Tierra salvaje (Craig Strachan, 2005)

Una hora y siete minutos. Eso es lo que dura esta película, y se hacen eternos. No me extraña que no figure en Filmaffinity y que no se pueda encontrar en DVD por ahí. Esto es un peñazo insufrible, mal filmado, con fotografía de documental amateur, interpretaciones vergonzosas, efectos especiales de chichinabo y una historia que se ve venir por todos los lados. Y ha costado 1 millón de libras, unos 200 millones de las antiguas pesetas. ¿Alguien se lo puede creer? Me pregunto en qué se ha ido el presupuesto, si en el hombre lobo de gomaespuma, en las clases de interpretación del reparto, o en los magníficos decorados de cartón piedra. O quizá es el sueldo del guionista. Me cago en la leche, adónde vamos a parar. Yo no tengo ni puñetera idea de cine, pero si me dan 1 millón de euros seguro que hago una película mejor que ésta.
Esta infracinta trata sobre una niñata que se queda embarazada y da a su niño en adopción, y semanas después, durante una excursión al bosque con más adolescentes estúpidos, son atacados por un hombre lobo de peluche y goma después de encontrarse a un bebé en un castillo entre cadáveres. Empieza la persecución, todos van muriendo penosamente, la chica llega a una casa y se convierte en loba porque el bebé, que era una cría del monstruo, le muerde un pezón. Al final, momentazo familiar feliz de la familia Lóbez, que se marchan jugando alegremente con su cría por el campo mientras suena una canción que remata la poca vergüenza que pudiera quedarte.
Y ya está. Esa gilipollez es la película. No esperéis más que tres momentillos de gore decente, que no bueno. Pero hay que pararse y admirar la cinta en todo su esplendor, porque es de manual del anticine. Todo es espantoso, el diálogo es basura, la cámara se regodea en planos larguísimos (y eso que la película dura una horita) y en estirar una historia que hubiera sido un corto apañado de 15 minutos. Hay momentos que ni te crees lo que estás viendo, como cuando una de las chicas se cae por una colina y no puede subir, como si fuera el Everest. O la estrategia de matar al lobo con un par de piedras escalera abajo, que encima funciona y todo. Madre del amor, es que no hay por dónde cogerlo, parece una constante burla a la inteligencia del espectador. Pero esto no es serie B, eso es lo peor. Un millón de libras de presupuesto no es serie B. Esto pretendía ser una película de verdad, y el resultado es una aberración.
En fin, me apunto una nueva muesca en la culata. He vuelto a conseguirlo. He vuelto a encontrar una película que me hace poder decir que es la peor que he visto. Ahora solo me pregunto cuánto tardaré en encontrar otra que aún sea peor... lo cual, en cierto modo, es una pregunta inquietante.

Matrix Revolutions (Larry y Andy Wachowsky, 2003)

La trilogía que nunca debió pasar de su primera parte sublime, alcanza aquí su clímax. Y tras la flojísima "Reloaded", ésta última entrega de la particular odisea griega informática de Neo, Morfeo y Trinity parece retomar en lo más esencial el espiritu de la primera parte. Aunque solo sea un poco, pero sin duda esto es mucho más "Matrix" que "Reloaded". Personajes como el Ferroviario continúan siendo absurdos, aunque esté claro que todos pretenden representar partes de los sistemas operativos de cualquier ordenador. La relación Neo-Trinity es menos pastelona, aunque no deja de resultar algo cansina. Pero lo mejor es que "Revolutions" logra algo que, tras "Reloaded", me parecía imposible: que deje de odiar a Zion. La ciudad humana continúa pareciendo una suerte de comuna con aires de mundillo de Star Wars, pero una vez acostumbrados a sus personajes y al rol estereotipado -pero imprescindible- que cada uno tendrá en la guerra, alguno llega a caerte simpático y todo. Y no cabe duda que la batalla tiene mucho de épico, una épica galáctica, si se quiere, aunque la batalla no se desarrolle propiamente en el espacio, pero los aficionados a la ciencia ficción me entenderán.
Encontramos además el interesante viaje de Neo y Trinity hacia su destino para decidir el de Zion, un viaje en el que se enfrentarán a las máquinas en pleno corazón de su civilización. Pero aquí Neo ya tiene poderes incluso en su forma humana, puesto que él es Matrix y Matrix es él. Y todo para desencadenar en un trato entre las máquinas y el elegido que decidirá la paz entre ambos bandos en un último combate entre Neo y el incontrolable programa Smith dentro de Matrix. Aquí los Wachowsy se explayan a su gusto, se les va la pinza convirtiendo la pelea en un episodio de "Dragon Ball", pero es indiscutible que es una escena espectacular en todos los sentidos, con tremendos efectos especiales y una banda sonora muy poderosa que acompaña a ese despliegue de artes marciales y CGI bajo la lluvia. Al final, Neo se infiltra en el programa Smith, Matrix puede acceder al archivo corrupto y eliminarlo, se formatea el sistema y se hace la paz entre humanos y máquinas. Y al espectador que ha tenido fe de aguantar estas seis horas de saga, le queda la sensación de que, aún con los altibajos generales y con el enorme bache que supuso "Reloaded", la trilogía "Matrix" es de lo más original que ha parido la ciencia ficción moderna, y que ha merecido la pena el viaje.

Matrix Reloaded (Larry y Andy Wachowsky, 2003)

Y tras el éxito de la obra maestra en toda regla que fue "Matrix", llegó la secuela. Una secuela que, en realidad, serían directamente dos, separadas tan solo por el típico letrero de "Continuará" entre la segunda y tercera. Fascinados por lo que nos encontramos cuando, escépticos, acudimos a los cines a ver "Matrix" y descubrimos un nuevo y revolucionario concepto de cine de acción y ciencia ficción, decidimos que una secuela no podría hacer daño a la primera (aunque aquel final abierto con Neo echando a volar desde la cabina telefónica quedaba perfectamente concluso en sí mismo y libre a la interpretación de cada uno).
Craso error.
"Matrix Reloaded" es un ejercicio de ver quién la tiene más larga. En "Matrix", los Wachowsky se sacaron la polla cinematográfica -antes de que uno de ellos se la cortara- y la mostraron al mundo, dejándonos a todos avergonzados ante el tamaño de aquel descomunal miembro. Cuatro años más tarde, según los directores "cuando la tecnología informática alcanzó el nivel necesario para recrear lo que querían hacer", presentaron la secuela, en la que todo es más grande, más largo, más espectacular, y más vacío de contenido aunque pretenda ser más filosófica, más profunda y más metafórica. Donde antes Neo tenía un estupendo combate con Smith, ahora lo tiene con cientos de Smiths, en una escena de 10 minutos que parece un combate de "Dragon Ball" jugado en la PlayStation. Donde Neo vestía con una gabardina, ahora parece el párroco de Valdecabras. Donde antes se veía la alegoría informática y la similitud de los personajes y situaciones con algunos de los componentes de un ordenador, ahora todo es menos disimulado, y encontramos claras representaciones de virus, antivirus, anomalías, discos duros, firewalls, búfers de memoria y programas de todo tipo. Ridículos personajes como el Arquitecto o Merovingio y su esposa Perséfone (Monica Belluci, vale, de ella no voy a decir nada malo), y otros más ridículos que aún están por aparecer en la tercera.
Pero quizá lo más chirriante es la ciudad de Zion. A medio camino entre una comuna hippie y un poblado medieval, cuesta ubicar a ese montón de andrajosos en pleno siglo XXIII. Sus vestimentas y estructura social (consejo, militares capitanes de naves gigantescas...) recuerdan descaradamente a "Star Wars", o al menos eso me parece a mí, con la consecuente sensación de que estás viendo algo que ya te suena. Todo este desarrollo de Zion hace que pierdas mucho interés por la historia. En "Matrix" imaginabas cómo debía sobrevivir aquella pobre gente, y aquí lo que ves no está a la altura de las expectativas. Y qué decir del momento "Bienvenidos a la Central del Sonido" tras el discursito de Morfeo... Ridículo, fuera de lugar totalmente. Tampoco ayuda el empalagoso romance entre Neo y Trinity, que es casi el eje de la película y que ocupa más de lo que debería.
Pero no todo es malo. Las secuencias de acción continúan siendo trepidantes, en especial la de la persecución en la autopista, pero todo está tan pasado de vueltas que, donde "Matrix" revolucionó, "Reloaded" llega a sonrojar. Aún así la película no llega a dar pie al aburrimiento, y su abrupto final te deja con ganas de ver la tercera, aunque solo sea por ver dónde acaba todo el tinglado. Lo que está claro es que no hay que ser indulgente con una secuela solo porque la original fuera una obra maestra. Ya lo dije con "Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal". Hay veces que no hay que estirar la goma más de lo necesario.

The Matrix (Larry y Andy Wachowsky, 1999)

La ciencia ficción tiene tres o cuatro títulos imprescindibles y que han constituido puntos de inflexión en el género. En su momento lo fueron “La invasión de los ultracuerpos”, “2001, una odisea en el espacio”, “Terminator” y “Blade Runner”. Pero para este nuevo siglo, el referente absoluto es “Matrix”.
La premisa de “Matrix” es ciencia ficción pura y dura, mezclando elementos similares a “Terminator” y combinándolos con una alegoría a los sistemas informáticos modernos que rigen casi todos los aspectos de nuestra vida, y hasta con cierta metáfora religiosa. No me gusta desvelar qué es realmente Matrix, porque adentrarse en la historia creada por los Wachowsky e ir descubriendo cada giro y cada sorprendente recoveco es un estupendo viaje cinematográfico.
Pero no nos engañemos. Si la historia de “Matrix” es buena, inteligente, hasta transgresora y crítica si nos ponemos, lo que realmente la convierte en el referente de referentes de la “nueva ciencia ficción”, es su puesta en escena. El desarrollo de la historia en un supuesto entorno informático en el que toda ley física es susceptible de ser burlada si se sabe cómo, sirve como pretexto perfecto para que los protagonistas realicen lo imposible. Es inaudito ver a Keanu Reeves y Laurence Fishburne haciendo kung-fu como dos auténticos profesionales, con movimientos naturales, fluidos, rápidos, magníficos. No son dos actores de artes marciales, y su entrenamiento para esta película les hace aparecer en pantalla convertidos en dos máquinas de luchar. Y luego tenemos el aspecto visual logrado por el equipo de FX, que dota a la película de una atmósfera imitada pero inimitable, con sus escenas de cámara giratoria y tiempo bala, sus ralentizaciones e interminables escenas de lucha, tiroteo y acción a ritmo de música machacona. Algo que no debería quedar bien, pero que queda de maravilla. Los Wachowsky sabían lo que hacían, y lo que hacían era concebir una nueva forma de rodar el cine de acción, una nueva forma que, desde entonces, siempre se ha conocido como “a lo Matrix”, pariendo el recurso del tiempo bala y otros tantos que hicieron que se nos pusieran los ojos como platos a los que vimos en el cine esta obra maestra aquel verano de 1999.
Que las otras dos partes de la trilogía son peores, es indiscutible. Pero en lo que concierne al mundo del Séptimo Arte, “Matrix” supuso un nuevo punto y aparte. Una nueva forma de entender la ciencia ficción, la acción más trepidante y las artes marciales, generalmente tres géneros que nada tienen que ver, como piezas para crear un mismo todo. Un todo que redefinió el cine de acción y que es, por derecho, una obra maestra de lo audiovisual que ha creado escuela.

El territorio de la bestia (Greg McLean, 2007)

Dentro del montón de películas sobre turistas y aventureros varios que acaban a merced de un animal salvaje de dimensiones desproporcionadas, se han hecho -y he visto- disparates de todo tipo. Pero también hay algún pequeño destello de calidad que demuestra que ese género tiene alguna historia creíble en la que los protagonistas son naturales, el monstruo de turno no es un supervillano sino un simple depredador y, sobre todo, en la que el director y guionista consigue crear una atmósfera que se apoya en el suspense y el buen pulso narrativo y no en la casquería gratuita y los sustos fáciles. En este sentido, el film de Greg McLean (alguien que ya me sorprendió agradablemente con su primer trabajo, "Wolf Creek") consigue un sobresaliente en su primera hora, aunque inevitablemente en su último tercio se desvía hacia el trillado enfrentamiento entre hombre y bestia que todo film de estas características necesita. No obstante, se trata de un enfrentamiento totalmente desequilibrado a favor del cocodrilo, y que el hombre solo logra ganar gracias al ingenio y, no nos engañemos, a la suerte.
Pero como decía, la película tiene mucha más sustancia en su primera hora, durante la que se hace la acertada presentación de personajes, del entorno, y del meollo del asunto, cuando el grupo de turistas y su guía acaban encallados en un islote en medio del río, acechados por un enorme cocodrilo territorial que los ha clasificado como alimento y que no piensa detenerse hasta que se los coma. El animal no es sutil, no es sibilino, no piensa. Se comporta como lo que es, un depredador inteligente y taimado. Pero claro, los humanos están en aplastante desventaja por el escenario y por sus condiciones. La película tampoco muestra excesiva violencia, y la que muestra lo hace con buen gusto, sin regodeos. Los efectos están muy por encima de la media de esta clase de producciones, con un cocodrilo bien hecho tanto animatrónica como digitalmente. E incluso los protagonistas se curran una interpretación dedicada y coherente. Caramba, qué puedo decir. Es una película entretenida, hasta realista, con un argumento trillado, sí, pero bien llevado y bien filmado. Para pasarlo bien y que no merezca ser considerada una monster movie más.

Cubbyhouse, la cabaña (Murray Fahey, 2001)

Qué asco de película. Es tan mala que podría considerarse delito poseerla, como si fuera algún tipo de estupefaciente. No sé muy bien cuál era la intención del director cuando se le ocurrió esta escoria, pero espero que no fuera precisamente la que vimos en pantalla.
A ver, del argumento poco hay que decir. Es la típica historia de casa maldita que se apodera de algún miembro de la familia (véase “Amityville”), pero en esta ocasión es una casa de juegos situada en el jardín, y usada anteriormente para ritos satánicos en los que se sacrificaba niños. El prólogo es avergonzante, malísimo, de serie Z, y casi hace que el resto de la película parezca buena tras verlo, aunque también es basura. Para empezar, tiene eso que me encanta, que es que un personaje envejezca treinta años solo con un cambio de peinado. Y el tipo en cuestión ya era viejo en el prólogo (35 años, pongámosle), así que debería ser un anciano, pero nooooooo, está igual que entonces, pero con el pelo largo.
Luego choca encontrarse a una cara desconocida/conocida como la de Joshua Leonard como protagonista. Por el nombre no os sonará, pero es uno de los tres personajes de “El proyecto de la bruja de Blair”. Casi me da pena que, habiendo participado en la que yo considero la mejor película de terror moderna (a falta de ver “Paranormal Activity”, que está poniéndome ya los dientes largos), se tuviera que arrastrar por producciones de esta calaña para subsistir, pero bueno, es ley de vida. Viéndolo actuar, tampoco se merece mucho más.
En cuanto a la historia, no tiene nada interesante. Los dos hermanos pequeños de Joshua son poseídos por la cabaña, que los atrae para que completen el ritual. La cabaña, además, parece transformar a la gente que entra en ella, como queda patente en la escena en la que la mojigata de la novia de Joshua se pone cachonda como un mandril nada más entrar. Y luego tenemos el clímax, con efectos informáticos de pena penísima, un pseudo-exorcismo que da lástima y un trilladísimo final en el que todo queda abierto a una segunda parte que, gracias a Dios, nunca se ha hecho. Ni siquiera hay sangre, ni sexo, ni muertes chulas, y el demonio que sale mejor que no hubiera salido, porque tela cómo canta a Windows Movie Maker… Así que repito: esta película es un bodrio patatero que no llega ni a serie Z, cuya única virtud es que, al menos, no es totalmente incoherente en su desarrollo (no pasa de la noche al día en una escena ni cosas de esas) y no se llega a hacer tediosa. Pero lo dicho, es un truño.

Candyman 2 (Bill Condon, 1995)

Una de las figuras más míticas del terror, es un negro de dos metros, con abrigo largo y un garfio por mano. Un hombre que, en vida, fue un artista cuyo único pecado fue enamorarse de una mujer blanca en plena época de esclavitud. Y cuyo castigo fue una horrible muerte orquestada por el padre de la mujer, que ordenó que el pobre hombre fuera perseguido, que le cortaran la mano con un viejo serrucho oxidado, y que le untaran de miel para dejar que las abejas acabaran con él. No contento con eso, en los momentos finales del negro, su asesino le puso un espejo ante su deformado rostro, para burlarse de él. Y el alma de aquel atormentado mártir quedó atrapada en el espejo, y convertida en un instrumento de maldad y venganza que acudiría a acabar con la vida de cualquier ignorante que pronunciara su nombre cinco veces ante un espejo. Un nombre burlón que hacía referencia a su “dulce” muerte entre miel y abejas: Candyman. El hombre de caramelo.
Sinceramente, la simple historia ya es brutalmente buena. Poco desarrollo hace falta para que esta historia ya tenga un halo mítico desde el principio. ¿Quién no conoce alguna leyenda sobre nombres que, pronunciados ante un espejo, tienen algún efecto sobrenatural? Pues con la leyenda de Candyman, el mito urbano se convierte en genial personaje de ficción brotado de la imaginación de Clive Barrer, e interpretado por la mejor opción para el papel, el enorme Tony Todd. Si la primera parte es un clásico del terror, esta segunda entrega, que bebe directamente de donde termina aquélla, no es peor en su desarrollo e incluso aporta el original giro del linaje de Candyman y el toque final del espejo maldito como talón de Aquiles del asesino sobrenatural, pero claro, pierde el importantísimo factor sorpresa. Pero da lo mismo. Candyman sigue siendo uno de los personajes más importantes del terror cinematográfico moderno, y al que no lo considere así, que pronuncie su nombre cinco veces en el espejo. Ya verá como viene Tony Todd y le abre en canal “desde la ingle hasta el esófago…”

La tierra de los muertos vivientes (George A. Romero, 2005)

No recordaba haber visto esta película, y ha sido una grata sorpresa descubrirla. El padre del género, George Romero, regresaba en plena forma con esta historia que no cuenta nada nuevo, pero que lo hace con más medios, mejor puesta en escena, y sin perder ese toque de serie B que caracteriza al subgénero de los muertos vivientes.
Aquí, en lo que podríamos considerar una cuarta parte o un epílogo de la trilogía de Romero (“La noche de los muertos vivientes”, “Dawn of dead” y “El día de los muertos”), el mundo parece haber asumido que los muertos están entre nosotros. Así, se han creado ciudades fortaleza con todo lujo y confort y, claro está, asequibles solo para los bolsillos millonarios. Mientras, en el mundo normal, los zombies parecen estar haciendo lo imposible: aprender. En especial un zombie negro que trabajaba en una gasolinera y que se llama Big Daddy (una especie de zombie Bub pero digievolucionado), que logra comunicarse con sus congéneres y aprender a utilizar herramientas y armas de forma rudimentaria, pero efectiva. Big Daddy y todos aquellos zombies que quieren seguirle, se dirigen hacia la ciudad más cercana, mientras que los protas de la historia, un grupo de cazazombies y recuperadores de suministros, pelean entre sí por un tema de chantaje que no detallaré porque da lo mismo.
Lo que interesa es el buen ritmo narrativo de la película, protagonizada más que nunca por esos zombis menos tontos que saben caminar bajo el agua, usar una metralleta y derribar una alambrada. Zombies que, al fin y al cabo, solo buscan lo mismo que los humanos: sobrevivir -aunque, paradójicamente, estén muertos- y encontrar un sitio donde estar. Así que, en esta historia, los malos no son malos, sino simplemente son unos pobres desgraciados. Y lo que más importa es que encontramos buen gore zombi del de la vieja escuela, con efectos especiales de casquería de la mano del bueno de Greg Nicotero, con aparición estelar de Tom Savini como zombi, mucha sangre, muchas tripas, y mucho entretenimiento. A mí me ha gustado mucho, se hace amena y tiene lo que un fan de los muertos andantes puede querer. ¿Que Romero está un poco venido a menos? Pues hombre, sí, la verdad. Pero de lo que ha hecho últimamente, esto es de lo mejorcito. Aunque eso de los zombies pensantes… se nota que no han leído el libro de Max Brooks.

La serpiente y el arcoiris (Wes Craven, 1987)

Esta es una de las películas sobre zombies más serias y verídicas que se pueden encontrar, quizá porque versa sobre “el otro” zombie, el que no se alimenta de cerebros y de vísceras humanas mientras camina putrefacto por la tierra, sino del zombie haitiano. Además, es también la película más “de autor” de Wes Craven, un cineasta del terror que, en mi opinión, siempre ha estado bastante sobrevalorado (aunque tiene un par de títulos o tres bastante destacables que todos conocemos y de los que lleva chupando toda la vida). En esta ocasión, Craven supo tejer bien una historia que se desarrolla casi todo el rato en el terreno del thriller, que apenas tiene un par de sobresaltos, y que solo tira hacia lo fantástico-terrorífico en su última y peor parte, esa en la que el protagonista lucha contra el malo malísimo diabólico. Durante el resto de la cinta, la acción transcurre pausada mientras el personaje interpretado por el soso Bill Pullman va adentrándose en el sombrío mundo del polvo zombi de Haití, capaz de convertir a una persona en prácticamente un cadáver andante, un ser sin voluntad que despierta a las órdenes de su amo (aquel que ha preparado el polvo) tras un período de letargo en el que la víctima llega a parecer muerta y, las más de las veces, llega a ser enterrada viva mientras que tiene plena consciencia de todo lo que sucede a su alrededor (como le sucede a Pullman en la mejor escena de la película, realmente angustiosa). El desarrollo de la historia, mezclado con derroteros políticos con el trasfondo del malvado cacique haitiano, es creíble hasta, como decíamos, el fantasioso y surrealista desenlace, que tira por los suelos eso de “Basado en hechos reales”. Aún con todo, con una dirección hábil, una fotografía bonita de los paisajes haitianos, y con una mirada a lo más profundo y sobrenatural de la auténtica magia negra ancestral que aún existe, “La serpiente y el arco iris” es un título serio e inteligente del terror ochentero, alejado de los convencionales sustos y monstruos inverosímiles que caracterizaron aquella querida época.

Serpientes en el avión (David R. Ellis, 2006)

Serpientes... en el avión. Creo que el título no deja mucho a la imaginación, así que esta es la típica película que nadie debería tener derecho a criticar negativamente, porque no puede engañar a la audiencia. En todo caso, el que no quiera encontrarse un disparate de proporciones ofidias, que no la vea; pero aquel que se dispone a ver una película con esta premisa, sabe a lo que se expone. Y si no, es que no sabe leer.
El caso es que, después, la película cumple con todas las expectativas. Seamos sinceros, esto no se toma en serio a sí mismo en ningún momento. La historia es tan tonta que parece de una comedia de Mel Brooks: un testigo de un asesinato es llevado a declarar en una avión comercial lleno de pasajeros, pero el asesino lo llena de serpientes venenosas y cachondas para, con suerte, matarlo de un mordisco, o sin suerte, que se estrelle el avión. A ver... ¿pero esto es serio? ¿No podía haber puesto una bomba, colar a un kamikaze, envenenarlo...? No, tenía que llenar el avión de serpientes, amigos. Menos mal que no se le ha ocurrido a Bin Laden.
Imagináos, pues, el despropósito aéreo que se desarrolla después de la primera y lentísima media horita inicial. Cuando las serpientes espabilan empiezan a sucederse el caos y algunas muertes bastante buenas (siempre con ese punto de humor negro, porque muerden en los pezones, en las pichas, o hasta se le meten a una señora por... por ahí), pero aún así, ni en los momentos más truculentos, la película jamás pierde ese aire de serie B tirando a C y esa sensación de que, por más sangre y muertes que haya, sigue sin tomarse en serio. Porque es imposible tomarse en serio.
La colección de tópicos es impresionante. Todo el pasaje son estereotipos al cubo (rubia tonta con perro a lo Paris Hilton, negro chulesco, pareja de guaperas que mueren mientras chuscan en el baño, azafatas buenorras que se interesan por nuestros protagonistas, gordo que salva la situación, azafato afeminado...). El guión también es un tópico tras otro, las muertes están cantadas y sabemos qué va a pasar, quién va a vivir y quién va a morir. Pero dentro de su cutrez, tenemos escenas para el recuerdo: Elsa Pataky realizando la más bizarra extracción de veneno que nos podamos imaginar; Samuel L. Jackson (sí, el hombre que nunca lee guiones, como ratifica esta película) despresurizando el avión a tiros para que las serpientes sean absorbidas; o un negro gordo aterrizando el aparato gracias a su experiencia con un videojuego, ante lo cual, después, Samuel suelta la frase que remata el disparate: "¡Dios bendiga a la PlayStation!"
Así que qué puedo decir. Como amante de la serie B, esta película me ofrece todo lo que puedo esperar, y lo hace con toda honestidad, sin engañar, sin pretender ser una superproducción y burlándose de ella misma, del género monstruoso-catastrófico, y de su puñetero padre. Es una basura, sí, pero... basura es lo que íbamos a ver a sabiendas, así que nadie puede quejarse.

La bella y la bestia (Gary Trousdale y Kirk Wise, 1991)

Para que aún haya gente que diga que los dibujos animados son cosa de niños. Yo nunca he sido de ese parecer, pero es que con películas como esta, queda más que demostrado que una película de animación puede ser una obra maestra intemporal para niños y adultos. Y si me apuras, más para adultos, porque podrán captar más aspectos de la magnífica obra que les han plantado delante.
Esta es la típica historia basada en los clásicos y moralistas preceptos de la Disney. Sí, la belleza está en el interior, la chica guapa puede pasar del guaperas y se puede enamorar del feo con buen corazón, representado aquí como un egoísta príncipe transformado en monstruo. Al final, todos felices y comiendo perdices, aunque no entremos a juzgar eso de que el monstruo resulte ser realmente un guaperas aún más guaperas que el que rechazara la guapa, ni que sea un príncipe asquerosamente rico. Eso es algo circunstancial... ¿no?
Lo que realmente cuenta en esta película no es la historia que todos ya conocemos, sino la maravillosa forma de contarla que tuvo Disney. Desde el prólogo, la historia te envuelve, la animación es entrañable, y mágica, y los personajes son perfectos en todos los sentidos. Divertidos, tiernos, con carácter. Puede que Bella sea la más bonita y dulce de todas las chicas Disney (siempre cortadas por el mismo patrón de dibujo), y que Bestia sea el personaje más expresivo que nunca se haya dibujado. Impresionante cómo se le dotó de esa expresividad facial a su rostro monstruoso, que transmite furia, tristeza, sorpresa, desconcierto, compasión, y todo un espectro de emociones que ya le gustaría a José Coronado o Imanol Arias poder transmitir.
Y qué decir de la banda sonora, compuesta por casi una decena de canciones preciosas, con una puesta en escena animada increíble y que les mereció el Oscar a la mejor canción y mejor banda sonora con toda la razón del mundo. Y no solo eso, sino que la película sentó el precedente de ser la primera nominada al Oscar a mejor película siendo una cinta de dibujos.
Así que soy el primero en reconocer que no hace falta ser un niño para disfrutar de ciertas películas. No soy precisamente fan de Disney, pero cuando alguien hace algo bien, hay que quitarse el sombrero. Y "La bella y la bestia", mucho más allá de su mensaje y de su enfoque más destinado a los pequeños, es un peliculón que hizo historia, que tiene la capacidad de emocionar y divertir a partes iguales, y que nunca se quedará obsoleta.

Moon (Duncan Jones, 2009)

La última sorpresa del festival de cine fantástico de Sitges ha sido esta ópera prima del inglés Duncan Jones. Me dispuse a verla totalmente recomendada por todas las críticas que había leído, en las que había quienes se atrevían a compararla con "Blade Runner" o "2001: una odisea en el espacio". Y como casi siempre suele pasar, no alcanzó mis expectativas.
"Moon" se ambienta en un futuro próximo en el que una compañía exporta un combustible que se extrae de canteras en la Luna. En la base instalada en el satélite, solo hay un operario, Sam, con un contrato de tres años que está a punto de llegar a su fin. Pero cuál no será su sorpresa cuando, después de tener un accidente con un vehículo lunar, Sam despierta de nuevo en la base y ve que no está solo, sino acompañado por él mismo. Comienza a partir de ahí una desconcertante historia sobre clones, maldad empresarial y conspiraciones para ocultar la verdad a la gente que continúa su vida alegremente a más de un millón y medio de kilómetros de la particular odisea de Sam.
Vamos por partes. No cabe duda que Duncan Jones ha demostrado que es un talento a tener en cuenta y que no hay que perderle la pista. Maneja muy bien la cámara, el montaje es coherente y sin lagunas, la fotografía (en especial algunas imágenes espaciales) es preciosa y además no ha permitido que la banda sonora empañe las escenas, acompañándola con un suave piano en los momentos justos. La historia también tiene su aquel, y la idea es original en su justa medida, pero el tema de la clonación y su moralidad/amoralidad ya ha sido tratado en otras cintas. Yo me quedo sobre todo con la estupenda interpretación de Sam Rockwell en sus dos papeles, ambos tan complejos que podría ser como interpretar a seis o siete personajes distintos. La soledad y aislamiento de ese pobre currante tan lejos de casa queda perfectamente reflejada de una manera muy creíble. Y no nos olvidemos de Gerty 3000, el robot de la nave y todo un personaje más (con la voz de Kevin Spacey en versión original), que tiene ese puntito similar al HAL 9000 pero en absoluto las intenciones de aquél. Me dio la sensación de que este Gerty viene a ser a los ordenadores como el Bishop de "Aliens: el regreso" a los androides: una especie de reivindicación de que no todos son malos.
Lo peor quizá es el final, demasiado abrupto, quizá hasta demasiado feliz y, por lo tanto, inverosímil. Eso, y un par de escenas que quedan totalmente inexplicadas -las visiones de Sam- y que, en mi opinión, son una trampa para que el espectador no se huela lo que pasa desde el principio. Aunque bien pensado, también podría criticarse el hecho de que una empresa cree un ejército de clones para trabajar a razón de tres años por cabeza, solo para no pagar un sueldo. ¿Realmente ahorran dinero?
Resumiendo, "Moon" es una buena película que, aunque no aporta nada al género, demuestra un estupendo pulso narrativo y desarrolla una idea que no precisa exclusivamente de efectos especiales para ser contada. Una apuesta diferente y arriesgada para ser la primera película de este cineasta, pero sinceramente, podría haber dado más de sí.

Sin City (Robert Rodríguez y Frank Miller -con la participación de Quentin Tarantino-, 2004)

De la prolífica y negra imáginación de Frank Miller surgió la serie de comics llamada "Sin City", ambientada en una corrupta ciudad repleta de personajes sórdidos y sin escrúpulos, donde los malos son muy malos, pero son los buenos comparados con los más malos. Y de mano del propio Miller, bien acompañado de Robert Rodríguez y, cómo no, con la participación de Quentin Tarantino, nos llegó la adaptación cinematográfica de tres de las historias de Sin City. Una adaptación perfecta, casi viñeta a viñeta y texto a texto, que capta no solo la esencia del cómic incluso respetando la estética del blanco y negro adornada con esos sorprendentes toques de color, sino también el mejor sabor añejo del cine negro.
Las tres historias tienen como nexo común a sus protagonistas, vidas entrecruzadas que no se conocen en una ciudad, eje de todo lo que vemos, que es caldo de cultivo de los más despiadados, asesinos, corruptos e inmorales personajes que podamos imaginar. Extraordinaria la labor de dirección de Rodríguez y Miller -aunque con la más reciente "Spirit" Miller demostró que el mérito de "Sin City" fue, sin duda, más de Rodríguez que suyo-, y también el aporte de Tarantino, que seguro se encargó de dirigir la historia de las prostitutas. Su estilo está presente en toda la historia, su humor negro y gore, su gusto por lo japonés con el personaje de Miho, su grotesca concepción de la violencia al servicio de la diversión. Impresionante también la labor de casting, consiguiendo un reparto que encaja perfectamente con lo que los personajes requerían, y no menos buenas las caracterizaciones y la genial fotografía que logra transformar en fotogramas muchas de las viñetas, y convertir la película en todo un cómic audiovisual. Admito que ayer me hizo gracia el maquillaje de Mickey Rourke como el enorme Marv, que me recordó muchísimo a las caracterizaciones de Joaquín Reyes en "Muchachada Nui", pero es obvio que el personaje lo requiere. Aunque eso no me libró de la carcajada, claro.
En cuanto a las tres historias, todas son estupendas en contenido y estilo. Quizá la más impactante es la de Marv, la más violenta y explosiva, sobre todo por el inquietante punto de terror que le confiere el genial personaje que interpreta Elijah Wood. Ésta es mi favorita. En segundo lugar, casi empatada con la de Marv, estaría la de Hartigan, un estupendo Bruce Willis en el papel del único policía honrado de esa ciudad de pecado. Su historia con el depravado bastardo amarillo y la sensual Jessica Alba tiene también algunas escenas de las que no se pueden olvidar, sobre todo por lo explícito. Y la que menos me gusta, aunque dicho con la boca pequeña, es la de Dwight (Clive Owen), un personaje misterioso que se verá envuelto en una guerra entre policías, mafia y prostitutas para decidir el destino del barrio más particular de Basin City.
En definitiva, el magistral pulso narrativo, el material de primera en el que se basa (las novelas gráficas de Miller), la estética acertadísima y un reparto perfecto en el que hasta el último secundario es una cara conocida, convierten a esta película en mucho más que una adaptación de viñetas a cómic; la convierten en una obra maestra de un género casi olvidado hoy en día y revitalizado aquí con más violencia, fuerza y presencia que nunca.

Jesús (Roger Young, 1999)

Me encanta la figura de Jesús de Nazaret. Me parece que es uno de los personajes más peliculizables que existen, y da para muchos enfoques de la misma historia. Lo último, el espectáculo de Mel Gibson de "La Pasión de Cristo", a medio camino entre "Braindead: tu madre se ha comido a mi perro" y "John Rambo", con un Jesús que es como el pan ese, que lo aguanta todo, todo.
Pero me desvío del tema. Cuando hace años vi esta peli en la tele (no supe hasta más tarde que es que no es una peli, sino un telefilm de 3 horas en dos episodios, dentro de la colección "La Biblia", episodios 16 y 17 para más señas), me dejó sorprendido. El tratamiento era diferente, la peli tenía más luz, más vida, Jesús era más humano, los escenarios más coloridos, y además había algunos puntos sorprendentes como el demonio-mafioso y sus visiones sobre el presente (futuro, entonces), o la escena final con Jesús en nuestro tiempo rodeado de niños a lo Michael Jackson. Chico, me resultó una película curiosa, de las que te parecen distintas. Pero, unos añitos después, volví a encontrármela por televisión. Y me di cuenta de que hace aguas por todas partes.
Jeremy Sisto es muy mal actor, eso está claro. Pero lo malo de su falta de talento es que debe ser vírica, porque se contagia. Gary Oldman es un actorazo impresionante, y en esta peli, en su papel de Pilatos, está de pena. Sobreactuado y lamentable, como si tuviera prisa por cobrar y largarse (y lo entiendo, vaya). Y el resto de secundarios son igual de lamentables. Nadie se salva.
Mención especial merece la escena de los azotes y la crucifixión, generalmente el clímax de estas películas. Los azotes parecen caricias, pero segundos después vemos a Jesús aparecer cubierto de mercromi... perdón, de sangre. Y la crucifixión... ¿Por qué grita así? ¿Por qué Jeremy Sisto pone esas caras y pega esos berridos? ¿Nadie se dio cuenta que estaban haciendo el ridículo? Macho, es que es la primera película en la que estás deseando que se carguen a Jesús, pero que se lo carguen de verdad. Lo mejor es que cuando lo suben a la cruz, no hay diálogo con los ladrones, no hay momentos célebres como el "he aquí a tu madre", o el "tengo sed", no señor, que iban cortos de cinta. Jesús es clavado en la cruz, y se muere al siguiente plano. Y no os penséis que lo arreglan con una elipse temporal o algo de eso, no... Lo hacen tal cual. Clavar y listo. La crucifixión más efectiva de la historia.
Resumiendo: si te gustan las películas sobre Jesús, la verás aunque solo sea por comparar. Pero cuando pienses en el director, guionista, en Jeremy Sisto, etc, etc... Perdónalos, no sabían lo que hacían.

Ell libro de las sombras, BW2 (Joe Berlinger, 2000)

Es un error terrible ver esta "segunda parte" justo después de haber visto la primera, como si se tratara de una secuela. Porque no lo es. Se trata de una criatura completamente distinta que se aprovecha de lo que la otra contó y lo emplea como excusa para desarrollar una historia que discurre por otro camino. Los medios técnicos son mucho más sofisticados (cosa sencillísima comparándola con aquélla, que se rodó en 8 días con un par de cámaras de 16mm), hay más personajes y relaciones entre ellos, más sangre, más a la vista y menos que imaginarse. Y solo con eso ya se pierde el 90 por 100 de la tensión. El otro 10 por 100 se pierde al desaparecer casi por completo el bosque como escenario de la acción, que transcurre en la segunda mitad de la cinta en la casa-nave industrial de uno de los protagonistas.
¿Qué queda entonces? Bueno, pues queda una historia resultona sobre un grupito de personas que se lanzan a un viaje de aventuras organizado llamado "La caza de la bruja de Blair", y que, tras pasar una extraña noche en el bosque, se verán marcados por la bruja. La narración podría considerarse un enorme flashback, porque al principio de la película ya han terminado los hechos centrales de la misma y van siendo explicados por sus protagonistas a la policía. Esto dota a la cinta de un curioso pulso narrativo que no queda del todo mal y que rompe con lo aburrido y lineal que hubiera quedado todo de presentarse de forma convencional. Al menos así, cada pequeño corte llama tu atención y te obliga a seguir atento.
El problema que le veo yo es que es una cinta totalmente hollywoodiense, comercial, que podría haber rodado cualquiera y que no inventa nada. Todo lo contrario que su predecesora, ésta "secuela" es una película de terror más, que no aporta al género nada nuevo. Ni siquiera su giro final en el que volvemos a ser testigos del enorme poder de la bruja -en esta ocasión para hacer que la realidad se tergiverse a su antojo- remata la película lo bastante bien como para que todo encaje. Y no es que no me gustara, sino que la veo tan sumamente inferior a la primera, tan convencional, que no me dice nada.

El proyecto de la bruja de Blair (Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, 1999)

Es difícil criticar una película como esta, pero vamos a intentarlo.
La idea del cine es, básicamente, la de contar una historia con imágenes y diálogos. En su resultado influyen muchos factores, desde los técnicos a los interpretativos, pasando por los argumentales y los estéticos y sin descuidar el apartado musical. El cine es la suma de muchas partes para conseguir un todo.
En el cine de terror, el objetivo básico sigue siendo el anterior, pero la intención se amplía además a causar miedo al espectador. Inquietud, desasosiego, mal cuerpo. Que quede impresionado y que las imágenes que ha visto, la historia que ha presenciado, perduren en su memoria.
Pues bien, yo no conozco una película que dé más miedo que "El proyecto de la bruja de Blair".
Quizá porque todo tiene una constante sensación de realismo (falsa, de acuerdo, porque ya sabemos que esta película es prácticamente la inventora del moderno y ya habitual marketing viral) que te atrapa en los primeros minutos y no te suelta. La película te hace suyo, la situación de los tres personajes y su progresiva debacle emocional es tan real, tan palpable, que podría ocurrirnos de ese mismo modo a cualquiera.
Quizá porque no enseña nada jamás. No hay monstruos. No hay tripas. No hay bruja, al fin y al cabo. No la hay en pantalla, al menos, pero la sientes. La notas. Su presencia está en cada fotograma, en cada escena nocturna en la que alcanzas a escuchar lo que escuchan los tres estudiantes, en la que crees vislumbrar algo entre la oscuridad, igual que cuando estás en un bosque real de noche. Todo parece vivo, móvil, sonoro. Todo da miedo. Y con más razón en ese paraje maldito de Maryland en el que, de noche, aúllan los niños.
Quizá porque la historia de la bruja es escalofriante, porque los sucesos paranormales se van presentando de una forma tan normal, tan lógica, tan poco sobrenatural y al mismo tiempo tan aterradora, que uno no puede evitar desear que esos tres pobres chicos salgan del bosque de una vez y no tengan que pasar otra noche a merced del horror.
Quizá porque tiene el mejor final de una película de terror de todos los tiempos. Así, a lo bestia, así de tranquilamente lo digo. Porque se me ponen los pelos de punta cada vez que veo esa secuencia final con el chico cara a la pared, como contaba la leyenda. Porque aún se me ponen de punta mientras lo recuerdo escribiendo estas líneas.
Porque si, en definitiva, el objetivo del cine de terror es contar una historia que dé miedo, esta historia es espeluznante. Sin efectos especiales, sin buenas interpretaciones, sin medios económicos, sin una sola nota de banda sonora, casi sin concepto de montaje. Pero para mí, esta es una de las cintas más originales, transgresoras, inteligentes y escalofriantes del terror moderno. Hace diez años salí del cine cavilando, pasmado por lo que había visto. Cada vez que la he visto después continúa sorprendiéndome lo hábil de su estética (copiadísima hoy en día), de su argumento, de su puesta en escena y de su resolución abierta pero tan obvia. Y ayer, no sé ya ni por cuántas veces, volví a verla. Y volví a pasar miedo. Puede que sea la única película de terror que consigue ese efecto en mí, y por eso tiene mi mejor consideración.

Los cuatro jinetes del Apocalipsis (Jonas Akerlund, 2009)

Tras unos añitos alejados de la escena, Dennis Quaid ha vuelto. Y parece que ahora coge todos los papeles que le ofrecen. En esta producción se convierte en un amargado detective de homicidios, destrozado por la pérdida de su esposa, fallecida de cáncer, y teniendo que cuidar de su hijo adolescente y su otro hijo más pequeño, a los que desatiende bastante por el trabajo y por su inestabilidad emocional. En esta coyuntura, es asignado a investigar una serie de asesinatos que acaban revelando un patrón religioso, en el que los asesinos parecen ser elegidos para representar a los cuatro jinetes del Apocalipsis: Muerte, Hambre, Pestilencia y Guerra.
Con un rollito muy a lo "Seven" pero sin la magnífica puesta en escena de aquella ni sus geniales diálogos, la película parece un proyecto bien argumentado pero que fracasa en su presentación. El desarrollo de la investigación es correcto, no hay excesiva recreación en el apartado gore, y la trama es hasta inteligente, pero el guión tiene muchas taras. Además, las interpretaciones no dicen nada, Quaid se pasa toda la película con esa mueca de pseudoamargura que transmite lo mismo que un zapato, y algunos de sus diálogos son muy malos, con lo que su personaje nos importará un pito. No obstante, la narración tiene un buen pulso y no llega a aburrir nunca, aunque no tienes esa sensación atrapante de que la película te ha cogido y no te suelta. Más bien, la película juega a cazar moscas y todas se le escapan entre los dedos, aunque quizá con un mejor libreto, una mejor dirección de actores y una mejor dirección en general, esta historia hubiera dado mucho más de sí. Lo único que queda medianamente bien es el giro final, que aunque puede verse a la legua y es excesivamente moralista (ay, qué malos son los padres que no se preocupan por sus hijos y los empujan al abismo, blablabla...), queda correcto, aunque un poco abrupto en su resolución. Pero en rasgos generales, un thriller aceptable, con aire de tener pocos medios e intentar tirar del gancho de Quaid y de Bay como productor. No pasa nada si la ves, pero tampoco pasa nada si te la pierdes.

Los Simpsons, la película (David Silverman, 2007)

A cualquiera que le guste la serie, cualquiera de mi generación, que nos hemos acostumbrado a comer casi todos los días mientras vemos sus episodios repetidos hasta la saciedad, le gustará película. Y es que no es más que un episodio estirado, con más subtramas y más tiempo para desarrollarlas, pero en esencia tiene lo mismo que ha convertido a estos personajes amarillos en el icono que son desde hace casi 20 años.
Se podría decir que, básicamente, la película trata sobre Homer tratando de salvar Springfield al mismo tiempo que su matrimonio, y después de que haya sido él mismo quien ha puesto ambos en peligro de muerte. Pero la realidad es que este eje central sirve para explotar la comedia en todas sus tramas secundarias, como la de Bart encariñándose con Flanders, el presidente Schwarzenegger y su malvadísmo jefe de la EPA, Lisa enamorándose de un niño activista como ella, o el magnífico idilio entre Homer y su cerdo. Pero todo el pueblo tiene cabida en la cinta, y encontramos, si no a todos, sí a casi todos los personajes del ilocalizable Springfield. Algunos momentos son realmente tremendos de buenos, en especial la cancioncilla de "Spider-Cerdo" (a decir verdad, el cerdo es lo mejor de la película) o la elección de plan de contingencia que hace el presidente. Pero toda en general resulta divertida, amena, y con ese humor crítico y gamberro que caracteriza a la serie, mucho menos gráfico que el de "Padre de familia" pero igualmente mordaz y brillante. Iglesia, política, familia y patriotismo se dan la mano con la excusa de este disparate argumental, que se convierte no en el mejor episodio de la serie, pero sí en una hora y media de pura diversión "made in Springfield". Y además, el buen "Simpsoniano" encontrará muchas referencias a algunos de los episodios más míticos de la serie, como el archiconocido salto de la Garganta de Springfield. ¡Homer, por fin lo conseguiste!
Por cierto, comentar también que la calidad del dibujo, sin grandes alardes ni efectos tridimensionales, es bastante mejor que la de los episodios habituales, y en especial en la edición Blu-ray. No sabéis cuánto me ha sorprendido lo bien que se ven los dibujos animados en un Blu-ray, hasta el punto de que parecen otra película totalmente distinta.
Así que solo queda decir que "Los Simpsons, la película", ofrece con un poco más de calidad y duración lo mismo que llevamos casi dos décadas tragándonos a gusto. No han engañado a nadie, esto es lo que prometieron y esto es lo que obtenemos.

The hole (Nick Hamm, 2001)

Interesante y eficiente thriller psicológico de esos que te tienen desconcertado durante todo el metraje y que al final te dan la sorpresa con un inesperado giro que le hace subir bastantes enteros al conjunto. Thora Birch protagoniza esta historia en la que, mediante el testimonio de su personaje, Liz, vamos siendo testigos de lo que sucedió en un búnker subterráneo en el que dos chicos y dos chicas se encerraron voluntariamente para correrse una juerga clandestina y librarse de una excursión. Liz narra su versión a la psiquiatra que la está tratando, mientras que la policía detiene al supuesto sospechoso del encierro, un amigo de ella, que también da la suya. Todo parece indicar que Liz está reprimiendo los recuerdos de lo que sucedió en aquellas casi dos semanas de encierro en las que el hambre, la sed, la enfermedad, la violencia y la locura se apoderaron de los cuatro estudiantes. Pero la realidad es bastante más sorprendente y mucho más retorcida, quien parece bueno, no lo es, quien parece malo, tampoco, y el verdadero responsable del horror del agujero -y su absurda y egoísta motivación- quedarán revelados en el último acto.
Contarlo sería arruinar el buen golpe de efecto de la cinta, quizá su mejor baza. Eso, y la buena tensión argumental que logra la historia mediante las dos versiones enfrentadas de un mismo hecho y solo unidas por el denominador común del enfermizo y obsesivo amor de Liz por Mike. Pero ¿quién es Liz? ¿La pobrecita medio marginada y coladita por el guaperas de turno, o la perversa y maquiavélica zorra que dejaría morir a cualquiera solo por conseguir el "amor" de su última obsesión? Thora Birch realiza una correcta interpretación de un papel que exige esas dos caras, e incluso los demás comparsas de la cinta consiguen unos papeles que no impactan, pero que cumplen. Curioso encontrarse a Keira Knightley en esta producción, en un papel de golfilla de instituto que hasta nos enseña sus minúsculas tetitas.
En definitiva, no estamos ante una obra maestra del suspense, pero es una película que se aleja del típico terror adolescente para intentar ofrecer una historia diferente, con otro tipo de terror más real, una maldad más humana y unas situaciones menos estereotipadas. Lo consigue, en gran parte, y el resultado es una película aceptable por encima de la media de su género.

Horizonte Final (Paul W.S. Anderson, 1997)

Hace ya unos años que vi esta película en DVD, cuando salió, y hace unas horas que he vuelto a verla una vez más. Y siempre sigue sorprendiéndome agradablemente la mezcla de géneros que Paul Anderson logró realizar en esta estupenda producción que combina la ciencia ficción pura y dura con un interesante giro al terror del bueno. Y sí, he dicho Paul Anderson, el mismo patán responsable de la videoclipera "Mortal Kombat". Pero puede que ésta sea su obra magna, y para muchos entre quienes me incluyo, un referente del fantástico moderno.
"Horizonte Final" es el nombre de una nave espacial impulsada por un motor capaz de plegar el espacio y crear un agujero negro artificial, lo que le permite abrir puertas en el universo para desplazarse ajena a los conceptos de espacio y tiempo. En el 2040, la nave desapareció. Ahora, en el 2047, ha vuelto a recibirse su señal. Y una nueva nave se dirige a rescatar lo que ha quedado del Horizonte Final, contando entre su tripulación con el ingeniero responsable de la creación de la nave y de su motor gravitatorio. Hasta aquí la historia circularía por los derroteros habituales de la ciencia ficción, con una estética muy conseguida y una estupenda puesta en escena, sobre todo de los recovecos y laberínticos pasillos de la nave. Pero el giro inesperado llega cuando la tripulación de la nave de rescate descubre que en el Horizonte Final sucedió algo terrible, y que la nave parece haber estado en algún tipo de dimensión paralela de maldad pura, y haber regresado... distinta. Este original tinte de terror dota a la película del pretexto para ofrecernos escenas realmente angustiosas, con un terror psicológico que va más allá del simple gore, que juega mucho con el simbolismo cristiano (la propia nave es una gigantesca cruz, sus ventanas son cruciformes, los números de sus compuertas son números romanos, o qué decir de la grabación en latín del anterior capitán del Horizonte Final...) y con la idea de que la nave ha estado en el mismísimo infierno. Aunque, como bien dice el Dr. Weir, "infierno solo es una palabra. La realidad... es mucho peor".
Aunque no faltan algunos de los tópicos del género, en general el guión huye del convencionalismo y presenta un desarrollo tenso y bien llevado, con una estupenda evolución de personajes y un miedo creciente que hace que la película sea un dos por uno. Te dispones a ver una peli de ciencia ficción, pero al final acabas asistiendo a una cinta de terror, con una transición creíble y sutil entre ambos géneros. Buenas interpretaciones de Sam Neill y Laurence Fishburne en los dos papeles principales, e incluso la parte más inverosímil, la de la explicación del funcionamiento del imposible motor de la nave, queda lo suficientemente hilvanada como para que no te sientas timado. Quizá el final adolece del típico conflicto físico imposible que tan poco me gusta entre un ser humano convencional y un ser sobrenatural, pero aún así la sensación que deja la película es de total satisfacción. Para mí, un pequeño clásico imprescindible en la videoteca de cualquier aficionado al terror, la ciencia ficción o el cine fantástico.

Noche de miedo 2 (Tommy Lee Wallace, 1988)

Si hay algo que me da rabia, es que una película que se gana a pulso su categoría de mítica, sirva como pretexto para patéticas secuelas que intentan seguir sacando tajada. Esta segunda "Noche de miedo" debería haberse llamado "Noche de pena". Porque eso es lo que da: penita.
El punto de arranque ya es, cuanto menos, pintoresco. Se supone que Charlie, el adolescente de treinta y cinco años de la primera parte, ha logrado convencerse de que los vampiros no existen, y de que su vecino Jerry Dandridge era un asesino en serie. Pero aunque él ha querido obviar a los vampiros, ellos a él no, y nada menos que la hermana de Dandridge se mudará al edificio de Peter Vincent para acabar con los dos matavampiros.
A ver, lo de que alguien, a base de terapia, olvide algo como lo que vivieron Charlie y Peter... como que chirría. Y sobre que un vampiro vaya a ser vengado por su propia hermana también vampira... como que también chirría. Pero lo que más chirría es el grupito de vampiros-esbirros que lleva la vampira en cuestión, todos lamentables. Tenemos a uno que cuando se transforma es igualito que Perro Muchacho, el de "Muchachada Nui"; otro que come bichos (interpretado por el mastodonte ese que salía en "Expediente X" haciendo de ejecutor de alienígenas con un picahielos); y otro vampiro negro con un look indescriptible, de los que hay que ver y no contar. Por separado son lamentables, pero juntos protagonizan los que puede que sean los peores 30 segundos de la historia del cine de terror, con esa escena de juerga en la bolera que parece incrustada en el metraje por algún borderliner empeñado en arruinar la poca reputación que le quedaba al director. Parece mentira que este señor rodara dos años más tarde "It (Eso)", una de las películas más aterradoras que recuerdo de mi infancia.
Romperé una lanza a favor de unos correctos efectos especiales, de un toque de gore más intenso que en la primera parte y de que, al menos, el final no quedó abierto a una tercera parte. Roddy McDowall sigue estando divertido en su papel de Peter Vincent, pero William Ragsdale ya no me gusta en el de Charlie, y ni mencionar a Julie Carmen como la vampira Regine, un personaje que no tiene nada que ver con el de Chris Sarandon como Dandridge. Todo lo seductora y lasciva que pretende ser el personaje de Regine, no lo consigue, mientras que el de Dandridge sí cumplía con su supuesta personificación del magnetismo vampiro.
En fin, innecesaria secuela que deja regusto amargo tras el buen sabor de boca de la primera. Yo no la recomiendo, no aporta nada y a ratos llega incluso a aburrir.
Ah, y que no se me olvide mencionar una curiosidad: al principio, cuando el vampiro negro que va en patines (sí, habéis leído bien, en patines) ataca a una chica asiática... Pues esa chica es la misma actriz que hizo de novia de Van Damme en "Kickboxer". Toma dato tonto al canto.

Lifeforce, fuerza vital (Tobe Hooper, 1985)

Extraña película que mezcla de forma curiosa la amenaza de extraterrestres del espacio exterior, con el vampirismo y hasta con la invasión de zombies. ¿Que no? ¿Que es imposible? Pues no, amigos, es posible. Y se hizo en los ochenta, claro.
La trama arranca cuando un equipo de astronautas (entre los cuales me sorprendió mucho ver a Steve Railsback, a quien recuerdo más viejo como el protagonista del biopic sobre el asesino en serie Ed Gein) se topan con una gigantesca nave alienígena oculta en la cola del cometa Halley (tomaaaa, toma), en cuyo interior encuentran tres ataúdes de cristal que se llevan a su nave. Pero de su nave nunca más se supo, hasta que acaba apareciendo, meses después, completamente quemada aunque con los ataúdes -y sus ocupantes, dos hombres y una mujer- intactos. Después, el piloto también aparecerá en el módulo de salvamento, y a partir de ahí comenzará un extraño disparate sobre estos seres alienígenas, que son en realidad una especie de vampiros que se alimentan no de sangre, sino de energía vital, dejando a sus víctimas secas y consumidas, convertidas en una suerte de zombies que necesitan de la fuerza vital de otras personas para vivir o, literalmente, explotan.
Todo esto da pie a que en el clímax de la cinta, veamos la ciudad de Londres prácticamente invadida por estos seres. Me resultó muy curioso el paralelismo que encontré entre ciertas cosas de esta película y otra más reciente, "Species: especie mortal". En ambas, la bella alienígena protagonista se pasea, cachonda como una mona, y en pelota picada. Y curioso también el pequeño papel que tiene Patrick Stewart (Charles Xavier en la saga X-Men), un rostro conocido en esta producción de caras anónimas.
Mención especial a los FX, en concreto a los que recrean a los pobres consumidos-zombies. Una cuidada animatrónica de la época nos ofrece unos seres que son tan cutres como eficaces en pantalla. Pero bueno, en general es una película que se me hizo un poco larga, y aunque no está exenta de una buena dosis de disparatada originalidad (nunca se me hubiera ocurrido fundir en un mismo argumento el mito del vampirismo, los zombies y los extraterrestres), es algo ridícula en demasiados momentos. Aunque para muchos es una cinta de referencia, los años le han hecho mucha mella, y yo no me lo pasé tan bien con ella como esperaba.

Terroríficamente muertos (Sam Raimi, 1987)

Pensemos en la razón por la que los traductores del Departamento de Localización decidieron, en un alarde de ingenio, traducir el título original "Evil Dead 2" por "Terroríficamente muertos". Evil es malo; dead es muerto; y 2 es 2. Pero en cambio, de "Muertos malvados 2", a "Terroríficamente muertos". Menos mal que no le metieron el 2, o hubiera sido como "Vivancos 3".
En fin, tras esta pequeña reflexión sobre la, ejem, labor creativa de mis eternos amigos de Localización, responsables de tantas y tan lamentables traducciones de títulos, pasamos a comentar la película en sí. Que, todo lo contrario que su penoso título español, es una pequeña joya dentro de un género casi propio e inclasificable, un género que casi podría ser conocido como "Raimi".
Pese al 2 de su título, que induce a pensar que nos hallamos ante una secuela directa de la magnífica "Evil Dead" ("Posesión infernal" en castellano, de nuevo gracias a quien ya sabéis), esto es más bien un remake, con algo más de medios económicos, bastantes más medios técnicos, y mucho más estilo aún que la primera. Y, sobre todo, con mucho más cachondeo. Siempre digo que, dentro de la trilogía "Evil Dead", la primera parte es terror en estado puro; la tercera, "El ejército de las tinieblas" (a la que sí podríamos considerar secuela casi directa de esta segunda parte), es una disparatada comedia de ciencia ficción/fantástica, en la que incluso el terror está tratado con guasa; pero "Terroríficamente muertos" es un bizarro cóctel de comedia, terror y fantástico, un paso más hacia la transición de personaje de Ash del amargado antihéroe de la primera, al cachondo y pasota antihéroe de la tercera. Aquí, Ash empieza a perder la cabeza, a sucumbir a lo surrealista de cuanto le está sucediendo (geniales escenas las del baile del cadáver de su novia, o la de la orgía de relojes y cabezas disecadas en la cabaña), empieza a poner sus característicos caretos y a soltar sus archiconocidas perlitas ("trágate esto"). Bruce Campbell, aún más que en la primera, se convierte en protagonista casi absoluto, y demuestra una magnífica vis cómica en escenas como la de la lucha contra su propia mano poseída. Nunca me cansaré de decir que Ash es uno de los personajes más míticos del cine fantástico de los ochenta y noventa.
Además, la dirección de Raimi es más Raimi que nunca. Los imposibles giros de cámara, los zooms, las locas steady cams, sus demonios levitantes, sus gamberradas surrealistas y sin sentido, como manos de las que brotan hectólitros de sangre para descojone de la audiencia... No se puede buscar realismo ni coherencia en lo que vemos, es todo una locura realizada a propósito, con un estilo propio que define la obra "buena" de este cineasta.
Así que no puedo dejar más patente mi debilidad por esta clase de obras, que tienen todo lo que necesito para divertirme, aunque sin hacerme olvidar que el trasfondo de la cuestión es un demonio malvado que vive en el bosque. Diversión, gore comedido, risas y demonios en un mismo escenario. La fusión perfecta.

Collateral (Michael Mann, 2004)

Durante años he huído de esta película, y ahora me arrepiento de no haberle dado antes la oportunidad. Probablemente porque el póster no me resultaba atractivo en absoluto; o porque el argumento no me seducía; o casi con toda certeza porque la presencia de Tom Cruise ya me tira para atrás. Pero cuál no ha sido mi sorpresa al encontrarme de frente con este thriller muy bien dirigido, creíble hasta casi el final, con dos buenos personajes protagonistas y una fotografía impecable de la noche neoyorquina. Ahora no me queda más remedio que reconocer (una vez más) que toda cinta merece una oportunidad.
Tom Cruise interpreta a un asesino contratado por un mafioso que va a ser juzgado para asesinar a 5 personas claves para la acusación. Por azares del destino (algo en lo que la cinta hace muchísimo hincapié de forma sutil, en lo aleatorio e impredecible de las posibilidades que ofrece la vida), el asesino (que dice llamarse Vincent) acabará en el taxi de Max (Jamie Foxx), un soñador que lleva 12 años tras el volante pero que fantasea con su futuro servicio de limusinas. También por azar, a Max le caerá del cielo la verdad, y descubrirá que su cliente es un asesino. Y acaba así convertido en su particular chófer, mientras que se desarrollan entre ellos profundas conversaciones en las que la aplastante lógica de Vincent no deja nada que objetar. Lógica de asesino frío que toma su actividad como lo que es para él: un empleo. Y un empleo en el que es un auténtico profesional.
Mientras avanza la noche los dos personajes van entablando una particular relación a la fuerza, hasta que, de nuevo el azar, hace que Max descubra quién es la última víctima en la lista de Vincent, lo que da pie al desenlace. Aunque menos creíble que el resto de la película, el clímax aporta una correcta dosis de acción y finiquita con moraleja incluida una historia que es digna de ver. No es la típica cinta de acción, ni la típica historia de asesinos a sueldo. Es más bien una relación azarosa entre dos personajes que no tienen nada que ver, dos profesionales de gremios muy diferentes que cruzan caminos por capricho del destino. Y la verdad es que da gusto que una historia tan aparentemente sosa, haya podido contarse con tanto gancho, incluso aunque el comeplacentas sea su protagonista.

Poltergeist: fenómenos extraños (Tobe Hooper, 1982)

Sin duda una película rodeada por la leyenda negra, marcada por la muerte prematura y extraña de su pequeña protagonista. La verdad es que, vista hoy en día, esta película no tiene tanto de terror como de fantástico o drama sobrenatural (sin duda por el inconfundible carácter que le imprimió Spielberg en la producción, dotándola, pese a no ser el director, de un característico estilo), pero aún así ha quedado para el recuerdo como una cinta maldita. Y eso que es una muy buena película.
Básicamente, los hechos giran en torno a una familia (estupendamente interpretada por todos sus protagonistas) que se verá abordada por extraños fenómenos poltergeist en la tranquilidad de su preciosa casa en su preciosa urbanización típicamente americana. Al principio, estos fenómenos no pasan de curiosos, sorprendentes, incluso divertidos. Pero las tornas cambiarán cuando las desconocidas fuerzas se vuelvan violentas y se lleven a la hija pequeña del matrimonio, la mítica Carol Anne. A partir de ahí, y con la ayuda de un equipo de parapsicólogos y de la médium más irrisoria y molona de la historia del cine, la familia tendrá que luchar contra lo desconocido y recuperar a su hija, atrapada en un limbo entre el más allá y el más acá, y rodeada por una terrible presencia maligna.
Plagada de escenas míticas y con una estupenda labor de dirección, la película jamás se hace pesada, y aún en lo increíble de la situación las interpretaciones y los personajes logran hacerse entrañables. Con esa estética típica de los ochenta y los efectos especiales de Industrial Light and Magic en el albor de sus tiempos, el apartado visual también es muy atractivo. La lástima, quizá, es que toda la tensión psicológica y el buen hacer argumental de la primera hora y pico, acaba derivando en un final pasado de vueltas y demasiado exagerado, con esa megadestrucción de la casa y los ataúdes saliendo del suelo. Pero aún con eso, la sensación que deja "Poltergeist" es la de una película que merece, y con creces, su estatus de cinta de culto. Será por el toque mágico de Spielberg.

La casa de cera (Jaume Collet-Serra, 2005)

En la nueva ola de cine de terror adolescente protagonizado por atractivos jóvenes que se pasean medio en pelotas, llegó esta curiosa versión de "Los crímenes del museo de cera". Aunque la verdad, de aquélla solo respeta la cera, porque lo demás...
"La casa de cera" nos cuenta las peripecias y desgracias de un grupo de amigos que acaban a merced de dos hermanos chalados, dueños de un museo de cera en el que exponen sus creaciones: personas reales a las que recubren de cera logrando un aspecto ultrarealista a base de cometer atroces crímenes.
Y... y ya está. No hay más argumento.
Por lo demás, la cinta transcurre por los habituales derroteros del slasher. Muertes bastante chulas (en especial la de Paris Hilton) y un buen toque gore, en una película en la que las relaciones entre personajes y las interpretaciones pasan sin pena ni gloria. Solo decir que la Paris no es tan mala actriz como cabía esperar, no llega a provocar vergüenza ajena. Ahora, el director ha querido "homenajear" su famoso vídeo porno con tanto plano de videocámara casera, en una especie de chiste que no acabo muy bien de comprender. Supongo que había que aprovechar que la señorita estaba en el reparto.
Quizá la mejor parte se la lleva el diseño de producción, con estupendas figuras de cera de verdad, e incluso toda una casa, mobiliario y complementos realizados enteramente de cera. Es muy curioso y sin duda llevó un gran trabajo, y eso es algo que no me gusta pasar por alto.
En definitiva, la película entretiene un rato, no se hace larga y tiene los elementos justos y necesarios de esta clase de producciones. No innova, ni inventa, pero tampoco lo pretendía. Y para lo que se supone que debe ser, cumple su expectativa.

Noche de miedo (Tom Holland, 1985)

Supongo que tras la decepción de la que esperaba fuera la película del año, necesitaba un buen chute de terror del que no te falla, así que volví a tirar de videoteca y me decidí por este clasicón del cine ochentero de vampiros.
"Noche de miedo" es la historia de Charlie, un adolescente de 35 años que descubre, para su estupor, que su nuevo vecino es un vampiro. Cuando el vampiro descubre que Charlie sabe su secreto, decidirá acabar con él. Y he ahí que el pobre Charlie buscará la ayuda de un actor de cine de terror llamado "Peter Vincent, el gran matavampiros" (mira por dónde, anoche me di cuenta de que su nombre debe ser fusión de dos grandes del género, Peter Cushing, que es en quien se inspira claramente el personaje, y Vincent Price). Juntos, Charlie y Peter deberán matar al terrible vampiro e impedir que éste se apodere de la novia de Charlie y de todo el pueblo.
Podría destacar muchas cosas de esta película. No solo es endiabladamente entretenida y tiene unos personajes muy chulos (en especial el desgraciadete de Peter Vincent, un farsante reconvertido en auténtico cazavampiros casi de casualidad), sino que goza de unos estupendos efectos especiales ochenteros y de algunas escenas míticas. Mención especial a Chris Sarandon como el seductor vampiro Jerry Dandridge, una suerte de Drácula moderno, aunque con un extraño toque gay... Porque yo es que esa relación de miraditas, abracitos y complicidad de Dandridge con su zombi-vampiro-compañero, no la entiendo del todo, oyes...
Pero como decía, muchas escenas son buenísimas, en especial toda la parte final en la casa del vampiro, el ataque del "Rata" a Peter Vincent o la escena de la discoteca. Con un toque de humor negro casi imperceptible, ésta es una estupenda incursión en el género vampírico que revisita el mito de Drácula desde otro punto de vista, con ciertos toques a lo "Salem's Lot" y con un ritmo que la convierte en un entretenimiento de visto y no visto. Me ha causado tan buena sensación como hace 20 años. Bueno, quizá menos miedo, pero es que la vi muy pequeñín.
Por cierto, me he enterado que tiene una secuela que no he visto, pero que prometo ver.

[•REC] 2 (Jaume Balagueró y Paco Plaza, 2009)

Como si de una buena carne se tratara, he dejado macerar mi opinión sobre esta película durante todo el fin de semana. No quería que mi primera impresión empañara lo que iba a escribir, y he preferido reflexionar sobre lo que he visto antes de vomitar aquí una serie de improperios que, quizá y solo quizá, no sean del todo justos.
La primera parte fue un peliculón indiscutible. De las que parece mentira que se hayan podido hacer en nuestro país. Bebiendo de referencias recientes del género, como la estupenda "28 días después", y con una estética handycam a lo "El proyecto de la bruja de Blair", Balagueró y Plaza crearon una historia que te mantenía en vilo durante 90 minutitos, con sobresaltos, miedo de verdad, angustia, y una atmósfera cerrada y opresiva que te atrapaba y absorbía. Y ni que decir tiene que el giro final hacia el más puro terror, tras una historia que podía ser más de "terror biológico", quedaba perfectamente encajado. Funcionaba. Todo hacía click.
Bueno, pues en [•REC] 2, todo hace catacroc.
La historia arranca apenas un cuarto de hora después de terminar lo visto en la primera. Un equipo de operaciones especiales acude al aviso de que algo sucede en el mítico edificio barcelonés, y entran acompañados de un técnico sanitario (de nuevo con acento inglés, que se ve que mola, aunque reconozco que es el único actor de verdad que trabaja en esta película). A partir de ahí, orgía de zombies. Pero mucho menos orgía que en la primera. Si antes la tensión era insoportable, aquí puedes saber en qué momento exacto vas a saltar, con lo cual no saltas. A tomar por saco el factor sorpresa, lo cual era algo predecible y hasta aceptable. No se puede sorprender dos veces con lo mismo.
Pero lo que no cuadra para nada es la extraña y disparatada mezcolanza de géneros que bate [•REC] 2 igual que bate huevos el zombie de la madre. Si en la primera se insinuaba al final que el virus era una especie de maldad demoníaca destilada en infección contagiosa, aquí se nos presenta a los zombies-infectados como poseídos por una misma maldad. Poseídos demoníacos en toda regla, con repulsa a los rosarios, a los salmos y con actitud de Reagan en "El exorcista" (no perderse la conversación niño-poseído/cura. Por Dios, nunca me cansaré de decir cuánto daño ha hecho "Scary Movie" al género de posesiones diabólicas...). Ese giro ya me resulta desconcertante, porque de la primera película a ésta, los zombies... perdón, los poseídos, cambian casi radicalmente su actitud. Donde antes eran pura agresividad, ahora tienen un punto de maldad contenida que no encaja con lo ya visto.
Pero obviando esto, hay dos cosas que chirrían especialmente. Una es la terrible sobreactuación de casi todo el elenco. Aquí, los directores han contado con más medios y han usado más recursos, como por ejemplo varias perspectivas de cámara gracias a que cada GEO lleva una en su casco (guiñoplagio a "Aliens: el regreso"). Y además, hay un momento en que la historia retrocede en el tiempo para narrarnos lo mismo desde la perspectiva de unos niñatos que se cuelan en el edificio y que luego se juntan con los GEOS. Bueno, pues los niños son terribles, ahostiables, malísimos. Solo saben chillar sin actuar. Pero los GEOS tampoco son mucho mejores, ¿eh? Nada que ver con Manuela Velasco en la primera. Y he aquí la segunda cosa que chirría como una puerta vieja: Manuela Velasco, repitiendo personaje durante 15 minutos, 15 minutos que se cargan todo lo bueno que puede tener esta película y mucho de lo bueno que tenía la primera. ¿Para qué ese absurdo, innecesario y rebuscado giro hacia lo más sobrenatural para, al final, reducirlo todo a pura ciencia ficción? Sr. Balagueró, Sr. Plaza, que yo también he visto "Hidden"...
En fin, supongo que la maceración no ha mejorado mi criterio. [•REC] 2 ha sido, para mí, el chasco del año, y la confirmación de que en España, cuando hacemos algo bien... debe ser de puñetera casualidad.

Más allá de los sueños (Vincent Ward, 1998)

Esta película no pasaría de ser un pastelón de mucho cuidado si no fuera por su preciosa estética, que reconozco me sorprendió muchísimo. La historia es excesivamente melodramática y va a la caza de la lágrima fácil, cosa bastante lógica en un dramón como el que se nos presenta aquí: se trata de la historia de una familia, ya rota por la pérdida de su hija tras una larga enfermedad, cuya muerte dejó tocada a la madre, que intentó suicidarse. Cuando la pobre familia empieza a levantar cabeza, el padre y el otro hijo del matrimonio mueren en un accidente de coche, y la esposa, incapaz de soportar más, se suicida. Hasta aquí, dramón del quince, y a partir de aquí, pequeña incursión en el terreno de lo fantástico cuando el argumento se convierte en una misión de rescate. ¿Qué rescate? Pues el de la madre, a quien el sufrido y enamoradísimo marido (Robin Williams en otro de esos papeles dramáticos que caracterizan su cine más reciente) tendrá que ir a rescatar del infierno, al que ha caído por haberse suicidado.
Repito, pese a la relativa originalidad del argumento, lo más bonito que tiene la película no es el excesivo lloriqueo con el que es tratada, sino la manera en que se nos cuenta. Mediante flashbacks conocemos la historia de la familia, de la muerte de la hija, del problema mental de la esposa (una muy correcta Annabella Sciorra), y todo ello relacionado con los cuadros que pintaba la esposa, que servirán de escenario del particular cielo e infierno de la familia. Es en este aspecto donde destaca la cinta, con esa estética que parece pintada al óleo, vivísima, colorista y con una fotografía muy bonita para los momentos en el "cielo" (colores maravillosos, luz, flores de acrílico y paisajes recreados con mucha originalidad plástica) y angustiosa y asfixiante en el "infierno" (oscuridad, ruinas, suciedad, arañas y frío). Por supuesto la fantasía acabará con un final feliz, con la típica lección de que el amor vence incluso a la muerte, etc., etc., muy bonito. Nada del otro mundo. Pero insisto, lo más bonito es ver la película en un buen DVD y una gran pantalla para apreciar la peculiar estética que se han montado (y en Blu-ray ya debe ser una pasada, aunque no sé si ha salido), porque como película solo es un pastelito más. Entretenida, lacrimógena y bonita. Lo que se le pedía, supongo.