Karate Kid (John G. Avildsen, 1984)

Con una historia mítica y tópica a partes iguales, un guión ochentero a más no poder, y un argumento que gira en torno a superar los problemas enfrentándose a ellos sin violencia y al poder de la amistad, puede que esta película pariera un género desde el momento en que se creó. No exagero, este es uno de los títulos clave de los años ochenta y, aún hoy por hoy, todo un clásico contemporáneo que agradece ser revisitado de cuando en cuando.
Ya conocemos todos la historia. El pobre Daniel Larusso que se muda a Los Angeles y los matones del lugar empiezan a usarlo de sparring. Hasta que aparece ese anciano japonés, menudo y divertido, que decide enseñar a Daniel karate para que demuestre, en un torneo (el único sitio válido para emplear el karate, que jamás debe usarse como ataque), que tiene agallas.
Esta simplísima historia sirve para desarrollar una de las más bonitas relaciones maestro-alumno, casi padre-hijo, que ha conocido el cine. El entrañable Pat Morita forma parte de la historia del séptimo arte gracias a su sabio y cachondo Sr. Miyagi. Histórico ya es el "dar cera, pulir cera" con el que enseña a un alucinado Daniel a defenderse de los golpes. No menos histórica es la patada de la grulla, que todos los chiquillos de mi época imitamos, y el que diga que no es un mentiroso. Todo un momentazo de la historia del cine cuando Daniel, medio cojo, se planta en esa aparentemente ridícula postura y, ante la mirada de su maestro y mejor amigo, asesta el golpe ganador.
Otro punto a destacar es la estupenda banda sonora, que acompaña y engrandece la película, en especial las secuencias de entrenamiento de Daniel y el torneo final. La dirección de Avildsen, ya curtido en una cinta deportiva sobre superación tan mítica también como lo fue "Rocky", es estupenda. Y tanto Ralph Macchio como Pat Morita están estupendos en sus papeles. En fin, supongo que se nota que crecí en los ochenta y que esta es una de las películas de mi infancia, pero es que, aparte de eso, es una muy buena película con tremendos valores y momentos que ponen los pelos de punta de emoción. Miedo me da el inminente remake con Jackie Chan y el hijo de Will Smith, porque "Karate Kid" son palabras mayores para toda una generación. Y con eso no se juega.

Un pueblo llamado Dante's Peak (Roger Donaldson, 1996)

A finales de los noventa, el cine de catástrofes sufrió un pequeño gran boom de títulos. Las productoras y los directores se empeñaban en mostrarnos el poder destructivo de la naturaleza, y los más osados se atrevían incluso a plantear un desastre tal que se cepillara a la humanidad entera. Entre las varias cintas de este estilo que proliferaron ("Volcano", "Twister","Deep Impact"...), ésta cumple con todos los requisitos del género. Tenemos en ella una relación amorosa entre los dos protagonistas, ambos actores de prestigio (Pierce Brosnan y Linda Hamilton); tenemos a ambos protagonistas con relaciones pasadas traumáticamente terminadas; tenemos secundarios de todo tipo, desde el graciosete, al jefe que no cree pero que luego tiene que dar la razón, o a una superabuela; tenemos a dos niños para dar el toque de preocupación paternalista a lo "Jurassic Park"; tenemos incluso a un perro, que protagoniza una escena antológica; y todo esto, enmarcado en un bucólico pueblecito que se verá en medio de una erupción volcánica de cagarse por la pata abajo -aunque a quién se le ocurre vivir en un pueblo que se llama El Pico de Dante-, con nuestro amigo James Bond como héroe de turno (y quien no sepa que los vulcanólogos son expertos conductores, montañistas, supervivientes y osados, es porque es un ignorante, lo sabe todo el mundo). La historia es entretenida, y al contrario que en otras producciones del estilo, los diálogos y situaciones no son demasiado sonrojantes. Por supuesto hay fanfarronadas increíbles, desde la supercamioneta que resiste avanzando solo con las llantas sobre un río de lava, la abuela que soporta agua transformada en ácido para empujar la barca unos diez centímetros (se ve que quería morir, la mujer, no le busquemos más explicación), o el salto del perro que viene a compensar la muerte de la abuela. Pero con una historia divertida y el despliegue de efectos especiales que tiene la cinta, estamos ante un buen referente del cine catastrófico que, si bien no es mi favorita del género, tampoco merece estar en la cola.

Mujer blanca soltera busca (Barbet Schroeder, 1992)

Una de las películas que propició el auge del thriller sobre perturbados en los noventa. Amparada en una historia creíble, el guión se sustenta en el estupendo trabajo de las dos actrices protagonistas. Por una parte tenemos a la siempre dulce y encantadora Bridget Fonda en el papel de Allison, una joven empresaria que, tras echar de casa a su novio por meterle los cuernos, se ve obligada a buscar una compañera de piso. Y he aquí que entra Hedra (Jennifer Jason Leigh), una tímida e introvertida chica que parece no dar ningún quehacer y ser la compañera perfecta. Pero bajo su fachada apacible y pusilánime se esconde una peligrosa enferma mental que convertirá a Allie en su modelo y obsesión. La tensión va creciendo a medida que avanza el argumento, mientras vemos desarrollarse el personaje de Hedra, del que enseguida notamos que tiene algo extraño e inquietante. La interpretación es estupenda, aunque JJL no es santa de mi devoción, pero realmente consigue inquietar con su papel, lleno de cambios de humor, de miradas dulces que en realidad están llenas de locura y de palabras agradables que suenan peor que la más terrible de las amenazas. La escena con el pobre cachorro es el punto de inflexión, donde comprendemos que no hay vuelta atrás, que Hedra es una desequilibrada y que la cosa no puede acabar bien. La tensión logra mantenerse con aplomo toda la cinta, pero hay algunos momentos, en especial la muerte del novio de Allie, que chirrían por lo fáciles que las pintan. Y el final, que quizá es demasiado típico, demasiado previsible, aunque no le resta puntos a una película tan constante como esta. También contribuye mucho la nada disimulada sensualidad que transmiten las dos protagonistas, no porque haya escenas subidas de tono (que las hay, pero hasta los niños ven cosas más fuertes en televisión todos los días), sino porque el guión y la dirección explotan mucho el hecho de que las protagonistas sean dos mujeres que viven solas. Esto también hace más viable la situación y el enfrentamiento, como si nadie pudiera esperarse algo tan horrible de una criatura tan aparentemente frágil como la que interpreta JJL. Eso me hace pensar que, si la película la hubieran protagonizado dos tíos y se hubiera llamado, por ejemplo, "Maromo soltero busca", con planos de tíos paseando en gayumbos o saliendo de la ducha cada dos por tres... Hubiera perdido todo el público. Qué listo es Hollywood, joder.

Blancanieves y los siete enanitos (David Hand, 1937)

Con esta película, Disney demostró al mundo que los dibujos no eran solo cosa de niños. Se gastó una suma de dinero inconcebible para la época en una producción animada: un millón y medio de dólares. Muchos llamaban en broma a aquel proyecto "la locura de Disney", y esperaban frotándose las manos a que la cinta se diera el costalazo que todos esperaban.
Y va y resulta que se convirtió en el mayor clásico de la animación de todos los tiempos y el primer largo animado de los muchísimos que ha producido Disney en sus ya 70 años de historia.
La historia de Blancanieves no es demasiado divertida. Otras más modernas son mucho más amenas, graciosas y rápidas. De hecho, aquí no hacen más que cantar y ñoñear toda la película. Pero aún así es una maravilla visual. Si la contemplas siendo niño, te cautiva la bondad de Blancanieves, su belleza, su enorme corazón. De los enanitos te fascina su personalidad, definida en sus rostros y actitudes tanto como en sus nombres. De la reina, te estremece su maldad y su envidia, obsesionada por la belleza como una choni cualquiera, pero hasta el punto de pedir el corazón de la única mujer más hermosa que ella, y de convertirse en bruja para darle una manzana que la hará dormir para siempre. Y si la contemplas como adulto, te maravilla cómo pudieron hacerla tan bien. Hay que entender la historia con sus defectos, como lo que es: un cuento para niños (y contado, además, en los años 30), donde lo bueno es puro y perfecto, y lo malo es terrible y malísimo. El amor es casto, la mujer limpia en casa, los hombres trabajan, los malos mueren y los buenos son felices para siempre. Nada más lejos de la vida, pero hermoso al fin y al cabo.
Y qué decir de la animación. Cómo entender que, hace 70 años, Disney y su gente lograran semejante perfección de movimientos, de expresiones, de detalle en los fondos, de colorido... La película resiste el tiempo como una viga de acero, y siempre permite ser revisitada sin que su aspecto técnico haga aguas lo más mínimo. Su estilo, de hecho, se ha convertido en la marca Disney, y todas las producciones posteriores siguen en la misma estética y han marcado el camino a seguir en la animación.
En definitiva, una película no solo para niños, y quizá de las menos favoritas de la casa para el público infantil de hoy, mucho más acostumbrado a producciones de más calidad visual y mayor entretenimiento. Pero un clásico siempre es un clásico.

Las crónicas de Riddick (David Twohy, 2004)

Como decíamos, el éxito y buena crítica de "Pitch Black" convirtió a Riddick en un personaje sumamente atractivo para el público. Y para continuar exprimiendo a la gallina de los huevos de oro, se realizó esta secuela con muchísimo más presupuesto, más minutos de metraje, y protagonismo absolutísimo del aclamado Riddick, repitiendo Vin Diesel, como no podía ser de otra manera, en el rol que le lanzó al estrellato.
Ahora, Riddick ya no lucha por sobrevivir y fugarse de un planeta atestado de alienígenas vampiros, sino que, cinco años después de la odisea de "Pitch Black", se enfrentará a una raza de conquistadores galácticos conocidos como los Necróferos. Su líder, Lord Mariscal, tiene poderes sobrenaturales tras haber contemplado algo llamado "subuniverso", y se dedica a convertir a su "fe" a todos los habitantes de los planetas que va conquistando gracias a su poderoso ejército de conversos. Pero he aquí que dará con Riddick, de quien descubriremos el origen: un planeta desaparecido llamado Furia, únicos seres resistentes a los Necróferos. Siendo el último furiano (una especie de Superman o Son Goku en versión espacial), Riddick se convertirá en el héroe del universo contra los Necróferos.
Sinceramente, la historia es flojilla y rebuscada. El malo, además, tiene menos carisma que un zapato, y los secundarios son tan aburridos y predecibles que no dicen nada. La película está hecha para admirar sus mejorados efectos visuales, su acción, y sobre todo a Vin Diesel, que se convierte en el más chulo del mundo. Donde antes Riddick era un hábil y rudo asesino y criminal, ahora su papel está escrito para ser una especie de luchador imbatible, superfuerte, vacilón, y guerrero nato, dado su origen furiano. Algo así como un Conan mascachapas a escala galáctica. Eso sí, te echas unas buenas risas con sus sobradeces como la muerte por taza de té, o las perlitas que le suelta a la gente con esa chulería que le sale por la calva.
Pero por lo demás, y aunque la película es entretenida, no se puede pedir más. No tiene la originalidad de la primera, y no dice nada que otras ya hayan dicho antes, y mejor. Acción a raudales y un personaje que, de puro fantasma, es divertido. Y no debió triunfar demasiado, porque pese a su final abiertísimo a una tercera entrega (y también con guiño a Conan), de momento esta es la última crónica de Riddick.

Pitch Black (David Twohy, 2000)

Un amigo me recomendó hace unos años esta película que mezclaba ciencia ficción, terror y acción de una manera impecable. Y siempre deberé agradecérselo, porque hablamos de uno de esas películas condenadas a convertirse en pequeños clásicos del género.
La historia trata sobre una nave espacial de carga que, tras un accidente, aterriza a la fuerza en un planeta lejano. Los supervivientes intentarán reparar una nave para escapar, pero tendrán que enfrentarse a dos amenazas. Por una parte, el planeta, iluminado por tres soles, se sume en una noche interminable poco después de la llegada de los visitantes. Y la oscuridad total es el medio en el que unas criaturas, miles de ellas, salen a buscar alimento. Y en ese planeta devorado poco más queda que comer aparte de los tripulantes.
Pero no menos peligroso es uno de los propios pasajeros: Riddick, un asesino convicto a quien llevaban a prisión, y que escapa al llegar al planeta. Los tripulantes y Riddick harán una pequeña tregua para enfrentarse a su común enemigo, luchando en la oscuridad por una supervivencia más que difícil.
Con esta historia, el interés está servido. Lo bueno es que, salvando los tópicos del género, los personajes están sorprendentemente bien construidos, y los diálogos y situaciones encajan a la perfección con lo que se puede esperar de ellos. Nada chirría ni resulta demasiado artificial. Riddick (Vin Diesel en el papel que dio a conocer) es un asesino fiero y despiadado que solo se preocupa por él, y se comporta como tal, pero aún así acabará descubriendo que las cosas le importan más de lo que él pensaba. Los guionistas supieron lo que hacían con este personaje, que se ha convertido en un icono, eje de lo que se conoce como "Las crónicas de Riddick", de las que esta es su primera parte. De hecho, el origen de Riddick será tratado en la segunda y menos acertada entrega, de la que luego hablaremos.
Por su parte los monstruos, aparte de estar bastante bien hechos, son dignos enemigos en esta historia. Insuperables en número, salvajes y poderosos, y solo sensibles a la luz. Dan pie a muy buenas escenas de ataque, resistencia, y terror cuando acechan al grupo de humanos.
En resumen, la historia es entretenida y muy original, el ritmo buenísimo y los protagonistas están todos mejor de lo que cabe esperar. Poco más puede pedírsele a una película de ciencia ficción para que resulte notable, y "Pitch Black" aprueba con nota el examen.

Avatar (James Cameron, 2009)

Se ha dicho ya hasta la saciedad que, el cine, tal y como se conocía, ha cambiado tras "Avatar".
Pero es que el cine, tal y como lo conocíamos, ha canbiado tras "Avatar".
Nos encontramos ante una película de ciencia ficción épica, con un profundo mensaje conservador de la naturaleza y de las culturas autóctonas de una zona. También tenemos una estupenda historia de amor que no cae en ñoñerías pastelonas, y el viaje se completa con un héroe que empieza en un bando y termina en otro tras comprender que su pueblo no es quien lleva la razón. Todo esto tratado con un ritmo impecable, sin que sobre un solo fotograma, con el típico arte que tiene James Cameron de convertir una historia normalita en un espectáculo disfrutable para cualquiera.
La historia, de hecho, es lo más débil de "Avatar". Para mí, el paralelismo con "Bailando con Lobos" es más que evidente. Ambas tratan sobre un conflicto entre civilización avanzada y nativos; ambas pintan a la civilización avanzada como los malos de la historia; ambas tienen el mismo mensaje, o muy parecido, de respetar la naturaleza y las raíces; ambas tienen una historia de amor entre el héroe del mundo civilizado y una indígena; ambas tienen el mismo trayecto redentor del héroe en el que se convierte en heraldo de su nueva causa. Basta cambiar indios por Na'vi, soldados de la Unión por Marines, y trasladar el escenario de la acción del Oeste americano a un planeta remoto, y listo. En esencia, son la misma historia. Una muy buena historia, aunque en "Avatar" todo sea, quizá por el precedente del film de Costner, bastante predecible y obvio.
Lo que convierte a "Avatar" en algo que nadie debería perderse, es su puesta en escena. Una vez más, Cameron se mea en los preceptos del cine y hace borrón y cuenta nueva. Ya alucinamos en los noventa con lo que hizo en "Terminator 2"; años más tarde, "Titanic" destrozó las taquillas de todo el mundo con una historia de amor y catástrofe que ha entrado en la historia del cine; y ahora, con "Avatar", consigue poner la más moderna tecnología al servicio del espectador, logrando meterte en el universo de Pandora, adentrarte en sus bosques de luz fluorescente, ponerte al lado de sus increíbles criaturas, hallarte en medio de los Na'vi en su lucha por la supervivencia, sentir que domas al fiero Toruk... La experiencia 3D es un auténtico viaje al planeta protagonista, y una experiencia cinematográfica con mayúsculas y sin parangón por el momento, del que sales completamente alucinado como nunca antes de una sala de cine.
Dicen que esta ha sido la primera. Que el 3D va a convertirse en el futuro, ya presente, del cine. Seguramente vendrán films mejores, con efectos aún más sorprendentes (qué no nos quedará aún por ver), pero en el recuerdo de todos siempre perdurará esta pionera película, desde ya obra maestra, en la que te convertías en un alienígena azul de 3 metros y viajabas al más hermoso planeta imaginable.

Remo: desarmado y peligroso (Guy Hamilton, 1985)

Los maravillosos ochenta nos dejaron algunos de los títulos más emblemáticos de la acción chusca y la comedia. Y esta película aúna ambos géneros con una maestría que la hace, para mí, un auténtico clásico imprescindible y una de mis películas favoritas. Llamadme lo que queráis, me da lo mismo.
La historia, a medio camino entre Karate Kid y James Bond, nos cuenta las aventuras de Remo Williams, (Fred Ward) un policía que es reclutado por una organización ultrasecreta (de solo 3 miembros) que depende del Presidente y que se cepilla a los políticos corruptos. Así, tal cual. Pero como no mola ir a tiros por la vida, el arma de la organización tiene que ser un hombre entrenado para ser una máquina de matar con sus propias manos. Y he aquí que entra Remo, rudo policía que será entrenado por el personaje más mítico y divertido de todos los tiempos: el pequeño gran Chiun, maestro de sinanju, un arte marcial basado en la presión (¿existirá en realidad? ¡Porque yo quiero aprenderlo!), pero que acaba siendo casi una fuerza sobrenatural que permite a sus maestros correr sobre el agua, anticiparse a los disparos (¡¡ya sabemos de dónde salió "Matrix", porque 20 años antes Remo ya esquivaba las balas!!) y ser prácticamente superhéroes indestructibles. No exagero.
La película circula por los típicos derroteros del cine ochentero de acción, con escenas buenísimas como todo el entrenamiento de Remo, la pelea en la Estatua de la Libertad, la lucha contra los dobermans o la escena final contra el malo malísimo y corrupto. Los diálogos no tienen desperdicio, en especial las escenas entre Chiun y Remo tienen momentos descojonantes, con esa relación tan típica de los ochenta, a lo "Arma Letal" o "48 horas", ya me entendéis. Pero en este caso, el machista, misógino, racista e impasible maestro coreano deja frases tales como:

-"Tus reflejos son lastimosos. Las estaciones cambian más deprisa."
-"Sería mejor que te comieras la lata que lo que hay dentro de ella."
-"Las mujeres deberían quedarse en casa cuidando de sus hijos. Preferiblemente varones."
-"Te mueves como una cigüeña embarazada."

Y así todo el rato. Sin desperdicio. Pero, aparte de su acción constante y divertida y de su evidentísimo y entrañable aire ochentero, la película, vista hoy en día, es aún más deliciosamente cutre viendo esos enormes ordenadores de medio megaherzio que se supone son lo más potente del universo, esos personajes tan estereotipados y americanos, y esa historia tan típica de buenos y malos enmarcados dentro de la política y el patriotismo. La completa una de las bandas sonoras más míticas que podamos tirarnos a la cara (no exagero, la BSO es buenísima, hasta el punto de que Remo es uno de esos personajes que, como Indiana Jones o Superman, asocias inmediatamente con sus cuatro acordes). Y en conjunto, tenemos una deliciosa producción que hará las delicias de los amantes de la acción sin guión y del cine de aquella maravillosa época. Yo, personalmente, nunca me canso de verla.

Fuga de Alcatraz (Don Siegel, 1979)

Esta película carcelaria combina al director de "Harry el sucio" con el mítico intérprete de la misma en un papel hecho a su medida, así que ahí es nada. Y es que el Sr. Eastwood nunca ha hecho de malo, ni siquiera haciendo de presidiario culpable y encerrado con razón. Él siempre es el bueno.
La historia, inspirada en los hechos reales que sucedieron entre mayo y junio de 1962, narra la fuga de tres presos capitaneados por Frank Morris, interpretado por un Clint Eastwood tan estupendo como de costumbre. Morris, un experto en fugas con gran coeficiente intelectual, elaboró un concienzudo plan de fuga que incluía cavar un agujero, escapar a través de los pasillos de mantenimiento del penal, y salir a nado de la inexpugnable Roca con unos salvavidas y una balsa artesanos y rudimentarios. Si lo consiguieron o no, siempre será un misterio. Según la versión oficial, los tres presos murieron en la fuga, ahogándose en las duras corrientes del mar que mantenía la prisión lejos de San Francisco. Pero sus cadáveres nunca aparecieron, así que es muy posible que aquellos tres hombres fueran los únicos presos que se fugaron con vida de la mítica penitenciaría...
La historia avanza con paso firme en la elaboración del plan. Los secundarios también están estupendos, todos rostros conocidos del cine de esta época (incluido entre ellos Fred Ward), y el ritmo es perfecto para la acción, tranquilo pero constante. El principio nos narra a la fauna autóctona de la cárcel, con alguna escenas emblemáticas para el recuerdo como la de la mutiliación en la carpintería. Después, comienza lo que da nombre a la cinta. Quizá resulta un poco gracioso en ciertos momentos la facilidad que tiene el personaje de Eastwood para que todo le salga bien. No solo se hace un agujero en menos de un mes, sino que consigue herramientas o se las fabrica, se hace una cabeza perfecta con papel maché, nunca le pillan en las tretas para sacar material... Vamos, que todo le sale redondo, hace fácil lo difícil. Pero bueno, históricamente, el auténtico Frank Morris y sus colegas lo hicieron así.
Pero no cabe duda de que la película tiene mucha fuerza, muy buenas interpretaciones y que la historia es apasionante, y sin duda es uno de los grandes clásicos del cine carcelario y una de las mejores películas del Clint Eastwood actor.

El enviado (Nick Hamm, 2004)

¿Qué pinta un gran actor como Robert De Niro en un anodino thriller como este? Porque más allá de la presencia de De Niro en uno de sus peores papeles, "El enviado" ofrece poco más que aburrimiento y tópicos enlazados con muy poca gracia en una historia que empieza bien y va convirtiéndose en algo mucho peor hasta acabar siendo un bodriete.
La historia parte de una idea interesante desde la perspectiva de la ciencia ficción. Tenemos a la pareja protagonista, que ve cómo su hijo de 8 años muere en un accidente. Destrozados, recibirán la tentadora oferta de un científico (De Niro) que les ofrece clonar a su hijo, de modo que la mujer pueda volver a parirlo y criarlo con la certeza de que no será "otro" hijo, sino de nuevo "su hijo". Todo esto debe ser llevado en la más absoluta de las clandestinidades, con lo que la pareja se muda de ciudad y se pone a criar a su hijo repe en un nuevo entorno. El problema llega cuando el niño alcanza los 8 años, momento en el cual supera la edad máxima que vivió en su "primera" vida, y momento en el que extraños sueños, flashbacks y visiones fantasmales comienzan a asediarle. Hasta aquí todo normal, incluso interesante. Quizá lo único que chirría de esta primera parte del metraje es la presencia de De Niro, que nunca termino de explicarme, y que me parece como una pieza encajada en un puzzle que no le toca. Pero a partir de ese momento, la trama de correcta ciencia ficción y la crítica a lo que es ético o moral cuando se juega a ser Dios (como en cualquier película sobre clones y robótica que se precie) se desvía con muy poco tino hacia una trama sobrenatural. El pequeño actor que interpreta al niño no lo hace mal, su rostro es inquietante, el típico niño que no te gustaría tener cerca, pero el cambio de registro que hace su papel no me parece nada acertado. En la línea de la ciencia ficción la película se desenvolvía sin excesos, pero con soltura. ¿Por qué, entonces, convertirla en una manidísma película de terror con niño de por medio?
En definitiva, y sin explayarme más, simplemente es una película del montón, de las que podrían haberse estrenado directas a DVD. Y como siempre digo, lo peor que se le puede decir a una película es que, teniendo medios para ser algo (o buena o mala, pero algo), se quede en esa franja tan absolutamente olvidable.

Spanish Movie (Javier Ruiz Caldera, 2009)

Haciendo honor a su título, esta película es una auténtica "Movie" heredera de la estirpe creada por los hermanos Wayans con su saga "Scary Movie". De hecho, el planteamiento es el mismo. Si en el cine americano ya se ha parodiado el cine de terror, el de acción y aventuras, el de superhéroes y hasta el romántico, en esta versión española no se centran en un género, sino que cogen los títulos más representativos del último cine español y los convierten en objeto de burla y parodia. Así, por ejemplo, el eje temático sería una mezcla entre "El Orfanato" y "Los Otros"; tenemos también una buena porción de "Mar Adentro", con el personaje de Pedro San Antón (inmenso Carlos Areces); "Alatriste" también recibe su bofetada, con el personaje del gallardo Diego Alatriste interpretado por el esmirriado Eduardo Gómez; la protagonista femenina, Alexandra Jiménez (después de que le hayan crecido las tetas como por arte de magia), es una parodia de Penélope Cruz en "Volver"; Joaquín Reyes hace del Fauno de "El laberinto del Fauno"; la escena final parodia "Abre los ojos" (y "Superman", pero eso sería otra historia); otra escena es parodia de "Los lunes al sol" y otra lo es de "No es país para viejos". Y podríamos seguir, porque seguro que se me escapa alguna.
El guión sigue la misma dinámica del resto de "Loquesea Movies": humor tonto, gags encadenados dentro de un escenario que sirve para parodiar todo junto. Pero, y eso es lo mejor, aporta también el clásico toque de humor paleto de "Muchachada Nui", tan característico en su forma de hablar y en lo bueno de los diálogos. No en vano, encontramos a toda la tropa de Muchachada en la película, algunos con más protagonismo y otros con simples cameos. Como de cameos de lujo también está llena la película: Alejandro Amenábar, Belén Rueda, Álex de la Iglesia, Paco Plaza y Jaume Balagueró, o el legendario Leslie Nielsen (que se marca en las tomas falsas una escena mítica para el recuerdo junto a Chiquito de la Calzada) son algunos de los que se marcan una pequeña aparición en "Spanish Movie" como para reivindicar su conformidad para con esta parodia de sus papeles y películas. Y bien que hacen, porque durante horita y media te lo pasarás como un gorrino en un charco de heces.

El día de la bestia (Álex de la Iglesia, 1995)

Esta es una de mis películas favoritas del cine español. La verdad es que tiene un rollito muy particular que la deja a medio camino entre varios géneros. ¿Cómo catalogarla, como un thriller satánico con toques de comedia? ¿Como una comedia negra con tintes de terror? ¿Como una cinta de terror con toques de comedia? Pues la verdad es que resulta complicado, y en su amalgama de géneros reside gran parte de su atractivo. Aunque si algo impera, es la comedia. Con mala leche y muy negra en muchos momentos, pero comedia, y buenísima.
La idea de la película es la de un cura (estupendísimo Álex Angulo) que descubre la fecha y el lugar del nacimiento del Anticristo. Para tratar de contactar con el demonio empezará a hacer todo el mal posible, y se hará colega de un desaliñado gordo heavy del barrio madrileño de Carabanchel, junto a quien secuestrará al tercero en discordia de esta peculiar trinidad: un ocultista de chichinabo que acabará metido hasta las cejas en la aventura del cura y su compinche.
La acción no deja tregua, y encontramos algunas escenas buenísimas en el terreno del "terrorcete", como el pacto con el demonio. Otras son desternillantes de divertidas, aunque siempre con un toque muy adulto y mordaz (el personaje de Santiago Segura es perfecto en ese sentido). Y la trama es deliciosamente enrevesada, convirtiendo Madrid en escenario de una cruzada por salvar el mundo, y las torres inclinadas en el templo del diablo. Por supuesto toda la película está cargada de simbolismo. Todo puede interpretarse como una paranoia. Como un error de cálculo del pobre padre Berriartúa que, por azar del destino, va agrandándose con cada casualidad que la hace parecer verdad. Y aderezada por los alucinógenos que toman durante la invocación. Incluso existe la obvia comparación de que el auténtico demonio de la historia no es otro que el racismo y la naturaleza humana.
Y digo yo, ¿qué más da? Estamos ante un clásico del cine fantástico español, un peliculón con todas las letras que te transporta a lo más sórdido de la sociedad y convierte a tres parias en los antihéroes que salvan al mundo. O no. Quién sabe.

El Exorcista (William Friedkin, 1973)

Pese a las parodias que ha recibido con las "Scary Movie" y hasta con aquel bodriete llamado "Reposeída", la película de William Friedkin continúa siendo un clásico del terror. Puede que el clásico del terror, de hecho.
La historia que cuenta es escalofriante. Pocas cosas dan más miedo que el demonio cuando sabe cómo llevarse bien en pantalla, y este fue el primer buen trabajo en la materia. La dirección de Friedkin, además, es portentosa. Imprime al film un ritmo pausado, in crescendo, alternando escenas largas con otras cortísimas y potentes, como bofetadas, que sirven para reflejar un estado de ánimo concreto de un personaje, o para darnos un atisbo de algo para que no nos olvidemos que sigue ahí. Las interpretaciones de los personajes son también magníficas, y eso que no son caras demasiado conocidas (condición de Friedkin para que la historia cobrara más realismo). La interpretación del padre Karras es desgarradora, con toda la amargura que el personaje requiere. El papel de la madre es el de una mujer desesperada, aterrorizada, y destruida. Y el de Regan (Linda Blair) es simplemente horrible. No de malo, sino de hacerte caquita encima. Quizá lo más impactante es la enorme cantidad de matices que tiene el personaje y lo bien que los imprimió la joven actriz -aunque luego su carrera jamás despegó. Encontramos a una Regan niña y juguetona, a una Regan que juega con su vis erótica y sensual, a una Regan que parece enferma mental al principio de su posesión, y finalmente a la aterradora Regan demoníaca que, bajo esos kilos y kilos de maquillaje, sigue siendo solo la jovencísima actriz. Y eso, amigos, a mí me da mucho yuyu.
La escena de la llegada del padre Merrin a la casa de Regan, con ese plano oscuro, la iluminación de la farola y él de pie entre la bruma, acompañado de la música de Oldfield, anuncia el duelo que se va a establecer entre el hombre de fe y el demonio mismo. Una de las mejores escenas de la historia del cine de terror, si no la mejor. La escena del exorcismo también es sobrecogedora, impactante, inquietante y terrorífica a más no poder. E insisto, las parodias le han hecho mucha merma al efecto de esta película, porque ahora cada palabrota que suelta Regan, o cuando se masturba o vomita, o cuando se orina en la alfombra, siempre nos recuerda al inicio de "Scary Movie 2". Pero aún así, y pese a tener ya casi 37 años a cuestas y un montón de razones para haber sido convertida en un hazmerreír, si te tomas en serio el visionado de "El Exorcista" y la ves a oscuras, concentrado en la historia y procurando alejar de tu mente las comedias citadas, seguimos encontrándonos ante una película de terror sobresaliente, que no juega con golpes de música ni efectos por ordenador, sino que logra un horror constante y creciente mostrándonoslo todo el metraje. Todo un clásico al que el tiempo le ha podido pasar un poco de factura, pero solo un poco.

Eduardo Manostijeras (Tim Burton, 1990)

A veces, el cine te demuestra que es algo maravilloso, lleno de imaginación, de color, de buen hacer, y con grandísimas historias que contar. Y ésta es una de ellas. A medio camino entre cuento de hadas y fábula, nos encontramos una preciosa versión de "La bella y la bestia", donde un ser de aspecto diferente y socialmente inaceptado acaba enamorado de la más guapa del lugar, y mágicamente correspondido. No falta tampoco el villano de turno, aquí el ex novio de la chica, ni los secundarios que casi podrían pasar por personajes de Disney si no fueran tan típicos de Burton en su surrealista comportamiento. La historia se enmarca en esa urbanización perfecta, de días siempre soleados, casas idénticas pintadas de vivos colores, coches idénticos pintados también de vivos colores, maridos que salen a trabajar y regresan a casa siempre todos a la misma hora, y esposas cotillas que encuentran en el marujeo su actividad laboral. Bien podría pasar por una Wisteria Lane anticipada muchos años a la época de "Mujeres Desesperadas", y sin duda recuerda también mucho a la estética de la genial "Big Fish", del propio Burton. El toque gótico marca de la casa lo pone el interior de la mansión de Edward, esa suerte de catedral de Notre Dame en la que él es su Jorobado. Y el propio Edward, con sus inverosímiles manos de tijera y su corazón enorme. Quizá sea la mejor encarnación de Bestia que jamás ha dado el cine, y la máxima representación de que la belleza y el amor pueden traspasar la barrera de lo físico. ¿Y por qué su padre le puso manos de tijera?, nos preguntaremos. Pues qué más da, amigos. Es puro cine fantástico, donde todo es un recurso al servicio de la historia que cuenta.
No falta el clásico toque de comedia surrealista que tan bien sabe imprimir Burton a su cine. Casi todos los personajes parecen caricaturas, demasiado estereotipados para ser reales, pero totalmente afines a esa urbanización de ensueño. Los secundarios están estupendos, y Winona Ryder está impecable en su papel, aunque es Johnny Depp quien se lleva la película por delante, claro, con uno de sus personajes más míticos y por los que siempre será recordado.
Con un aspecto técnico perfecto y un aspecto interpretativo estupendo, solo le falta, además, la magnífica y emotiva partitura de Danny Elfman para que "Eduardo Manostijeras" consiga, siempre que la veo, sacarme unas lágrimas al final. Y es que, a veces, la expresión "obra maestra" puede quedarse corta.

El enigma de Jerusalén (Sebastian Niemann, 2002)

Interesante telefilm alemán que adapta la novela de Andreas Eschbach. No me las daré, no la he leído, pero en cierto modo la película me recuerda en su argumento a otra que sí he leído: "Caballo de Troya", de J. J. Benítez. Una de mis novelas favoritas, por cierto. Ambas tratan sobre la posibilidad de un viaje en el tiempo para visitar los tiempos de Jesucristo, solo que, mientras la novela del autor español trata sobre la vida de Jesús contada por el viajero en el tiempo, esta historia alemana versa sobre el impacto que podría tener en el mundo el descubrimiento de que exista una grabación en vídeo del auténtico Jesús, con todo lo que podría conllevar. En esta trama se mezclan los intereses corporativos y religiosos de empresas y sociedades secretas que quieren hacerse con el secreto, y en medio de todo tenemos al sufrido protagonista que descubre la grabación y que se verá en el punto de mira de unos y otros.
La trama, con esta premisa tan interesante, avanza con paso firme por el terreno del suspense arqueológico, si es que ese es un género. Para que nos entendamos, los protagonistas se enfrentan a imposibles enigmas, investigaciones y cábalas, mientras que una secta pretende hacerse con ellos. Muy a lo "El código Da Vinci", vamos. La dirección es buena, el montaje no deja escenas sueltas ni es atropellado, y los actores, sin destacar, son muy correctos. Poco a poco se va profundizando en la historia y aparecen nuevas subtramas, mientras que el metraje se estira para provocar situaciones de acción que mantengan al espectador despierto. Pero pese a sus tres horas de duración, a mí no se me hizo pesada en ningún momento, y me apetecía seguir atento a la aventura de los protagonistas y a ver cómo acababa todo el asunto. El final, aunque muy efectista, logra su objetivo, que no es otro que el de dar ese giro de tuerca que podemos olernos a partir de mitad de película y que nos queda corroborado. Así que reconozco que es una película interesante y con un argumento atractivo, bien dirigida y montada, y mucho más entretenida para ser un telefilm de lo que son muchas películas que sí llegan a salas de cine.

Batman Vuelve (Tim Burton, 1992)

La secuela de "Batman" (aunque totalmente entendible por sí misma) regresaba con más fuerza, más villanos, más cachivaches batmaneros y, sobre todo, con mucho más Burton. Porque esta es una película de Tim Burton, no de Batman. Aquí, Batman solo el pretexto para que el extraño cineasta dé rienda suelta a esas atmósferas góticas y excesivas que tan bien le funcionan, y para que su galería de enemigos sea de lo más bizarro y burtoniano que nos podamos imaginar.
En un conjunto, la película es entretenida y fantástica, aplicada aquí la palabra "fantástica" como perteneciente al género fantástico, y no como de calidad extraordinaria. Este Batman es totalmente increíble. Partiendo de la base del personaje de cómic -un humano traumatizado que busca la perfección física y se vale de ingeniosos aparatos de su invención para combatir el crimen- los personajes de esta película son caricaturas de caricaturas. El mejor ejemplo es el Pinguino que interpreta, cómo no, Danny DeVito. ¿Quién si no? A mil millones de kilómetros del personaje camp de la versión televiva de los sesenta, y también mucho más repugnante y asqueroso que cualquiera de sus encarnaciones comiqueras. Por supuesto, este Pinguino también es un ser atormentado, de tez blanquecina y ojerosa, con evidentes taras físicas y oscuras vestimentas. Un clásico de Burton, vaya.
La contrapartida sexy la pone una magnífica Michelle Pfeiffer como Catwoman. Su interpretación es buena, aunque su personaje es tan ridículo como tremendamente erótico. Su disfraz de cuero y látex pasará a la historia de las fantasías de cama de muchos.
Keaton, como Batman, está correcto. No es el protagonista de esta historia, que es un triángulo de personajes en el que Batman solo es el nexo, pero está decente cuando aparece. Por lo demás, las escenas de acción son correctas (aunque lo de Burton no es rodar acción) y los toques de comedia un poco excesivos para mi gusto, pero entiendo que forman parte de la fantasía creada por Burton, totalmente diferente a la más reciente y acertada concepción de Batman de Christopher Nolan. Se completa con una buena y reconocible banda sonora de, también cómo no, Danny Elfman, dando como resultado una película que no hay que ver con el ojo puesto en el cómic, sino en sí misma. Si tenemos en cuenta que Burton solo sabe hacer un tipo de cine, sea la que sea la historia que pretenda contar, encontramos en "Batman Vuelve" una entretenida pieza de cine fantástico gótico superheroico extravagante. O algo así.

Frankenstein de Mary Shelley (Kenneth Branagh, 1994)

La archiconocida obra de Mary Shelley se encuentra aquí con su enésima versión. Una versión que, contando con un reparto impresionante, un presupuesto bastante inflado y un magnífico guión basado totalmente en la novela (y mezclando un poco con "La novia de Frankenstein" de manera acertada), flaquea en un aspecto totalmente crucial: la dirección.
Quizá esto hay que explicarlo un poco. No es que Branagh sea un mal director, ni muchísimo menos. Al contrario. El problema es que no acertó eligiendo este género, porque no es su estilo. Y mucho menos para protagonizarlo de una manera casi absoluta. Así, encontramos en la dirección un evidente exceso de teatralidad. Cada dos por tres nos topamos con un decorado demasiado dramático (solo hay que fijarse en el enorme salón de los Frankenstein, con esa gigantesta y solitaria escalera sin barandilla en medio de una sala que más bien parece un escenario), o con una apertura o cierre de telón representado por una apertura o cierre de cortinas, puertas, o ventanas. Canta demasiado. Del mismo modo, los interminables diálogos (otro ejemplo de que Branagh abordó esta película como si fuera una obra de teatro) llegan a hacerse pesados en ciertos momentos. Tampoco ayuda el excesivo mareo de cámara que se le imprime a muchos planos, acompañados de música acelerada a propósito para causar inquietud. Aunque lo logra, el efecto no es del todo deseable.
Por otra parte, mientras que los secundarios convencen y transmiten, Branagh tampoco se luce en un papel que no le va. Como protagonista de obras de Shakespeare no tiene rival, pero encarnando al joven y obsesionado Victor Frankenstein, queda un poco descolocado, y a mí por lo menos me daba siempre la sensación de estar interpretando un papel, y no creando un personaje creíble. Todo lo contrario que Robert DeNiro en otro de sus papelones, detrás del impresionante maquillaje del monstruo de Frankenstein más humano, cruel y aterrador que hayamos visto jamás. Terrible el momento de la irrupción del monstruo en la noche de bodas, algo totalmente inolvidable.
En definitiva, no es que esta sea una mala película. De hecho, es una buena película, pero debería haber sido una obra maestra al estilo del Drácula de Ford Coppola. Y los errores de Branagh en la dirección, así como su exceso de ego al darle tantísima relevancia a su propio papel, la convierten en un producto interesante aunque algo extraño y perdido entre dos mundos.

La mano (Oliver Stone, 1981)

Sorprende, y no poco, que un realizador tan conocido como Oliver Stone firme una película como esta. Sorprende también, y no poco, que se trate de una película de terror de la más pura y dura serie B, y no una producción bélica o un biopic político. No menos sorprende encontrar a James Horner como compositor de la banda sonora. Y ya acaba de dejarte con el culo torcido el encontrar como protagonista a Michael Cane, actor que, si bien no es santo de mi devoción, posee unas incuestionables cualidades interpretativas.
¿Qué demonios hacía tanto talento en un film como este? Es como meter un millón de euros en una caja hecha de mierda. Y el resultado no puede ser más extraño, aburrido y pretencioso que esta película llena de buenas ideas, de buenos actores, con un gran director, pero que no se salva de convertirse en un subproducto.
La idea de la historia es un dibujante de cómics (Cane) que pierde su mano derecha en un accidente de coche del que muy bien podría culpar a su esposa. A partir de ahí, todo es decadencia para él y para su matrimonio. Pierde el trabajo al no poder dibujar, la relación con su esposa se deteriora, y él se vuelve más hosco y antisocial, negándose a aceptar su desgracia y desoyendo los consejos de que visite a un psiquiatra para superarlo. En esto, entra en escena la mano amputada del protagonista, que como Cosa, la mano de la Familia Addams, se arrastra por ahí medio putrefacta y con vida propia. Mientras que el dibujante cambia de casa, de empleo, y hasta comienza un rollo con una pueblerina (en una de las relaciones más bizarras e incomprensibles que jamás he visto en una película, puesto que comienza de forma increíble y se desarrolla de forma más increíble aún), la mano parece seguirle allá donde va. Pronto, mientras que las piezas de su vida se van desmoronando cuando su rollo le va a engañar, su amigo le va a fallar y su mujer le va a dejar, la mano pútrida entra en acción para asesinar a los enemigos de su dueño. Así hasta el desenlace, en el que, pese a la horrible escena final que se carga toda la explicación en vez de aclararla, somos conscientes de lo que la película insinúa todo el rato: el descenso a la locura del protagonista, que comete los asesinatos durante sus ataques de ausencia y amnesia, siendo la mano invisible nada más que la representación visual de su creciente e imposible psicosis post-traumática.
Vale, dicho así suena bien, pero ya se hizo "Psicosis", ¿recordáis? Y la verdad, la película es tan tediosa que yo no llegué a meterme nunca en ella, además de que las situaciones son tan inverosímiles y las situaciones tan surrealistas que no me las creí jamás. Lo de la mano parece la escena de "Terroríficamente Muertos" en la que la mano cortada de Ash lo persigue por la cabaña, pero estirada durante 2 horas. No digo que Cane no se marca un buen papel, pero la verdad es que el pelazo que me lleva le resta puntos y todo.
En fin, no entiendo a quienes alaban esta película solo por ser de Oliver Stone. El hombre tuvo un comienzo, como todos, y aunque esta película apuntaba maneras, es demasiado lenta, demasiado surreal, demasiado rara y, al final, demasiado tramposa y efectista. Hubiera sido un cortometraje estupendo, pero le sobra una hora que ni Michael Cane supo muy bien cómo rellenar. Haciendo un chascarrillo... se les fue de la mano.

Carrie (David Carson, 2002)

Las novelas de Stephen King que ya fueron adaptadas al cine en su momento, continúan siendo fuente de remakes directos a televisión que pretenden ser fieles 100 por 100 al libro. Obviamente, en muchos casos no basta una horita y media para reflejar una novela de 500 páginas, así que esta nueva versión de la mítica "Carrie" se planta en dos horas y cuarto.
No he leído el libro, pero sí que he visto la película antigua, y me pareció un coñazo. Lentísima, y no sucedía nada hasta el final, donde tampoco pasaba demasiado. Este remake cuenta con más personajes, se otorga más protagonismo a la profesora de Educación Física del instituto, que simpatiza con la pobre Carrie, y al grupito de malas pécoras adolescentes que rodean a la joven.
Como protagonista tenemos a Angela Bettis, alguien que parece estar especializándose en papeles de adolescente fea, rarita y conflictiva, como ya hiciera en la correcta "May", película que guarda mucho paralelismo con esta "Carrie", a su modo. La verdad es que el semblante poco agraciado de esta chica y su cuerpo desgarbado, flacucho y frágil, consiguen dos cosas: uno, hacer que no tengas ganas de tocarla ni con un palo, y dos, que sea perfecta para estos papeles. Le sobra un poco de sobreactuación en los caretos que pone cuando le entran los yuyus telekinéticos, con ese bizqueo y esas expresiones de Millán, el de Martes y Trece. Pero en general, la chica lo hace bien y soporta el peso de la película sobre sus estrechas espaldas.
Por otra parte, pese a la típica dirección de telefilm que tiene la cinta, con esos obvios cortes para publicidad, y su falta de medios tan evidente en los efectos especiales que cantan por soleares, la película es entretenida y no aburre. Y dura dos horas y pico, insisto. Pero se deja ver de sobra, sin aburrir, de forma lineal, y va alcanzado un crescendo que culmina en el baile de fin de curso en el que, tras la inenarrablemente cruel broma a la que someten a Carrie, ésta estalla en un arrebato de furia telekinética asesina descontrolada. A partir de ahí, no sé si la adaptación es fiel al relato de King. Sé que este hombre no es muy amante de los finales tan felices, así que me extraña que los actos de Carrie casi se justifiquen (aunque con la madre que tiene se puede entender), que sobreviva y que se marche del pueblo. Quizá se adaptó esa parte para que fuera más para todos los públicos, no lo sé, aunque lo más probable es que se dejara abierto por si gustaba lo suficiente como para hacer toda una serie, lo cual es más probable. De todos modos, aunque le pese a los puristas, esta nueva adaptación de "Carrie", independientemente de que sea más fiel a la novela y de ser un telefilm, es mucho más entretenida que su predecesora, y solo por eso se justifica sobradamente su realización.

Celda 211 (Daniel Monzón, 2009)

"Una de las mejores películas que ha hecho el cine español en mucho tiempo (...) Una narración tensa y compleja en la que todo posee fuerza, suspense, desasosiego y veracidad. Pasa volando y perdura en el recuerdo (...) Impresionante recital de Luís Tosar" (Carlos Boyero: Diario El País)
¡Anda ya a tomar por culo! ¿Pero qué pasa, que para una película buena que producimos en España por cada 100 mierdas, ya tenemos que comulgar con ruedas de molino? ¿Cómo se pueden decir comentarios tan chorras y tan comprados como éste que cito? Y no es el único, porque la gente se explaya en lindezas sobre esta película igual que una madre orgullosa siempre dice lo guapo que es su hijo. Pues entérese, señora, su hijo es FEO. Y la película no es TAN BUENA.
Haré lo que se denomina el sándwich de cortesía: primero diremos algo bueno, luego algo malo, y terminaremos con algo bueno.
Lo bueno: que no es la típica película a la que nos tiene acostumbrados el cine español. No hay maricones, ni drogadictos de barrios marginales, ni va de la guerra civil.
Lo malo: malísimo, mejor dicho. La brutal y no disimulada propaganda política que se hace en la película. No sé si buena o mala, porque no deja títere con cabeza, pero me juego el nardo a que el PP ha puesto pasta para que la película deje al gobierno y a las fuerzas del orden como corruptos y nazis. Además, el rollo de meter a los tres etarras como moneda de cambio y como máximo terror del gobierno, me pareció demasiado político para mi gusto.
Lo bueno: Luis Tosar y su recreación de ese preso apodado Malamadre. Buenísima toda su interpretación, tanto física, como esas miradas de loco hijoputa que pone, como esa voz de carajillero que saca. Un papel impactante y no exento de cierto aire de justiciero y de antihéroe, un preso que no tiene nada que perder y mucho que ganar, y que se rebela contra el sistema cada vez que puede.
Pero creo que el sándwich se me queda corto, así que le añadiré algún piso más. También me ha gustado el estilo de narración, empezando por el final y contando después el resto intercalando algún flashback del protagonista. Daniel Monzón, has visto mucho cine de Tarantino, ¿eh, lechón? Tampoco hace mal papel Alberto Ammann en su debut, en el rol de un funcionario de prisiones que, por una serendipia del destino acude al trabajo un día antes de cuando le tocaba, y se ve en medio de un motín carcelario liderado por Malamadre y obligado a hacerse pasar por preso para sobrevivir. Lo malo es que tras la tragedia que le sucede y el justo y comprensible acto que comete contra el personaje de Diego Serrano, digo, Antonio Resines, su personaje da un giro que no me cuadra. ¿Cómo se puede pasar de 0 a 100 en 1 segundo? Hubiera entendido muchas reacciones (la primera del suicidio es muy creíble), pero no la de alzarse como líder de los presos. Me chirría, lo siento.
En cuanto al final, supongo que es tan justo como el resto de la historia. Y como la vida en sí, donde la justicia suele reducirse a quién tenga el arma más grande y el beneplácito de los de arriba. De todas formas, aunque parezca lo contrario, disfruté de la película, es trepidante y tensa como pocas en el cine español, capta muy bien la esencia de los personajes y expresa muy bien la idea de que hasta el peor grupo de indeseables puede tener ciertos lazos entre ellos, cierto código ético, y luchar por lo que es justo. El guión es bueno, está bien dirigida y no hay excesivas fanfarronadas y sí, Malamadre es un personaje para el recuerdo (y cuántos Malamadres no habrá en realidad tras los muros de nuestras prisiones). Pero lo que siento es que, si esto hubiera sido una película americana, hubiera sido solo una más. Y como es española, la crítica especializada se la está cascando a dos manos. Y no es para tanto.

Wishmaster (Robert Kurtzman, 1997)

El sobrevalorado Wes Craven firma aquí otra producción que se vendió sola gracias a contar con su aval. Aunque en este caso, la historia del demonio otorgador de deseos es más que suficiente para sostenerse por su cuenta y conformar una película resultona dentro de su género. No sin fallos, claro, pero resultona al fin y al cabo.
En cierto modo, toda la historia es una suerte de metáfora del típico y bondadoso genio de la lámpara que concedía tres deseos a quien le despertaba con un frotis. Solo que aquí, el genio es un demonio llamado Djinn, y sus deseos siempre tienen una terrible mala leche y un único objetivo: que tras la concesión del tercero, se desaten sobre la Tierra las hordas de Djinns del infierno. En esta tesitura se verá la protagonista de "Wishmaster", que tras despertar al demonio de su lámpara (que aquí es una piedra), tendrá que lidiar con él y evitar que todos sus amigos y conocidos mueran de forma horrible a merced de los enrevesados deseos que el Djinn se las apaña para conseguir con su verborrea tergiversada. Y no menos difícil, tendrá que engañar al demonio para volver a encerrarlo en su piedra.
El argumento, rápido y entretenido, da pie a muchas escenas de gore de buena calidad, en especial el inicio en Persia y el clímax en la fiesta del coleccionista. No encontramos auténtico terror, pero sí gore, al menos. El personaje del Djinn y su aspecto están bastante logrados, y su encarnación humana, Andrew Divoff, no puede ser más acertada. Además, la voz de doblaje es buenísima, supongo que incluso superior a la original. La dirección tampoco es nada del otro mundo y los actores son todos bastante patéticos, pero cumplen su cometido en una trama en la que lo que importa es la sangre y el monstruo de turno. Tampoco faltan un par de cameos reconocibles, como Robert Englund e Ivan Raimi en el papel de ricachón coleccionista y su ayudante.
Pero bueno, en definitiva, "Wishmaster" es franca en su cometido. Prometía un demonio y ofrece un demonio, y acaba siendo una película divertida con la que pasar horita y media de vacío mental y de risas ante las cabronadas que se le ocurren al Djinn para otorgar los deseos de los que se alimenta. Lo peor: que comenzó una franquicia que ha ido en un descenso vertiginoso desde una película apañada hacia la mierda más putrefacta.

Muertos del pasado (Marcus Adams, 2002)

Cuando vi esta película en cines en 2002, mi por aquel entonces novia y yo salimos gratamente sorprendidos. La película, aunque efectista, tenía un par de giros interesantes, y algunas escenas de terror muy bien conseguidas que lograban mantenerte clavado a la butaca. Recordamos durante días la sesión de ouija de aquel grupo de temerarios amigos; recordamos también la escena en la que el demonio invisible dejaba caer un cadáver frente a otro chico, escondido bajo una cama; recordamos la escena final con aquel desenlace abierto. En definitiva, que salimos contentos de haber visto una peli de miedo y la recomendamos a todos los que nos preguntaron qué tal.
Supongo que me habré granjeado más de un enemigo por aquéllo.
Ahora, siete años después, o yo he aprendido mucho y se me ha refinado el gusto por el cine, o es que la película siempre ha sido un bodrio. Hoy en día me gusta pensar que cuando quiero ver una película de serie B, la elijo yo a conciencia, sabiendo lo que voy a encontrarme. Pero con esta "Muertos del pasado" me he topado ahora con una explotation del género de terror adolescente protagonizada por actores malísimos y totalmente inexpresivos en papeles típicos a más no poder, llena de situaciones totalmente previsibles y de un desenlace tan obvio que hace daño a las neuronas. Mira tú por dónde, pero si hasta lo poco que se ve en el póster te deja muy claro quién de los protagonistas es el que está poseído por el demonio. Por favor...
No diré solo basura sobre esta cinta. Hay que atribuirle, al menos, un buen ritmo y esas dos escenas que causan al menos sobresalto por la mala idea que llevan. Pero por lo demás, tanto interpretativamente como en guión, la película se queda muy, muy dañada por el paso del tiempo. Supongo que gente más madura y exigente de lo que yo era en 2002, ya se dio cuenta por aquel entonces de que esto era un truñete más para pasar sin pena ni gloria, pero yo la redescubro ahora. Y los muertos del pasado me dan en todo el morro.