Survival of the Dead (George A. Romero, 2009)

En un episodio de "Padre de Familia", Peter Griffin le dice a su hijo: "¡Yo te creé, y yo puedo destruirte!" Después presiona un botón y un niño explota (aunque no es su hijo, eso es otra historia). Pues más o menos lo mismo ha hecho George Romero con el género de zombies: él lo inventó, prácticamente; y él lo ha destruido poco a poco, hasta darle el golpe de gracia sin honor que es esta "Survival of the Dead". Paradójico título éste que clama por la supervivencia de unos muertos que el propio Romero ha asesinado, ¿no os parece?
Y es que uno no sabe muy bien lo que está viendo en esta película. ¿Es una comedia negra? ¿Es serie B? ¿O, simplemente, es una cosa mal hecha que intenta combinar tanto que se queda en una absurda intentona? Sinceramente, entre personajes estereotipados, diálogos tontos, situaciones irrisorias y efectos digitales, hay momentos en los que casi crees que estás viendo "House of Dead", de Uwe Bowl, y no una obra de zombies filmada por el padre del género. Cuesta creer que el mismo cineasta que realizó "La noche de los muertos vivientes", que se superó a sí mismo con "Dawn of Dead" en un escenario tan cerrado como un centro comercial, y que cerró con nota la trilogía con una mucho más lenta (aunque mucho más completa en otros sentidos) "El día de los muertos", pueda hacer cosas como ésta. Ya empezamos a intuirlo con "La tierra de los muertos vivientes", mucho más disparatada y comercial que sus predecesoras, pero honesta con la idea desarrollada por Romero en su trilogía inicial. Lo malo es que le vimos fallos, carencias y excesos (¿por qué recurrir a obvios efectos digitales cuando sigues teniendo a Tom Savini y Greg Nicotero, George?) que la convertían en un subproducto, casi en una exploitation de sí misma. La confirmación de que Romero había bajado el listón, y mucho, llegó con "Diary of the Dead", rodada como marcaba el momento: con cámara en mano, para aprovechar el tirón del sistema que tan buenos resultados había dado a otras producciones. Romero demostró ciertos momentos de talento, pero poquísimos, y la película es absolutamente olvidable y deficiente, como rodada por un subcontratado y no por el propio Romero.
Y en "Survival of the Dead", Romero se despide. Es la confirmación de que chochea, de que ya no puede hacer buen cine de zombies, y que no le funciona el reinventarse a sí mismo ni el seguir la senda que él mismo abrió, porque se ha perdido. No creo (y espero) que tenga narices (ni tiempo de vida suficiente) para rodar otra, y mejor así. Este señor dejó el pabellón muy alto y se ganó el estatus de director de culto. Que no se empeñe en quitárselo él mismo.

The Haunting (La guarida) (Jan de Bont, 1999)

Reza el subtítulo de esta película que "algunas casas nacen malditas". Y algunas películas nacen ridículas.
Veamos:
-Tenemos a un reparto formado por la mujer de Michael Douglas, el repelente Owen Wilson a quien detesto desde la angustiosa "Tú, yo, y ahora Dupree" (quizá la película con el personaje más asesinable de la historia, pero ya hablaremos de eso otro día), una protagonista desconocida y fea y a Liam Neeson en un papel de esos que le hicieron decir que se iba a dejar el cine para siempre.
-Tenemos un guión asqueroso, lleno de clichés, de situaciones que no se tienen en pie, y de diálogos absurdos como un sketch de Muchachada pero sin gracia.
-Tenemos unos decorados mierderos y efectos especiales digitales pasadísimos de vueltas, que hacen que en vez de pensar que es una película de terror, todo tenga una atmósfera de videojuego que espanta.
-Y tenemos a Jan de Bont para batirlo todo con su inherente falta de talento para el cine.
¿Alguien había dicho mierda? Pues toma cuatro tazas.
No sé, todo lo que se diga de esta película es poco. Otra vez me encuentro con una de esas cintas que tienen presupuesto y medios y que, sin embargo, parecen un puñetero telefilme por lo mal hechas que están. Y gran parte de la culpa la tiene el guión, la otra los actores (que no se tomaban en serio ni a ellos), y la otra el director. Poco se podía hacer en una historia que dice tan poco, sobre casas encantadas, fantasmas asesinos de niños y lazos familiares, pero todo muy light, muy para todos los públicos y para ninguno.
Lo mejor de la película es que su argumento sirve como base para la magnífica "Scary Movie 2", en la que Tim Curry se curry mucho más su papel parodiado que Liam Neeson el suyo original. Y es que "The Haunting" es mucho mejor parodiada que en serio, porque incluso en serio parece una parodia... o algo así, ya me he perdido. Vamos, que es muy mala. Fin de mi crítica.

Sucedió en Manhattan (Wayne Wang, 2002)

A veces la televisión puede ser cruel con la programación... y tu mujer, más aún. Por eso tuve que tragarme este pestiño de película con Jennifer López (sí, Jennifer López otra vez, como si no hubiera tenido ya bastante con mi primera experiencia con ella) haciendo de camarera de hotel en una estupidilla versión de Cenicienta que no se cree ni el tato. Porque eso es lo que es esto, una especie de Cenicienta latina, típica historia de una pobretona que se enamora de un ricachón que se enamora de ella pero como ella se ha hecho pasar por lo que no es pues no pueden llegar a nada hasta que él le dice que la quiere tal y como es y toda esa morralla infecta. A la JLo la tenemos en el papel de la camarera y madre soltera (¡ole los colectivos y los tópicos!) y de ricachón (aspirante a senador o algo de eso) tenemos al folla-azafatas de vuelo más conocido del mundo: Ralph Fiennes.
La verdad, me resulta muy difícil comentar o criticar una película en la que todo está tan perfectamente establecido. Es decir, la historia es obvia, sabemos siempre por dónde van a ir los personajes, qué van a hacer, cómo van a actuar, cómo se van a comportar los secundarios, cómo va a acabar la cosa, etc., etc. Interpretativamente no es para matar a nadie, y la dirección es lo que se suele requerir para esta clase de comedias romáticas, correcta y poco más (increíble que Wayne Wang fuera también el director de la magnífica "Smoke". Para que digan que un buen guión y Harvey Keitel no pueden obrar milagros...). Y la historia, con toda su predictibilidad, es la que ya conocemos todos. Así que supongo que esta es una típica comedia romántica que, sin duda, es mucho más digerible que otras que he tenido la desgracia de ver.

Sleepy Hollow (Tim Burton, 1999)

Otra de las grandes de Tim Burton, fiel al estilo oscuro y divertido de este extravagante cineasta, y fiel a su actor fetiche, Johnny Depp, de nuevo en un papel protagonista que le va como anillo al dedo.
La leyenda del jinete sin cabeza sirve como base para que Burton desate todo su talento gótico en esta cuidadísima producción que mezcla estupendamente el fantástico con el terror y con dosis de humor en el personaje de Depp, que interpreta a Ichabod Crane, un brillante policía de ciudad que basa todas sus investigaciones en la ciencia, en una época en la que la ciencia casi ni existía. Vamos, que interpreta a lo que sería un precursor de los CSI modernos, investigando la escena del crimen, el cadáver y el entorno con las más "modernas" técnicas y artilugios inventados por él mismo. Lo que pasa es que este racional policía se verá mezclado en una historia totalmente sobrenatural cuando le mandan a investigar unos misteriosos asesinatos a la remota aldea de Sleepy Hollow, viéndose inmerso en algo que le supera, con un jinete asesino regresado de la tumba que corta cabezas porque le han robado la suya. La historia del jinete (interpretado por Christopher Walken, otra perfecta elección) no podría ser mejor. Además, Burton demuestra talento para el terror, porque algunos de los elementos del guión son muy, muy escabrosos: el árbol de las almas que actúa como puerta al infierno, las decapitaciones explícitas, o la soberbia escena final en la que la auténtica malvada recibe su merecido en una especie de karma demoníaco.
En fin, poco más hace falta decir. Con su atmósfera oscurísima, sus personajes bien definidos, un guión brillante, buenas interpretaciones (hasta Christina Ricci está bien, aunque... ¿dónde estaría Helena Bonham Carter en aquella época?), gran banda sonora y ese toque mágico que suelen tener Burton y Depp cuando trabajan juntos, no es de extrañar que "Sleepy Hollow" sea una película tan endiabladamente entretenida... aunque esto no signifique que sea para niños en absoluto.

The Box (Richard Kelly, 2009)

No esperaba que una película del director de "Donnie Darko" fuera sencilla. Pero quizá "The Box" ha superado mis expectativas. Una vez más, me encuentro ante una película que podría ser objeto de tesis doctorales para extraerle interpretaciones e identidades a sus personajes. Lo que sucede en "The Box", puede tener una parte muy obvia, pero también otra completamente abierta a lo que uno quiera creer.
Todo comienza con la sencilla premisa de un matrimonio acomodado y sin problemas -aunque viven un poco por encima de sus posibilidades- que recibe la visita de un hombre al que le falta media cara, que les entrega una misteriosa caja con un botón. A cambio de pulsar el botón, les ofrece un millón de dólares, algo muy tentador para una pareja que caga tan alto como los protagonistas de esta historia. La parte mala, que siempre la hay, es que si pulsan el botón, alguien a quien no conocen, en cualquier parte del mundo, morirá.
Esta primera parte de la historia es la mejor, sin duda. Enigmática y atrapante, llevada de una forma realista en el comportamiento de los personajes. Todos somos algo egoístas, y casi todos, seguramente, pulsaríamos el botón con ese falso remordimiento que muestra Cameron Díaz. La doble moral: pobrecito el que muera... pero yo lo he pulsado porque quería mi millón de dólares.
Después de esto, el magnífico personaje de Frank Langella se convierte en verdugo cortés y silencioso. Quizá la mejor frase de la película es cuando va a recoger la caja y les anuncia que "ahora la reprogramaremos y se la ofreceré a alguien que seguro no conocen", dando claramente a entender que nos encontramos ante un bucle sin fin en el que, si pulsas el botón y sellas el destino de una persona, serás el siguiente que muera cuando otro egoísta como tú pulse el botón de nuevo. Pero más allá de esta buena crítica social y humana, la última parte se torna muy donniedarkiana, mezclando elementos metafísicos (¿es el personaje de Langella Dios? ¿Un enviado?), con alienígenas (¿quizá ellos son Dios, y Langella su profeta elegido para testear aleatoriamente a la humanidad?), y la historia de la otra familia como trasfondo de la inevitabilidad de la situación. Hay cosas que para mi pobre cerebro quedan en el aire, pero estoy seguro que, igual que con "Donnie Darko", esta es una cinta que mejora con cada visionado. Y el primer visionado ya es bueno, ojo. Historias de ciencia ficción osadas no abundan, y siempre son bien recibidas.

Desde el infierno (Albert y Allen Hughes, 2001)

Una de las más aclamadas (y con razón) novelas gráficas de todos los tiempos, lógicamente escrita por el perturbado de Alan Moore, sirve de base para esta película que no tuvo demasiada repercusión, quizá, precisamente, por estar a la sombra de la novela gráfica con la que comparte poco más que el título y la trama central.
La historia se narra a ritmo pausado, con una correcta puesta en escena y un protagonista siempre cumplidor como Johnny Depp en el papel principal. Un papel extraño, el de Fred Abberline, un investigador adicto al opio. No comparar con el investigador interpretado también por Depp en "Sleepy Hollow", mucho más divertido pese a la oscuridad de la película. Abberline es constante e inteligente, una especie de Sherlock Holmes para un caso sin posible resolución, que se verá completamente atrapado por las circunstancias, el secretismo y la conspiración que se esconde detrás de los misteriosos y atroces asesinatos de varias prostitutas del barrio inglés de Whitechapel. Un barrio sórdido, recreado a la perfección, en el que las mujeres de mala vida se jugaban cada noche precisamente eso que tenían malo: la vida. Fue la época de un monstruo de carne y hueso que ha pasado a la historia como Jack el Destripador. Alguien que, todavía hoy en día envuelto en un halo irresoluble de misterio, ya afirmaba en aquellas cartas que mandaba a la policía firmando "desde el infierno", que "con él comenzaba el siglo XX".
No entraremos a hacer distinciones entre la novela y la película, porque esta última sale perdiendo en comparación con el trabajo de Moore. No obstante, algunos diálogos y momentos sí que son calcados a la obra, y aunque algunos personajes están algo desdibujados o recolocados, en esencia es la misma historia, solo que con protagonismo y punto de vista del inspector Abberline y no de Jack. En definitiva, buena película sobre un mito histórico archiconocido, con todos los elementos para entretener y mantener el misterio y hasta con un gran giro final. Pero claro, si has leído el cómic de Moore, puedes sentirte un poco decepcionado. Mi consejo es que las tomes como cosas completamente independientes, porque "Desde el infierno" es una buena película.

Sutther Island (Martin Scorsese, 2010)

Cómo me ha gustado esta película, señores. Absolutamente todo, desde el guión, la fotografía (inmensa, y con planos que parecen sacados de "El cabo del miedo", con ese cielo gris en los acantilados), los movimientos y posiciones de cámara, los diálogos, los personajes, los giros argumentales... Todo. Martin Scorsese vuelve a redefinir el concepto de thriller psicológico añadiéndolo elementos que parecen no encajar. Porque surrealismo, drama, intriga, terror, misterio e investigación policíaca se dan la mano en estas casi dos horas y media de película, aunándose para crear una atmósfera única e inquietante que te mantiene en vilo hasta el final.
El reparto no puede estar mejor. Leonardo DiCaprio, alguien que ya dejó hace mucho su sombra de ídolo de adolescentes, demuestra una vez más que es un actor como la copa de un pino, y que todavía no ha llegado a lo más alto que puede llegar. Su papel es Teddy Daniels, agente judicial encargado de investigar una fuga en un sanatorio-prisión que parece esconder muchísimo más de lo que dejan ver sus enormes muros. Su compañero, Chuck (un también estupendo Mark Ruffalo), se convierte en la única persona de su confianza en un lugar al que parecen haber sido enviados con un propósito oscuro y desconocido. Durante la investigación conocen al director de la institución, el Dr. Cawley (otro genial Ben Kingsley, como siempre), que parece colaborar bien poco con la investigación. Y otro buen número de personajes secundarios más que inquietantes y más que acertados, desde los propios pacientes (destacando los brevísimos pero potentes personajes de Jackie Earle Haley y Elias Koteas), al compañero psiquiatra de Cawley (interpretado por Max Von Sydow). Además, la atmósfera surrealista se acrecenta con las secuencias oníricas del personaje de DiCaprio, en las que vamos conociendo sus traumas y su drama personal, y que empezará hacérnoslo ver como carne de manicomio en esa extraña conspiración. Pero aún así, no se me ocurrió el giro final, que me dejó totalmente descolocado e intrigado hasta el mismísimo último plano de la cinta, donde aún me asaltaban dudas de si todo era un montaje o si realmente el pobre Teddy estaba en esa situación.
En fin, un disfrute total de película, de las que no te encuentras muchas y de las que no hay que dejar escapar.

Daybreakers (Michael Spierig, Peter Spierig, 2009)

La premisa de esta película era tremendamente seductora. Imaginemos un mundo gobernado por vampiros, pero cuando decimos gobernado, quiero decir gobernado: vampiros obreros, vampiros camareros, vampiros empresarios, vampiros políticos y policías... Toda nuestra sociedad actual y los puestos que ocupamos en ella, pero vampirizada. ¿Y los humanos, entonces? Pues ganado, una especie prácticamente extinguida, que está provocando una crisis de hambre en la sociedad vampírica con efectos involutivos, ya que los vampiros desnutridos se van transformando en monstruos sin raciocinio.
En medio de todo esto, una pequeña facción de humanos trata de encontrar una cura para el vampirismo con la ayuda de vampiros que desean que las cosas cambien. Es muy curioso, y muy acertado, esa idea conspirativa de vampiros, que resume las cosas a cambios sociopolíticos más que a una historia de terror, dándole un toque muy diferente. Como diferentes son los vampiros, que si bien tienen colmillos, ojos amarillos y arden al sol, no muestran en ningún momento ni fuerza ni agilidad sobrehumana.
Los protagonistas cumplen con aprobado en sus papeles, desde Ethan Hawke como el vampiro hematólogo que busca un sustituvo de la sangre para no extinguir la raza humana (sin éxito, por cierto), a Sam Neill como el malvado empresario vampiro que comercia con sangre como un traficante de drogas, o a Willem Dafoe (actor a quien perdí el respeto tras "Anticristo", porque ahora siempre que lo veo me asalta la imagen de sus cojones en blanco y negro rebotando contra el culo de Charlotte Gainsbourg) como líder de la resistencia humana. Pero su papel tiene más miga, porque él mismo fue vampiro, y gracias a él sabemos cómo es posible que un vampiro se convierta de nuevo en humano. Y por si os lo estáis preguntando, sí, es de la manera más gilipollas del mundo. No os la perdáis.
Pero en definitiva, la película es entretenida, la idea es muy buena aunque un poco desaprovechada, y pese a ciertas cosas que chirrían como una puerta vieja, el conjunto queda resultón y original, lo que siempre es agradable. No es la mejor película de vampiros que he visto, pero tampoco la peor, y quizá sí una de las más imaginativas en cuanto a planteamiento.

28 semanas después (Juan Carlos Fresnadillo, 2007)

Tras el éxito de crítica de "28 días después" y con el final abierto que dejaba, la secuela era solo cuestión de tiempo. Mantener el estándar de calidad era otra cosa, y por eso se agradece que la secuela se demorara 5 años en llegar, y que el producto que nos fue ofrecido finalmente sí que cumpliera con las expectativas y no se convirtiera en una bazofia que se aprovechaba del buen hacer de la primera.
La trama de "28 semanas después" arranca... pues 28 semanas después de los eventos de la primera, claro. Nos encontramos en una Inglaterra casi de post-guerra, o de post-virus en este caso. Con la infección controlada y erradicada, el ejército americano ha tomando el mando de Gran Bretaña y ha comenzado la reconstrucción del país por sectores. En medio de todo, encontramos la historia de una familia encabezada por el personaje interpretado por Robert Carlyle, un hombre que dejó morir a su esposa durante el ataque de unos infectados. Y no es un monstruo, ojo, solo un cobarde que tuvo miedo y a quien le pudo el instinto de supervivencia, un aspecto totalmente realista de la personalidad humana. Pero meses después, su esposa aparece. No está muerta, pero sí infectada, convirtiéndose en la primera persona que es portadora del virus de la ira sin desarrollar los síntomas, pero sí pudiendo contagiarlos.
Evidentemente esto dará lugar a un nuevo brote que, de nuevo, nos deja terribles escenas de ataques de los infectados, más violentas si cabe que en la primera parte. Tiene un tufillo más comercial que la primera entrega y personajes más estereotipados (como el del militar superbueno y superheroico), pero es muy cumplidora en actuaciones, en guión, en su desarrollo (nada parece metido con calzador y la acción es fluida y creíble) y hasta en su final. Porque está claro que estas historias tienen que terminar así. No hay finales felices en esta clase de cine, solo finales abiertos para más secuelas. Y, personalmente, no me disgustaría nada ver una "28 meses después" si se mantiene el gran nivel de estas dos entregas.

28 días después (Danny Boyle, 2002)

El siempre sorprendente director Danny Boyle firma una nada convencional película de terror, o de ciencia ficción malsana y realista, como queramos verla. Para nada debemos considerar esta historia como una película de zombies, palabra que ni se emplea ni se adecúa a lo que vemos. Los peligrosos seres que pululan en hordas en esta película son personas enfermas, infectadas por un virus que los hace reventar con ira, casi literalmente. Pero no son cadáveres reanimados que se desplazan a medio kilómetro por hora, en absoluto. Son feroces e incansables criaturas altamente contagiosas, que corren sin descanso, saltan, trepan, gritan, golpean, muerden y despedazan con una fuerza impensable, con una violencia insólita y que no se detienen hasta que matan o mueren.
En esa coyuntura, encontramos una primera media hora de las de escuela de cine. El prólogo sirve para presentar la historia, y da pie, 28 días después, a ver Londres desolado a través de los ojos de un excepcional Cillian Murphy, que despierta de un coma muy a lo “Resident Evil” en una ciudad en la que los billetes de 500 euros cubren el suelo sin que nadie esté vivo para recogerlos excepto él. Con la primera persecución comprendemos de qué va la cosa, comienzan las alianzas y aparecen los personajes secundarios, quizá algo típicos pero todos perfectamente creíbles y bien construidos. Sobre todo en la parte final, cuando el grupo de sufridos supervivientes se une al pequeño grupo militar que, lejos de representar una protección, se convierten en los auténticos villanos de la historia mucho más que los propios infectados del virus. La maldad inherente a la naturaleza humana en su máxima (y más realista) expresión.
Quizá la superincursión final del protagonista en plan Rambo en el fortín queda un poco excedida, pero aún así comprendemos que haya reventado de rabia pese a no infectarse. Y el final, abierto a la esperanza dentro del mayor de los desconsuelos de una Inglaterra arrasada, sirve como punto final a una de las mejores películas de zombies que se hayan hecho jamás. Y no es de George Romero. Ni siquiera es de zombies, vaya. Pero es excepcional de principio a fin.

4BIA (Yongyoot Thongkontoon, Paween Purijitpanya, Banjong Pisanthanakun, Parkpoom Wongpoom, 2008)

Me llamó mucho la atención la idea de esta película tailandesa (sí, tailandesa) que, al estilo de las míticas “Creepshow”, narra cuatro historias de terror sin relación aparente entre sí. Decidí darle una oportunidad y me encontré con una excelente película de terror con algunos momentos realmente escalofriantes, muy buenas ideas, bastante talento y frescura. No le faltan tampoco sustos fáciles y clichés del género, pero en mucha menos medida que cualquiera de sus hermanas mayores de Hollywood.
La primera y, para mí, mejor de las historias, se titula “Soledad”. Trata sobre una joven que empieza a tontear por el móvil con un desconocido, obsesionándose con él. Solo con una habitación como decorado y con una sola actriz en pantalla sin decir ni una sola palabra (todo el diálogo se resuelve mediante mensajes SMS), consigue crearse una atmósfera inquietante que solo se ve perjudicada por el estúpido e innecesario susto final, que parece sacado de esos vídeos que se envían por mail en los que, si miras a un punto fijo, te salta por otro lado una cara fea mientras se escucha un grito que, indudablemente, te sobresalta. Pero pese a ese error, la historia se gana tu atención y te quita el prejuicio de que sea una producción tailandesa.
La segunda historia, “El hechizo mortal”, transcurre más en el terreno de lo fantástico y el gore. Muestra mucho más de lo que necesitamos, con el típico grupo de jovencitos muriendo como venganza de un muchacho acosado por ellos. La idea es original, pero el tratamiento no fue del todo de mi agrado, aunque no dista mucho de películas que he visto sin inmutarme.
El tercer corte sería mi segundo favorito. Se llama “El hombre del medio”, y presenta la historia de cuatro jóvenes amigos que, durante una excursión por un río, tienen un accidente. Uno de ellos desaparece en las aguas y regresa por la noche, causando en sus acojonados amigos la creencia de que ha muerto y es un fantasma. Conforme avanza el metraje, con terror y humor a partes iguales (el mayor acierto), vamos avanzando en la historia mientras se hacen menciones a películas de terror como “El sexto sentido” o “Los otros”, con lo que podemos imaginarnos de qué va el tema. Pero igualmente, el final, aunque no es original ni lo pretende, es totalmente aceptable y honesto. Me gustó mucho cómo está llevada la historia.
Y acabamos con el cuarto capítulo, quizá el de mayor posibilidad argumental. Una azafata que vuela con el cadáver de una princesa (a la que ella misma mató por accidente) con la que comparte hombre, y que, después de muerta, se tomará una horrible venganza. Una atmósfera opresiva y enloquecedora dentro de un entorno cerrado, la delicia de una historia de este estilo, y con finalón incluido.
En resumen, gratísima sorpresa que nos llega de donde menos lo esperaríamos. Y es que el buen cine de terror no tiene fronteras.

La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974)

Con películas como esta se acuñaron términos como slasher o gore. Esta cinta, rodada ya hace 36 años (que parece que no, pero es una barbaridad de tiempo cinematográficamente hablando), todavía puede ser vista hoy en día sin que la edad haya causado estragos en ella. Es más, el paso del tiempo le confiere un encanto particular si tenemos en cuenta que, en los setenta, no era nada normal contar historias tan crudas y de una forma tan impactante.
La historia arranca con la manida fórmula habitual del género, véase grupo de chicos que van de viaje por un lugar aislado y que se verán a merced de un asesino. De varios asesinos, en este caso. Y no asesinos cualquiera, sino una familia de matarifes carniceros en todos los sentidos, probablemente el grupo de asesinos más grotescos, desagradables, bizarros y realistas que se haya visto en pantalla jamás. La sensación de realismo está presente en todo el metraje, muy favorecida por una estética casi de documental y por el acertado uso de la cámara de Tobe Hooper, que parece pasear entre los protagonistas, correr con ellos, confiriendo un enorme acercamiento de la acción y el horror al espectador. Con pocos medios y los decorados acertados, el director construye una atmósfera de náusea, inquietante como ninguna, y demuestra un insólito talento para lograr que no nos tranquilicemos en ningún instante gracias a la banda sonora (poco más que zumbidos prolongados que se te hincan en el subconsciente) y a los continuos gritos y sonidos. Realmente dantesco.
Inolvidable, por supuesto, el personaje de Caracuero, ese gigantón retrasado, ataviado con un atuendo tan simple como terrible: delantal de carnicero, máscara de piel humana y enorme motosierra oxidada. Todo un clásico imitadísimo del cine de terror, quizá el pionero del género en cuanto a asesinos enmascarados se refiere. No hay que perderse tampoco la escena, casi hacia el final, en la que la familia pretende que sea el abuelo quien mate a la chica a martillazos. Una tortura tan psicológica como física para una joven que, a esas alturas, ya necesitaría de 20 a 30 años de terapia psiquiátrica para, con suerte, poder volver a recordar su experiencia sin cagarse encima.
En fin, sin duda un clásico del género que merece sobradamente su estatus de película de culto. Pocas películas pueden presumir de transmitir tantísima angustia, mala gana, agonía, y cualquier otro adjetivo que se nos ocurra para definir la constante tensión y desagrado de la “aventura” de la pobre rubia de turno.

El núcleo (Jon Amiel, 2003)

Sé que esta película está llenita, llenita de errores científicos, que se pasa la mitad de las leyes de la física por donde amargan los pepinos y que ni su argumento, ni la misión del Virgilio se tienen en pie. Pero qué le voy a hacer, le encuentro un nosequé que me la convierte en una película entrañablemente divertida.
Parte de la interesante idea, ya explorada por Julio Verne de forma muy distinta, de una expedición al centro de la Tierra. Pero ahora, en una época en la que ya sabemos que dicho centro solo está compuesto por varios miles de kilómetros de roca y metales fundidos, el motivo de la expedición no es explorar, sino salvar a la especie humana, que está a punto de desaparecer por culpa de que el núcleo terrestre haya detenido su rotación, con las terribles consecuencias que ello conlleva. A partir de ahí, nos olvidamos de la ciencia y pasamos a la más ficticia de las ficciones, y la película se convierte en un disparatado entretenimiento sin pies ni cabeza, pero cargado de aventuras, de personajes simpáticos aunque esterotipadísimos, y encabezado por un reparto de buenos actores como Aaron Eckhart, Hilary Swank o Stanley Tucci, entre otros. Ellos son la tripulación del Virgilio, una nave-submarino fabricada de un metal inexistente y supermegaflipante llamado "inoctenio" (sí, igual que el mineral que buscan en "Avatar"), que se endurece cuanta más presión y calor soporte y que, por tanto, resiste penetrar hasta el mismísimo corazón ardiente de nuestro mundo. O dicho en otras palabras, una chorrada impensable, pero es muy cómico ver una nave maniobrando entre corrientes de lava, esquivando diamantes gigantes e incluso cayendo en una geoda gigantesca. Lo mejor (y peor al mismo tiempo) es cuando los protagonistas salen al exterior, ataviados de una especie de traje de astronauta que les protege del calor y la presión. Vamos, pa mear y no echar gota.
Pero como decía, algo tiene esta cinta porque ya la he visto varias veces y siempre me engancha. Pese a su presupuesto de 60 millones de dólares, tiene un nada disimulado aroma a serie B añeja que me encanta, incluso diría que la película se enorgullece de sus errores y no se toma demasiado en serio lo que cuenta ni lo que pasa, y se limita a ofrecer un entretenimiento sano y espectacular visualmente. Dentro de este género catastrófico no se le puede negar que es más original y divertida que muchas otras más aclamadas (y no nos engañemos, casi todas en este género enlazan en sus escenas mentira tras mentira), aunque parece que pasó un poco sin pena ni gloria, pero para eso está la gente como yo, que cazamos al vuelo estas pequeñas joyitas de lo cutre que, de cuando en cuando, nos brinda sin quererlo la todopoderosa industria hollywoodiense.