La maldición de Drácula (Roger Young, 2002)

La vida es maravillosa, y lo seguirá siendo mientras haya directores como Roger Young, gente completamente ajena a lo que significa la palabra vergüenza o dignidad. Este cineasta, responsable de numerosos telefilmes entre los que destacaríamos el desternillante “Jesús” que protagonizó Jeremy Sisto (alguna Semana Santa volverán a echarlo y podré hablar de él), firma aquí esta producción alemana que pretende reinterpretar el mito de Drácula. Lo que hace es defecar sobre él de un modo tan deleznable que debería ser legal que los herederos de Bram Stoker pudieran lapidarlo públicamente. Para empezar, por si no fuera poco tener que aguantar la particular visión de Young sobre el vampiro más famoso de la historia, su visión de marras dura 3 horas (originalmente divididas en 2 partes de hora y media para la televisión). La ambienta en una moderna Budapest, y los personajes de la novela de Stoker están todos, pero transformados en esperpénticas parodias actuales: pijorrones inversores con coches deportivos y ambición financiera desorbitada. Más o menos la historia es la misma de siempre: Jonathan Harker hace negocios con un extraño noble rumano, que al final se asienta en la ciudad (aquí Budapest en vez de Londres) y que resulta ser un vampiro de varios siglos. No falta la mítica Lucy, tan sensual como en casi todas las adaptaciones, y que en ésta adquiere un poco más de protagonismo. A la hora de hablar de los efectos especiales, basta decir que la película no los tiene. Hay cuatro efectos mal hechos, y punto. Lamentable la escena de vuelo de las tres vampiras cachondas sobre la cama de Jonathan, una superposición estilo años setenta. Y respecto a Drácula en sí… Ufff, qué decir de Drácula sin que se me salten las lágrimas. Lo interpreta Patrick Bergen, una mezcla entre Ron Jeremy y Juan Gabriel. Todas sus apariciones dan risa, tiene un aspecto patético, ridículo y vergonzoso. Y os juro que en la primera escena creí que era Ron Jeremy, hasta me quedé esperando a ver si se hacía una autofelación para confirmarlo, pero no. Sin duda se ha llevado el título al vampiro más cutre de todos los que he visto. Y eso que he visto cosas que no creeríais… Otro momento para darle de comer aparte es el final. No sé si contarlo o si dejar que cada uno lo vea para que flipe… Solo diré que es algo realmente nunca visto en una película de Drácula, una curiosa interpretación de la interacción Mina-Drácula. Y que mejor se hubiera quedado nunca vista… En fin, esta película es nauseabunda. Aburrida, mal interpretada, malos y escasos efectos, un vampiro de Mortadelo y Filemón, y una estética de telefilm que es demasiado telefilm hasta para el telefilm que es. Solo da miedo verla.

Aullidos (Joe Dante, 1980)

Cuando hablamos del subgénero de terror de los hombres lobo, hay dos o tres títulos indispensables cada uno a su manera. “Aullidos” es quizá el padre de todos ellos, y el que supuso el listón para que los films venideros se tuvieran que preguntar: ¿y ahora cómo lo hacemos mejor? Se trata de una película en la que los monstruos quedan relegados a la segunda mitad del metraje, y en la que el desarrollo de la trama y los personajes humanos que la protagonizan es lo que realmente importa. Para esto había que contar con buenos actores, y qué mejor que la futura madre de E.T. como protagonista, Dee Wallace Stone. En su papel de reportera con amnesia recurrente tras un trauma psicológico, la rubia de pelo cardado cumple con creces. De pronto, tras el arrebatador principio en el que el malo parece el típico psicópata y no un monstruo sobrenatural, la presentadora acaba en una colonia de terapia con un montón de variopintos personajes secundarios. Poco a poco descubriremos que la colonia es en realidad una manada de hombres lobo, hasta llegar a la genialísima transformación de uno de ellos (el supuesto asesino psicópata del principio), una transformación larguísima y en la que veíamos por primera vez como las manos del hombre se convertían en garras, crecían, el morro se alargaba, se estiraban las orejas, colmillos, incluso se hinchaba el pecho mientras crecía el pelo por todas partes. En este aspecto, la transformación del hombre lobo dio un paso agigantado desde aquellas películas de Lon Chaney o Paul Naschy, solo igualada por la posterior “Un hombre lobo americano en Londres”. Y sin tirar de efectos informáticos, todo maquillaje y mecánica de manos de Kevin Brennan y Doug Beswick. El final tampoco tiene desperdicio, siendo de los más veraces e impresionantes que se han visto en cintas de este estilo. La presentadora se sacrifica para mostrar al mundo la verdad, aunque no logrará su objetivo, claro. Lo peor de “Aullidos” es que, siendo una pequeña joya por sí misma, ha propiciado toda una franquicia de espantosos y esperpénticos subproductos que va ya por la octava o novena entrega, no sé. A cada cual más mala. Pero quede para el recuerdo esta virguería del terror contemporáneo que Joe Dante se sacó de la manga y que es un claro ejemplo de cómo se hacía antes el buen cine de terror, y uno de los 10 títulos imprescindibles para los aficionados al género.

El cabo del miedo (Martin Scorsese, 1991)

Martin Scorsese y Robert DeNiro han formado equipo en varias ocasiones, siempre con resultados excepcionales. Ésta es, quizá la película más irregular de su poderosa simbiosis realizadora-interpretativa, aunque el resultado no deja de ser satisfactorio en casi todos los aspectos y hasta magnífico en unos pocos. Pero también tiene un pie en el ridículo en un par de momentos, lo cual desmerece un poco el conjunto general de la obra, que hubiera podido ser maestra y se queda en grande. Este remake del clásico “El cabo del terror” narra la misma historia que el film de 1962, pero con más dosis de violencia made in Scorsese. El abogado interpretado por Nick Nolte y su familia es acosado por un exconvicto llamado Max Cady, que lo culpa por haber ocultado pruebas que le hubieran librado de la cárcel por violar a una adolescente. Tras 14 años preso, en los que Cady sale hecho un mulo y lleno de tatuajes (fascinante como DeNiro, con 46 años, se musculó hasta este punto para tener el impresionante aspecto que muestra en la película, otro claro ejemplo de su camaleonismo físico), y completamente obsesionado con vengarse de su abogadoooo (póngasele entonación “deniresca” a la palabra). Pero su venganza será sutil y cruel, adentrándose en su mundo, acosándole, torturándole psicológicamente, convirtiéndose incluso en fantasía sexual de su hija. Hago aquí un inciso: el personaje de Juliette Lewis es repugnante, como casi todos los que le he visto, aunque quizá en esta película su actuación está justificada; hace de la hija adolescente de Nolte, una adolescente calentorra y morbosa que pasea media película en bragas y le chupa el dedo a DeNiro en una escena altamente erótica. La verdad es que nunca llegas a empatizar con ella por lo guarrona que es, y no comprendes cómo puede sentirse atraída por alguien tan desagradable y peligroso como Cady –que en ese sentido, DeNiro borda su papel. La espiral de tensión y acoso llevará a un último enfrentamiento entre Cady y la familia de Nolte en un barco en el mítico Cabo del miedo, donde se resuelve la película de forma un poco rebuscada y con una última escena absurda de DeNiro balbuceando incomprensiblemente mientras se ahoga. Hay muchas cosas exageradas en la parte final de la película, haciendo ver que Cady es un superhombre –algo que pretende justificar el propio personaje cuando habla de las “profesiones” circenses de sus antepasados-: desde la paliza que soporta a manos de los tres matones que contrata Nolte, a que acabe quemado vivo, golpeado y apedreado en la última escena; por no olvidarnos del imposible viaje enganchado a los bajos del coche, tan bien parodiado por “Los Simpsons” con el actor secundario Bob. No obstante, la banda sonora le suma muchos puntos, y la dirección de Scorsese siempre es un punto a favor, y ni que decir tiene la interpretación de DeNiro, soberbia, repulsiva y enormemente cruel salvo en los últimos instantes surrealistas que ya he comentado. Así que “El cabo del miedo” se queda en un puesto de honor en lo que a thrillers modernos se refiere, y en un remake cuyo resultado justifica el haberse rodado.

Lecturas diabólicas (Tibor Takács, 1989)

Este realizador, que se ha convertido en fetiche para mí gracias a algunas de sus obras magnas como “Arañas Devoradoras”, “Rats”, o “Fuerza 10: destrucción total”, me decepciona profundamente en esta película de finales de mis queridos años ochenta. Y digo que me decepciona porque no es la típica basura que caracteriza a nuestro amigo Takács, sino que incluso es una típica cinta de thriller-terrorcete de esas que tanto se prodigaban en aquellos años. Ni más mala, ni más buena que tantas otras. Simplemente una película normalita, en la media. El argumento no es nada nuevo ni demasiado original, tratando sobre personajes de un libro que cobran vida en el mundo real. Obviamente no se trata de Caperucita ni de Blancanieves, sino de un asesino psicópata que se automutiló la cara por una mujer y que ahora va cortando orejas, narices, labios y demás para reconstruirse el rostro, confundiendo a la protagonista de la película –una bibliotecaria obsesionada con el libro en el que sale- con su amada y en su principal objetivo. Completan el elenco un par de secundarios tan tópicos que arrancan la arcada, como el novio policía de la bibliotecaria o su compañera de trabajo, absolutos estereotipos que cumplen con sus respectivas funciones: una muere y el otro la salva. La atmósfera de la película y los efectos especiales no pueden ser más de época (mención especial al mostrenco stop-motion que aparece en las primeras escenas, todo un descojone), y la trama no logra mantener una mínima tensión, aunque es lo bastante amena como para entretener durante todo su escaso metraje de hora y media.Así que lo peor que podemos decir de esta película es que es mediocre; y lo mejor que podemos decir de su director es que, para mi sorpresa, en sus inicios era capaz de realizar películas simplemente mediocres y no la caspa a la que nos tiene acostumbrados. Y la verdad, no sé qué pensar, porque si lo mejor que se puede decir de un director es eso…

Miedo azul (Daniel Attias, 1985)

Basada en el relato de Stephen King "El ciclo del hombre lobo", esta película exponente del terror ochentero llegó a las salas de cine con el título "Silver Bullet", e incomprensiblemente acabó siendo conocida en nuestro país como "Miedo azul". ¿Es azul el miedo? ¿Acaso tiene el azul un papel importante en la película y no me he dado cuenta? ¿Son gilipollas los traductores del departamento de localización? Yo me quedaría con la opción 3, sin duda.
La película trata sobre un niño parapléjico que descubre que hay un hombre lobo en su bucólico pueblecito, responsable de una serie de atroces asesinatos que la policía está atribuyendo a un psicópata. Solo el niño sabe lo que sucede, y además, la noche que se encuentra con el monstruo cara a cara, logra herirle el ojo con un cohete (una "salida", com l'anomenem ací a Valencia), lo que permite la posterior identificación de quién es el hombre lobo por su herida: el párroco local. A regañadientes, los únicos que creerán al niño son su hermana mayor y su divertido -y un poco borrachete- tío, que forjará una bala de plata y esperarán el ataque del monstruo para acabar con él.
Lo primero que hay que destacar es que el niño, interpretado por el nefasto Corey Haim (el Shia LaBeouf de los 80; o, al menos, a mí me da tanto asco como el que me da Shia hoy en día), no es parapléjico. Eso queda bien claro cuando, desde el principio, el niño mueve las piernas, se apoya y hace cosas imposibles, dejando en evidencia que solo es un actor interpretando a un minusválido, e interpretándolo mal. Por suerte está Gary Busey para compensar haciendo del tío Red, un papel divertido y apañado que le va bien a este pintoresco y conocido secundario. No obstante, la historia, aunque entretenida y en la línea de lo que eran estas producciones ochenteras, hace muchas aguas. Por ejemplo, por arte de magia al niño se le ocurre que el asesino debe ser un hombre lobo; por si fuera poco, la hermana y el tío le creen; la escena de la cacería nocturna, cuando el pueblo decide tomarse la justicia por su mano, se cae de ridícula -ese brazo del hombre lobo golpeando con el bate de béisbol es de las cosas que se te quedan grabadas en el cerebro-; el hombre lobo en sí tampoco está muy bien hecho, eran mucho mejores los de "Aullidos", cuatro años antes; y mi disparate favorito es que los padres del niño y su hermana, sabedores de que en el pueblo hay alguien que está cometiendo horribles asesinatos, se marchan de vacaciones tan tranquilos y dejan a sus hijos al cuidado de su tío alcohólico. Medalla de oro a los padres del año no creo que se lleven, no... Pero bueno, en la película todo se justifica como cosa del destino. Lo que sí que no tiene perdón de Dios es la "bala de plata", la motico que el tío le hace al niño. Un vehículo cuyo aspecto grita: "¡Sí, soy minusválido y garrulo, voy en un motocarro que lleva llamas pintadas, banderas y flecos en los manillares! ¡Tiradme piedras!"
En resumidas cuentas, se trata de una típica cinta de terror de su época, de las que ya no dan miedo pero que resultan entretenidas y agradables de ver, y al menos, con una buena historia de base. Esta es una de esas películas de las que no me importaría ver un remake actual, con un buen hombre lobo y algunos disparates corregidos.

Luna maldita (Eric Red, 1996)

Curiosa película de hombres lobo cuya penosa distribución casi la hizo pasar desapercibida. Y aunque está claro que no es ninguna obra maestra, y que no puede esconder -ni creo que lo pretenda tampoco- su hedor a serie B y su estética de telefilm, la verdad es que nos encontramos ante una película con un regusto a historia clásica de hombres lobo. Ni batallas milenarias contra vampiros, ni guaperas que se convierten en lobos en París, ni chorradas de esas. Un licántro en toda regla, que se transforma por las noches y con el que más vale no encontrarse.
En el papel protagonista encontramos a Michael Paré... No, perdón, rectifico. En el papel protagonista encontramos a Primo, un precioso pastor alemán que interpreta a Thor, el perro de una abogada y su hijo. Y es la mejor interpretación de la película, en serio. El perro trabaja mejor que Jorge Sanz o José Coronado, por poner solo dos ejemplos. Ojalá hubiera más perros como ese en España, que igual subía el nivel de nuestro cine.
Acompañan a Primo como secundarios Mariel Hemingway -sí, la que también salía en "Superman IV: en busca de la paz"- interpretando a Janet, una abogada, y Michael Paré, uno de los fetiches de Uwe Bowl, como Ted, el hermano de Janet. La historia es simple como un puzzle de dos piezas: en la selva, Ted y su novia son atacados por un licántropo, Ted sobrevive y se convierte en uno. A partir de ahí, entre matanza y matanza nocturna, vamos viendo la lucha interior de Ted por dominar la bestia que lleva dentro, y que progresivamente le domina hasta anular su naturaleza humana y convertirlo en malote. No faltan escenas irrisorias que pretenden dar a entender que Ted ya es más animal que hombre, como cuando orina en la caseta de Thor para marcar su territorio. Patético momento que merece la crucifixión pública del guionista que lo concibió atiborrado de drogas de diseño.
Mención especial merecen los efectos de la película en lo que al lobo respecta, muy superiores a lo que podríamos esperarnos de una serie B tan justita de presupuesto. El hombre lobo está muy bien hecho, aunque a veces la mecanización inferior de la mandíbula se nota demasiado, pero en conjunto tiene muy, pero que muy buena pinta. Y está hecho a la antigua, por animatrónica y maquillaje, no por ordenador, lo que le da mejor aspecto aún. No así con la transformación, que solo vemos una vez en la película y que echa por la borda el buen trabajo de los maquilladores al crear a la bestia. La conversión de hombre a lobo sí que está hecha informáticamente, pero con un Amiga 500 como mucho. Fatal, fatal. Pero en resumen, esta es una película en la que las interpretaciones dan igual, la historia carece de importancia y el guión es ridículo, pero de la que recordarás al hombre lobo y su batalla con el perro. Si te gusta el género y sus clichés, es ideal para pasar 79 minutos de entretenimiento con alguna esporádica escena sangrienta y un par de momentos tensos bien conseguidos.

La morada del miedo (Andrew Douglas, 2005)

Este remake de la película de 1979, "Terror en Amityville", es de las pocas películas con las que he tenido un par de sobresaltos de los buenos. Narra la historia -inspirada en hechos reales- de una familia que se compra una enorme casa en Long Island. Una casa en la que, previamente, un hombre había asesinado a toda su familia convencido de que estaban poseídos por demonios. Pronto veremos que la historia tiende a repetirse y que la casa esconde un mal oculto en sus paredes, que parece atraer siempre a ese tipo de familias y se ceba con el padre, haciéndole ver y oír cosas hasta llevarlo a la locura en 28 días, tras los cuales comete el crimen.
No faltan tópicos por todas partes, golpes de música, efectos por ordenador, etc., pero debo admitir que es más entretenida que otros productos recientes similares. Ryan Reinolds se marca una interpretación principal decente, aunque el auténtico protagonista de la película es la casa, el fantasma de la niña Jodie, y la tensión que se va apoderando de la familia. Queda muy bien que se muestre que, cada vez que George se aleja de la casa por cualquier razón, vuelve a ser el de siempre, y que es dentro de ella donde su mente se ve poseída por la maldad. La escena final viene a corroborar eso, y sirve de paso para dejar un cierto sabor a final feliz.
En fin, no se debe esperar horror del bueno, del clásico, pero sí buenos momentos de tensión, buenos golpes de efecto, interpretaciones correctas y un buen ritmo, lo que en un conjunto da como resultado una película agradable de ver. Agradable dentro de este género, claro.

El tren de la carne de medianoche (2008, Ryuhei Kitamura)

El director japonés Ryuhei Kitamura realiza su debut en Hollywood con esta cinta de terror-gore que consigue un resultado curioso. Por una parte, es de esas en las que te preguntas qué narices has visto. Pero por otra, sea lo que sea lo que has visto, tiene sangre, asesinatos bestiales, buen ritmo, amputaciones... Vamos, todo un festín para los amantes del gore. Así que el resultado es, cuanto menos, entretenido al 100 por 100. Ah, hay que tener en cuenta que aquí ha llegado bajo el título "El vagón de la muerte", aunque luego, al principio, una voz dice el título tal cual se traduce del inglés, "El tren de la carne de medianoche". Hay que decir también que el título no puede ser más acertado y procedente.
Trata sobre un aspirante a fotógrafo que busca captar la esencia de la calle en sus fotografías. Para eso, una noche acaba en el metro y evita que unos matones violen a una chica que después desaparecerá, dando lugar a que él empiece a investigar y descubra que todos los desaparecidos de los últimos años tienen como nexo común un extraño tren subterráneo. Además, asistimos a los asesinatos que comete el supuesto malo de la película en el vagón del metro, auténticas carnicerías sin concesiones en las que vemos como machaca cabezas a martillazos -e incluso las arranca-, cuelga a la gente con ganchos en los talones, los degolla, mutila, arranca los dientes y ojos, etc., etc., etc. Todo lindezas, vaya, y algunas realmente bien recreadas, para que lo gocemos o suframos, según quién. Eso sí, para que la película no sea "solo" de un brutal asesino, hay un giro hacia el género de terror cuando sabemos el por qué de las masacres en el tren, que no es otra cosa que conseguir carne para una raza de seres que habitan bajo tierra, y que tienen un vasto equipo de humanos velando por su clandestinidad... y por su alimentación.
En fin, película nada recomendada para niños ni estómagos sensibles, pero sí para los amantes del terror y el gore. Me recordó a "Creep" en el argumento -salvando las distancias- y a "Martyrs" en su explicidad, así que puedo decir sin tapujos que yo pasé un rato más divertido de lo que esperaba en un principio cuando leí la sinopsis. Eso, y que me sorprendió gratamente el nivel del gore que se muestra.

Furia silenciosa (Michael Miller, 1982)

Nefasta y aburridísima película protagonizada por el ¿actor? de artes marciales Chuck Norris, uno de los peores engendros interpretativos que ha parido madre. Ojo, interpretativos, nunca pondré en duda su calidad como artista marcial, que esa sí que la avalan muchos años de ser campeón imbatido. Después de él ha habido en este género actores tan malos -o más- como él, pero ningún luchador que le haga sombra. Ni vandames, ni sigals, ni jetlis, ni leches. Nadie repartía huascas como Chuck Norris.
De la película no puedo decir nada bueno, es que es malísima de cabo a rabo. Además, la relación de Chuck con la chica de la película está metida a presión para tener la excusa de enseñar algún pezoncete ochentero, de esos que tanto molaban. Y el malo, un desequilibrado mental al que un mad doctor convierte en un engendro que se regenera, es penoso. Por supuesto, como todos sabían de lo paupérrimo del argumento, no faltan escenas en las que nuestro ranger favorito la da una paliza a un montón de moteros en una bar, se calza a la moza de turno, y da su mítica patada giratoria. Pero en serio, como película es muy, muy aburrida. No sé por qué está considerada de terror, igual es porque da miedo verla.
Para terminar, como me ha quedado cortita la crítica, aquí van algunos de los más míticos "hechos de Chuck Norris":

-Si no conoces a tu padre, probablemente sea Chuck Norris.
-Chuck Norris no envía su declaración de impuestos. Solo envía a Hacienda un sobre con un montón de folios en blanco y una foto suya en posición de ataque. Chuck Norris jamás ha pagado impuestos. Nunca.
-Muchos niños usan pijamas de Superman. Superman usa pijamas de Chuck Norris.
-Chuck Norris no hace flexiones, empuja la Tierra hacia abajo.
-Todas las noches antes de acostarse, el hombre del saco mira bajo su cama a ver si está Chuck Norris.
-Chuck Norris no duerme. Espera.
-Chuck Norris puede ganar el juego Conecta 4 en sólo 3 movimientos.
-Chuck Norris siempre sabe dónde está Wally.

Ángeles y demonios (Ron Howard, 2009)

El que se espere una aventura cuerda y rigurosa, que huya de esta película como el que huiría del demonio. Pero el que quiera disfrutar de una fotografía preciosa, un ritmo trepidante, un montón de enigmas resueltos y de más de dos horas de entretenimiento bien filmado, no se la puede perder.
En este sentido, "Ángeles y demonios" es mucho más divertida y mejor que su predecesora "El código Da Vinci". Además, en esta ocasión sí que he visto a Tom Hanks como Robert Langdon, no como en la anterior, que estuve toda la película con la sensación de que el papel le venía de prestado (en el cine de mi cabeza, Robert Langdon siempre ha sido Colin Firth, no me preguntéis por qué, pero desde la primera página del libro siempre lo he visto con su cara). Por supuesto es inevitable la sensación de que Langdon es muy listo, demasiado listo, el más listo entre los listos de un país de listos. Resuelve enigmas mirando una estatua en el tiempo que uno tardaría en rodearla para verla bien. Ve una flecha apuntando en una dirección e inmediatamente sabe que está indicando el camino del sendero de la iluminación. Y se le ocurre mirar las grabaciones de vídeo para descubrir el plan del camarlengo. Claro, porque es Robert Langdon. No le busquéis más explicaciones, es como el Indiana Jones de la simbología. Todo le sale bien, y a la primera. No tanto al personaje femenino que le acompaña toda la película. Leí el libro hace ya un par de años, pero recuerdo que entre ella y Langdon había una gran tensión sexual (y si no me equivoco, acababan liados), y en la película brilla por su ausencia. De hecho, ni siquiera recuerdo la cara de la chica, porque su papel es más gris que el mármol de las estatuas que buscan, y su relación con Langdon, sosísima.
Otro cantar es el personaje del camarlengo, interpretado por Ewan McGregor. Terrible, pero de malo. No me cuadra nada McGregor en el papel, lo veo forzado, no le va la cara, ni el aspecto, ni el doblaje (aunque sea su doblador habitual), ni nada de nada. No me gustó, y es una lástima teniendo en cuenta la enorme importancia de su papel.
Por lo demás, la ambientación es maravillosa, mostrando Roma como una visita turística y haciéndote ver su arte con otros ojos, sea ésta una visión cierta o no, que da lo mismo. Con la banda sonora siempre acompañando a la acción estupendamente, es imposible aburrirse viendo esta película mientras que los protagonistas van de iglesia en iglesia, recorren el Vaticano -sus archivos incluidos, que como sean realmente así, y no creo que disten mucho de la realidad, es sencillamente alucinante- y salvan al mundo cristiano de acabar bajo el mandato de un papa cerril que quiere devolver a la Iglesia a lo más alto a costa de la ciencia, su eterna enemiga. La lástima es que le faltó la disparatada escena final de Langdon tirándose del helicóptero con la plancha de metacrilato, pero bueno... supongo que Ron Howard pensó que era ya demasiado. Pero vamos, que me divertí mucho, y eso es justo lo que esperaba.

Drácula de Bram Stoker (Francis Ford Coppola, 1992)

Continuando con mi mes vampírico, le llega el turno a la adaptación más particular, personal y fiel de la novela de Bram Stoker, la que realizara el gran Francis Ford Coppola. Contando con un reparto de lujo y una banda sonora de las que no se olvidan, Coppola le imprimió a esta obra una estética inolvidable, novedosa, de escenas cargadas de surrealismo y de detalles, algunos extraídos de la propia novela y otros no.
Hablar del argumento es absurdo. ¿Quién no conoce al vampiro más célebre de la historia? Lo curioso es que esta es la primera versión en la que se nos muestra el origen del monstruo, inspirado en el personaje de quien se cree que surgió la leyenda, el príncipe transilvano Vlad. Conocido por su crueldad y su afición a beberse la sangre de sus enemigos y empalarlos vivos, hervirlos en aceite o clavar sus cabezas en lanzas en el campo de batalla, aquí la película arranca con su historia de amor. Un amor que le sería trágicamente arrebatado, motivo por el que Vlad, fiel caballero de la Iglesia, renunciaría a Dios y se convertiría en el inmortal vampiro Drácula.
A partir de este punto, la película es fiel al libro en muchos aspectos, como la narración estilo diario de Jonathan Harker (Keanu Reeves), de Van Helsing (Anthony Hopkis), y la propia historia de Drácula (un genialísimo Gary Oldman) y de su nueva búsqueda del amor en la reencarnación de su novia perdida, que es ahora Mina Murray (nuestra queridísima amiga de lo ajeno, Winona Ryder). Hay escenas realmente preciosas entre ellos dos, y es que la película se centra más en su amor que en los estragos del vampiro. Pero también existen escenas de miedo del bueno, en especial la que protagoniza Monica Belluci cuando su personaje, Lucy, está muerta y enterrada después de haberse convertido en vampiro. Os recomiendo a todos ver el making of, porque el miedo que pasó la pobre niña que ella llevaba en brazos en esa escena, no tiene precio.
El final es también claramente romántico, y de hecho, igual que esta es la primera vez que se nos cuenta el origen de Drácula, también es la primera que se nos muestra algo más que su muerte: su redención. La última escena entre Oldman y Ryder, en la misma iglesia en la que todo sucedió tantos siglos atrás, es memorable y enormemente emotiva.
En resumen, para mí esta es una auténtica joya del cine de terror moderno, si es que lo queremos considerar terror. Aparte del cuestionable look del Drácula anciano con ese extraño peinado, o de las parodias que se han realizado sobre la extraña sombra que va por libre (y el que no sepa de qué hablo, que vea aquel episodio especial de Halloween de "Los Simpsons"), "Drácula de Bram Stoker" es una poesía visual que va mucho más allá de ser una mera película de vampiros, y reinterpreta el mito del conde de una manera cinematográficamente preciosa.

Blade II (Guillermo del Toro, 2002)

El realizador mexicano Guillermo del Toro aporta su particular y reconocible estilo a esta segunda entrega de las andanzas del vampiro que ha visto el sol. Una vez más tenemos al inexpresivo Wesley Snipes interpretando a Blade, oculto tras su traje de cuero y sus gafas oscuras, aunque ni todo eso puede escondernos lo anodino del papel. Pero antes de meterme con la película, que tiene para rato, hay que decir lo bueno también. Lo principal, el ritmo sin concesiones y la acción trepidante que domina casi todo el metraje, y que no da pie al aburrimiento, aunque sí al absurdo. También es destacable la nueva raza de vampiros que se convierten en los malos de esta historia, los segadores, bastante originales, agresivos, y bien hechos. Caramba, y sale Santiago Segura haciendo de vampiro vicioso, y hablando en vampiro soltando palabras como "trueba, trueba" o "torrente tres", que al resto del mundo les habrán sonado muy vampíricas, pero los españolitos hemos pillado la broma del cachondo de Santiago.
El argumento está más trillado que un huerto. El típico equipo de cazadores (véase el de "Aliens: el regreso", o el de "Depredador", o el de tantas otras) que se ven obligados a meter en su grupo a un extraño para dar caza a una amenaza que les supera. Solo que en este caso los cazadores son vampiros, y el extraño es Blade, que en esta ocasión no los caza a ellos, sino a los que pretenden cazarlos a ambos: los segadores, una nueva raza de vampiros que se alimentan indistintamente de humanos y de chupasangres. La cacería dará pie a escenas graciosillas entre Blade y el personaje que interpreta Ron Perlman (no podía faltar en una peli de del Toro), a los más inverosímiles y molones chismes, y a muchas peleas. Esto es otra cosa que me hizo mucha gracia ahora que la he vuelto a ver. Parece ser que todos los vampiros saben artes marciales y luchar con espada. ¿Es una asignatura troncal en el módulo de vampiro? Eso sí, hay escenitas de lucha... que se las traen. Ridículas. Wesley pega bien, pero no es una maravilla, y abusa muchísimo, pero muchísimo de las posturitas, los saltitos estúpidos e innecesarios, y los movimientos de manos acompañados de un efecto especial de sonido (ya me entendéis). Esto hace que algunas coreografías queden bastante tontas.
Además, los efectos especiales tampoco son para tirar cohetes. Hay escenas en las que los vampiros cantan un montón a ordenador cuando se queman, y eso es bastante cutre en una superproducción de este estilo. Pero concretando, que es gerundio, "Blade II" es una película que se deja ver, para mí no es mejor ni peor que su antecesora ni que la que se hizo a continuación. Yo las meto las tres en el mismo saco: cine entretenido, graciosete, de acción, y guantazos. Para pasar el rato.

Vampiros de John Carpenter (John Carpenter, 1999)

Qué delicia de despropósito de película. Qué maravilla de personaje el del cazavampiros Jack Crow, y qué lástima que no se hayan hecho secuelas en las que continúe soltando esas perlitas que suelta mientras atraviesa corazones de vampiro gritándoles "¡muere, cabrón chupasangre, muere!" Y qué vampiro tan genialmente conseguido este Valek, una particular adaptación de Drácula pero, como dice Crow, "no es romántico, y si le enseñas un crucifijo luego te dará por el culo."
A medio camino entre un western y cine de terror a ritmo de banda sonora del propio Carpenter con aires country, esta es para mí una de las mejores películas de este género que jamás he visto. Vale que es chusca y cutre a más no poder, pero tiene un rollito que no tiene precio. James Woods interpreta al macarra líder de un escuadrón de cazavampiros que trabajan para la Iglesia eliminando a los chupasangre. Operan al margen de la ley localizando nidos de vampiros y exterminándolos, así desde que se tiene recuerdo histórico. Y Crow es uno de los más míticos cazavampiros que ha habido. Pero cuando un vampiro poderosísimo, Valek, masacra a todo su escuadrón y casi acaba con él también, Crow descubrirá que alguien les ha vendido, y su guerra se ampliará también a descubrir quién es el traidor, al tiempo que impedir que Valek lograr su propósito: lograr que los vampiros caminen bajo la luz del día gracias a una ancestral ceremonia.
En el transcurso de la película encontramos personajes secundarios tan típicos como pintorescos, uno de ellos interpretado por uno de los no sé cuántos hermanos Baldwin, concretamente el gordo; otro es un sacerdote dicharachero de esos que quedan tan bien en pantalla, y que dicen cosas como "cuando estaba pateando a ese chupasangre me he empalmado." La verdad es que no me imagino al cura de mi pueblo diciendo esas cosas, ni empuñando una recortada, pero supongo que todo es cuestión de meterlo en un nido de vampiros para que le brote esa vena cachonda. Y por supuesto al vampiro Valek, Thomas Ian Griffith, todo un personaje con mayúsculas. Y no faltan tampoco escenas gore de gran calidad como la entrada de Valek en la fiesta, o algunos buenas muertes de vampiro (otras cantan a maqueta en llamas mogollón). Pero sin duda lo mejor son esos personajes maravillosamente absurdos y divertidos, especialmente mi querido James Woods, probablemente la mejor elección en el mundo mundial para interpretar a un tipo como Jack Crow. Aquí, como despedida, algunas de sus citas célebres:

-Eh, Valek (mientras lo ensarta con una lanza), después de 700 años ¿qué tal te funciona la polla? ¡Maldito chupasangre víctima de la moda!

-Es usted una puta mierda, cardenal (al cardenal que los traiciona, todo esto mientras que él está atado, y lanzándole un escupitajo de desprecio).

-¡Eso es, padre, jódele bien! (a su coleguita el cura marchoso, que amenaza con suicidarse y no acabar el ritual)

-Dígame, padre, ¿cuando estaba pateando a ese chupasangre, se le ha puesto dura?
Y es así todo el rato. En serio, para no perdérsela.

Drácula 2001 (Patrick Lussier, 2000)

Curiosa y muy entretenida película que da una reinterpretación más al trilladísimo mito del conde Drácula, el inmortal personaje de Bram Stoker que se ha convertido en objeto de docenas de adaptaciones cinematográficas. Ésta, ambientada a principios de este nuevo siglo y milenio, narra la enésima resurrección del vampiro más conocido de la historia, y su búsqueda de una descendiente que puede encerrar la clave de su legado.
Por supuesto, toda película de vampiros que se precie debe tener varios elementos comunes, a saber: tías buenas semidesnudas y en actitudes vampíricas sensuales; un vampiro seductor; y un cazavampiros que le da caza a él y a sus acólitos, generalmente Van Helsing o descendientes. Por supuesto no puede faltar tampoco la colla de estúpidos que despierten accidentalmente a la criatura y desencadenen el argumento de la película, y aquí sorprende encontrarnos entres estos a un actor tan correcto como Omar Epps, más conocido como el Dr. Foreman de "House". Si como ladrón su personaje ya es cutre, cuando se convierte en vampiro guay... es pa mear y no echar gota.
Pero lo que más puede sorprender de este telefilm que se cree película es reconocer al actor que interpreta a Drácula, que es nada menos que Gerard Butler, o lo que es lo mismo, el rey Leónidas en la impresionante "300". Siempre recordaré estar en el cine viendo la historia de los espartanos de Frank Miller y dándole vueltas a la cabeza pensando que me sonaba ese tío. Tuve que buscar en IMBD para comprobar que era el mismo actor que hizo de Drácula, eso sí, por aquel entonces con unos cuantos kilos menos de músculo en el cuerpo.
Por otro lado, el argumento es original, al menos, y el ritmo de la película, plagada de chorradas y heroicidades típicas, es divertido. Aparte de la ambientación moderna de la película y de ver a Drácula convertido en un guaperas ligapavas (impagable esa escena de su entrada en la tienda Virgin en la que todas, pero todas las tías se le comen con los ojos), es particularmente curioso el origen que le han dado al personaje. ¿Por qué Drácula no puede morir ni siquiera de las mismas formas que matan a los demás vampiros? Pues porque él es el que recibía la embestida, Jodas. Perdón, quería decir Judas. Creo que el especial navideño de "Art Attax" me está dejando un poco desorientado. Así que me voy a ir a marcar el dibujito del día, y recordad ver esta película, bucaneros. ¡Hasta la vista, engañaos!

Casino (Martin Scorsese, 1995)

Con un reparto de lujo -y quedándome corto en el calificativo- y un director soberbio, arranca esta historia sobre el ascenso, apogeo y caída de un personaje central interpretado por Robert DeNiro en un papel hecho a su medida. Scorsese repite con él tras el genial resultado de "Uno de los nuestros", en la que también protagonizaba Joe Pesci, quien aparece también como en esta película en uno de los papeles principales. Completa el trío protagónico Sharon Stone, en uno de esos papeles que demuestra que es una mujer con capacidad para interpretar, mucho más allá de sus instintos básicos o de sus cremas faciales que endurecen el rostro hasta fraguarlo.
"Casino" es esencialmente la historia de Sam "Ace" Rothstein, un especialista en hacer ganar dinero a los demás con las apuestas, así de simple, y así de claro. Con su talento, Ace se gana la simpatía de la mafia, que acabará colocándolo como gerente de un casino, abriéndose ante él un mundo nuevo en el que el la corrupción y la violencia van de la mano con el juego, y en el que el dinero entra y sale en volúmenes inimaginables. Como su mano derecha y ejecutando sus trabajos sucios encontramos al personaje interpretado por Pesci. Todo lo que tiene de pequeño lo tiene de hijo de puta, para entendernos. Es cruel, violento, asesino, despiadado, obsesionado con el poder. Y el tercer vértice del triángulo, Stone, es una drogadicta obsesionada con el dinero y de la que se enamorará Ace, con la que se casará y tendrá una hija. Pero los despilfarros de ella con su antiguo y macarra novio (otro papel secundario perfecto que realiza aquí James Woods) y sus constantes idas y venidas acabarán por hundir la relación tanto como a ella misma.
Esta película se caracteriza por una narrativa que hace imposible que uno se aburra durante las 3 horas de metraje. Constantemente saltamos de un personaje a otro, actuando ellos mismos como narradores de su historia, dándonos diferentes puntos de vista a un mismo relato, especialmente DeNiro y Pesci. Mientras Ace se convierte en el rey de Las Vegas, vamos descubriendo los engranajes de una maquinaria podrida como un huevo al Sol en agosto. La mafia blanquea, roba, mata, castiga sin piedad, solo buscando que su dinero crezca a expuertas. Y lo hace, aunque el desierto de Nevada oculte más agujeros que un queso gruyere, lleno de los cadáveres que ellos dejan detrás. También es particularmente interesante la historia de amor, odio y autodestrucción del personaje de Stone. Amor el que profesa Ace por ella al principio; odio el que ella siente por él -y por todo lo que no sea dinero y joyas- y el que él acaba sintiendo por ella; y autodestrucción.... evidente esta última parte. Porque si algo está claro en "Casino", es que cuando la mafia cae, cae a lo grande y llevándose a todo el que pueda por delante.
También es destacable las atroces escenas de violencia no gratuita que ofrece esta película en momentos concretos, desde manos machacadas por un martillo hasta el brutal ajusticiamiento de Pesci y su hermano a base de bates de béisbol. Y todo para que la película concluya como empieza, demostrando que todo es un ciclo del que pocos se salvan, y si lo hacen es tras haber pasado por casi todo. En definitiva, una obra maestra de Martin Scorsese y, en mi opinión, una de las 15 o 20 películas que nadie debería perderse en su vida.

Underworld: la rebelión de los licántropos (Patrick Tatopoulos, 2009)

Tercera parte de la saga "Underworld", pero cronológicamente ambientada muchos siglos antes que sus dos predecesoras. Esta nueva entrega viene a contarnos la historia que solo se había mencionado y vislumbrado en las otras dos: cómo Lucian, el líder de los licántropos, se rebeló contra sus amos vampiros y encabezó el que sería el alzamiento de toda su especie, hasta entonces empleados como esclavos y mascotas por los vampiros.
Michael Sheen repite como Lucian en una historia en la que él es el mayor interés. Se nos cuenta cómo Viktor perdonó la vida de Lucian siendo bebé, y lo adoptó como esclavo y mascota personal. De adulto, Lucian iniciaria una relación amorosa con Sonia, la hija de Viktor, una Guerrera de la muerte. Y esa relación sería la condena de ambos. Sonia sería condenada a muerte por su propio padre, y Lucian fue encadenado y obligado a verla morir abrasada por el Sol. Pero Lucian ya había organizado sus tropas, reclutando cientos de hombres lobo dispuestos a alzarse contra sus amos y a luchar por su libertad a mordisco limpio. El propio Lucian atravesaría la cabeza de Viktor con una espada, dándolo por muerto (aunque sabremos que no, que quedará dormido hasta su próximo despertar). Y así, la raza de los licántropos se convirtió en libre, y la guerra entre las dos especies comenzó con toda su fiereza.
Así que, ¿qué ofrece "Underworld: la rebelión de los licántropos"? Pues básicamente lo mismo que las dos anteriores, aunque a mí me ha gustado casi más que las otras, quizá por la época en la que está ambientada, o quizá porque la historia de Lucian es interesante. Tópica es un rato, pero con un buen ritmo y unos buenos efectos visuales a la altura de las anteriores. Y lo que es de agradecer es que no contradice nada de lo visto anteriormente (posteriormente, en el tiempo cronológico de la saga), y que el final de esta película encaja perfectamente con el inicio de la primera "Underworld". Así que más de lo mismo, pero de nuevo una buena opción para una tarde que no tengas nada que hacer.

Underworld (Len Wiseman, 2003)

Quienes vamos al cine a ver "Underworld" no esperamos una obra maestra. Hay que poner el cerebro en posición "entretenimiento", y si tienes la capacidad de hacerlo y de disfrutar de todo tipo de cine sin prejuicios (como, por suerte, me ocurre a mí), esta saga ofrece una buena dosis de diversión y efectos especiales.
Las dos primeras partes nos muestran, en la época actual, la guerra entre vampiros y licántropos que lleva librándose desde hace más de mil años. Una guerra en la que la que tampoco faltan las conspiraciones y las alianzas sombrías, como si de humanos se trataran. Eso sí, las armas han evolucionado mucho a lo largo de los siglos; donde antes se batallaba cuerpo a cuerpo y acero contra acero, ahora los vampiros disponen de sofisticados artefactos lanzadores y pistolas que disparan balas cargadas con nitrato de plata. No se quedan atrás los hombres lobo, que han perfeccionado balas con radiación ultravioleta. Cada uno va a lo que más duele, conociendo bien a su oponente.
Como líderes de ambos bandos encontramos a Lucian en el de los hombres lobo y a Kraven en el de los vampiros. Supuestamente, Kraven ascendió al poder nombrado por el mismísimo líder más viejo y poderoso de los vampiros, Viktor, ahora dormido durante siglos hasta su próximo despertar. Los méritos de Kraven para obtener el mando de la sociedad vampira fueron el matar a Lucian. Pero todo es una farsa entre ambos cabecillas, y así lo descubrirá nuestra protagonista, Selene (espectacular Kate Beckinsale encuerada), una vampira que forma parte de Los guerreros de la muerte, el equipo caza-licántropos de la sociedad chupasangre. Selene descubrirá también la existencia de un descendiente de los antepasados más antiguos de ambas razas, Michael, un simple humano pero en cuya sangre se encierra un poder inimaginable: solo él podría sobrevivir a una mordedura de vampiro y de hombre lobo, y transformarse en el primer híbrido de ambas especies. Los licántropos, conocedores de su existencia y potencial, quieren emplearlo.
En fin, no es preciso decir que el aluvión de transformaciones, luchas, saltos imposibles y tiroteos está servido, así como la sucesión de escenas de acción y violencia entre estas dos clásicas criaturas del cine de terror, adaptadas aquí a guerreros enfrentados. Así que lo dicho, que nadie espere una obra maestra, pero es una muy buena película dentro de su género que no da tregua al entretenimiento y cuya historia no hace aguas.

Million Dollar Baby (Clint Eastwood, 2004)

Probablemente esta es la película que más patente pudo dejar en su momento la maestría del Sr. Eastwood para tejer y narrar historias detrás de una cámara. Y eso que antes de ésta ya llevaba unas cuantas en el bolsillo, entre ellas auténticos peliculones como "Sin perdón", "Los puentes de Madison", "Poder Absoluto" o "Mystic River". Pero la historia de esta chica de un millón de dólares es tan tierna, dura y conmovedora como pocas, y el buen hacer de su director y co-protagonista la eleva a la categoría de obra maestra sin lugar a dudas.
Esta es una historia que recuerda un poco a "Rocky", con un clarísimo mensaje de superación y de sacrificio personal en pos de conseguir realizar un sueño. Al menos es así en sus dos primeros tercios, en los que vemos a una inmensa Hilary Swank realizar el papel de su vida (parece mentira que sea la misma chica que osó protagonizar aquella nefasta cuarta parte de "Karate Kid"), Maggie, una camarera treintañera cuyo mayor deseo es convertirse en la campeona del mundo de boxeo femenino. Y aparte es su única vía de escape para la patética vida que lleva, la miseria en la que vive y la horrible familia que tiene. En ese contexto conoceremos a Frank (un no menos enorme Eastwood), propietario de un gimnasio de boxeo, que a regañadientes aceptará entrenarla después de hacerle no pocos desplantes. Y a Scrap (otro enorme Morgan Freeman), ayudante de Frank y ex-boxeador retirado y lisiado a las puertas de haber conseguido su sueño. Esta es una película de interpretaciones soberbias, los tres actores principales están magistrales en todo momento, y aparte sus relaciones están perfectamente definidas. La relación entre Frankie y Maggie inmediatamente nos atrapa. Ella no puede ser más dulce, perseverante y tozuda, un verdadero encanto; Frankie, en cambio, no puede ser más cascarrabias, renegón y malasombra. Pero entre los dos se irá forjando mucho más que una amistad, y se convertirán casi en padre e hija, el padre que ella perdió hace tanto y la hija que él dejó escapar hace no menos. Junto a Frankie, Maggie desarrollará el monstruoso talento innato que tiene para el boxeo y derrotará rival tras rival hasta convertirse en una rica y reconocida campeona, hasta su último combate. Es en ese momento cuando Eastwood cierra el telón y convierte "Million Dollar Baby" en otra película completamente diferente y dolorosa hasta el extremo. Los personajes ya se han convertido en familiares para nosotros, y ver la situación en la que quedan atrapados es aplastante. Pero así es la vida, y así nos la cuenta este dinosaurio del cine con ese toque personal suyo que le va a hacer pasar a la historia como una leyenda del cine. Así que los últimos minutos de la cinta nos dan una lección sobre el polémico tema de la eutanasia y nos dejará el corazón encogido en el pecho sabiendo que hemos visto una auténtica obra maestra irrepetible. Bueno, irrepetible hasta la próxima genialidad que se le ocurra filmar a Clint Eastwood. Pero para mí, y siempre de forma personal, ésta película, junto a "Gran Torino", son mis favoritas de Clint Eastwood.

Garrapatas (Tony Randel, 1993)

Seguro que todos coincidiremos en que las garrapatas son unos bichos asquerosos. Dan repeluco, porque son pequeños vampiros en forma de insecto, y como adormecen la zona que muerden, puedes llevar una enganchada chupándote la sangre y ni te enterarías. Además, ¿hay algo más desagradable que estar rascándole cariñosamente la cabeza a tu perro y notar el gordo, duro y repugnante bulto de una asquerosa garrapata? No me digáis que eso no da un escalofrío. Puaj. Pero debo reconocer que no me esperaba que a nadie se le ocurriera hacer una monster movie con estos nauseabundos parásitos como protagonistas. Y ahí llegó Tony Randel a principios de los años noventa, para convertir en realidad el más casposo de los sueños de un fan de la serie B (tirando a C).
"Garrapatas" tiene todos los tópicos que se nos puedan ocurrir en este género, y cuando digo todos, quiero decir TODOS: grupito de adolescentes descarriados, formado por el tonto marginado héroe con trauma, la tía buena, el cachas hispano, la rarita, dos malos ridículos, y dos adultos con una hija que tendrá algo con el héroe tontorrón. Y no, no se me olvida el negro, que para regocijo de los que veíamos "El príncipe de Bel-Air"... ¡es el primo Carlton! Sí señor, Alfonso Ribeiro en estado puro, haciendo de un pandillero de Los Angeles al que apodan "Pánico". Su escena dramática cuando las garrapatas matan a su perro es de lo más bizarro y vergonzoso que he visto en mi vida. ¿Por qué no se quedó haciendo playback de Tom Jones, que se le daba bien?
Pero seguimos con los clichés: en un bosque al que el grupo va de excursión, la pareja de malos cultivan marihuana a base de esteroides, y los residuos han provocado, como todo el mundo sabe que sucedería y si no lo sabe es porque es completamente ignorante, supergarrapatas mutantes gordas como cobayas. Así que el grupito de originales personajes adolescentes se verá inmerso en una pesadilla parasitaria contra los vampiros del reino de los insectos cebados a base de Winstrol.
Esto dará lugar a escenas de gore de buena calidad, como la disección de la garrapata del perro Brutus, o al sorprendente y descojonante clímax final, en el que Alfonso "Pánico" Ribeiro revienta para dejar que de su cuerpo surja la megasupergarrapata. Por supuesto esto cumple con otro cliché no escrito del género: los bichos mutados siempre dan lugar a un superbicho de tamaño aún más enorme, y siempre en la última escena. Y el último cliché que se cumple es con el final, en el que veremos un capullo de garrapata caer del coche en el que los supervivientes se han logrado escapar. Amenaza de una segunda parte que jamás se hizo.
Técnicamente la película es un bendito desastre sin pretensiones. Se ven los micros, los diálogos son penosos, y las tomas se nota que no se han repetido y que todo lo que se grababa, servía. Además, al final el racord se pierde, porque se hace de noche cerrada en un lapso de 10 segundos. Los efectos gore son chulos, pero a ratos las garrapatas pequeñas (las de tamaño pollito) se nota que son muñecos. Pero vaya, que esta es la esencia misma de la serie B, y serán 80 minutos de entretenimiento para cualquier aficionado a este mítico género.

Atrapado en el tiempo (Harold Ramis, 1992)

Esta es la mejor comedia romántica que he visto en mi vida, y una de mis película favoritas, de esas que no puedo evitar dejar siempre que me la encuentro en televisión y que yo mismo revisito de cuando en cuando en DVD. Y es que ofrece mucho más aparte de simple entretenimiento, con una historia en la que puede encontrarse parte de drama y hasta una metáfora sobre la propia vida. La premisa argumental es de auténtica ciencia ficción, aunque nunca queda explicada, lo cual da a la película un rollito propio en el que puedes darle tu propio enfoque científico o metafísico, pensando que todo es una paradoja del universo o, por el contrario, un castigo divino. ¿Por qué le ocurre eso a Phil? No es tan mala persona como para merecer un castigo así, si es que es lo que es. ¿Y qué pasa con el resto del mundo? ¿Está Phil en algún universo paralelo que se repite en un bucle sin fin y del que solo puede escapar haciéndolo todo perfecto, o simplemente es una casualidad que salga cuando lo hace? Lo bonito, claro, es pensar lo primero.
Y es que por alguna razón, Phil, el hombre del tiempo de un canal de televisión, queda atrapado en el tiempo y condenado a repetir una y otra vez el mismo día en el mismo sitio, un sitio que odia profundamente: Punxstawnwey, un pequeño pueblo de Pennsylvania que celebra su día de la marmota, una tradición anual en la que el pequeño roedor vaticina la llegada de una primavera temprana o seis semanas más, y que Phil se ve obligado a cubrir cada año para su programa. El problema es que para el hosco y borde Phil ese invierno durará mucho más que seis semanas (nunca llegamos a saber cuánto tiempo pasa repitiendo el mismo día, pero podemos imaginarnos, por la cantidad de cosas que aprende a hacer, que son años). Un día que se repite una y otra y otra y otra vez, y en el que veremos a Phil evolucionar y transformarse en una persona distinta, o en muchas, según se mire. Primero, claro, aprovechará su nuevo e increíble estatus para ligar y disfrutar de dinero y de todo lo políticamente incorrecto, sin temor a las consecuencias; después, incapaz de conquistar a su productora, Rita, de la que se ha enamorado hasta las trancas, pasará al hastío más absoluto y acabará suicidándose... de todas las maneras que se nos puedan ocurrir, despertándose siempre ileso listo para repetir; y hasta acabar convirtiéndose en un héroe que intenta salvar la vida, o mejorarla, a todos los habitantes de ese pueblo del que se hará el forastero más querido en "solo" un día. Así, hasta hacerlo todo mejor que perfecto, hasta comprender la auténtica naturaleza de la bondad y enamorar a Rita, logrando por fin despertarse al día siguiente, sin escuchar por millonésima vez la misma sintonía en el despertador.
Momentos memorables: toda la película es un momento memorable. Pero si hay que destacar alguno, me quedo con todas las retransmisiones que Phil hace del día de la marmota, sin desperdicio; con cómo aprende a hacer esculturas de hielo o a tocar el piano, lo que da pie a una escena genial en el baile de la marmota; los infinitos suicidios de Phil, empezando con el secuestro de la marmota; la escena de su primera confesión a Rita en el restaurante ("soy un dios. No "el" Dios. Bueno, al menos no creo."); o especialmente bonita la secuencia en la que intenta salvar al anciano vagabundo, siempre sin éxito (la inevitabilidad del destino), o el último día perfecto que vive con Rita y que precede a que despierte por fin en el día de mañana tras un hoy casi infinito. Son tantas escenas geniales que contarlas es contar toda la película.
En resumen, Bill Murray borda su papel, lleno de matices y de escenas para la historia, muy bien acompañado por Andie MacDowell y por una ristra de secundarios que se repiten tanto que llegas a cogerles cariño, incluso al odioso vendedor de seguros. Todo esto, batido con el superoriginal e inteligente guión, que alterna comedia, drama y lección moralista, da como resultado una película infravalorada e incluida injustamente en el paquete de las comedias románticas convencionales. Pero en realidad es una pequeña gran joya que nadie debe perderse, y un pequeño clásico del cine actual para ver una y otra vez. Y otra, y otra, y otra...

X-Men Orígenes: Lobezno (Gavin Hood, 2009)

Se llama Logan, pero el mundo lo conocerá mejor como Lobezno, uno de los más fuertes y polémicos miembros de la patrulla de mutantes conocida como X-Men. En 1845 ya era un niño de unos 10 años, que en una fatídica noche descubrió que su vida no era como él creía, que su padre no era su padre, que tenía un hermano, y que de sus manos salían garras de hueso. A partir de ahí, el destino le llevaría por guerras, peleas y hasta a afiliarse a un particular grupo de mutantes con poderes de todo tipo al servicio del gobierno, hasta que decidiría dejar aquella vida de violencia. Pero el amor no sería lo único que llamaría a su puerta, sino que los fantasmas del pasado regresarían para hacer que el Lobezno volviera a sacar sus garras, pero en esta ocasión unas garras de 500 millones de dólares y de un material virtualmente indestructible, que junto con sus poderes de regeneración lo convertirían en el mutante más poderoso y peligroso que el mundo hubiera conocido.
Con ese argumento, podemos imaginarnos que "X-Men orígenes: Lobezno" va a ser un festival de acción, efectos especiales y chulería lobuna a cargo de su co-productor y protagonista, Hugh Jackman. Y eso es precisamente lo que ofrece la película, un espectáculo de casi dos horas en los que la acción es trepidante y los momentos más lentos están justificados por un guión inteligente y coherente. Pero sobre todo, esta película es testosterona en estado puro, un lucimiento constante del actor australiano que se mete por cuarta vez en piel del personaje de la Marvel. No es para menos, ya que Jackman estuvo un año entero entrenando como una mala bestia y con una dieta extremadamente estricta para que su cuerpo, habitualmente en buena forma, se convirtiera en la mole de músculos y venas que no deja de enseñar en "Lobezno". Y bien que hace el hombre, porque como dice un amigo mío, "si yo tuviera ese cuerpo iría en camiseta de tirantes hasta en invierno."
Pero como es justo darle al césar lo que le toca, diré también que el Lobezno de Jackman es duro y vacilón cuando debe serlo, tierno cuando procede, y gracioso cuando toca. Su expresividad da para más que para exhibir bíceps imposibles y repartir zarpazos de adamantium, y se agradece mucho en una producción de este estilo, que tenga ese poco más que la separe de otras del montón.
Otro personaje que me ha gustado es Victor Creed (Dientes de Sable), que interpreta Liev Schreiber, un personaje que hay momentos en los que da miedo, pareciendo más un monstruo de película de terror que un villano de cómic. La relación que mantiene con Logan está bien explorada, y como no sé nada del cómic de los X-Men, me la sopla que sean o no hermanos realmente o que se hayan tomado muchas licencias. En la película cuadra, y punto. Igual me pasa con la breve pero estupenda aparición de Gambito, personaje que los fans han considerado desaprovechado, pero cuya aportación a mí me ha parecido la justa y necesaria. Que yo recuerde, el poster pone "Lobezno". Si quieren aprovechar a Gambito, que le hagan película.
En fin, me alegra que esto haya resultado bastante más que cine palomitero de efectos especiales (por cierto, tremendos), acción y mamporros. Jackman se está consagrando, y mucho me temo que no hemos visto aún lo mejor que nos puede ofrecer este hombre. Bueno, a lo mejor las mujeres en esta película, sí. Sigh.

Dark City (Alex Proyas, 1998)

Entre la ciencia ficción moderna, en la que ya parece todo inventado, da gusto encontrarse de tanto en tanto sorpresas tan agradables como esta “Dark City”, una película de auténtico culto que data de un año de gran cosecha, 1998, año en el que también fue parida "Donnie Darko". El argumento de "Dark City", según mucha gente, hizo algo más que inspirar a “Matrix”. Y no cabe la menor duda de que hay muchas coincidencias entre ambas, aunque la trama del film de Alex Proyas es mucho más oscura, con una estética casi similar a la de su “El Cuervo”, una ciudad sombría sumida en una noche permanente, llena de callejones lúgubres y de misteriosos recovecos. Y en ella, nuestros personajes protagonistas, viviendo su vida tal y como mandan los auténticos titiriteros, esos a quienes conoceremos como “los extraños”. Pero entre nosotros hay un elegido, alguien que tiene la facultad de “proyectar”, y en cuya propia existencia radica la clave para reconstruir nuestra realidad y arrebatar el control que “los extraños” tienen sobre nuestra propia existencia.
El reparto al completo, encabezado por un estupendo Rufus Sewell y con secundarios como Jennifer Connelly o William Hurt, realiza unas interpretaciones adecuadas a la historia, que con el guión que se gasta tampoco precisa de un gran trabajo para sostenerse. Sorprende quizá más Kiefer Sutherland, en un registro diferente al que me tenía acostumbrado, y que saca de maravilla. Pero lo que destaca aquí es la estupenda dirección de Proyas, la fotografía y el magnífico guión que encaja poco a poco hasta alcanzar el sorprendente clímax final digno de estar en un top ten de la ciencia ficción. Y sin duda, la similitud con “Matrix” alcanza al final su punto culminante, con el elegido adquiriendo plena consciencia de su poder y reformando el universo a su antojo (universo que queda genial y aterradoramente plasmado alrededor de esa ciudad que parece ser centro del mismo). No cabe duda que visualmente la obra de los Wachowsky marcó un punto y aparte en la forma de concebir el cine de acción (desde ella, muchos de esos efectos especiales serían llamados “a lo Matrix”), pero el apartado visual de “Dark City” en su última escena, que es cuando más debe sorprender tirando de efectos especiales, cumple con nota su cometido. Además, insisto: con ese pedazo de final rompedor, poco más necesita para ser la obra de culto en la que se ha convertido. Así que si eres de los que -como yo- pensabas que "Matrix" era la madre de la moderna ciencia ficción, te sorprenderá ver en "Dark City" casi los mismos elementos y sorpresas... pero un año antes de que Neo se comiera la pastilla azul.

2010: odisea 2 (Peter Hyams, 1984)

Como secuela directa de "2001: una odisea del espacio", esta segunda odisea empieza con un breve recordatorio de lo que ocurría en su predecesora, lo que nos pone en antecedentes para la nueva aventura espacial que se desarrolla nueve años después de la fecha en la que se ambientaba la primera. En esta ocasión el protagonista es Roy Scheider, que interpreta al ingeniero del USS Discovery, destituido tras el fracaso de la misión en 2001. Le acompaña entre los tripulantes de la nueva nave un reparto de conocidos secundarios de Hollywood entre los que destacaremos a John Lithgow o Helen Mirren.
Lo primero y lo que más llama la atención es que la película está desfasadísima. Dejando a un lado la supuesta tecnología puntera que nos muestran, basada en los monitores de culo y en los MS2, la película, supuestamente ambientada en el año 2010 -para los despistados, eso es el año que viene-, muestra un mundo que continúa sumido en la guerra fría, una Unión Soviética informada por el Pravda, y el característico conflicto bélico de los ochenta entre las dos superpotencias, con su carrera armamentística y espacial. Esto, hoy en día, queda ridículo, pero hay que entender que la película data de 1984 aunque su acción se desarrolle en el año que lleva por título, y aquel era un momento en que la guerra fría estaba en su apogeo y la amenaza de una nueva guerra mundial era el temor en boca de todos.
El argumento es sencillo aunque pretencioso, porque con la excusa de analizar el mal funcionamiento de HAL 9000 que hizo irse a pique la misión de 2001, se tocarán dos temas: uno, el tópico y típico conflicto bélico en ciernes de la época, entre comunistas y capitalistas, y condensado en un equipo de astronautas formado por rusos y americanos, que quedarán atrapados en su nave al estallar la guerra en la Tierra y declararse non gratos unos en la nave de los otros. Y el otro, pretender explicar (o mejor dicho, darle una interpretación forzosa) a la película de Kubrik, al monolito, a la desaparición de Bowen, a todo. Y es aquí donde esta segunda odisea hace honor a su nombre, porque se convierte en una odisea de imaginación bienintencionada que hace aguas por todos lados. Al final, el monolito y la interpretación científico-metafísica que podía sacarse del film original, acaba convertido aquí en un mensaje mucho más religioso y con un sano tinte pacifista, en el que el mundo, sumido en la guerra, acaba recibiendo una segunda oportunidad y, de regalo, un segundo Sol. La idea era buena, pero quizá como película independiente de "2001", porque considerarla el telón y cierre de lo que la otra pretendía dar a entender, es hacerle un flaco favor a las intenciones de Kubrik.
Lo que sí me gustó, y mucho, es el tratamiento que recibe en esta historia HAL, que vuelve a convertirse en un personaje tan importante y humano como en la primera, y que protagoniza la mejor escena de la película, de nuevo una escena en la que el superordenador demuestra una comprensión de las necesidades de "sus" humanos muy superior a la que tienen ellos mismos.
Así que podríamos concluir que esta segunda odisea es una correcta cinta de ciencia ficción, con algunos momentos muy brillantes aunque un argumento contextuado en un momento histórico y político tan concreto que le hace mucho daño al estar tan obsoleto. Es un claro ejemplo de que una película no puede ser intemporal si toca según qué temas. La lástima es que sea continuación de una película tan grande como "2001", porque comparar es odioso... y hay casos en los que lo es particularmente.

2001: una odisea del espacio (Stanley Kubrik, 1968)

Este no podría ser un blog de cine si no me atreviera a comentar la que, para muchos, es la película de ciencia ficción por antonomasia. Así que me he armado de valor y he visto, por segunda vez, este clásico entre los clásicos que es “2001: una odisea del espacio”. La verdad, resulta difícil comentar una película como esta, que roza la perfección en casi cada plano. Para empezar, los primeros 30 minutos son sencillamente magistrales, tan solo imágenes y banda sonora, sin un solo diálogo. De hecho, los diálogos no son lo fundamental en esta obra, en la que las interminables escenas y la potente música clásica crean una poesía en imágenes. Solo la elipsis en la que el hueso arrojado al aire por el primate se convierte en la estación espacial, ya supone una idea y un ejercicio cinematográfico prácticamente insuperable. Sí, hay gente que dirá que solo es un hueso dando vueltas en el aire, pero esa es la clase de gente que solo va al cine a ver “Transformers” y “Casi 300”. La secuencia del hueso-nave es un hito del cine, igual que el impresionante final (impresionante y sujeto a diversas interpretaciones de las que Internet está llena y se han escrito ríos de tinta), e igual que la magnífica escena de la “muerte” de HAL 9000, un personaje más de la historia pese a ser un ordenador. El espectador de cine moderno estará harto de ver ordenadores que hablan en naves superavanzadas, inteligencias artificiales que se revelan contra sus creadores, pero en esta película llegas incluso a empatizar con HAL, a entender su motivación, y a considerar su desconexión como una verdadera ejecución de un ser vivo. Ninguna otra película ha conseguido transmitir semejantes emociones. Por no hablar de la privilegiada mente visionaria del Sr. Kubrik, que en 1968 ya vaticinó, y así nos lo enseñó en esta película, que los ordenadores del futuro tendrían pantalla plana. Qué ridículos quedan hoy en día esos enormes monitores CRT con letras verdes de MS2 que aparecen en “Alien, el octavo pasajero”, rodada 10 años después de ésta y ambientada en un futuro supuestamente avanzado…Pero la gran pregunta sería: ¿cómo interpretar el mensaje de “2001”? ¿Qué representa el monolito? ¿Qué quiere decir el final? Bueno, como mencionábamos, Internet está llena de interpretaciones rebuscadísimas y perfectas sobre el significado de la película, así que sería redundar comentar aquí la mía. Quizá lo mejor de esta obra maestra es que puede interpretarse de varias formas, pero su mensaje está claro: hay algo más inteligente que nosotros, guiándonos, indicándonos el camino, y señalándonos la siguiente estación en nuestra búsqueda de conocimiento. Sea Dios, una raza alienígena o un monolito indescifrable. En fin, más de 40 años después esta película no envejece, y por su estética, ambientación y simbolismo, es muy probable que jamás quede obsoleta. Y como me gusta rematar las críticas con una frase, para esta ocasión me viene a la cabeza una que utilicé como título de la crítica a esta película que escribí hace mucho en Filmaffinity; que “2001, una odisea del espacio”, es indudablemente perfecta, e innegablemente aburrida.

Misión a Marte (Brian De Palma, 2000)

Con un reparto con nombres tan interesantes como el de Gary Sinise, Tim Robins o Don Cheadle, y un director tan reconocido como Brian De Palma, nos llegaba en 2000 esta historia de ciencia ficción que bebe, y mucho, del gran clásico que fue, es y será la película que, en 1968, se ambientaba un año después del estreno de ésta: “2001, una odisea en el espacio”. Hay un abismo entre ambas, por supuesto, pero igualmente esta “Misión a Marte” es muy agradable de ver y contiene una curiosa y sorprendente historia dentro de su historia. Para ello, se sirve de la archiconocida “cara de Marte”, esa extraña formación rocosa que ha sido captada tantas veces por los telescopios de los astrónomos, y que se asemeja a un rostro de proporciones gigantescas y se ha convertido con los años en fruto de los más polémicos debates. ¿Casualidad geológica? ¿O quizá un monumento deliberadamente puesto por quienes anduvieron por la superficie de ese planeta inhóspito? En esta película, con la excusa de una misión para rescatar a un astronauta perdido en el planeta rojo, se dará una interpretación a la dichosa cara y a lo que esconde, elaborando una subtrama que incluso pretenderá explicar el origen de la vida en nuestro planeta. No faltan los momentos heroicos propios de todas estas producciones espaciales en las que los americanos son siempre los más valientes y aguerridos astronautas, y tampoco me acaba de gustar la empalagosa relación entre el personaje de Tim Robins y su esposa, que se pasan toda la santa película demostrándose lo felices que son y lo mucho que se quieren, para que luego la muerte de él nos dé más lástima. Conmigo no funcionó, será que estoy insensibilizado a según qué ñoñerías preconcebidas y lo veía venir desde el principio.
No obstante, tenemos la suerte de que sea el siempre correcto Gary Sinise quien soporta el peso de la historia, que cuenta con unos buenos efectos visuales y una dirección apañada de De Palma. Eso, y el homenajeador final a la obra maestra de Kubrik (repito, salvando las enormes distancias entre una y otra), hacen de “Misión a Marte” una película que merece la pena ver, aunque obviamente no se convertirá jamás en el clásico que la otra tiene ganado a pulso.

Sunshine (Danny Boyle, 2007)

El director Danny Boyle y su habitual protagonista Cillian Murphy encabezan esta producción con un aspecto visual realmente imponente. Y lo mejor es que el apartado técnico no es lo único bueno a destacar de la película, cuyo ritmo, historia, personajes y situaciones al límite de la ciencia ficción, acaban creando un pequeño universo en el que es fácil entrar y quedarse atrapado bajo las alas de esa espectacular nave que es el Icarus II. Una nave cuya misión es tan arriesgada y complicada como atractiva: reactivar el Sol, que se muere, y que ya ha dejado la Tierra sumida en un invierno eterno y cuya extinción provocará también la nuestra. Así, a borde de una gigantesca nave espacial reforzada con escudos solares que la hacen inmune a las temperaturas, la idea es lanzar una carga nuclear explosiva del tamaño de Manhattan al corazón mismo del astro rey, con la intención de crear una estrella dentro de una estrella. Pero por supuesto, surgirán vicisitudes que dificultarán el ya de por sí laborioso desempeño de semejante encargo, y que obligarán a la tripulación del Icarus II a abordar a sus predecesores, que desaparecieron y no cumplieron su misión: el Icarus I.
Ayer, viendo esta película por segunda vez, me di cuenta de que los últimos 30 minutos son muy en la línea de “Horizonte Final”, aunque toda la película está enfocada en la ciencia ficción pura y dura y en la misión del Icarus y su tripulación. Pero quizá era preciso dar más emoción con un malo salido de la nada y ahí entra ese extraño e imposible personaje enloquecido y atormentado con delirios divinos para jugar el rol de villano recurrente de los últimos instantes. No obstante, no queda demasiado forzado. Por otro lado, un par de secuencias, como la del salto entre la escotilla del Icarus I y el Icarus II, o la reparación de los paneles solares, merecen un 10 en cuanto a lo bien hechas y lo bien llevadas, dentro de lo imposibles que son, por supuesto. No busquemos rigor científico en algo que, de momento, para nuestra tecnología, es solo ficción y se deja la ciencia en casa. Pero para mí, los mejores momentos ocurren en la sala de observación de la nave, con ese Sol gigantesco visto a través del filtro que impide que los mirones se cuezan como gambas. O ese momento en que el capitán pronuncia, solemne: “caballeros… Mercurio”. Todo resulta tan fantástico que te pone los pelos de punta, y además acompaña una banda sonora sobrecogedora, potente y emotiva. ¿Llegará algún día el hombre a poder pronunciar semejantes palabras? ¿A ser capaz de llegar tan lejos y de construir máquinas que resistan las temperaturas solares? Yo no lo veré, desde luego, así que me quedo con las dos horas que he pasado en el imposible futuro de “Sunshine”.