Dead Snow (Tommy Wirkola, 2009)

Qué sorpresa. Qué sorpresa más agradable. Desde Noruega nada menos nos llega esta producción de terror gamberro y muy, muy gore con clarísimas y nada disimuladas reminiscencias de "Evil Dead" que el director exhibe durante toda la cinta. No solo en el escenario de la cabaña, o en los comentarios de uno de los cinéfilos protagonistas, sino en escenas de preparación de armamento casero y, sobre todo, en los planos de cámara a lo Sam Raimi cuando los protas van a enfrentarse a la horda de zombies... motosierra en mano. Y hablando de mano, uno de ellos también se corta una, igual que Ash. Más claro el agua.
En cuanto al argumento, pese a no ser original en sí mismo, sí que tiene un elemento original. No es más que un grupo de amiguetes que se va a pasar unos días en una cabaña en medio de la nieve. Consciente de que esto es algo mucho más que recurrente en el género, el propio director (y guionista) deja bien claro que lo sabe, cuando dos de los protagonistas hablan sobre la cantidad de películas que empiezan con un grupo de amigos de excursión que se quedan sin cobertura en los móviles. Poco después, entra en escena el personaje explicación, aquí más obvio que en la vida. Entra, suelta su rollo, deja claro de qué va a ir la película, y se muere.
Y a partir de ahí, el sueño de todo demente vicioso como yo.
Porque si la perspectiva de zombies cabrones matando gente ya es suficiente, en esta película, además, está ese elemento original del que hablaba. Y es que... ¡los zombies son nazis de la Segunda Guerra Mundial! Impresionantes escenas de acción y terror, muy muy salpicadas de humor negro además de sangre, dejan muy claras las referencias cinematográficas de las que bebe el director, y que ya citábamos al principio.
Pero que nadie se engañe. La película es bruta, salvaje, sangrienta y muy divertida. No es humor, ni es terror. Es esa otra cosa que tanto nos gusta. Sin duda un perfecto ejemplo de que el cine de zombies siempre puede tener una vuelta más de tuerca si se escoge la llave inglesa adecuada. Aunque en este caso, es una llave noruega.

Star Trek (J.J. Abrams, 2009)

Llevo un tiempo dándole largas a esta película por diversas razones. No soy amante de la ciencia ficción televisiva (ni Stargates ni Star-Treks ni Andrómedas ni nada), y mis conocimientos del universo trekkie se limitan a algunos vídeos de un fondón William Shatner peleando contra lagartos de gomaespuma en ridículas coreografías o abofeteando a mujeres después de besarlas. No, no soy un trekkie en absoluto, ni he querido serlo nunca. Igual por eso me tiraba para atrás esta película.
Pero una vez dejas a un lado los prejuicios, la versión de "Star Trek" de J. J. Abrams se alza como un peliculón de ciencia ficción en toda regla, que no requiere conocimientos de la serie (aunque seguro que los trekkies habrán visto muchos guiños) y que se puede disfrutar de principio a fin. No en vano, es una precuela en la que los míticos personajes son presentados uno por uno, sin conocerse entre sí, hasta coincidir como tripulación de la Enterprise y acabar formando el legendario equipo que todo el mundo, trekkie o no, conoce. Y con un estupendo desarrollo de personajes, además, en especial los dos protagonistas absolutos, Kirk y Spok.
Para hacerla más disfrutable a todos los públicos (y más taquillera), la idea de la precuela sirve para que los protagonistas sean un elenco más joven, lleno de caras bonitas. No obstante, sus interpretaciones están más que a la altura de una superproducción como esta, que carga sobre sus espaldas con muchísimos años de aventuras espaciales y muchos millones de fans a los que contentar. No sé si habrán quedado contentos, pero yo, como espectador neófito, sí que lo he hecho. Jugando en el argumento con paradojas temporales, realidades alternativas, amistades que marcarán el curso de la historia y hasta con Spoks de dos épocas diferentes coincidiendo en impecables escenas que recuperan a Leonard Nimoy junto a su sustituto, Zachary Quinto, el argumento discurre con un ritmo trepidante. Acción, toques de humor y suspense muy al estilo Abrams (el que haya visto "Perdidos" sabrá a qué me refiero), llenan las dos horas de metraje para que pasen en un suspiro, y terminas de verla sabiendo que, si bien no pasará como una obra maestra a lo "2001: una odisea en el espacio", sí que será recordada como una inteligente revitalización de un género muy difícil. Y, además, como una estupenda y divertida cinta de aventuras espaciales. ¿Qué más se puede pedir?

Rocky IV (Sylvester Stallone, 1985)

Y llegó la bestia. En plena guerra fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, la película más propagandística de la saga de Rocky enfrenta sobre el ring a lo que, en el mundo real, se enfrentaba en todo el planeta en un pulso de fuerza y terror. Así que tanto América como Rusia prestan a sus dos campeones para que resuelvan sus conflictos a hostias, y así discurre esta cuarta entrega de Rocky.
Hace su aparición el personaje de Ivan Drago, un Dolph Lundgren en su mejor momento. La presencia de este actor nórdico hace parecer un enclenque al mastodonte de Stallone, pero es que el señor Lundgren se las trae. Altísimo, con un físico perfecto y una presencia imponente, sin duda representa a la perfección el estereotipo de superhombre invencible que pretende transmitir la película. Invencible hasta que lo coge Rocky por banda, claro, que entrenando en medio de la estepa con cuatro troncos de madera y un carromato, logrará derrotar a un púgil creado a base de esteroides (curioso la apología anti-esteroides del guión, cuando a esas alturas Stallone iba atiborrado de ellos) y entrenado con la más moderna tecnología. Lo clásico contra lo moderno, el coraje frente a la técnica. El hombre contra la máquina, en última instancia.
Con muchísima más acción que ninguna de las películas de la saga y una banda sonora llena de temas cañeros de la época, es imposible aburrirse con "Rocky IV" y con sus combates brutales y exagerados, con sus entrenamientos imposibles y con su impresionante personificación de la guerra fría trasladada a un cuadrilátero. Y aunque rechine su exagerado patriotismo, no hay que olvidar que va con buena fe. No es solo "América vence a Rusia", sino que encierra un mensaje de que es posible cambiar y mejorar, llevarse bien y dejar a un lado las guerras y las rencillas. Y lo dice Rocky, hombre. Hacedle caso.

Rocky III (Sylvester Stallone, 1982)

Sigue la saga del boxeador de ficción más famoso de todos los tiempos. En esta tercera entrega cambia radicalmente el tono. Perdemos prácticamente los elementos dramáticos (salvo por la muerte del entrenador de Rocky) y pasamos a la acción pura y dura. Aquí, Rocky se ha convertido en un campeón imbatido, ídolo de niños y adultos, pero siempre protegido por su entrenador que, sin amañar combates, sí que le ha buscado rivales más bien flojos. Cuando un confiado Rocky se las ve con un auténtico salvaje, Clubber Lang (el mítico Mr. T), cae derrotado por K.O. en un par de asaltos. Desmotivado por la derrota y hundido por la muerte de Mickey, Rocky no querrá volver al ring. Pero aquí entra su viejo rival, Apollo, que se convertirá en su nuevo entrenador y en su nuevo amigo, y volverá a sacar de Rocky al campeón que realmente es.
Aparte del tema central de la banda sonora de Bill Conti, aquí destaca también el tema "The eye of the tiger", otra de esas canciones que inmediatamente se relacionan con Rocky y con los subidones de adrenalina.
En definitiva, una entrega muy entretenida sin pretensiones artísticas. Stallone continúa haciendo de Orson Welles y escribe, dirige y protagoniza, en una cinta en la que sigue exprimiendo al personaje semiautobiográfico que creó en 1976. Para lucimiento personal de su nuevo cuerpo conseguido a base de esteroides y anabolizantes, y para disfrute de los amantes del cine de consumo.

Rocky II (Sylvester Stallone, 1979)

La secuela de una película tan mítica y un personaje tan mítico como Rocky era inevitable. Y si en la primera entrega Stallone firmaba el magnífico guión y protagonizaba, en esta secuela directa repite como escritor, protagonista, y se permite dirigir.
Es obvio que el resultado no es tan memorable como el del film de 1976, y que el argumento zozobra un poco (supuestamente, Apollo no soporta pensar que Rocky le aguantara el combate y le diera tremenda paliza aunque no le ganara, y se lo montará para volverlo a subir al ring para una revancha en la que pretende humillarlo), pero la película lo compensa con un poco más de acción y un ritmo más rápido. Tenemos aquí a Rocky, a quien la fama por haber aguantado contra Apollo le persigue y le pesa, y no consigue conservar ningún empleo, por lo que se plantea regresar al ring. El contrapunto dramático lo pone el nacimiento del hijo de Rocky que deja a Adrian en coma haciendo que Rocky pierda completamente las ganas de entrenar. Pero cuando Adrian despierta, Rocky recuperará la ilusión y volveremos a verlo ponerse las pilas a ritmo de la banda sonora de Bill Conti para acabar enfrentándose a Apollo Creed en un segundo combate por el título de los pesos pesados que, lógicamente, Rocky ya sí que ganará convirtiéndose en héroe nacional.
A partir de aquí, la saga tirará por unos derroteros más de ensalzamiento del personaje de Rocky, de acción, de muchas más peleas y entrenamientos, etc. Continúo diciendo que cada película tiene su encanto particular, y que el hecho de que ninguna de las siguientes partes sean peliculones a la altura de la primera no las desmerece. Es más, habré visto muchas más veces la tercera y la cuarta que las dos primeras, por ejemplo. Por algo será.

Rocky (John G. Avildsen, 1976)

Todos llevamos a un Rocky Balboa en nuestro interior, y Stallone supo cómo presentarlo al mundo de la mejor manera posible. Más allá de ser una historia de boxeo, o una historia de amor, o un drama, "Rocky" es una historia de superación, de confianza, de valor, de la importancia de las oportunidades. Todo un sueño americano, vaya.
La historia de ese matón buenazo y boxeador llamado Rocky es conmovedora y divertida, llena de momentos inolvidables en la historia del cine. Y el propio Rocky es uno de esos cuatro o cinco personajes que pueden jactarse de ser, por ellos mismos, historia del cine. Por su bondad, su valentía, su chispa, ese puntito de que le falte un verano que compensa con creces con su enorme corazón y con la capacidad de aguantar como una roca todos los palos que le da la vida. Rocky es un icono americano, un icono cinematográfico y un personaje inolvidable que nos hace sufrir y emocionarnos con cada puñetazo que lanza y recibe, con cada asalto que le aguanta al invencible Apollo, con cada vez que se levanta medio muerto del suelo del ring para seguir recibiendo. ¿Quién no querría tener el coraje de seguir siempre adelante para sentir que has dado todo lo que has podido? ¿Hay mayor satisfacción que caer en el intento sabiendo que lo has hecho lo mejor posible?
El excelente guión de "Rocky" se complementa de maravilla con la historia de amor con mayúsculas entre el púgil y Adrian, una modosa dependienta de una tienda de animales que se convertirá en la razón de ser de Rocky y en el amor de su vida. Y más que complementarse, la película crece con su banda sonora, de la que sobran las palabras. Rocky es otro de esos personajes que pueden relacionarse instantáneamente con su música, como Superman, como Indiana Jones, y como tan poquitos pueden presumir.
Por supuesto ninguna de las secuelas posteriores de esta estiradísima saga alcanza el nivel cinematográfico de esta primera entrega, pero tampoco hay que desprestigiarlas, porque todas son sumamente divertidas e inspiradoras. En conjunto, la saga "Rocky" es una de las más memorables de todos los tiempos, y en particular esta, su primera parte, es un peliculón imprescindible.

Con Air (Simon West, 1997)

Se podría decir (y se ha dicho) que esta película no es más que un estruendoso espectáculo de acción sin freno plagada de situaciones inverosímiles y con el característico estilo frenético que suele aportar Jerry Bruckheimer a sus producciones. Pero tras su máscara de película de acción absurda y típica, "Con Air" es un magnífico ejercicio de entretenimiento que pasea por todos los tópicos del género, los eleva al cubo y los presenta envueltos en un ritmo trepidante, con personajes tan típicos como cumplidores, y con algunas de las escenas de acción más recordadas de las salas de cine de los noventa.
"Con Air" es la historia de Cameron Poe (Nicolas Cage), un condecorado militar de élite que acaba en prisión por matar a un macarra en una pelea defendiendo a su mujer. Ocho años después, Poe va a salir de la cárcel con la condicional para reunirse con su esposa y con la hija a la que no llegó a ver nacer. Pero en su viaje de regreso, a bordo de un avión lleno de reclusos, se verá en medio de un plan para que los presos tomen control de la nave y la líen parda. Así que Poe tendrá que arreglárselas frente a pintorescos personajes como Perro Diamante (Ving Rhames), Johnny Veintitrés (el eterno cadáver viviente Danny Trejo, el hombre que más veces ha muerto en su carrera cinematográfica), el asesino en serie Garland Greene (Steve Buscemi), o el líder del grupo, Cyrus "El virus" (John Malkovich en un papel incomprensible para alguien como él), todos ellos interpretados por un reparto inusalmente de lujo que completa también John Cusack como sufrido Marshall a la caza del avión robado. Poe, con su estricto código moral, será incapaz de abandonar el avión mientras que un buen amigo suyo y algunos guardias siguen en el interior y en peligro, y tendrá que convertirse en héroe a la fuerza y, como él mismo dice, "salvar la puta situación".
En fin, poco más que decir del argumento. "Con Air" es una película prácticamente incriticable. No tiene nada de malo o lo tiene todo, según se mire. Sí, los personajes son planos, el argumento típico, todos los giros de guión son previsibles y nada de lo que ocurre sorprende más allá de su espectacularidad. Pero aún así son casi dos horas de entretenimiento que no te deja ni ir al baño, Cage firma un papel sin histrionismos ni caretos en el que encarna a un auténtico héroe de acción a lo "Jungla de Cristal", y la sensación que se te queda después de verla es contradictoria, porque sabes que has presenciado un producto totalmente olvidable... pero también sabes que volverás a verla muchas más veces.

El hombre lobo (Joe Johnston, 2010)

Había que tomar con ciertas reservas que se realizara un nuevo remake del mito cinematográfico del hombre lobo. Las últimas incursiones del licántropo en el cine estaban muy lejos de la esencia del monstruo, presentando guerras contra vampiros, lobos románticos y chorradas similares.
Las primeras imágenes de Benicio caracterizado como la bestia prometieron. Los trailers prometieron aún más. El reparto parecía perfecto, así como el tono de la película. Pero aún había que ver el resultado final, y daba miedo, mucho miedo, que el esperado regreso del personaje de leyenda resultara un completo fiasco.
Y a mí, con los primeros 2 minutos, ya me convencieron de que iba a ser un peliculón.
Solo con la secuencia inicial, la ambientación oscura y brumosa de ese siglo XIX, y esos títulos de crédito resaltando en rojo sobre la negra noche de los bosques, ya te das cuenta que la cosa se toma muy en serio. Poco a poco van apareciendo personajes, y los ves perfectos en sus papeles. Benicio del Toro está inmenso, aunque eclipsado por un Anthony Hopkins con un papel tan logrado como sorprendente en un registro al que no nos tiene acostumbrados. Emily Blunt cumple con su papel de damisela valiente que se enfrenta a la bestia, y Hugo Weaving borda un convincente policía sarcástico, inteligente y con larguísimas parrafadas como todos sus personajes, para lucimiento de su característica voz y mordacidad.
La fotografía es impecable. La recreación de esa Inglaterra oscura en medio del páramo no puede estar mejor, igual que los interiores de la mansión Talbot y, sobre todo, los tenebrosos bosques de niebla perenne que solo ilumina la peligrosa luna llena. La banda sonora acompaña a la perfección, evocando en ciertos momentos a la partitura de la "King Kong" de Peter Jackson.
¿Y el hombre lobo? Sublime. Con aspecto clásico pero renovado, violencia desmesurada pero acertadísima, transformaciones impecables que logran lo que nadie podría creer posible: relegar a un segundo puesto la mítica escena de "Un hombre lobo americano en Londres". Este hombre lobo da miedo, es creíble, es salvaje, es todo lo que un fan del terror clásico podría desear ver con todo lo que la moderna tecnología (con permiso del fantástico maquillaje de Rick Baker en los primeros planos) pueden ofrecer ahora.
No obstante habrá quien diga que la cinta no tiene alma. Que la historia es simple y previsible. ¿Y? Si tomamos esta película como un entretenimiento con acción, terror, buenas interpretaciones, alguna que otra sorpresa (sobre todo la del personaje de Hopkins, que da pie a la escena más chula de la cinta) y una factura técnica intachable, "El hombre lobo" cumple con creces. Y además es un homenaje maravilloso a los albores de la Universal, a los mejores tiempos de la Hammer, y al mejor terror gótico que tan buenos ratos nos ha dado. Todo, insisto, batido con lo bueno que el progreso puede aportar hoy en día al cine.
En fin, la he visto una vez y sé que la volveré a ver. Y que me la compraré en Blu-ray. Y que, en mi escala de cine de licántropos, género del que he visto prácticamente todo, el nuevo hombre lobo de Joe Johnston y Benicio del Toro ocupa desde ahora el puesto más alto del pódium. Y yo no soy fácil de convencer cuando de criaturas de luna llena se trata...

La bestia marina (Paul Ziller, 2008)

Un montón de caras desconocidas y de inútiles en el apartado técnico campan a sus anchas por esta copro-ducción directa a TV sobre un ¿monstruo? marino de aspecto ridículo, camuflaje copiado al del Depredador, y animado con cualquier programa informático de hace varios años. Salvo en los primeros planos en los que muerde o ataca a sus víctimas, en los que es un visible monigote de goma. Protagoniza, como si fuera un honor (jeje) un habitual del infracine como es Corin Nemec, a quien los de mi generación recordaremos como el protagonista de la curiosa serie "Parker Lewis nunca pierde", pero que después ha desarrollado un currículum de pena con títulos como "Mutación" (del siempre horrible Tibor Takács) o "Space Sharks". Pa que digo más.
La historia va sobre un barco de pesca que regresa de un infructuoso viaje con un polizón a bordo, que no es otro que el ¿monstruo? de turno, que encima procrea nada más llegar a tierra soltando por ahí unos cuantos mini-monstruitos. No hay nada bueno en el desarrollo, las relaciones entre personajes nos dan igual y las interpretaciones ni merece la pena comentarlas. Ídem de los FX, que son auténtica basura de lo peor que se ha visto en cintas directas a tele. Además no es entretenida ni siquiera, y reconozco que llegué a echar alguna que otra cabezada entre medias, pero aún así es imposible perderse con el ¿argumento?
De nuevo mención especial al cartel de la película. Los monstruos no son así de grandes, ni así de chulos, ni la acción transcurre en el mar... Pero claro, recurrir a copiar el esquema del póster de "Tiburón" siempre parece dotar de caché a la película... ¿no?
En definitiva, otra de esas muescas que hago en mi revólver de camino a convertirme en uno de los mayores consumidores de mierda de la historia del cine. ¡Va por ustedes!

Squirm: gusanos asesinos (Jeff Lieberman, 1976)

Arañas, víboras, pitones, anacondas, pirañas, tiburones, pulpos, cobras, babosas, garrapatas, cucarachas y hasta calamares... Pero mira tú por dónde, me faltaban gusanos. Estaba claro que tenía que haber una película sobre esos cabroncetes subterráneos, y hela aquí.
Joder, y qué mala que es. Es más lenta que un caracol (¿habrá película con caracoles asesinos?) y no pasa casi nada. Los personajes son repelentes, especialmente la pareja protagonista, una mojigata y un friki que parece que se hayan conocido por internet, pero en los setenta no había internet, claro. Respecto a los gusanos, son putas lombrices de pesca, de esas coreanas que tienen boca y dan buenos muerdos. No se emplea nada de informática (como no usaran un Spectrum...) y el gore sale con cuentagotas y es muy light. Si acaso, pueden dar un poco de grima las escenas en las que vemos madejas de gusanos, especialmente el final, pero todo es tan rematadamente cutre y setentero que no te crees nada. Los personajes actúan de forma increíble y absurda, hay demasiado diálogo, demasiada trama para tan poca cosa, y la amenaza tampoco es que sea como para cagarse... Vamos, que había que hacer una peli con lombrices como asesinas y esto es lo que se les ocurrió, algo que está a medio camino entre comedia y ciencia ficción-terror, pero tan casposa que es imposible tomarla en serio, ni siquiera para la época en la que se rodó. Y si no, preguntadle al Golem a ver qué le ha parecido...
Por cierto, atención a la carátula alemana que he encontrado en Internet. No tiene nada, pero absolutamente nada que ver con la película. ¿Y esa cara de Skeletor? ¿Y el tipo del hacha? Madre mía, no tiene precio.

Una historia de violencia (David Cronenberg, 2005)

Por segunda vez en la misma semana, tengo que aclamar otra cinta protagonizada por Viggo Mortensen como peliculón. Pero peliculón con todas las letras, de esas que dejan una huella indeleble en tu subconsciente cinematográfico y que te hacen creer en las buenas historias y en el buen hacer para contarlas.
David Cronenberg, cineasta a quien yo solo conocía por sus brillantes incursiones en el género fantástico, me deja alucinando con esta historia sobre buenas personas, pasados misteriosos y sobre la necesidad de la violencia. Con un ritmo deliberadamente tranquilo se nos presenta a Tom Stall, un inmenso Mortensen, y a su familia, compuesta por su preciosa esposa y sus dos hijos, el mayor y la pequeña. Tom es propietario de un pequeño restaurante en un pequeño pueblo en el que solo ocurren cosas pequeñas... hasta que, un buen día, Tom se carga a dos asesinos que intentaban atracar su local. Y se los carga con una destreza y una naturalidad que ya te hace sospechar que ese camarero no ha sido camarero toda su vida. La trama va cogiendo cuerpo y creciendo en misterio cuando unos hombres llegan al pueblo afirmando reconocer a Tom... y llamándolo Joey. Le acusan de haber matado a mucha gente. Le relacionan con la mafia de Philadelphia. Le hablan de tiempos pasados que él niega. Y así, en veinte minutos de metraje, la nueva vida que Tom Stall había creado con su familia y su gente en ese bucólico pueblecito, desaparece para dejar paso a un fantasma del pasado, un asesino perfecto que tendrá que recurrir a la violencia una vez más para conservar su magnífico sueño americano.
En ese sentido, el inteligente guión no deja de mostrar esas contradicciones de la violencia. Tan gratuita como necesaria (Tom la necesitará para poder seguir siendo quien desea ser), tan odiada como deseable (con la escena de sexo salvaje entre Tom y su esposa a hostias en las escaleras), tan reprimida como desatada (cuando el tímido hijo de Tom manda al hospital al matón de turno o cuando asesina al personaje de Ed Harris por la espalda para salvar a su padre). En última instancia, la moraleja es que la violencia que Joey rechazó, es la que le vuelve a permitir conservar su vida como Tom. Y por eso es tan magnífica esa silenciosa secuencia final en la que Joey, después de lavar sus últimos pecados en el río, emerge como Tom y regresa a su casa y se sienta con su familia, que en silencio le perdonan como al marido que ha cometido una infidelidad. Un broche de oro para una película que lo tiene todo y que no dejará a nadie indiferente en estos días en los que el cine ya no ofrece esta clase de historias.

Precious (Lee Daniels, 2009)

Sin duda este no es el tipo de película que a mí me va, pero en época de Oscars me gusta darle una oportunidad a todo tipo de historias que cuenten con el favor de la crítica. Así me he encontrado con "Precious", un drama sobre una adolescente negra de 16 años, obesa no, lo siguiente, madre de una niña con Síndrome de Down llamada Mongo en un cruel alarde de obviedad, y que espera su segundo hijo fruto de las violaciones a las que la somete su propio padre. Por si esto aún no es suficiente desgracia, Precious (que es el segundo nombre de la chica y por el que la conoce todo el mundo, en una suerte de ironía hacia alguien que dista mucho de ser preciosa) es analfabeta y vive esclavizada y sometida por una madre... que tela con la madre. El Oscar no sé si lo darán a Mo'Nique, pero su interpretación de un personaje tan horrible y desagradable como la madre bien lo merece, porque lo hace creíble a más no poder, y aunque su "motivación" es muestra de una mentalidad retrogradísima, logra despertar pena en la última escena. No pena como un cachorrito abandonado, a ver si me explico, sino pena en el sentido de que es muy triste pensar como ella piensa.
La historia de Precious aparece muy bien descrita y vemos la evolución del personaje, sobre todo desde que toma la decisión de hacerse con las riendas de su vida con su segundo hijo y con la escuela alternativa, en la que una dulce profesora se convierte en la madre que Precious merece. A partir de ahí comienza una segunda película menos oscura, mucho menos dramática, con esperanza. Pero claro, nada iba a ser tan bonito, y hacia el final encontramos el nuevo giro dramático del guión, aunque en este caso todavía sirve para hacer más grande la odisea de Precious y su espíritu de superar los muchísimos obstáculos que la vida le ha puesto.
En definitiva, como decía, no es la historia que más me apasiona, pero está muy bien rodada, con una banda sonora de música negra muy acertada, y una colección de personajes extraordinarios interpretados a la perfección por los protagonistas.

La reliquia del mal (Alex Turner, 2009)

¿Qué es el desierto, sino una enorme cantidad de arena y nada más? Pues más o menos lo mismo es esta película, una enorme cantidad de arena como decorado y nada más. Con una historia tipiquísima y un reparto para fusilar (entre ellos Callum Blue, el actual Zod de "Smallville"), los ochenta y pocos minutos de esta subproducción transcurren sin que apenas pase nada. Y la historia no era mala, dentro de lo que cabe, pero está desaprovechada con una dirección pésima, un ritmo malísimo, unos diálogos de risa y unos efectos especiales (sobre todo con la aparición del monstruo en el último acto, de la que ahora hablamos) de los que hacen que te lleves las manos a la cabeza.
¿Argumento? Véase grupo de soldados según marcan los cánones del género, que destruyen una estatua en medio del desierto y desatan una fuerza del mal, presumiblemente un Djinn (y no, no es una exploitation de "Wishmaster"). A partir de ahí van cayendo uno a uno, uno de ellos es poseído, etc., etc., etc. Fin de la historia. No merece la pena comentar más.
Bueno, sí. Merece la pena comentar el aspecto del Djinn, que como decía es de lo peor que he visto. Ni las arañas de "Ice Spiders" o de "Spiders", ni el hombre lobo de "Tierra Salvaje", ni las serpientes de "Anaconda 4"... La aparición del monstruo los últimos diez minutos de metraje bien vale la pena que te tragues la película, al menos para poder echarte unas risas si llegas despierto, claro.
Por cierto, si he sido capaz de nombrar de cabeza tanta basura en el párrafo anterior... creo que es que ya he visto demasiada serie B.

Huella (Takashi Miike, 2005)

Empezaré diciendo que es muy sencillo darnos cuenta de que esta película, de la serie "Masters of Horror", es de Takashi Miike. Primero, porque contiene gran cantidad de gore de mal gusto, una larguísima y enervante escena de tortura con agujas, cantidad de escenas repugnantes que tienen que ver con fetos y abortos (provocación al poder, sí señor) y personajes grotescos y desagradables que vienen a ser la versión miikeiana del surrealismo de David Lynch. Y segundo y no menos importante, porque cuando acaba la historia, te quedas con la sensación de que no te has enterado de nada. Pero te ha dado asco, has tenido que fruncir el morro en más de una escena, y has pasado momentos desagradables. Así que sí, sin duda es un film de Miike.
La historia va sobre un americano que busca a una prostituta china de la que está enamorado y a la que prometió sacar de ese mundo hace años. En su búsqueda llega a una isla sin nombre, un lugar depravado lleno de burdeles y con asquerosos personajes como un enano con la nariz comida. Allí conoce a una prostituta desfigurada de nacimiento que dice conocer a quien él busca, y le cuenta su propia historia en varias versiones, cada cual más repelente, más grotesca, más bruta y más nauseabunda. Hasta que llegamos al final, en el que el giro de la historia tira por los derroteros de la mítica "Basket Case" pero arrancándote, en este caso, una mueca de indignación y ridículo. Como ridículo es el protagonista, Billy Drago, que perpetra una de las interpretaciones más vergonzosas y esperpénticas que se puedan imaginar. Peor que Nicolas Cage en "Ghost Rider", peor que Fran Perea y José Coronado juntos. Un auténtico insulto a la palabra "actor".
Pero bueno, aunque la película no hay por donde cogerla, al menos es tan absurda que te mantiene atento hasta el final, aunque solo sea por ver cómo resuelven el merdel. Y su nivel de gore-asco es más que elevado, así que, amantes de la violencia a la oriental y del mal gusto, estáis de suerte. A mí me provocó más repulsa que otra cosa (no todo el gore tiene el toque divertido a lo "Braindead" que a mí tanto me gusta), pero aún no tengo claro si por sus escenas desagradables... o por el imbécil de Billy Drago.

Nueve Extraños (Steven R. Monroe, 2005)

Bebiendo de la ya mítica saga "Saw" y aprovechando como reclamo el nombre que aún le queda a Dennis Hopper, esta película ofrece una mezcla de los juegos macabros de Puzzle, batido con la atmósfera y situación de "Cube", y añadiéndole el toque voyeurista de Gran Hermano. ¿Que no es posible? Pues sí, hijos, sí. Es posible.
De este modo nos encontramos con nueve personas atrapadas en una mansión sin salida. No se conocen de nada, se les raciona la comida y son constantemente vigilados por cámaras. Una voz les advierte a todos que solo uno de ellos saldrá con vida, y les insta a matarse unos a otros. El vencedor obtendrá un premio de 5.000.000 de dólares. Muy tentador para un grupo tan variopinto como el de estos nueve extraños, entre los que hay un cura, un policía, un matrimonio, un rapero gangsta, un diseñador, una bailarina...
Poco a poco la atmósfera se va viciando y empiezan las rencillas. Con la primera muerte accidental (que sucede de la manera más chorra del mundo) todos comprenden que matar tiene recompensa cuando reciben una suculenta cantidad de comida. A partir de ahí, cada uno hará lo que le pida su conciencia, y la mansión se convertirá en laberinto del ratón y el gato en el que uno de los nueve extraños dará rienda suelta a su vena psicópata, con alguna buena escenita bestia.
En un conjunto no está mal, la historia da juego, pero los actores son bastante maletes, y la idea recuerda demasiado a las películas que ya citaba al principio. El final, en cambio, pese a recordar también muchísimo a "Cube" (esa puerta que se abre revelando luz) hace ganar un buen par de puntos a la historia en apenas unos segundos, cuando comprendemos que, con el fin del juego, no ha hecho sino comenzar un nuevo Gran Hermano... VIP, por así decirlo. Así que, en definitiva, y pese a no ser nada original ni tener ningún elemento destacable, es una cinta resultona que sobresale de la media de su segunda división.

La carretera (John Hillcoat, 2009)

Crudísimo relato el de la novela de Cormac McCarthy. Pero no menos cruda es la puesta en escena que se ha sacado la manga el director John Hillcoat, apoyado por una estupenda fotografía de Javier Aguirresarobe y por una de las mejores interpretaciones que le he visto a Viggo Mortensen, si no la mejor. Muy lejos de la presencia poderosa de Aragorn o de la gallardía de su Capitán Alatriste, Mortensen interpreta en todos sus matices a un hombre desgarrado, consumido, angustiado, hambriento, exhausto, desesperado y derrotado por la situación. Una situación desconocida (quizá una guerra nuclear, quizá un accidente, quizá algún tipo de desastre natural, nunca queda claro) que ha dejado el mundo convertido en un frío paraje siempre nublado, siempre inhóspito, de tierra inútil para el cultivo, sin animales que cazar ni vegetales que recoger, ni siquiera con árboles. Una tierra desolada como escenario de un mundo muerto en extrañas circunstancias. Las pocas personas que quedan en el mundo, sobreviven como nómadas en su interminable búsqueda de alimento y refugio seguro, ambas cosas tan escasas como valiosas. Y, por supuesto, en medio del desastre la naturaleza humana da rienda suelta a sus más bajos instintos, y grupos de supervivientes se han convertido en cazadores de personas y practicantes de canibalismo. Así, Mortensen tendrá que preocuparse de mucho más que encontrar sitios para refugiarse y algo que llevarse a la boca, y su única misión, su razón de continuar viviendo en un mundo en el que vale la pena morirse, será llevar a su hijo a un lugar seguro. Si es que existe un lugar seguro.
La película narra el peregrinaje (o más bien el via crucis) de Mortensen y su hijo en dirección al sur, donde quizá haya algún sitio más próspero. Mediante flashbacks magistralmente intercalados, conocemos algo de la historia pasada de los personajes. Conocemos a la esposa de Viggo (Charlize Theron), cuya historia es tan desgarradora que no se olvida una vez sales del cine. Acompañamos a los protagonistas en su viaje sin destino por esa tierra gris, les vemos huír de los caníbales, luchar por sus pocas pero imprescindibles pertenencias (la escena con el hombre negro en la playa también es de las que se te quedan clavadas en la memoria), y siempre sufriendo. Siempre sufriendo. No será esta la película más feliz que haya visto, no. Pero toda la situación es tan condenadamente creíble, y la actitud de los personajes es tan natural, que te metes dentro de la historia como pocas logran hacer. Qué difícil resulta discernir quiénes son los buenos y los malos, o los malos y los más malos, cuando en el mundo ya no se vive, sino solo se sobrevive a duras penas. Al final, un soplo de esperanza, pero muy leve entre tanta tragedia. Y sales de la sala pensando que has visto una historia terrible, pero al mismo tiempo muy emocionante, muy auténtica, y muy lograda. Para mí, una de las mejores películas que he visto en los últimos años. Y una de las más difíciles de olvidar.

La jungla de cristal (John McTiernan, 1988)

Mucho podría decirse de esta película, pero poco hace falta. Conocidísima por todos, copiadísima por muchos y de culto para otros tantos, este pedazo de película ya forma parte de la historia del cine como una de las mejores cintas de acción. Imitadísima en su esquema hasta la saciedad, aún no ha llegado ninguna que la supere, ni siquiera que la iguale. Pero es que John McClane es mucho John McClane.
La historia es al mismo tiempo sencilla y efectiva Trata de la mala suerte de un policía que se ve en el lugar menos apropiado en el momento más inoportuno. Y descalzo, encima. Solo y apenas sin recursos, se convertirá en el único hombre libre de un rascacielos tomado como rehén por peligrosos terroristas-ladrones, y se alzará como el paradigma máximo del antihéroe por excelencia.
Sin duda esta es una de esas películas que no podemos imaginar protagonizadas por otro actor. Bruce Willis saltaba a la fama con este papel que ha vuelto a repetir en tres ocasiones más (y ninguna de ellas mala), un papel hecho a su medida. El pobre McClane es duro, valiente, divertido, y lo pasa fatal, pero logra arreglar la situación como buen bueno de la historia. Su némesis (también interpretada a la perfección por el siempre correcto Alan Rickman) también es uno de los mejores villanos del cine de acción, un refinado terrorista, frío e inteligentísimo, cuyo plan hubiera sido perfecto de no cruzarse con el huracán McClane. Muchas de las escenas son ya míticas (esos cristales rotos), los secundarios son entrañables y la acción no da tregua pero, además, es que la historia entre líneas está muy bien. Por si fuera poco tiene la mejor frase de "muere, monstruo, muere" de la historia del cine. Porque ¿quién no ha usado alguna vez el mítico "Yipi ka yei, hijo de puta"?
En definitiva, peliculón con todas las letras, la mejor de una saga que ha mantenido un nivel altísimo en sus cuatro entregas (siendo la cuarta la más floja y, aún así, muy disfrutable) y que siempre apetece revisitar cada cierto tiempo.

La cuarta fase (Olatunde Osunsanmi, 2009)

El tema de las abducciones siempre me ha parecido tan fascinante como inquietante. Me confieso devoto seguidor de "Expediente X" hasta que la serie degeneró, e incluso pasé momentos de miedo con la extrañísima "Communion" de Christopher Walken. "La cuarta fase" da un paso más y presenta una historia basada en supuestos casos documentados (si la coletilla basado en hechos reales siempre es un buen reclamo, la frase basado en hechos reales DOCUMENTADOS ya es la hostia), y lo hace de una manera novedosa que me ha parecido el mejor punto de la película. Durante todo el tiempo se alterna en pantalla las dramatizaciones cinematográficas y las grabaciones supuestamente reales de las sesiones de hipnosis regresiva de los protagonistas. Mucho de lo que vemos es profundamente inquietante, aunque dudo que sean grabaciones auténticas. Porque si lo son, nadie podría dudar a estas alturas de que hay seres alienígenas y que hacen con nosotros lo que les da la gana.
Milla Jovovich interpreta a la psiquiatra Abigail Tyler, que continúa las investigaciones de su esposo fallecido. Sus pacientes en el aislado pueblo de Nome, Alaska, padecen todos grandes trastornos del sueño, con pesadillas recurrentes en las que ven a una gran lechuza. Las sesiones de hipnosis pronto van revelando terribles contactos con seres que entran en sus habitaciones por la noche y los secuestran. Muchos pacientes enloquecen, asesinan o se suicidan al recordar sus terribles episodios nocturnos. Poco a poco, la Dra. Tyler se implica más en la investigación, hasta el punto de que su propia hija desaparece misteriosamente, y ella misma se somete a hipnosis para saber qué ha pasado, dando pie a la escena más escalofriante de la cinta.
Incluso dejando a un lado la supuesta veracidad de los hechos que cuenta "La cuarta fase" (Internet dice a gritos que nada de esto es verdad y que forma parte de un marketing viral como el de "El proyecto de la bruja de Blair"), hay que reconocerle el mérito a cómo está rodada la historia, mostrando a pantalla partida las imágenes de archivo y sus dramatizaciones, pero sin caer nunca en el documental. Jovovich está muy creíble en su papel, igual que las cortas pero correctas apariciones secundarias de Will Patton y Elias Koteas. La cinta deja escenas que no pueden dejar indiferente a nadie, sean ciertas o no. Si fueran ciertas, da miedo acostarse cada noche, pero aunque no lo sean, la película es coherente y bien narrada, y crea una gran tensión con pocos medios, casi sin enseñar, sin mostrar naves, extraterrestres ni grandes efectos especiales; logra transmitir miedo solo sugiriendo, lo que ya es todo un mérito.
Así que, concluyendo, a mí me ha parecido una muy buena apuesta para estos tiempos, sobre un arriesgado tema que ya está pasado de moda y que consigue, aún así, crear momentos de auténtica inquietud que se quedan en la memoria.

En el sótano (William Malone, 2005)

Otro de esos mediometrajes dentro de la colección "Masters of Horror", películas dirigidas por algunos de los nombres más emblemáticos del terror de antaño. En esta ocasión nos encontramos ante un argumento que daba para crear una situación realmente inquietante, dentro de un escenario tan lúgubre y limitado como es un sótano. En él, la joven protagonista es secuestrada y encerrada, a merced de algo que parece asesinar y alimentarse de jóvenes como ella. No tardará en encontrarse a un muchacho de su misma edad, mudo y aparentemente enfermo, con quien compartirá su encierro y el acoso de una horrible criatura que va a por ellos. Pero claro, la historia es bastante previsible, y la relación del muchacho con la criatura maligna es fácilmente discernible. Tampoco resulta nada difícil atar cabos sobre lo que hicieron los padres del joven y su alianza demoníaca con ese ser. Los flashbacks lo explican todo aunque poca falta hace, porque podemos ir adivinándolo. No obstante, sorprende el final, lo más parecido a un final feliz que puede tener una producción de este estilo. La verdad es que me recordó bastante a algunos episodios de la nueva andadura de "En los límites de la realidad", porque el final resulta ser toda una lección sobre lo que se puede o no se debe hacer, ni aún en aras de conseguir revertir lo que crees que no es justo.
En definitiva, entre cortita que es y que mantiene un buen ritmo y una historia decente, amén de que la criatura diabólica, pese a no ser nada novedosa, tiene un aspecto que da bastante grima, no es nada desaconsejable bajar un rato a este sótano.

Amusement (El juego del mal) (John Simpson, 2009)

Una vez más, el factor comparación juega muy a favor de esta película. Tras las dos joyas que he visto previamente, ésta casi parece una obra maestra. Nada más lejos de la realidad, porque es una película predecible y nada innovadora ni original, que trata de seguir la estela de "Saw" pero, obviamente, se queda muy por debajo.
El guión tiene como punto interesante que se divide en tres historias, cada una de una chica, y aparentemente sin nada que ver entre sí. Pero en la tercera vemos coincidir las tres tramas, aunque de forma muy predecible por los flashbacks que se han ido introduciendo, y la película deriva hacia una especie de juego macabro propio de Puzzle. Una vez más, no deja de sorprender cómo es posible que los chalados como el malo de esta historia puedan inventar (y costearse) maquinarias que ni Batman, oigan.
Pero como comentaba al principio, la película no es nada aburrida, tiene algunos puntos muy interesantes como su narrativa tarantiniana (salvando las distancias, se me entiende) que sirve para mantenerte alerta al guión y algunas escenas muy conseguidas. Especialmente la historia central, con ese payaso acechando a la guapísima rubia protagonista, logra ser bastante tensa y recuerda a otras películas muy clásicas del terror moderno. Los payasos siempre dan muy mal rollo y se prestan para esta clase de secuencias. Lo peor es que el malo de la película es de risa, tipiquísimo y nada interesante, y su extraña motivación resulta incomprensible.
En definitiva, una película de consumo rápido, como las hamburguesas. No tiene nada que la convierta en especial pero nada tampoco que la convierta en deleznable.

Víboras Asesinas (Bill Corcoran, 2008)

No, si yo soy gilipollas. Después de cascarme "Prison of the dead", voy y me zampo una película que se llama "Víboras Asesinas". Y aún me consideraré con derecho a quejarme de que sea mala.
En fin, debo decir a su favor que cuenta con el importantísimo factor comparativo. Tras "Prison of the dead", hasta Uwe Bowl parecería Orson Welles, así que este telefilm de poco presupuesto ofrece una imagen resultona. Hay que obviar muchísimos defectos y varias interpretaciones penosas, y pasar por alto a las víboras hechas por ordenador, pero en conjunto la película puede resultar incluso entretenidilla. Mucho mejor que otras. Vale que el inicio y el cómo se escapan las serpientes no hay por dónde cogerlo, pero en esta clase de pelis se pasa por alto. Lo que se quiere ver son ataques y serpientes, y en eso no engaña a nadie el título.
Lo que me hace gracia es que la película intenta parecer más seria de lo que es montando un tinglado de relaciones interpersonales entre los personajes que parece una novela de Corín Tellado. Que si el sheriff está con la ex del dueño del hotel, que a su vez está con otra porque es un putero; que si el nuevo médico es el mejor amigo de uno que murió en la guerra y era el novio de la rubia maciza protagonista (la ya mítica nueva diva del terror de mierda, Tara Reid) y se enamoran los dos; que si la hija del putero no lo aguanta porque por su culpa su madre no vive con ellos; que si el dueño de una compañía médica es un corrupto... Pero vamos a ver, que nos importan un pito las historias de los personajes, señor mío. Que aquí hemos venido a ver serpientes, que si queremos relaciones entre personajes, pues vemos una de Woody Allen. Aquí se va a lo que se va, como a una casa de... como a un bar de luces, vaya.
En fin, pero bobadas a parte, este es un telefilm totalmente disfrutable por los amantes de la serie B con bichos asesinos, que te hará reír tanto si la ves solo como acompañado. Vale, que esa no sería su intención... pero algo bueno tiene, ¿no?

Prison of the dead (David DeCoteau, 2000)

Empiezo el año de puñetera pena, y no va a mejorar si continúo viendo mierda como esta. No puedo evitarlo, el canal OJO de ONO me atrae como la luz a las polillas, y me dejo seducir por esos carteles y esos títulos tan sugerentes dentro de la sección de Ciencia Ficción/Terror, aunque sé que van a ser defecaciones de la peor calaña que solo se atreve a proyectar el canal Buzz. Pero aún así, vuelvo a caer una y otra vez. Soy un yonki del infracine.
Esta cinta que ahora me ocupa es de lo peor. No es divertida, tarda una hora en cogerse (y eso que solo dura hora y diez), los decorados son lastimosos, los actores sacados de cualquier frenopático con necesidad de camas libres, el guión lo escribió un deficiente y la dirección está a cargo de un deficiente aún más potente, como diría Peter Griffin. Y ojo, la carrera del director es como para tenerla muy en cuenta, porque tiene títulos que flipas, como para hacer un maratón de tres o cuatro pelis suyas y acabar saliendo a la calle con una recortada. No hay por dónde cogerla. Y no mencionemos los efectos especiales, porque los "guardianes" de la llave, con sus caretas y sus ojos enrojecidos en la post-producción, no tienen nada que envidiar a clasicones de la caspa como "The Convent" o "Los hijos de los muertos vivientes". De hecho, si entendemos esta película como un ejercicio de anticine, sin duda sería el estandarte de la causa. Pero en ciertos momentos parece notarse que va en serio, lo cual es irritante, porque esto no merece tomarse ni en broma. Solo mirad el cartel, por el amor de Dios. Solo hay una cosa peor que diseñar una imagen como esa, y es seleccionarla como cartel de la película. Muerte al diseñador y a quien le dio el visto bueno, pero ya.
En fin, no merece la pena dedicarle más tiempo. Esta película es una enorme mierda que me he vuelto a comer, y sé que no será la última, pero ésta se me ha atragantado.