El dentista 2 (Brian Yuzna, 1998)

En la primera película, el Dr. Feinstone terminaba recluido en un manicomio. Pero al principio de esta secuela, nuestro buen doctor se escapa y decide instalarse en un bucólico y pequeño pueblecito, Paradise, en el que acabará como dentista bajo otra identidad. Pero Feinstone continúa luchando contra su locura homicida, y todo le recuerda a la infidelidad de su esposa, mientras que su esposa, mutilada por él por su infidelidad, ha contratado a un detective para que lo encuentre.
Aquí, la película se centra más aún que la primera parte en la psique del protagonista, que lucha constantemente contra sus visiones, contra sus instintos y contra su deseo de solucionarlo todo con sus herramientas de dentista. La situación se acentuará cuando entre en escena un nuevo interés amoroso para el doctor, que parecerá estabilizarlo, pero que después será objeto de la psicosis de Feinstone. También encontramos mucho más humor negro, más cachondeo tras las escenas, y todo está tratado con cierta burla, aunque la película se tome en serio. Imprescindibles también los planos en los que vemos al dentista "trabajando" en la boca de sus víctimas. Canta a maqueta, pero da cosilla ver los dientes siendo arrancados, las encías pinchadas, las muelas destrozadas con el taladro... No muy bien hecho, pero con encanto de serie B, que es lo que toca.
En resumen, pues, muy correcta película que no solo se alza como una digna secuela, sino que puede superar en ciertos aspectos a su predecesora, y que nos deja un final delirante que pone un perfecto punto y final a las peripecias de este pedazo de personaje del terror noventero que es el dentista.

El dentista (Brian Yuzna, 1996)

Antes de convertirse en el director mierdero que dirigió "Rottweiler" o "Bajo aguas tranquilas" (bodrios ambos que ya he tenido el "placer" de reseñar en esta sufrida bitácora mía), Brian Yuzna tuvo un pasado en el que nos hizo creer que el terror era su género. O que tenía algún género, vaya.
Una de sus obras más personales es esta "El dentista", en la que da rienda suelta a su manera de hacer un cine que mezcla gore con una historia interesante y, aquí, hasta profunda. Todo un retrato de la psique de un acaudalado dentista (con algún trastorno mental controlado que no se menciona en la película) que pierde la chaveta definitivamente cuando ve a su mujer comiéndosela al chico que le limpia la piscina. Nuestro doctor Feinstone, obsesionado con la higiene bucal y con la higiene en general (muy acertado punto de ironía el que su mujer tenga precisamente sexo oral con su amante, que va lleno de mugre) da ahí rienda suelta a sus instintos y deja de ser un modélico odontólogo para convertirse en un sádico que deja las boquitas de piñón. Pero esto, el toque gore de la película, solo ocurre en los últimos 30-40 minutos a modo de clímax. Todo el principio es una estupenda presentación y exposición de personajes, con un ritmo tranquilo en el que vamos viendo cómo el doctor se pierde en el camino de la locura empujado por la infidelidad de su mujer. Así que, con cierto toque de humor irónico, buen aunque escaso gore, y sobre todo la estupenda interpretación de Corbin Bernsen como el dentista, este es un pequeño clásico del terror de los noventa que cualquier fan debería tener en su videoteca.

Slither: la plaga (James Gunn, 2006)

No conocía esta película, y me da mucha rabia que se me escapen obritas como esta. Amigos, este es un estupendísimo homenaje a la serie B de bichos más clásica, realizada como se tiene que hacer, con una historia sencilla, buena dosis de gore, y un buen toque de sentido del humor. Y "Slither" lo tiene todo. Hasta zombies.
Así, cuando un pequeño pueblo empieza a verse afectado por unos bichos alienígenas como babosas que convierten en zombies a quien poseen (empezando por uno de los peces gordos del pueblo) y los vuelven esclavos de su voluntad de conquista, empieza el despiporre. Mezclar bichos con zombies no es fácil, pero aquí se consigue que el divertido argumento dé pie a todo y más. Los protagonistas realizan unas interpretaciones acertadas que poco importan, porque todo va al servicio de la historia. Y la historia es un continuo cachondeo en plan años setenta, divertida, sangrienta, asquerosilla y, como decía, totalmente homenajeadora a la mejor serie B añeja. La película no se toma demasiado en serio, lo cual hace que adquiera aún más nota. Así que recomiendo encarecidamente el visionado de esta peli para cualquier amante del cine de ciencia ficción menos serio, o del cine de monstruos de los setenta, o del gore, o de los zombies, o de los bichos. O a cualquiera que tenga ganas de pasar una hora y media de sangrienta y gamberra diversión sin pretensiones. No se arrepentirá.

Depredadores del desierto (Jason Wulfsohn, 2003)

Esta película no merece un comentario como tal. Quizá merecería insultos, pero eso sería hacerle un favor. Lo mejor será ignorarla y hacer como que no existe.
Pero existe, y apesta.
Esta no es una de esas cutrepelículas que tanto me gustan. No tiene encanto, no tiene monstruos de goma, no tiene ridiculeces ni situaciones avergonzantes. Solo tiene cosas mal hechas, pero mal hechas sin gracia, malos actores, una historia más trillada que un campo de tomates, malos efectos, mala dirección, mala fotografía, malos decorados... Todo es malo. En la arena del desierto vemos pisadas del equipo técnico, los decorados nocturnos se nota que son interiores cuando debería parecer desierto, las apariciones del "robahuesos" (que no es más que una colonia de hormigas chungas) parece una escena del "House of the dead" al que jugaba cuando tenía 15 años. Y así sucesivamente.
En fin, aunque me encanta el buen mal cine, esta infracinta no lo es. Solo es basura pretenciosa que copia, y mal, a otras que lo han hecho mejor antes. Para verla solo si no tienes nada mejor que hacer. Pero si no lo tienes, búscatelo. No pierdas el tiempo.

Deshielo (Mark A. Lewis, 2009)

Desde Canadá nos llega esta película de ciencia ficción de los realizadores de la trilogía "Evil Dead", como bien se esmeran en recalcar en el poster, en la que un grupo de investigadores se quedarán aislados en un paraje helado, a merced de una forma de vida que ha resucitado por el deshielo, y que puede infectar a las personas para reproducirse. Sí, el argumento suena a "La Cosa", pero muy lejos de la angustiosa atmósfera de inquietud, soledad y opresión del film por excelencia de John Carpenter, esta película tiene todos los elementos para ser simple y llana serie B directa a televisión. Por una parte, rostros desconocidos encabezados por un actor de capa caída como Vak Kilmer, que presta a la cinta su nombre como reclamo y menos de 15 minutos de aparición en pantalla. Por otra, efectos especiales justitos y rodaje telefilmero a tope. Además, los homenajes/plagios a "La Cosa" se suceden constantemente, aunque torpemente, como en la escena en la que los protagonistas descubren que su helicóptero ha sido destruido. No diré que no es entretenida, porque es precisamente una cinta elaborada para entretener sin pretensiones. Las interpretaciones tampoco son malas, son correctas, y los diálogos o el guión no son ridículos. Lo malo es que la idea está muy vista, ya se ha hecho (y mejor), y que no se aporta nada nuevo al género. De todas maneras, insisto en que es una película que se puede ver, que incluso te engancha a verla, y que tiene buenos puntos de gore (la amputación del brazo está muy bien) y de asco. Una buena propuesta para una tarde sin demasiado que hacer.

Saw VI (Kevin Greutert, 2009)

Continúa la complicada historia de Puzzle y su macabro legado. Lo que él empezó con la intención de aleccionar a aquellos que, según su criterio, no valoraban la vida, ha desembocado por parte de sus nuevos herederos en auténticas casquerías que han perdido casi toda opción de salir vivo. Ahora es el agente especial Hoffman quien continúa la obra de Puzzle, pero la trama guarda también un as en la manga para su viuda, quien jugará un nuevo papel en esta secuela que dará pie, como no podía ser de otra manera, a que ella protagonice la séptima parte.
Y es que la franquicia de "Saw" sigue dando dinero y, además, sigue haciéndose bien. De acuerdo en que la idea de la saga ha ido degenerando hacia mostrar más sangre, más violencia y más juegos asesinos originales y rebuscados, pero ha marcado un estilo propio y continúa demostrando una enorme cohesión a la hora de hacer coincidir situaciones pasadas y presentes a base de flashbacks. En ese sentido, los guionistas realizan un estupendo trabajo que no es nada sencillo después de seis entregas, nada menos, y "Saw" puede ser entendida y disfrutada como una misma historia en muchas partes.
Además, para gozo y disfrute de los amantes del gore, esta es la secuela más salvaje de todas, y sin duda la película más bruta de la saga. El inicio es demoledor, pero es que después algunos de los jueguecitos del amigo Hoffman no tienen desperdicio. Además, se detecta cierta crítica social y todo, porque el objeto de estudio de esta historia es el jefe de una compañía de seguros que deja vivir o morir a sus asegurados según una fórmula matemática. Toma ya, chúpate esa, Michael Moore. Con ese pretexto, encontramos barbaridades divertidísimas, en especial la del final (no os la perdáis), y la agradable sorpresa de que todas las piezas de la historia encajen tan bien y el camino quede allanado para la séptima secuela que llegará este año.
Eso sí, no diré nada sobre el hecho de que haya tenido que verla en VOS en el ordenador, porque a nuestro Ministerio de Cultura le haya parecido conveniente clasificarla como cine X, con lo que aún no se ha estrenado en cines de España. Para qué hablar, ¿no?

Ángeles y Demonios (Gregory Widen, 1995)

Con un inusitado buen reparto de actores para una producción de este estilo, mucho se habló de esta película a mediados de los noventa. Christopher Walken protagoniza un guión que convierte la Biblia en la base de una historia de venganza y envidia de los ángeles contra los propios ángeles, con el ser humano de por medio como objeto de la discordia. Con un planteamiento más que correcto y una idea muy original, la película discurre con un ritmo relativamente tranquilo salpicado de escenas de enfrentamiento entre los personajes, mientras que conocemos el origen del conflicto y nos hacemos la idea de quiénes son los buenos y los malos. Sin duda notamos que Walken, actor de rostro inquietante y tendencia a la sobreactuación y el histrionismo, se encuentra más que a gusto interpretando al ángel Gabriel, mano derecha de Dios, pero convertido en renegado por sus celos contra los seres humanos. Su compañero y ahora convertido en enemigo, el ángel Simón, está también muy bien caracterizado por Eric Stoltz. Y el protagonista humano, Elias Koteas, realiza también un buen papel como aspirante a sacerdote que, tras unas terribles visiones de las guerras del cielo, dejó la vocación y se convirtió en policía, y que años después acaba encargado del caso de un asesinato en el que la víctima no parece humana. También sorprende, como decía, encontrarnos a Viggo Mortensen en el breve papel de Lucifer, redondeando el elenco de rostros conocidos que moran por esta cinta.
En definitiva, la película tiene una historia con aliciente y está bien llevada, buenas interpretaciones y personajes bien construidos. Quizá me falla el ritmo, que se me hace algo tedioso (será a mí, no sé), pero sin duda ha servido de inspiración a otras más recientes que han vuelto a tocar el tema de los ángeles, los demonios, y los conflictos entre ellos. Tiene su encanto.

Hulk Vs. (Frank Paur y Sam Liu, 2009)

Motivado por la recomendación de un amigo y espoleado más aún por el visionado de la película anterior, me dispuse a ver esta producción animada en la que el gigante verde de Marvel (para no confundir con el otro) se enfrenta a dos adversarios duros de pelar, en dos historias no conectadas de unos cuarenta minutillos cada una.
En la primera, Hulk se enfrenta a Thor. Con la excusa de que el dios Loki pretende controlar a Hulk para matar a Thor, se da rienda suelta a la destrucción de medio Asgard en un épico enfrentamiento entre dos seres poderosísimos. Resulta muy curioso ver a Hulk desatado dando una paliza impresionante al dios del trueno. Un Hulk destructivo a más no poder, irracional, salvaje, que no para hasta haberse asegurado que su rival está machacado. De hecho, Hulk se hubiera cargado a Thor de no ser por la intervención mágica de una diosa para salvarlo. La historia es entretenida y se ve en un suspiro, y además se ensalza el aspecto heroico del pobre Dr. Banner, que renunciará a todo para volver a controlar a su verdosa y brutal mitad.
La segunda historia es mi favorita: Hulk VS. Lobezno. Desde el minuto 1 tenemos hostias, acción trepidante, y ya no para hasta el final. Logan y Hulk se dan una paliza de cagarse, desequilibrado en fuerza bruta pero con la ventaja para Lobezno de sus garras de adamantium, único metal que corta a Hulk. Además, la historia va a lo que va, y se cuenta el origen de Lobezco con un flasback centrándose más en lo que importa, que es el combate entre los dos. Con la participación estelar del equipo de Arma X, que también sufrirá en sus carnes a las dos criaturas. Sin duda alguna, la más violenta de las dos historias, y la más violenta de todas las películas de animación que he visto, a la altura de los mangas tipo "El puño de la estrella del norte". Para pasar un rato de acción sin cavilación.

El juicio del increíble Hulk (Bill Bixby, 1989)

La archiconocida y mítica serie de "El increíble Hulk" que protagonizara Bill Bixby y el forzudo culturista sordo Lou Ferrigno, tuvo este episodio-película que me ha resultado muy curioso de ver. Curioso no solo por la cantidad de cutrerías por fotograma cuadrado que podemos encontrarnos, sino porque el argumento es lo que, en argot de cómic, llamaríamos todo un team up; para legos, una alianza entre dos héroes para derrotar a un villano que los supera individualmente. El villano, en esta casposa TV movie, es nada menos que Kingpin, aunque no se le llama así en ningún momento, sino solo por su nombre: Wilson Fisk. Curioso también que esté interpretado por John Rhys-Davies, a quien igual conocemos mejor por haber hecho del enano Gimli en la trilogía de "El Señor de los Anillos".
Como aliado del verdoso gigante tenemos al abogado ciego Matt Murdock, quien por las noches se convierte en el justiciero Daredevil. Sí amigos, Daredevil, quien ya tuvo su primera incursión cinematográfica antes del esperpento que perpetró Ben Affleck y que derivó en otro esperpento aún peor que perpetraría Jennifer Garner. Aquí, Daredevil es casi el auténtico protagonista de la historia, con David Banner como secundario y Hulk que aparece 10 minutos, si llega. Eso sí, el atuendo del justiciero, a mitad camino entre el de un ninja y un pijama, no tiene desperdicio.
Pero es que todo es muy casposamente divertido en este telefilm, al más puro estilo de la serie, con Hulk pintado de verde a trozos, con la ropa pre-cortada para rasgarla durante la transformación, e incluso con zapatos de bailarina pintados de verde. Sus apariciones nada tienen que ver con el Hulk del cómic o el posterior del cine. Se mueve despacio, no es casi nada destructivo, todo en la línea light e infantiloide de la serie, en la que no hay ni una gota de sangre ni cuando apalean a Daredevil casi hasta matarlo. Resulta entrañable ver con qué poco nos conformábamos hace unos años, antes de que el CGI y los superpresupuestos revolucionaran cine y TV. Antes, Hulk era un señor pintado de verde y nosotros veíamos la serie encantados, oiga. Y ahora, 20 años después, la volvemos a ver con nostálgico cariño.

El pueblo de los malditos (John Carpenter, 1995)

Probablemente la mejor película de John Carpenter junto con "La Cosa", y ambas son remakes. Pero en mi humilde opinión, esta adaptación moderna del clásico de Wolf Rilla de 1960 supera al original en muchos aspectos.
La idea de la película es pura ciencia ficción de la buena, con un planteamiento inquietante, misterioso, envuelto en el desconocimiento de lo que ha pasado. Un buen día, todos los habitantes de un pequeño pueblo americano caen desmayados durante 6 horas. 6 horas en las que todo ser vivo que estuviera dentro de un acotadísimo perímetro, quedó inconsciente. Pero peor aún: pronto se descubre que todas las mujeres del pueblo quedaron embarazadas ese día, incluso las que tenían a su marido de viaje en el extranjero (y no penséis mal), e incluso las que jamás habían mantenido relaciones. Ante semejante tesitura, un equipo científico se hará cargo de seguir los embarazos, y posteriormente a los niños, que pronto demuestran cualidades poco naturales: pelo blanco y liso, ojos claros, inteligencia superdotada, ausencia de sentimientos, conducta grupal, como una manada en la que se juntan por parejas y liderada por una de ellas. Las pruebas demuestran que comparten ADN como si fueran de un mismo padre. Y los inquietantes y fríos niños dominan a todos los adultos con sus ojos brillantes capaces de penetrar en cualquier mente y de ordenar a cualquier persona que haga lo que ellos deseen.
La verdad es que es una cinta muy pero que muy disfrutable, y pese a tener más medios que el original, no deja de ser serie B con encanto. Se nota en los escasos decorados, en el laboratorio científico instalado en un triste sótano, en los pobres exteriores, en el elenco de actores conocidos pero venidos a menos, entre los que están Mark Hamill, Kirstie Alley o el mismísimo Superman, Christopher Reeve, que soporta el peso de la película en un registro que choca a quienes nos hemos criado viéndolo volar, pero lo hace bastante bien en el papel de doctor del pueblo y héroe a la fuerza. Su último papel antes del accidente que todos conocemos.
El grupo de niños también está estupendamente caracterizado y muy bien dirigido. Los niños se mueven como uno solo, no cambian su fría expresión, y la pequeña líder hace un muy buen papel en el que parece una adulta en pequeñito.
Además, la película transcurre en un tiempo muy amplio (desde el desmayo hasta que los niños tienen 7 u 8 años) pero de forma muy correcta y sin que haya saltos abruptos, el ritmo es adecuado a la historia y el final abierto, con ese duelo entre Reeve y los niños, pone un buen broche a un remake estupendo que conserva el sabor del clásico y el mejor toque de la serie B.

Piraña II: los vampiros del mar (James Cameron, 1981)

Recuerdo con cariño la primera parte de "Piraña" de Joe Dante. Y recordaba, aunque mucho menos, que había una segunda parte en la que las pirañas volaban. De hecho, lo único que recordaba de la secuela era precisamente las pirañas voladoras. No tenía ni idea de que la había dirigido James Cameron. El mismo James Cameron que este año ha dejado al mundo flipando con su "Avatar", el mismo que ya reventó records con "Titanic", con "Terminator 2", y que he dejado para la posteridad películas menos taquilleras pero igualmente disfrutables como "Aliens: el regreso" o "Mentiras Arriesgadas". Ese James Cameron del que dicen que es una especie de Rey Midas que todo lo que toca lo convierte en oro.
Pero todos tenemos un pasado. Y en el de Cameron pesará siempre esta mierda llamada "Piraña II".
¿Es tan mala? Sí, sí que lo es. Es serie B con ínfulas de película. Los diálogos son patéticos (supongo que empeorados aún por el doblaje), los personajes dan auténtica vergüenza ajena, en especial las dos putillas y el tartamudo, el estúpido capitán de barco, la insoportable pareja de recién casados, etc. El montaje es basura, las escenas saltan una a otra sin hilo conductor, mostrándonos historias que no aportan nada ni importan nada, puro relleno entre ataque y ataque. Los protagonistas al menos están decentes, pero no son suficiente para dar nivel a la historia (curioso que salga Lance Henriksen, que luego repetiría con Cameron como el androide Bishop de "Aliens"), y están copiados de los de "Tiburón" hasta sonrojarte. La música suena por encima de situaciones y hasta de conversaciones, entorpeciendo el sonido. Los efectos especiales, de pena, con pirañas de goma que vuelan colgadas en hilo de pescar. Encima es lenta, porque hasta los 40 minutos casi no pasa nada y luego tampoco es que pase mucho. Así que sí, es muy mala, muy aburrida y muy innecesaria como secuela y como película.
En fin, vale que es una producción italiana hecha con cuatro duros, y se dice que Cameron apenas tuvo participación en la película, que no le dejaron montar, ni ver lo rodado, etc. Dicen que ha afirmado muchas veces que, después de esta película, juró no volver a hacer nada si no tenía control total. Pero digo yo: ¡no te arrepientas, James! Porque si solo 3 años después de esta mierda fuiste capaz de que alguien confiara en ti y te salió nada menos que "Terminator"... macho, le das sentido a a la palabra EVOLUCIÓN. Créeme, hay gente que se ha pasado y se pasa la vida rodando "Pirañas II". Tú lo hiciste una vez y mira dónde estás.
Pero que no se te olvide.

White Noise 2: la luz (Patrick Lussier, 2007)

Patrick Lussier, director de un par de Dráculas bastante digeribles pero olvidables, dirige esta segunda parte de "White Noise" que solo aprovecha de la primera ciertos elementos y el nombre. Aquí la historia gira en torno a un hombre que presencia el asesinato a sangre fría de su mujer y su hijo, tras lo cual intentará suicidarse pero será resucitado por los médicos. Tras su experiencia cercana a la muerte descubrirá que puede ver fenómenos extraños en los aparatos eléctricos, y que ve un extraño aura brillante alrededor de las personas que van a morir inmediatamente. Así, el hombre se convertirá en una especie de superhéroe que se servirá de su don para ir salvando algunas vidas, pero pronto descubrirá que el mismísimo demonio aprovecha a las personas que él ha salvado para hacer su obra, y que salvar una vida gracias a su don siempre trae terribles consecuencias.
Sí, la historia está bien, no está demasiado mal dirigida ni demasiado mal interpretada. Se juega con golpes de sonido y con fantasmas que aparecen de la oscuridad, lo cual siempre sobresalta, pero no es miedo en el sentido estricto de la palabra, claro. Pero vaya, no hay que buscarle tres pies al gato. La historia es entretenida, la película dura poco más de hora y media que no se hace tediosa en ningún momento, y pese a sus tópicos y clichés es muy correcta. No falta el contrapunto de personaje femenino ni el tipico personaje-explicación (el asesino de la familia del protagonista), ni por supuesto el final medio feliz en el que todo acaba de forma tan obvia. Vaya, que uno casi puede ir escribiendo la película conforme la ve, y anticipándose a escenas, sustos, situaciones... Pero la verdad es que me trago pelis mucho peores, más avergonzantes y ridículas, y esta solo estaría en el montón de pasables, de las que puedes ver, disfrutar (o no) y olvidar, para bien o para mal.

Sherlock Holmes (Guy Ritchie, 2009)

Una vez más, Hollywood reinventa personajes para convertirlos en taquillazos. Es ahora el turno del mítico detective creado por Arthur Conan Doyle, que en esta nueva versión poco tiene que ver con aquel que interpretara en los cuarenta Basil Rathbone en casi una decena de películas.
El enfoque de Guy Ritchie sitúa a la pareja Holmes-Watson en el mismo Londres del siglo XIX. Seguimos teniendo a Scotland Yard y al inspector Lestrade, seguimos teniendo desafíos para la aguda mente del detective y el doctor. Pero ahora, por fin, los paralelismos con Batman no terminan ahí. No solo tenemos a la pareja de investigadores como unos precursores de Batman y Robin, ni a su particular comisario Gordon en el personaje de Lestrade. Ahora también tenemos la misma acción física de los héroes de Gotham, y este Holmes y este Watson reparten estopa, demuestran arte en el esgrima, en el combate cuerpo a cuerpo, y se convierten en mucho más que dos detectives agudos. Se convierten en dos héroes de acción en toda regla.
Manifiesto mi admiración por Robert Downey Jr., que parece haber dejado muy atrás sus tiroteos con la policía para convertirse en uno de los actores del momento. Su personificación de Holmes es magnífica, divertida, mordaz, luchador, como una especie de House boxeador. Las escenas de acción están estupendamente rodadas aprovechando muy bien la cámara lenta y con ese toque que les da cuando Holmes se anticipa mentalmente a todo lo que va a suceder y después lo ejecuta exactamente como lo había supuesto.
También es una sorpresa Jude Law como el Dr. Watson. ¿Dónde ha quedado aquel médico regordete, bajito y escondido bajo un bombín? Este nuevo Watson es otro tipo duro y valiente, pelea, hace esgrima, se le atribuye un pasado militar y se convierte en el Robin que todo Batman necesita. Además de que su relación con Holmes aporta a la película el típico humor de no-te-aguanto-pero-somos-un-equipo que siempre requieren las historias en las que hay dos protagonistas tan igualados.
Respecto a los demás protagonistas, o al villano (un tío que quiere hacerse pasar por sobrenatural para dominar el Parlamento), ni fu ni fa. Están para adornar, para aportar la historia necesaria para que Holmes y Watson tengan un misterio que resolver y hostias que repartir. Sí que es verdad que la película podría haber durado 15 o 20 minutos menos sin que la historia se hubiera resentido, porque a mí hubieron ciertos momentos del nudo que se me hicieron un poco largos, y eso que hay acción cada 4 planos. Pero el montaje se podría haber recortado un poquito, quizá 2 horas y 15 es demasiado para una película de aventuras como esta.
Pero bueno, tenemos una peli divertida con dos protagonistas estupendos y mucha acción, buenos efectos y mucho humor, además de a Robert Downey Jr. en el mejor momento de su carrera y a un renovado Jude Law en dos papeles hechos a medida. Y habrá secuela, porque el final, de nuevo en un paralelismo con Batman, presenta al malísimo Moriarty, igual que "Batman Begins" presentaba al Joker. Así que preparémonos para la segunda parte y, de momento, disfrutemos con esta divertida primera.

1408 (Mikael Hafström, 2007)

Cuando una película de terror está protagonizada por el personaje de un escritor traumatizado por un hecho "X", y como escenario encontramos un aterrador hotel, inmediatamente podemos deducir que Stephen King está de por medio. No nos equivocaríamos. "1408" está basada en un relato corto del maestro del terror, aunque mucho más desarrollada para su puesta en escena de hora y media.
A grandes rasgos, la historia gira en torno a Mike (John Cusack), un escéptico escritor que se dedica a investigar lo paranormal para desmentirlo, después de haber perdido a su hija. En su carrera jamás se ha encontrado ni un solo fenómeno sobrenatural que fuera cierto, y ha destripado casas encantadas, cementerios y hoteles. Pero el destino le llevará al neoyorkino hotel Dolphin, concretamente a su habitación 1408, en la que se han producido decenas de muertes, suicidios, y fenómenos extraños. Pese a que el gerente (Samuel L. Jackson en un papel cortísimo pero apropiado) intenta disuadirle, Mike pasará la noche en la 1408. Y empezará el festival, claro.
Siendo sincero, el planteamiento de la película es perfecto. Y los primeros 45-50 minutos, con la presentación del personaje, de la historia, de la aterradora habitación y lo que ha pasado en ella, y los primeros momentos de Cusack en la 1408, son realmente formidables. Terror del bueno, sin golpes de sonido, ni banda sonora subiendo decibelios, ni gore. Se juega con el saber que hay algo, que va a suceder algo, y se consigue una tensión tan palpable que temeremos a la 1408.
El problemón es que hay un punto de inflexión en la cinta en la que se separa ese estupendo concepto de terror psicológico acertadísimo por un despliegue de efectos especiales sin sentido. En mi opinión es un enorme fallo ese cambio de tercio, porque la película pierde mucho cuando empieza a enseñar en lugar de a sugerir. Así que la última media hora, con la habitación convertida en un infierno helado, Cusack esquivando fantasmas y reviviendo sus horrores, sufriendo inundaciones y un larguísimo etcétera, se antoja una burla ante el enorme comienzo que había logrado ofrecer la historia. Tampoco me cuadra el final, demasiado bonito para mi gusto. Siempre he pensado que, si realmente te toparas con algo tan sobrenatural como lo que se supone que es la 1408, no tendrías nada que hacer contra ella. Pero en las películas siempre se las apañan para vencerla. Pues como que no.
Pero bueno, pese a que es una lástima que empiece tan bien y se vaya apagando en lugar de mantenerse, la sensación que deja "1408" es la de haber visto una buena película de terror sobrenatural. Lo malo, insisto, es que la idea era brillante, el planteamiento y el arranque formidables, pero el último tercio convierte en "bien" lo que podía haber sido un completo "sobresaliente".

Bienvenidos a Zombieland (Ruben Fleischer, 2009)

No esperaba ni más ni menos de esta película con la que he pasado una horita y media escasa de diversión gamberra, puntillos de buen gore, humor negro, y muchos zombies. Como una mezcla del apocalíptico mundo invadido de zombies de "28 días después" y el toque cachondo de "Zombies Party", encontramos una historia en la que los cuatro personajes protagonistas están perfectamente construidos, y en la que las relaciones entre ellos son tan divertidas como naturales (para la situación, claro).
La palma se la lleva Tallahassee, el personaje de Woody Harrelson. Un macarra, el típico tío duro que ha encontrado en matar zombies una auténtica vocación y que lo hace de puta madre. Solo tiene una tara: que vive obsesionado con encontrar un pastelito Twinkie, el dulce americano de bollería industrial por excelencia, pero no lo consigue, el pobre. Esta obsesión de Tallahassee dará pie a escenas buenísimas. Pero aunque parezca mentira, el rudo cowboy matazombies también tiene una historia detrás que le ha empujado a convertirse en lo que es, y aunque es tratada de pasada constituye un buen punto argumental que demuestra que la película no se queda estancada en el humor y la violencia.
Tampoco hay que olvidar a su compañero Columbus, un adolescente friky que ha conseguido sobrevivir en ese caos a base de seguir un estricto código de reglas que él mismo se marca, y que la pantalla nos va mostrando por escrito acertadamente cada vez que se aplican. Ni podemos obviar a las partenaires femeninas, Wichita y Little Rock, dos hermanas que son capaces de traicionar a cualquiera por sobrevivir en Zombieland. Pero también con su corazoncito, y que aportan el toque romántico a la película, que también lo tiene.
Eso sí, lo mejor de la película son los puntos humorísticos. Y uno de los mejores, si no el mejor, es la brevísima intervención de Bill Murray en su propia mansión. Su aparición es tan surrealista como nos tiene acostumbrados, y lo que le pasa, aunque cantadísimo, es para descojonarse.
En definitiva, una recomendadísima película que no reinventa el género de zombies, pero sí que le aporta frescura y un enfoque menos habitual del que suele tener, sin dejar de lado la violencia de los infectados pero con el humor negro como eje argumental.

Bowling for Columbine (Michael Moore, 2002)

Algo chirría en este documental perfecto. Y no me refiero a que Michael Moore necesitaría ducharse y afeitarse más a menudo o a que, por más indie que quieras hacer parecer tu obra, no se puede ir a casa de una estrella como Charlton Heston con esa pinta de guarro.
No, no es el apartado estético lo que me deja mal sabor de boca.
Por otro lado, como documental, "Bowling for Columbine" es muy pero que muy correcto. La idea está clara. La denuncia es obvia: la crítica a ese sistema basado en el miedo pero alimentado por la hipocresía y la doble moral que condena la violencia pero que vende armas y municiones hasta en los kioscos. La idea la cogemos enseguida, a los diez minutos de documental, y se desarrolla bien, con ritmo, con entrevistas correctas, música cuidadosamente seleccionada, datos y estadísticas concretos y sin aburrir. La tragedia humana siempre conmociona.
¿Qué me falla, entonces?
Pues algo muy gordo. Precisamente Michael Moore.
Si bien su denuncia sociopolítica es más que loable, no lo es su manera de hacerla. En muchos, demasiados momentos, se busca el sensacionalismo y el efectismo. Se provoca malestar e incomodidad en el espectador a base de mostrarle a los políticos, los empresarios, a la ANR, a Charlton Heston y sus mítines, la desgarradora historia del niño negro de 6 años que mató a una compañera blanca de su clase con un revólver, la historia de la masacre del instituto Columbine, la lucha de sus supervivientes precisamente por sobrevivir. Pero Moore, siempre en el encuadre de la cámara, acapara protagonismo. Se luce como defensor de la causa. Consuela a la desconsolada profesora que le está contando la historia de la muerte de aquella niña cuando es él mismo quien le ha pedido que la reviva. Entra en la mansión de Heston y lo acribilla a preguntas capciosas, para rematar con el vomitivo golpe de efecto de enseñarle la foto de la niña fallecida por aquel disparo. Condena a una cadena de supermercados por vender las balas que mataron a tantos estudiantes, aunque no fuera el supermercado quien estuviera loco como una cabra y apretara el gatillo. Correcto que Heston no estuvo acertado al realizar aquellos mítines justo después de las tragedias, pero ¿es menos aprovechada la actitud de Moore, o valiéndose de la excusa de realizar la denuncia ha sacado una enorme tajada para su documental?
No sabría qué decir. Lo que sí está claro, y no porque nos lo diga el documental, es que las armas son un enorme problema en los Estados Unidos. Lo que también está claro es que "Bowling for Columbine" está impecablemente realizado para ganar premios y cosechar buenas críticas, y que, en el fondo, su ataque contra ese sistema hipócrita es muy admirable. Lo que no tengo tan claro, a la vista de lo frívolo y peliculero de ciertos comportamientos que se ven aquí, es que Michael Moore sea mucho mejor persona que Charlton Heston. Pero eso sí, es un director como la copa de un pino.

Abrazo Mortal (Max Kalmanowicz, 1980)

Una vez más, la traducción española de un título hace que una película pierda casi completamente su sentido. "Abrazo Mortal" suena más bien a telefilm erótico-violento de los que ponía Telecinco de madrugada. Pero el original "The Children" (simple y llanamente "Los Niños") ya da más cosica.
Pero ya metidos en materia, en esta película encontramos por enésima vez todos los tópicos recurrentes del terror suave de los ochenta. La acción transcurre en un pequeño pueblo adorable y bucólico, donde un sheriff y un ayudante son suficientes para mantener la ley. Pero el pueblo tiene una central nuclear, enemiga silenciosa de esta historia ambientada en plena época de pánico a lo radiactivo. Y he aquí que cuando un autobús escolar atraviesa una nube tóxica de gases radiactivos, los niños que viajan en él se convierten en una especie de zombies con las uñas negras que queman hasta la muerte de forma horrible (e intencionada) a todos los humanos que tocan. Así que el sheriff y uno de los padres de los niños se convertirán en la improvisada resistencia de esta mini-horda infantil de zombies atómicos quemagente, mientras que el pueblo va sucumbiendo ante ellos, pensando que son solo sus inocentes niños.
La idea y el desarrollo puede recordar un poco bastante a "El pueblo de los malditos", cambiando el elemento alienígena por el nuclear, y sobre todo el hecho de que estos niños no hacen nada, solo actúan durante una noche, y la verdad es que no son tan terribles como puede parecer. Te tienen que tocar para matarte, andan despacio, así que una vez sabes su secreto, no cuesta nada cargárselos o evitarlos. Pero bueno, nos hubiéramos quedado sin película a la media hora.
Lo peor de la película es que es demasiado lentita, demasiado sosa y que los niños, como decía, son muy poco amenazadores. La música se te hinca en el cerebro y te lo funde, y hace que se acentúe lo aburrido del argumento siendo tan repetitiva. No obstante, tiene algunos puntos admirables y algún giro que, de puro tonto, es divertido, como lo de cortarles las manos (y las consecuentes manos de maniquí que se ven por ahí, claro). Otras cosas son irritantemente tontas y forzadas, sobre todo la actitud de la pareja protagonista que pierde a todos sus hijos en un rato y parece que le da lo mismo. Pero el final, que se ve venir desde que la mujer se pone de parto, queda totalmente redondo en una cinta de este estilo y planteamiento, así que a esta peli sí que se le puede conceder el beneplácito de que esto, en los ochenta, era la manera habitual de hacer terror. Y parte de ese encanto siempre perdura.

Up (Pete Docter y Bob Peterson, 2009)

Todos sabemos que Pixar tiene un toque especial a la hora de hacer el cine de animación. Además de cuidar hasta extremos inauditos el aspecto estético y técnico de la película ofreciendo producciones animadas sin comparación, son capaces, además, de dotarlas de una sensibilidad y una emoción pocas veces vista. Y no es fácil lograr que un personaje irreal, creado en un estudio informático y animado por ordenador, transmita. Una cosa es provocar situaciones divertidas y otra muy distinta lograr que los personajes sean divertidos, que emocionen, que te olvides que estás viendo una película animada y te sumerjas en la aventura que están viviendo. Este es un aspecto que los niños, quizá el público mayoritario de Disney-Pixar, no saben ni tienen por qué valorar. Pero los adultos que vemos películas como esta, sí. Y sinceramente, te puede dejar anonadado.
No hablaré de la animación y el diseño, perfecto como comentaba. Ni de la preciosa paleta de colores que despliega la película en momentos como el despegue de la casa con esos miles de globos de helio. No hablaré tampoco de lo nostálgico y acertado de otorgarle al entrañable Carl ese evidentísimo parecido con Spencer Tracy, o al malo, Charles Muntz, con Kirk Douglas. No hablaré tampoco de la preciosa banda sonora que acompaña a toda la película y que te envuelve. Ni del divertidísimo explorador Russell o los secundarios perfectos, aunque sean animales (en especial los perros parlantes con los que te puedes partir de risa, porque si un perro hablara, seguro que hablaría así). Tampoco hablaré del ritmo perfecto de la película, con esa aventura fantástica y fantasiosa que va de una ciudad a un paraíso, que toca los más hermosos valores de la naturaleza humana, que deja avanzar a los personajes, especialmente al de Carl, por un registro de emociones que combina humor, drama, aventura, emoción, acción y entretenimiento a partes iguales, y que hace que nada de todo lo increíble te parezca fuera de lugar.
Y ya que no hablo de todo eso, no hablaré tampoco de los que, probablemente, sean los 20 minutos iniciales más bonitos que he visto jamás en una película. Y no matizo “de animación”. En cualquier película. Resumir 60 años de relación de esa pareja adorable, en una secuencia de 5 minutos, solo con música e imágenes que quitan el aliento y sin una sola palabra pronunciada, solo tiene un nombre: cine. Y con mayúsculas. Hasta a Chuck Norris se le haría un nudo en la garganta.
Así que mejor no hablar de “Up”. Lo que es un pecado, es no verla.

Project Vampire (Peter Flynn, 1993)

Sorprende que una película realizada en 1993 tenga una estética tan típica de los ochenta, con ese tufillo constante a videoclip de los A-ha o los Spandau Ballet. Parece como si la cinta se hubiera rodado en los ochenta y hubiera permanecido, como el vino, durante sus buenos diez años envejeciendo para ser presentada después. Lo que pasa es que el vino tiende a mejorar con los años, y esta película… pues como que no.
La historia es bastante inverosímil pero divertida en su cutre-esencia. Trata sobre un vampiro que pretende convertir a la humanidad en no-muertos distribuyendo un suero (supuestamente para alargar la vida) que convierte en vampiro a quien se lo inyecta. Con otro suero, además, los vampiros logran exponerse a la luz del sol, como moderna precursora de la idea de “Blade” (que parece mentira que se estrenara solo 5 años después de ésta, porque parece que las separen dos décadas). En medio del meollo, el héroe y la heroína de turno, ayudados por un científico (y por su increíble arsenal de ordenadores del año de la catapún pero ¡que responden a cualquier pregunta que se les formule!), tendrán que infiltrarse en la guarida del vampiro, detener sus planes, y cepillárselo sin causar bajas, matar a casi nadie, y con la sangre y violencia justa.
No diré que la peli no es entretenidilla, porque sería mentir. Pero es mala, cutre para la época, infantil por momentos, con personajes que rozan lo ridículo, en especial el malvadísimo vampiro Klaus que no mata a nadie ni hace nada más que hablar y salir vestido como Raphael. Además, el final feliz con los tres amigos marchándose abrazaditos es para mear y no echar gota. No se entiende que una película de este calado se considere dentro del género de terror, porque bien podría ser una comedia familiar. Daba más miedo “Una pandilla alucinante”, en serio. Pero en fin, supongo que podríamos decir eso de que en los ochenta todo valía, concederle el beneplácito del encanto ochentero… ¡Pero qué leches! ¡Si se hizo en 1993!
PD: Del amigo Peter Flynn, el director de... de esto, nunca más se supo. Que cada cual piense en el por qué.

La venganza de los zombies vivientes (S. William Hinzman, 1988)

Madre mía, qué marcha llevo. Tras el visionado de "Rats" pretendía recurrir al infalible cine de zombies de los ochenta para divertirme con ese gore tan artesano, aquellas interpretaciones tan marcadas y ese tufillo a buen cine malo que tanto me gusta. Tiré de la reserva de mi disco duro y me apareció un título increíblemente sugerente que no recordaba haber visto: "La venganza de los zombies vivientes." Vale, de primeras está claro que "zombies vivientes" es algo redundante, teniendo en cuenta que la palabra zombie ya designa a un cadáver reanimado. Pero bueno, con toda mi esperanza me puse la película.
Lo único que hace que esta cinta no sea aún peor que "Rats" es que tiene 22 años a cuestas. El argumento es sencillo pero correcto de acuerdo a los estándares de zombies. Trata sobre un granjero que desentierra accidentalmente a un zombie enterrado bajo una inscripción amenazadora, justo la noche en la que un grupo de jóvenes acuden al bosque a acampar, a lo "Viernes 13", y además precisamente en la noche de Halloween (o "jalouín", como dice el vergonzoso doblaje del que luego hablaré). El zombie en cuestión resulta ser uno de los de la mítica película de George Romero, con lo que esta basura pretende ir de pseudo-secuela o algo así. Y hasta podría compararse el zombie protagonista con el mítico Abbott Hayes de "Los hijos de los muertos vivientes", si me apuras a rizar el rizo.
Poco más. Todo lo demás es una constante de ataques de zombies no demasiado mal maquillados, con cuatro escenas gore no mal hechas, aunque cantan, pero de esas con encanto. No llegan al nivel de la época de Tom Savini, pero están decentes. Lo inaudito es que todos, pero todos los actores son malísimos, pero malos hasta decir basta. No actúan, recitan. Y el doblaje es una vergüenza que aún acentúa lo malo de los actores. No hay emociones en las voces, da igual que una esté follando que que se la estén comiendo viva, el tono de las voces es monocorde. Luego, los zombies parecen inteligentes, usan herramientas, se esconden, hasta emboscan a los protagonistas rodeándoles por varias puertas de una casa. Una mierda, vamos. Y luego está el apartado "adulto". Jamás había visto en una cinta de este estilo tanta ración gratuita y sin sentido de tetas, choteras y escenas que parecen preludios de una porno. La música, además, te taladra el cerebro, siempre es la misma tonaleta de piano repetida una y otra vez, y cuando se acaba y das gracias a Dios por el fin de tu tortura, vuelta a empezar. Además, la mayoría de las escenas sobran, al resto le sobran minutos, el director se regodea en conversaciones y planos que no aportan nada, estira el metraje haciéndolo aburrido hasta el sucidio. Y los últimos veinte minutos son UN PLAGIO ABSOLUTO de "La noche de los muertos vivientes", sobre todo la salida de los dos supervivientes de la casa y cómo les vuelan la cabeza.
Ya os digo, estoy en estado de shock. Esta película es increíblemente mala, increíblemente aburrida, increíblemente burda... Me parece que voy a tener que dejar de ver cine durante una temporada, que no estoy acertado.

Rats (Tibor Takács, 2003)

Cuentan que Ed Wood, considerado el peor director de la historia, pronunció orgulloso durante la premiere de su película "Plan 9 From Outer Space" unas palabras que han pasado a la posteridad: "Esta es. Esta es por la que seré recordado." Y no se equivocaba. Aquella película sobre alienígenas ecologistas que transformaban a las personas en zombies se convirtió en la peor película de todos los tiempos.
Bueno, pues ya va siendo hora de revisar el ranking.
Amigos, los pocos de vosotros que leeis este blog regularmente, sabréis de sobra que me encanta el cine. Disfruto a distintos niveles con una obra maestra de Clint Eastwood o con una muestra de serie B ochentera. Y además, siento especial predilección por el terror chusco y el fantástico, géneros que siempre me han dejado ratos de diversión. Y lo he dicho muchas veces ya, tantas que quizá su significado sea ya un poco borroso, pero es que esta, esta es la peor película que nunca he visto. El argumento no tiene ni pies ni cabeza, la premisa para meter a la periodista en un psiquiátrico es tan tonta que ofende, los secundarios y diálogos que encontramos dentro tendrían que entrenar para llegar a penosos, y hasta el pobre Ron Perlman (Hellboy, sí) se humilla saliendo en otra basura de este calibre, con lo que me confirma que no debe saber leer, y acepta todos los guiones según le van llegando.
Pero si los protagonistas son ridículos y de la dirección del amigo Takács mejor no hablamos, (conceptos como montaje o dirección de actores le son totalmente desconocidos) lo mejor de la película son sus efectos especiales. Las ratas de esta película son la terapia definitiva contra la tristeza. ¿Tu vida va mal, tienes problemas, crees que el mundo es un lugar inhóspito y te sientes deprimido? Pues te pones "Rats", ves el primer ataque de las ratas a un paciente, y tus problemas desapareceran nada más ver a esos roedores realizados con un programa de animación de los que cualquiera puede bajarse de Softonic, y diseñadas y animadas por alguien que, salta a la vista, ni siquiera se ha leído el tutorial para manejarlo. Pero tranquilo, porque si tu depresión es severa, de las de "todos me odian y me quiero morir", recuperarás la armonía con el cosmos en tal que veas a la SUPER-RATA. Otro pedazo de gráfico CGI que no puede estar peor hecho, peor animado, peor insertado, peor movido, y ser más indignantemente penoso. Todo lo que se diga es poco. Hay que verlo para creerlo.
Así que supongo que, en 2003, cuando Takács viera publicada su película "Rats" en las estanterías de los videoclubes, sonreiría complacido mientras pensaba: "Esta es. Esta es por la que seré recordado."
Y qué razón tiene, el muy hijo de...

Blacula (William Crain, 1972)

Qué grande. Qué grande, por Dios. La blaxploitation, ese movimiento de cine protagonizado por negros y acompañado de música psicodélica, ropa chillona y más pelo afro que en el anuncio del 11811, dejó auténticos mitos como este que nos ocupa. Solo el título ya es la bomba: "Blacula". Digno de Ed Wood, cuando quiso convencer a una productora de rodar una película llamada "Dr. Ácula". Mítico, vamos.
Solo el comienzo de la película ya es brutal. La conversación entre ese Drácula vestido de torero y nuestro protagonista no tiene desperdicio. Igual que tampoco tiene desperdicio cómo el vampiro convierte al "príncipe del continente negro". Vemos a la horda de no muertos de Drácula, con la cara pintada de azul y una estética cutre realmente encantadora. En los setenta, estas cosas se hacían a propósito, era lo normal, la gente vestía así, la música de negros era esa. Y hablando de la música, tras el abrumador comienzo empieza a sonar el típico funky de negros mientras vemos los créditos en blanco y negro y muy a lo Warhol, como tiene que ser. Después la acción se traslada ya a los setenta, cuando dos personajes compran el viejo castillo de Drácula y acaban siendo responsables de despertar a Blacula. Pero ojo con los dos personajes, un negro con el pelo más afro que he visto en mi vida y un rubio a lo Lauren Postigo, los dos más homosexuales que Freddy Mercury.
A partir de ahí, con Blacula suelto, podemos imaginarnos el rollo. Como un Shaft con colmillos y patillas, el Príncipe de las Tinieblas se pasea por la ciudad y va dejando vampiros azulados a su paso a ritmo de sintetizador. La película se hace entretenida y muy entretenida precisamente por su cutrez, por ese aire de estar hecha tan en serio y, al mismo tiempo, ser tan ridícula sin quererlo. Solo hay que hacer una comparación: "Un vampiro suelto en Brooklyn", de Eddie Murphy. Misma idea (vampiro negro), época distinta. Resultado: una basura. Pero "Blacula", por su época, su contexto, su vestuario, su banda sonora y su nada disimulado estatus de serie B, es un encanto de película.

Leaving Las Vegas (Mike Figgis, 1995)

Con el tiempo, Nicolas Cage nos ha convencido a todos de que no es un buen actor. Pero en esta película, en este papel concreto, su habitual tendencia a la sobreactuación sirvió para enfatizar todavía más ese constante estado de embriaguez de su personaje. Aunque también dicen que se bebió hasta el agua de los floreros para ir siempre algo cocido, pero da lo mismo. El caso es que la implicación de Cage con su papel fue total, y su personificación de ese amargado guionista alcohólico que decide suicidarse de la mejor manera que se le ocurre, le hicieron merecedor de un Oscar y del reconocimiento como actor del que hoy en día ya no es digno. Que no se puede vivir siempre de glorias pasadas.
La desgarradora y visceral historia de amor entre Ben y Sera es una magnífica expresión del más profundo deseo del ser humano de amar y ser amado. Dos personajes tan desgraciados y trágicos como ellos, un alcohólico suicida con la vida destrozada y una prostituta maltratada que no conoce otra vida más que sexo y palizas, encontrarán el uno en el otro justo lo que necesitan. Su romance es breve e intenso, sin compromiso, porque ambos tendrán claro cuál es su destino una vez que todo acabe, aunque por un momento pensemos (y ellos también) que puede haber algo más, todo está sentenciado desde el principio. No hay final feliz, tan solo final. La espiral autodestructiva de Ben no termina hasta que no queda nada que consumir a base de alcohol, y la breve felicidad de Sera termina con él.
Hay que reconocerle a Mike Figgis su mérito al crear esa atmósfera decadente alrededor de los tres simples personajes que protagonizan el reparto, porque no hay que olvidar, aparte de Nicolas Cage y Elisabeth Shue, a un estupendo Julian Sands como el proxeneta de Sera. Figgis mueve la cámara de forma ebria, acorde con la historia, nos muestra Las Vegas de noche, donde todo no es juego y luces, y vemos en Ben y Sera la cara más sucia y oculta de ese mundo de ensueño. Y todo a ritmo de Police con la voz de Sting acompañando los planos, dándole un tono muy personal a todo lo que vemos. Sin duda una gran película que no deja indiferente y que perdura en la memoria. No es Romeo y Julieta, pero quien puede negar que la de Ben y Sera no sea una preciosa historia de amor.

Ricochet (Russell Mulcahy, 1992)

Denzel Washington, el actor de moda de los noventa, se puso en esta película en la piel de un policía que ve impulsada su carrera gracias a la detención de Earl Talbot, un peligroso criminal interpretado por John Lithgow. En prisión, el malo de turno centrará sus años en tramar una maquiavélica venganza contra su captor, que va ascendiendo hasta convertirse en fiscal y postularse para alcalde. Pero cuando el criminal se fuga, empiezan los problemas. El bueno de Denzel se verá implicado con pornografía infantil, en malversación de fondos públicos, escándalos con prostitutas y drogas, y perderá el apoyo de su familia, amigos y compañeros. Nadie le creerá cuando afirme que Talbot sigue vivo y que le está puteando. Así que Denzel recurrirá a sus viejos colegas del barrio para tramar un plan en el que capturar al malo y limpiar su nombre.
Lo primero, es que la historia es buena, todo lo buena que puede escribir un tipo como Steven E. de Souza, quien después dirigiría el gran ñordo que fue "Street Fighter: la última batalla", que quizá algún día comente. Pero la dirección falla en la manera de llevarla. En muchos momentos, el personaje de Denzel parece un payaso prepotente, y el de Talbot una especie de lunático estúpidamente obsesionado (y hasta acompañado por el sobrante personaje lameculos que va a su rueda toda la película). Especialmente sonrojante es la pelea de "gladiadores" en prisión. ¿De dónde sacan las guías de teléfono y las lanzas? ¿Lanzas, en una cárcel? ¿Y los guardias? O peor aún, ¿cómo hacen una vista de libertad condicional para un tío que ha matado a otro preso con una lanza?
Tampoco es que Washington firme su mejor papel, sino que aprovechó para intepretar a un héroe de acción de los que estaban tan de moda. No lo hace mal, pero tampoco hay mucho para lucirse, y menos teniendo aún calentita en aquel momento "Malcolm X". Además, la escena en la que se resuelve el duelo entre héroe y villano también es bastante inverosímil y típica. Pero bueno, como película de acción no está mal del todo. Poco más se puede decir de esta película de usar y tirar.

Henry, retrato de un asesino (John McNaughton, 1986)

Película que se inspira en la vida y obra del asesino en serie Henry Lee Lucas y su compañero Ottis. Aunque de forma libre, porque lo que muestra la película no tiene demasiado que ver con los auténticos hechos de esta prolífica pareja de asesinos, violadores, descuartizadores y hasta caníbales.
La película presenta a Henry como un tipo aparentemente apacible que mata en tal que se le antoja, que es bastante a menudo. Ya se menciona que mató a su propia madre y que fue puesto en libertad, hecho que es verídico. Lo que no es cierto es que fuera él quien introdujera a Ottis en el mundo del crimen, porque el amigo Ottis ya venía tarado de serie, y juntos se convirtieron en lo peor que podía ocurrirle a nadie durante los muchos años que permanecieron sueltos en sus andanzas homicidas, sádicas y depravadas.
En la película, el personaje de la hermana de Ottis parece apaciguar a Henry, y de hecho se convierte en eje de la espiral destructiva de la relación de los dos "amigos", hasta el punto que Henry acaba matando a Ottis (aunque después también a la chica, demostrando que solo se preocupa por él mismo). Esto tampoco es fiel a la historia real de Henry, porque lo presenta como alguien incluso con cierto atisbo de algo parecido a la humanidad, y nada más lejos de la realidad.
De todas maneras, la película tiene algunas imágenes fuertes para la época, y la mítica escena del asesinato con el televisor, escena que incluso es objeto de culto de los chicos de "Historias del Kronen". No obstante, a mí me parece una película algo aburrida, poco creíble, pero bien sustentada por la actuación principal de Michael Rooker y por una atmósfera sucia, decadente y malsana. Otras biopics sobre asesinos en serie me parecen mucho más acertadas en el contenido y mucho mejores en la puesta en escena, aunque esta sea, sin duda, todo un retrato de cómo funcionan esta clase de psicópatas que matan por el puro placer de hacer daño a otro ser humano para saciar sus instintos.

La huérfana (Jaume Collet-Serra, 2009)

Reticente, vi esta película pensando que iba a ser la típica de terror que se aprovecha de tener un niño en pantalla. Pero me equivocaba. Esto ni siquiera es una película de terror, dicho esto para bien. Porque esta es una magnífica película de suspense en la que su joven protagonista, Isabelle Fuhrman, da una lección de interpretación de las de tomar nota.
La historia gira en torno a un matrimonio acomodado que, pese a tener dos hijos y tras la pérdida de un recién nacido, adopta a una niña de 12 años, Esther. Al principio, Esther es la viva imagen del encanto. Es inteligente, educada, incluso hasta el punto de resultar extraño para tener esa edad. De forma estupenda, sin necesidad de sustos ni obvios planos de cámara, la propia atmósfera de la película se va volviendo inquietante, girando en torno a esa niña que oculta algo malvado bajo su angelical comportamiento. Sin prisa, de forma pausada, el metraje va revelando la naturaleza manipuladora y violenta de Esther, que embauca a los niños, se gana a los mayores, y elimina a quien no le conviene. Y su nueva madre adoptiva la cala, investiga sobre ella y da con su misterioso pasado, con lo que se convierte en un objetivo a eliminar.
Insisto en que la interpretación de Isabelle Fuhrman es de categoría. Cambia de niña buena a hija de la grandísima en cuestión de un instante, inquieta con sus miradas adultas y asesinas, con sus dulces palabras que encierran tanta mala fe. El giro final, además, no tiene nada de típico y sorprende realmente. Lo fácil habría sido atribuir la actitud de la niña a una posesión o inventarse cualquier pretexto sobrenatural, pero la película se va por otros derroteros y todo encaja de maravilla. Aunque al final derive a un último cuarto de hora demasiado típico, con enfrentamiento entre la madre y la niña, con una muerte absurda de por medio, y hasta con típica frase muere, monstruo, muere, en esta ocasión una nada desdeñable: "yo no soy tu jodida madre".
En definitiva, tras una correcta y entretenida "La casa de cera", Jaume Collet-Serra desarrolla en su segundo largo de terror una estupenda y historia que me dio mucho más de lo que esperaba, y que no puedo dejar de recomendar.

Náufrago (Robert Zemeckis, 2000)

Pasarse más de una hora solo ante la cámara, en una isla desierta, vestido con un taparrabos y hablando con una pelota, no es algo que todos los actores puedan hacer. Tom Hanks sí. Y tampoco es sencillo para un director otorgarle el ritmo y la concatenación que una historia tan sencilla y, a la vez, tan difícil necesita. Pero Robert Zemeckis sí supo cómo. Y esa es básicamente la historia de esta película. La historia de un ejecutivo de FedEx que acaba náufrago en una isla tropical con casi ningún recurso a su alcance, incapaz de salir por culpa de las fuertes corrientes que la rodean, y que verá como su atareada vida que giraba en torno a un reloj, pasará a girar en torno a otro mucho más pequeño y significativo: el reloj en el que lleva la foto de su prometida.
Hay que alabar el ejercicio interpretativo de Hanks, a quien no se le concedió el Oscar por esos chanchullos que se hacen en Hollywood en esta época en la que los premios también los dicta el amiguismo y las deudas de años anteriores. Hanks está arrebatador, desgarrador por momentos. 5 años y 20 kilos menos después de su naufragio, su personaje es una especie de Robinson amargado con aspecto de ermitaño y amigo de su fiel balón Wilson. La escena en la que, finalmente, el pobre naúfrago pierde a Wilson, emociona como pocas, y eso que parece que solo asistimos a cómo una pelota se pierde en el mar, pero lo que asistimos al momento en el que un hombre se queda completamente solo sin lo único que le separaba casi de la locura. Para mí, la parte en la ciudad decae un poco, porque la presencia de otros actores casi me incomoda ante el magnífico trabajo de Hanks, pero Helen Hunt también está increíble, y la historia de amor truncado entre los dos es llevada de una manera elegante, creíble y coherente. El simbólico final, con esa encrucijada de caminos, igual que en la primera escena, vuelve a poner a nuestro maltratado personaje en el camino de la vida, un camino de elecciones, de decisiones y de final incierto. Pero tras dos horas y pico y todo lo que hemos visto pasar al pobre náufrago, ese final aparentemente triste es, en realidad, un esperanzador comienzo.

Drácula (Terence Fisher, 1958)

La Hammer, esa mítica productora de terror que dejó docenas de títulos entre los 50 y los 70, presenta aquí su versión del archiconocido personaje de Bram Stoker en una versión bastante libre del libro, con un Drácula mucho más impactante que el de Lugosi, y con el añadido de ese coloreado añejo, esa sangre roja de Titanlux, y esos impresionantes decorados baratos de interiores, mansiones, tabernas, castillos, y un vestuario de época fuera de serie. Con tales elementos, la estética de la película ya te atrapa desde el principio, transportándote al mismo tiempo a Transilvania y a los años 50, mientras que te va presentando a esos personajes con una actuación tan típica de la época, tan cargada de gestos, de diálogos tan sincopados. No tarda en hacer su aparición el apabullante Christopher Lee, que con su altura, su presencia, sus colmillos de pega y su impresionante mirada, transformó al aristocrático y casi inofensivo Drácula de Lugosi en un vampiro agresivo, físico, más malvado y sanguinario. Su enemigo natural, por supuesto el Dr. Van Helsing, es encarnado por el otro rostro de la Hammer, el no menos mítico Peter Cushing, que se especializó en luchar contra vampiros, hombres lobo y toda clase de monstruos sobrenaturales en un sinfín de películas. Su interpretación también es soberbia, y el duelo entre Van Helsing y Drácula en el clímax de la película es de los que se quedan en la memoria.
Evidentemente nadie espera ver esta película hoy en día y pasar miedo, pero del mismo modo que nadie esperaría ver efectos CGI en "El acorazado Potemkin". Esto es lo que es, y hay que verla conforme fue concebida. Y no cabe duda que la factura de la película es impecable para los medios de 1958, y que su aspecto transmite un sabor nostálgico que le suma muchos puntos. Juntando eso con el carisma arrebatador del tándem formado por Lee y Cushing, nos encontramos ante una pequeña obra maestra y una de las más memorables adaptaciones del mito de Drácula.

Historias del Kronen (Montxo Armendáriz, 1995)

Película casi de obligado visionado para todos los que asistíamos a clase de Ética en el instituto en los noventa. Y es que las historias de esa cervecería llamada Kronen, son un retrato de la decadencia de la juventud moderna sin valores, principios, y con la cabeza llena de nada.
Juan Diego Botto y Jordi Mollá encabezan un reparto de actores jóvenes casi todos bien conocidos hoy en día, aunque todos bastante maletes, para qué mentir. El personaje de Botto es un repelente niñato de papá obsesionado con su particular carpe diem, que consiste en follar, drogarse y hacer el gilipollas todo lo que pueda, aunque eso... mejor dicho, siempre que eso implique poner en peligro a sus amigos, que de amigos tienen bien poco, como buen parásito que es. Marrullero y ridículo, como todos los pijos que van de rebeldes, pretende soltar filosofadas entre cubata, raya y polvo, dejando perlas como "el mañana no existe", base de su particular nihilismo financiado por papá y mamá.
Así, entre fiestas noche tras noche, algunos momentos de absurdo (como la escena de conducción temeraria, totalmente ridícula, o cuando le informan de la muerte de su abuelo con una nota), la película pretende plasmar a esa juventud desmotivada y sin más preocupación que seguir poniéndose hasta las cejas. Y por momentos lo consigue, pero solo por momentos. Resulta muy curioso también la relación entre los dos protagonistas, con el personaje de Mollá siendo tan evidentemente homosexual y enamorado del de Botto. No sorprende la escena final en la que el vicioso de Botto masturba a su amigo, no porque también sea homosexual, sino por su afán de seguir probando todo tipo de experiencias (incluso le tira a su propia hermana, interpretada por Cayetana Gillén Cuervo, en una escena que termina de dejarte claro qué clase de persona es).
El final, por supuesto, es de lo que más se queda en la memoria. Al final, como en la vida misma, acaban pagando los más mansos, que nunca heredan la Tierra, sino que acaban bajo ella. Pero aún con el inevitable límite de ser cine español, y pese a la lacra de esos muchos momentos tontos vistos hoy en día, "Historias del Kronen" es una de esas películas que hay que ver y juzgar por uno mismo, que no te la cuenten.

Los Otros (Alejandro Amenábar, 2001)

Cuenta la leyenda que Alejandro Amenábar juró y perjuró haber escrito el guión de "Los Otros" antes de que se estrenara aquella otra película llamada "El sexto sentido", con la que su guión "original" guarda muchísima semejanza en un aspecto crucial. Bien es cierto que la coincidencia de su final con dicha cinta de M. Night Shyamalan (muy superior a ésta en casi todos los aspectos) tampoco deslució el resultado final, y es que, en un conjunto, "Los Otros" es una película cinematográficamente casi perfecta.
Cabe destacar la sobriedad de la puesta en escena, casi toda en esa enorme y lóbrega mansión perdida en medio de la nada, siempre oculta del sol tras enormes cortinas. Dicha atmósfera ya crea un clima de inquietud que se mantiene durante todo el metraje, metraje durante el que Amenábar hace un excelente uso de la cámara, de la música y de una excelente dirección de los escasos actores que aparecen. Nicole Kidman realiza una brillante interpretación, en el papel de esa madre protectora, disciplinada y luchadora como pocas. Un papel complicado y lleno de estados de ánimo muy diferentes, necesitado de una excelente gestualidad y de gran expresividad de miradas, algo en lo que otras actrices menores hubieran caído en la sobreactuación.
Los secundarios, pocos, cumplen con su cometido. Los niños realizan un buen papel, y los sirvientes, esos tres típicos "personajes información" que toda cinta de este género necesita, también están notables. También el ritmo tranquilo es alterado de tanto en tanto con escenas en las que la tensión está bastante conseguida (aunque nunca se pasa auténtico miedo y se abusa un poco de golpes de sonido como en la serie B barata), y el final, de no haber sido por la existencia de "El sexto sentido", hubiera resultado muy sorprendente.
¿Qué falla entonces en esta película? Pues supongo que yo y mi percepción del cine español, y de Amenábar en concreto, un director que me gustó en su tesis, me encantó cuando me obligó a abrir los ojos, y que en esta cinta parece rendirse a las mieles de Hollywood, al servicio de Tom Cruise, que le compró los derechos de su segundo largo para convertirlo en "Vanilla Sky", y hasta le prestó a su esposa de por aquel entonces para protagonizar la película que nos ocupa. Supongo que será por criterios personales, pero todo esto, unido a mi convicción de que Amenábar quiso tirar del rebufo del magnífico film de Shyamalan, hacen que "Los Otros", pese a ser una buena película de impecable factura, me parezca totalmente prescindible si ya has visto la historia de Shyamalan, alguien con mucho más gancho para contar historias.

El rey Arturo (Antoine Fuqua, 2004)

Otra de esas películas épicas que me resistí a ver en cines y que, durante bastante tiempo, me he resistido también a ver en mi casa. Y ahora comprendo por qué. "El rey Arturo" no aporta gran cosa a un género al que títulos como "Gladiator" o "Braveheart" ya elevaron a su máxima potencia. Y tras aquellos títulos que ya son historia del cine, se encontraban monstruos de la dirección como Ridley Scott o Mel Gibson, y actores como el propio Gibson (en el mejor momento de su carrera) o el siempre correcto Russell Crowe. Esta estirada producción está rodada con intención de parecer épica, y la historia que cuenta podría haber sido épica en tanto que narra una leyenda como la del rey Arturo y sus caballeros de la Tabla Redonda, el mítico Lancelot, la bella y valiente Ginebra, el mago Merlín, la gloriosa espada Excalibur... Pero ni la dirección ni los protagonistas están a la altura de las expectativas. Y además, si "Gladiator" logró combinar la épica de los gladiadores, la historia de Máximo y su batalla personal contra el malvado Cómodo, y convertir una lección de historia en una película, además, totalmente comercial, en "El rey Arturo" parece primar solo la última parte: la de hacerla comercial. No en vano solo hay que ver que Jerry Bruckheimer firma la producción, y el nombre de este personaje siempre es marca de películas taquilleras, llenas de acción y aventuras, pero no precisamente de buenas historias.
Pero para no ser solo crítico y duro con esta película, reconoceré precisamente su buen hacer en ese aspecto. Durante casi dos horas y media, la historia nada mágica de aquel ser humano real que fue Arturo, y la de sus caballeros al servicio de la fe romana, resulta entretenida y da pie a buenas batallas, buenas escenas, preciosos paisajes, acción de espadas... pero también a diálogos que, de tan épicos que pretenden, se quedan en vacíos, y de una historia de fondo que no emociona como la de aquel escocés que enseñaba el culo a los enemigos o aquel soldado emeritense que se convirtió en gladiador. Entretenimiento vacío, simple y llano.

Cadena Perpetua (Frank Darabont, 1994)

Un relato corto de Stephen King se convierte, como el que no quiere la cosa, en una de las mejores películas carcelarias de la historia, si no la mejor. Desde el primer momento la historia de Andy Dufresne (Tim Robbins en su mejor papel), ese banquero buenazo e inteligente, se clava en tu corazón, y le acompañas en su injusto encierro en los muros de Shawshank. Recorres con él el patio de la cárcel en la que todos los días son iguales, y en la que conoce a su peculiar grupo de amigos, entre los que destacará Red (Morgan Freeman también en su mejor papel), el contrabandista de la trena, otro buen hombre que continúa pagando por los errores de un pasado que queda ya muy atrás. En el bando contrario encontramos a personajes tan horribles como creíbles, desde el grupo de violadores y maleantes conocidos como "las hermanas", al capitán de los guardias que es capaz de matar a cualquiera a golpes de porra solo por hablar sin que le toque, y sobre todo al corrupto y despreciable alcaide que encontrará en el inteligentísimo banquero Andy todo un filón caído del cielo.
Con pulso firme, ritmo perfecto y estupenda dirección de un Frank Darabont en estado de gracia, los minutos de metraje se convierten en años para Andy, Red y los demás, cargados de drama, de humor, de amistad, de supervivencia, de historias. Asistimos a momentos memorables, como la vez en la que Andy, jugándose la vida, logra que el capitán invite a él y sus amigos a unas cervezas a cambio de sus servicios como asesor. También se queda en nuestra retina la historia de Brooks, ese pobre viejo institucionalizado que sale de prisión tras 50 años y que hace en el exterior lo único que le quedaba por hacer. Y, sobre todo, el clímax de la película cuando Andy se esfuma y se revela su plan, arrancado 19 años atrás. La salida de Andy por el tubo de desagüe puede que sea una de las escenas más estremecedoras del cine moderno, inolvidable.
Pero si algo enseña esta película, es lo hermoso de la amistad que dos hombres, Red y Andy, hacen en sus dos décadas juntos. Una amistad que culmina tras la fuga de Andy y la libertad condicional de Red, en ese abrazo de los dos amigos en una playa mexicana, mientras la cámara se aleja hacia el cielo dejándolos solos en la intimidad del momento. Un momento en el que casi crees que los años que le fueron robados a Andy y todo su camino de amargura tienen su justa compensación, porque los buenos acaban bien, y los malos son castigados. Y puede que la vida no sea siempre así, pero en esta película logran convertir las emociones en imágenes que emocionan, y eso, señores, es una obra maestra con mayúsculas.

En los límites de la realidad (Joe Dante, John Landis, George Miller, Steven Spielberg, 1983)

La más mítica serie de ciencia ficción de todos los tiempos recibió en los ochenta este merecido homenaje en forma de película. Cuatro de los directores más emblemáticos del momento y confesos devotos de la serie, aceptaron dirigir cada uno de los cuatro cortes en los que se dividió la cinta (muy al estilo "Creepshow").
John Landis arranca con una pequeña pero tremendísima introducción con Dan Aykroyd convertido en un repentino zombie o demonio en una secuencia inolvidable. Después, el propio Landis dirige la primera historia, de fuerte carácter moralista, que trata sobre un hombre racista que se verá saltando en el tiempo y poniéndose en la piel de sus odiados negros, judíos y amarillos. Este segmento es tristemente célebre por el accidente en el que el actor protagonista falleció durante el rodaje al ser decapitado por un helicóptero, lo que obligó a reestructurar el final de la historia.
La segunda corre a cargo de Steven Spielberg, y es, sin duda, la más aburridilla. Apenas sucede nada, tiene un toque demasiado infantil y un final demasiado feliz, aunque quizá es esta la principal característica que diferenciaba la serie de, por ejemplo, "Creepshow" o "Historias de la cripta": que no necesariamente debía terminar siempre mal. No obstante, la aventura de los abuelos que recuperan su juventud no despierta demasiado interés.
La tercera, de Joe Dante, podría haber sido la más floja e infantil por su tema, pero el planteamiento la vuelve inquietante a veces. No obstante, el elenco de secundarios y lo ridículo de ciertas situaciones le quitan mucha tensión, y el producto final, aunque curioso, queda un poco tópico y descafeinado.
Pero la cuarta otorga a la cinta, como conjunto, una fuerza demoledora. Trata de la historia de un pasajero de un avión con pánico a volar. Pero hay más: el pobre desdichado ve por su ventanilla cómo un duende, un gremlin, un demonio, o lo que quiera que sea, está destrozando los motores y va a precipitar el avión hacia un accidente. Tremenda la atmósfera de opresión, de locura, de surrealismo, de claustrofobia, y acertadísimo el final. Sin duda solo por esta historia (y por la genial interpretación de John Lithgow), merece la pena el visionado de la película.
En conjunto, la película no es tal cosa, sino un recopilatorio de cuatro historias, unas mejores y otras peores, con el nexo común de la voz del narrador y el peculiar estilo de la mítica serie. Si vale la pena verla, solo es por nostalgia de aquélla y, por supuesto, por su cuarta historia y su prólogo.