insospechados de la crueldad humana y de la degradación a la que los tres pobres "segmentos" del ciempiés son sometidos. Quizá hay un momento del nudo de la peli que se hace tonto, cuando Heiter trata de entrenar a su nueva mascota, pero rápidamente se recupera con la llegada de los dos policías, que da pie al aplastante y perturbador final que te deja totalmente satisfecho. Porque algo así no puede acabar bien, ni de coña. Y ojo, porque pese al final, se está rodando una segunda parte en la que se ha prometido doce, y no solo tres, segmentos del ciempiés humano. No me la perderé.

Blood: el último vampiro (Chris Nahon, 2009)

Adaptada del popular manga creado por Kenji Kamiyama y Katsuya Terada -que, además, ya tuvo su versión anime en 2001 con bastante buen resultado-, nos llega ahora esta interesante película sobre una guerra ancestral entre la especie humana y los vampiros, ambientada en los años setenta en plena guerra de Vietnam. Aunque la palabra "vampiro" en sí nunca se pronuncia (sí otras como "chupasangre"), y se considera a esas criaturas más bien demonios bebedores de sangre con el poder de hacerse pasar por humanos. Para darles caza existe una organización llamada El Consejo, una rama de la CIA que cuenta con Saya como su mejor asesina. ¿Y quién es Saya? Pues podríamos decir que es la Blade china, una jovencita (de aspecto, porque tiene siglos de edad al ser vampira mestiza) vestida al más puro estilo de las lolitas del manga, que lucha como una bestia y cuya espada ha matado a más vampiros de los que podemos contar. La trama de la película le pondrá como inesperada compañera a una chica americana, que la acompañará en su búsqueda de Onigan, la vampira más poderosa y antigua y asesina de su maestro, mentor y padre.
Con un ritmo perfecto y un concepto de la acción que nos recordará mucho a "300" o "Watchmen" (esas ralentizaciones y aceleraciones en las escenas de lucha), la caña se sucede a raudales entre combates de katana, mientras conocemos la historia de Saya mediante flashbacks, al tiempo que se va acercando a su destino final contra Onigan.
Debo decir que me ha gustado mucho más de lo que se podía esperar de una cinta sobre vampiros y samurais, porque no solo está bien rodada y bien llevada (aunque los efectos especiales sean un poco pintorescos), sino que la historia, al ser adaptación de un manga, está bastante elaborada, y la acción no da descanso. Podría decirse que no es más que una "Blade" mezclada con "Tigre y Dragón", pero la he disfrutado mucho más que cualquiera de las del vampiro de Wesley.

Pretty Woman (Garry Marshall, 1990)

El papel que convirtió a Julia Roberts en la novia de América es el de esta prostituta de "Pretty Woman", en la que compartió protagonismo con el encantador Richard Gere. Una pareja de lujo para contentar a todos los espectadores, hombres y mujeres, pero sobre todo mujeres, que se quedaban embelesadas bien por el señor Gere, con su planta y su surrealista amor por una puta callejera, o bien por la señorita Roberts, que encarnaba ese sueño imposible de cuento de hadas de encontrar a un príncipe azul que la rescatara con su caballo (aquí limusina) blanco. Vamos, una moderna y comercial reinterpretación del cuento de la Cenicienta en la que el príncipe es un hombre de negocios asquerosamente rico, y la pobre Cenicienta es una simpática ramera con mala suerte en la vida.
Sin mucho más que comentar al respecto, esta es una de esas películas que todos deberíamos ver una vez, porque para verla más veces siempre estarán nuestras novias y mujeres. Algún extraño magnetismo emana de esa relación tan entrañable y romántica como absurda (el personaje de Gere ¿no puede encontrar el amor en una chica normal, que tiene que enamorarse de una puta?), que hace que la historia cale en las féminas de forma inaudita. Escenas como la del desfile de ropa, con la mítica banda sonora o el final, empalagoso hasta la náusea, convierten a "Pretty Woman" en algo perfectamente definido por Javier Ocaña, crítico de la revista Cinemanía: "todo un clásico del cine comercial moderno". Y eso no es poco, porque la fórmula "creada" en "Pretty Woman" continúa -y continuará- repitiéndose en el cine hasta el fin de los tiempos. Con variables resultados de todas las índoles, eso sí.

Transporter 2 (Louis Leterrier, 2005)

Jason Statham es el nuevo mamporrero oficial del cine de acción frenético y videoclipero. Le avalan títulos como "Crank" y su secuela, toda la saga "Transporter", "Death Race", y hasta será uno de los hombre de Stallone en la esperadísima "The expendables". Esta película, la secuela de "Transporter", un compendio de sobradeces y chorradas a cada cual más grande que la otra. Pero así es este cine, el cine que protagoniza Statham. Hecho y escrito para su lucimiento, para sus hostias, para su conducción imposible, para verlo saltar con un coche y quitarse una bomba del chasis con el gancho de una grúa (WTF??), cayendo de pie perfectamente, o saltar edificios con su Audi sin joderle los bajos, o luchar contra cincuenta tíos y patearles el culo a todos, o saltar entre dos coches que chocan a doscientos por hora. Todo eso mientras que la mala de la película es una tía buena que se pasea por ahí armada hasta las tetas y en lencería fina, como mandan los cánones. Vamos, que no hay que tomarse en serio nada de lo que vemos, porque podría destruirnos el cerebro si lo intentamos. Eso sí, entre sobradeces y fantasmadas, la película es cojonudamente divertida. Claro que sí, si es como ver un episodio de "Dragon Ball" pero sin kames. Así que solo hay que poner el cerebro en posición "off" y tragarte la cantidad de disparates y barrabasadas que desfilarán ante tus ojos, disfrutar con la acción más primaria y machacona que se te pueda ocurrir, y rendirte a los encantos de este nuevo estilo de acción que podríamos bautizar como "ciencia-fiacción".

El ultimátum de Bourne (Paul Greengrass, 2007)

Olvida todo lo que sabías de Jason Bourne y da la bienvenida a Superbourne, el nuevo hombre de acero. En esta tercera y última entrega (al menos de momento, porque habrá una cuarta no se sabe si con Damon de nuevo) Jason Bourne continúa investigando sobre el proyecto secreto Tredstone que lo convirtió en esa especie de superasesino que es. Los flashes de su pasado le asaltan de cuando en cuando, pero descubrir la verdad será una tarea mucho más difícil para Jason, que tendrá que hacer frente a prácticamente todos los demás asesinos de la organización, como si de un beat-em-up se tratara, para llegar a los monstruos finales de fase y destapar toda la conspiración. Por el camino, disfrutaremos de dos horas de acción impecablemente rodada, valedora de Oscars al sonido y montaje, y bien merecidos. El ritmo es PERFECTO, el montaje coherente y trepidante, las escenas de acción impecables y de las que dejan sin aliento -tanto, que incluso podemos obviar la cantidad de burradas y sobradeces que veremos en pantalla y que hubieran matado a cualquiera-, y es que Bourne se muestra desatado y convertido en la máquina de matar que es. La cámara en mano y el característico estilo de la saga no da pie a un solo segundo de aburrimiento, y cuando llega el final tienes la certeza de que esa bocanada de aire que toma Bourne al asomar la cabeza del Sena, no es solo el fin de una de las mejores trilogías de acción de la historia, sino el principio, seguramente, de otra más. Y también la disfrutaremos, porque no cabe duda que la trilogía de Jason Bourne se ha ganado un hueco como uno de los mejores referentes del cine de acción.

El mito de Bourne (Paul Greengrass, 2004)

En esta secuela, Bourne cambia de registro. Si en la primera parte se trataba de un hombre tratando de recuperar su pasado y de sobrevivir a unos enemigos que ni recuerda haberse fraguado, ahora encontramos a un Bourne que va a por todas, decidido a vengar la muerte de su chica. Tras dos años de haber permanecido a salvo, a base de cambiar constantemente de país y de identidades, Bourne y Marie son encontrados y atacados, con la resulta de la muerte de ella. La intención era conseguir que Bourne cargara con la culpa de unos asesinatos que venían a encubrir una conspiración mucho mayor en las altas esferas de la CIA. Pero he aquí que Jason, ya sin nada que perder, se lanza a por quienes le han arrebatado lo único que tenía y, de paso, a limpiar su nombre y a indagar un poco más sobre su identidad. Y cuando un ex-espía como Jason Bourne se cabrea... acojónate.
Encontramos en "El mito de Bourne", gracias a su nuevo director, mucha más acción que en la primera, sobre todo en el apartado de persecuciones, algo por lo que esta saga será siempre recordada. Sus larguísimas y trepidantes persecuciones son dignas de manual, y aportan un dinamismo a la cinta que tira de espaldas. Matt sigue partiendo caras con una maestría que asusta, y el guión continúa ofreciendo algún que otro giro que, aunque efectista, está muy al servicio de la trama. Eso sí, vemos como Bourne comienza a convertirse en supersaiyan de nivel 2, algo que culminará en la tercera. No obstante, las sobradeces e imposibilidades físicas de Bourne están aún muy lejos de las de cualquier "Transporter" o "Crank", y no hacen que la película pierda ni un solo entero.

El caso Bourne (Doug Liman, 2002)

Sin duda el actual cine de acción viene muy influenciado por este personaje y por el estilo que le confirieron a su trilogía. Exitazos como "Casino Royale", con el nuevo Bond de Daniel Craig, mucho más físico y violento que sus predecesores, confirman que Jason Bourne creó escuela. Igual mi sorpresa ha sido menor al "descubrir" ahora a Bourne cuando empezó en 2002, habiendo visto ya varias películas que beben de su fuente, pero igualmente puede apreciarse, y mucho, la calidad de esta espectacular trilogía.
Porque hablar de esta película es hablar de la trilogía completa, ya que está rodada con una cohesión y una linealidad que da la impresión de estar viendo una misma película de 6 horas. Como eje argumental de las tres, tenemos la historia de Jason Bourne, un hombre que es rescatado en medio del mar por un barco pesquero, con varios disparos en el cuerpo y totalmente amnésico. Mientras trata de descubrir quién es, va dándose cuenta de que posee extraordinarias habilidades de combate y conocimientos propios de un superespía. Pero ¿quién es Jason Bourne? ¿Por qué todo el mundo parece querer matarlo? ¿Y cómo terminó tiroteado y a la deriva?
Con esa premisa, se desarrolla la particular odisea de Matt "Bourne" Damon, que demuestra haberse aprendido de maravilla este caramelito de papel. Damon realiza acción física a raudales, lucha como un profesional, se marca persecuciones y combates trepidantes, mientras va ahondando en una trama que esconde mucho juego gubernamental inteligente y bien llevado y mucho complot. Así, con un ritmo frenético y una dirección magnífica de la acción, acompañado de una banda sonora tremenda y constante y de un estilo muy particular de rodar con la cámar en medio de los personajes, la película concluye con un aparente final feliz que no es sino antesala de su secuela.

Piraña (Joe Dante, 1978)

El posterior director de las míticas “Aullidos”, “Gremlins” o“El chip prodigioso” comenzó aquí su andadura en el cine, a pleno rebufo del “Tiburón” de Spielberg. Y lo hizo con esta cinta de terror que, vista hoy en día, tan pronto puede ser considerada como un pequeño clásico del género, o como un entrañable producto de serie B de la época. Aunque, en cualquier caso, siempre recomiendo a cualquiera que la visione para poder opinar, porque es una de esas pequeñas e imprescindibles piezas del cine de monstruos.
Y es que, con las mandíbulas del tiburón aún calientes y una secuela del mismo recién inaugurada en cines, nos llegaba esta monster movie sobre un más pequeño pero no menos peligroso animal acuático: las pirañas. Si bien en el poster aparece una piraña de descomunal tamaño (en otro claro intento de beber de las sobras de “Tiburón” hasta en el cartel), en la película son relativamente fieles a la realidad y nos presentan a estos peces carnívoros con su tamaño más o menos correcto. Pero, fruto de un experimento del ejército, estos animales son más fuertes, más agresivos, más supervivientes y resistentes a casi cualquier ambiente. Así que se convertirán en un gran problema para los turistas de un pueblo con río en plena temporada de veranito. Los animales harán de las suyas mientras la pareja protagonista descubrirá el pastel e intentará ponerle fin, todo un ritmo tranquilo y salpicado de buenas muertes a dientes de las pirañas, con un estupendo final (ese fundido en rojo del mar me encanta) que augura una segunda parte que sí se hizo, precisamente dirigida (aunque dicen que cuanto apenas) por James Cameron, y de la que ya hablé en su momento.
Pero, en sí misma, “Piraña” fue un buen logro de este género, que ha dado cosas mucho peores. Con el habitual encanto de tener tres décadas largas a cuestas y el buen hacer de Dante, las pirañas se convirtieron en otro de los temores recurrentes de cualquier bañista. Aunque los tiburones siempre quedaron por encima en la escala.

Born, el embrión del mal (Richard Friedman, 2007)

Ahora sí.
Esta es.
Ya no me cabe duda. No se puede hacer algo peor en el intento de hacerlo bien. No se puede uno mear impunemente en cualquiera de los conceptos que se enseñen en las escuelas de cine, hombre. Porque si lo hace, resulta algo como esto.
¿De qué va esta mierda? Pues de Mary, una virgen macizorra y salida que se queda embaraza después de que su hermano (interpretado por Kane Hooder, conocido por haber interpretado a Jason Voorhees un montón de veces), que es un demonio (¿¿) la viole para que, cuando nazca su hijo demonio, él pueda volver a ser un humano (what the fuck????). Pero claro, como el niño no es lo que se dice una gestación normal, pues le da a la madre ganas de matar peña y comérsela. Y así se da pie a estúpidas situaciones de gore en las que la madre habla como si fuera su bebé demonio, escenas estúpidas a más no poder en las que te preguntas cómo coño el director consentía rodar semejante mierda. Mientras, se alterna con la historia del hermano demonio y sus confesiones a una psiquiatra que luego resulta ser Lucifer. Y van saliendo tías en pelotas que no vienen al cuento, escenas de sexo, de violencia, de lesbianismo… Vamos, todos los ingredientes de la serie B, serie Z, y hasta casi tintes de cine X. Lo mejor, dentro de lo peor, son los efectos especiales. No os perdáis, por el amor de Dios, las ecografías 4D del niño demonio, porque son im-pre-sio-nantes. ¿Animación informática? ¿CGI¿ Olvidad todo lo que habías visto. Esto es incomparable, indescriptible, auténtica carne de libros de historia del futuro. Pasará a los anales como un manual de cómo no hacer una película, o como un ejemplo de situaciones que puede hacerte preguntar “what the fuck is this shit?”
Bueno, y sin olvidar el finalazo. Cuando, a los 100 minutos de sufrimiento llegamos a la última escena, todo termina como si fuera la primera parte de una trilogía o algo así. Como si fuera a haber SECUELA, señores. Como si no hubiera sido bastante con esto. Final abrupto y sin resolución, que pone un broche de mierda a esta nausea cinematográfica total y absoluta que, a fecha de hoy, ostenta el número 1 en mi cinemierdómetro particular. La pregunta que me quita el sueño es… ¿encontraré algo que supere a esto?