La joven del agua (M. Night Shyamalan, 2006)

Este director hindú no tiene término medio: o te apasiona su cine, o lo encuentras insoportable y tedioso. Yo me enorgullezco de pertenecer al primer grupo, y es que no le he visto ni una película mala, y todas me parecen terriblemente valientes y personales. Shyamalan tiene una virtud, y es que escribe, produce y dirige lo que le da la gana, te cuenta la historia que le apetece, y nadie le coarta. Esto, en un mundo cinematográfico como el actual, movido por las intenciones económicas de los grandes estudios, es toda una cualidad más que de sobra para admirarlo.
Pero, además, es que este señor rueda de maravilla. En tres o cuatro planos podemos reconocer si una película es suya. ¿Cuántos directores pueden decir eso y que no se les caiga la cara de vergüenza (ejemplo: Michael Bay, a quien reconocemos también por sus planos epilépticos de 2 milisegundos plagados de explosiones y chascarrillos)? Shyamalan dirige muy bien, lleva la trama con pulso firme y constante, siempre con un ritmo lento pero ajustado a la historia, y presenta y desarrolla perfectamente la historia de los personajes. Normalmente, hasta el final de la película no sabemos todos los detalles sobre ciertos aspectos de los personajes, a los que siempre pretende envolver en un halo de misterio aún en lo más cotidiano. Es un estilo de cine muy característico que ya define la estética de Shyamalan.
En "La joven del agua", el realizador cuenta una fábula que le relataba a sus hijos y que se ha inventado por completo. Simplemente la ha adaptado para darle algún tinte de terror (pocos, la verdad), pero lo que importa no es tanto la historia, que ya es preciosa y estupendamente interpretada por todos los actores, sino lo bien que nos la cuenta el tío. Además, acompañada por la maravillosa banda sonora de James Newton Howard, algunas secuencias se hacen inmensamente emotivas y visualmente poderosas. Y no le busquemos tres pies al gato: es una FÁBULA, punto. Una extrapolación de un cuento de hadas en un mundo moderno, final feliz incluido. Una aventura bonita a más no poder y fantástica de principio a fin.
Me da lo mismo que la gente no lo entienda, o que diga que es un director lento que no ha hecho nada bueno desde "El sexto sentido", o que sus historias no tienen ni pies ni cabeza. A mí me encanta cómo trabaja este hombre, y disfruto como un cochino con su manera de contar historias, porque tiene el don de contarlas. ¿Y qué es una película, al fin y al cabo, sino una historia contada por alguien?

La mitad oscura (George A. Romero, 1993)

Con el legendario director George Romero (mítico director del cine de zombies) dirigiendo la adaptación de una buena novela del maestro del terror, Stephen King, uno se imagina que está a punto de asistir a una buena película de miedo. No es el caso, más bien asistimos a una correcta presentación de una trama de suspense sobrenatural que, como casi siempre ocurre con la literatura de King, acaba degenerando en un clímax demasiado forzado y fantástico que tira bastante por tierra lo bueno que haya tenido el nudo de la película.
La premisa es un escritor que realizaba bajo un seudónimo novela basura de muchísima acogida entre el público. Cuando decide "matar" a su seudónimo, éste cobrará vida, y empezará a matar, ya que este alter ego escritor es todo lo contrario del protagonista: violento, atrevido, ex-presidiario, fuerte y sádico. Aunque al principio la trama te va envolviendo, a medida que se suceden los asesinatos y que vamos viendo al malo, cada vez nos parecerá más ridículo y más extraño. Hay un punto de inflexión en el que la película cae por la pendiente del absurdo, y es cuando, de pronto, la mujer del escritor y él mismo están completamente convencidos de que el asesino es su alter ego que ha cobrado vida. La verdad, el cómo llegan a esa absoluta certeza no se explica, simplemente es como la religión: de pronto, creen. Supongo que porque de otro modo no hubiera podido continuar la película.
Como decía, el final también cruza varios metros la línea entre lo permisible y lo absurdo. Es uno de esos finales de "ahora a ver cómo explicas a todo el mundo lo que ha pasado para no acabar el resto de tu vida en un puñetero psiquiátrico". Pero bueno...
En fin, me esperaba más. He visto todas las películas basadas en relatos de King; algunas memorables como "La milla verde" o "Cadena Perpetua"; otras magníficas dentro del terror puro y duro como "It" o "El resplandor" o la más reciente "La niebla"; y la mayoría simplemente pasables, como "Maleficio", "Verano de corrupción" o "El cazador de sueños". Ésta se encuentra dentro del grupo de malas, una lástima teniendo en cuenta que su director es un referente en el género, pero está claro que eligió el libro equivocado.

Los niños del Brasil (Franklin J. Schaffner, 1978)

La novela homónima de Ira Levin sirvió como intrigante argumento para esta película. Un argumento visionario a su época, que hablaba de una técnica llamada cloning antes de que realmente se hubiera empezado a aplicar con éxito. Y además, polémico, porque dicho cloning se aplicaba nada menos que para realizar duplicados de Adolf Hitler.
Encontramos a Gregory Peck interpretando nada menos que al Dr. Josef Mengele, el terrible médico nazi conocido como el ángel de la muerte de Auschwitz, y tristemente célebre por sus horribles experimentos con humanos en busca de una raza aria perfecta. Huelga decir las barbaridades que realizaba este energúmeno, para eso tenemos la Wikipedia. Lo que llama la atención, al menos a mí me la ha llamado mucho, es que en esta cinta el Dr. Mengele acaba asesinado, y casualmente el auténtico Mengele moriría al año siguiente de forma misteriosa, ahogado en el mar, cuando supuestamente ni siquiera se bañaba porque no sabía nadar. En este sentido, resulta curioso que la película situara como protagonista a este prófugo nazi de paradero desconocido, y que en menos de un año se supiera de su muerte. Marketing gratis, desde luego.
En cuanto a la trama, a primera vista parece mucho más interesante de lo que luego realmente es. Mengele, supuestamente, realizó 94 clones de Hitler y los asignó a otras tantas familias debidamente seleccionadas en edad y clase social, para que los 94 niños se criaran de un modo similar a su amado führer. Llegado el momento en que los padres de los niños cumplían 65 años, el plan de Mengele exigía asesinarlos, desencadenando así un momento crucial en la vida del joven dictador. Su intención era recrear también de forma idéntica el entorno de Hitler, para que alguno de los niños acabara convertido, irremediablemente, en un nuevo líder nazi para una nueva época.
La interesantísima premisa se diluye un poco con el ritmo lento e insulso de la acción, avanzando sin llegar a ninguna parte. El anciano investigador protagonista (Laurence Olivier) va descubriendo los por qués de la cuestión mientras Mengele y su pequeño ejército nazi va asesinando a los elegidos. Peck no firma su mejor interpretación, o quizá fue el doblaje lo que me hizo verlo un poco sobreactuado. Y el personaje del coronel nazi que está aliado con Mengele es irrisorio, porque tiene un aspecto afeminado y con más pluma que un pavo real. Vamos, de los que hubieran durado 4 días en la Alemania nazi, y aquí lo ponen de todo un coronel. Y qué decir del final, demasiado disparatado, con ese pequeño clon de Hitler, ya peinado como él y todo, y comportándose de forma violenta y sádica sin compasión, algo premeditadamente peliculero, porque por lo que se dice, el auténtico Hitler fue un muchacho introvertido.
En definitiva, resulta interesante verla por el tema que toca, absolutamente original, y por lo pionero de su trama respecto a su época, pero tras el buen material del que se dispone, encontraremos una película normalita que no llega a lo que me había esperado de ella y que en su última media hora se hace extremadamente increíble.

Watchmen (Zack Snyder, 2008)

Adaptar la novela gráfica de Alan Moore y Dave Gibbons (aclamada como la mejor de la historia) no era tarea sencilla. Tras ver las dos horas y cuarenta y cinco minutos de película en la que Zack Snyder ha condensado los doce números originales de la historia, solo puede quedarte la sensación de que ha hecho un trabajo formidable. La historia no es atropellada; los flashbacks aportan la información justa sin abrumar y están magníficamente integrados en la trama; y la descripción de personajes es totalmente perfecta. Es posible que se hayan omitido algunas partes o alterado ligeramente otras, pero el resultado final es apabullantemente bueno.
La trama que envuelve al Comediante, Rorschach, Espectro de Seda, Búho Nocturno, el Dr. Manhattan y Ozymandias va encajando perfectamente mientras pasan los minutos y se suceden escenas en las que notamos muy clara la misma mano que dirigió "300". Las escenas de lucha son totalmente características, con esas ralentizaciones y breves instantes de pausa seguidos de un brutal golpe o una dura caída. Snyder no ha escatimado en sangre, ofreciendo luchas violentas y escenas bastante duras, pero absolutamente adecuadas para la historia que se está contando. Porque esta no es una película de superhéroes al uso (craso error de la mayoría de gente considerarla así). Esta es una película que, igual que la novela gráfica, combina hábilmente elementos de acción, thriller y ciencia ficción. Y en el último campo, Snyder demuestra que tiene bien aprendida la lección, porque se permite homenajear a la mítica "Blade Runner" tanto con la estética ochentero-futurista de la ciudad, el ambiente, etc., como en la excepcional parrafada final del Dr. Manhattan ("he visto cosas que no creerías..."). Un deleite para los cinéfilos.
Pero sin duda quien se lleva al agua el gato de la película es Jackie Earle Haley. O, dicho de otro modo: Rorschach. Ya no solo por la ya de por sí improbable posibilidad de haber conseguido encontrar un actor con tantísimo parecido con el personaje del cómic, sino porque son para Rorschach los mejores momentos y las mejores frases de la película. "A los hombres se les detiene, a los perros se les mata", dice contando la historia del asesino de niñas; o en la cárcel, donde se convierte en el auténtico rey del cotarro: "¡Yo no estoy encerrado con vosotros, vosotros estáis encerrados conmigo!" Fantástico el momento antes de marcharse de la prisión, cuando visita los servicios para "despedirse" de su amigo, el "gran jefe". Era innecesario que la sangre resbalara por debajo de la puerta, porque sin verlo ya sabíamos que el enano estaba más muerto que el pollo frito. Sin duda es un personaje calcado al del cómic, pero con el atractivo de verlo en pantalla tan bien caracterizado y con una interpretación tan acertada. Un diez para el casting en este aspecto, porque realmente todos los personajes han saltado de la viñeta al fotograma.
Así que remataremos con una clásica conclusión final: "Watchmen" es, hasta el momento, la mejor adaptación de un cómic que he visto; y aparte, por sí sola, es una película que tiene muchísimos alicientes para que, dentro de un tiempo, sea considerada una pequeña obra maestra. Para mí, ya lo es.

Ghoulies (Luca Bercovici, 1985)

Nos encontramos ante una esperpéntica explotation de ese extinto género de los ochenta que podría llamarse comedia de terror. Siendo su máximo y mejor exponente los "Gremlins", la cinta que ahora nos ocupa nos ofrece unas pocas criaturas con un aspecto a medio camino entre aquellos gremlins y los critters que llegarían el año siguiente. Y la verdad es que no hay por dónde cogerla, pese a la buena acogida que tuvieron estos ghoulies ya no en la taquilla, sino en el creciente mercado del vídeo, propiciando varias secuelas. Ay, aquellos tiempos en los que el BETA aún peleaba con el VHS...
Un treintaañero de pelo cardado y pantalones de campana interpreta a un estudiante universitario. Empezamos bien. Pero lo peor es que su papel es el del hijo de otro tipo de pelo áun más cardado que se supone era una especie de maestro satánico que iba a hacer un ritual, años atrás, en la mansión que ahora el "jovencito" acaba de heredar. A lo "Amityville", el muchacho (jeje, que de verdad que tiene más arrugas que un escroto) queda poseído por la maldad del lugar y realiza diversas ceremonias diabólicas en las que invoca a esos bichejos (marionetas mal hechas) y a dos... er... enanos con casco de soldado. Como lo oyes. Bueno, al final se produce el enfrentamiento definitivo entre el jovenzuelo (juajuajua) y su padre-zombi, que pese a tener el cuerpo putrefacto continúa manteniendo un cardado PERFECTO; esto no era producto de su magia negra, es que en los ochenta el pelo JAMÁS se deshacía.
Bueno, como toque cómico, por si el argumento en sí no es bantante ridículo, se intercalan personajes estúpidos y graciosillos (amigos de la pareja protagonista) para crear esas situaciones de terror-comedia que catalogaban al género. Por supuesto, el final queda completamente abierto. Es otro hecho científico que, en los ochenta, ninguna película terminaba completamente: todas prometían -o amenazaban, como en este caso- con secuela...
Recapitulación final: cutre de narices, argumento barato con efectos especiales de risa (incluidos aquellos rayos eléctricos y ojos luminosos tan queridos en aquella década, como los del malo de "Howard, un héroe diferente", ¿os acordáis?), interpretaciones sobreactuadas y humor chusco mezclado con unas gotitas de sangre y unos bichos feos y mal hechos. Señores y señoras... el terror made in los ochenta está servido...

Black Water (David Nerlich y Andrew Traucki, 2007)

Interesante y distinta película de monstruo-acecha-protagonistas, que sigue la estela de otros films recientes como "Open Water", en las que impera el terror psicológico de lo que está ahí pero no vemos, más que la visión directa del monstruo comiéndose a los personajes. En este caso la acción, supuestamente "basada en hechos reales", se centra en Australia. Una pareja y la hermana de ella están de vacaciones y deciden hacer un pequeño recorrido por los ríos para pescar, y acaban en un paraje aislado y pantanoso entre vegetación. Un cocodrilo volcará su barca y acabará con la vida de su guía, dejando a los tres protagonistas encaramados a un árbol, completamente desamparados, sin posibilidad de salir y sin que nadie sepa dónde están. El cocodrilo continúa hambriento, y su acoso no cejará mientras que los tres intentan recuperar la barca y escapar, tarea casi imposible en un medio en el que el reptil es el auténtico amo.
Lo tópico del argumento queda relegado a un segundo plano por una dirección correcta (aunque novel) y escenas que no buscan la casquería sin más. De hecho, solo hay un par de muertes en la película, todas bastante creíbles y nada "goreficadas". Se da la perspectiva de que el monstruo malvado no es tal cosa; solo es un cocodrilo, un animal territorial que está cazando a los intrusos de su hogar. La tensión está bien conseguida, y las situaciones no caen en lo inverosímil, resultando bastante creíbles, sin excesivas heroicidades. El final es lo más peliculero, pero es evidente que de alguna manera tenían que salir de allí, y o se inventaban algo como lo que ocurre, o todos serían pasto del cocodrilo. Dudo que eso haya sido también basado en esos supuestos hechos reales, porque en esa situación, lo normal es no salir vivo.
Resumiendo, como siempre hago: una película de ritmo lento pero constante, con buena dirección, interpretaciones ajustadas a lo que requieren los personajes, y una fotografía muy bonita. Esto último no es nada difícil teniendo en cuenta que está rodada en un precioso paraje australiano, pero bueno. Apta para pasar un rato viendo otro estilo de cine de terror monstruoso-psicológico; te sorprenderá si esperas encontrarte otra cinta de cine cutre, porque podría pasar por una película decente.

Gran Torino (Clint Eastwood, 2008)

Ver "Gran Torino" es mucho más que ver una película. Es asistir a un estallido desbordante de talento y buen hacer delante y detrás de la cámara. Lo que el Sr. Eastwood (de aquí en adelante debo llamarle "señor") es capaz de hacer con casi 80 años, no tiene nombre. "Gran Torino" está rodada en menos de un mes, con actores desconocidos y con 4 o 5 personajes importantes nada más; y se alza con voz propia como uno de los mejores films de este hombre, una película tan entrañable como dura, tan realista como cinematográfica, y con una factura impecable en todos los aspectos.
El guión es sencillo, no exento de algún que otro tópico, pero muy cuidado. Los diálogos, por supuesto especialmente las líneas del Sr. Eastwood, resultan desternillantes en ciertos momentos. Su personaje, Walter Kowalsky, es un veterano de la guerra de Korea que acaba de perder a su esposa, y que vive en un barrio completamente ocupado por inmigrantes, especialmente asiáticos y sudamericanos, con el correspondiente problema de violencia de bandas. Kowalsky tiene un punto xenófobo hasta divertido, odia a todos sus vecinos, odia a la Iglesia (geniales los momentos con el sacerdote, especialmente su confesión), odia a todo el mundo, la verdad. Solitario y huraño, mantiene una relación casi inexistente con sus hijos, que solo quieren heredar sus propiedades, o con su nieta, que va loca porque el abuelo palme y quedarse su coche, un Ford Gran Torino de 1972 que da nombre a la película. Y que se convierte, además, en eje de la trama, cuando su joven vecino vietnamita, Thao, intenta robárselo para entrar en una de las pandillas del barrio. Kowalsky empezará entonces a entablar una relación con este buen chico, convirtiéndose en todo un protector y casi en un padre (o hasta abuelo, por edad) para él y para su hermana Shu, demostrando la faceta tierna que también tiene este duro ex-soldado.
La cinta está plagada de buenísimos momentos, en los que el personaje del Sr. Eastwood se enfrenta a pandilleros con su "dedo pistola" (impagable, de verdad) y poco a poco asistimos a cómo el ermitaño acaba convirtiéndose en amigo de sus vecinos. ¿Tópico? Es posible. Pero el excepcional final, que demuestra realmente la pasta de la que está hecho el atormentado Sr. Kowalsky, deshace todo lo tópico y le da a la película ese tono dramático con el que el Sr. Eastwood suele terminar todas sus obras. Una cosa también está clara: si el director no hubiera sido quien es, y si ese mismo no hubiera sido el protagonista, "Gran Torino" no sería lo que es, ni mucho menos. Y es que su mera presencia delante y detrás de la cámara sirve para hacer de una historia buena toda una obra maestra. Es un don que tiene este hombre, y que nosotros disfrutamos.
En definitiva, debería producirse una excepción en las leyes de la Física y que al Sr. Eastwood se le permitiera seguir con vida mientras pueda seguir realizando películas como esta. Su talento compensa con creces la falta del mismo que tienen otros muchos cineastas, así que, en cierto modo, le estaríamos haciendo un favor al equilibrio del universo.

La séptima profecía (Carl Schultz, 1988)

Nos encontramos ante una película con una estética completamente ochentera, algo que puede apreciarse nada más ver uno de sus planos con ese filtro tan característico. Se trata de una época en la que Demi Moore aún era una jovencita de 26 años, antes de que "Ghost" la catapultara definitivamente a la fama, y mucho antes de ponerse la silicona y de machacarse en el gimnasio. Aquí interpreta a Amy, un personaje creíble, tierno y cercano, una joven esposa embarazada después de no pocos problemas para haberse quedado. A fin de recortar gastos, el matrimonio alquilará la casa anexa a la suya a un educado y culto desconocido que dice llamarse David, y que pronto dará muestras de ser un tanto extraño. Al mismo tiempo, en el mundo están sucediéndose misteriosos desastres naturales que coinciden exactamente con las profecías bíblicas que anuncian el Apocalipsis, el fin del mundo: ríos convertidos en sangre, vientos helados en el desierto, granizos del tamaño de pelotas de tenis, la luna de color rojo... Y la clave de todo parece tenerla el misterioso desconocido que ha alquilado la casa de Amy, que es el mensajero de la terrible noticia del fin del mundo, alguien que ya estuvo aquí hace 2000 años para darnos una oportunidad de redención y que ahora regresa para ser la ira de Dios ante nuestro evidente fracaso como especie. El hijo de Amy será el primer niño que nazca sin alma, anunciando que el fin ya no puede detenerse y que el mundo entero llega a su fin.
Como habréis visto, esta cinta se desmarca de otra clase de cine de catástrofes en los que el mundo se acaba por algún desastre natural (léase meteoritos, inundaciones, etc.). Aquí asistimos al fin en un contexto religioso, inspirado en las profecías de la Biblia. Lo interesante del caso es que solo algunos de los personajes conocen lo que sucede y lo creen, mientras que el resto del mundo no sabrá nunca lo que ha sucedido ni el sacrificio de Amy. Demi Moore está muy creíble en el papel, y los secundarios cumplen su cometido. Jürgen Prochnow se saca de la manga un Cristo inquietante y con un punto de vengador que da un poco de miedo. Y la película mantiene un aire de thriller psicológico muy logrado, manteniendo la tensión y combinando bien los elementos catastrofistas con ese toque ochentero de terror religioso. El personaje de Cartáfilo queda también muy curioso e integrado en la historia, que como toda que se precie, necesita de un "villano".
En definitiva, una buena película difícil de catalogar en un solo género. No es de terror, no es de suspense, no es un drama, pero tiene un poco de todo; y todo lo que tiene, está bien tocado.

Resurrección (Russell Mulcahy, 1999)

Decir que "Seven", allá por el 1995, marcó un nuevo referente en cuanto a cómo elaborar un thriller, sería a estas alturas poco más que un eufemismo. Persiguiendo su estela -aunque nunca alcanzándola- han sido muchas las películas que han copiado más o menos descaradamente la fórmula del film de David Fincher. Esta que nos ocupa, "Resurrección", es una de las más injustamente condenadas por ello, y probablemente por dos motivos bien claros: Russell Mulcahy y Christopher Lambert.
Uno (Mulcahy) fue el realizador de aquella mítica película ochentera que hizo que todos los niños de la época jugásemos con espadas de mentira a que éramos Duncan McLeod, el más grande de "Los Inmortales"; el otro (Lambert) fue precisamente aquel McLeod, el inmortal escocés que empuñaba aquella catana tan molona. Ambos disfrutaron de sus quince minutos de gloria gracias a aquella correcta película que funcionó por su buen guión, su magnífico tema central de Queen, y la breve pero siempre excelente aparición de Sean Connery.
A partir de ahí, la carrera de Mulcahy y la de Lambert se llenarían paralelamente de bazofia.
No es de extrañar que, ante el "éxito" cosechado por Mulcahy ese mismo año (1999) con la infumable "La sombra del faraón" (en la que ya dejaba patente que le debe poner cachondo los asesinos y criaturas que reúnen pedazos de personas...), nadie diera un duro por su "Resurrección". Pero realmente el título hace honor a su nombre, y Mulcahy levantó brevemente pero con dignidad la cabeza de la tumba para conformar un thriller sobre un asesino en serie-fanático religioso-súper inteligente. Su objetivo: reconstruir el cuerpo de Cristo para la Pascua a base de mutilar a hombres de 33 años que se llaman como alguno de los apóstoles y trabajan en lo que aquéllos trabajaban en su día.
Algunas escenas son sangrientas y gore a más no poder, cosa que no desentona en la historia (si a un tío le cortan la pierna, DEBE haber chorros de sangre, ¿no?). La interpretación de Lambert es todo lo correcta que puede ser, a este hombre no se le puede pedir milagros. Pero la película tiene algo... Será porque tiene un buen ritmo, será porque me gusta la relación entre el personaje de Lambert y su compañero, será porque los asesinos religiosos siempre son cautivadoramente atractivos... Pero esta película se deja ver sin aburrir y permite que obvies la cantidad de tópicos que la atestan, de su trama secundaria sobre la muerte del hijo de Lambert (que no nos importa en absoluto ni aporta nada a la cinta) y algunos giros de guión tan cantados como tontos. ¿Exceso de final feliz en la última escena? Quizás también, no lo negaré. Pero a mí me gustó.
No le pidas peras al olmo. "Seven" solo hay una. Esta es "Resurrección", y está muy bien.

Deep Impact (Mimi Leder, 1997)

Por el amor de Dios, vista hoy en día, esta película es una profecía que augura lo peor. En serio, ayer, mientras la veíamos durante la cena, no pude evitar que el terror invadiera mi cuerpo. El momento ha llegado, y el fin del mundo es inminente. Un meteorito va a chocar contra la Tierra y nos vamos a ir todos a tomar por saco. Solo es cuestión de tiempo que se haga público.
Porque YA TENEMOS A UN NEGRO EN LA CASA BLANCA.
Bromas aparte, ¿quién era el director de esto, el fundador del Ku Klux Klan? Porque lo podrán enmascarar como quieran, pero el mensaje está ahí, y de subliminal nada, completamente directo en nuestras narices: cuando el presidente de los Estados Unidos sea negro, se acabará la humanidad. Toma, toma liada, que diría Borja.
En fin, aparte de su explícitamente xenófobo aunque divertido mensaje, sobre todo ahora que Obama está sentadito en el despacho oval y por tanto solo falta aguardar a que nos comunique cuánto tiempo de vida nos queda a todos, la película es bastante decente. Lejos de presentar un espectacular intento de salvación de la humanidad, como en "Armaggedon", tan visualmente chulo como imposible y absurdo, "Deep Impact" se centra más en la relación entre los protagonistas y en su aceptación de lo inevitable. Hasta el título me parece más inclinado a hacer referencia al impacto emocional de lo que está por venir, que al fatal impacto del propio asteroide contra la Tierra. De acuerdo que en muchos momentos la cinta pasea por la delgada línea del tópico, y que en otros también se cae en la más absoluta americanada con operación espacial absurda incluida, pero la verdad es que, si algo así fuera a ocurrir, no creo que hubiera mucha diferencia con lo que hemos visto.
Las interpretaciones son todas correctas, y la dirección buena. Unos apañados efectos visuales recrean el impacto del cometa. Vamos, que es una película resultona, entretenida, sin un ritmo rápido y sin enormes burradas como hemos visto en otras tantas. Más realista, intimista y creíble, si se quiere. Y es que el slogan de la película tiene algo de cierto: los océanos se desbordan, las ciudades se derrumban, pero la esperanza sobrevive.
No puedo dejar de mencionar que Morgan Freeman tiene el honor de haber interpretado a los tres personajes más poderosos de todos los tiempos: Dios, el presidente de los USA, y el inventor de los chismes que usa Batman. Ahí es nada.

Mejor... imposible (James L. Brooks, 1997)

Directo, mordaz, desagradable, maniático, repelente, homófobo, antipático, misógino, solitario, escrupuloso, metódico, costumbrista, impertinente, antisocial, maleducado y terriblemente sincero. Esas son solo unas pocas de las cualidades de Melvin Udall, un escritor de renombre y un excéntrico personaje aquejado de un trastorno obsesivo-compulsivo que le provoca curiosas manías y una personalidad desaforadamente franca y odiosa a más no poder. El vecino más indeseable que se pueda tener, y peor aún cuando su vecino, Simon, es un pintor gay que vive con su perrillo faldero. Melvin, además, siente una extraña atracción, o mejor dicho, casi dependencia, por Carol, la camarera del restaurante en el que siempre come. Carol tiene un hijo enfermo de asma; Simon recibe una paliza y tiene que ir a pedir ayuda a sus padres; y Melvin acabará llevándoselos a los dos de viaje a ver a los padres de Simon, mientras que intenta conquistar a Carol mientras lucha contra esa nauseabunda y divertidísima personalidad que le sale por todos los poros.
Con semejante descripción de personajes, la mesa está servida. ¿Quién mejor que Jack Nicholson para dar vida a un personaje tan repelente e histriónico? Pues nadie, y por eso se llevó un Oscar al Mejor Actor que se gana a pulso, todo sea dicho, en cada fotograma en el que aparece en pantalla. Ídem para Helen Hunt en un papel sin muecas ni histrionismo, solo interpretativo, y que bordó a la perfección ganando otro Oscar. Genial también Greg Kinnear como el vecino gay, completando el trío protagonista de una cinta en la que el guión y las tres interpretaciones son suficientes para que no te canses de verla. Sinceramente, puede que esta sea una de las mejores películas de los últimos tiempos a nivel interpretativo, porque rara vez ocurre que una cinta contenga tres actuaciones principales tan soberbias como estas.
Frases para el recuerdo las hay a raudales, pero algunas, en tal que veas la película, jamás se te irán de la cabeza. "¿Cómo describe usted tan bien a la mujer?", le preguntará una lectora a Melvin. Su respuesta será demoledoramente directa y divertida: "Pienso en un hombre, y le elimino la sensatez y la responsabilidad." Toma ya. O la genial presentación de Melvin, "Carol la camarera, Simon el maricón." Y no nos olvidemos del momento del cumplido durante la cena: "Tú haces que quiera ser una persona mejor". ¿Puede haber realmente algo más bonito para decirle a una mujer?
En definitiva, una delicia de película, divertida, romántica, e interpretada a un nivel que asusta de bueno que es. Habrá quien diga que Jack Nicholson se interpreta a sí mismo. Puede ser. ¿Y qué? ¿Quién no desearía a veces ser como Melvin Udall y poder soltarlas como él las suelta? Pues si él es así, mejor para él, pero su interpretación es a-som-bro-sa y eso es incuestionable.
Realmente, esta película hace honor a su nombre. Es imposible que sea mejor.