The Sick House (Curtis Radclyffe, 2007)

Otra de esas desconocidas películas de terror que permanecen ajenas incluso a los recopiladores de datos de Filmaffinity. No he encontrado en esa inmensa web ninguna referencia a esta producción ni a su director, aunque sí a su protagonista femenina, Gina Philips, "célebre" (nótese el sarcasmo) por ser también la prota de la deleznable "Jeepers Creepers".
Esta "The Sick House" (que escuché traducida como "El huésped") no merece que pierda mucho tiempo con ella en comentarla, porque no es una buena película, ni una película entretenida, ni resultona, ni hay una sola palabra positiva que decir acerca de ella. Reúne todos los tópicos del género, extrapolando la típica casa encantada a un orfanato encantado junto a un hospital infestado de peste (sigh) y en el que se realizaban extraños cultos satánicos hace siglos. La maldición, por supuesto, ha permanecido hasta nuestros días, y dará con ella una joven arqueóloga que explora el lugar. Por supuesto acabarán allí encerrados con ella un grupo variopinto de jovencitos made in teen terror, a saber: el guaperas chulo, el tonto del culo, la buenorra (en este caso embarazada), etc. Falta Coolio para ser un grupo perfecto. El final de la película es de lo más absurdo, todo un intento de pretensión artística y de giro argumental, pero evidentemente no consigue más que aburrimiento.
¿Hay, al menos, sustos, buenas muertes y buen gore? Pues tampoco. Un par de escenas apañadetas (la del parto de gusanos es, cuanto menos, desagradable) y poco más. Ni eso se salva. Además, la estética es menos original que la Pepsi, plagiando con poca gracia y sin descaro a otras películas como, por ejemplo, "13 fantasmas", y el lugar recuerda a otras como "Sesión 9" o "Frágiles", todas estas muy superiores al bodriete de sábado por la tarde que es esta "Sick House". Incluso a momentos me recordó, por su fotografía epiléptica y ciertos brillos fluorescentes, a la vergonzosa "The Convent", ya un clásico del terror cutre. Menudo ejemplo del que beber...
Así que no la veáis, no os perderéis nada. Para mí ya es tarde.

Jarabo (Juan Antonio Bardem, 1985)

Dentro de la serie televisiva "La huella del crimen" encontramos este largometraje sobre la historia del que es considerado el primer psycho killer de la historia de España, y el último condenado a muerte por la justicia ordinaria española allá por 1959. Una historia realmente estremecedora cuando se conocen todos los detalles, que la película retrata a la perfección y en la que el actor Sancho Gracia realiza una interpretación abrumadora. No me cuesta admitir que no es un actor que sea santo de mi devoción, pero en el papel de Jarabo, Sancho Gracia se transforma en otra persona, por sus gestos, su mirada, la expresión de su cara, su voz. Parece que estemos viendo a un auténtico asesino, lo cual es todo un logro.
La historia es totalmente fiel a lo que sucedió en este negro suceso de la criminología de España. José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez-Morris era un señorito de cuna que dilapidó y despilfarró su fortuna (unos 10 millones de la época, lo cual es un auténtico pastón) en fiestas, mujeres, alcohol y drogas. Liado con una mujer inglesa casada, se vio obligado a empeñar un anillo de ella para seguir con su ritmo de vida, y cuando trató de recuperarlo todo fueron trabas. Ese hecho activó la locura latente de Jarabo, llevándolo a maquinar su horrible crimen. Mató a uno de los dos socios de la casa de empeños, a su esposa y a su criada en su propia casa. Durmió toda la noche con los cadáveres y esperó a la mañana siguiente para marcharse, dejando la escena del crimen como si se hubiera celebrado una fiesta que hubiera acabado en tragedia, y limpiando concienzudamente todas sus huellas. Después, tras un fin de semana de despilfarro y drogas, el lunes asesinaba al otro socio, aunque ni así logró recuperar su anillo y la carta de su amada. Finalmente, por su vanidad al dejar el traje que llevaba durante uno de los crímenes en una tintorería para que limpiaran la sangre, fue detenido y condenado a morir en el garrote vil, transformándose en una leyenda negra de nuestra propia historia del crimen.
Al amparo de esta historia, la película es impecable. Juan Antonio Bardem filma con pulso sereno y primeros planos soberbios de Gracia, mientras que la banda sonora acompaña perfectamente. Y como decía, el peso recae sobre un magnífico Sancho Gracia que no lo puede hacer mejor. Sin duda es una estupenda manera de conocer más sobre un aspecto de la historia de nuestro país que muchos desconoceríamos. Y es que también hemos tenido nuestros Ted Bundys y Ed Geins, igual de macabros, de retorcidos y de homicidas. Y el más sorprendente de nuestros asesinos patrios fue José María Jarabo.

Thai Dragon (Prachya Pinkaew, 2005)

En esta segunda película de Tony Jaa solo tenemos que sustituir la cabeza del Ong Bak por dos elefantes y ya tenemos el argumento. Repiten los mismos actores, la historia es prácticamente idéntica e igual de insulsa, y la estructura cinematográfica sigue siendo la misma (peleas, persecuciones, etc., todo arreglo el patrón que marca de nuevo Prachya Pinkaew). Donde la película supera, y bastante, a su antecesora, es en las escenas de lucha. Una vez más Tony Jaa deja de manifiesto que es el mejor actor de artes marciales de esta década, y puede que acabe siéndolo de todos los tiempos (con perdón de Bruce Lee). Su flexibilidad, agilidad, potencia y capacidad acrobática no tienen rival, y su técnica es perfecta, con movimientos precisos y estéticos a más no poder. Además, igual que en "Ong Bak", los golpes en esta película siempre parecen muy reales, los vemos impactar contra los adversarios y contra el propio Tony, quedando visualmente muy poderoso. Todas las caídas, patadas, golpes y luxaciones parecen hacerse de verdad, lo cual me lleva a pensar que mucha gente se lesionaría durante la filmación, porque hay golpes que es imposible que se finjan. Mención especial en este punto para el equipazo de especialistas que lleva Tony consigo, gente cuyo nivel de artes marciales está parejo al suyo, y que saben encajar golpes y caídas como nadie. Gracias a ellos también es que podemos disfrutar del enorme impacto visual de la cinta.
Momentos a destacar: sin duda, para mí, la escena por antonomasia de esta película es la subida por la escalera. La cámara no se despega de la espalda de Tony Jaa en ningún momento, es todo un plano secuencia larguísimo en el que vemos al protagonista, como si de un beat-em-up se tratara, cargarse a todos los malos que se le van poniendo por medio. Y de ahí llega a la sala de la villana, donde se enfrenta a incontables enemigos a los que a todos, todos sin excepción, les rompe alguna extremidad. Una escena increíble. Aunque igualmente increíble es también la lucha contra el experto en capoeira, un combate que es una delicia para los amantes de las artes marciales, en un auténtico festival de movimientos imposibles ejecutados a la perfección que nos dejará con la boca abierta.
Por tanto podemos afirmar que la película supera a su antecesora en lo que la tiene que superar, y que a la espera de ver "Ong Bak 2", es la mejor película de Jaa hasta la fecha y un nuevo referente en el cine de acción.

Ong Bak, el guerrero Muay Thai (Prachya Pinkaew, 2003)

En 2003, un chaval tailandés desconocido para el mundo sorprendió al protagonizar una película de artes marciales nada convencional. Una película que recordaba a los mejores tiempos de Jackie Chan por sus increíbles proezas físicas y golpes imposibles, por sus escenas de riesgo casi mortal interpretadas siempre sin ningún especialista, y por unas coreografías de lucha que nada tenían que ver con lo que el cine occidental de artes marciales nos tenía acostumbrados. Muy lejos quedaban los Van Dammes, Seagals y Dacascos ante la llegada de este diminuto tailandés que realizaba el muay thay más tradicional y lo fusionaba con el moderno parkour, creando una impactante puesta en escena rompedora. Y nunca mejor dicho eso de rompedora...
El protagonista en cuestión se llama Tony Jaa, y es el nuevo crack de las artes marciales. La verdad es que lo que es capaz de hacer, saltar y pegar este chico, es realmente increíble, hasta el punto que en ocasiones parece que su cuerpo desafíe las leyes de la física. Y aunque el argumento de "Ong Bak, el guerrero Muay Thai" no existe prácticamente (Tony Jaa se pasa toda la película intentando recuperar la cabeza de un ídolo robada y reparte hostias con ese pretexto), sin ninguna duda podemos afirmar que ni importa ni lo necesita. Lo que prima es el espectáculo.
Así que es absurdo hablar de la historia de la película, y recomiendo a todo el mundo que sea aficionado a las artes marciales que no se la pierda. Escenas memorables como la persecución o cualquiera de las secuencias de lucha, impecablemente facturadas por Jaa, merecen la pena para pasar un rato alucinando con lo que un cuerpo humano es capaz de hacer y hasta qué punto el infravalorado Muay Thai puede ser un arte marcial tan efectivo y letal como estéticamente perfecto. Tony Jaa tiene la culpa. Y bien que se lo agradecemos por haberle dado esta vuelta de tuerca a un género que parecía no tener nada nuevo que ofrecer y que de pronto ha resurgido con un planteamiento diferente.

Wolf Creek (Greg McLean, 2005)

Otra película más que viene a engrosar el listado de cine sobre asesinos psicópatas, sádicos e hijos de perra, sin más motivación que el torturar y matar a cuantos incautos puedan caer en sus redes. Ésta en concreto me ha recordado un poco a "Las colinas tienen ojos", por el entorno en el que se desarrolla (un árido desierto australiano en medio de la nada) y por la enorme violencia de algunas de las escenas de su último acto. Eso sí, los personajes están mejor construidos y más desarrollados que en aquella, sobre todo el personaje de Mick, el asesino. A ver, está claro que desde el principio sabemos que él va a ser el malo, pero el avance de su personalidad, su evidente locura sádica y todo lo que llega a hacer sin tener realmente una razón, resulta bastante estremecedor. Puede que en otras películas nos hayan mostrado violencia y gore más explícitos y gratuitos, pero en ésta lo encontramos en su justa medida, y solo en su parte final. Durante más de la mitad de la película se mantiene una conseguida tensión argumental mientras notamos que se está cociendo algo raro. Vamos viendo como los tres protagonistas se quedan atrapados en medio de ninguna parte, con su coche averiado repentina y misteriosamente, y que solo reciben la ayuda de ese extraño lugareño llamado Mick, a quien calaremos enseguida. Pero claro, sin nadie más a quien recurrir, se verán forzados a aceptar su ayuda y se convertirán en sus rehenes y víctimas de sus torturas (bastante retorcidas) para acabar convirtiéndose en sus víctimas mortales. ¿Por qué? Ni se sabe, ni importa. Simplemente actúa así, Mick es un hombre sin identidad, que vive en medio de la nada y que se dedica a eso, a torturar, violar y asesinar a turistas. Es escalofriante que esta historia esté inspirada en un hecho real y que el joven protagonista que logra escapar y sobrevivir acabara acusado de los asesinatos, aunque posteriormente fuera exculpado. Especialmente escalofriante porque ese tal Mick, sea quien sea, puede continuar en su guarida en el desierto australiano, prosiguiendo con su estilo de vida y siendo el responsable de la cantidad de desapariciones que se producen en el continente de canguros y cocodrilos.
Así que, en definitiva, una película que tiene personajes correctamente desarrollados, una historia aterradora sin necesidad de fantasmas ni golpes de efecto, y una dirección y montaje correctos -amén de unos buenos y adecuados momentos de gore justificados por la historia- merece una buena consideración por mi humilde parte. Yo me lo pasé mejor de lo que esperaba.

Mortadelo y Filemón: misión salvar la Tierra (Miguel Bardem, 2008)

Cuando estás atrapado en un tren durante un viaje de 3 horas y tienes la desgracia, como es mi caso, de que te mareas si fijas la vista en un libro, revista o cómic, la única opción contra el aburrimiento suele ser enchufarse los incómodos auriculares que reparten las simpáticas azafatas y ver la película que RENFE ha tenido a bien incluir en su programación para amenizar el trayecto. En este caso, en mi viaje de regreso Barcelona-Valencia, la diminuta pantalla del Euromed escupió la película española “Mortadelo y Filemón: misión salvar la Tierra”, secuela de la que dirigiera el extraño –aunque brillante- Javier Fésser. En esta ocasión se pone detrás de las cámaras Miguel Bardem, repite su papel de Filemón Pepe Viyuela y Eduard Soto (más conocido como el horripilante, nefasto y ahostiable Neng de Castefa) se enfunda la levita de Mortadelo.
Supongo que en esta bitácora he repetido tantas veces la frase “esta película es la peor que he visto” que ya casi no tiene sentido. Es como si coges una palabra cualquiera y comienzas a repetirla, por ejemplo: puerta, puerta, puerta, puerta, puerta, puerta, puerta, puerta, puerta... Al poco, tu cabeza la disocia, y te preguntas por qué se llama puerta y no, yo qué sé, jalofero. Pero en serio, puede que esta película sea la peor que he visto. Es insufrible, y estoy convencido de que si hubiera estado en mi casa la hubiera quitado a los diez minutos, asqueado de la horrible risa del Neng, de las tetas de Viyuela (que tiene tetas, no sé por qué), o de ver a un buen actor como Mariano Venancio (el estupendo padre de Camino en la película homónima) rebajarse a esta estupidez por segunda vez. Los efectos especiales, supongo que son lo mejor que puede dar el cine español, y el humor estúpido, los malos ridículos y las situaciones gilipollas que Francisco Ibáñez cuenta de maravilla sobre el papel, se reduce aquí a chorradas que no hacen gracia, sino que provocan vergüenza. No sabría qué momento especialmente malo destacar, todo es nefasto, de principio a fin. Así que concluyendo, películas como esta son las que me hacen darme cuenta de que el cine español no solo puede tratar de maricones, travestis, de la guerra civil o drogadictos. Todavía puede ser peor. Quizá hasta me acabe gustando Almodóvar. ¡Graciassssss, neng!

Re-sonator (Stuart Gordon, 1986)

El mismo equipo que produjo, dirijo y hasta interpretó el clásico del terror chusco ochentero “Re-animator” firma esta película basada en un relato de H.P. Lovecraft, originalmente titulada como el relato, “From Beyond” (Desde el más allá) y traducida aquí como “Resonator”, para relacionarla directamente con la explotation de Yuzna y compañía. Pero no es una secuela, ojo, aunque pueda parecerlo. Se trata de una historia que no tiene nada que ver aunque estén todos los implicados en la anterior. Y la historia es hasta buena: un científico que ha creado una máquina que emite frecuencias vibratorias que estimulan una parte concreta del cerebro que permite ver más allá de nuestra dimensión. Permite ver a seres horribles y agresivos que viven a nuestro alrededor separados por estas vibraciones (esto me suena muchísimo al multiverso DC y sus mundos separados por vibraciones), que no interactúan con nosotros a menos que estemos dentro de su plano y nos movamos. Cuando el profesor –que ya era un depravado sadomasoquista- queda atrapado en esa dimensión, se convierte en su amo y señor, y su ayudante (Jeffrey Combs en un papel calcadito al de “Re-animator”) será tratado de loco. Solo una psiquiatra (también la misma chica de “Re-animator”) lo sacará del manicomio para estudiar el fenómeno, encontrándose cara a cara con la horrible maldad y fascinación que ejerce ese mundo oculto tras las vibraciones del resonator.
En fin, esto es terror de los ochenta del más típico y sin medias tintas, dirigido por un señor de la caspa como Stuart Gordon, quien ha dirigido perlitas más recientes como “Dagon, la secta de mar”, o un par de cortes de la serie “Masters of horror”. Los personajes son estereotipos de la época, y los efectos especiales de maquillaje muy, muy correctos (en algunos momentos las caracterizaciones incluso desagradables, aunque siempre se ve que la cabeza del profesor lleva un jersey negro de cuello alto para que parezca que no tiene cuello, jajajaja) y la historia mantiene la tensión justa y necesaria. Tonterías y disparates los hay a cascoporro, pero en esencia esta cinta viene a demostrar –por no sé ya cuántas veces- que hace treinta años el cine de serie B era mucho más simple, barato, menos pretencioso y, para qué negarlo, más entretenido que el actual. La esencia de cutre nace en estas joyitas, y a mí siempre me encanta revisitarlas de cuando en cuando.

Un hombre lobo americano en Londres (John Landis, 1981)

Cuando hablamos de cine de licántropos, siempre hay dos o tres títulos que conoce todo el mundo. Éste, dirigido por John Landis hace ya casi 30 años, es uno de los que siempre se nombran, y por merecidas razones. Se trata de una película que cautiva de principio a fin por la original forma en que está tratada, a medio camino entre el terror y la comedia negra. Pero no nos engañemos, la historia de David es realmente aterradora; se trata de la historia de alguien que no puede luchar contra la fatalidad y que irremediablemente se convierte en un monstruo que asesina a quien se le ponga por delante, todo esto después de un paseo nocturno por los páramos de Irlanda y de que una bestia los atacara a él y a su mejor amigo. David sobreviviría para convertirse en hombre lobo la próxima luna llena, pero su amigo se transformaría, como todas las víctimas de los licántropos -algo que nos muestra esta película y que no había visto antes-, en un muerto viviente. Los momentos humorísticos no faltan, y vienen a servir como atenuantes en la historia más dramática. Están perfectamente encajados en la trama, desde las visitas del amigo de David –progresivamente más putrefacto-, a cuando David se despierta desnudo en la jaula de los lobos del zoológico, o cuando intenta que lo detengan llamando marimacho a la reina de Inglaterra delante de un "bobby". Incluso la transformación en hombre lobo –la mejor que jamás se haya hecho en una película- tiene un toque divertido, además de estar magistralmente acompañada por el tema “Blue moon”. ¿Qué una transformación no puede ser al mismo tiempo aterradora, divertida y llevar música ochentera como banda sonora? Pues vedla y luego me contáis.
En esta película, incluso las tramas secundarias aportan lo necesario, quedando muy bien integradas. La relación de David con la enfermera no es nada forzada y se trata con mucha naturalidad, igual que la progresiva incredulidad-aceptación de él mismo ante lo que le va a pasar, o la investigación del médico del hospital que le conduce hasta la “Oveja degollada”. Quedarán en tu retina escenas míticas que están en un puesto de honor en el Olimpo del terror, desde la, insisto, insuperable transformación de hombre a lobo, a la escena del asesinato del hombre del metro, o el impactante final en el cine de Picadilly Circus y su clímax en el callejón. Me encanta ese momento en que el lobo-David desfrunce el hocico, como si reconociera las palabras de su amada… Pero el trágico desenlace es tan apropiado como inevitable.