Ben X (Nic Balthazar, 2007)

Otra de esas producciones casi desconocidas para el gran público, y que puedes tener la desgracia de que te pasen desapercibidas y no te enteres de su existencia si no te las recomienda un amigo. Por suerte para mí, tengo uno de esos amigos y he podido disfrutar y sufrir a partes iguales con esta película belga escrita y dirigida por Nic Balthazar y protagonizada brillantemente por Greg Timmermans, ambos debutantes, y ambos sensacionales en sus respectivos puestos.
Ben es un joven autista, que se define perfectamente durante la película en uno de sus pensamientos con una frase aplastante: "me dijeron que tenía autismo, o mejor dicho, el autismo me tiene a mí". Por su carácter, tímido, incapaz de relacionarse con normalidad con los chicos de su edad, tranquilo y callado, pero extremadamente inteligente, integrarse en el instituto le resulta imposible. Es objeto de las más pesadas bromas y de crueldades que al resto de chavales le parecen graciosas. Una de ellas incluso llegará a Youtube, convirtiendo a Ben de ser el pobre hazmerreír del instituto, a estrella mediática de la red por el ridículo vídeo que protagoniza. Pero todo eso, en el fondo, no tiene importancia para él, incapaz de manifestar sus emociones ni siquiera con su madre, emociones que solo expulsa de tanto en tanto, cuando ya no cabe más humillación en su cuerpo imposibilitado para expresarlas, como episodios violentos en los que rompe cosas. Solo hay un remanso de paz en su vida: el videojuego Arch Lord (que realmente existe), en el que Ben se transforma en Ben X, un guerrero de nivel 80 (que como él dice, "es mucho"). Dentro del juego, lleva un año jugando cada día con una chica con la que tiene lo más parecido a una relación sentimental, pero que jamás podrá transportar al mundo real. No obstante, esa chica se convierte en objeto de sus fantasías y en su amiga invisible. Es difícil explicar lo mal que se pasa con esta película, mientras vemos la crueldad con la que tratan a Ben y las supuestas "bromas" a las que lo someten. Nadie podría soportar todo eso sin estallar, pero el problema es que Ben no estalla cuando quiere. Como él mismo piensa en la genial escena de la estación cuando va a reunirse con su chica del videojuego en persona, "mis piernas hacen lo que mi cabeza no puede". Y así le va al pobre, sin poder hacer nada a voluntad, encerrado en su mundo.
Mención aparte merece el final, apabullante, poderosísimo, de los que te dejan con la cara de tonto. Todas las breves escenas de profesores, compañeros, la madre y el padre de Ben hablando a cámara que se intercalan durante la película, cobran sentido con ese final. Piensas que ha sucedido lo peor, y con razón, pero dentro de su drama, el final es una lección de esperanza y de valor sin precedentes. La madre de Ben lo explica mejor que nadie: alguien tenía que morir. Y, en cierto modo, alguien muere en realidad en ese barco. Pero nada es lo que parece, así que os recomiendo no perderos esta pequeña joya hecha cine.

Los sin nombre (Jaume Balagueró, 1999)

Hace ahora 10 años que el cineasta catalán Jaume Balagueró rodó esta película, antes de su más reciente taquillazo, [REC], que le ha reportado el prestigio internacional y hasta un remake americano llamado "Quarantine". No obstante, en "Los sin nombre" notamos ya la misma mano maestra de este director, y una complejidad de guión mucho mayor (también gracias a que esté basado en la novela homónima de Ramsey Campbell), aparte de una fotografía oscura muy adecuada y las estupendas actuaciones principales de Emma Vilarasau como Claudia, la sufrida madre, y Karra Elejalde como Massera, el policía retirado con drama personal. Completa el trío protagonista Tristán Ulloa como un periodista de sucesos paranormales que se verá metido también en la historia, uno de esos secundarios prescindibles-necesarios.
Ubicarla dentro del género del terror puede que no sea lo más acertado, puede que encaje mejor en un thriller, pero es innegable que algunos de sus momentos son estremecedores y que la trama en sí, da un miedo diferente. Nos cuenta la historia de un matrimonio que pierde a su hija pequeña asesinada de forma tan horrible que impidió la identificación del cuerpo salvo por algunos enseres personales de la niña. 5 años después, la madre (ya separada del padre) recibe una llamada de una jovencita que le pide ayuda y que le dice ser su hija. A partir de ahí, Claudia emprenderá una cruzada personal para demostrar que su hija aún vive y para intentar ayudarla de lo que sea que la retiene. Una cruzada que la llevará a enfrentarse a una secta misteriosa y diabólica conocida como "Los sin nombre", gente que pretende destilar la esencia del mal mismo a través de un acto de tal maldad que sea insuperable (eso de destilar la esencia del mal también me suena de [REC], ¿eh, señor Balagueró?). Para ese fin, la hija de Claudia juega un papel crucial, y ahí es donde entra la mayor baza de la película. Porque aparte de la genial atmósfera que construye Balagueró con la fotografía y el ritmo (salpicado de escenas inquietantes a modo de visión de los personajes, al más puro estilo del cine yanki, como a él le gusta), el final de "Los sin nombre" es, sin ninguna duda, un acto de maldad casi insuperable. ¿Qué madre que haya soportado semejante calvario, el perder a una hija y recuperarla cinco años después, podría soportar que todo terminara de ese modo? ¿Cuánta maldad condensa la frase final de la película, pronunciada por Ángela, la hija de Claudia? Sin duda ese final transforma en notable una película que podría haberse quedado en un suficiente. Otro claro ejemplo de lo importante que es un buen guión y de lo más importante aún que puede ser un gran giro final, siempre que esté bien dado. Y este es uno de esos agradables casos.

Planeta Rojo (Antony Hoffman, 2000)

En el año 2000 se estrenaron casi al mismo tiempo dos películas de temática aparentemente similar. Una fue "Misión a Marte", de Bryan De Palma y producida por Touchstone Pictures; la otra, esta que nos ocupa, de la Warner. Ambas fueron un fracaso en taquilla, recaudando entre las dos lo que había costado de hacerse la más barata. Tengo pendiente un revisionado de la otra, pero en lo que "Planeta Rojo" respecta, su fracaso en taquilla está bastante merecido.
Año 2057. Cómo no, la humanidad está al borde de la extinción por culpa de la deforestación y se ha emprendido un proyecto de aclimatación de Marte. Una nave acudirá al planeta para averiguar por qué las algas que enviaron a la superficie marciana han desaparecido, y encontrarán la respuesta y gran cantidad de problemas para poder salir de allí con vida.
La verdad sea dicha, la historia y los personajes caen en todos los tópicos posibles del género. Hay una relación amorosa entre la capitana y un oficial; hay un astronauta "malo", otro chulo, y otro más chulo, y por supuesto un viejo heroico que muere a la primera de cambio. Luego tenemos una nave y unos sistemas de aterrizaje bastante pintorescos (la típica bola loca de nuestra infancia tiene aplicaciones aeronáuticas gracias a la inteligente NASA), y un malo, que en esta ocasión no es un monstruo marciano, sino un robot que se trastorna y da caza a los supervivientes de la nave, encabezados por la capitana, Carrie-Anne Moss, y el mecánico interpretado por el siempre nefasto Val Kilmer. Completan el reparto Tom Sizemore, Benjamin Bratt, Simon Baker y Terence Stamp, todos cobraron sus cheques y se largaron a otra cosa, siendo meros figurantes en la película, sin más interés que el que te pueda despertar la script girl o el técnico de sonido.
En fin, el metraje está lleno de heroicidades imposibles, amén de que parece un paseo por el desierto más que por la superficie de un planeta hostil. Vale que nos creamos lo de la atmósfera, pero la gravedad, el calor, el frío, las tormentas, las inclemencias meteorológicas... ¿no deberían ser un poco más severas en un planeta como Marte? Porque si no, no entiendo que no hayamos construido ya multipropiedades en sus valles. Así que esto es más ficción que ciencia, y no deja de ser un mero espectáculo de entretenimiento, aunque a momentos, de tópico que es, es hasta aburrido y predecible. Recuerdo que el film contra el que compitió tenía un trasfondo religioso a lo "2001" (salvando las enormes distancias), todo lo contrario que éste, en el que el único trasfondo es el de siempre: que los americanos salvarán la humanidad.

Poseídos (Janusz Kaminski, 2000)

Ni la cleptómana más famosa de Hollywood, ni el entonces prometedor actor británico Ben Chaplin, ni la aparición del veterano John Hurt como secundario pudieron lograr que el debut como director de Janusz Kaminski, habitual director de fotografía de Steven Spielberg y ganador de dos Oscars, pasara con más pena que gloria. Injustamente, a mi parecer. No estamos ante una obra maestra del terror, pero sí ante una buena película de suspense con tintes demoníacos y con una estética peculiar gracias, precisamente, a la fotografía en tonos sepia de Kaminski.
La trama no sorprenderá ya a nadie, porque este género de posesiones y lucha contra el diablo está más que trillado. Se trata de la historia de Peter, un escritor que, sin saberlo, va a convertirse en el anticristo en su 33 cumpleaños. Solo una joven ayudante de un exorcista, llamada Maya, emprenderá una cruzada para evitarlo, mientras que parece que todo el universo de Peter ha estado siempre orquestado para lograr que se cumpla su destino como hijo del demonio y estandarte de un nuevo orden satánico. Con este pretexto, asistimos a una historia que es más un thriller que una cinta de terror, pero que cumple con la función de entretener y, en ciertos momentos, sobresaltar (que no asustar). Muy buenas dos escenas que sí que dan bastante yuyu. La de la niña en la cafetería cantando alegremente que Jesús ha muerto, y la de la visita de Peter a la iglesia, cuando la imagen de Cristo se desprende de las muñecas y queda colgando cabeza abajo de un modo obviamente satánico. Por lo demás, la película no es cautivadora, pero está bien. El final es bastante simple y bobo. ¿Realmente el demonio te mostraría en el reloj del salpicadero el 666 para que supieras que Peter ya se ha transformado en el anticristo? ¿2000 años de planes para eso? En fin, sin duda no fue la mejor carta de presentación como realizador para un técnico tan reconocido como Kaminski, pero tampoco fue un descalabro como muchos pretender pintar. Simplemente una película para ver. Aunque a lo mejor ese es precisamente el problema, que se queda en un gris "ni fu ni fa".

Cube (Vincenzo Natali, 1998)

Otra de esas películas de ciencia ficción moderna que vienen muy recomendadas por público y críticas. Y que, sin embargo, me ha dejado un poco frío, quizá porque me esperaba mucho más. Porque mala no es, como ahora comentaré.
La trama es tan de ciencia ficción como de terror psicológico, y en sí podría considerarse como una metáfora de la vida misma. Un grupo diverso de personas que, de repente, despiertan encerradas en una misteriosa habitación cúbica, sin recordar cómo han llegado ni quién los ha metido allí. Pero la habitación no es más que una mínima parte de su tortura, ya que pronto se dan cuenta de que están encerrados dentro de un cubo muchísimo más grande, en el que hay más de 17000 habitáculos cúbicos como en el que les han dejado. Pueden ir de uno a otro para llegar hasta la salida, pero deben tener en cuenta que hay cubos con trampas mortales, que deberán identificar y evitar gracias a una placa con números que hay a la entrada de cada nueva estancia. Además, toda la estructura se mueve girando sobre sí misma como un gigantesco cubo de Rubik, y solo en una posición concreta podrán llegar a la salida.
Por supuesto, la selección de las personas atrapadas no es aleatoria, sino que obedece a un patrón. Encontramos a una matemática, capaz de poder interpretar los códigos numéricos; a un autista con el don de calcular mentalmente las potencias para descifrar en qué habitáculos hay trampas; al diseñador de la carcasa exterior del cubo, tan ignorante como sus compañeros de quién les ha metido ahí; una médica de servicios sociales, idónea para tratar con el autista; un escapista de prisiones; y un agresivo policía, que asumirá el liderazgo. Pero como siempre ocurre, en las situaciones más extremas es donde la maldad de la naturaleza humana se hace más patente, y la interacción entre los personajes comenzará a tomar un cariz que distará mucho del trabajo en equipo que deberían llevar a cabo. Si salen del cubo o no, es algo que os dejo a vosotros descubrir.
Hay dos problemas que me han hecho menos interesante y original el visionado de esta película. Primero, que aunque sea anterior a la saga "Saw", yo he visto las 5 películas del asesino Puzzle antes que ésta, así que la idea de encerrar a gente en trampas aparentemente insuperables, ya no me sorprende. Y segundo, que las actuaciones de los actores de "Cube", son realmente pésimas, en especial la del policía negro. Es muy, muy mala, sobreactuada y con unos caretos dignos de Nicolas Cage. Siendo creíble la conducta de todos los protagonistas, la bajísima calidad interpretativa resta muchos enteros y te provoca risa, sacándote completamente de la historia.
Eso sí, la metáfora de la película es más que obvia. ¿Quién les ha metido en el cubo? ¿Por qué cada uno de ellos representa claramente a un estereotipo social? ¿Por qué el camino hacia la luz está tan lleno de peligros mortales, de los cuales, por supuesto, el peor siempre viene de la propia maldad de las personas? Todas estas son las preguntas básicas de la vida. Aunque en esta interesante película, la vida tome forma de cubo.

Martyrs (Pascal Laugier, 2008)

Esta producción francesa ya ha sido parida con la polémica bazo el brazo. En el festival de cine de terror y fantástico de Sitges, las ambulancias aguardaban en la puerta del recinto cuando se proyectó el pase de "Martyrs". Desmayos, vómitos y gente que salía medio enferma a mitad de proyección, avalaban semejantes medidas de seguridad preventiva. El responsable del certamen, incluso, avisó a los espectadores de que lo que estaban a punto de ver, era extremadamente violento y que, además, iba in crescendo mientras avanzaba la película. Su recomendación era salir de la sala si no se veían capaces de soportar lo que pasaba ante sus ojos.
Obviamente, cuando alguien como yo, que ha comido callos a la madrileña mientras veía "Holocausto Caníbal" o natillas durante la mítica escena de las natillas de "Braindead", escucha semejante publicidad, convirte a "Martyrs" en uno de sus títulos de obligado e inmediato visionado. Y me lo he pasado muy bien, pero una vez más vuelvo a estar en un dilema: que o bien la sociedad es cada vez más remilgada (los telediarios mostraban cosas más fuertes y reales el otro día), o es que estoy cada día más loco.
El argumento de "Martyrs", en contra de lo que suele ocurrir con el cine gore, es realmente interesante y necesitas un visionado completo de la cinta para entenderla. No es una sucesión de barbaridades sin más. Tiene una historia, un trasfondo, incluso. Y trasfondo religioso, además. Porque como bien reza ya el título, la historia gira en torno a un grupo de gente profundamente convencida de que mediante la tortura y el dolor, pueden crear mártires, personas que vean lo que hay después de la muerte. Esto solo lo sabremos al final, así que acabo de fastidiar la película, porque al principio puedes pensar que es una especie de "Hostel", aunque en realidad, por lo menos los depravados de esta historia tienen una motivación. Loca igualmente, pero motivación. La Iglesia también ha hecho lo suyo por cosas de este estilo, así que que nadie se vaya a rasgar ahora las vestiduras.
Eso sí, encontraremos imágenes muy duras y rodadas explícitamente, desde cortes, disparos, golpes y palizas brutales, hasta el espectacular desollamiento final. Muy buenos efectos de maquillaje, extraordinarios. Ah, y para acrecentar más el morbo de la película, al parecer el maquillador se suicidó poco después del rodaje. Morbo al canto. Atención también al final, que te deja a partes iguales con una sensación de que ya ha pasado todo, y con otra de desasosiego e inquietud. Porque, ¿qué le habrá contado Anna a la vieja para que termine así? ¿Es tan horrible lo que hay al otro lado? ¿O simplemente es que la vieja quiere quedarse el conocimiento para ella sola? Que cada uno piense lo que quiera.
En fin, estómagos sensibles abstenerse de ver "Martyrs". Amantes del terror y del gore, no se la pierdan, que además encontrarán en ella una película bien construida, interpretada y con historia. ¿Qué más se puede pedir?

Acorralado (Ted Kotcheff, 1982)

Los míticos años ochenta vieron nacer, en esta película, a uno de los personajes más conocidos del cine, para bien o para mal: Rambo. Esta primera entrega está muy lejos del festival de muertes y de lucimiento del supersoldado perfecto que serían las siguientes secuelas. El guión es mucho más interesante y el personaje de Rambo está mucho mejor construido y es perfectamente comprensible el modo en que se comporta. Stallone al guión (acompañado en esta ocasión por más colaboradores e inspirado en la novela de David Morrell) nos ofrece el retrato de un veterano de la guerra de Vietnam, un poco trastornado por las torturas y horrores que sufrió allí. Vagabundeando sin rumbo fijo, acabará llegando a un pueblo pequeño en el que el sheriff local es un auténtico miserable que detendrá a Rambo por llevar el pelo largo, ir mal vestido y por ser un vagabundo. En la comisaría, el ex-soldado sufrirá las vejaciones de los policías, y acabará revelándose y escapando a las montañas con la única compañía de su cuchillo de supervivencia (objeto que también marcó la época, creo que todos queríamos uno). Allí, Rambo demostrará con creces lo que le dice al sheriff: que en la ciudad puede que mande él, pero en la montaña, Rambo es la ley. Toda la policía local, y después con cuantiosos refuerzos, no podrán atrapar a un hombre que se ha hecho fuerte en un medio en el que es insuperable. Sus habilidades de combate, supervivencia y guerrilla, aprendidas en los boinas verde, le convertirán en un adversario prácticamente imbatible y en el asesino perfecto. Pero pese a que Rambo se verá a obligado a matar, se nos dejará claro que él no es el criminal de la historia. Se trata de un personaje amargado por lo que le ha tocado vivir: una guerra que se convirtió en la vergüenza de los Estados Unidos, y cuyos veteranos eran casi repudiados por haber perdido frente a un puñado de campesinos. Rambo solo intenta volver a empezar, encontrar un trabajo, volver a ser una persona normal, pero quedará claro que la guerra le persigue, y que el horror no termina nunca. La escena final es de auténtico drama, el pobre Rambo se confiesa con su coronel y mentor antes de rendirse, y queda más claro aún si cabe, que él solo quería volver a empezar después de todo. Pero el mundo no está hecho para él, no después de lo que le ha tocado vivir. Hay que decir que el final de la novela en la que se inspira es diferente, más crudo si cabe, porque Rambo y el sheriff se matan uno al otro, aunque el de la película también dista mucho de ser un final feliz. También merece mención aparte el excepcional tema principal de Rambo compuesto por Jerry Goldsmith, tan reconocible como el de Indiana Jones, Star Wars o Superman.
En resumen, "Acorralado" es una gran película que capta el espíritu de América tras su derrota humillante en Vietnam, de la mano de un personaje que iría degenerando secuela tras secuela hasta la más reciente, ese espectáculo de casquería y bótox llamada "John Rambo".

My name is Bruce (Bruce Campbell, 2007)

Debo admitir sin avergonzarme que este señor ha sido mi ídolo durante mucho tiempo. De hecho, aún tengo muchas de sus frases célebres incorporadas a mi vida cotidiana, desde el "palo de fuego" o "dame un poco de amor, nena", hasta otras que mejor no poner aquí por escrito. El personaje que le dio la fama y que lo convirtió en una leyenda del cine de terror y de la serie B, Ash (especialmente en "El ejército de las tinieblas") aún sigue siendo uno de los iconos de los 90. Al menos, en según qué mundillo, claro.
Por eso, cuando supe de esta película, en la que Bruce Campbell se dirigía a sí mismo y realizaba una autoparodia de la serie B, de su carrera, y del terror chusco, me dije: ¡no me la puedo perder! La verdad es que el resultado me ha decepcionado un poco, solo un poco, porque esperaba reírme más de lo que lo hice.
El argumento es tan simple como absurdo: Guan-di, un demonio chino (con cancioncilla ridícula incluida) despierta en un pequeño pueblo remoto de los EEUU, casualmente el hogar del mayor fan de Bruce Campbell. El chaval decidirá que solo su héroe, famoso por haber combatido contra zombis, demonios, aliens y brujas de todo tipo en su filmografía, sabrá cómo ayudarles a acabar con el mal que les acosa. Y así conocemos a un gordo, borracho, mujeriego y acabado actor de serie Z llamado Bruce Campbell. Arruinado y solo, viste camisas horteras y vive en una caravana con un perro también borracho, mientras subsiste a base de secuelas de películas horribles que nadie ve. Pero, eso sí, continúa teniendo toda una legión de fans frikis que lo consideran como un dios, y a los que él odia y necesita a partes iguales.
Supongo que el retrato que Campbell da de sí mismo no es del todo verídico, sino una autoparodia exagerada para acentuar el patetismo del personaje. Durante toda la cinta escucharemos frases célebres de sus películas, menciones a Sam Raimi ("cuando has trabajado a las órdenes de ese hijo de Satán, ningún demonio volverá a darte miedo"), y veremos cómo el valeroso "Ash" ni siquiera sabe cargar realmente una escopeta. Hasta sale Ted Raimi interpretando varios papeles cortos. El problema es que esta película vive demasiado de esos guiños y detalles a la filmografía de Campbell y a los chascarrillos que se han dicho siempre sobre él ("Campbell es el nombre de una sopa, hijo, a mí llámame Bruce"). Por eso, quizá el espectador que no sea acérrimo fan de este actor, no verá en "My name is Bruce" más que una película con cutres efectos, argumento ridículo y situaciones disparatadas en un ambiente que huele a serie B por todas partes. Pero es que es así a propósito. Bruce Campbell no se toma en serio a sí mismo, y así lo demuestra con este homenaje al género que lo hizo famoso, a los demonios de cartón piedra y a los cementerios. Y sobre todo, a él mismo, que solo por haber sido Ash bien se lo merece.

Dragonball Evolution (James Wong, 2009)

No soy un gran aficionado al manga Dragon Ball. De hecho, para mí siempre seguirá siendo "Bola de Drac", que es como lo veía en Canal 9 hace muchos años, al salir del colegio. Hubo una época en la que todos coleccionábamos las cards, las fotocopias y los cromos, y en las que todos jugábamos a ser Goku en los recreos. Así que, aunque no soy un gran experto en el anime y pese a que jamás he leído ni un solo manga de la serie, hay cosas que tengo claras:
-Goku es un niño encantador e inocente, con enormes aptitudes para las artes marciales y con cola. Jamás ha visto una mujer hasta que conoce a Bulma.
-En esta película, Goku es un adolescente más propio de "Un paso adelante", con pelo de ir a la Spook y cuyo único interés es ser normal, ligarse a las chicas y cascarle a los matones del instituto que lo acosan por ser rarito.
-Goku vivía solo, porque mató a su abuelo inconscientemente cuando se transformó en mono gigante.
-En esta película, el abuelo de Goku muere a manos de Piccolo. Por cierto, Piccolo, en vez de ser verde, grandote y musculoso, con antenas y esas cosas rosas que tenía en los brazos, tiene aquí un aspecto verdoso desteñido enfermizo, es un tirillas, ni tiene antenas y viste en plan sadomaso. Ah, y sale de la nada. Se explica que se le encerró en las profundidades de la tierra, y de pronto aparece otra vez sin que se sepa cómo ni por qué.
-Bulma tenía el pelo azul. Aquí no. Eso sí que es de ser idiotas, no creo que costara tanto teñir a la maciza que la ¿interpreta?
-Nunca he visto usar en el anime el kame hame para encender antorchas o para ¡¡¡¡resucitar a gente!!!! Verídico, en serio. Cuando vi eso, no me lo podía creer. Era como ver "House" pero en megacutre. "¡Rápido, traed el carro de paradas!" "¡No tenemos, estamos en un templo!" "Bueno, pues... ¡Un, dos, tres, kame hame ha!" "¡No responde!" "¡Atrás! ¡Un, dos, tres, kame hame ha!" Ese no era el diálogo, pero básicamente esa era la situación. Patética, lamentable, irrisoria, de vergüenza.
-Secundarios: El Geni Tortuga no era un imbécil cuarentón imberbe, era un abuelo cachas con barba y calvo, salido (hay dos guiños a eso en la peli, uau); Yamcha era un ladrón moreno, con melena y tímido con las mujeres, no un chino maricón con mechitas rubias y que se liga a Bulma en 5 minutos de metraje. Krilin no aparece ni siquiera. Y no hablemos, NO HABLEMOS del dragón o del mono gigante en que Goku se convierte. De risa. ¿En qué se ha ido el presupuesto de esta película, en drogas para que los actores no preguntaran qué estaban haciendo?
-Combates: recuerdo que en la serie, el combate Goku-Piccolo (que, para mí, siempre será Satanás Cor Menut) duró tropocientos episodios. Aquí se lo ventilan en 5 minutos si llega, con cuatro rayos mal tirados, unos cuantos puñetazos en el aire, y un súper kame hame final con discursito incluido ("tengo que confiar en mí mismo"). Vamos, que Piccolo, el señor de la guerra que destruyó la humanidad hace 2000 años, es un mierda más fácil de matar que una cucaracha.
En fin, podríamos seguir rajando de este despropósito, pero creo que está todo dicho. Esto no es Bola de Drac, esto es una basura que se aprovecha de los nombres, personajes y de algunas situaciones, y las adapta a su manera. A una manera cutre-salchichera y casposa sin gracia, con efectos especiales justitos e interpretaciones que se mean en la vergüenza. Si alguna vez te encuentras al dragón, pídele que esta película no haya existido.

Pi (fe en el caos) (Darren Aronofsky, 1998)

Me dijo un amigo que esta era una película difícil de ver. No por la complejidad de su argumento -que la tiene-, sino porque es... bueno, pues eso, difícil de ver. La trama en sí ya es enrevesada: un matemático buscando descifrar el modelo que rige el mercado bursátil basándose en sus estudios del número pi. A partir de esa premisa, se nos irá exponiendo cómo el dichoso número, aparentemente caótico, parece atenerse a un patrón perfecto de 216 cifras, patrón que, incluso, acabará teniendo implicaciones religiosas y hasta de ciencia ficción. Se hablará de los mensajes numéricos que esconde el idioma hebreo, mientras que una secta judía tratará de aprovecharse del tarado protagonista para sus fines. Tampoco faltará una buitre de Wall Street que querrá lo mismo. Y mientras, el matemático, que se pasa el día a base de pastillas y con dolores de cabeza que le hacen tener extrañas paranoias, se irá adentrando en el significado de esos 216 dígitos escupidos por un ordenador a punto de quemarse. Ojo, porque eso es muy bueno, dan a entender que el ordenador toma conciencia de su existencia y revela el número "mágico" antes de "morir", con su procesador quemado por una hormiga (gran detalle también éste, porque a los fallos informáticos se les llamaba y se les llama "bugs", o "bichos").
Si la densidad del argumento, de por sí, ya es un factor a tener en cuenta, debemos sumarle también la estética de la película. Arenofsky debutaba con esta cinta y dejaba claro que no iba a ser un director comercial. Hace su cine, te guste o no. "Pi" está rodada íntegramente en blanco y negro, con movimientos de cámara particulares, giratorios y opresivos en momentos muy concretos, especialmente durante los episodios paranoides del protagonista. Los diálogos son escuetos, prima la imagen. Todo es agobiante y angustioso, desde el piso del matemático, al bar donde se encuentra al judío sectario, o a su cuarto de baño, y desde luego la banda sonora maquinera no ejerce tampoco un efecto apaciguador. Todo está creado deliberadamente para agobiarnos. Además, está llena de momentos surrealistas, que bien pueden recordar a Buñuel o a la literatura de Kafka. No hay razón aparente para algunas cosas, simplemente están, suceden, las vemos.
¿Moraleja, entonces? Pues que bendita sea la ignorancia, supongo.

Donnie Darko (Richard Kelley, 2001)

Puede ser la madre de todas las películas rayantes que vayas a ver en tu vida. La película, que tiene como título el nombre de su protagonista, empieza de forma desconcertante, avanza complicándose aún más, y termina con un "click" tan grande que casi podrás oírlo. Eso si te apetece pensar y has estado muy, muy atento, porque si no se te quedará la misma cara de tonto que se me quedó a mí con "The Broken".
En principio, no es más que la historia de Donnie (un estupendo Jake Gyllenhaal que empezaba por aquel entonces), un chico con ciertos problemas esquizofrénicos y una agradable familia. La historia se sitúa en 1988, y una noche cualquiera, Donnie sufre uno de sus episodios de sonambulismo con visiones de un extraño conejo monstruoso y tamaño humano. Casualmente (o no), su paseo le llevará lejos de su cama, hecho el cual le salvará la vida. Porque, por extraño que parezca, esa noche cae sobre la casa de Donnie un motor de avión que impacta justo sobre la cama del chico, que se salva por no haber estado.
A partir de ese surrealista comienzo, Donnie continúa con extrañas visiones de ese conejo llamado Frank, cuyas apariciones parecen siempre empujarlo a hacer cosas que, más tarde, desencadenarán hechos cruciales. En medio de todo tenemos a una extraña anciana que se pasa el día y la noche caminando hacia el buzón, revisando si tiene correo, y así una y otra vez. Donnie conocerá a Gretchen, que se convertirá en su novia. ¡Ah! ¡Por Dios, mientras escribo estas líneas caigo en otro detalle impresionante! Atención a la primera conversación de Donnie y Gretchen, cuando ella le dice que tiene nombre de superhéroe y el "bromea" diciendo que qué le hace pensar que no lo es. Vista y entendida la película al completo, ese simple comentario demuestra un conocimiento subconsciente de Donnie de todo lo que está pasando, que es para quedarse de piedra, vamos...
En fin, no quiero ser yo quien exponga aquí todo lo que puede interpretarse sobre "Donnie Darko". Es evidente que habrán cosas que se escapen al primer visionado, y si uno quiere dárselas de interesante, siempre queda tirar de Wikipedia y leer la explicación del propio Richard Kelley. Lo que sí puedo decir es que, cuando terminó la película, quedé con la sensación de haber visto una película de culto que tiene todas las razones del mundo para ser considerada como tal. Muchas de las cosas a las que le estuve dando vueltas durante las dos horas de visionado, me encajaron. Otras las discutí después con mi mujer y las medio entendimos entre los dos. Otras, seguramente, no las he entendido como el director pretendía o como los listillos dirán. Pero, sea como sea, el guión de esta película cautiva desde su inicio surrealista, durante todo su extraño y aparentemente normal desarrollo y, sobre todo, en su apabullante final. Que Donnie es una especie de elegido, o de superhéroe como él mismo dice, está claro. Que el mundo se iba a ir a tomar por saco y solo de él dependía evitarlo, está claro. Que el avión es la causa de un extraño desgarro en el tejido del tiempo mismo, está claro. Y que todos los personajes secundarios actúan movidos, inconscientemente, para que Donnie llegue a donde tiene que llegar, está claro. La única cuerda de la película, es la que toman por loca: la abuela muerte.
Películón imprescindible, y clásico de la ciencia ficción con el tiempo, esperemos. Pero desde ya mismo, obra maestra de culto.

Cashback (Sean Ellis, 2006)

Sean Ellis nos ofrece con su "Cashback" una particular visión sobre la belleza y casi una fábula sobre la importancia de cada instante. Se ampara, para ello, en el personaje protagonista, Ben, un joven estudiante de Bellas Artes que sueña con ser pintor y que, después de que su novia lo abandone, comienza a sufrir de insomnio. Conforme pasan las noches sin dormir, Ben decide hacer algo productivo y rentable con sus "ocho horas adicionales del día", y entra a trabajar en el turno de noche de un supermercado. Allí conocemos a la fauna secundaria de la historia, tan interesante como el propio Ben; desde el jefe con aires de grandeza al fanático de las artes marciales, pasando por los dos gamberros y graciosillos de turno y a la segunda gran protagonista, Sharon, una tímida y guapa cajera que acabará convirtiéndose para Ben en más que una compañera.
Lo particular de esta historia y lo que la aleja de la típica comedia romántica, es la fantasía en la que se sumerge Ben para soportar el tedio de las horas de trabajo en el súper. Todavía no me queda claro si es algo que Ben es capaz de hacer o si es algún tipo de metáfora de la película o de imaginación suya, pero Ben se ve a sí mismo parando el tiempo, congelando los instantes. Durante esos segundos eternos, Ben saboroa la belleza de las cosas, especialmente las formas femeninas. Desnuda o semidesnuda a las clientas del supermercado, las observa, las dibuja durante horas, pero nunca con connotaciones sexuales, sino con una pretensión puramente artística. Se regodea en su belleza capturada para siempre en ese instante de un modo que solo él puede. Es en esta parte de la película donde más disfruté con lo bien hecha que estaba y lo diferente a otras que es. Hay momentos que rompen con ese ambiente irreal de fantasía, como el partido de fútbol, un momento netamente cómico que, aunque es divertido, no me acaba de encajar en el contexto, aunque sirve como medio para que Ben y Sharon se acerquen por primera vez. Ya más hacia el final, la trama deriva un poco al típico "te pierdo, te recupero" del cine romántico, pero aún así no pierde su estética, lo cual lo salva. Así que la sensación que se te queda tras ver "Cashback" es la de haber presenciado una película diferente y muy bonita, una manera distinta y atrevida de contar una historia de amor, tanto entre dos personas como hacia la belleza misma de las cosas.

Déjame entrar (Tomas Alfredson, 2008)

Si buscas la típica película de terror en la que los sustos van acompañados de golpes de música o zooms a la cara del monstruo de turno, esta no es tu elección. Esta producción europea, sueca para más señas, y segundo largo de su realizador, cuenta de manera tranquila y pausada la historia de dos personajes construidos a la perfección y presentados de una manera asombrosamente clara y definida. Dos marginados de la sociedad, cada uno a su manera, pero ambos criaturas diferentes y aisladas, solitarias, extrañas y taciturnas. Destinadas, quizá, a encontrarse y a que sus caminos coincidieran. Lo que quizá ninguno esperara es que, entre ellos, fuera a surgir un sentimiento tan puro como el que vemos en la película, plasmado de maravilla por los dos jóvenes actores, Kåre Hedebrant como Oskar y sobre todo Lina Leandersson como Eli. Esta joven actriz transmite más con una sola de sus miradas a la cámara que José Coronado en toda su carrera, llenando cada una de las escenas que las que aparece y aportando una presencia a la cinta que ya querrían muchos actores. Una interpretación realmente impresionante, como su personaje, una vampira de 12 años de aspecto pero que ni se sabe los años que puede llevar ya en el mundo. Fría, depredadora, una superviviente, pero aún así capaz de amar de un modo profundo y hermoso, como una niña y como una mujer, quizá con lo mejor de cada.
Y es que, pese a que uno de los protagonistas de la historia sea un ser sobrenatural, su manera de comportarse y de interactuar con los demás personajes es totalmente creíble. No nos encontramos a un vampiro de largos colmillos, aspecto cuidado y pulcro y labia para conseguir camelar a sus víctimas. Vemos a un auténtico depredador que se sirve de su apariencia, en ocasiones, para lograr acercarse a sus presas. Un ser para el que no puede aplicarse la moralidad ni la ética cuando su único precepto es seguir vivo. Un animal en toda regla. Enormemente significativa la conversación entre Eli y Oskar cuando ella le recrimina sus tendencias claramente psicópatas (atención al personaje del niño, porque su personalidad perturbada queda clarísima en su comportamiento), mientras que ella se defiende diciendo que, lo que hace, es para sobrevivir. Otro momento de gran impacto y que evidencia que la vampira siente realmente algo muy fuerte por Oskar, es cuando asistimos a la consecuencia de que Eli entre en casa de Oskar sin haber sido previamente invitada por él. La reacción de Oskar al ver lo que ocurre tampoco puede ser más acertada, y el abrazo posterior se convierte en uno de los instantes más emotivos de la película.
Por otro lado, la casi ausencia de banda sonora y una estupenda fotografía que contrasta la oscuridad con la nieve, la sangre con el blanco e incluso a los propios protagonistas (un rubísimo casi albino y una vampira de pelo negro) apoyan al ritmo lento pero constante en que la historia avanza y vemos crecer a los personajes. Los vemos acercarse, comunicarse con su particular código morse a través de la pared que separa sus cuartos y sus mundos, tomar conocimiento uno del otro. No faltan escenas casi de escándalo tratándose de niños, en las que el erotismo y la sensualidad de la relación entre Oskar y Eli inunda la pantalla, en especial la visita que ella hace a la cama de él después de haberse alimentado de su antiguo ayudante. Y el final de la película... solo puedo decir que esa última escena en la piscina, con la filmación submarina de Oskar y el ruido amortiguado que escuchamos del exterior, pasará a la historia como un clásico del terror. Y, si el tiempo hace justicia, "Déjame entrar" acabará convertida en la obra de culto que para mí ya es.

300 (Zack Snyder, 2007)

Más allá de su espectáculo de testosterona y músculos untados en aceite, nos encontramos en "300" una película con muchos elementos para que acabe convirtiéndose, en un futuro, en una obra maestra dentro de un género casi propio. Su estética particular y reconocible, su característica dirección y manejo de la cámara de Snyder (que ya se está convirtiendo en un grande del medio) y su ritmo trepidante que no deja tampoco de lado los diálogos profundos y la trama interesantísima, convierten la pequeña odisea histórica de los espartanos en el espectáculo de acción definitivo.
Habrá quien diga que la realidad histórica fue muy diferente. Bien, ¿y qué? El cine se permite licencias, y más cuando no se trata de una película directamente inspirada en la hazaña real de la resistencia espartana en el desfiladero de las Termópilas, sino de una adaptación perfecta del cómic de Frank Miller. Para quienes lo hemos leído, resulta impresionante el detalle con el que se ha recreado la puesta en escena, de modo que muchos planos son viñetas que saltan directamente de las páginas a la pantalla con una precisión apabullante.
Otro gran punto a destacar es que este es uno de los pocos casos que he visto en los que el doblaje español ha incluso favorecido el gran resultado de "300". La voz de Gerard Butler como el rey Leónidas, en versión original es mucho más grave y ronca, pero su doblaje no deja nada que desear. Y la voz de David Wenham, que interpreta a Dilios y actúa como narrador, en su versión española es sencillamente genial, te atrapa cuando va contando la historia. La más cuestionable, la de Jerjes, que parece un transexual hormonado, es idéntica en inglés y en castellano, así que el efecto "la veneno" no fue cosa de nuestro doblaje.
Pero evidentemente, "300" es una aventura de acción y de batallas perfectamente construidas con ese toque particular que le confiere Snyder, con su manejo de la cámara lenta y del avance rápido (atención a "Watchmen", ya que en la escena de rescate de Rorschach de la prisión, la entrada del Búho Nocturno y Espectro de Seda es idéntica a uno de los combates de Leónidas). Sangrienta y llena de violencia no gratuita y de espectaculares coreografías, los actores demostraron el durísimo entrenamiento físico y militar que recibieron, y en los que los especialistas consiguieron convertirlos casi en una falange espartana. Impresionante, de verdad.
Así que, concluyendo, "300" no es una película para gafapastas y amantes del cine de Lars Von Trier. Se trata de cine evidentemente comercial, de un entretenimiento puro y duro de dos horas, repleto de acción, batallas, tipos duros y, aún así, con cierta base histórica, aderezado y perfeccionado con el toque maestro que le dio su director. Es, sin duda, una de las películas más interesantes y apetecibles de ver más de una vez de los últimos años. No te cansarás de ella.

Señales del futuro (Alex Proyas, 2009)

Para hacer una crítica objetiva y en condiciones de esta película, debo dejar a un lado a Nicolas Cage y a su peluca. Una peluca que no es tan evidente aquí como en otros de sus trabajos recientes, igual que notamos un nivel de muecas y esperpentismo menor. Lo que sí se repite es la terrible planicie interpretativa de este hombre, que pone la misma cara (ninguna) para perseguir a un malo, descifrar un código numérico, hablar de la muerte de su esposa o despedirse de su hijo para siempre. Esto me hace pensar que Nicolas Cage nos ha engañado a todos durante años, y que su única interpretación buena fue "Leaving Las Vegas" y, si me apuras, y por aquello de comerse la cucaracha, "Besos de vampiro". A día de hoy, su involución hasta convertirse en uno de los actores más planos (en casi todas sus películas no transmite nada) y con saltos al terreno de lo vergonzoso (siendo "Motorista Fantasma" su máximo exponente), parece irreversible.
Habiéndome cebado ya con Nic, la película arranca con una interesantísima premisa y diverge en una amalgama de géneros bastante bien hilvanados. Con la excusa de una serie de números, aparentemente sin sentido, escritos hace 50 años por una niña un tanto extraña y que escuchaba voces, vamos descubriendo que esos números profetizaban con exactitud aterradora desastres en los que muchísima gente moriría durante esos 50 años, e incluso un último desastre mundial en el que todos moriríamos. El personaje de Cage, John, un profesor de astronomía, intentará evitar los tres desastres que quedan por pasar, incluido el gran último desastre, mientras que aparecen en la trama unos misteriosos hombres que contactan con el hijo de John y con otra niña, nieta de la que escribió los números proféticos, que también puede oír a quienes ella llama "los que susurran".
De este modo, la película empieza como un interesante enigma numérico que encierra horribles augurios. Como no podía ser de otro modo, la primera fecha que llamará la atención de John, será la del 11-S, claro, lo que hará que comience a fijarse en el resto. Americanada al poder. A partir de ahí, Proyas se permite un pequeño giro hacia el terror sobrenatural, para acabar concluyendo como cine catastrófico en toda regla. Y sin olvidar el tinte religioso, porque el guión deriva a una metáfora sobre el fin del mundo bíblico y la salvación de los que lo merezcan a manos de los "ángeles", que aquí incluso les conducen a un paraíso terrenal con árbol de la ciencia incluido (no podía ser más evidente la metáfora bíblica de ese último plano). Con tanta mezcla de géneros, cómo ubicar la película resulta confuso, y tampoco queda muy claro el motivo por el que la niña escribió los números (o, mejor dicho, el motivo por el que "los que susurran" se los chivaron) si total, todo lo que predijo que pasaría iba a ser inmutable. Otra buena moraleja de la película, que las cosas suceden inevitablemente. ¿Pues para qué esforzarse, no?
En fin, no me ha parecido tan mala como pueda pensarse. De hecho es una cinta entretenida y bien realizada, con unos efectos visuales impresionantes y un argumento muy bueno. La lástima es que no consigue mantenerse en el mismo sitio durante las dos horas que dura, y tanto salto de un género a otro, amén del moralista final, le hacen más daño que a Nicolas las pelucas.

30 días de oscuridad (David Slade, 2007)

A veces puede parecer que, en pleno siglo XXI, el cine de terror ya ha ofrecido todo lo que podía. Es una suerte encontrarse de vez en cuando destellos de calidad como este, que aunque no sea una idea original (proviene del cómic "30 días de noche", de Steve Niles y Ben Templesmith), sí que es una interesante puesta en escena de un argumento muy prometedor. Imaginemos Barrow, un pequeño pueblo de Alaska, el más al norte de los EEUU, y que sufre de una noche de 30 días por su posición. 30 días en los que el pueblo queda sumido en una oscuridad absoluta y completamente aislado e incomunicado del resto del mundo. ¿No sería, acaso, todo un reclamo luminoso para una orda de vampiros en busca de un apetitoso buffet libre?
Como decíamos, la idea no puede ser más atractiva, pero por desgracia puede quedar un poco empañada a partir de la segunda mitad de la película. Si bien la primera parte es extraordinaria, tanto en presentación de personajes, situación, y amparada en la genial y oscura fotografía tenebrosa, a partir de que los vampiros tomen posesión del pueblo tuve la sensación de que todo sucedía demasiado deprisa. El mes de supervivencia de los protagonistas transcurre en 45 minutos, demasiado condensado para ser creíble. Por suerte, contamos con un gran aliciente para atenuar este ritmo desfasado, y es el propio ritmo de la película, que no decae, y sobre todo los magníficos y poco convencionales vampiros. Olvidemos al típico vampiro romántico que muerde a sus víctimas (casi siempre femeninas) en el cuello, con delicadeza y sensualidad. Aquí, los vampiros tienen un aspecto repelente, aunque humano salvo por sus rostros monstruosos y su boca repleta de dientes afilados; hablan, además, un idioma gutural que suena aterrador y desagradable, espetando sonidos más que palabras; y literalmente, se comen a las personas, siendo enormemente crueles a la hora de matarlas. Se nos presenta un vampiro más agresivo, físico, violento y salvaje al que el cine nos tiene acostumbrados, y el efecto en pantalla es tan convincente como devastador.
Eso sí, las interpretaciones son justitas, aunque el conocido Josh Harnett lleve el peso de la película. Eso, unido al chirriante final, impide que esta cinta pueda acabar convertida en una obra de culto del terror, y la relega a un nada desdeñable estatus de buena película de vampiros, pero por debajo del cómic en el que se inspira. Una lástima, porque puliendo dos o tres detalles, estaríamos ante un descubrimiento tan aterrador como el propio pueblo de Barrow.

De origen desconocido (George P. Cosmatos, 1983)

Otro de esos exponentes del terror ochentero tan fácilmente identificable. Esta película es una de esas rarezas que, de pequeño, mi padre me contó haber visto empezada por la televisión, y que no logré identificar hasta años más tarde. Sorprende ver que es una cinta que no pierde con un visionado actual (aunque los efectos especiales, evidentemente, podrían ser mejores) y en la que lo que importa es la historia y la interpretación. No es la típica idea de hombre contra monstruo. Es algo más común, más de a pie, y quizá por ello más creíble dentro de su improbabilidad.
Nos cuenta la historia de Burt, un acomodado ejecutivo de Nueva York, con una estupenda familia y una enorme casa que ha restaurado él mismo. Cuando se queda solo durante unos días que su esposa e hijo pasan fuera, el hombre recibirá dos cosas: el encargo laboral que puede encumbrar su posición en la empresa, y la visita de una enorme rata que le hará la vida imposible y que lo llevará, literalmente, a la obsesión y al borde de la locura.
Peter Weller se mete en la piel de Burt, y se pasa prácticamente toda la película solo en pantalla, luchando contra la rata que casi nunca vemos. La evolución (o involución, si se quiere) del personaje es plausible. Le vemos incrédulo al principio, preocupado después, para acabar completamente obsesionado con las ratas (brillante la escena de la cena con sus jefes en la que relata las "maravillas" de las que son capaces estos desagradables roedores) y convertido en enemigo acérrimo de la criatura que convive con él y que le está destrozando física y psicológicamente. De hecho, es magnífico que el enfrentamiento hombre-rata solo se produce de manera física al final, mientras que el resto de la película es de una manera más psicológica. La rata juega desde las sombras, destroza su despensa, sus muebles, sus almohadas, sus tuberías, todo lo que al pobre Burt le ha costado una vida labrarse. Ni el veneno, ni las trampas, ni nada parece afectar a esta especie de superrata, que da la sensación de pensar y divertirse amargando al anterior dueño de la casa que ahora le pertenece a ella. Queda patente también el simbolismo y los guiños que Cosmatos muestra en pantalla en algunos momentos, por ejemplo cuando vemos el libro con el que Burt golpea el techo para hacer callar a la rata, que no es otro que "Moby Dick", o la película que está viendo en la televisión durante otro de los ataques, "El viejo y el mar". Ambas historias son claros exponentes de lo que es un hombre contra una bestia aparentemente insuperable, igual que en su caso, aunque el escenario cambie del mar a una casa, algo más posible y angustioso. También aquí encontramos gran simbolismo en la escena final, en la que Burt logra dar caza a su némesis, acorralándola y matándola a golpes en la maqueta de la propia casa que ella ha conquistado, y que le sirve de tumba.
En resumen, película muy recomendable de suspense-terror, con un estupendo Peter Weller y un argumento original y que no cae en las tópicas heroicidades ni clichés del género. Bien pensado, lo que vemos en la película podría pasarle (salvando diferencias) a cualquiera.

The Descent (Neil Marshall, 2005)

El director que ya me sorprendió con su incursión en los hombres lobo con la correctísima "Dog Soldiers", se sacó de la manga el guión de "The Descent" y volvió a ponerse detrás de la cámara para realizarla. El resultado fue una sorprendente y refrescante película de terror que comienza en un género y da un giro para acabar en otro.
Se trata de la historia de seis amigas, aficionadas a los deportes de riesgo, que se reúnen todos los años para vivir una pequeña aventura. La que toca este año es explorar unas cuevas aparentemente sencillas, pero lo que no saben es que son cuevas inexploradas, y acabarán atrapadas y perdidas en ellas. Hasta aquí la primera (y mejor) parte de la cinta, en la que hay buen suspense y terror opresivo. Desde este momento la película se encamina al terror de "monstruos", ya que las seis amigas descubrirán que en las grutas habita una raza de seres aclimatados a la oscuridad y al entorno, depredadores de las profundidades que salen a cazar al exterior, y que ahora verán cómo la comida les llega servida. Con este pretexto veremos buenas escenas de gore y algunos típicos momentos de este género, mientras el grupo trata de salir al exterior.
Si bien el argumento no es nada del otro mundo, sorprende desde el primer momento la buena construcción de personajes, todos femeninos. Shauna Macdonald interpreta el papel protagonista, marcado por la muerte de su marido y su hija en un accidente de coche, y que sufrirá una transformación enorme a lo largo de su odisea subterránea. El resto de secundarias aporta lo necesario, que no es otra cosa que ir muriendo, salvo Natalie Mendoza, que interpreta a Juno, segunda protagonista, la culpable de que todas acaben en la cueva y de otras cosas que se nos van desvelando a lo largo de la película. Los monstruos en sí son típicos, pero igualmente cumplen su cometido: dan grima. Se les muestra salvajes, sanguinarios, sucios, y tienen un característico sonido desagradable. El que haya visto "Creep" verá, sin duda, cierto parecido entre su protagonista y estos seres. Eso sí, los monstruos de "The Descent" parecen morir con relativa facilidad, y puede resultar un poco chocante que un par de mujeres se carguen a tantos con una picoleta y sus propias manos (el momento cuello roto no tiene desperdicio).
Por cierto, va a haber una segunda parte este mismo año y protagonizada de nuevo por Shauna Macdonald, algo raro teniendo en cuenta el final de ésta. Esperaremos a verla, pero sin duda no promete ser otra cosa más que una explotation de esta valorada película.

El misterio de Salem's Lot (Phantasma II) (Tobe Hooper, 1979)

El género de terror tiene pequeñas joyas que brillan con luz propia, y esta adaptación de la novela de Stephen King es una de las más míticas de su época, y todo un clásico hoy en día. Lo tiene ganado a pulso por muchas de sus escenas memorables, escenas que han quedado en la retina de un montón de niños de mi generación (y de no tan niños) y que nos obligaron a dormir con las persianas bajadas e incluso empuñando algún improvisado crucifijo hecho con dos palos de helado.
Lo primero que sorprende de la película es su título. El original, "Salem's Lot", es idéntico a la novela de King; pero su traducción española fue "Phantasma II", algo que no tiene ningún sentido y que se presta a terribles confusiones con otra saga de terror de muchísima menor calidad. Y es que "Salem's Lot" no va de fantasmas, y desde luego no es segunda parte de nada, así que el título es un disparate. Pero en fin, otro de esos magníficos tantos que se anota el departamento español de localización.
La historia, originalmente creada en dos partes como una miniserie para televisión, cuenta con un correctísimo reparto de actores y una estupenda ambientación, y ni que decir tiene de la fantástica dirección de un buen conocedor del terror como Tobe Hooper.
Se nos presenta al pequeño pueblo de Salem's Lot, en Nueva Inglaterra, un pueblo observado desde su colina más alta por una casa fantasmagórica y envuelta en leyenda negra, en la que años atrás se cometieron horribles crímenes y que siempre ha sido considerada como un imán para lo maligno. Un nativo del pueblo y ahora convertido en escritor de éxito, Ben Mears, regresa con la intención de escribir un libro sobre la casa. Pero coincidiendo con su regreso, dos anticuarios se han mudado a la casa maldita para abrir su negocio de retiro. Con su llegada, comenzarán las extrañas desapariciones en el pueblo y las muertes inexplicables, mientras que uno de los dos misteriosos socios nunca aparece... a la luz del día, al menos.
En la novela de King, toda la trama homenajea al Drácula de Bram Stoker. Cada personaje se identifica claramente en un rol de la novela original (Jonathan Harker, Mina Murray, Van Helsing...). En la película es más sutil, pero también vemos la evolución de los personajes, que pasan de la incredulidad a la aceptación de lo que parece que es su rol en la lucha contra el mal. En este sentido todos los personajes están magníficamente construidos, con personalidades y actitudes totalmente creíbles. La historia está brillantemente conducida, con un ritmo constante y una magnífica presentación de personajes y situaciones, y diálogos inteligentes que conceden gran realismo incluso a una película sobre un vampiro calvo y azul. Como decía, algunas escenas, como la del niño flotando ante la ventana o el enterrador meciéndose en la silla del cuarto del profesor, quedan en tu mente, igual que ese sótano repleto de vampiros adormecidos junto a la tumba de su amo. Escenas muy tensas, muy bien hechas y que transmiten el terror que pretenden. Sin duda, "El misterio de Salem's Lot" puede ser considerada la quintaesencia del cine de vampiros y una película de las que no mueren.

Seducción mortal (All the Boys Love Mandy Lane) (Jonathan Levine, 2006)

Ni queriendo se puede hacer una película que caiga en tantos tópicos. El único atractivo que puede ofrecer esta trillada y previsible historia, es que las protagonistas femeninas están muy, muy buenas, y que los masculinos son los típicos guaperas de instituto americano. Una vez nos salimos del aspecto físico de los actores y de la típica orgía de sexo, alcohol y consumo de drogas que nos muestra la película, no hay nada más que una enorme planicie argumental en la que ni siquiera el supuesto giro final (que yo me olía a los 5 minutos de película) arregla lo insalvable.
Y es que Mandy Lane es la típica virgencita tonta y supermaciza que lleva a todos los tíos de su instituto locos por calzársela. Pero atención a esto, porque en la primera parte de la película se nos presentará a los chicos del instituto de Mandy como auténticos perros en celo que solo piensan en ser el primero que la descorche. Algo alucinante y hasta indignante, la verdad. No recuerdo que en el instituto perdiéramos así la cabeza por la tía más buena, y eso que estaba más buena que Mandy Lane (un saludo, estés donde estés...).
No obstante, Mandy acabará yendo con sus "amigas" (pavas insoportablemente superficiales y zorras) y con sus "amigos" (que solo quieren hacerse los buenos para cepillársela) al rancho de uno de ellos. Allí, empezarán a morir asesinados, y descubriremos que un antiguo amigo de Mandy está detrás de la matanza. El giro final, insisto, se ve venir mucho antes de que nos lo muestren. No creo que sorprenda a nadie.
Concluyendo, no esperemos de esta cinta más que horita y media de entretenimiento, con alto contenido sexual y lucimiento de su protagonista, Amber Heard, y ni siquiera con buenas escenas gore, lo cual hubiera subido un poco la categoría a un aceptable slasher juvenil. Además, esta clase de cine no debería tener pretensiones de sorprender al espectador como se pretende con el final. Si es una película sobre adolescentes follando y siendo asesinados, pues se les filma follando y muriendo, no fingiendo actuar. Ahí el director peca de pretencioso. y no se resigna a lo que se le ha encargado rodar.
En fin, como dice el título original (incomprensible cambiado en España por el de "Seducción Mortal"), puede que todos los chicos quieran a Mandy Lane. Pues visto lo visto, yo no.

Masters del Universo (Gary Goddard, 1987)

En los ochenta, todos los niños de mi generación flipábamos con los Masters del Universo. Con la serie de dibujos, por supuesto, y con los muñecos aún más: He-Man puño de trueno, aquel al que se le giraba el pecho según el daño que recibía, el enorme castillo verde de Grayskull, el tigre de batalla Battlecat, Skeletor, su araña mecánica, y toda la galería de buenos y villanos, incluyendo accesorios tan míticos hoy en día como la Cueva de la serpiente, aquella en la que te ponías un guante de goma en forma de serpiente y podías vertir el legendario Blandi-blup sobre tus sufridas figuras. Ay, qué tiempos...
Así que todos los de mi generación, que si teníamos suerte éramos poseedores de todo lo citado arriba, acudimos en masa a ver la película de acción real de los Masters del Universo al cine. Y salimos igual de flipados, maravillados, jugando aún con más ganas con nuestros muñequitos y queriendo ser siempre He-Man en los recreos.
Debería haber alguna ley que dijera más o menos esto: "jamás revisitarás una película de los ochenta cuando tengas más de veinte años". En serio, debería haberla. Aunque si no la hay, voy a tener que aplicar mi propio sentido común y escribírmela yo en el cerebro, porque los clásicos de mi infancia están cayendo como el látex de la cara de Skeletor.
Y es que "Masters del Universo" podría ser considerada en ciertos momentos incluso un plagio a "Star Wars", algo que, por supuesto, nunca vi así en los ochenta. Pero solo hemos de ver los títulos de crédito, con esas letras volando por el espacio y con una música muy similar a la de la saga de George Lucas (y si me apuras, a "Superman"); las armas láser disparan igual; la estética y ambientación, por ejemplo en el palacio de Skeletor, recuerda mucho a la Estrella de la Muerte; y ni que decir tiene de Skeletor, todo un Darth Vader (o un Emperador) con careta de goma: sus soldados visten de forma idéntica a los Troopers, casco includo, pero en negro; forman y lo reciben con la misma parafernalia pseudo-militar que a Vader, mientras que se escucha un tema característico cada vez que entra. Ojo, pero todo lo suficientemente distinto para que no pudiera haber denuncia por medio... Pero estar, está. Y ahora se le ve el plumero.
No le busquemos demasiado a la historia. He-Man está en guerra en Eternia contra Skeletor, y una llave cósmica, creada por un enano que se parece misteriosamente muchísimo a "Willow" y que hasta se llama Gwildor, puede desequilibrar la batalla. La llave, He-Man y sus hombres (uno de ellos doblado por Homer Simpson) acaban en la Tierra; los malos los seguirán, continuará la lucha, al final todo parecerá perdido, pero el jovencito ochentero y, por supuesto, músico inconformista de turno, salvará la papeleta y He-Man podrá zurrarle la badana a Skeletor, que caerá a un pozo. En la siguiente escena, He-Man volverá a lucir su rubio pelo cardado al estilo tradicional (en Eternia también estaban en los ochenta) y la joven terrícola que los ha ayudado (una jovencísima Courteney Cox) recuperará incluso a sus padres fallecidos.
Como digo, la historia no es para buscarle tres pies. Típicos estereotipos ochenteros que tan bien funcionaron en su momento. Destacamos a Dolph Lundgren, que comenzaba a elevarse como uno de los reyes de este cine, y al "desconocido" que estaba tras el látex de la careta de Skeletor: Frank Langella, actorazo de reparto que no debía saber muy bien dónde se estaba metiendo.
Lo dicho, gran película cuando tienes entre 5 y 12 años y naciste en los ochenta. Hoy en día, lo único que la hace visible es la oleada de nostalgia que te despierta. Además... no sale Battlecat.

Infected (Invasión alienígena, Adam Weissman, 2008)

Una vez más, la mítica "La invasión de los ladrones de cuerpos" sirve como pretexto e inspiración para perpetrar otro crimen en el que lo único suplantado, es el cine. Porque esta película pretende hacerse pasar por tal, pero se le ve de lejos que no lo es. Ni técnica, ni por supuesto argumental, ni mucho menos interpretativamente. No llega ni a serie B; de hecho, es un telefilm de AOL Movies, para rellenar algún hueco en la programación del canal, y contando con actores de cierto nombre como gancho, véase Isabella Rosellini o Gil Bellows; y me hace especial gracia este último, porque repasando su filmografía reciente, encontramos títulos televisivos como éste, "Invasión", otra del mismo estilo, o "La criatura", también similar. Nuestro abogado de "Ally McBeal" se está convirtiendo en todo un caza-aliens televisivo.
No, qué va, todo lo que hace es basura.
Ahora en serio (si puedo). La historia trata sobre una corporación alimentaria que distribuye agua y alimento, pero que, en realidad, está gobernada por alienígenas que quieren infectar a toda la humanidad con sus larvas para que sean sus huéspedes. Por alguna razón, Ben, editor de la sección friki de un diario local, es inmune y tóxico para los bichos. Entre medias tenemos también la típica, insulsa y sobrante historia de reconciliación de Ben y Lisa, mientras luchan por desenmascarar a los alienígenas y salvar la Tierra gracias al antídoto humano que es Ben.
En fin, no os engañéis por la sinopsis y el mínimo interés que pueda despertar, porque se diluye en tal que vemos los caretos que ponen los protagonistas, sobreactuados a más no poder, o los diálogos escritos por un borderliner. La dirección no merece que se diga nada, ya que el director es un habitual de series infantiles y está rodada como si fuera un episodio televisivo, sin la más mínima pretensión cinematográfica ni medios para ello tampoco. La resolución de ciertas situaciones es espantosa, nadie se lo cree. Y los efectos especiales... bueno, pues en la línea de estos telefilms de bajo presupuesto. Mi recomendación es verla hasta el final, para poder disfrutar del aspecto del alienígena jefe (juajuajua) y de la impresionante lucha final entre él y Ben.
No os voy a mentir, esto es escoria. Pero tírate en el sofá durante hora y media y, si tienes suerte, a lo mejor te duermes y te despiertas justo para ver al monstruo final.

The Broken (Sean Ellis, 2008)

Todos tenemos un doble maligno que aguarda detrás de los espejos, esperando algún acontecimiento que le permita salir y suplantarnos. O, al menos, es lo que podríamos pensar después de ver esta enrevesada película que pasa a formar parte de ese tipo de cine que no explica con claridad lo que ha ocurrido, quedando abierto a varias interpretaciones.
Cuando en la cena de cumpleaños del padre de Gina (Lena Headey), de pronto y sin razón, un espejo cae al suelo hecho añicos, comienza a desencadenarse una historia con obvias reminiscencias al gran clásico "La invasión de los ladrones de cuerpos". Y es que Gina, al día siguiente, creerá ver a una mujer idéntica a ella misma entrando en un piso en el que incluso hay fotos de esa mujer con el padre de ella. Al salir de la casa, Gina tendrá un accidente de coche y perderá parte de su memoria reciente, arrancando entonces la historia de paranoias y suplantaciones. Gina empezará a sospechar que su novio ya no es su novio, mientras que le van volviendo flashes de memoria hasta llegar al sorprendente (aunque abierto) final, en el que descubrimos que Gina no se ha vuelto loca... y que tampoco es Gina. No la que comenzó la película, al menos. Qué ha sucedido, por qué, y cómo, queda a criterio del espectador.
Pese a lo extraño de la trama y la sensación de "no me he enterado de nada" que se te puede quedar, el trabajo casi en solitario de Lena Headey ante la cámara es suficiente para llenar el metraje, y la labor técnica del film es impecable, tanto en dirección, con escenas buscando mantener la tensión psicológica, como en su magnífica fotografía grisácea, acorde con el tono oscuro de la película y con la ciudad donde se desarrolla, Londres. Quizá abusa un poco de los tópicos del género (armaritos de espejo en los cuartos de baño, enormes bañeras y baños interminables, golpes de música para remarcar un susto...) pero, con todo, es una alternativa diferente y nada comercial al actual cine de terror. Tú, por si acaso, si ves que un espejo se rompe... ten cuidado.

Vagina Dentata, "Teeth" (Mitchell Lichtenstein, 2008)

El mito de la "vagina dentata" sirve como pretexto para esta cinta de serie B enmascarada. Y digo enmascarada porque, pese a su pretensión de pasar como una película de primera línea, no puede evitar caer de lleno en el campo de la serie B. Pero ojo, esto no es nada malo, porque consigue hacer pasar 90 minutos de entretenimiento salpicado con breves tintes de gore (demasiado breves, para mi gusto) y con una buena historia de fondo y una correcta interpretación principal de Jess Weixler en el papel de Dawn.
Así, conocemos a una jovencita perteneciente a esa secta juvenil norteamericana del anillo de ópalo (sí, la misma a la que se apuntó Meg Griffin en el genial episodio de "Padre de Familia" sobre el sexo por la oreja...). Con la promesa de ser abstinente, la joven oculta, de paso, una verdad que le es desconocida incluso a ella: que tiene la mítica "vagina dentata", fiel colaboradora de su abstinencia sexual. Más que nada, porque lo que entra, ya no sale. Bueno, sale, pero seccionado. Así, mientras Dawn va descubriendo su sexualidad incipente, se nos da una lección feminista con moralina: que todos los hombres somos unos cerdos, claro, como no podía ser de otra manera. Así que Dawn cortará ciruelos e incluso dedos de ginecólogos demasiado tocones, y acabará convertida poco menos que en una heroína de la justicia sexual y del poder de una mujer para decir no y que signifique no.
El ritmo es quizá demasiado lento para una película que tiene tan poco que contar en realidad. Hay pocos "ataques" de la vagina (jeje, qué raro queda esto, pardiez...) pero buenos, y la historia se puede seguir con un buen montaje y bien sostenida por la protagonista. Por lo demás, se echa en falta un poco más de sangre y un acercamiento más obvio al género al que pertenece, el gore de terror cómico, como "Braindead", "El condón asesino" o "Evil Dead 2". La lacra, quizá, es que su calidad técnica es superior a la de la mayoría de producciones B, pero su calidad argumental pobre para ser una cinta seria, así que se queda en una entretenida y gamberra tierra de nadie.

Camino (Javier Fesser, 2008)

Esta es la historia de una niña criada en el seno de una familia de profundas convicciones religiosas y que, a los once años, tendrá que lidiar al mismo tiempo con dos acontecimientos fundamentales en la vida de cualquier persona: enamorarse y morir. La niña, Camino, aceptará su terrible, larga, dolorosísima y penosa enfermedad con una entereza sobrecogedora, mientras que en su mente sigue teniendo el único deseo de ir con Jesús. Pero no con el Jesús de la Biblia, como su madre y todos los que la rodean creen, sino con el niño de quien se ha enamorado, que se llama así. Por desgracia, su cáncer es incurable, y después de un martirio de meses de tratamiento, la pequeña morirá feliz por reunirse, en su fantasía, con su querido Jesús. Por supuesto, como siempre ha ocurrido, la Iglesia verá en sus últimas palabras, en la escena más conmovedora de la película, algo muy distinto a una simple niña enamorada.
Encontramos varios personajes muy bien definidos y construidos, que brillan con luz propia y soportan el peso de la película. Evidentemente no hay en el mundo pantalla de cine lo bastante grande para que quepan los ojazos de Nerea Camacho, la joven actriz que interpreta estupendamente a Camino. Aunque a momentos puede vérsela un poquito exagerada en su actuación, creo que se debe a que comparte la escena con otras dos interpretaciones magistrales, mucho más experimentadas y diametralmente opuestas entre sí. Por una parte, Carmen Elías, que hace de su madre, una religiosa fanática y convencida, que ve en el sufrimiento de su hija una prueba de Dios y un regalo. Una mujer que lleva a toda su familia bailando a su son, que no es otro que el que le toca la Iglesia, desde el considerar la muerte de su hijo recién nacido como una alegría "porque se iba contento con Dios", a esconder las cartas del novio de su hija mayor para que ésta pensara que la había olvidado y forzarla a ingresar a un convento. Eclipsa también a su marido, el único personaje sensato de la cinta, y con quien, por supuesto, empatizaremos inmediatamente. Interpretado por Mariano Venancio, el padre de Camino se muestra como una persona maravillosa, que adora a sus hijas, de quienes la madre lo aparta tan sutilmente que casi ni te das cuenta, y que vive totalmente subyugado por su esposa y por el estilo de vida religiosa que llevan. Solo su relación con Camino aporta algo de color a su vida, aunque esto tampoco sea del agrado de la madre, claro. Sinceramente, la última escena en la que aparece Jordi Dauder es lo más impresionante de la película. Inesperado y frustrante a más no poder, te deja una sensación de impotencia y de derrota absoluta que duele más que el evidente desenlace que le aguarda a la niña protagonista.
Javier Fesser, por su parte, mezcla la historia real de lo que vemos con las fantasías de la niña, que conceden pequeños respiros en el sufrimiento, y conforma una especie de fábula que gira en torno a la niña, al niño del que está enamorada, y a la obra de teatro en la que no pudo participar por su enfermedad, "Cenicienta". Hay momentos muy simbólicos, en los que queda claro que, en el fondo de su subconsciente, Camino ve a su padre, a su hermana y a ella misma como seres libres en un mundo hermoso y sin ataduras, más allá de la corta correa con la que los ata la religiosidad de la madre, auténtica villana de la fantasía de la niña.
En definitiva, una película con tres interpretaciones magistrales y secundarios muy correctos, con un estilo visual muy bonito y una historia que cala hondísimo. Sí, es posible que se busque hacer llorar al espectador, pero no es para menos, y ni los momentos más potencialmente ñoños se me han hecho empalagosos, aunque sí muy emotivos y dramáticos (vale, sí, lloré).
Lo que no puedo dejar de destacar, y esto es algo a título personal, es el profundo desprecio por la Iglesia, el Opus, los curas, y la religión en general, que se le queda a cualquier laico como yo después de ver la película. Detestarás al personaje de la madre, al sacerdote de la familia, a la rectora del "convento" en el que está la hermana de Camino, a ese cura del final que solo ve, como todos los demás borregos, lo que le conviene ver, y que solo piensa en hacerle una foto a la niña recién muerta, como a todas las santas. Detestarás hasta al Papa, vamos. De verdad... Si esta película no era una crítica a la Iglesia, a mí me ha afianzado más en mi convicción de que el cura bueno, está colgado de un árbol. Pero eso sí, lo ha hecho con una factura cinematográfica impecable.

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (Steven Spielberg, 2008)

No nos engañemos. Ni Steven Spielberg dirigiendo, George Lucas produciendo y Harrison Ford interpretando, justifican que se haya perpetrado este crimen contra uno de los personajes más míticos del mundo del cine. El hecho de que los tres creadores de la franquicia se hayan reunido para una cuarta entrega, no es razón suficiente para que sea buena. Con la edad, han perdido la chispa. Y solo por el hecho de volver a escuchar el tema de John Williams o de ver a Ford enfundarse la chaqueta de cuero y el sombrero, no podemos, ni debemos aceptar como incondicionalmente buena esta película. Porque no lo es.
No voy a negar que Harrison Ford aún es Indiana Jones. Un Indiana Jones casi 20 años más viejo, pero sigue siendo él, e incluso en las proezas de acción física vemos casi constamente al actor, con sus siete décadas a cuestas, interpretarlas él mismo. Como siempre, porque esa siempre ha sido uno de los must de Indy, su acción física. Harrison no defrauda, y como buen borrego, acata el guión que le han plantado y sigue las instrucciones de Steven.
En cuanto a Spielberg, es evidente que sigue sabiendo cómo mover una cámara, y crea planos extraordinarios dignos de un maestro. Solo un ejemplo: la imagen de Indy ante el hongo nuclear, es más bonita que todo el cine español junto. Una belleza visual arrebatadora, y una imagen que podría ser épica.
¿Qué falla entonces? Pues muchas cosas. Indy es Indy, pero menos. Su papel queda relegado casi a secundario para que el protagonismo caiga sobre el nefasto, chirriante, repelente, sobrevalorado y penoso Shia LaBeouf, un chaval por quien Spielberg siente devoción, algo que no entiendo por ningún sitio, porque es malísimo. Suyas son algunas de las escenas más vergonzosas y sobrantes de la trama, desde el momento Tarzán de los monos, a la absurda e indignante pelea de esgrima sobre los coches en la jungla. Esa es una de las escenas que más vergüenza ajena me han provocado últimamente en un cine. Y ayer, viéndola de nuevo en mi casa, aún me pareció peor. Como malas son las apariciones de los secundarios: un innecesario John Hurt en un papel que no aporta nada más que su nombre; una Karen Allen destrozada por la edad e interpretando a una Marion que, a momentos, parece esquizofrénica (el momento coche-balsa por el barranco es otro de los más indignantes de la cinta, y atención a la cara de Marion mientras sucede. Spielberg lo consideraría comedia, supongo, pero para mí es una afrenta a la inteligencia del espectador); se salva Cate Blanchett, preciosa de morena como de rubia, y que interpreta con dignidad un papel que tampoco estaba hecho precisamente para lucirse, tópico como él solo.
Pero lo que más chirría es el guión, y eso lo he corroborado en este nuevo visionado. Tenía esperanzas de verla con otros ojos, pero no he podido. El guión, simplemente, hace aguas por todos lados. Y no me vale los que dirán que esta historia está entre la aventura y la autoparodia. No es una excusa, igual que eso no sirve como pretexto para colarnos escenas de efectos especiales CGI mal hechas, como la de las hormigas gigantes, que parecen una burla a la franquicia de "La Momia", considerada por muchos como la moderna heredera de Indiana Jones (salvando las enormes distancias, claro). Escenas como la de la explosión nuclear y la nevera kryptoniana (por aquello de que es INDESTRUCTIBLE) no tienen perdón. Nada que ver con otros clásicos de la saga como la fuga en las vagonetas o la persecución en el desierto. Es completamente inverosímil, absurdo y avergonzante. Uno cree que le están tomando el pelo cuando se abre la nevera y aparece, intacto, Indy, después de volar varios kilómetros y estamparse contra el suelo. ¿En qué estaban pensando?
Por otro lado, los malos, ahora rusos comunistas en vez de nazis, no pueden ser más tópicos: poder, conocimiento, guerra fría, artefacto alienígena/religioso. Más o menos los mismos argumentos y pretensiones que en las anteriores, pero más descafeinados, peor tratados, más de segunda división. Y además, a mí me da absolutamente igual que Spielberg se pase toda la película autohomenajeándose (que si se ve la mano de E.T., que si sale el Arca de la Alianza, que si la nave espacial del final es la de "Encuentros en la tercera fase"...), porque el resultado es muy, muy pobre, y los aficionados no hemos querido ver a tres amiguetes rodando lo que les ha dado la gana y dándose autobombo, sino que pretendíamos ver una buena película de Indiana Jones. Y nos han fallado.
Aún así, como no todo es malo, hay momentos que te recuerdan lo que esta saga fue, y lo que aún puede ofrecer. La persecución en moto es de lo mejor de la película, y de lo más habitual en la saga, todo un clásico; Indy sigue siendo igual de rudo peleando, aún con setenta añazos a cuestas; y el final, con Harrison quitándole el gorro de las manos al que muchos consideraban el nuevo Indy, es un alivio para todos, o al menos para mí. Porque nos viene a decir que Indy es él y solo él, y que al pamplinas insoportable ese que va haciendo el mono por la selva, ni se le ocurra pensarse que va a llevar él el sombrero.
Aún así, la impresión general de este reino de la calavera de cristal, es que tiene calavera y sí que tiene reino, pero frágil como el cristal. Le falta algo, todo es igual que siempre pero venido a menos, nada tiene el mismo encanto, como una carcasa vacía, como ir a comerte una nuez y que no haya nada dentro. ¿Será que me he hecho viejo? No, no señor. Porque las otras tres me siguen pareciendo fenomenales, y ésta se queda en un cuarto puesto muy, muy por debajo de las anteriores. Mal que me sabe, de verdad.

Matilda (Danny DeVito, 1996)

Entretenida película para toda la familia, aunque la verdad, creo que puede resultar más apta para que los adultos pasen un rato agradable sin pensar demasiado, que para los niños. El personaje de la directora Truchbull es demasiado desagradable, violento, sucio y cruel para que un chiquillo no tenga pesadillas con ella, porque eso de que encierre a los niños en un armario oscuro y húmedo lleno de cristales rotos y clavos atravesados, o que lance a las niñas como si fueran un martillo agarrándolas de las coletas, es un poco... "jevi", vaya. Además, que los niños no vayan a pensarse que si te tiran de ese modo, caes mansamente sobre un campo de flores y recoges un ramo, encima, durante tu aterrizaje. No, señor. Lo que pasa, es que te mueres.
Pero bueno, obviando la explícita (aunque divertida e infantil, en cuanto a lo cómica) violencia, "Matilda" narra la típica historia de una niña desgraciada que es mucho mejor persona que sus horribles padres y que encontrará el apoyo en la figura de una gentil maestra, junto a la que luchará contra la auténtica villana de la película: la directora Srta.Truchbull, auténtica nazi gigantesca y nauseabunda que odia a los niños, y a la que, por supuesto, la administración la coloca como directora de un colegio, del mismo modo que colocaría a un pedófilo conduciendo una furgoneta de helados o de conserje en un colegio.
La novela de Roald Dahl que todos nos leímos en la EGB y que, junto a "Charlie y la fábrica de chocolate" catapultaron a su escritor a la categoría de súper best seller, recibe una digna adaptación de la mano del director y actor Danny DeVito, que demuestra un buen hacer tras la cámara. La estética de la película es brillante, luminosa y colorida, salvo por las apariciones de la Trunchbull, oscuras y sucias en contraposición. Además, los personajes están bien construidos, porque llegas a detestar a los padres tanto como en el libro, y a adorar a la repelente y repipi niña, si no por lo maja que es (que de tanto, empalaga), sí por lo detestables que son todos los que la rodean. Como en la novela, la película da ese pequeño giro cuando Matilda descubre sus poderes telequinéticos y convierte una historia de Cenicienta en una pequeña "Carrie"... pero para niños, claro, donde los buenos se quedarán juntos y felices y los malos serán castigados, pero siempre de forma divertida y no violenta. Como está mandao...
En definitiva, entretenimiento familiar bien hecho y agradable, sin demasiada pretensión cinematográfica pero con una buena labor técnica que convierte en una película decente lo que podría haber acabado siendo un telefilm de sábado por la tarde.

Braindead: tu madre se ha comido a mi perro (Peter Jackson, 1991)

Para muchos, entre los que me incluyo, esta es la película referente en el cine gore. Un gore diferente, un gore gamberro y divertido, no al estilo de "Nekromantic" o "Schramm", o de cualquier otra de las producciones del ultra-gore alemán. La puesta en escena de "Braindead" es la de una auténtica comedian bestia y sin concesiones, y en ella hasta los momentos más sangrientos están siempre dotados de una gran dosis de humor. Toda la película es una burla, una parodia al género, desde la criatura causante de todo (el mítico mono-rata de Sumatra) a las constantes casquerías que se sucederán después. Pensémoslo bien; en esta película tenemos: al mono-rata, zombies, un sacerdote karateka, un antihéroe estilo Ash (pero que nunca llegará al nivel de mito de aquel, claro), una protagonista hispana que se llama ¡Paquita!, y brillantes escenas como la de las natillas, que provocan una indescriptible mezcla de náusea y risa, amén de otras aún más desternillantes, desde el sexo entre los dos zombis con hijo posterior incluido, a cuando la madre de Lionel se come al perro, en la escena que da nombre a la película. No obviaremos la escena final, en la que descubrimos cuál es el arma de destrucción masiva definitiva: una cortacésped. Esa escena final es un clásico del terror-gore chusco.
Parece mentira que Peter Jackson, conocido hoy en día por "El Señor de los Anillos" o su remake de "King Kong", empezara con filmes de este tipo, pero así es. Y es incuestionable que, a su manera, "Braindead" tiene un sitio tan destacado en la historia del cine como las posteriores producciones de Jackson. De hecho, conozco más gente que no ha visto "El Señor de los Anillos" que que no haya visto "Braindead". Y es que esta es, sin duda, una película para disfrutar más en compañía que solo. Las risas se multiplican. Eso sí: no recomiendo comer natillas durante el visionado...

American Pie 2 (J.B. Rogers, 2001)

La saga "American Pie" es de lo mejorcito en comedia juvenil que ha dado el cine de los últimos años. Pese a que su humor casi siempre es sencillo y obvio, basado en los típicos clichés sexuales y tontos, aún así consigue entretener y lograr momentos realmente divertidos. Si en la primera parte los protagonistas estaban obsesionados en su carrera por perder la virginidad, esta segunda entrega tiene incluso una pequeña carga moral que, a la gente de mi edad, los que ya casi estamos en la treintena, no le pasa desapercibida. Habla de la amistad, de los veranos mágicos, de esa época, cuando eres un chavalín de diecimuchos, en la que solo piensas en divertirte con los colegas, en pillar buenas borracheras, y en las chicas. Esos tiempos en los que siempre tienes un amigo con una madre como la de Stifler. Y un amigo como el propio Stifler. Esos tiempos en los que tú también disfrutaste de un verano inolvidable en la playa, con todos tus amigos, pendiente de los minúsculos bikinis de las universitarias que te rodeaban. Días de verano que empezaban a las 4 de la tarde y acababan a las 8 de la mañana, en los que la felicidad casi siempre era directamente proporcional a la cantidad de sexo. Y al tiempo que pasabas con aquellos amigos que creías que durarían para siempre. ¿Qué pasa normalmente después? Pues que creces. Todo cambia, evoluciona, madura, si se quiere decir así. Pero siempre quedarán en tu recuerdo los momentos que viviste aquel verano a lo "American Pie". Porque todos hemos tenido un verano así, y una "MQMF", y unos amigos tan buenos. Quizá por eso me gustan tanto estas películas, en especial esta segunda parte, porque me recuerdan a cosas que viví. Y eso, al margen de lo que te ríes con ella, le da un encanto especial.
Por aquel verano.

The Evil Dead (Posesión Infernal, Sam Raimi, 1982)

Con muy pocos medios, una buena idea y una cámara atada a un palo, se puede crear una película de culto. Que se lo pregunten a Sam Raimi, Robert Taper y Bruce Campbell, si no. Ellos lo hicieron allá por el año 1982.La idea de “Evil Dead” nació como un cortometraje que se tituló “Within the Woods”. Cuando Raimi obtuvo de una productora un poco más de presupuesto para convertir su corto en largometraje, contó con el mismo equipo, pero cambió algunas cosas del guión para otorgar a su amigo Bruce protagonismo absoluto. Así, el personaje de Ash empezó a perfilarse como el antihéroe definitivo que alcanzaría su cota más alta en la genial “El ejército de las tinieblas”. Pero no nos engañemos: “Evil Dead”, al contrario que “El ejército de las tinieblas”, es una película de MIEDO. De mucho miedo. Y con tintes gore insólitos en la época. Pero primordialmente impera en toda la cinta un clima de inquietud y terror psicológico ante lo que vemos y lo que le sucede al desgraciado del protagonista. Solo la idea de la cabaña perdida en medio de un bosque ya es aterradora, pero cuando lo aderezamos con el descubrimiento de la grabadora, el libro, y las posteriores posesiones demoníacas, el resultado es extraordinario. Tanto el “únete a nosotros” como la diabólica risita de la novia de Ash cuando es poseída, son cosas que no se olvidan. O esa trampilla del sótano al que arrojan los cuerpos de los monstruos. La película está plagada de momentos que crean gran inquietud y que se quedan en tu memoria. Imperdible también ese lápiz en el tobillo…La verdad es que no es una película que brille por sus efectos especiales, ni por sus interpretaciones. Ni siquiera la idea es original, puesto que no es más que una amalgama de zombis con posesiones diabólicas. Pero lo que la convirtió en un clásico y lo que hace recomendable revisitarla de vez en cuando, es cómo está realizada. Una vez vista “Evil Dead”, te bastan dos planos para saber inmediatamente si una cinta es de Raimi. Y esa firma de la casa es algo de lo que pocos directores pueden presumir. Lo único criticable es que Raimi no se haya quedado siempre en el mismo género que tan bien se le da y que le lanzó a la fama. Pero bueno, hoy en día se rumorea una cuarta entrega que devolvería al director y a la franquicia a sus orígenes: bosques, demonios, zooms, y terror del de siempre. Ojalá.